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Charcos en las carreteras

Ignacio Martínez | 24 de abril de 2011 a las 21:36

Hay dos ingredientes de la Semana Santa que no suelen faltar a la cita: la lluvia y las películas de romanos en la televisión. Este año, en dosis masivas. Aunque quizá una cosa lleve a la otra. Como ha hecho tan mal tiempo, hemos visto más romanos en donde había los mismos de siempre, desde el superclásico Quo vadis a un Espartaco moderno, en el que se echaba de menos a Kirk Douglas en cada escena. La lluvia ha sido buena para la audiencia de televisión y mala para devotos de las procesiones andaluzas o los turistas. Resulta difícil recordar una Semana Santa sin lluvia alguna. Son de abril las aguas mil, escribió Machado en Campos de Castilla. Pero se refería al Duero y no al Guadalquivir, y en las dos semanas anteriores hizo un tiempo veraniego espectacular. Aquí hay un componente indiscutible de mala suerte.

En el tráfico, sin embargo, no cabe la mala fortuna. Se ha reducido el límite de velocidad en las autovías y se nota en dos cosas destacables: en los viajes largos se tarda más en llegar y se gasta menos gasolina. La marcha lenta ha reducido en la práctica el ritmo de la circulación en una cuarta parte desde que se implantó el carné por puntos hace casi cinco años: entonces se circulaba alegremente a 140 y ahora mucha gente respeta la limitación a 110. El traslado a España de este sistema disuasorio británico ha sido un éxito; en el Reino Unido va a cumplir treinta años de vigencia. Ha habido quien reprochaba al Gobierno la reducción del límite de velocidad a 110 por un supuesto afán recaudatorio. Pero hay menos multas. Sin embargo, hay otro aspecto criticable dentro de esta medida: el permanente cambio de velocidad máxima. Un zigzag, 80, 90, 100 y 110, que exige al conductor un ordenador a bordo o un copiloto muy concentrado.

Esta Semana Santa, con algo menos de circulación de la prevista por Tráfico, que era de casi tres millones de desplazamientos en Andalucía, los accidentes mortales están de momento algo por debajo del balance del año pasado. Y eso, a pesar del mal tiempo. Así es abril. Hay sol en los encinares y charcos en las carreteras. Ya lo decía Machado.

Aznar rescata la peseta

Ignacio Martínez | 21 de febrero de 2010 a las 10:45

Aznar

 

Ignoro por qué se le llama peseta o peineta a ese corte de mangas a una sola mano que es elevar el dedo corazón en señal de desprecio hacia alguien. Es lo que ha hecho Aznar, siempre tan ufano de su capacidad de llamar la atención. Cuando el jueves le montaron la bronca durante la conferencia en la Universidad de Oviedo dijo con ingenio que hay algunos que no pueden vivir sin él. Pero después, a la salida, se le escapó ese gesto de rabia y mala educación tan impropio en un ex presidente del Gobierno, que ha dado la vuelta a España. Muy feo. Como fea fue aquella inefable intervención en un acto de promoción del vino del Duero, en 2007, en la que dijo que no le gustaba que le dijesen cuántas copas podía beber y a qué velocidad podía ir por una carretera. Una declaración más propia del cantante de una banda de rock, que de un ex presidente. Peor fue, sin duda, que involucrara a su país en una guerra como la de Iraq, sin tenerlas todas consigo, como demuestran las actas de su reunión con Bush en el rancho de Crawford en febrero de 2003.

En fin, no soy precisamente del club de fans de Aznar y no estoy en contra de la protesta civilizada contra los personajes públicos. Pero el intento de reventar sus conferencias me parece una práctica deplorable. El problema es que se trata de un deporte para el que los españoles mostramos una gran destreza. Ya pasó, sin ir más lejos, en la Universidad de Granada en 2006 contra Manuel Fraga, con dos insultos que ahora se han usado contra Aznar, asesino y fascista. Y un año antes, el acusado de asesino fue Santiago Carrillo, el día en que iba a ser investido doctor honoris causa por la Autónoma de Madrid.

Estamos discutiendo sobre la falta de fineza del ex presidente y pasamos por alto el happening montado por estos jóvenes, ya sean de Oviedo, Granada o Madrid, y dirijan sus iras contra la derecha o la izquierda. Este país es hipertenso por naturaleza y no deberíamos meterle más presión. Aunque el presidente del Gobierno que hizo los deberes para que entráramos en el euro haya recuperado la peseta como moneda nacional.

Soria

Ignacio Martínez | 5 de agosto de 2009 a las 17:58

Camino de las vacaciones en Cantabria, hemos estado en Soria. Un viaje emocionante de la mano de nuestros amigos Felipe Romera y Pilar Rodrigo. A pesar de que en Andalucía la densidad de población es baja respecto a la media española, en Soria es aún menor. Sorprende la soledad del viajero; no hay casas diseminadas en el campo y los pueblos escasean, aunque hay 183 municipios. Las carreteras están muy poco transitadas, aunque tienen buen piso. No existen autovías, salvo algunos kilómetros entre Medinaceli y la capital, de la futura ruta a Navarra. Hay bosques inmensos, principalmente de pinos. O sierras agrestes. Los bosques suelen ser propiedades comunales, que han proporcionado buenas rentas por un sistema de ‘suertes’ a los naturales del lugar.

Un amigo me cuenta que las subvenciones europeas a la agricultura soriana suponen 16.000 millones de pesetas al año. De ser cierta esta cifra, significaría para los cien mil habitantes de Soria unas 160.000 pesetas por habitante y año, cinco veces más que lo que suponen para los ocho millones de andaluces los 250.000 millones de pesetas que recibimos de la PAC. Por cierto que he encontrado tres olivos en Soria, importados de Jaén: los dos primeros en la plaza del Olivo, encima de un aparcamiento en el centro, y en el instituto en donde don Antonio Machado dio clase de francés, que ahora lleva su nombre. El tercero está en el jardín de la casa de Javier Jiménez Vivar, alcalde de Soria entre 1995 y 1999, un buen taurino enamorado de Andalucía. Machado es una gloria local; está por todas partes, con placas en la que se leen poemas a lugares, objetos o paisajes. Otro poeta sevillano, Gustavo Adolfo Bécquer, también es muy recordado. Allí ambientó alguna de sus leyendas.

Soria es un paraíso para los aficionados al arte románico. Precisamente en la capital, en la concatedral de San Pedro, puede verse la exposición Las edades del hombre con diversas muestras de arte sacro. Los cristos románicos me gustan bastante más que los barrocos, tan andaluces. Los encuentro más modernos. Tienen algo de cubistas. Muy cerca de allí, los Arcos de San Juan de Duero son imprescindibles.

Esta zona fue frontera durante doscientos años de la Reconquista. Catalañazor es un lugar muy pintoresco, que intenta acercarse al estilo bohemio de Pedraza en Segovia. No llega, ni de lejos, pero desde lo alto del antiguo castillo hay un paisaje muy recomendable en la puesta de sol, con unos campos de girasol hermosos en el valle. Hay una estatua de Almanzor costeada por una asociación de la malagueña Torrox, en la que se reclama su cuna. Aunque parece más probable que naciera en una alquería de Algeciras de nombre muy similar. En todo caso murió allí al lado, en Medinaceli, como consecuencia de las heridas recibidas en la batalla de Catalañazor.

El castillo de Berlanga debió ser una fortaleza espectacular por sus dimensiones. Hay una iglesia también exagerada para un pueblito tan chico. Me pregunto de dónde salió el dinero para tanto templo, con tan pocos feligreses. Cerca de allí está la Ermita de San Baudelio, conocida como la capilla Sixtina del arte mozárabe, parte de cuyos frescos fueron expoliados en los años 20 del siglo pasado y se exhiben en museos de Nueva York (Metropolitan), Cincinnati, Indianapolis y Boston. Burgo de Osma, la patria chica de Jesús Gil y Gil, tiene bastante más clase que su popular hijo. La sede del obispado provincial, es también la tierra natal de Juan José Lucas, que fue el presidente regional que sustituyó a Aznar en Castilla León. Las atenciones de Lucas con su pueblo lo dejaron de dulce.

Dulces exquisitos se pueden comprar en la pastelería York en el centro de Soria, frente a la Alameda, en particular se recomienda la costrada. Felipe y Pilar nos llevaron a comer cochinillo al Pajar del Tío Benito, en el municipio de Molinos de Razón. Espectacular. También ponen cordero. Nos encontramos en Soria con José María Ruiz Povedano que iba con un grupo de amigos de Málaga y les recomendamos el sitio, con gran éxito. Para llegar allí hay que coger la carretera de Soria a Logroño, dejarla en dirección a Tera y continuar hasta Molinos. (El teléfono es 975 27.32.25, por más detalles).

En fin, como la crisis no da para irse al Caribe, Soria está muy bien para unos días de inmersión en un mundo medieval, renacentista y literario. A nosotros nos encantó.