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Cumbre de presidentes autonómicos a puerta cerrada

Ignacio Martínez | 4 de octubre de 2012 a las 11:20

La España oficial reunida a puerta cerrada. La crisis devorando las economías domésticas y las arcas públicas, alterando la armonía constitucional, y el jefe del Gobierno de la nación y los de las 17 comunidades autonómicas se reúnen sin luz ni taquígrafos. Es verdad que si lo hacen en una sesión extraordinaria del Senado, como si esta Cámara inútil tuviese alguna función, habría salido a relucir nuestra castiza afición a la retórica, pero la primera decepción de este cronista en la cita del martes fue que la televisión no ofrecía ayer más que la foto de familia y el saludo protocolario del anfitrión.
No hay que mortificarse en exceso. Esa afición por la retórica no es exclusiva de los españoles, ni siquiera es un mal latino, es un defecto que compartimos con el resto de los europeos en general, con excepción de los anglosajones. Por eso Obama lleva cuatro años evitando las cumbres con sus colegas de este lado del Atlántico, a los que encanta hablar y hablar sin decidir y cuando acuerdan algo le dan largas a la aplicación durante semestres.
En 1993 los daneses tuvieron a bien rechazar el Tratado de Maastricht en referéndum, por tres motivos esenciales. Les daba miedo el centralismo de Bruselas, no querían entrar en la moneda única y detestaban la idea de una identidad europea de defensa. Esto último, en particular, era consecuencia de la memoria histórica local: los tanques alemanes circulando por las principales avenidas de Copenhague durante la ocupación en la Segunda Guerra Mundial. Así que el danés quería que Europa siguiera siendo un protectorado militar norteamericano, antes de volver a ver un tanque alemán por sus calles, por muy amigo que fuese.

Entre los retoques que se hicieron al Tratado se incluyó que DK se quedara fuera del euro, la OTAN volvió a ser el eje de la defensa europea y se hicieron algunos gestos de transparencia en las instituciones. Uno de los más llamativos fue que los consejos de ministros de la UE fueran de puertas abiertas. Una pantomima. Había una primera hora emitida por televisión, con discursos retóricos, y después los ministros se decían sus cosas en familia a puerta cerrada. Lo único que sacamos en claro de aquellas sesiones, que se terminaron pronto, es que los daneses fuman como carreteros, en contra del tópico. Le cogió una retransmisión al representante permanente danés al lado de una cámara, y estuvimos viendo humo todo el consejo televisado.

Ayer, cuando al término de la reunión apareció Rajoy el micro estaba mal ecualizado y su voz sonaba metálica, como retransmitida desde otro mundo. Los políticos en su mundo, se comprometieron a cumplir el déficit, pero no dicen cómo. Mas enseguida ha dicho que no hay manera de cumplirlo, y tiene toda la razón del mundo. A la urgente reforma la administraciones públicas se le da una patada a seguir con un grupo de trabajo. Y otro grupo de reflexión estudiará el reparto del déficit para 2014. Todo muy europeo, a puerta cerrada.

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Una sonrisa para los turistas

Ignacio Martínez | 16 de octubre de 2011 a las 11:16

Una amiga, que ha estado en los Estados Unidos, viene contando lo bien que se lo ha pasado en California, pero añade que no vuelve a Estados Unidos. Resulta que cuando llegó a Los Ángeles, procedente de París en un vuelo de Air France, la apartaron del resto de viajeros en el control de pasaportes. A ella y a unas pocas de españolas o hispanoamericanas que tenían algo en común: un nombre compuesto que empezaba por María. Ninguna suiza o francesa del vuelo fue retenida.

Separada de sus acompañantes, la llevaron a una segunda inspección durante dos horas de reloj. Allí la interrogaron sobre el color de su pelo, el de sus ojos, su peso y cuestiones similares. No le dieron ninguna explicación; hay que esperar a una llamada, era todo el recado. No se sabía por qué. Mientras, a los que estaban fuera no les dejaron entrar´, ni recibir información alguna. Sólo que aquello era por su bien. Malas caras, voces más altas de la cuenta y un poquito de chulería completan el cuadro de la llegada a la tierra de Obama.

En los mismos días, otro amigo ha estado en Marruecos. Y a la salida de la frontera de Nador con Melilla un funcionario de aduanas lo retuvo para hacerle un interrogatorio sobre su profesión, especialidad, etcétera, etcétera. La impresión de la víctima es que aquello no era por su bien, sino con el objeto preciso de tocarle las narices. Y dentro de la Unión Europea, lo mismo ocurrió en junio a otra buena amiga en los controles aleatorios de frontera en Dinamarca, puestos en marcha en primavera violando los compromisos de Schengen. El terrorismo ha conseguido un enorme éxito, al amargarle la vida a los turistas. Y a veces el racismo y la mala leche del funcionario hacen el resto.

Las medidas de seguridad en los aeropuertos rozan el ridículo. Quizá nada de eso es evitable, todo es necesario para que ninguna peligrosa terrorista se camufle tontamente debajo de cualquier inocente María hispana. O un espía español no deambule a sus anchas por el antiguo protectorado rifeño. O no entre en Dinamarca ningún indeseable mafioso.

Admitamos que es imprescindible este tipo de control. La pregunta es por qué no ponen en estos sitios a gente muy eficaz y particularmente amable. Por cada peligroso terrorista habrá millones de turistas que agradecerían un poco de respeto ante la sospecha de que no son culpables de nada. Pero la ecuación que uno encuentra en las fronteras de este mundo de dios es la contraria. Hay que ladrarle al viajero, amedrentarlo, para que sepa quién manda allí.

El turismo es un fenómeno tan poderoso que aguanta todo esto. Hay mil millones de turistas internacionales al año en el mundo. ¡Uno de cada siete habitantes del planeta sale de su país! Y la cifra se puede duplicar en la próxima década. Sería deseable que nos reciban en destino con todo rigor. Y una sonrisa, no estaría de más.

Estado de derecho a la carta

Ignacio Martínez | 22 de junio de 2011 a las 10:11

Una encuesta reciente en España da muy mala nota a los banqueros. Normal. Con todas las culpas que se busquen en otros sitios, se les ve como el origen inequívoco de la crisis. Tampoco el aprecio por el Gobierno es mucho mejor. Lógico. Los tumbos que ha dado Zapatero en la gestión de este tsunamieconómico, no dan para mucho más. Pero el mismo estudio de opinión da una buena calificación a los empresarios y mala a los sindicatos. Esto da para pensar un poco más. Cada uno que saque sus conclusiones.A los gestores de la banca, hay noticias que les suponen un desprestigio añadido. El banquero español por excelencia y su familia han sido pillados por la inspección fiscal. Los Botín tenían un dinerillo distraído durante décadas en Suiza, evitando pagar a Hacienda. Dicen los afectados que ya han regularizado los pagos de los últimos cinco años; añadamos que los anteriores ya habían prescrito. Regularizar significa pagar una multa de 200 millones de euros, más de 33.000 millones de pesetas al cambio. Un juzgado ha abierto diligencias para establecer si ha habido delito penal. La cantidad oculta se desconoce, pero la cifra puede superar los mil millones de euros. Por redondear, podrían ser 200.000 millones de pesetas.

Botín es uno de los banqueros más importantes del mundo y debería ser un líder social en este país. Pero este asunto le resta toda credibilidad. Cuando en la junta general de accionistas de la semana pasada dijo que para salir de la crisis hacen falta reformas, trabajo y confianza, su grado de autoridad estaba bajo mínimos. No está para dar lecciones, sino para dar ejemplo. Y llueve sobre mojado. Alfredo Sáenz, el consejero delegado del Santander, fue condenado en marzo por el Supremo a tres meses de prisión e inhabilitación por una denuncia falsa contra unos empresarios catalanes, que llevó a la cárcel unos días a alguno de ellos. ¿Ha cumplido Botín la sentencia? No. Ha recurrido al Constitucional, ha pedido un indulto al Gobierno y ha ganado tiempo. Como si la confianza que predica sólo la tengan que practicar los demás. Es el Estado de derecho a la carta.

Entretanto, en otra encuesta reciente, una mayoría de daneses ha manifestado que no quiere pagar menos impuestos. Como lo leen. Votan mayoritariamente a la derecha liberal conservadora, pero no quieren que se rebajen los impuestos. Los que menos pagan, estudiantes y sueldos más bajos, casi llegan al 40% de IRPF. Los que más ingresan contribuyen con más del 60%. Una encuesta del Instituto Gallup de la semana pasada indica que un 64% de los daneses considera justo su sistema fiscal y el retorno en servicios públicos que recibe a cambio. Sólo un 23% están a favor de una rebaja fiscal. Esto sí que genera confianza, que todos paguen, sobre todo los que más tienen. No sólo los que están pillados por una nómina.

Impuestos

Ignacio Martínez | 21 de agosto de 2010 a las 13:18

José Blanco quiere llevar la tasa de impuestos en España a la media europea. O sea, al 39,3% del PIB, seis puntos por encima del porcentaje nacional en la actualidad. Loable. España está en el furgón de cola de la Europa de los 15 en el pago de impuestos con un 33,1% del PIB, sólo por delante de Grecia e Irlanda, y por detrás de Portugal. Esa presión fiscal es un 50% menor que la danesa, por poner el ejemplo del líder europeo en la materia. La propuesta de Blanco incluye una advertencia: si queremos servicios de calidad hay que pagarlos. De acuerdo. Pero antes hay que definir los servicios imprescindibles de calidad que queremos. Si son sanidad, educación, atención social, desempleo y pensiones, estaríamos de acuerdo. Pero si se trata de que todas las capitales de España estén conectadas por AVE, o que todas las comunidades autónomas tengan una televisión autonómica que cuesta decenas de miles de millones de pesetas sólo en nóminas, entonces entraríamos en el terreno de lo discutible. Además, el sindicato de técnicos de Hacienda en su informe anual sobre economía sumergida estableció que en 2009 hubo 250.000 millones de euros que escaparon al control de Hacienda y habrían generado unos impuestos de 35.000 millones de euros. Si uno de cada cinco euros de la economía española se convierte en dinero negro, entonces más que seguir presionando a las clases medias que cobran por nómina habría que mejorar sensiblemente la inspección fiscal en España. Desde el dentista al fontanero, aquí se escapa de Hacienda todo el que quiere. Cameron quiere establecer en el Reino Unido un sistema de delación premiado. Pero será difícil implantar un sistema parecido en un país de pillos como España en donde se presumen con los amigos de las trampas que se le hacen al Fisco. En Dinamarca hasta los amigos y familiares denunciarían al infractor, aquí le mirarían con la misma admiración que generó el Dioni cuando asaltó el furgón blindado. No está mal que Blanco nos recuerde que pagamos pocos impuestos. Pero tampoco estaría mal que el señor ministro repare en que los servicios en España están lejos de las prestaciones de los países nórdicos. Y la ética ciudadana, a años luz.

Antología: ‘Hardware’ y ‘software’

Ignacio Martínez | 30 de mayo de 2010 a las 10:37

Los artículos de los lunes de Ignacio Torreblanca sobre Europa son todos de obligado cumplimiento. Pero el de esta semana es superior a la media. Imprescindible. Para los perezosos, lo copio aquí. Se llama ‘Hardware’ y ‘software’. 

 

En el año 2009, España no solo invirtió en infraestructuras el triple que Alemania (1,79% del PIB frente a 0,69%), sino que como hemos conocido por boca del propio Ministro de Fomento, esas inversiones se realizaban sin “el análisis de la previsión de la demanda para valorar la viabilidad económica de las obras o el estudio de las necesidades de mantenimiento”.

Así que mientras que el Gobierno se gastaba una parte de los 17.200 millones anuales de presupuesto para infraestructuras en lindezas como una doble entrada de alta velocidad a Galicia o Cantabria, España seguía sin una red pública de educación infantil (0-3 años), contaba con una red de escuelas de Primaria que en su mayoría datan de los años sesenta, soportaba un fracaso escolar del 30% en la Educación Secundaria Obligatoria, disponía de una Formación Profesional víctima de un abandono histórico, no contaba con ninguna de sus 77 universidades entre las primeras 150 del mundo y se conformaba con unos servicios de empleo incapaces de gestionar de forma ágil y flexible el reciclaje formativo de los desempleos para orientarlos a nuevos empleos.

Haría falta un estudio en profundidad para ver cómo y por qué se han asignado las prioridades de gasto en este país, pero el resultado es claro: mucho hardware y poco software (y, por añadidura, poco gasto social).

Cuando en 1986 me matriculé en el último curso de Bachillerato en el instituto público de Hillerød, una pequeña población de unos 30.000 habitantes al norte de Copenhague, mi sorpresa fue mayúscula: en mi instituto danés, además de tener menos de 20 alumnos en clase, se impartían tres idiomas, había piscina cubierta, varios campos de fútbol, aula de teatro y clases de 10 o 12 instrumentos musicales.

Sin embargo, las carreteras danesas eran solo regulares, y sus trenes de cercanías, aunque puntuales, estaban viejos. Cruzar el país era una pesadilla, pues cada pocos kilómetros tenías que meter el coche en un transbordador para cruzar de una isla a otra. Eso sí, la asistencia dental era gratuita para todos los daneses, su sistema de becas fantástico y su red pública de residencias de ancianos sencillamente apabullante.

No he mirado cuál era la renta per cápita de Dinamarca en 1986, pero imagino que no sería muy distinta de la de España hoy en día. Los daneses tardaron bastantes años y dudaron mucho a la hora de construir los grandes puentes que los unen hoy con Escandinavia y con el continente, ya que los costes eran enormes y las prioridades educativas y de bienestar estaban claras.

Hoy siguen siendo uno de los países más ricos del mundo, con mejores niveles educativos y con tasas de paro ridículamente bajas, a la vez que una de las sociedades más igualitarias.

Al otro extremo de Europa, en España, teníamos unas infraestructuras penosas que era necesario modernizar, pues suponían una de las razones de nuestro histórico atraso. Sin embargo, parece que no supimos o no quisimos parar. La airada reacción del presidente de Cantabria ante el anuncio de la suspensión del proyecto del AVE Palencia-Cantabria, advirtiendo al presidente José Luis Rodríguez Zapatero de que los cántabros no tolerarán “la humillación” (sic) de ir a Madrid en alta velocidad pasando por Bilbao, muestra todavía hasta qué punto a este país se le han subido las infraestructuras a la cabeza en detrimento del gasto social o educativo.

Si España quiere tener algún futuro, debería revisar aún más profundamente sus prioridades de gasto y sus actitudes hacia la educación. De lo contrario, seguirá siendo ese país que un ex ministro de Exteriores alemán describió irónicamente como “un precioso país lleno de autopistas vacías”.

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Encoge el cheque europeo de Andalucía

Ignacio Martínez | 6 de abril de 2010 a las 9:40

El cheque europeo se va a reducir notablemente. La difícil salida de la crisis económica se va a complicar aún más para Andalucía con la pérdida de la mayor parte de los fondos europeos para su desarrollo y la amenaza de que la Política Agraria Común (PAC) baje su presupuesto, prime a los países del Este y cambie su sistema de ayudas, perjudicando a las regiones con mayores producciones históricas. Los expertos advierten que 2010 será el peor ejercicio para la banca y las cajas desde que empezó la crisis. El año que viene será malo, aunque algo mejor para el sistema financiero nacional, que empezará a respirar en 2012. Hay presidentes de cajas andaluzas que auguran un panorama similar para el sector inmobiliario, durante un par de años más. Lo que nos situaría en 2014, el año en que entrará en vigor el nuevo paquete financiero de la Unión Europeo por un periodo de siete años, con una rebaja sensible del cheque andaluz, que puede costar cuatro puntos de PIB al año como poco

La última referencia de los fondos europeos es la transferencia de 4.000 millones de euros que llegó a Andalucía en 2009. Algo más de la mitad se destinó a infraestructuras, fomento de inversiones, innovación, formación y desarrollo rural o pesquero. El resto fueron los 1.870 millones de ayudas directas o de mercado para los agricultores, el antiguo Feoga Garantía, hoy llamado Feaga. La cifra conjunta se acerca al 3% del PIB regional y se verá reducida al menos en 1.500 millones de media entre 2014 y 2020. La rebaja puede ser bastante mayor, si la PAC se resiente, aunque Antonio Valverde, director de la Agencia de Desarrollo e Innovación de Andalucía, y antiguo director general de Fondos Europeos en la Consejería de Economía, insiste en que la filosofía comunitaria ha sido siempre contraria a los cambios bruscos de escenario. No lo ve así la principal patronal agraria andaluza, Asaja, que hace tres semanas dio la voz de alerta. Según su tesis, la región perdería más de mil millones de euros al año con el nuevo modelo de la PAC que se pretende implantar; o sea, el 60% de las ayudas agrarias que reciben sus 286.000 agricultores y ganaderos.
 
Fuentes oficiosas de la Consejería de Economía han informado a este diario que no tienen todavía un estudio sobre los fondos estructurales para el próximo paquete financiero, que algunos llaman Horizonte 2020. En esta misma página, aquí abajo, pueden verse los distintos modelos que se podrían aplicar. En el mejor de los casos, Andalucía podría aspirar a un tratamiento como el que tuvieron Valencia, Canarias y Castilla León en 2007, con el agravante de que los socios del Este han mejorado en este tiempo su capacidad de gasto y concentrarán más ayudas. La media de acciones estructurales entre 2007 y 2013 está siendo de unos 2.100 millones anuales, en los que se incluyen unos 28,5 millones del período transitorio de salida del Fondo de Cohesión. Si se calcula la fórmula de los phasing in de 2007, Andalucía pasaría a recibir 1.555 millones el primer año, 1.244 el segundo, 933 el tercero, 622 el cuarto y 311 los tres siguientes
 
Aunque este ajuste parece muy fuerte, puede considerarse optimista en las actuales circunstancias. Y más si tomamos como excepcional el Fondo Tecnológico de 800 millones del actual paquete financiero. Sobre la importancia de los fondos europeos se han publicado muchos estudios. Los últimos en un monográfico sobre Los fondos estructurales europeos y la convergencia de las regiones españoles entre 2000 y 2006, de la prestigiosa revista Papeles de Economía, de Funcas, la Fundación de las Cajas de Ahorro españolas, que recogió este diario cumplidamente el pasado miércoles. 
 
En esa publicación se establece que sin los fondos estructurales europeos entre 2000 y 2006, cada año el PIB andaluz habría crecido un 5,7% menos y el paro habría sido un 7% mayor. Las aportaciones del fondo Feder significaron un 15% de la inversión pública en Andalucía, que llegó al 21% en carreteras y hasta el 30% en infraestructura ferroviaria, en particular el AVE Córdoba-Málaga. Los profesores Carmen Lima, Alejandro Cardenete y Carlos Usabiaga de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla hacen hincapié en la importancia para la convergencia de este fondo sin cuya contribución el PIB regional habría crecido un 5,32% menos cada año entre 2000 y 2006. Por el contrario, los casi mil millones destinados a formación en esos siete años y los más de 1.100 millones de desarrollo rural habrían tenido un escaso impacto en el PIB, de sólo algunas décimas, lo que pone en cuestión la eficacia práctica del Fondo Social e incluso del Feader.  
 
Si  aplicamos el dato de que sin los fondos estructurales el PIB andaluz habría crecido casi seis puntos menos cada año entre 2000 y 2006, hay que convenir que al reducirse al menos en dos tercios estas aportaciones, el PIB andaluz perdería anualmente cuatro puntos entre 2014 y 2020. De ahí que conservar al máximo las ayudas de la PAC sea un objetivo prioritario para Andalucía. El problema es que es la cuestionada es la propia política agraria. Está lejos 1970 cuando supuso el 92% del presupuesto comunitario. Desde entonces ha ido cayendo el porcentaje de manera sostenida: en 1975 fue el 74%, en 1985 del 70%, en 1993 del 54%, en 2004 del 43% y en 2013 llegará al 32%. 
 
Además de reducirse los recursos de la PAC, se han hecho importantes cambios en los sistemas de ayuda. En 1992 hubo una reforma radical con la intención de reducir la superproducción. Se pusieron en marcha planes de desarrollo rural y protección del medio ambiente que han ido ganado protagonismo. También se inició una supresión o reducción de los precios de intervención, que continuó en las reformas posteriores. Con el tiempo, las ayudas directas se han vinculado a la superficie y no a la producción, y se han condicionado a normas medioambientales, seguridad alimentaria y bienestar de los animales. En paralelo, se han abierto los mercados a productos internacionales. 
 
Pero la supresión de precios de garantía y otros sistemas de intervención ha generado un grave problema de volatilidad de precios. El resultado es preocupante en el conjunto de la UE: en Alemania habrá siete veces menos agricultores en 2020 que en 1980; en Francia, seis veces menos. Pero la renta agraria ha sido en 2009 en Alemania la misma que en 2005, y en Francia e Italia, un 10% y un 25% menor. ¿Qué va a pasar en el próximo paquete financiero? Tomás García Azcárate, consejero económico de análisis de mercados en la Dirección General de Agricultura de la Comisión Europea, da algunas pautas: la renta agraria y las ayudas sufrirán la presión presupuestaria, habrá un reequilibraje entre antiguos y nuevos estados miembros y la preferencia comunitaria continuará disminuyendo.  
 
El mensaje que sale de la Comisión Europea es que si se quiere conservar un sector agrario importante en Europa hay que encontrar una rentabilidad en el mercado. Pero para lograrlo hay que disponer de redes de seguridad de las que ahora carece el sistema de ayudas comunitario, y aumentar la transparencia del mercado. También habrá que continuar las políticas de desarrollo rural y protección medioambiental, la promoción de los productos agrarios y el apoyo a la innovación. Con este planteamiento general, el Reino Unido, Suecia, Dinamarca y Holanda, lideran la filosofía de recortar el presupuesto de la PAC. A favor de mantener el actual statu quo estarán sin duda Francia y España. Pero el Gobierno español ha dado a conocer en diciembre un documento en el que plantea una ayuda uniforme por superficie agraria de 100 euros por hectárea que ha provocado la alarma en Andalucía. Son dos tercios menos de lo que ahora se recibe de media en una región que tiene el 25% de la producción final agraria española y consigue un 30% de las subvenciones nacionales del Feaga. La Consejería de Agricultura ha puesto en marcha dos equipos de trabajo para preparar sendos informes sobre ayudas y directas y mecanismos de mercado, que estarán ultimados en dos semanas. Con esos argumentos se dispone a batallar ante todas las instituciones nacionales y europeas. 
 
En mal momento, porque la crisis ha golpeado duramente al sector. Ante la competencia feroz, la distribución ha apretado a la industria y el industrial al agricultor. Las marcas blancas han acabado por hundir los márgenes de los productores. Son muchas las voces que reclaman mecanismos para defender los precios, un almacenamiento privado más dinámico, más automático, y recuperar medidas de mercado clásicas. Hay, sin duda, que reagrupar la oferta. Pero el derecho de la competencia europeo impide de momento que se creen centrales de venta, al estilo de las centrales de compra que ya hay de hecho. Ni siquiera está claro que se permitan mecanismos de intercambio de información entre operadores. La consejera Clara Aguilera ilustra el problema con el ejemplo del aceite de oliva andaluz, con 800 vendedores y cinco grandes  compradores. En Andalucía hay 600 cooperativas agroalimentarias con una facturación media de 3,5 millones. Prestigiosos profesionales como Tomás Aránguez o Antonio Luque llevan años reclamando una concentración: que hubiese diez y la líder facturase más de 3.000 millones de euros, en lugar de los 300 millones actuales.      
 
Con un presupuesto limitado, más comensales en la mesa y normas de tarifa única, sería casi un milagro que no se recortase el cheque agrario andaluz. La solución, como la de los fondos estructurales, en los próximos dos o tres años. 

Europa: los tiempos han cambiado

Ignacio Martínez | 8 de enero de 2010 a las 9:54

En los chistes castizos siempre había un francés, un inglés, un alemán y un español. Los otros estarían más preparados, pero el español, que solía ser el más ordinario y el más bruto, era el más listo. En fin, eran chascarrillos que retrataban nuestro complejo nacional de inferioridad: una época peor que esta. No nos engañemos, aun con la crisis que padecemos, con Franco vivíamos peor.

Pensaba en estas cosas ayer, cuando leía las declaraciones de los militantes de Greenpeace al ser puestos en libertad en Dinamarca. Son una noruega, un suizo, un holandés y un español; cuatro pacifistas ecologistas que han estado tres semanas presos en la cárcel Vestre Faengsel de Copenhague. Ya no somos los más brutos, ni necesitamos decirnos a nosotros mismos que somos los más listos. En los últimos 35 años, España ha instaurado un régimen democrático y ha ingresado en la Unión Europea. Y así, ante la prensa internacional convocada en el Rainbow Warrior, buque insignia de Greenpeace, López de Uralde defendió el derecho democrático de la sociedad civil a celebrar actos de protesta pacíficos, para expresar sus demandas y ambiciones. Y reiteró que volvería a realizar mil veces la protesta en la cumbre del Clima que le condujo a prisión. Un razonamiento recibido por la opinión pública nacional como lo más natural del mundo. Los tiempos han cambiado, sin duda.

Hace un siglo, en este país, un intelectual como Unamuno, que buscaba la esencia del alma española en la tradición y se declaraba profundamente antieuropeo, mantuvo una polémica durante años con Ortega y Gasset, que representaba a los modernos europeístas. Ahora a nadie se le ocurre decir ¡que inventen ellos! Ya estamos en la misma nave que el resto de los europeos. Y este semestre, en el puente de mando, aunque no al mando. La diferencia no es baladí. La presidencia de turno de la Unión Europea otorga a los españoles la facultad de dirigir las tres mil reuniones técnicas, políticas, diplomáticas que se celebrarán en la UE hasta fin de junio. Pero los españoles no pueden llevar la nave a donde quieran.

El prestigioso Financial Times, ha criticado las ambiciones de Zapatero para estos seis meses. Sostiene en un editorial que el programa de trabajo propuesto por la presidencia española es extraordinariamente anodino incluso para los estándares poco exigentes de la mayoría de las presidencias europeas. Quizá tenga razón en el fondo, aunque no en la forma. Si hay algo de lo que peca el programa español no es de anodino, sino de excesivo. La nueva España sin complejos se atreve con la crisis económica, el clima, la energía, la inmigración, la seguridad, la nueva estructura institucional y lo que le echen. Y, sin embargo, con la crisis ya tendríamos bastante faena. No hay que pasarse de listos, a la antigua usanza.

Corrupción: falta de práctica

Ignacio Martínez | 1 de julio de 2009 a las 8:03

Madoff era el paradigma del campeón de la economía especulativa. Tiene un récord del mundo: estafó 35.500 millones de euros (6 billones de pesetas) a cientos de ricos como él y a miles de pequeños ahorradores, que habían invertido los ahorros de toda su vida en sus fondos, para pasar una vejez tranquila y feliz. Esto no ha ocurrido en Marte, sino aquí al lado; el Banco Santander colocó 2.300 millones en activos de Madoff, así que seguro que usted conoce a alguien que ha quedado atrapado en la pirámide que había montado este sujeto.

El Santander ofreció una compensación a sus clientes. Madoff, por el contrario, no pudo. No tenía con qué, sólo disponía de su lujoso ático de siete millones en Manhattan, la casita de 11 millones en Florida y un apeadero de tres millones a las afueras de Nueva York. Pura calderilla, si se compara con la magnitud de la estafa. Un juez le ha condenado a una pena ejemplar y simbólica, un escarmiento planetario, como lo definiría Leire Pajín: 150 años de cárcel por fraude bursátil, postal y electrónico, blanqueo de dinero, perjurio, fraude en el asesoramiento de inversiones, declaraciones falsas, apropiación indebida y engaño al supervisor bursátil.

Aquí en España hemos tenido nuestros Madoff particulares. Unos han mordido el polvo y otros se han ido de rositas. Mario Conde tenía un agujero en Banesto de unos 600.000 millones de pesetas, cuando fue intervenido en 1993. Era la décima parte del agujero de Madoff, y la condena respetó la escala: 14 años de cárcel. En el lado contrario se sitúa Jesús Gil, cuya gestión corrupta en Marbella dejó cientos de millones de euros de deuda a la ciudad y 30.000 viviendas ilegales. El Ayuntamiento está devolviendo el dinero como puede, pero no quiere tirar edificio alguno. La muerte de Gil dejó sus responsabilidades penales en suspenso, y sobre las garantías civiles que debía afrontar su patrimonio, nunca más se supo.

Estos episodios nacionales no ocurren impunemente. El Banco Mundial acaba de publicar su informe anual con indicadores de buen gobierno y lucha contra la corrupción en 212 países. España saca mala nota: se coloca en el puesto 41. Se analizan seis conceptos cuya media sitúa a nuestro país a la cola de la Unión Europea, sólo superado por Grecia, Italia y Chipre. En participación y libertad ciudadana estamos peor que hace 10 años. En estabilidad política y ausencia del terrorismo no hemos parado de bajar desde el 2000. En efectividad de la burocracia administrativa éramos uno de los 20 mejores en 1998 y ahora estamos en el montón: Dinamarca triplica la nota de España. En calidad de impulso al sector privado y en aplicación del derecho superamos el índice de los últimos años, pero lejos del nivel de hace una década. Y nuestro control de la corrupción no es un dechado: es la mitad de eficiente que el de Dinamarca. Falta de práctica.

El rechazo irlandés, otro motivo de inquietud

Ignacio Martínez | 13 de junio de 2008 a las 23:06

IrlandaNo

Un militante anti-Lisboa acosa al ministro de Hacienda, Brian Lenihan, en la foto de Eric Luke.

Con la crisis creciendo y los precios subiendo, lo único que nos faltaba era un fracaso en el referéndum sobre el Tratado de Lisboa en Irlanda. Los irlandeses han dicho que no al Tratado de Lisboa, en el único referéndum que se iba a celebrar en toda Europa. Esta vez ni británicos, ni daneses, ni franceses, ni holandeses. Nadie se ha atrevido a preguntarle a la gente.

Lo más grave del rechazo de Irlanda es que la participación ha superado la mitad del electorado. El triunfo del ‘no’, auspiciado por una derecha fundamentalista católica, la izquierda verde o el movimiento republicano Sinn Fein va a paralizar las instituciones. Aunque ya lo han hecho 19 países, no puede entrar en vigor el nuevo Tratado si uno solo de los socios no lo ha ratificado. El Tratado de Lisboa, que prevé un presidente del Consejo por dos años y medio, un ministro de Exteriores, una Comisión más reducida, un Parlamento con mayores poderes, un sistema de voto más democrático y la posibilidad de refrendos por iniciativa popular, ha perdido la única votación ciudadana prevista y no podrá entrar en vigor. Los jefes de Estado y de Gobierno que se reúnen jueves y viernes en Bruselas tienen más trabajo y una nueva preocupación.

Como en la República Francesa hace tres años, el público irlandés ha votado con el egoísmo nacional en la mano, en clave local: grupos antiabortistas, empresarios que se resisten a renunciar a privilegios fiscales, emprendedores que miran más a Boston que a Berlín, agricultores que están en contra de la liberalización del comercio mundial, pacifistas contrarios a todo alineamiento, o trabajadores temerosos de perder su empleo por el dumping social en los países del Este, han votado contra la globalización, no contra el Tratado de Lisboa. Un texto que decía desconocer hasta el nuevo primer ministro, Brian Cowen.

Hay un precedente irlandés: en 2001, en el referéndum sobre el Tratado de Niza sólo votó el 34% de la población y salió que no. Hubo que hacer algunos retoques y esperar hasta octubre del 2002 para que otra consulta popular le diera la vuelta a la situación. Con el Tratado de Maastricht pasó lo mismo en Dinamarca: en el 92 fue rechazado y, tras dejar fuera del euro a la corona danesa, fue aprobado en el 93. En todos los casos el ‘no’ ha supuesto una contrariedad.

Es curioso que algunas de las razones por las que votaron en contra de estos tratados daneses e irlandeses sean completamente contrarias. Dinamarca es de los países que más cómodos se sienten con el protectorado militar que ejerce Estados Unidos sobre Europa desde la II Guerra Mundial. “Cualquier cosa menos ver otra vez los tanques alemanes por las calles de Copenhague”. Maastricht le sonó a los daneses a ejército europeo, por la “identidad europea de defensa” recogida en sus artículos. Y los daneses preferían la OTAN tutelada por el Tío Sam. A los irlandeses, neutralistas como los suecos o los austríacos, no les gustó el viraje de los tratados siguientes, Amsterdam y Niza, y rechazaron éste último, entre otras cosas, por la mención expresa a la OTAN.

Hay otras razones para que recele un país que hoy es el segundo con más renta per cápita de la UE. El síndrome del nuevo rico. Cuando se aprobó Maastricht, en diciembre de 1991, Irlanda entró a formar parte del club de países que recibirían miles de millones de euros de un fondo cohesión, para la convergencia hacia la moneda única. Despectivamente a los cuatro pobres se les llamó los cerdos, por la gracia de sus iniciales en inglés, PIGS, Portugal, Ireland, Greece y Spain. Hoy hemos conocido el veredicto irlandés y tenemos un motivo más de inquietud. La presidencia francesa, que empieza el 1 de julio y aspiraba a lanzar debates imprescindibles en Europa sobre inmigración o energía, deberá desgastarse ahora para buscar una salida al embrollo irlandés. Mala cosa. Hay una enorme distancia entre las preocupaciones a corto plazo de los ciudadanos europeos y la estrategia a medio plazo de sus líderes políticos.