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Marca España

Ignacio Martínez | 7 de octubre de 2012 a las 19:16

Los obispos nacionales piensan que España es un bien moral que debe preservarse. A primera vista podría ser un distintivos de la marca España. Pero no. En una declaración institucional publicada esta semana sobre la crisis, la Conferencia Episcopal ha añadido su inquietud por las tensiones independentistas destapadas en Cataluña. Este cronista cree que la unidad de España es un bien sentimental, histórico, cultural, político y hasta económico, pero nunca habría pensado que también era un patrimonio religioso. Asunto que recuerda aquellos tiempos imperiales en los que la patria era la reserva espiritual de Occidente. A los purpurados no les gusta el independentismo de Mas. ¿A todos? No, de 21 obispos cuatro se abstuvieron: los cuatro catalanes.
Si les sorprende esta brecha en la monolítica Iglesia de monseñor Rouco, más les sorprenderá que en el PP de la señora Cospedal haya un pequeño motín contra la medida de retirar el sueldo a los diputados de Castilla-La Mancha. Los hay que viven a 400 kilómetros de Toledo. Con lo que difícilmente pueden ganarse la vida y además ocuparse de los asuntos públicos a la capital castellano manchega. Salvo que se sea rentista o rico heredero, como la gente que se dedicaba a estos menesteres en el Antiguo Régimen. La jefa del PP no sólo ha recibido críticas de la oposición, sino también de sus filas. Desde Baleares, Galicia y Extremadura. El presidente Monago ha sido muy claro: con medidas así se da la impresión de que los políticos no hacen nada y sobran.
El retrato español no termina aquí. ¿Se acuerdan cuando en vísperas de las elecciones andaluzas el PSOE cambió la ley electoral para hacer incompatible ser diputado autonómico y alcalde? ¿Se acuerdan de lo malos que eran los del PP por poner de candidatos a los Zoido, Oña, Rojas y compañía? Pues lean los números uno que estudian los socialistas catalanes para las elecciones de noviembre: por Barcelona, Pere Navarro, alcalde de Tarrasa; por Lérida, el alcalde de la capital Ángel Ros; por Tarragona, el alcalde de la ciudad Josep Fèlix Ballesteros, y por Gerona hay dudas pero suena fuerte Feli Fernández, alcalde de Palafrugell. Coherencia por doquier. Marca España.

España es un Estado policial

Ignacio Martínez | 30 de septiembre de 2012 a las 13:18

No sé si se acuerdan, pero María Dolores de Cospedal nos anunció un verano desde Marbella, blusa blanca sobre fondo de flores, arena y mar, que España era un Estado policial. ¿Una barbaridad? Arenas lo repitió unos días después. Y la propia Cospedal insistió en el argumento pasado un año, en septiembre de 2010. Era el incómodo asunto de la Gürtel, aquel caso de corrupción en territorio PP, que cuando empezó fue tachado por los populares de un complot del Estado y que se acabó llevando por delante a un presidente autonómico, el tesorero nacional del partido, consejeros regionales, alcaldes y concejales. La actuación de fiscalía y policía judicial era una persecución, se filtraban datos a la prensa, se producían escuchas ilegales. Eso decía Cospedal, perpleja e irritada.
Me viene a la memoria esa frase al contemplar la foto de diez policías rodeando a un joven en la manifestación del martes, al que parece que quieran desatornillarle la cabeza desde el cuello. La actuación contra la manifestación del 25S, con un agente por cada cuatro manifestantes, es un caso típico de exceso de celo.

La misma persona que se quejaba en Marbella del acoso policial a sus inocentes compañeros de partido, en vísperas de la manifestación de esta semana comparó a los organizadores con los golpistas que entraron a tiro limpio en el Congreso el 23 de febrero de 1981. Y ante semejante amenaza contra la libertad y la democracia, ante un crimen de Estado, se intenta acusar a los detenidos el  25S de delito contra las instituciones. Quienes estamos en contra del asalto a los supermercados, nos oponemos aun más a cualquier intento de toma del Congreso. Pocas bromas se deberían planear sobre esto. Pero el error inicial se corrigió y el martes estábamos ante una manifestación de protesta.
En la Cuatro hemos visto a policías encapuchados, sin identificar, esposando a participantes en la protesta rodeados de uniformados. Eso es ilegal. Y el secretario general del Sindicato Unificado de Policía lo reconoció en Twitter: “Apoyamos que no lleven [identificaciones] ante organizaciones violentas. Leña y punto”. Humm, tiene un tufo a Estado policial. Un camarero, votante del PP, impidió aquella noche la entrada de la policía en su cafetería del Paseo del Prado. Leo que le han hecho una inspección de Sanidad y otra de Hacienda. No puede ser. No sé si sería legal, pero suena a represalia bananera, más propia de Hugo Chávez que de un Estado democrático europeo.

Un servidor se resiste a darle la razón a Cospedal. España no puede ser un Estado policial. Pero ahora otras personas lo dicen perplejas e irritadas, con mucho más motivo que la jefa del PP en 2009.

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El 18 de julio y las guerras púnicas

Ignacio Martínez | 18 de julio de 2012 a las 10:38

El miércoles el Gobierno ha perdido la virginidad. Hasta ahora estaba tomando tierra; haciendo pruebas, que llamaba reformas y eran recortes sin mucha meditación, que sólo producían la reacción contraria de los afectados. Eso ha cambiado desde el recorte universal anunciado por Rajoy en el Congreso. Cada uno puede comprobar en su entorno cómo votantes asiduos del PP empiezan a referirse a los suyos con desprecio o resentimiento. Y una de las consecuencias de la pérdida de inocencia del Gabinete es que ya resulta chocante la muletilla de la herencia recibida. Se la oigo a Cospedal, que añade que sabe que hay a quien le molesta, pero esa es en esencia la raíz del problema. Una falta de modestia como otra cualquiera.
Herencias recibidas hay muchas y antiguas. Un amigo empresario me contó que de niño en su pueblo jugaban a romanos contra cartagineses. A veces parece que aquí contemplamos los ciudadanos el bonito juego infantil de socialistas contra populares. En todo caso la principal herencia recibida por este Gobierno es que el anterior no sabía dónde estaba ni a dónde iba. Y este Gabinete se ha agarrado con tanta fuerza a ese legado que ahora tenemos un Gobierno que no sabe dónde está ni a dónde va. Es decir, que estamos donde estábamos. Las elecciones, el cambio de mayoría, las nuevas incorporaciones el Ejecutivo no han servido absolutamente para nada.

Incluso han aparecido en escena personajes cuya presencia produce intranquilidad. Ignoro cuáles son los méritos académicos e intelectuales de Fátima Báñez, no conozco su hoja de servicios al PP, que pueden ser muy brillantes. Pero es un hecho palmario que no la ha llamado Dios por el camino de la elocuencia; es una nulidad en materia de comunicación. Será por la herencia recibida de Pajín o Aído, pero la tuvimos el fin de semana en la televisión como ministra de jornada, sembrando desasosiego. Y lo de Montoro es sorprendente. En su primera encarnación como ministro, en el Gobierno de Aznar bajo la tutela de Rato, fue un hombre discreto y eficaz. Ahora, en plena tormenta, la sonrisa nerviosa con la que acompaña los anuncios de recortes le dan un aire entre frívolo e insolente.

Por cierto que la famosa frase de Montoro a la diputada canaria Oramas, “deja que se hunda España, que ya la levantará el PP” también es herencia recibida. Como también lo son Gürtel y la bancarrota de la banca valenciana. O la de Bankia. Desde luego, cabe hacer reproches a Zapatero y a su gestión, pero eso no resuelve nada. Esencialmente deberíamos dejar de jugar a las guerras púnicas. No puede ser que el principal objetivo del PP sea que el PSOE, como Cartago, deba ser destruido. Y al revés, que los socialistas piensen lo mismo de los populares. Sin abandonar el sambenito de las herencias recibidas no saldremos de la crisis. No está mal recordarlo un 18 de julio.

Mantras de verano

Ignacio Martínez | 4 de septiembre de 2011 a las 22:00

El hinduismo y el budismo utilizan los mantras como pensamientos para apoyar la meditación. Aquí, el ocio veraniego es propenso a la elaboración de ideas ocurrentes. Sin ir más lejos, hace cuatro años el presidente del Gobierno reunió a su grupo parlamentario, recién vuelto de las vacaciones de agosto, para pavonearse de lo bien que lo había hecho en su primera legislatura. Dijo que exceptuando el crecimiento de China, que era el motor de la economía mundial, España superaba a todas y cada una de las principales potencias mundiales. Que en aquellos cuatro años el PIB nacional había crecido el doble que Alemania, el triple que Italia, un 50% más que el Reino Unido y un 25% por encima del de Estados Unidos. Que se habían creado más empleos que en Alemania, Francia y el Reino Unido juntos.Y ya lanzado, añadió un mantra de campeonato: que España jugaba “la Champions League de la economía mundial”; era la que más partidos ganaba, la que más goles metía y la menos goleada. Se atrevió a decir que este país estaba más preparado que nunca ante una posible recesión, “por la fortaleza de su economía, el dinamismo de la inversión, la solvencia de las empresas, la eficiencia de su sistema financiero y la acumulación de disponibilidades de las familias”. Suena a perfecto disparate cuatro años después, leído en esta España que cambia la Constitución para que no la intervengan.

Hace tiempo que el PP acuñó otro mantra: que la austeridad es la panacea universal. Lo ha repetido como una letanía, sin concretar. Hasta el miércoles: a la vuelta de sus vacaciones Dolores Cospedal ha anunciado una dieta de caballo del 20% en las cuentas públicas de Castilla-La Mancha como “ejemplo para España”. Unos 1.800 millones de recortes en personal, subvenciones, infraestructuras e instalaciones sanitarias. Menos liberados sindicales, menos interinos en la enseñanza, adelgazamiento de la radiotelevisión autonómica, eliminación de la oficina de Bruselas o el Defensor del Pueblo.

Los sindicatos y el PSOE han advertido que está en riesgo el Estado de bienestar. Es una manera de hablar. El bienestar que nos proporcionaban los estados en Europa hasta las vacaciones de 2007 no volverá. Lo que toca es discutir dónde se recorta. No se debería hacer sin un debate previo sobre prioridades. Por ejemplo, a Cospedal le parece demagógico que se reclame que los ricos paguen más impuestos. Un mantra clásico de la derecha internacional dice que bajar impuestos crea puestos de trabajo. Sin embargo, un multimillonario con escrúpulos, el norteamericano Warren Buffet, ha proclamado avergonzado este agosto que él paga un 17% y sus empleados un 36%. Y una colección de ricos franceses y alemanes han solicitado un aumento de su contribución. Hay mantras, como los de la Champions y los impuestos, que la crisis ha dejado en ridículo.

El diputado 110

Ignacio Martínez | 6 de julio de 2011 a las 18:53

Ha pasado una semana del debate sobre el estado de la comunidad autónoma y los socialistas esperan con ansiedad la declaración de la renta de Javier Arenas, en respuesta al desplante torero de José Antonio Griñán, a mitad de su discurso, entregando la suya conjunta con su esposa a la presidenta del Parlamento andaluz. Por cierto, que fue un derechazo: realizó el pase con la mano derecha, según dan fe las fotos de la sesión. Y es curioso que gesto tan heterodoxo no cogiera por sorpresa a doña Fuensanta, que recogió el documento con toda naturalidad, señal de que había sido avisada de la maniobra.

Arenas todavía no se ha retratado y sus maliciosos adversarios se frotan las manos porque esperan un sueldo parecido al de su compañera Dolores Cospedal, que acumula entre el salario que le paga el PP como secretaria general y el de senadora más de 220.000 euros al año. Como puede verse, cuando se va perdiendo el partido, cualquier falta al borde del área anima a la afición.

El debate terminó, ha pasado una semana, y absolutamente nadie ha echado de menos una iniciativa que el presidente Griñán se había trabajado en los debates del 26 de mayo y 9 de junio. Era un teatrito bien ensayado con los jefes de Izquierda Unida. En el primer entremés, Mariscal explicó con pelos y señales lo injusto de que cada diputado le costara a su coalición 52.000 votos, mientras que a sus rivales les salía mucho más barato: 38.000 al PP y 36.000 al PSOE. Ahí Griñán argumentó que Andalucía es la región que tiene menos diputados por habitante.

En la segunda actuación, Valderas se quejó escuetamente de la falta de representatividad del sistema electoral andaluz y Griñán desarrolló una tesis doctoral sobre cómo con el criterio de la comunidad de Madrid, de un escaño por cada 50.000 habitantes, en Andalucía tendría que haber 167 diputados. O sea, 58 más.

Tan abierta sugerencia fue objeto en los días siguientes de no pocas críticas periodísticas, políticas y ciudadanas y se aparcó. Pero el presidente no se quedó con las ganas de ampliar la Cámara, al menos simbólicamente, y de camino hacer un guiño a los indignados. Es el diputado 110, una de las 37 resoluciones aprobadas al final del debate. Este diputado, rey o reina por un día, será el que defienda las iniciativas populares que lleguen al Parlamento autonómico, en representación de todos los firmantes. Un grupo de trabajo tiene ahora que establecer el mecanismo y el número de firmas. Viniendo de un Parlamento con tanto desequilibrio en la representación y en el que no ha habido una sola comisión de investigación en 15 años, suena a brindis al sol. Pero bienvenida sea la medida. Otro gesto torero heterodoxo.

La guerra es la guerra

Ignacio Martínez | 27 de abril de 2011 a las 12:12

En 35 años de democracia, en España no hemos logrado que algunas grandes cuestiones estén por encima de la batalla partidista; sea el terrorismo, la energía o la política exterior. No hay manera. Ni el Pacto Antiterrorista de 2000, ni la Ley de RTVE de 2006, hechos en buena avenencia entre PSOE y PP, han retirado estos temas de la pelea política. Cospedal dijo ayer en Los Desayunos que la imparcialidad de la información política en Televisión Española deja mucho que desear. Y para reforzar la solidez de su argumento explicó que en una televisión pública pagada con los impuestos de todos los ciudadanos, la información política tiene que ser de una imparcialidad meridiana. En esto estamos todos de acuerdo. Bueno, todos no: en Canal 9, la televisión valenciana, el caso Gürtel no ha existido.

Desde hace semanas, el PP utiliza la lucha contra el terrorismo como arma de presión contra el Gobierno. Lo culpa de la huida del etarra Troitiño y lo acusa por anticipado de la presentación de algún amigo de la banda en alguna lista el 22-M. En la estrategia electoral cabía esperar la aparición de temas como la inmigración. En vez de eso, la secretaria general del PP acusa de manipulación a uno de los garantes del juego limpio en la confrontación; la televisión pública.

Llueve sobre mojado. La web del PP colecciona desde hace semanas reproches a TVE sobre el caso Faisán, los eres en Andalucía y las actividades del hijo de Chaves. El órgano de representación de los periodistas de TVE, el Consejo de Informativos, consideró en un comunicado “inaceptable el grado de ira de las acusaciones con las que el Partido Popular pone en cuestión la credibilidad de nuestros informativos ante la opinión pública”. Para curarse en salud, Cospedal dijo ayer que los periodistas de TVE son profesionales como la copa de un pino, pero que ella desconfía de la dirección política. El problema es que el comité de redacción no se queja de Fran Llorente, sino de los ataques del PP.

Hay una lamentable tendencia de las televisiones públicas en España hacia la propaganda gubernamental. Las más tendenciosas son las municipales, en las que la presencia de alcaldes es abrumadora. Las autonómicas han sido desde el comienzo buenos aparatos de propaganda para cualquier partido en el poder. También lo ha sido tradicionalmente TVE, con gobiernos de todo signo, pero en particular durante la dirección de Informativos de Alfredo Urdaci, en la segunda legislatura de Aznar, a quien condenó la Audiencia Nacional por manipulación informativa. Entre los mejores logros del actual Gobierno está haber colocado a RTVE en las mayores cotas de libertad e independencia de su historia. Algo que no se habría conseguido sin el consenso de los dos grandes partidos. Pero la contienda electoral es un tsunami que se lleva todo por delante. La guerra es la guerra. Lástima.

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Ataque de rectitud

Ignacio Martínez | 6 de marzo de 2011 a las 13:23

Los dos grandes partidos sufren un peculiar ataque de rectitud. Practican una saludable tolerancia cero con las irregularidades de su rival y una permisiva manga ancha para las propias. Cospedal dice que con un solo ere irregular debería haber dimitido Griñán como presidente de la Junta. Zarrías sostiene que al PP lo corroe la corrupción. Lo de Cospedal no se sabe si es un ejercicio de cinismo o de inocencia. El presidente de Valencia está imputado por corrupción, pero en su partido le perdonan cualquier desliz, total por tres trajes no se habría vendido a la banda de don Vito Correa y El Bigotes.

El problema es que la trama corrupta hizo negocios por miles de millones de pesetas con la Generalitat valenciana y aunque no hubiese ningún delito penal, su responsabilidad política debería haber llevado a Camps a renunciar al cargo. Por decirlo con palabras de Cospedal, con un solo traje debería haber dimitido. Pero es que no son tres trajes. Según el auto de la Fiscalía, entre Camps y tres de sus íntimos colaboradores recibieron 39 trajes, once americanas, diez pares de zapatos, ocho corbatas, siete pantalones y dos abrigos. Ya tendrían que estar requetedimitidos. En Palma de Mallorca el PP ha montado ayer un circo: el amiguito del alma de El Bigotes ha firmado un manifiesto contra la corrupción.

En el otro lado, mientras Zarrías afirma que el PP no puede dar lecciones, Manuel Chaves declara sin apuro que las irregularidades de los eres en la Junta de Andalucía es sólo cosa de cuatro o cinco socialistas, que serán expulsados. Pasamos de los tres trajes a los cuatro granujas, poca cosa. Pero son cinco los imputados del caso Mercasevilla que eran militantes o dirigentes del PSOE, son varios los intrusos en los eres con el carné socialista, y más de cien mil millones, las pesetas gestionadas de manera arbitraria. No es posible que la responsabilidad política de este descontrol se quede en el simple rango de director general. 

Una perpleja opinión pública necesita un aumento sustancial de la rectitud interna en los dos partidos fundamentales de la democracia española. Pero no llega.

Un alcalde de cine

Ignacio Martínez | 24 de octubre de 2010 a las 11:40

Nos quejamos a veces de alguno de nuestros alcaldes, o alcaldesas, pero por comparación aquí en Andalucía hay una compostura, una educación. El de Valladolid, sin embargo, es un alcalde de cine, de película casposa sobre el tardofranquismo. Javier León de la Riva (PP) parece tan reaccionario como poco ingenioso. Quiso hacerse el gracioso con el nombramiento del nuevo Gobierno, y no tuvo peor ocurrencia que decir en una radio que Leire Pajín, como ministra de Sanidad, va a repartir condones a diestro y siniestro, se va a convertir en la alegría de la huerta y que cuando él le ve los morritos siempre piensa lo mismo, aunque no lo iba a decir. Un caballero, el tío.

Su metedura de pata ha sido condenada a izquierda y derecha, con una excepción destacada, la del líder del PP Mariano Rajoy, que sigue sin arriesgarse el hombre y ayer dijo algo así como que él no está para lo accesorio ni para chismes. Se equivoca. Por lo demás, como casi siempre, Esperanza Aguirre tuvo la frase adecuada en el momento adecuado. Y muchos otros dirigentes del PP, como Saénz de Santamaría, Cospedal, González Pons o Ana Mato. Contrasta la actitud contemplativa de Rajoy con la de Nicolas Sarkozy en un caso similar. Hace tres años al vicesecretario de la UMP, el partido del presidente de la República, le grabó un cámara mientras decía en un corrillo en privado que la ex diputada centrista Anne-Marie Comparini era una salope. La traducción es fuerte. Elijan: guarra, puta, cabrona o puerca. A Patrick Devedjian le cayó encima una reprobación generalizada, empezando por el presidente y el primer ministro, que le obligaron a pedir disculpas públicas y privadas, bajo amenaza de cese.

El comentario de León de la Riva además de condenable ha sido inoportuno, en vísperas de la apertura de la Semana Internacional de Cine de Valladolid. La ministra de Cultura le negó ayer el saludo y no se quedó a la gala inaugural de la Seminci. Y numerosos actores y directores presentes criticaron por tierra, mar y aire al alcalde procaz. Icíar Bollaín, Luis Tosar y Antonio Banderas que anoche recibió un homenaje, han inmortalizado las palabras del alcalde, con su unánime condena.

‘Match point’

Ignacio Martínez | 23 de octubre de 2010 a las 13:33

El semanario The Economist sostenía en agosto que la aceptación en las encuestas del presidente del Gobierno y del jefe de la oposición era tan baja que el primer partido que cambiase de candidato ganaría las elecciones de 2012. Zapatero no se ha retirado, pero ha hecho un cambio de Gobierno de categoría. No lo dice un servidor, sino Dolores Cospedal y Javier Arenas en una conversación robada por una cámara. La secretaria general del PP afirma que Rosa Aguilar es “la izquierda” y tiene buena imagen, y el presidente del PP andaluz agrega que la nueva ministra de agricultura y medio ambiente es muy buena parlamentaria. A pregunta del diputado por Sevilla Juan Manuel Albendea, Cospedal responde que este Gobierno es mejor que el anterior y Arenas añade que tiene mejor proyección pública.

El presidente busca lo que se llama un fuerte perfil político, que nadie sabe muy bien qué significa. En todo caso, estamos ante un grupo de buenos comunicadores, en especial Rubalcaba y Jáuregui, que van a vender en el próximo año y medio una versión nacional del sangre, sudor y lágrimas churchilliano. Es el caso de la mencionada Rosa Aguilar, a quien el valor se le supone, pero que se va de la Consejería de Obras Públicas sin ningún mérito especial, salvo su buena imagen; el marchamo de antigua esperanza blanca de Izquierda Unida, su capacidad dialéctica y su solvencia como tertuliana radiofónica. Tampoco ha cometido errores, salvo quizá un suave, nítido, relajamiento en la disciplina urbanística, que no prometía nada bueno.

La suerte es un elemento capital en la vida. Woody Allen hizo una excelente película sobre el asunto, Match point. Y para llegar a ministro hay que valer, sin duda, pero también ser la persona oportuna, en el momento oportuno, en el sitio oportuno. O en el sitio inoportuno. Sin su necesaria sustitución en la secretaría de Organización del PSOE, para poner a un peso pesado en su lugar, Pajín no habría obtenido como consolación un ministerio. Trinidad Jiménez responde al perfil de buena vendedora. Hace tiempo que en la carrera diplomática piensan que el mejor ministro no es del Cuerpo. Eso paliaría que tenga menos solvencia que Moratinos en la materia.

Entre tanto, el PP tendrá que cambiar su táctica. El jueves en un mitin en Rincón de la Victoria las huestes del PP vibraron con Arenas, pero desde la mitad del discurso de Rajoy se oía un murmullo de conversaciones; el personal había desconectado del líder. Como Allen, el gurú de cabecera de Rajoy, Pedro Arriola, cree en la suerte. Y también cree, como Helenio Herrera, que se puede ganar un partido sin bajarse del autobús. Pero se equivoca fomentando el dontancredismo de su patrón. O Rajoy empieza a decir a la nación qué planes tiene o puede perder este match point. No se gana sin arriesgar; y, como dice un amigo mío, estamos en el peor momento, pero ante el mejor Zapatero.

Escándalo en La Condomina

Ignacio Martínez | 9 de octubre de 2010 a las 10:23

Se oyó en la radio. Escándalo en La Condomina. Pero no era Paco González en la Cope, era Carlos Santos en Radio Nacional. No era un comentario de deportes; no era un árbitro robándole el partido al Murcia, con una decisión equivocada en opinión del respetable público. Era corrupción. O presunta corrupción, si lo prefieren. Unos señores políticos, empresarios y técnicos acusados de asuntos nada respetables.

El propietario del Murcia y promotor de la Nueva Condomina y el concejal de urbanismo del PP imputados junto a media docena de personas en una trama de presunta corrupción. Se les acusa de malversación, blanqueo de capitales y cohecho. Se trata de la recalificación urbanística de un millón de metros cuadrados de zona rústica para convertirlos en suelo residencial, comercial y deportivo. PSOE e IU llevaron el tema a los tribunales y denunciaron revalorizaciones astronómicas del precio del suelo. Esta no es materia en la que haya una exclusiva partidista: en Barcelona, el concejal socialista de Comercio y el gerente de Prevención, Seguridad y Movilidad están siendo investigados por una juez de instrucción y la Fiscalía Anticorrupción por su relación con una red de sobornos y extorsiones en las licencias municipales.

El problema mayor no es que estas cosas pasen y se descubran. Lo peor es alguna reacción. Por ejemplo, de la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, veterana en estas lides. No es la primera vez que ataca al Estado de Derecho en situaciones parecidas, y por el caso de Murcia acusó a Rubalcaba: “Es una de las operaciones de distracción que, lamentablemente, tanto gustan al Gobierno; en esta ocasión para desviar la atención sobre asuntos como las primarias en Madrid”. En Barcelona el Ayuntamiento no ha atacado a nadie, pero tampoco ha cesado a su concejal y confía en su inocencia.

La presunción de inocencia de políticos y empresarios imputados en causas penales debe ser protegida, como un derecho constitucional que es. Pero esta afición de la señora Cospedal a golpear al Gobierno en el rostro de jueces, fiscales o policías es inquietante. Por cierto, que quien la ha puesto en su sitio esta vez ha sido un correligionario, que ha estado a la altura de la categoría de su puesto. El vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial, Fernando de Rosa, antiguo consejero de Camps en Valencia, propuesto para el cargo por el PP, ha afirmado que la Administración de Justicia no persigue a nadie, sino que hace lo que le corresponde constitucionalmente: averiguar si hay delitos y resolver si existen o no responsabilidades judiciales.

Quien pretenda camuflar o justificar un caso de corrupción está en realidad tomando por lerdo al respetable público. Público que, desgraciadamente, no se indigna por estos casos como con los árbitros…