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Las listas

Ignacio Martínez | 19 de abril de 2009 a las 0:26

De la misma manera que cada español lleva dentro un seleccionador nacional de fútbol, capaz de hacer una alineación diferente a la del entrenador de la roja, todos los ciudadanos aficionados a la política llevan dentro un formador de gobiernos. Los periodistas estamos incluidos, desde luego, entre los entusiastas de esta práctica. Griñán, que será presidente de la Junta el próximo miércoles, ha agradecido irónicamente a la prensa los consejos que le da sobre nombres para el Consejo de Gobierno que anunciará el jueves. Esta es la lista por antonomasia. Pero no hay una sola. Ni siquiera en el ánimo del inminente inquilino de la Casa Rosa, que entre bromas y veras, especula con sus colaboradores más cercanos sobre la idoneidad de éste o aquella, en una u otra consejería. Así que listas hay muchas, incluso en la libreta azul de Griñán.

Hay otra lista, de retos. La tienen ustedes en esta edición dominical, en la sección de Andalucía. En una situación económica mala, el número de funcionarios es excesivo. Con 490.000 empleados en el sector público, en este momento en la región hay nueve trabajadores activos en la empresa privada por cada 10 funcionarios, pensionistas y parados. El sector de la construcción reclama al nuevo presidente rigor en la aplicación de las normas urbanísticas y agilidad en los trámites burocráticos. La industria pretende mejorar su productividad. Las cooperativas agrarias deben reducir su número y duplicar su facturación…

Y entre los deseos de la sociedad civil se repite que el nuevo gobierno tenga un alto nivel técnico. Quizá porque no se concede ese mérito al actual gabinete, tanto a los hombres como a las mujeres. Las militantes feministas han insistido mucho en la importancia de la cuota. A veces con sarcasmos referidos a la escasa cualificación de algunos hombres que han sido ministros en gobiernos de izquierdas y de derechas: “las tontas también tienen derecho”, repetían. Ahora, en un momento delicado y lleno de expectativas, habría que cambiar la frase por otra con la misma intención, pero más ambiciosa. Que valga además en masculino y en femenino. Y que las listas también tengan derecho. Las listas y los listos.

La construcción es una parte de la solución

Ignacio Martínez | 27 de marzo de 2009 a las 10:50

Gana enteros la teoría de que en Andalucía no saldremos de la crisis sin la construcción. Y quienes lo dicen hablan de la crisis local, la derivada de una insostenible dependencia de la construcción y del consumo interno. Ambos factores fomentados por unos créditos tan baratos que valían menos que la inflación. Nos hemos comprado casas y objetos de consumo que, sencillamente, no podíamos pagar. El endeudamiento privado español supera el 100% del producto bruto nacional. Esta es la foto.

La ventaja de la construcción es que puede generar empleo de manera rápida. El inconveniente es que se trata de un empleo muy poco cualificado. Con estos datos sobre la mesa, el presidente de Cajasol repitió el martes en el Foro Nueva Economía de Madrid algo que ya dijo el año pasado: que sería un error garrafal que las entidades financieras protagonizaran una huida desordenada de las actividades relacionadas con la vivienda. “La actividad económica ligada al mercado de la vivienda tiene todavía mucho recorrido por delante en España”, dijo Antonio Pulido. Frase que es continuación de otra pronunciada hace dos semanas en Sevilla por Felipe González, en un foro de la CEA. “Manolo, pon las grúas”, comentó el ex presidente dirigiéndose al presidente Chaves.

Quienes saben de esto comentan que no se puede prescindir de la primera fuente de generación de empleo en Andalucía, sin nada que lo sustituya. En la sierra de Málaga, en la vega de Sevilla y en tantos sitios de Andalucía se está formando un ejército de parados que no sabe hacer otra cosa que poner ladrillos. El modelo especulativo en el sector de la vivienda estará agotado y habrá que reformarlo. Coincidiendo con la afirmación de Pulido, algunos grandes bancos han iniciado una agresiva campaña anunciando hipotecas por el 100%, para dar salida al parque de viviendas. Algo se mueve. Eso sí, hay que deshacerse de un excedente de millón y medio de viviendas disponibles en el mercado. El asunto es adecuarlas de precio. Pinchar la burbuja de verdad.

Luego está la licitación pública. La ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, ha pisado el acelerador y está manteniendo las cotas de inversión en los 19.000 millones de euros de 2008, aunque el sector le reclama que suba otros 10.000 millones. Pero los ayuntamientos han desaparecido del mapa y algunas comunidades autónomas también, en particular Madrid, Cataluña y Valencia. También, por cierto, el Ministerio de Medio Ambiente, que se ha borrado como ministerio y como inversor. Andalucía está entre las regiones que no sólo no ha bajado la licitación pública, sino que la ha subido este año, según fuentes del sector constructor. Y en vivienda, Pulido señala campos a desarrollar: las de protección oficial, el alquiler, la hipoteca inversa, la rehabilitación o los edificios públicos de interés cultural, entre muchas otras iniciativas. En todo caso, se instala en el inconsciente colectivo la idea de que la construcción ha formado parte del problema, pero que inevitablemente tiene que ser parte de la solución.

Construcción es parte de la salida de la crisis

Ignacio Martínez | 26 de marzo de 2009 a las 11:44

Empieza a abrirse paso la idea de que la construcción es parte de la salida de la crisis. Hay voces autorizadas que lo dicen sin reparos. El ex presidente Felipe González en el interesante foro de la CEA hace dos semanas o el presidente de Cajasol Antonio Pulido esta semana en una conferencia en Madrid. Mañana contaré más detalles sobre esto.

Se gripa el motor del desarrollo

Ignacio Martínez | 20 de julio de 2008 a las 20:30

El crecimiento andaluz se verá seriamente afectado por el parón en construcción e inmobiliario, que superaban el 20% del PIB andaluz y más del 25% en el caso de Málaga. La reconversión de estos sectores, con una altísima mano de obra, va a suponer un reto para los dirigentes políticos y empresariales. Este ajuste se produce al mismo tiempo en que se negocia un nuevo sistema de financiación autonómica, en el que las regiones ricas quieren disminuir su contribución a la solidaridad nacional. Coinciden tiempos de crisis y tensiones territoriales.

 El desajuste institucional de Bélgica es el saldo del desentendimiento entre flamencos y valones, dos comunidades muy distintas en cultura, lengua y raza, que comparten la religión católica y una historia común de menos de dos siglos, bajo una monarquía constitucional. En España tenemos la ventaja de contar con 17 comunidades autónomas, lo que diluye las tensiones regionales. Las peleas son mucho peores cuando se dan entre dos mitades de la sociedad.

En este país acabamos de conocer las balanzas fiscales el martes y el jueves la nueva propuesta de financiación autonómica. Los saldos fiscales son elementales: las regiones más ricas tienen déficit y las menos desarrolladas, superávit. Andalucía, con un saldo positivo de entre un 3,05 y un 4,65% de su PIB, se sitúa en el séptimo puesto de la clasificación. Un puesto discreto, que coloca a Andalucía lejos del estereotipo de la región subsidiada. Las cuentas que hace el profesor Ferraro hoy domingo en su Tribuna en los periódicos del Grupo Joly son sencillas: el superávit andaluz en 2005 fue de 5.054 millones de euros, de los cuales 3.642 fueron fondos europeos.

Aunque el Gobierno diga que no tiene nada que ver una cosa con la otra, balanzas y financiación autonómica parecen sospechosamente unidas. En Cataluña, región en torno a la que giran las reclamaciones en este campo, han recibido las balanzas al grito de ¡expolio fiscal! y la propuesta de financiación con una queja profunda del socialista  Antoni Castells, consejero de Economía de la Generalitat: el sistema presentado por Solbes le parece “decepcionante, insuficiente y preocupante”. Cataluña tiene el tercer puesto por la cola de la lista, con un saldo negativo de entre un 6,38 y un 8,70% del PIB. El presidente Montilla ha amenazado con graves disgustos al presidente Zapatero en el congreso del PSC de este fin de semana. Debe ser el único que le chista a ZP en las filas socialistas españolas.

Esta confrontación es incómoda para Zapatero en particular, dado que dos de las tres regiones más perjudicadas por los saldos fiscales están gobernadas por los compañeros Montilla y Antich en Cataluña y Baleares, que están dispuestos a dar la batalla para pagar mucho menos a las arcas nacionales. Solbes promete que ninguna región va a salir perjudicada, lo que significa que la atropellada será la Administración general del Estado. Con  la que está cayendo sobre la economía española no parece que sea el mejor momento de entablar esta pelea financiera.

 El caso belga viene también a cuento del cambio copernicano que va a dar la economía nacional y el modelo de crecimiento. Antes de la reconversión industrial en Bélgica, el sur valón era la región rica con una importante siderurgia y unas prósperas minas de carbón a las que emigraron –por cierto– muchos andaluces, por ejemplo del norte de Córdoba. Los francófonos dominaban todos los resortes de poder, en los negocios, en la banca, hasta en la ópera. El norte flamenco era pobre, con una economía de minifundio agrícola. La reconversión industrial transformó a los valones en parados o jubilados anticipados, subsidiados por la seguridad social. Mientras que en el norte no hubo que hacer reconversión y los flamencos pasaron de la vaca lechera a las nuevas tecnologías. Desde Eindhoven, la patria de la Philips, al sur de Holanda, hasta Amberes, en la costa belga, hay un Silicon Valley centroeuropeo de enorme potencia innovadora. Hoy los flamencos controlan las finanzas, los resortes empresariales y hasta la ópera.

Una ventaja de que en Andalucía no hubiese una potente industria pesada es que aquí no habría que hacer la reconversión más que en el sector naval. Se podía pasar de una sociedad agraria a una de modernas tecnologías sin disparar las clases pasivas. Pero ahora resulta que la construcción se ha convertido en nuestra particular siderurgia. Sin contar el sector inmobiliario, sólo la construcción representaba en 2006 el 13,7% del PIB andaluz y el 17 en Málaga, según los datos de Funcas. Un año antes, el INE daba un 12,5% para Andalucía y el 18,4% para Málaga. Se ha gripado el gran motor del crecimiento andaluz, la financiación autonómica está discutida y la europea tiene fecha de caducidad. Entramos en una situación preocupante.