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DSK: una historia de Hollywood

Ignacio Martínez | 6 de julio de 2011 a las 18:44

El 18 de mayo escribí en estas páginas que Dominique Strauss-Khan podía haber sido víctima de una conspiración. Tenderle una trampa no era muy difícil, ante su conocida afición por las mujeres ajenas. Y eso que está casado en terceras nupcias, con una prestigiosa periodista, considerada la mujer más atractiva de Francia en los años 90: se preguntaba a los franceses qué cara le pondrían a Juana de Arco y respondían que la de Anne Sinclair. Entonces dirigía y presentaba una emisión dominical en la TF1 con doce millones de espectadores. Inteligente, poderoso y rico, a DSK no le faltaba más que el asalto al Elíseo.

Y aquí es donde entra en acción su mala cabeza, la encerrona, o ambas cosas a la vez. No tiene que ser un complot de Estado, aunque no sería la primera vez que eso pasara en Francia con un candidato al Elíseo. De hecho, DSK ya se vio involucrado junto a Sarkozy en el affaire Clearstream, una rocambolesca historia que empezó en los 90 con la venta a Taiwan de unas fragatas francesas por la que se pagaron centenares de millones de dólares en comisiones. Aquello se consideró un secreto de la Defensa nacional y no se investigó. Pero la falta de transparencia acabó dando dolores de cabeza a mucha gente. En 2002 se denunció que en Luxemburgo operaba una red mundial de blanqueo de dinero en la que estaban metidas personalidades del mundo político y económico francés, DSK y Sarkozy entre ellos.

Era falso y Sarkozy acusó en los tribunales de ser el inductor del complot para desacreditarle a Dominique de Villepin, candidato potencial en las presidenciales de 2007. Con el tiempo, Villepin fue declarado finalmente inocente, pero se quedó fuera de aquella carrera electoral, como ahora DSK de ésta. Al menos hasta ahora: dos de los tres candidatos en las primarias socialistas, Hollande y Royal, han dicho que están dispuestos a aplazar la elección si Strauss-Kahn lo pide. Aubry no ha dicho aun esta boca es mía. Está por ver si hubo complot y si fue doméstico. La prensa neoyorquina no para de sacar trapos sucios de la camarera del hotel. Pero no necesariamente esta suciedad limpiará la imagen de DSK. O sí. Si finalmente puede competir por el Elíseo, esta historia acabará en Hollywood.

Strauss-Kahn: la teoría del complot

Ignacio Martínez | 18 de mayo de 2011 a las 10:45

El affaire Strauss-Kahn parece una película de intriga. Nos enfrentamos a tres posibilidades: o este hombre está muy enfermo, o ha sido víctima de un complot, o es memo y no lo sabíamos. Esta última opción gana enteros. Sus abogados dijeron primero que no hubo nada y ahora pretenden esgrimir unas relaciones consentidas. A la primera posibilidad, la del impulso fatal irreprimible, se suma una joven periodista que le acusó en 2007 de un intento de violación ocurrido cuatro años antes. En su denuncia en una televisión parisina calificó su actitud como la de “un chimpancé en celo”. Como ven la política francesa es más novelesca que la española, dónde va a parar.

Los últimos cuatro inquilinos de El Elíseo han tenido notorias aventuras galantes. Una madrugada de septiembre de 1974 la Policía de París descubrió que el mismísimo presidente de la República, Giscard D’Estaing, era el conductor de un vehículo que se había estrellado contra un camión. Le acompañaba una famosa actriz. Mitterrand, además de dos familias, mantuvo viva la leyenda de seductor incluso dentro de su Gobierno. A Chirac, por poner un ejemplo conocido, no hubo quien le encontrara la noche que Lady Di se mató en Pont de l’Alma, en agosto de 1997. Y Sarkozy, ya elegido presidente, dejó a su segunda mujer, con la que había protagonizado una tormentosa separación y reconciliación, para ennoviarse con una artista famosa, antigua pareja de Eric Clapton o Mick Jagger. Con la que ahora, por cierto, va a tener un  hijo.

No está mal. Esto nos lo ponen en un culebrón venezolano y acusamos a los guionistas de exceso de imaginación. Pero no se acusa de mujeriego a DSK, sino de ser un violador. Y nada en absoluto tiene que ver una cosa con la otra. Sus abogados le podrían explicar la diferencia sustancial que hay entre relaciones consentidas y a la fuerza…

De ser cierta la denuncia, hay que concluir que este hombre se ha jugado en unos minutos su vida personal, familiar, profesional y política. Hay que estar muy enfermo o ser muy tonto. Pero ¿y si es una conspiración? Tenderle una trampa no era muy difícil, ante su conocida afición por las mujeres ajenas. Y eso que está casado en terceras nupcias, con Ann Sinclair, que no es una periodista anónima, sino la mujer más atractiva de Francia en las encuestas de los años 90. Entonces dirigía y presentaba una emisión en la primera cadena de televisión francesa, 7 sur 7, en la tarde noche del domingo, con doce millones de espectadores. Inteligente, poderoso, rico y famoso, a DSK no le faltaba más que el asalto al Elíseo.

Y aquí es donde entra en acción la teoría del complot. De hecho, ya se vio involucrado junto a Sarkozy en el affaire Clearstream, una rocambolesca historia que empezó en 1991 con la venta a Taiwan de seis fragatas francesas por la que se libraron 500 millones de dólares en comisiones. Aquello no se investigó, bajo el pretexto de que era un secreto de la Defensa nacional. Y se completó con la denuncia en 2002 de que en Luxemburgo había cuentas de una red mundial de blanqueo de dinero de personalidades del mundo político y económico francés, entre los que estaban DSK y el actual inquilino de El Elíseo. Era falso y Sarkozy acusó en los tribunales de ser el inductor del complot para desacreditarle a otro Dominique, De Villepin, candidato potencial en las presidenciales de 2007. Villepin fue declarado finalmente inocente, pero se quedó fuera de aquella carrera electoral, como ahora DSK de ésta. Puede ser una casualidad. O no. Menuda película de intriga se hacía con estos mimbres.