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Un país sin alternativa

Ignacio Martínez | 22 de mayo de 2010 a las 9:34

Jordi Pujol ha dicho que Zapatero no le parece serio y que Rajoy no le gusta. Don Jordi, a los 80 años que cumple dentro de pocos días, sigue siendo muy directo. Aunque en este caso es poco original, porque la inmensa mayoría del país piensa lo mismo, incluidos muchos votantes socialistas y populares. Pujol gobernó Cataluña 23 años; demasiado tiempo. Un amigo me preguntó el otro día si había mejorado Cataluña desde la marcha de Pujol, con los tripartitos presididos por Maragall o Montilla. Admití que no. Pero es demasiado que un Pujol gobierne Cataluña 23 años, o que un Chaves regente Andalucía 19.

Me acuerdo de Pujol durante el telediario. Sale Rajoy desde Córdoba y dice que este ajuste supone dar un estacazo al débil y revela la degradación en la que caído el Gobierno y el travestismo del presidente Zapatero. Literatura. Explica que es un despropósito el recorte anunciado por Zapatero, pero no dice qué haría él. Habla de reducir altos cargos, eliminar algún ministerio y otras cosas que voy sumando, conforme las enumera: total, 40, 50, 60 millones de euros. Muy poco frente a un déficit público superior a los 120.000 millones. Rajoy tiene una segunda versión de su discurso, en la que incluye la privatización de las empresas públicas de radio y televisión.

Todo lo dice a humo de pajas, sin un número. Pero es imprescindible, urgente, que el partido que quiere gobernar España nos diga de manera precisa dónde recortaría y por cuánto dinero. Lo demás es hacer trampas. Está claro que la responsabilidad de gobernar la tiene Zapatero, pero Rajoy podría salir a la palestra y decir dónde ahorraría 15.000 ó 20.000 millones de euros. Ayer en Córdoba reclamó una dieta de adelgazamiento de todas las administraciones públicas, porque según él gastan lo que no está en los escritos. Otra licencia literaria, desde luego nada científica. Parece que el PP se abstendrá en el Congreso cuando haya que aprobar el decreto con el recorte presupuestario. No porque se lo pida el cuerpo a Rajoy, sino porque se lo habrían exigido Sarkozy y Merkel.

Entretanto, la olla a presión de Madrid bulle de rumores. Zapatero aguanta hasta las municipales. Después los socialistas tendrán que leer los resultados con lupa. Quizá para ir a las urnas en otoño de 2011 y evitar tener que hacer los presupuestos de 2012. Con Zapatero o con otro, porque la lista de posibles candidatos alternativos no para de crecer. Esa hipótesis colocaría a Griñán en la tesitura de cumplir su palabra y convocar las andaluzas en marzo de 2012, y, por tanto, permitir que haya unas elecciones regionales no colonizadas por generales o europeas por primera vez en 22 años.

Como ven la cosa está entretenida. Los ciudadanos tienen un doble motivo contra el aburrimiento, o sea, para la preocupación. Éste no es sólo un país a la deriva, es también un país sin alternativa.

El eje Sevilla-Málaga

Ignacio Martínez | 16 de mayo de 2010 a las 14:01

El proyecto conjunto de las universidades de Sevilla y Málaga para crear un campus de excelencia internacional es una noticia que trasciende del ámbito de la investigación y la educación superior. Andalucía está por hacer 28 años después del inicio del proceso autonómico. Los recelos interprovinciales están a flor de piel. Y es imprescindible crear redes, ejes de desarrollo y cooperación. En el mismo espacio universitario, el año pasado ya dio una lección un grupo de universidades jóvenes liderado por Córdoba, en el que están Cádiz, Huelva, Almería y Jaén, al conseguir la única declaración de excelencia en la región. Ahora se presenta una iniciativa de Sevilla y Málaga, un eje imprescindible para la construcción regional.

Los estadios de fútbol han sido escenario descarnado en múltiples ocasiones del mal entendimiento entre las dos ciudades más pobladas de la región. Uno de los más frecuentes cánticos de la afición malagueña es el conocido ¡sevillano el que no bote!, muy venial si se compara con el ¡puta Sevilla, puta capital!, nada infrecuente. Por cierto, generosamente correspondido por la otra parte con un ¡puta Málaga!. En fin, ya sabemos que somos capaces de sacar lo peor de nosotros mismos ocultos en una gran masa, pero los dirigentes políticos y sociales tienen la responsabilidad de guiarnos por otros caminos. Incluida la prensa. La prensa local se ha vendido siempre muy bien contra la capital o viceversa. Las culpas están bien repartidas…

La realidad es que en una comunidad autónoma tan grande hay que trenzar muchas alianzas y complicidades. Pero si hay una necesaria a todas luces es la Málaga-Sevilla. Es nuestro particular eje París-Bonn. Esto me recuerda una frase del discurso fundacional de la Unión Europea, pronunciado por Schuman en 1950: “Europa no se hará de golpe, ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho”. Cambien Europa por Andalucía y apliquémonos el cuento. Los rectores Adelaida de la Calle y Joaquín Luque con su proyecto tecnológico de excelencia han hecho honor a esta idea. Hay que felicitarles por su gran iniciativa.

¡Viva España!

Ignacio Martínez | 11 de abril de 2010 a las 9:40

Los vecinos de Valença do Minho, de 15.000 habitantes en el norte de Portugal, gritan ¡viva España! a diario porque el Gobierno ha cerrado el servicio de urgencias de su centro de salud y tienen que cruzar el puente sobre el Miño que les separa de Tui en Galicia para ser atendidos. También enarbolan banderas españolas. Su ingeniosa protesta ha incomodado al primer ministro Sócrates, pero resulta superflua. Tui y Valença son una misma entidad separada por el Miño y unida por un puente. Las urgencias pueden estar en Tui, de la misma manera que los tudenses van a la piscina y se aprovisionan de café o bacalao en Valença, y los valencianos estudian en el conservatorio de Tui o hacen la compra en sus supermercados. Eso es Europa.

En el ámbito regional siempre ha costado la misma vida poner de acuerdo a tres pueblos andaluces vecinos para que uno albergue un polideportivo, otro un centro de salud y el tercero un teatro: todos reclaman las tres cosas. El localismo y el populismo son los peores males de nuestro tiempo. ¿Con esos mimbres se puede construir una región? El profesor Domínguez Ortiz estableció que gaditanos, sevillanos, granaínos o cordobeses eran muy de su patria chica y muy españoles, pero no ejercían su condición de andaluces. Ésta es una de las razones por las que no ha triunfado un partido nacionalista: Andalucía no existe, porque no existen los andaluces, sino los malagueños, onubenses, almerienses o jiennenses, que no encuentran ventajas a la cohesión regional. Más bien la estima local se consolida en la pugna territorial, como pudo verse ayer con las peleas previas al partido Málaga-Sevilla. 

Es un hecho admitido que el Parlamento andaluz es menos atractivo con tres partidos, cosa que ocurre por primera vez desde 1982. Al margen de sus notables errores de estrategia, ética y coherencia ideológica, al Partido Andalucista le perjudicó la ventajista obsesión de Chaves de no convocar elecciones regionales sin el paraguas de las generales, lo que ha impedido un verdadero debate sobre los problemas de Andalucía y su futuro. Otra de las razones por las que tampoco ha prosperado un partido nacionalista es la ausencia de una burguesía ilustrada o una clase empresarial necesitadas de la defensa de intereses concretos. El cuadro se completa con un dato sorprendente: mientras más baja el aprecio a los políticos, más sube el voto a los dos grandes partidos. Por alguna extraña razón, la melancolía conduce al bipartidismo. Y Europa no va por ahí…

El diluvio universal

Ignacio Martínez | 9 de marzo de 2010 a las 14:45

Más de 40 días o 40 noches. Un diluvio universal a plazos; con breves días de pausa, no para de llover en Andalucía desde el mes de diciembre. Existe la sensación entre los profanos de que estamos ante lo nunca visto, como consecuencia del cambio climático. Una teoría que, en general, desmienten los técnicos, científicos y políticos consultados para este reportaje. Miguel Ángel Losada, director del Centro Andaluz de Medio Ambiente (Ceama), opina que la volatilidad climática de Andalucía, con años secos y otros muy lluviosos, no ha cambiado sustancialmente en los últimos 9.000 años. Losada sostiene que el clima andaluz sigue el patrón del siglo XX, en el que una temporada de precipitaciones abundantes no fue excepcional.

La consecuencia, en todo caso, es que ha habido inundaciones por todas partes y el suelo de todo el territorio andaluz es calificado por la Agencia Estatal de Meteorología como saturado de agua, menos una pequeña franja del levante almeriense, que está húmeda o muy húmeda. Salvo cuatro, los 83 grandes embalses de la región están prácticamente llenos. En conjunto, está ocupado un 84,3% de los 11.377 hectómetros cúbicos de capacidad de estos pantanos. (Un hectómetro cúbico son mil millones de litros)

El diluvio, además de inundaciones, pantanos a rebosar y múltiples teorías sobre el cambio climático, también ha acentuado la vieja disputa entre agricultores y administración sobre la política hidráulica del Gobierno andaluz. Desde el sector agrario, se reclama con insistencia que se hagan nuevos embalses y en particular que se facilite la construcción de pequeñas balsas en los márgenes del Guadalquivir, que hasta ahora han sido perseguidas. Margarita Bustamante, la presidenta de Feragua, la Asociación de regantes de Andalucía, sostiene que la región no tiene embalses suficientes para evitar sequías o inundaciones. Y da un dato como prueba: desde el 20 de diciembre se han vertido al mar 7.500 hectómetros cúbicos; el doble de lo que se ha embalsado. Esta asociación reclama inversiones en nuevas infraestructuras, y señala parones en obras como el azud de El Portal (Jerez) o en la defensa de Andújar (Jaén), dos lugares en los que ha habido inundaciones. Obras que cree podrían haber evitado los desbordamientos.

El director de la Agencia Andaluza del Agua, Juan Paniagua, responde que se están haciendo inversiones. Y cita como ejemplos, de los últimos cuatro años, la terminación de La Breña II y Arenoso en Córdoba, o Melonares en Sevilla. Y añade que se están construyendo o se van a construir de inmediato la presa de Siles en Jaén, el Chanza o Alcolea en Huelva y las conducciones de Rules en Granada. Este último embalse está terminado, por cierto, desde hace tres años. En total, los nuevos embalses suponen algo más del 10% de la capacidad de regulación anterior, según el director de la Agencia del Agua. Sobre las balsas, reclamadas por Asaja o Feragua, Paniagua no se muestra contrario, lo que abre un portillo al entendimiento. En relación a una mayor regulación de la cuenca, recuerda que el año pasado hubo un congreso nacional en Córdoba en el que se localizaron cuarenta puntos en donde se podrían hacer nuevas presas en los ríos españoles, pero ninguno de esos emplazamientos estaba en Andalucía.

Estamos en un año hidrológico de fuertes lluvias, pero Pedro Parias, secretario general de Feragua, recalca que estadísticamente en estas latitudes hay un año de sequía por cada cuatro normales o abundantes en precipitaciones. Feragua agrupa a más de 50.000 usuarios, agrupados en unas 80 comunidades de regantes, que atienden unas de 260.000 hectáreas, más de la cuarta parte del total de riegos de Andalucía. Parias reconoce que en el Pacto andaluz por el agua ya se establecía que había pocas posibilidades de hacer grandes presas, por los inconvenientes económicos y medioambientales. Pero insiste en la conveniencia de que el Gobierno andaluz cambie de criterio sobre las balsas promovidas por la iniciativa privada: se están haciendo muchas, desde Jaén a Sevilla, pero no se legalizan y hasta las multan.

Hay quien opina que lo que habría que hacer es cambiar la agricultura andaluza a otra menos intensiva en el uso de agua. Los agricultores contestan que la que tenemos es la consecuencia de políticas productivistas alentadas por el primer Gobierno andaluz, que hizo una ley de Reforma Agraria confiscatoria y por la Unión Europea, que pagaba subvenciones en función de la producción. Los regadíos del Guadalquivir necesitan al año unos 1.500 hectómetros cúbicos al año.

Joan Corominas, ex director de la Agencia del Agua y hoy asesor de la Consejería de Agricultura en la materia, es uno de los principales expertos nacionales en la materia. Opina que un año o incluso diez no son suficientes para establecer teorías sobre el cambio climático. Pero admite como posible la hipótesis de que el clima mediterráneo con extremos de sequía o lluvias abundantes puede ir aumentando a lo largo del siglo. No hace falta que el incremento de precipitaciones sea muy alto, para que tenga incidencia sobre el medio ambiente: con una subida de las lluvias de un dos, tres o cuatro por ciento, el caudal de los ríos subiría entre un 15 y un 20%. “Podemos encontrarnos con una mayor irregularidad, con años de muchas lluvias y años muy secos, pero no tenemos un modelo fiable para establecer una nueva teoría”. Parecida opinión tiene Miguel Ángel Losada, director del Ceama, instituto de investigación dependiente de la Universidad de Granada y la Junta: “Este año está dentro de la estabilidad climática de Andalucía, es similar a 1961/62 o a los años 96,97 y 98, en los que no hubo tantas borrascas seguidas, pero cayó mayor cantidad de agua”. Su punto de vista es que mientras más tiempo pase de un fenómeno excepcional, mayor probabilidad hay de que se pueda repetir. Es una aseveración estadística. En 1755, con motivo del terremoto de Lisboa hubo un maremoto, con lo que no es descartable que se produzca otro 250 años después… Para ilustrar su afirmación, el director del Ceama apunta que Baelo Claudia (Bolonia, en Tarifa) fue arrasada dos veces en los siglos I y III por sendos maremotos.

Losada no cree en las teorías del cambio climático, sino en la repetición cíclica de fenómenos extremos. Y alerta sobre la necesidad de evitar las asentamientos en zonas inundables, la mayor parte de ellas con muchos años de antigüedad, en Jerez, Sevilla, Málaga y numerosas otras localidades. El encauzamiento artificial de los arroyos no evita por completo el riesgo de correntías, como han demostrado las inundaciones de las últimas semanas. La entrada de borrascas por el Golfo de Cádiz cada 11 o 13 años la atribuye a las manchas solares, provocadas por la actividad interna del sol. De donde deduce que no hay que exagerar; no estamos ante el diluvio universal.

Crisis, lluvia y urbanismo

Ignacio Martínez | 24 de febrero de 2010 a las 10:37

Las inundaciones de las últimas semanas en Andalucía son un aviso sobre la importancia de un urbanismo responsable. Pero la responsabilidad no es un deporte nacional. Es un clásico que las crecidas del Guadalete inunden El Portal o Las Pachecas en Jerez. Pero no vale decir que nunca ha bajado tan cargado el río en el último siglo. En Málaga, el Guadalhorce también tiene la mala costumbre de desbordarse cuando hay lluvias torrenciales, que suele ser cada diez años. En Sevilla pasaba lo mismo con el Tamarguillo, hasta que se construyó un muro de defensa. Ésa es una solución para paliar el problema; para eliminarlo, hay que evitar mantener los asentamientos de viviendas en zonas inundables, por muy históricos que sean.

Pero cuesta trabajo que los concejales del ramo sean receptivos a las sugerencias de los técnicos. Y la cosa se complica cuando los munícipes no son del mismo partido que gobierna en la autonomía. La cosa llega hasta el punto de que no sólo se mantienen las casas existentes en zonas de riesgo, sino que se construye en el paso natural de posibles avenidas. La escasa limpieza o drenaje de los cauces, el abovedamiento de tramos fluviales urbanos y la usurpación urbanística de terrenos de dominio público hidráulico facilitan las inundaciones.

No tenemos buena nota en urbanismo. De las grandes ciudades de la región sólo Sevilla y Córdoba han adaptado plenamente su PGOU a la nueva ley de ordenación del territorio de Andalucía. La delimitación estricta de zonas inundables ha retrasado el plan general de Jerez. En Málaga no se ha aprobado el PGOU por varios litigios, uno de los cuales es saber hasta dónde llega el dominio público hidráulico en Campanillas, donde el Guadalhorce tiene la manía de desbordarse. Los planes de Cádiz, Granada y Almería todavía se están tramitando. Huelva ni ha empezado. El de Algeciras va muy lento. En Marbella se ha aprovechado para blanquear, con la bendición de PP y PSOE, unas 14.500 de las viviendas ilegales que el gilismo dejó como herencia a la ciudad.

Pero lo peor es que no tenemos remedio. El presidente del Gobierno no ha encontrado mejor sitio que Málaga para decir que la culpa de la crisis es la avaricia de los especuladores financieros y el urbanismo salvaje de Aznar. ¿El de Aznar, nada más? Sólo en la provincia de Málaga, en Estepona, Marbella, Manilva, Sayalonga, Alcaucín o Almogía han sido detenidos, imputados o encarcelados alcaldes o concejales socialistas por fundamentadas sospechas de urbanismo salvaje y corrupción. Muchos de ellos pactaron con destacados posgilistas. Los alcaldes del PSOE en la Axarquía protagonizaron un motín contra la severa política urbanística de la consejera Concha Gutiérrez. Con su presión pretendían regularizar viviendas ilegales y recalificar suelo rústico. Al mismo tiempo que le echa la culpa a Aznar, Zapatero debería mirar en su propia casa. En Málaga, sin ir más lejos.

De titán a Titanic

Ignacio Martínez | 17 de febrero de 2010 a las 14:24

El PSOE ha sido desde 1982 el titán de la política andaluza. El partido más organizado, con una fuerza excepcional. Y una palanca de poder gigantesca. Tanta, que el PP le ha mirado siempre de reojo con admiración. Pero todas estas fortalezas parecen nubladas por una triple crisis: la económica, la de confianza en su líder nacional y la del agotamiento de sus fórmulas de gobierno regionales, después de casi 30 años de ejercicio ininterrumpido del poder. La encuesta de Cepes de ayer es una foto de la situación en Andalucía. En intención directa de voto, los populares aventajan a los socialistas claramente. Y en estimación, están delante por poco. Pero esto ya no es noticia. Aunque sí lo es que la organización y la fuerza del titán andaluz se agoten.

La encuesta de la Confederación de Entidades para la Economía Social tiene más de cien folios. Una enciclopedia que cruza lugares por su número de habitantes, nivel de ingresos, género, edad o formación y que ofrece un panorama poco halagüeño para el Gobierno andaluz. La gente cree que la sanidad ha mejorado bastante, pero la educación ha empeorado mucho y el empleo es una catástrofe. Resalta un dato: dos de cada tres andaluces piensan que el PP lo haría igual o mejor que el PSOE al frente de la Junta. Ese porcentaje es aún mayor en cinco de las ocho provincias: Cádiz, Córdoba, Málaga, Almería y Granada: toda la costa menos Huelva, más Córdoba. Los encuestados sin estudios piensan de manera rotunda que el PP lo haría peor, mientras que los titulados universitarios opinan lo contrario con énfasis.

Otro déjà vu es la valoración personal de los líderes. Griñán (4,98) saca mejor nota que Arenas (4,46). Aunque el ex vicepresidente del Gobierno de Aznar es mucho más conocido que su rival. Pilar González (4,41) del PA y Diego Valderas (4,1) completan el cuadro. Esta valoración general se reafirma entre sus correligionarios: Los votantes del PSOE valoran más a Griñán (6,85), que los del PP a Arenas (6,15). Los mayores de 65 años son los que mejor nota le dan a Griñán, mientras Arenas consigue mejor aprecio que el presidente en el tramo de edad entre 25 y 44 años.

El lado más preocupante de la foto es que una mayoría de los ciudadanos encuestados se muestra poco o nada interesada en la política andaluza. El porcentaje de escépticos es mucho mayor entre los votantes socialistas que entre los populares. Y todos consideran que los políticos son muy poco cercanos. La crisis ha deteriorado a ambos partidos, pero mucho más al socialista, hasta el punto de que el PP saca mejor nota que hace un año, mientras el PSOE continúa una marcha descendente. Tanta, que corre un riesgo cierto: de titán a Titanic, no hay más que dos letras.

Cooperación regional

Ignacio Martínez | 30 de noviembre de 2009 a las 1:56

La universidad española se ha examinado sobre su relevancia internacional y su excelencia investigadora. Y las nuestras no han quedado muy bien. Se quejan algunos rectores de apaños, errores o insultos, en particular las dos grandes universidades andaluzas, Granada y Sevilla, con más de cinco siglos de historia cada una de ellas. El gordo de la calificación de excelencia internacional se ha quedado entero en universidades de Madrid y Barcelona, el eje que vertebra en este país la empresa, la universidad, el puente aéreo y el fútbol. Entre otras cosas.

Para los demás ha habido un premio de consolación: la excelencia regional. Aquí hemos tenido los andaluces una pedrea. Un proyecto común de cinco universidades pequeñas, recientes, ha entrado en esta clasificación: Almería, Cádiz, Huelva y Jaén, lideradas por Córdoba, con un proyecto agroalimentario. Este es un buen retrato de la Andalucía de ahora y del futuro. Vale para la universidad, pero también para sectores tradicionales, como la agricultura, que ven en peligro sus posibilidades de supervivencia.

Una de las grandes asignaturas pendientes de Andalucía es su cohesión interna. En casi 30 años de autonomía, los distintos territorios no han aprendido a especializarse y cooperar. Aquí todo se lee en clave local. Esta es la patria común de todos los localismos. Por eso, el hecho de que cinco universidades se unan para un plan conjunto de investigación ya es un hito en la historia de la región. Si además, los expertos nacionales y extranjeros que han evaluado los proyectos consideran éste como uno de los nueve mejores de España, es para sentirse satisfechos.

El tema agroalimentario elegido por el consorcio ganador, aporta otros elementos de reflexión. La agricultura significa poco en nuestra sociedad. Andalucía es una potencia agraria indiscutible, pero en las grandes ciudades se vive de espaldas al campo. Es un fenómeno muy español, que llega hasta los periódicos. En Francia la información agraria ocupa gran espacio en los diarios, en España no. En Francia ex ministros de Agricultura llegan a presidente de la República o primer ministro, como Chirac o Rocard. En España, no ocurre. Y Andalucía no es una excepción.

Los sectores tradicionales tienen que espabilar. Por ejemplo, Andalucía es el primer productor mundial de aceite de oliva y puede haber recibido cerca de 15.000 millones de euros de ayudas europeas a su producción en los últimos 23 años: son dos billones y medio de pesetas, que se dice pronto. Con ese dinero, las botellas de aceite andaluz deberían estar hoy en las estanterías de todos los supermercados del mundo; pero seguimos vendiendo mayoritariamente a granel a los italianos, los amos del mercado. El mundo va a una gran velocidad y los sectores tradicionales tienen que buscar valor añadido, innovación, riesgo, si quieren sobrevivir. ¡Y cooperación regional!

Enseñanzas del fútbol

Ignacio Martínez | 20 de noviembre de 2009 a las 8:05

Una mano de Henry ha clasificado a Francia para el Mundial de Suráfrica. En la era de las nuevas tecnologías, millones de espectadores de todo el mundo pudieron ver en directo claramente que el jugador francés se ayudaba con la mano izquierda, para centrar después a un compañero que marcó de cabeza. Injusto triunfo, que perjudica a Irlanda. El fútbol necesita ayudarse de la televisión. Es elemental para evitar estos abusos, pero sus dirigentes se resisten.

Por el contrario, hay que celebrar que en el mundo del fútbol haya normas y comités como el que ha sancionado a Maradona con dos meses de suspensión y una multa de tres millones de pesetas. Resulta que Maradona, cuando clasificó a mitad de octubre a Argentina para el Mundial, después de pasar muchas fatiguitas, se despachó a gusto contra los periodistas: “A los que no creyeron, con perdón de las damas, que la chupen, que la sigan chupando. Ustedes me trataron como me trataron; sigan mamando”. En resumen, la frase de un chulo maleducado, con perdón de los caballeros que se encuentren entre sus seguidores. Pero aquí, la comisión disciplinaria de la FIFA da una lección.

Debería existir un comité de disciplina deportiva para otras muchas actividades de la vida diaria. Entiéndase que se trataría de evaluar la gentileza, cortesía o buenas maneras de las personas. O la ausencia de estas cualidades y en qué grado. Se podría aplicar como el carné por puntos. Un ejemplo fácil lo tenemos con Francisco Camps, cuando acusó la semana pasada al portavoz del PSOE en las Cortes Valencianas de querer matarle: “A usted le encantaría coger una camioneta, venirse de madrugada a mi casa y por la mañana aparecer yo boca abajo en una cuneta”. A lo mejor no es un delito, pero nuestro comité le quitaría los doce puntos a Camps de un golpe. Y le aplicaría la norma Maradona: tres o cuatro meses de suspensión de toda actividad pública, en los que no podría salir en los medios, ni hablar en el Parlamento regional, ni montarse en un Ferrari alquilado con fondos públicos, para darse un baño de multitudes. Eso sí, podría seguir presidiendo la Generalitat valenciana, pero en absoluto silencio, como castigo.

No sólo los políticos y los deportistas estarían sometidos a estos controles. En ciudades como Sevilla, Jerez, Córdoba o Granada, en las que se está fomentando el uso de la bicicleta, debería haber una comisión de disciplina que quitara puntos por ir contra mano en una calle de dirección única, subirse por las aceras, circular en calles peatonales u otros abusos cometidos con la excusa de que la bici es buena. Desde luego que es la bici es buena, pero debe cumplir unas normas, como las jugadas de un futbolista, las declaraciones de un seleccionador o los discursos de un político. Enseñanzas del fútbol.

Rafael de la Fuente: “Unos boquerones rellenos cambiaron la cocina andaluza”

Ignacio Martínez | 24 de octubre de 2009 a las 9:40

”Rafael

 

Rafael de la Fuente (Málaga, 1941) es un observador privilegiado del turismo en Andalucía en el último medio siglo. En 1958 ya trabajaba en una agencia de viajes en Torremolinos, cuando formaba parte del municipio de Málaga y se estaba convirtiendo en el centro de turismo de alto nivel más importante de España y uno de los más potentes del Mediterráneo. En 1964 dirigió una agencia en la incipiente Marbella. Ha sido director de cuatro hoteles de cinco estrellas, Los Monteros y Don Carlos, en Marbella, Villamagna de Madrid y el Palm Beach de Paspalomas, en Canarias. Durante 12 años dirigió La Cónsula, la prestigiosa escuela de hostelería que ha producido cocineros de máxima categoría, varios de ellos con estrellas Michelín. Hace tres años se jubiló y ahora lleva una vida trepidante, con algunos descubrimientos mágicos como internet; hasta el punto que se acuerda del día de su bautismo cibernético, el 28 de diciembre de 2007. Esta es la transcripción íntegra de la entrevista que resumida publican hoy los nueve diarios del Grupo Joly. Aquí habla de su vida personal; de su padre, el futurólogo Rafael de la Fuente; de la corrupción en Marbella; de la excelencia del turismo de Torremolinos y Marbella en los años 60, 70 y 80; de la gastronomía andaluza o de la imagen que se ha proyectado de España en el extranjero por los escándalos urbanísticos.

 

“Tengo una foto del verano del 42 en Berlín, en plena guerra mundial, con año y medio. Se ve a un señor con gabardina y una insignia del partido nazi, a un soldado de la Luftwaffe y a un niño malagueño”

“Mi padre, Rafael de la Fuente, se consideraba un astrólogo, pero tuvo el buen gusto de no tomarse nunca muy en serio”

“Torremolinos en los años 60 era el destino turístico de alto nivel más importante de la península ibérica y uno de los mayores del Mediterráneo. Fue una escuela para mí”

“En mis primeros viajes promocionales, cuando iba a visitar una agencia en Alemania, todo el mundo sabía dónde estaba Torremolinos, pero Marbella lo tenía que situar entre Gibraltar y Málaga”

“Alfonso de Hohenlohe logró captar la atención de la familia real saudí para que se instalaran en Marbella”

“Es difícil de comprender para países con larga tradición democrática que las instituciones españolas tarden más tiempo de lo que el nazismo perduró en Alemania en poder parar el ‘gilismo’”

“Durante años en la mayoría de los hoteles de Andalucía, incluso excelentes hoteles, se castigó a los turistas con algo que aquí se llamaba cocina internacional”

“ Paul Schiff descubre que aquí hay una mezcla maravillosa de dos culturas gastronómicas, la mediterránea y la islámica. Y que había unos productos autóctonos totalmente menospreciados e ignorados”

“En La Cónsula lo que menos se tocaba era la cocina moderna. Es una cocina casi de fin de trayectoria, lo que pasa es que estos chicos son jovencísimos y es un caso muy excepcional en Europa”

 

-¿Qué tal es la vida de jubilado?

-No lo sé todavía.

-¿Qué descubrimientos ha hecho?

-Empecé a trabajar muy duro con 15 años. Desde entonces no he parado de aparcar cosas, para cuando tuviera tiempo. Ahora llevo una vida trepidante, pero sin presión, sin agobios.

-¿Qué es lo que más ocupa su tiempo?

-Aparte de ordenar mi biblioteca, leer libros que llevan años esperando y escribir.

-Y ha descubierto internet.

-En mis últimos trabajos tenía unos equipos tan perfectos de colaboradores que no necesitaba internet. Me lo resolvían todo. Cuando te ves solo, navegando, la vida te cambia. Nunca olvidaré el 28 de diciembre de 2007, que fue cuando entré en el mundo mágico de la cibernética.

-¿Ahora es una adicción?

-Es una herramienta de trabajo diaria y sobre todo me ahorra mucho tiempo.

-Usted es un autodidacta. Desde los 15 años ha aprendido muchas cosas por su cuenta.

-Absolutamente. Incluso mis seis idiomas los he aprendido yo solo.

-¿El trabajo de diplomático de su padre le ayudó? Vivió usted de niño en Alemania.

-Pero entonces no pude aprender alemán. Mi padre trabajó en la embajada española en Berlín, en plena guerra mundial. Y mi madre y yo estuvimos con él allí, en el verano del 42. Los bombardeos nos obligaron a volver a España. Yo tenía entonces año y medio.

-¿Se acuerda o se lo han contado?

-Tengo un par de recuerdos vaguísimos que no sé si son de Alemania o de otro sitio. Mi madre ha sido siempre una fuente de documentación de aquella época maravillosa, porque a sus 91 años sigue teniendo una memoria privilegiada. Y además ella ha conservado una fotos magníficas.

-¿Y hay alguna de usted en el Berlín de la II Guerra Mundial?

-Se ve un Berlín de la guerra, pero todavía una ciudad muy cuidada, muy limpia. Y detrás, en pleno verano, se ve a un señor con una gabardina ligera, y con una insignia del partido nazi. Y unos meros detrás un soldado, sin armamento, de la Luftwaffe, la fuerza aérea alemana, que va con una cartera de cuero, en la que llevaría unos documentos. Y, delante de ellos, un pequeño malagueño.

-Usted nació en Málaga.

-Mi madre y sus padres son malagueños de varias generaciones. De apellidos Milanés y Pérez, de los Pérez Brian y Pérez Souvirón, que son dos familias muy antiguas de Málaga.

-Como buen milanés ¿habla italiano?

-Sí. Además, mi hijo ha vivido en Roma tres años y hemos ido mucho a verle.

-Y ¿qué otros idiomas?

-Inglés, francés, sueco, alemán y un portugués con acento bahiano.

-Su padre fue un personaje muy conocido en la España de la televisión en blanco y negro. Rafael de la Fuente, que se decía futurólogo.

-Él se consideraba un astrólogo. Pero siempre tuvo el buen gusto de nunca tomarse muy en serio. La astrología la practicaba como un pasatiempo y a él le extrañaba mucho que todo el mundo se tomara tan en serio sus predicciones y descubrimientos. Y en los últimos años de su vida la astrología fue una hermosa compañera de viaje.

-Tenía clientes famosos.

-Una serie de personajes importantes le encargaban que les hiciera unas predicciones. Tenía aciertos impresionantes: el sabía que era intuición, un sexto sentido, pero se decía que tenía que vestirlo un poco más y creaba sus cartas astrales para darle a sus amigos la alegría de una información que podría parecer más rigurosa, más científica.

-Ver a Rappel como una imitación de su padre, ¿qué impresión le causa? El futurólogo Rafael de la Fuente se ponía también una especie de túnica.

-Era una vestimenta un poco hindú, más que árabe. Muy cómoda. Y la utilizaba en casa. Pero algunas veces salía a la calle, y por no molestarse en cambiarse, la llevaba. También había gente que le confundía con Rafael Alberti: tenían cierto parecido físico. Y, sobre todo, la forma de llevar el pelo era idéntica. Y a él le encantaba que le confundieran con Rafael Alberti, porque admiraba muchísimo al poeta.

-¿Cuándo llega a Marbella?

-Recién casado, en abril del 64, como director de una agencia de viajes, absolutamente pionera, Viajes Málaga, que abrió allí una sucursal, porque era obvio que en Marbella estaban ocurriendo cosas muy interesantes y que era un lugar que podía tomar el relevo de Torremolinos, que había tenido una eclosión casi sin precedentes en la historia del turismo de España.

-¿Qué significaba Torremolinos en los años 60?

-En aquellos años se convirtió en el destino turístico de alto nivel más importante de la península ibérica y uno de los mayores del Mediterráneo, que llegó a tener seis hoteles de lujo de un altísimo nivel. Y todo lo que eso supone: restaurantes, tiendas. A principios de los 60, yo me formo en ese Torremolinos: estuve en otra agencia, la Wagon-Lits/Cook, que era la compañía de los coches cama y los grandes expresos europeos, que se fusionó con la creada por Thomas Cook en 1841. Entrar a trabajar en esa agencia internacional en 1958 fue una escuela para mí. En Torremolinos viví el auge y un poco el descenso del turismo de alto nivel.

-Y entonces surge Marbella.

-Marbella era un sitio desconocido. En mis primeros viajes promocionales, cuando iba a visitar una agencia en Alemania, todo el mundo sabía dónde estaba Torremolinos, pero Marbella era algo muy nuevo y lo tenía que situar de una forma gráfica, rápida, diciendo que estaba entre Gibraltar y Málaga.

-La eclosión de Marbella no tiene nada que ver con la de Torremolinos.

-Son métodos distintos y ambos fascinantes. Marbella, quizá por la experiencia de Torremolinos fue muy cautelosa con la masificación, con la creación de hoteles o entornos que no fueran deseables para el turismo de la más alta calidad. Y como iba muy bien para el negocio de todas las empresas que estaban allí instaladas, se mantuvo prácticamente así hasta la llegada del ‘gilismo’ en el 91.

-La llegada de los árabes ya convirtió la estética de las casas en algo más ostentoso y ordinario.

-En absoluto. Marbella tiene mucho que ver con la familia de Alfonso de Hohenlohe. Hubo un pequeño declive en el negocio de alta rentabilidad, para los grandes hoteles, y Alfonso pensó que los árabes de un nivel económico apabullante tenían sus sitios en la Costa Azul, en la Costa Esmeralda, en Cerdeña, en Londres o París, bien podrían venir a Marbella a instalarse también.

-Y repite lo que hizo al principio.

-Eso es. Al principio se trajo a una serie de grandes personajes de centroeuropa o de Hollywood y muchos de ellos se instalaron aquí. Y utilizó el mismo sistema con los árabes. Trae a varios emires, a varios príncipes y sobre todo logra captar la atención de la familia real saudí. Y a partir del momento en que la familia real decide que va a tener un palacio en Marbella, todos conocemos la historia.

-Usted forma parte de los grupos de trabajo de la Convención Europea del Paisaje auspiciada por el Consejo de Europa. ¿Gil se hizo rápidamente con un ‘prestigio’ internacional o la marca aguantó?

-Creo que fue un proceso de contaminación muy rápido. Y lo que mucha gente todavía no se ha dado cuenta es que eso no afectado sólo a Marbella, sino a España entera. Y cuando empiezan las sucesivas mayorías absolutas de Gil en las elecciones y los escándalos llegan a extremos sin precedentes en la Unión Europea. España empezó a ser considerado un país con unas instituciones muy frágiles, que no tiene capacidad para defender el bien público.

-¿Hay un momento decisivo en ese proceso de degradación de la imagen de Marbella?

-Dos semanas después de la famosa moción de censura, en agosto de 2003, cuando The Economist publicó un reportaje en la que aparecía una foto de Jesús Gil abanicándose en el Palacio de Justicia de Málaga, asomado a una ventana, con la camisa abierta y su voluminosa humanidad al descubierto. Los que redactan el artículo dan por asumido que en Marbella, es decir en España, la corrupción es algo endémico.

-No ha sido un fenómeno exclusivo de España.

-Sí, pero en Niza detuvieron a un alcalde y acabó en la cárcel. Lo que es difícil de comprender para países con larga tradición democrática es que las instituciones españolas tarden más tiempo de lo que el nazismo perduró en Alemania en poder parar el gilismo. Y llama poderosamente la atención que sean los periodistas y el movimiento vecinal quienes protagonicen la resistencia a Gil. Marbella tiene una deuda con los periodistas que en una soledad tremenda denunciaban lo que ocurría; a pesar de la coacción e intimidación del gilismo. Hay casi el género literario que se crea en la denuncia contra Gil, pero eso no encuentra el más mínimo eco en las instituciones públicas durante mucho tiempo. Se archivaban las denuncias judiciales y las reclamaciones que llegaban a las diferentes administraciones tampoco tenían mucho éxito.

-¿Y la gente, entretanto, que pensaba?

-Pues había una parte numerosa de la población que estaba genuinamente convencida de que un poquito de corrupción era bueno para los negocios. Y estaban convencidos de que llegarían al final, aquellos Roll Royce que Gil prometía que todo el mundo tendría. Pero aquello tuvo la misma consistencia que el famoso tren bala que llevaría a los habitantes de Marbella hasta el aeropuerto de Málaga.

-Andalucía también queda señalada con esto.

-Más señalada que España, por la caja de resonancia que representan los miles de residentes extranjeros de Marbella, que callan pero observan y transmiten. Este censo es muy importante en cantidad y calidad. Se trata de ciudadanos influyentes con gran capacidad para generar opinión y la impresión que tenían es que Andalucía vivía en un colapso institucional.

-¿Qué dicen los extranjeros?

-He oído decir a amigos extranjeros que gobernantes corruptos los hay en todos los sitios y los habrá. Lo curioso de Marbella es que el presunto grupo mafioso no es el que compra voluntades en el Ayuntamiento, sino que es ese grupo el que directamente gobierna y saquea a la ciudad en su provecho. Eso era tan tremendamente obvio para personas que no sabían español, que el hecho de que pasaran años y años y que nada ocurriera ha dejado un poso de perplejidad y desconfianza.

-Pero la llegada de las mafias a Marbella no empieza con Gil, sino antes.

-Antes de llegar Gil ya había una trayectoria de presunta corrupción en los juzgados.

-Usted ha dirigido la Escuela de Hostelería de la Cónsula durante 12 años. De allí han salido muchos cocineros brillantes, entre ellos varias estrellas Michelín. Ya en los años 80 hubo hasta cuatro restaurantes con estrellas en Marbella: Los Monteros, La Hacienda, La Fonda y Le Restaurant.

-Se da la circunstancia de que todos aquellos restaurantes que tuvieron en los años 80 estrellas Michelín tenían cocineros de fuera. Por ejemplo, el del restaurante El Corzo, cuando yo dirigía Los Monteros, era Gregorio Camarero; que venía de Burgos y del Meliá. Él inauguró en el 64 el Meliá Don Pepe de Marbella, y en la Navidad del 71 yo me lo llevé a Los Monteros.

-De la Escuela de la Cónsula han salido Dani García, José Carlos García y Celia Jiménez que han conseguido estrellas Michelín. ¿La enseñanza estaba basada en el minimalismo y la vanguardia?

-En absoluto. El secreto de La Cónsula es que lo que menos se tocaba era esa cocina moderna, que era para gente muy evolucionada. Es una cocina casi de fin de trayectoria, lo que pasa es que estos chicos son jovencísimos y es un caso muy excepcional en Europa. Allí había que hacer perfectamente desde una tortilla de patatas a un arroz o cualquier otro plato. Y después, los platos más representativos de una serie de cocinas internacionales de relieve. Había un estilo, una forma de tratar el género, había una forma estética de presentar los platos que ya era clásica. Hacía 40 años que Paul Bocuse y los hermanos Troisgros en el momento de la máxima brillantez de la ‘nouvelle cuisine’ francesa ya la habían establecido recogiendo antiguas tradiciones orientales, en su mayoría japonesas, que hoy en día están en el mundo entero.

-Pero estos cocineros y otros muchos que han puesto sus propios restaurantes le han dado otro carácter a la oferta de la hostelería andaluza.

-Hasta ahora, con la mejor voluntad del mundo, le hemos hecho una faena a nuestros visitantes. Sobre todo en los hoteles; incluso en los hoteles de alto nivel. Durante muchos años había una especie de complejo de inferioridad con nuestra cocina mediterránea o con las cinco grandes cocinas que hay sólo en la provincia de Málaga: Valle del Gadalhorce, litoral, Vega de Antequera, Axarquía y comarca de Ronda.

-Una gastronomía que no se le daba a los turistas.

-Durante años en la mayoría de los hoteles, incluso excelentes hoteles, se les castiga con algo que aquí se llamaba cocina internacional. Un poco también por cierto recelo a la forma de cocinar antigua, con aceites feroces, muy duros. Y esa cocina internacional en realidad era una versión bastante aburrida de la cocina francesa, alemana o inglesa.

-¿Cómo se rompe esa dinámica?

-Lo hace de una manera casi bíblica el maestro Paul Schiff, que tenía un restaurante con dos estrellas Michelín, la Hacienda. Él venía de uno de los mejores restaurantes de Bruselas el Villa Lorraine. Y Paul Schiff descubre que aquí hay una mezcla maravillosa de dos culturas gastronómicas. Una la mediterránea y otra la islámica. Y que había unos productos autóctonos totalmente menospreciados e ignorados.

-Entonces ocurre el hecho bíblico.

-Le encargan el menú oficial para una visita de los Reyes a Málaga en 1987. Y el propone un menú en el que había una boquerones rellenos de jamón y espinacas. Y los responsables institucionales de la visita pensaron que era un plato indigno de los Reyes. Les pareció muy bien todo el menú, pero querían quitar el boquerón, porque tenía una connotación de pescado pobre. Y Paul Schiff les respondió que ese era el mejor plato de la comida: “De la forma que yo lo voy a hacer, les puedo garantizar que sus Majestades nunca lo han probado porque lo estoy inventando todavía”. Y añadió que si ese plato no iba se retiraba.

-¿Cuál fue el resultado?

-Le hicieron caso y los Reyes elogiaron varias veces esa pequeña joya maravillosa. Y Paul Schiff decía, “en ese momento Málaga y su cocina dan el salto hacia el futuro, porque pierden el miedo a volar”. Que es lo que se consuma con los jóvenes alumnos de la Cónsula.

-¿Cómo era Dani García cuando llegó?

-Para su familia era un esfuerzo que viniese a La Cónsula [en Churriana, Málaga], porque no había ayuda por desplazamiento. Pero María del Mar González del Río, la delegada de Radio Nacional de España en Marbella convenció a su madre a la vista de la afición que él tenía. Dani había estudiado en el Instituto Río Verde de Marbella, con muy buenas notas. Era obvio que era una persona trabajadora, seria, constante. Pero al principio era uno más; muy reservado y correcto. Muy bien compañero. El nivel que se intuía en él era muy alto, pero igual ocurría con sus 19 compañeros y compañeras. El proceso de selección de la Cónsula está forzado a escoger a los mejores entre los mejores.

-¿Y cuando empieza a llamar la atención?

-Al final era obvio que había un grupo de cinco o seis magníficos en esa promoción. Él ya estaba viendo toda su vida e hizo lo que le recomendamos, seguir su formación con Martín Berasategui. Nosotros les decimos que su peor enemigo era ponerse a trabajar y ganar mucho dinero. La Escuela le había dado la base, pero tenían que terminar su formación.

-¿Y José Carlos García?

-Es de la misma promoción y también se va con Martín Berasategui. Y después trabajan los dos juntos en el restaurante del padre de José Carlos. Entonces Dani se va al Tragabuches en Ronda y José Carlos pone su propio Café de París.

-Dani es de Marbella y José Carlos de Málaga, pero Celia Jiménez viene de Córdoba. La Cónsula es una Escuela regional.

-Nunca olvidaré cuando vino a verme Celia con sus padres. Ella es otra prueba de la tremenda importancia que puede tener la familia para apoyar un camino que puede ser complicado, largo y costoso. El brillo de sus ojos dejaba claro que amaba profundamente este oficio. Por encima de toda quería ser cocinera y quería ir al sitio en donde pudiera llegar a eso lo más rápidamente posible. Por entonces ya Dani y José Carlos habían triunfado y después ella consiguió su estrella Michelín en El Lago.

-¿Estará satisfecho?

-Desde luego, eso sí que lo sé a estas alturas.

Peleas callejeras

Ignacio Martínez | 9 de septiembre de 2009 a las 6:26

El pasado fin de semana hubo movilizaciones con altercados para todos los gustos. En Madrid, un numeroso grupo de jóvenes acabó su botellón en Pozuelo con un enfrentamiento en toda regla contra la policía, quema de vehículos y un intento de asalto al cuartel policial. En Sevilla, un grupo de jornaleros del Sindicato Andaluz de Trabajadores invadió la sede de Canal Sur e intentó impedir la salida de un AVE con destino a Madrid. Y en el País Vasco, un comando de los cachorros de ETA metió fuego a varios coches en un garaje de Rentería. En vasco le dicen a esto kale borroka, en castellano lucha callejera. Es un asunto al que algún insensato quiere verle el lado romántico, como en aquella canción de 1968, Street fighting man de los Rolling Stones, que consideraba el verano un tiempo excelente para peleas callejeras.

Hay muchas maneras de protestar y reclamar. Las más fáciles, son contra el gobierno de turno, ya sea municipal, regional o nacional. En este campo trabaja el sindicato andaluz, que ya consiguió el 21 de agosto en Córdoba cortar la vía del AVE durante 90 minutos, retrasar ocho trenes y tomar la sede de CajaSur: pretenden una ampliación del subsidio agrario, por la crisis. Estos cortes de carretera o ferrocarril perjudican a los ciudadanos, que deben después pagar la factura de lo que se reclama. Pero ojo, si la crisis deja el campo andaluz más subsidiado, habrá pasado como un rodillo por su futuro.

Las más estúpidas son las manifestaciones gratuitas. Recuerdo que en febrero de 1998 unos belgas le estamparon unas tartas a Bill Gates en la cara. Ocurrió en Bruselas. El dueño de Microsoft, que contra su costumbre iba de chaqueta y corbata, no descompuso su ademán, aunque su rostro, sus gafas, su oreja derecha y su traje quedaron llenos de nata. Gates se lo tomó con humor: dijo que el dulce no estaba sabroso. Los autores de la agresión no reivindicaban nada: simplemente buscaban 15 minutos de gloria, al actuar contra una celebridad. Un acto de gamberrismo, vamos. Y además, barato. La condena de la justicia belga fue otra broma: 12.000 pesetas de multa. Esta es la liga en la que juegan los niñatos de Pozuelo de Alarcón, si no fuera por lo peligroso de su diversión. Lo hacen borrachos, sí, pero en la confianza de que la sanción será ridícula. (La kale borroka es otra historia. Terrorismo callejero a manos de canallas cómplices de asesinos).

Hay protestas más elegantes. Cuando le concedieron a Marlon Brando su segundo Oscar, por el Padrino en 1973, no fue a recibirlo y mandó en su lugar a recogerlo a una india para protestar del trato que la industria cinematográfica había dado a siux, cheyennes y demás. Elegante, quizá porque los Oscar no se entregan en verano, el tiempo excelente para las peleas callejeras, según Mick Jagger.