Archivos para el tag ‘Concha Gutiérrez’

Montes penibéticos

Ignacio Martínez | 2 de mayo de 2012 a las 13:22

Estamos en vísperas gubernamentales. Los dos partidos que se van a repartir el Gobierno se piden estas u otras carteras. Sus dirigentes se disputan los puestos. Sí, sí, hay codos. Consejeros salientes quieren seguir siendo santos con peana. Pero los simples mortales también tenemos aspiraciones. Por ejemplo que el medio ambiente sea un eje capital en la política del nuevo Gobierno, aunque la materia se una a otra consejería. Estas cosas pueden llegar a ser hasta rentables. Hay ejemplos.

El rigor urbanístico de la etapa de Concha Gutiérrez, calificada por algún malvado correligionario de talibana, frenó la fiebre constructora justo antes de la crisis. Y eso, que parecía una grave contrariedad,  probablemente evitó una ruina aún mayor a muchos promotores apalancados en miles de millones de créditos, sobre la garantía de unos suelos de dudoso valor en la actualidad. Pero todavía hay quien sigue criticando a la ex consejera en vez de agradecer su actuación.

Y ahora, ¿qué papel debe tener el medio ambiente? Sin fundamentalismos, ser un factor de desarrollo. Y eso supone no volver a las andadas. Los modernos turistas huyen de la masificación; les gusta la cultura y el medio ambiente, son así de raros. El término sostenible está muy manoseado, pero existen otros muy adecuados: es necesario que haya un desarrollo razonable. Aprovechar los espacios naturales no sólo para proteger territorio, animales y plantas, sino para procurar un medio de vida a los habitantes de las comarcas concernidas en armonía con la naturaleza: turismo rural, senderismo, gastronomía, artesanía… Habría sitio incluso para algún residencial razonable en el contorno.

Hay centenar y medio de espacios protegidos en Andalucía y una veintena de parques naturales. En lugares como Cabo de Gata o Cazorla, la declaración de parque ha supuesto un impulso económico. El de los Montes de Málaga, a diez minutos de la capital, es un espacio único en el Mediterráneo español. Se trata de 5.000 hectáreas de terreno casi virgen que fueron repobladas en los años 20 del siglo pasado con pino carrasco, para acabar con la desforestación que trajo la filoxera medio siglo antes. Ahora esos árboles están al final de su vida biológica, se entresacan los viejos y enfermos, y surge de manera espontánea un potente bosque mediterráneo, de encinas, alcornoques, madroños…

El consejo rector del parque ha propuesto una ampliación sustancial hasta 33.000 hectáreas, que comprenden buena parte de los partidos de verdiales. Esto no implicaría ninguna modificación en la calificación de los terrenos, que ya están protegidos por planes territoriales aprobados. Y preservaría una zona de alto valor ecológico, etnográfico y cultural. Asuntos que deben estar por encima de los repartos partidarios. Y de las visiones a corto plazo.

Crisis, lluvia y urbanismo

Ignacio Martínez | 24 de febrero de 2010 a las 10:37

Las inundaciones de las últimas semanas en Andalucía son un aviso sobre la importancia de un urbanismo responsable. Pero la responsabilidad no es un deporte nacional. Es un clásico que las crecidas del Guadalete inunden El Portal o Las Pachecas en Jerez. Pero no vale decir que nunca ha bajado tan cargado el río en el último siglo. En Málaga, el Guadalhorce también tiene la mala costumbre de desbordarse cuando hay lluvias torrenciales, que suele ser cada diez años. En Sevilla pasaba lo mismo con el Tamarguillo, hasta que se construyó un muro de defensa. Ésa es una solución para paliar el problema; para eliminarlo, hay que evitar mantener los asentamientos de viviendas en zonas inundables, por muy históricos que sean.

Pero cuesta trabajo que los concejales del ramo sean receptivos a las sugerencias de los técnicos. Y la cosa se complica cuando los munícipes no son del mismo partido que gobierna en la autonomía. La cosa llega hasta el punto de que no sólo se mantienen las casas existentes en zonas de riesgo, sino que se construye en el paso natural de posibles avenidas. La escasa limpieza o drenaje de los cauces, el abovedamiento de tramos fluviales urbanos y la usurpación urbanística de terrenos de dominio público hidráulico facilitan las inundaciones.

No tenemos buena nota en urbanismo. De las grandes ciudades de la región sólo Sevilla y Córdoba han adaptado plenamente su PGOU a la nueva ley de ordenación del territorio de Andalucía. La delimitación estricta de zonas inundables ha retrasado el plan general de Jerez. En Málaga no se ha aprobado el PGOU por varios litigios, uno de los cuales es saber hasta dónde llega el dominio público hidráulico en Campanillas, donde el Guadalhorce tiene la manía de desbordarse. Los planes de Cádiz, Granada y Almería todavía se están tramitando. Huelva ni ha empezado. El de Algeciras va muy lento. En Marbella se ha aprovechado para blanquear, con la bendición de PP y PSOE, unas 14.500 de las viviendas ilegales que el gilismo dejó como herencia a la ciudad.

Pero lo peor es que no tenemos remedio. El presidente del Gobierno no ha encontrado mejor sitio que Málaga para decir que la culpa de la crisis es la avaricia de los especuladores financieros y el urbanismo salvaje de Aznar. ¿El de Aznar, nada más? Sólo en la provincia de Málaga, en Estepona, Marbella, Manilva, Sayalonga, Alcaucín o Almogía han sido detenidos, imputados o encarcelados alcaldes o concejales socialistas por fundamentadas sospechas de urbanismo salvaje y corrupción. Muchos de ellos pactaron con destacados posgilistas. Los alcaldes del PSOE en la Axarquía protagonizaron un motín contra la severa política urbanística de la consejera Concha Gutiérrez. Con su presión pretendían regularizar viviendas ilegales y recalificar suelo rústico. Al mismo tiempo que le echa la culpa a Aznar, Zapatero debería mirar en su propia casa. En Málaga, sin ir más lejos.

El bueno, el feo y el malo

Ignacio Martínez | 20 de febrero de 2010 a las 10:47

Hay una nueva estrella en el firmamento político español. Casi sin darnos cuenta José Blanco, vicesecretario del PSOE, antiguo martillo de herejes populares, vilipendiado con el despectivo mote de Pepiño, se ha convertido en el hombre fuerte del Gobierno. Y está, como Tom Cruise, al frente de una misión imposible: conseguir un pacto estratégico sobre política económica que dé oxígeno a un presidente al borde de la asfixia y confianza a un país víctima de la ansiedad. En realidad, hasta su nombramiento como ministro de Fomento, Blanco era el tonton macut de Zapatero. Golpeaba con duras palabras a todo bicho viviente en la acera del PP, con frases leídas no siempre con acierto, destinadas al bombardeo televisivo. Su sustitución por Leire Pajín ha agigantado su figura, por simple comparación. Y su reciclaje institucional le ha procurado elogios de propios y extraños. Sin ir más lejos, Esperanza Aguirre o Francisco Camps han agradecido su buena disposición para el entendimiento y la colaboración. Cosa que, de camino, ha puesto en evidencia a Magdalena Álvarez.

Quizá la cuestión que más desairada ha dejado a la ex ministra andaluza ha sido cómo Fomento, con Concha Gutiérrez como secretaria de Estado de la cosa, le ha metido mano al escandaloso estatus laboral y salarial de los controladores aéreos. Aquí Blanco ha salido a hombros por la puerta grande. De momento. Los controladores no han dicho la última palabra. Pero la nueva estrella política ha cogido mucho lustre con el decreto en el que liberaliza el control del tráfico aéreo e intenta poner orden en un colectivo de 2.300 controladores, de los que unos pocos ganan más de 900.000 euros; 28, más de 700.000; 135, más de 600.000, y 713 tienen un sueldo entre los 360.000 y los 540.000 euros.

Con Blanco se ha producido el mismo efecto que con los chistes de Morán, el primer ministro de Exteriores de Felipe González, a quien se atribuía en todos los chascarrillos el papel de memo. Como el aludido era de categoría, salió reforzado del envite. Aunque, eso sí, Morán no congenió con Felipe y duró sólo dos años y medio en el cargo. Por cierto, fue sustituido por Fernández Ordóñez, que ha sido el mejor ministro de Exteriores de la democracia desde 1977 hasta ahora.

Queda establecido que el feo de la política española ha sido Blanco, convertido en guapo como el sapo en príncipe, hasta el punto de que hay quien le ve posibilidades de sustituir a Zapatero. Ahora, queda lo más fácil: el bueno no ofrece duda. El buenismo inspira toda la filosofía de Zapatero. Y el malo es, por definición, su antagonista. Rajoy lleva dos años pidiendo reformas y austeridad. Por eso Zapatero corteja personalmente a nacionalistas catalanes y vascos y manda a Blanco, Salgado y Sebastián a lidiar con los malos. Lo feo que lo haga otro…

Renfe: el cliente es un estorbo

Ignacio Martínez | 25 de abril de 2009 a las 9:27

Un amigo mío que, como yo, hace todas las semanas el camino ferroviario entre Málaga y Sevilla, ida y vuelta, tuvo ayer un percance en la estación de Santa Justa. Resulta que llegó con el tiempo justo al tren Avant que debía salir para Málaga, cargado de maletas y paquetes. Acababan de cerrar el acceso, aunque el tren estaba allí parado. Al contrario que en Málaga, en donde hay un hermoso reloj a pie de andén, en el que puede comprobar la hora precisa, en Sevilla no existe tal reloj, sino uno pequeño, alejado y averiado. Por tanto la hora oficial es la del cronómetro del supervisor. Mi amigo jura que cuando pasó debajo del gran reloj del hall central de la estación, antes de bajar al andén, marcaba las 12:27. Tenía un minuto para llegar al control de equipaje, porque el tren se cierra dos minutos antes de la salida. Pero no, cuando llegó abajo estaban echando el cierre. A partir de ese momento, según cuenta mi amigo, todo lo que sucedió parecía de un programa de cámara oculta. “Ni en Alemania te hacen esto”; el tren estuvo allí varios minutos, mientras el desesperado viajero no daba crédito. Les dio tiempo a él y a los dos agentes de la compañía de seguridad a cruzar empujones e insultos, antes de que varios minutos después el tren partiera. Nada que hacer, cumplimos órdenes, decían los de seguridad.

La cosa no había acabado. En la oficina de atención al cliente fue recibido como la molestia que es un tipo cabreado. Una desabrida señorita, malencarada, le estampó dos sellos con dos tampones diferentes al billete, para que lo pudiera canjear por otro viaje. Dos golpes tan fuertes no podían estar destinados sólo al papel, el objetivo era la insolencia del cliente que se quejaba. Cuando mi amigo le pidió a la responsable de atender a los clientes en apuros que quería un billete para el siguiente tren, que salía en media hora, la interesada le contestó que ella no vendía billetes, que se pusiera en la cola. En Renfe cualquier cosa es más importante que un cliente, esto lo digo por cuenta propia. Cuando usaba los impuntuales trenes convencionales entre Málaga y Sevilla presenté varias reclamaciones, todas sin éxito. Mi amigo es hombre más expeditivo y renunció de entrada a reclamar, “¿para qué?”.

La cola tenía treinta metros. Imposible llegar a la ventanilla antes del tren de las 13:00. Exacto. A las 13:05 el desesperado viajero alcanzó la ventanilla. El Avant que pensaba coger llegaba a Málaga a las 14:25, pero su panorama era el siguiente: el tren convencional siguiente al suyo lo había perdido porque la cola era tercermundista y el servicio de atención al cliente no atiende a los clientes, los espanta. El siguiente Avant estaba lleno. Así que la única opción era montarse en un tren que llegaría a Málaga después de las 19:30. Cinco horas de retraso y mucho desprecio. Mi amigo es hombre de recursos y pidió prestado un coche para llegar a Málaga a las 17:00. Es que tenía que trabajar, no es funcionario. Dice que no volverá a usar el tren, que se ha despedido de Renfe. Es un hombre expeditivo; yo no me atrevo a tanto. A ver si Concha Gutiérrez es capaz de mejorar la atención al cliente en los ferrocarriles españoles. Bien visto, es fácil: con cualquier detalle de sensibilidad ante la desesperación de los usuarios, alguna ayuda para facilitar que el viajero no arrastre una mayor contrariedad perdiendo el siguiente tren, la creación de una cola razonable para salida inmediata…

Es curioso, pero ahora con la enorme crisis de este país se habla de las dificultades para mantener las pensiones o atender a los parados, pero no nos fijamos en una enorme masa de funcionarios y trabajadores de empresas públicas, a todas luces excesiva, que no contentos con el privilegio de tener el trabajo garantizado de por vida, son ineficientes, cuando no abiertamente hostiles con los ciudadanos que les mantienen con sus impuestos y a los que tienen que dar un buen servicio. El presidente Griñán ha anunciado que quiere reformar la administración. Pero no ha dicho lo importante: que hay que reducir el funcionariado de ayuntamientos, diputaciones, administraciones regional y nacional, y empresas públicas de toda condición. Hay que promover la competencia en los servicios públicos. Que varios operadores actúen en cada campo. Mientras Renfe sea un monopolio, tendrá buenas máquinas y trenes de alta velocidad, pero el público seguirá mal atendido. Los monopolios no son respetuosos por definición.

Tolerancia 0,0

Ignacio Martínez | 4 de marzo de 2009 a las 10:38

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Las casas ilegales de Alcaucín suman una superficie equivalente a 34 campos de fútbol, según contaban Esperanza Codina y Maite Cortés el lunes en los diarios del Grupo Joly. Son 350.000 metros cuadrados mal contados; una superficie inabarcable a simple vista, en el último pueblo andaluz en el que se ha descubierto un caso de corrupción ligada al urbanismo. Esta vez toca alcalde socialista. Y se repite la consabida parafernalia: expulsan del partido al prócer local, que resulta ser albañil y flamenco, y los preclaros líderes dicen que aplican la conocida doctrina de la tolerancia cero con la corrupción. Falso.

Los alcaldes socialistas de la comarca malagueña de la Axarquía montaron un motín contra las medidas de regulación urbanística de la consejera Concha Gutiérrez y su equipo en la pasada legislatura. Los amotinados contaron con la inestimable comprensión del aparato del Partido Socialista en los locos años 2000, en un momento en el que parecía que el urbanismo era la panacea que iba a curar todos los males de la economía andaluza. La consejera era una talibana peligrosa según los amotinados y sus comprensivos dirigentes. Ahí es donde la tolerancia empieza a no ser cero. Esto es como la cerveza sin alcohol. La sin tenía normalmente 0,5, 0,2 o 0,1% de alcohol, hasta que San Miguel sacó la 0,0. La tolerancia contra la corrupción más bien habría que ponerla en el capítulo de las cervezas light; la de Cruzcampo tiene un 2,4% de alcohol, la mitad que una normal. Así sí.

Al aparato regional socialista no le pareció mal que Barrientos tuviera de lugarteniente en Estepona a José Ignacio Crespo, el mismo que lo había sido con el hijo de Jesús Gil. Los dos acabarían imputados en la Operación Astapa. Eso es tolerancia light en el mejor de los casos. ¿Y saben por qué ocurre? Porque hay que presentar a los compañeros que sacan votos, hay que ganar alcaldías, conseguir el poder en las diputaciones, auténticas maquinarias de colocación y articulación de los partidos. Es evidente que lo del dinero debajo del colchón no se sabía. Pero las posturas conocidas en Alcaucín y otras localidades deberían hacer recapacitar a un partido que presume de la tolerancia cero.

Lo peor del asunto es que estos munícipes están equivocados. Piensan que la construcción va a garantizar el desarrollo de sus pueblos, pero dos catedráticos de Economía, Sánchez Maldonado de Málaga y Suárez Pandiello de Oviedo, han establecido en un trabajo reciente que el urbanismo genera el 32% de los ingresos municipales, pero supone un gasto equivalente al 36%: agua, calles, carreteras, alumbrado, basuras, bomberos, jardines, autobuses… La planificación urbana es imprescindible, aunque un alcalde consiga muchos votos dejando hacer a sus vecinos. Necesaria, aunque los aparatos dejen hacer a sus alcaldes. Pero ya que dejan, por lo menos cuando los pillan, deberían evitar decir lo de tolerancia cero. Por pudor, más que nada.

Bendito POTA

Ignacio Martínez | 31 de octubre de 2008 a las 10:08

Hace sólo dos años, cuando no teníamos ni idea de que venía un tsunami económico financiero, que iba a arrasar el mundo, el sector inmobiliario andaluz estaba revuelto: todo dios la tenía tomada con la consejera de Obras Públicas, Concha Gutiérrez, porque había osado poner normas en la finca sin vallar que era el urbanismo regional. Tengo guardada en mi archivo una perla: una intervención del secretario general del PSOE andaluz, Manuel Chaves, ante el comité director de su partido. Se dirigía el presidente a los promotores y a las organizaciones empresariales que habían puesto el grito en el cielo por la limitaciones en la construcción previstas en el Plan de Ordenación del Territorio de Andalucía.

El POTA prohibía crecimientos municipales superiores al 40% en suelo urbanizable o del 30% en población durante un período de ocho años. Chaves decía que se aplicaría el Plan con flexibilidad, que ningún proyecto de interés general se iba a quedar sin suelo (y que el interés general incluía el interés razonable de los constructores, dentro del margen de la ley). Ahora nos podríamos dar con un canto en los dientes con estos límites. En esa misma reunión, de diciembre de 2006, el jefe de los socialistas andaluces admitió que sus gobiernos habían cometido errores, pero subrayó que las nuevas leyes andaluzas pretendían algo muy sencillo: que el desarrollo residencial se hiciera al mismo tiempo que se garantizara el agua, los equipamientos y los servicios.

Leído en la actualidad y con la que está cayendo, se le pueden poner pocos peros a esto. En los locos años 2000, en España se construían 700.000 viviendas al año, unas 200.000 en Andalucía. Menos mal que se paró la fiebre constructora desde la Administración; si no, en vez de un parque regional de más de medio millón de viviendas que buscan comprador, tendríamos un millón. O más. Otra cosa que hay que agradecerle a la ex consejera, a sumar al valor que supuso la directriz de ordenar un territorio desordenado. Valor, en el doble sentido de audacia y mérito.

De ese medio millón de viviendas que buscan comprador algo menos de la mitad está en manos de promotores. El resto es de propietarios privados que se metieron en los pisos para dar el pelotazo y se han quedado pillados, sin dinero para pagar las hipotecas, con depreciación del inmueble y sin cliente alguno que lo quiera comprar. Total, que hemos pasado del maldito POTA y maldita Administración al bendito POTA. El Gobierno regional, como reconocía su presidente hace dos años, ha cometido gruesos errores en este campo. En particular los antecesores de la consejera Gutiérrez, que evitaron arriesgarse. El primero que se atreviese a querer racionalizar el urbanismo se iba a ganar muchos palos. Pero ahora resulta que le ha ahorrado muchos quebraderos de cabeza a sus críticos. Esto es lo que hay.

Estrenos de AVE

Ignacio Martínez | 20 de febrero de 2008 a las 10:47

HACE más de treinta años Iberia inventó un eslogan que decía “sólo el avión recibe más atenciones que usted”. La compañía de bandera española era una empresa pública bastante moderna. En aquella época creó el puente aéreo de Madrid a Barcelona, que acercaba a las dos principales capitales españolas. Hoy, un AVE Madrid-Barcelona, recorrerá la diagonal del cuadrado vital del desarrollo español. Los otros vértices de ese polígono, País Vasco y Valencia, de momento no tienen conexión ferroviaria de última generación.

Lejos del emporio del progreso, aquí en Andalucía se estrena también hoy un tren de velocidad alta, que hace el remedo del que une la capital de España con la de Cataluña. No es un puente ferroviario, sino todo un acueducto Sevilla-Córdoba-Puente Genil-Antequera-Málaga, por las vías de alta velocidad. Un lujo por el doble de precio y 30 minutos menos de las dos horas y media del trayecto convencional de Málaga a Sevilla, por Bobadilla, Pedrera, Osuna, Marchena y Dos Hermanas. Es una consolación de la línea directa que se está construyendo entre las dos capitales andaluzas con más habitantes, que no entrará en servicio hasta 2010.

Mucha técnica y grandes inversiones, pero en la empresa pública Renfe no tienen noticia del antiguo eslogan de Iberia. Dos meses después de su inauguración, el AVE Málaga-Madrid, más allá de la puntualidad de sus trenes, ofrece un curioso anecdotario. Ciudadanos que han llegado a Atocha una hora y cuarto antes de su AVE y no han podido cambiar el billete para el tren anterior: en Atención al cliente, cuatro personas ociosas explican que allí no se ocupan de eso, que su billete no tiene código de barras y no lo cambian las máquinas y debe acudir a taquillas, en donde se eterniza de una ventanilla a otra, hasta que el desventurado viajero decide esperar a su tren. La compra por Internet, con frecuencia no está disponible. Y las explicaciones son escasas: para cambiar un tramo de un billete de ida y vuelta, el usuario acaba cancelando el otro trayecto.

Eso sí, no vamos a echar de menos el tren regional convencional andaluz. Una línea que no habría sobrevivido en Cataluña. Allí, la revuelta contra el desastre de los cercanías habría llegado al escándalo si los regionales tuviesen retrasos permanentes en de cinco, diez o quince minutos, que en ocasiones se han acercado a la hora. A la ministra de Fomento ha acabado repudiándola hasta su compañero de partido, el consejero de Obras Públicas de Cataluña, Joaquim Nadal. Aquí somos más comprensivos, aunque las relaciones de Magdalena Álvarez con la consejera saliente andaluza, Concha Gutiérrez, no eran mucho mejores que las que tenía con Nadal. Bienvenido sea, en todo caso, el falso AVE Sevilla-Málaga. El servicio de una compañía en la que todos los recursos reciben mejor atención que el usuario.

Urbanismo

Ignacio Martínez | 20 de diciembre de 2007 a las 16:32

20 de diciembre

Muchas gracias a los amigos que han celebrado la aparición de este blog. También agradezco los comentarios contrarios a mi posición sobre la política urbanística de la Junta. Qué se le va a hacer, está muy bien la disidencia. Quienes critican lo que existe hoy día, deben recordar lo que teníamos antes (la barra libre de Gil y sus imitadores de todas las tendencias políticas) e imaginar lo que tendríamos ahora de no haber sido por la política de Concha Gutiérrez. El primero que se metiera en el fangal que era el planeamiento urbano iba a resbalar y comparto la idea de que se han cometido errores. Ya lo decía en mi artículo de ayer: está claro que primero se debió hacer el plan de ordenación territorial de Andalucía (POTA), después los planes subregionales y finalmente los PGOU; y los límites del 30 y el 40 por ciento no debieron ser tan estrictos, para no tener que recular. Hay otras cuestiones, como el monocultivo de determinados arquitectos, que también son criticables. Pero con todo eso, aplaudo el valor de la consejera en meterle mano al urbanismo y en intentar aplicar normas y sentido común. Nos queda mucho por mejorar, pero no tengo duda de que estos ocho últimos años han permitido una mejora de la situación anterior. Sin ir más lejos, Encarna Maldonado publica hoy en Málaga hoy una interesante información según la cual Gadafi, el boticario, va a dejar de construir unas 2.000 viviendas en la Costa del Sol gracias a las limitaciones del denigrado POTA. En fin, nadie ni nada es perfecto.

Arenas, centrista

Ignacio Martínez | 19 de diciembre de 2007 a las 11:05

Javier Arenas estuvo cercano, moderado y optimista anoche en el programa de TVE ‘Tengo una pregunta para usted’. La verdad es que empezó brillante, en el primer tercio de la emisión, fue de más a menos y acabó con signos de cansancio. Al final, en la retransmisión de Radio Nacional, explicó que tenía un fuerte dolor de espalda, para el que no había querido tomar ninguna medicina que le impidiera estar en plena forma mental. Se mostró muy familiar, habló de su madre, de su esposa, de sus tres hijos, de sus dos hipotecas, de la muerte de su hermano, del accidente de uno de sus hijos, de la afición de otro por la pesca, de las recomendaciones que le hace su hija, de su condición de usuario de podólogos… Se mostró muy centrista, tanto que recordaba mucho sus tiempos de la UCD, y poco la imagen del PP en estos últimos cuatro años. Propuso consensos en materia de pensiones, educación, sanidad y vivienda. Y lanzó los cinco grandes ejes de su programa. Uno me gusta: limitación del ejercicio de la Presidencia de la Junta a dos mandatos y no coincidencia de elecciones generales y autonómicas. Otro me inquieta: dijo que quiere “restablecer la disciplina urbanística”. Justamente uno de los principales logros de este Gobierno regional que ahora termina mandato es que ha establecido un orden en este sector y aplicado un sentido común del que escribo en mi artículo   de hoy. No quiero pensar que este restablecer sea volver a la barra libre, anterior a que la consejera Concha Gutiérrez decidiera, por primera vez en la historia de la Junta, de que además de titular de la cartera de Obras Públicas y Transportes, lo era también de Urbanismo. Los tiempos de Gil no deben volver. Y los de sus imitadores tienen que acabar.