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Ataque de rectitud

Ignacio Martínez | 6 de marzo de 2011 a las 13:23

Los dos grandes partidos sufren un peculiar ataque de rectitud. Practican una saludable tolerancia cero con las irregularidades de su rival y una permisiva manga ancha para las propias. Cospedal dice que con un solo ere irregular debería haber dimitido Griñán como presidente de la Junta. Zarrías sostiene que al PP lo corroe la corrupción. Lo de Cospedal no se sabe si es un ejercicio de cinismo o de inocencia. El presidente de Valencia está imputado por corrupción, pero en su partido le perdonan cualquier desliz, total por tres trajes no se habría vendido a la banda de don Vito Correa y El Bigotes.

El problema es que la trama corrupta hizo negocios por miles de millones de pesetas con la Generalitat valenciana y aunque no hubiese ningún delito penal, su responsabilidad política debería haber llevado a Camps a renunciar al cargo. Por decirlo con palabras de Cospedal, con un solo traje debería haber dimitido. Pero es que no son tres trajes. Según el auto de la Fiscalía, entre Camps y tres de sus íntimos colaboradores recibieron 39 trajes, once americanas, diez pares de zapatos, ocho corbatas, siete pantalones y dos abrigos. Ya tendrían que estar requetedimitidos. En Palma de Mallorca el PP ha montado ayer un circo: el amiguito del alma de El Bigotes ha firmado un manifiesto contra la corrupción.

En el otro lado, mientras Zarrías afirma que el PP no puede dar lecciones, Manuel Chaves declara sin apuro que las irregularidades de los eres en la Junta de Andalucía es sólo cosa de cuatro o cinco socialistas, que serán expulsados. Pasamos de los tres trajes a los cuatro granujas, poca cosa. Pero son cinco los imputados del caso Mercasevilla que eran militantes o dirigentes del PSOE, son varios los intrusos en los eres con el carné socialista, y más de cien mil millones, las pesetas gestionadas de manera arbitraria. No es posible que la responsabilidad política de este descontrol se quede en el simple rango de director general. 

Una perpleja opinión pública necesita un aumento sustancial de la rectitud interna en los dos partidos fundamentales de la democracia española. Pero no llega.

Ataque al Estado

Ignacio Martínez | 22 de septiembre de 2010 a las 13:23

En la apertura del año judicial, el presidente del Supremo pidió ayer que no se ponga en cuestión la labor de jueces y tribunales. Se trata de un deporte nacional. Sin ir más lejos, Correa, el jefe de la trama Gürtel, salió la semana pasada a la palestra con unas declaraciones en las que no negaba que regalara trajes o viajes a políticos y en las que deslizaba que el dinero que pudiera tener en Suiza no provenía de ningún negocio ilegal. O sea, que hubo regalos y que hay dinero en paraísos fiscales. Pero lo más relevante de sus afirmaciones, por escrito a un cuestionario de El Mundo, es que sostenía que el Gobierno socialista estaba convencido de que con su encarcelamiento averiguaría asuntos oscuros relacionados con José María Aznar o Alejandro Agag. “Están utilizando la prisión, como en la España franquista, como elemento de presión”. Son acusaciones contra el Estado de derecho, porque un Gobierno democrático no puede meter en la cárcel a nadie. Lo impiden las garantías constitucionales.

Pretender que jueces, fiscales y Policía se pliegan a intereses espurios o utilizar de referencia a Franco ya lo han hecho antes otros famosos delincuentes condenados por los tribunales como Jesús Gil y Mario Conde. Francisco Correa se suma al club de los que despotrican del Estado o del Gobierno cuando les pillan. De esto deberían tomar nota los políticos que tienen la fea costumbre de hablar de estado policial cada vez que imputan a un consejero o alcalde de su partido. Las actuaciones veraniegas de María Dolores de Cospedal en Marbella los dos últimos años son un paradigma de esa estrategia de tinta de calamar.

Treinta y cinco años después de la muerte del dictador ninguna formación política tiene la exclusiva de la ética y la moralidad. Lo dijo el fiscal general del Estado en el mismo acto oficial, con otras palabras. Ha habido casos de corrupción en los dos grandes partidos, pero el público confía en ellos más que nunca. En la actual legislatura los diputados de PSOE y PP son más de los que nunca tuvieron las dos principales fuerzas políticas desde 1977. Eso les da mucho poder, pero al mismo tiempo una mayor responsabilidad a sus actuaciones públicas.

Si el PP, como viene sosteniendo su doctrina oficial, nada tiene que ver con Gürtel y es sólo víctima de una pandilla de aprovechados liderados por este padrino a quien le gustaba que le llamasen don Vito, debería tener un discurso distinto al de su proveedor infiel. Correa deja en evidencia a sus antiguos mentores, porque no desmiente ni los regalos ni las atenciones con quienes le dieron contratos millonarios y le otorgaron favores que lo enriquecieron. Pero, sobre todo, los deja en evidencia cuando ataca al Estado. Una estratagema que se justifica en un presunto delincuente, que puede mentir para defenderse, pero que de ningún modo es aceptable en un partido de Gobierno.

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Los pecados originales de Zapatero y Rajoy

Ignacio Martínez | 30 de septiembre de 2009 a las 8:50

Zapatero tiene tanta credibilidad en su gestión de la crisis como Rajoy cuando se explica sobre el caso Gürtel. Ambos son poco o nada fiables. Lo peor del presidente del PP con la trama de corrupción es que al principio la negó categóricamente. Se trataba de un complot del Estado y la prueba era la coincidencia del ministro de Justicia Bermejo y el juez Garzón en una cacería en Jaén, un fin de semana de febrero en el que se produjeron las primeras detenciones. Y resultó que sí había caso. Un grupo de corruptos había penetrado al PP en Madrid y Valencia. Hubo otros episodios; Ricardo Galeote, hermano e hijo de encausado, dimitió como concejal de Estepona por su vinculación con la banda de Correa, el Bigotes y compañía. Con él han hecho mutis por el foro una decena de alcaldes y concejales, un consejero del Gobierno de Esperanza Aguirre, el tesorero de la ejecutiva nacional y hasta un eurodiputado. Todos, imputados, junto a sesenta personas más en Madrid.

No era cierto de que no había nada. No era cierto el complot. Tampoco era cierto que el presidente Camps se pagara sus trajes. No se lo ha creído ni su íntimo amigo el magistrado Juan Luis de la Rúa, presidente de sala del Tribunal Superior de Justicia de Valencia. Aunque al juez el regalo le pareciera insuficiente para procesar al amigo. Ahora se dirime si hay que dar crédito a un informe policial que indica que la trama corrupta financió al PP valenciano. Informe que está en el limbo; en la maraña de piezas separadas del caso. De la Rúa se desentendió del escrito, pero debió mandarlo al juzgado de guardia para que se investigara. Alguien debe hacerlo. El argumento de Camps de que el voto masivo a su favor de los valencianos le exonera es el mismo que utilizaba Gil en Marbella, el mismo que emplea Berlusconi en Italia. No es de recibo. Rajoy enseña viejos informes de policías que resultaron falsos. Pero tiene un pecado original en este tema, porque lo negó desde el principio. Y ya no es creíble.

A Zapatero con la crisis le pasa lo mismo. La negó al principio y acusó a Rajoy de antipatriota por anunciarla. Todo lo que haga ahora se pone en entredicho por su pecado original. ¿Quién iría a tratarse de una gravísima enfermedad con un médico que la hubiera descartado con rotundidad al aparecer los primeros síntomas? Encima la gestión no es brillante. Sube los impuestos porque los que más tienen deben atender a los que más necesitan. Una filosofía progresista que casa mal con la desaparición del impuesto sobre patrimonio, el aumento del IVA, y medidas anteriores como una devolución de Hacienda para todos los contribuyentes o un cheque bebé tanto para millonarios como para personas sin recursos.

Aquí los pecados originales desacreditan a los grandes partidos. Y tendrán consecuencias. En Alemania los democristianos (CDU-CSU) y los socialdemócratas tuvieron el 90% de los votos, pero este domingo no han llegado al 57%. Que tomen nota sus colegas nacionales. En España nunca desde el inicio de la transición ha habido en el Congreso de los Diputados tantos escaños en manos de las dos principales fuerzas políticas, pero el oligopolio político español no es eterno.

El terror de Camps

Ignacio Martínez | 5 de septiembre de 2009 a las 9:58

Camps dijo ayer en Valencia, en un acto multitudinario de su partido en la plaza de toros, que el Gobierno quiere instalar en España un régimen de terror. Espero que la siguiente etapa de este despropósito no sea presentarse como Danton. Me pregunto quién será Robespierre, si Rubalcaba o el propio Zapatero. En fin, Rajoy dijo en el ruedo que se siente orgulloso de los dirigentes valencianos. Dos orejas y rabo para el presidente valenciano y salida a hombros. Todo, porque dos jueces del TSJ de Valencia, uno de los cuales es algo más que amigo de Camps, han establecido que aunque le hayan regalado los trajes y complementos a él, a su esposa, a su hija y a sus colaboradores los de la trama corrupta Gürtel, eso no es delito. Sorprende el orgullo del PP en esta historia y su empeño en decir que son objeto de una persecución del Estado. Una docena de dirigentes populares de una decena de gobiernos locales y regionales han sido encausados por su relación con la trama montada por Correa y el Bigotes, otro amigo de Camps, como el juez. Un eurodiputado que ha sido el hombre fuerte del PP en Bruselas durante la última década, un consejero de la Comunidad de Madrid, el tesorero del partido y cuatro alcaldes madrileños están imputados. Cuatro de los seis jueces que han entendido en esta causa ven claros indicios de delito e incluso los otros dos no exoneran a Camps y a tres de sus íntimos colaboradores de los regalos de la trama. No veo de qué hay que estar orgullosos. Admitiría que Rajoy dijera que está aliviado. Ya veremos qué dice el Supremo sobre los trajes de este torero valenciano, maestro en el pico de la muleta y otros trucos del montón: es evidente que mintió cuando dijo que los trajes no se los regalaron, pero eso en España no sólo no es delito, sino que tampoco escandaliza a la afición. Vuelve el salto de la rana. La palabra correcta no es terror, sino horror.

La decepción de Sáenz de Santamaría

Ignacio Martínez | 28 de agosto de 2009 a las 21:02

 

Resulta que la afición estaba concentrada en las plazas de los pueblos, pendientes de la Diputación Permanente del Congreso, porque allí en el santa santorum de la soberanía popular, iba el PP a aportar pruebas contundentes de que España es un Estado policial, como una dictadura en la que actúa la Inquisición rediviva. Pero la portavoz popular Sáenz de Santamaría, en una de las más lamentables faenas que se le recuerdan no mencionó ni de pasada las famosas muletillas de Cospedal, Arenas y Rajoy en la temporada de verano. Enorme decepción.

Yo ya veía la reclamación ante el Parlamento Europeo, con una severísima comisión de investigación en la que se explicaría con detalle quiénes eran El Bigote, El Curita o El Cabrón en la trama Gürtel, con nombre muy europeo en alemán. También veía yo a Mayor Oreja explicar azarado lo de los trajes y complementos con los que han sido agasajados Camps, su señora y su niña, además de unos pocos de colaboradores. Desde los diamantes de Bokasa a Giscard sus señorías no se habrán visto en otra. Alguien debería dar cuenta a los eurodiputados cómo en España el señor Revilla, presidente de la región cantábrica, regala cajas de anchoas de 20 euros, y cómo el PP interpreta que eso da pie a los trajes y complementos para la familia y los amigos. A pesar de que los demócrata cristianos cada vez son menos en el PPE europeo, todavía este grupo tiene un marcado sentido de defensa de la familia. Aún así, dudo que comprendieran la causa del señor Camps, alias El Curita.

Y, finalmente, lamento que no vaya a haber una comisión de investigación en el Parlamento Europeo porque el PP español se quedará si explicarle a sus correligionarios europeos por qué le encargó a Correa trabajos para el PPE que se pagó con dinero del Europarlamento. ¿A qué precios vinieron una semana a la Costa del Sol en julio de 1999 unos 750 democristianos, a mesa y mantel, con mitin de Aznar y Berlusconi incluidos? ¿Los precios fueron los más baratos y los más caros posibles, que pagaban los ‘compañeros’ europeos? ¿Por qué Agag, secretario general del PPE entonces, le encargó esta bicoca a su amigo Correa? ¿Hizo Correa lo mismo cinco años antes para un mitin de Giscard? 

La verdad es que una comisión de investigación en el Parlamento Europeo es lo último que necesita el PP español para salir del embrollo Gürtel. Una lástima, porque la afición quedaría contenta. Eso sí que sería un encierro y no los de San Fermín.

PP y Gürtel: España no es un estado policial

Ignacio Martínez | 9 de agosto de 2009 a las 8:40

¡España es un estado policial!, clama desde Marbella María Dolores de Cospedal, secretaria general del Partido Popular, persona de apariencia precavida, que suele leer todas sus declaraciones públicas. No es un acaloramiento repentino; el PP acusa al Gobierno de espiarle, con escuchas telefónicas ilegales; de perseguir a la oposición, de corromper la democracia, de poner en grave riesgo las instituciones. Estas descalificaciones implican a jueces, fiscales y policías. La sobreactuación de Cospedal empezó unos días antes, cuando pidió al Gobierno que se dedicara a perseguir a ETA y no al PP. Una secuela de la euforia popular ante el archivo provisional de la causa contra el presidente valenciano Camps en el caso Gürtel. Y una reacción a la torpeza de la vicepresidenta Fernández de la Vega, que se apresuró a pedir a la Fiscalía que recurriese el fallo del TSJ valenciano. En todo caso, resulta chocante esconder detrás del terrorismo los delitos de la trama de corrupción montada por Correa y ‘El Bigotes’ con la ayuda de dirigentes populares de Madrid, Valencia o Andalucía.

La teoría del complot del Estado contra el PP ya fue esgrimida con éxito en vísperas de las elecciones autonómicas en Galicia y el País Vasco: entonces en la operación Gürtel no había nada de nada; todo era producto del afán de protagonismo del juez Garzón y del interés malicioso del Gobierno por perjudicar a su rival. Cinco meses después, varios jueces han encontrado serios indicios de delito en numerosos dirigentes populares, alguno de los cuales ha tenido que dimitir como consejero autonómico, alcalde o concejal. La implicación alcanza a miembros del Congreso, Senado o Parlamento europeo. Incluso el tesorero nacional del PP ha sido imputado. Eran falsos los dos enunciados: no había complot y sí una trama corrupta bien ramificada.

La filosofía ahora es la misma, pero la estrategia va más lejos. Al PP le irrita sobremanera que se hayan publicado sumarios declarados secretos, y pide un escarmiento. Pero incurre aquí en una grave contradicción. Sin el trabajo de la prensa no habríamos sabido nunca tanto de los casos Filesa, Naseiro, Gal, Gürtel o Yak-42. Son ventajas de un régimen de libertad de prensa como el que tenemos. Eso no habría sido posible en la Cuba de los Castro, en la Venezuela de Chavez o en la España de Franco, por poner ejemplos de estados policiales. Otra contradicción de Cospedal es hablar del riesgo de las instituciones. El bloqueo que desde hace meses ha montado el PP valenciano para impedir que su Parlamento regional designe senadora a la dirigente socialista Leire Pajín es un claro ejemplo de irresponsable política institucional. Ni estas ‘venganzas’ de Camps, ni las pataletas de Cospedal van a exonerar de los delitos de corrupción a los implicados en la trama Gürtel. El principal partido de la oposición debería dejar trabajar a jueces, fiscales, policías y periodistas. España no es un Estado policial, es el PP el que está en un estado de necesidad.

Rita Barberá puede ayudar a vender bolsos de Vuitton

Ignacio Martínez | 28 de julio de 2009 a las 11:55

El blog de María Vela Zanetti, recomendado aquí a diario, publica un interesante artículo sobre lo faltos que están los bolsos de Vuitton de un marquetin adecuado. La campaña de Steven Meisel le parece a María propia de un talento agotado con cero glamour. Así que ella sugiere que si Rita fuese la modelo de la próxima campaña sería un éxito.  

 

La verdad es que llevaba un tiempo pensando en hablar, ¡de nuevo!, de la obsesión por los bolsos gigantes en pieles pesadas, ultrarricas, casi torturadas. Cada vez son más feos, casi lúgubres en su patética apuesta por el todo vale si es nuevo y lo lucen las famosas. Lo pensaba mientras veía la campaña de Steven Meisel para Vuitton de esta primavera/verano 2009, con la estereotipadísima imagen de una Maddona de pelo grasiento, rictus de severidad póstuma y maldita la gracia. Cero glamour, todo voluntarismo.

En el vídeo queda claro que, aunque Marc Jacobs, tan tatuado él mismo que parece un bolso con el estampado de Vuitton en colorines, sea un tipo de probado talento, está empezando a cansarse de toda la vaina. La estrella se prueba pulserones y sandalias étnicas, mete el pellejo de la barriga para dentro, y tal vez reza para que aquello se acaba cuanto antes. Toda la escena despide un tufo de talento agotado y de necesidad apremiante por vender, no ya la colección de moda, que por otra parte recuerda al mejor Jean Paul Gaultier de los 80, sino esos bolsos tan aburridos, desfondados y caros, que parecen estar bostezando mientras esperan a la incauta compradora ¿de status?

Bueno, como decía arriba, en esas estaba, yo misma durmiéndome, cuando veo en el periódico, en los tres que leo a diario, la noticia de que el ínclito Bigotes, ese monaguillo dadivoso de la trama corrupta del llorón de Correa, dice que “está comprando unos bolsos en Vuitton para Rita Barberá, alcaldesa de Valencia, como todos los años desde hace cuatro”. Se lo confiesa a su interlocutor telefónico y sin saberlo entra él, tan ajeno al glamour de las pasarelas, en la Pequeña Historia de la Moda Contemporánea.

La filtración ha indignado a la edil, pero aprovechando el asunto propongo que los directores de arte de Vuitton tengan en cuenta a Rita para su próxima campaña. Venderían como locos en la Comunidad Valenciana y, gracias a una modelo tan heterodoxa, los bolsos cumplirían con su secreto objetivo: llegar al santo pueblo votante.

Las FARC pagaron a Correa

Ignacio Martínez | 18 de julio de 2009 a las 11:17

 

Confieso que me dio un vuelco el corazón cuando leí la noticia en los diarios digitales: Un jefe de las FARC dice que la guerrilla financió a Correa. ¡Vaya!, lo que faltaba. En la España de hoy no hay más Correa que el jefe de la trama corrupta Gürtel, nacida, crecida y desarrollada al amparo y a costa del PP aznarista y marianista. Este Correa autóctono ha sido un osado de marca mayor. Empezó con la organización de viajes, con tanta eficiencia que fascinó al secretario general del PP en los primeros 90, Álvarez Cascos. Después pasó a la gestión de eventos, grandes reuniones, congresos, mítines. Un hombre de fiar para los suyos. Tan amigo de Agag, el yernísimo, que fue testigo en su Boda imperial con la niña del presidente del Gobierno. Bueno, en realidad, la Boda concentró a una buena partida de imputados en la operación Gürtel. Correa pasó después al negocio que ha sido su perdición, y la de tantos otros, el de la especulación inmobiliaria. Arriesgado negocio que exige correr riesgos con atenciones, regalos, comisiones, mordidas, que no siempre van a ser entendidas por los jueces en caso de que por un mal paso del destino la cosa trascienda.

Total, que estábamos aquí pendientes de las mentiras de Camps y del enroque de Bárcenas y sale la noticia de que las FARC, la guerrilla narcotraficante colombiana, dedicada a la industria el secuestro, había dado dinero a Correa. Joder, con Correa, el tío. Pero era una falsa alarma. Este Correa de la noticia no es el nuestro, de pelo engominado y sonrisa suficiente en sus años de gloria, por ejemplo en la Boda del Escorial. No. Este Correa es el presidente ecuatoriano, que podría haber recibido 100.000 dólares para su campaña de los narcosecuestradores, según una información facilitada por las propias FARC. Falsa alarma. No puede ser de otra manera: 100.000 dólares es una cantidad irrisoria en la galaxia Gürtel.

El caso Gürtel entra en el circo romano

Ignacio Martínez | 15 de julio de 2009 a las 11:50

 

Huele a sangre al final de los sanfermines. Sangre española en el circo romano. Esperanza Aguirre ha sacado sus legiones mediáticas a la calle, y a Bárcenas le quedan horas como tesorero del PP. La incómoda posición de Rajoy defendiendo a los implicados de su partido en la trama Gürtel contra viento y marea se ha vuelto contra él. Lo haya hecho por convicción, por debilidad o por interés, ya es un hecho que esta historia de corrupción ha tocado a la cúpula de los populares. Y el último episodio nos devuelve a la lucha por el poder en el partido. Pretorianos y centuriones discuten de nuevo sobre la dirección de la nave. Los neoliberales seguidores de Aznar siguen apostando por Aguirre, una mujer de hierro en versión autóctona, con cara de no haber matado una mosca. Tanto coincide con Margaret Thatcher, que hasta encaja en la edad: la dama de hierro original llegó a primera ministra británica con 54 años y estuvo en el poder hasta los 65; y Esperanza tiene ahora 57 y tendrá 60 cuando se celebren las próximas elecciones generales.

Aguirre ha tenido la habilidad, la audacia o lo que hay que tener para limpiar el campo de los implicados en el caso Correa dentro de la Comunidad de Madrid, el único ámbito del PP en donde han rodado cabezas; las de alcaldes o consejeros autonómicos. Eso es justamente lo que no ha hecho Rajoy con Bárcenas o con Camps. El presidente valenciano se encomienda a la protección de los jueces del TSJ valenciano y confía en que el tribunal que examine su recurso archive el caso. Un Naseiro II, vamos. El instructor que le acusa de cohecho pasivo impropio viene a decir que le regalaron los trajes, pero a cambio de nada. Qué generosos Correa y el Bigotes, los tíos. Y qué ingenuo el presidente valenciano, qué cándido. Qué mentiroso. Francamente, prefiero la determinación de Aguirre que las dudas de Rajoy; las ironías de la presidenta de Madrid a la falsa cursilería de Camps.

Y en esto se abre la puerta del coliseo y salen a la arena Bárcenas, amenazando con airear secretos, y nuestra dama de hierro nacional, para retarle a duelo. El tesorero del PP ha filtrado que se llevó nueve cajas de la sede central de Génova con documentación comprometida para altos cargos populares, en especial Aguirre y su segundo, Ignacio González, que como buen compañero del partido es su enemigo mortal. Y Esperanza sale a su encuentro y le pide “de rodillas” que cuente todo lo que sepa de ella. En esta escena de la película es donde muere el gladiador Bárcenas. De momento se la envaina. Y Rajoy queda desacreditado.

Su tranquilidad natural permitió a Rajoy ser sucesor de Aznar y lograr hace un año un paseo triunfal en el congreso de Valencia, tras perder las elecciones por poco. Pero ahora debe decidir la suerte de Bárcenas; un problema que no se resuelve solo. Debe colocar su mano en el aire y, con decisión, poner el pulgar para arriba o para abajo. El coliseo no le quita ojo.

Gürtel angustia al PP

Ignacio Martínez | 8 de julio de 2009 a las 11:19

 

Veo en la televisión a Cospedal, con cara de no saber qué cara poner, ante la serpiente de la trama Gürtel, que se enrolló primero por las extremidades madrileñas del PP, después por su tronco financiero y ahora por la cabeza valenciana. La pobre secretaria general de los populares ve cómo la trama aparece ante su rostro, dispuesta a morderla y se le pone una sonrisa de pánico, unos ojos pasmados, una voz nerviosa. En la radio, suspira. En fin, aunque sólo fuese por ahorrarle a esta mujer semejantes números un día sí y otro también, Rajoy debería hacer algo. Pero Rajoy en este campo es hombre con sentimientos desiguales. No se apiada de Cospedal, pero sí se compadece de Camps y de Bárcenas.

Al presidente valenciano se le reprocha admitir regalos de prendas y complementos para él y su familia por un valor que podría llegar a los cinco millones de pesetas. Lo del tesorero del PP es más fuerte en términos contables, un millón de euros en sobornos, aunque su papel institucional sea menor. En todo caso, estamos ante dos pretorianos del actual presidente del Partido Popular que los defiende contra viento y marea, ya sea por su legendaria piel de rinoceronte, por lo mucho que les debe o por los enormes disgustos que pueden causarle si caen. La brunete meditática espera de nuevo a Rajoy a la salida de este entuerto

Aunque, en lo que se refiere a la opinión pública, aquí ya han caído varios estandartes. En primer lugar, el de la inmaculada honradez del PP: hace cinco meses, la cúpula dirigente empezó diciendo que aquí no había absolutamente nada, que todo era un complot del juez Garzón, en connivencia con el ministro de Justicia de entonces, Mariano Fernández Bermejo, con el que torpemente coincidió en una cacería. Ese desliz le costó el puesto al ministro y su hábil manejo evitó que perjudicara al PP en su intento de recuperar la Presidencia de Galicia. La misma estrategia funcionó en las elecciones europeas, en donde el excelente resultado en la Comunidad de Valencia llevó a ardorosos y cándidos dirigentes a proclamar la inocencia de Camps por la vía a de las urnas. Un camino ya inventado con éxito hace más de una década por Jesús Gil y Gil. Odioso precedente.

Pero no; no ha habido complot alguno. Al menos tres jueces del Supremo y de los tribunales superiores de justicia de Madrid y Valencia han visto serios indicios de delito en más de una docena de dirigentes populares, a alguno de los cuales le han puesto fianzas de un millón de euros. Aquí no hubo más complot que uno para delinquir de Correa, su socio El Bigotes, y una serie de amiguitos del alma incrustados en la estructura popular que le procuraron a los primeros buenos negocios, no se sabe bien a cambio de qué o por cuánto. El juez de Valencia cree que hay indicios razonables de cohecho en el comportamiento del presidente Camps. No se ha creído que los trajes los pagara él con dinero de la caja de la farmacia de su mujer. Yo tampoco.