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Presidentes intrusos

Ignacio Martínez | 3 de diciembre de 2012 a las 11:00

Los ex presidentes tienen un encanto especial. Quizá Aznar sea la excepción que confirma la regla. Por impostura: dice que sufre en silencio por España. Lo que es incierto. No por el sufrimiento, sino por su silencio, tan sonoro. Pregona su disgusto en todos los periódicos y en todas las televisiones sin reserva alguna. Es un asunto de negocios, tiene que vender sus memorias. El ex que menos se prodiga es Zapatero. Ayer, en el homenaje de su partido a Felipe González por el 30 aniversario de su primer gobierno, más Bambi que nunca, pidió a los socialistas lealtad, unidad y afectos. Enternecedor.
Podría darse una vuelta por Andalucía y oír cómo un joven sin autoridad, ni mérito conocido que no sea la intriga orgánica, compara con el tránsfuga Tamayo al alcalde más importante del PSOE en la región. Ni afecto, ni respeto. Ni nadie que llame la atención al neófito por su ligereza. Zapatero con su declaración se convierte en un intruso para los suyos. De hecho, el encanto de los ex presidentes no lleva aparejado que los actuales aparatos de sus partidos les hagan caso.

El propio Felipe González reclamó ayer a la organización que lideró durante más de dos décadas que recupere su vocación mayoritaria, o sea que gire a su derecha, que mire a la sociedad sin sectarismo y que promueva un cambio electoral para que haya listas abiertas. Otro intruso, que pone el dedo en la llaga de uno de los problemas internos de las fuerzas políticas. El ex presidente pretende que las peleas en los partidos no sean por el puesto que se ocupa en las listas. Y a éste no se le puede tildar de cándido.
Hay otros dirigentes políticos que aun estando en activo ocupan plaza de intruso en sus organizaciones. Por ejemplo, Duran Lleida en CiU. El presidente de Unión Democrática de Cataluña reconoció a su consejo nacional el sábado que había sido un error de la campaña electoral de la coalición primar la opción soberanista por encima de la crisis económica y la grave situación social. Duran está convencido de que la estrategia de la federación había dejado huérfanos a centenares de miles de catalanistas que no son independentistas.

De los ex presidentes de la Junta de Andalucía el más atrevido en los últimos tiempos es Rodríguez de la Borbolla, que mañana protagoniza un acto público en Sevilla en recuerdo de otro aniversario destacado: 35 años de la manifestación del 4 de diciembre de 1977 para exigir la autonomía para Andalucía. En la actualidad Borbolla echa de menos un liderazgo político en la región y explica que consiste en conseguir consensos más allá de las mayorías. Para ejercer un liderazgo real hay que tener consistencia personal e idea de a dónde se va, sostiene el ex presidente. Puede el lector adjudicarle destinatario a la frase. Es lo que se llama fuego amigo. Intruso. Aunque no estoy seguro de que Zapatero se refiriese a esto con lo del afecto.

España respira aliviada

Ignacio Martínez | 27 de noviembre de 2012 a las 13:21

Mas quería una mayoría excepcional y ha sacado un fracaso excepcional. Pocos casos más clamorosos de ineptitud estratégica pueden encontrarse en el entorno próximo. Quizá la aventura de Álvarez Cascos en Asturias en marzo. O un referente francés. Jacques Chirac, que era un político simpático pero candoroso, ganó las presidenciales francesas en 1995 y como tenía una cómoda mayoría de derechas en la Asamblea Nacional no disolvió inmediatamente para aprovechar el tirón de la campaña presidencial. Encima convocó las elecciones en 1997, un año antes del final de legislatura, en un alarde de torpeza, que llevó al socialista Lionel Jospin al palacio de Matignon como nuevo primer ministro.

Es uno de los precedentes que tiene la disolución del Parlamento catalán por un presidente que tenía un cómodo gobierno de derechas apoyado por 62 diputados y reclamó una mayoría excepcional, para sacar 50. Artur Mas no tiene el estilo espontáneo de Chirac, es lo que en Andalucía se definiría como estirado. Tan engreído que se creyó que la riada humana que se manifestó el 11 de septiembre en Barcelona estaba toda allí por la independencia. El resultado es muy decepcionante para él. El director de La Vanguardia dijo en RNE la noche electoral que CiU tendrá que meter el proyecto soberanista en el cajón. Declaración relevante en boca del responsable de un medio que ha animado a este movimiento en los últimos meses.

Ayer el presidente de la Generalitat hizo de tripas corazón y convocó una rueda de prensa con Duran Lleida. Concretó que prefiere un gobierno de coalición, porque solo no tiene fuerza suficiente para apechugar con las deudas, los recortes y la triste realidad. Apunta a Esquerra y al PSC, con los que completaría unas mayorías muy distintas. Sigue empeñado, aunque sea de boquilla, en la consulta sobre el derecho a decidir. Pero la suma de escaños soberanistas en el Parlament ha bajado de 76 a 74, así que se podía haber ahorrado el viaje. Y de las diez elecciones autonómicas que ha habido en Cataluña desde 1980 la suma de CiU y ERC ha sido en cinco ocasiones superior a la que tienen ahora. Además, los votos que sacaron el domingo suman el 30,5% del censo llamado a las urnas.

El resto de las fuerzas han tenido resultados muy dispares. Los socialistas, el peor de su historia en unas autonómicas catalanas. El PP el más alto. Esquerra ha igualado su segundo mejor resultado de la serie, pero superado todavía por Carod en 2003, con 23 escaños. IC también logra su mayor número de diputados, si se exceptúa a su antecesor, el PSUC, que tuvo 25 en 1980. Y Ciudadanos, un partido fundado por intelectuales antinacionalistas, en tres citas con las urnas se ha consolidado definitivamente. Cataluña ha votado de manera muy plural, como suele; con sentido común. Y España respira aliviada.

La herencia recibida es larga y ancha

Ignacio Martínez | 25 de abril de 2012 a las 10:18

Somos herederos. Ayer de nuevo el ministro de Hacienda, en el debate sobre los Presupuestos Generales del Estado, volvió a gastar muchos minutos en explicar la herencia recibida. Es una vieja canción, que ya entonaron los populares en 1996 cuando llegaron al Gobierno. Veía la retransmisión del Canal Parlamento y no daba crédito. Montoro prefería montar una pelea contra el PSOE, a quien culpaba de todos los males del país, que propiciar un verdadero debate. El Gobierno sigue sin mostrar el mapa completo de las reformas y el plano preciso de los ajustes. Ni una palabra sobre la reforma institucional pendiente; se mantienen diputaciones y miles de ayuntamientos inviables, sin la más mínima discusión.

La situación evoca aquella serie que protagonizó Concha Velasco en TVE en 2008. ¿Se acuerdan? Herederos, la familia Orozco y allegados, luchas por el poder, traiciones, odios y rencores. Ambición y desconfianza. La situación política española es un culebrón como aquel. El PP dice lo mismo que el PSOE hace un año y al revés. Sin apuro, sin alternativas, sin cuartel. Lo importante es culpar al adversario, no resolver los problemas. Rubalcaba este fin de semana en una entrevista eludió responder sobre dónde recortar. Sólo señaló a Defensa, como hizo ayer Duran, por cierto. Nada más.

En realidad somos herederos de muchos errores del pasado, no sólo de los últimos ocho años. Por ejemplo, de la negativa de José María Aznar a la propuesta que Romano Prodi de aplazar la entrada de Italia y España en el euro. Los populares hicieron un ajuste fuerte, vendieron casi todo el sector público nacional y consiguieron contra pronóstico que España entrara en el euro. Una machada, de la que ahora somos herederos. Vino entonces una vertiginosa subida de los precios inmobiliarios y el Gobierno se sentía satisfecho. En una clara apología de la especulación, el ministro de Fomento, Álvarez Cascos, dijo que los pisos subían porque los españoles podían pagarlos. De eso también somos herederos.

Y desde luego somos herederos de un Gobierno socialista que fue el último en enterarse de que estábamos en medio de una crisis sin precedentes. Que gastó los 14.000 millones del plan E en obras no programadas, con lo que las presupuestadas pendientes se quedaron sin hacer. Que presumía de tener la más solvente del mundo, mientras en toda la UE los gobiernos ayudaban a su banca sin tasa. Que no gobernó bien este país, una nación en la que familias y empresas se habían endeudado hasta tres veces el PIB nacional. Somos herederos de todo eso. Así que Montoro debería salir de la trinchera y buscar alguna reactivación económica, antes de que el enfermo se muera. Pero este Gobierno prefiere pelearse con el PSOE. Y su adversario le niega el pan y la sal. Somos herederos de esas luchas cainitas. Eso es lo peor.

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Error, humor y secesión

Ignacio Martínez | 30 de octubre de 2011 a las 14:28

Una broma desafortunada de Peces-Barba, dicha en Cádiz en un congreso de abogados, ha levantado una santa indignación en Cataluña, en donde le han dicho al ponente socialista de la Constitución de todo menos bonito. Sorprende, sin embargo, que los catalanes tengan tanta facilidad para darnos lecciones a los demás, como quien no quiere la cosa, y tan poca cintura para probar su propia medicina. Mas y Duran en el plazo de pocos días han hecho bromas muy serias sobre lo analfabetos y vagos que somos los andaluces. Porque no otra cosa son las alusiones a que no se entiende el habla de los niños sevillanos y malagueños, y que los jornaleros que cobran el PER están todo el día en el bar del pueblo, rascándose la barriga.

Peces hizo una broma que creyó intrascendente, pero no lo era, sobre los intentos de secesión de Portugal y Cataluña en 1640, y se preguntó si nos habría ido mejor con Portugal y sin Cataluña. Lo que no pasa de ser una boutade. Podría haber mezclado también la conspiración independentista de Andalucía, urdida por el duque de Medina Sidonia y el marqués de Ayamonte, que es de la misma época, y haber jugado con los tres territorios, a ver cuál descartaba.

Más inoportuna es la alusión a que esta vez no será necesario bombardear Barcelona. Un colega catalán la vincula con el general Espartero cuando dijo en 1842 que para gobernar España había que bombardear Barcelona cada cincuenta años. Peces-Barba ha pedido disculpas, sin éxito. La santa indignación no se da por satisfecha. Ataque inadmisible a la dignidad de Cataluña, enorme hijo de puta y barbaridad intolerable, es la reacción de CiU, Esquerra y el PSC ante el desliz. Poco seny y mucha impostura, como ven.

¿Este es el listón para los próximos incidentes? Esta semana, el Parlamento andaluz ha calificado de insulto al pueblo andaluz la frase de Duran sobre el PER, en un debate en el que PSOE y PP se pelearon de manera ridícula para dirimir quién defendía mejor a Andalucía. Como empecemos a echarnos en cara unos a otros los tópicos acumulados durante siglos, podemos acabar como en la antigua Yugoslavia, todos contra todos. Habría que gastar un poco más de sentido del humor. Sin ánimo de señalar, ¡es gratis!

Lobbies en Andalucía

Ignacio Martínez | 29 de octubre de 2011 a las 10:27

El hombre que imagina abarrotados los bares de la Andalucía rural por haraganes gastándose el dinero del PER, a costa del ahorro catalán; el hombre que piensa que la homosexualidad la puede curar un psicólogo, no abandona los titulares. Duran, líder electoral de los nacionalistas de Convergencia y Unión, ha dicho a un grupo de empresarios que CiU será el único lobby que en la próxima legislatura defienda el corredor mediterráneo, esencial para el desarrollo del litoral levantino español. Los lobbies en España no están bien vistos. Su actuación como conseguidores y comisionistas les ha desacreditado ante el mundo de los negocios y ante la sociedad.

En España, estamos muy lejos del modelo anglosajón, perfectamente admitido y reglado. Pero cuando alguien se salta las normas, le puede costar el puesto. El ministro de Defensa del Reino Unido, Liam Fox, ha tenido que dimitir por llevarse a dieciocho viajes oficiales por todo el mundo a un amigo lobbista, antiguo compañero de piso y padrino de su boda. Los gastos del intruso los pagaban patrocinadores de Estados Unidos o Israel, interesados en estrechar relaciones con generales del Pentágono, líderes de Oriente Medio o del Golfo, y dictadores de antiguas repúblicas soviéticas. Estas cosas por ahí no se toleran.

Pero los lobbies que actúan dentro de las normas están bien considerados. También en la Comisión Europea, que cada vez que tiene que elaborar un reglamento tiene por costumbre consultar a todos los grupos que representen los más variados intereses en ese sector. El equilibrio se consigue llamando a todos; patronal y sindicatos, industrias y ecologistas, científicos y juristas…

Uno no imaginaba a los políticos en esta misión, mayormente porque se deben al interés general. Pero claro, los nacionalistas se concretan en lo particular. Y ciertamente el lobby Ferrmed, que surgió en Cataluña liderado por un ingeniero que ha hecho muy bien su trabajo, a la inglesa, ha conseguido poner al corredor mediterráneo en los mapas. Lástima que no esté nada clara la continuidad de esa línea más allá de Almería.

Aquí, en Andalucía, carecemos de la necesaria iniciativa. Nos faltan grupos que representen intereses concretos con eficacia. No hemos superado la fase del conseguidor y la comisión. Tampoco nuestros políticos se distinguen por una defensa a ultranza de intereses territoriales. Funcionan mejor en la confrontación contra sus adversarios. Duran presume que en la próxima legislatura Arenas va a mandar mucho y tirará para Andalucía. Y así, se ofrece a los empresarios catalanes como un contrapeso al hombre fuerte del PP.

No vendría mal la influencia que se le presume a Arenas sobre Rajoy. Pero la sociedad civil andaluza necesita organizase para defender mejor sus intereses, más allá de la coyuntura política.

Negociar con ventaja

Ignacio Martínez | 16 de octubre de 2011 a las 10:59

Vienen épocas de estrecheces. Más todavía. Y todo dios toma posiciones. Los nacionalistas catalanes quieren pagar menos al Estado. Reclaman los privilegios fiscales de vascos y navarros. Y quieren mandar más. Urkullu le ha ofrecido a Rajoy que el PNV entre en su Gobierno. Duran, el hombre que considera que Andalucía tiene la hostelería más próspera de la península, también se muestra dispuesto a que CiU entre en el próximo gabinete. Con una condición: el pacto fiscal. Habrá mucha tensión entre las autonomías ricas y pobres. Y quienes tienen partidos que defienden sus territorios, mayormente ricos, cavan trincheras para negociar con ventaja.

Al próximo Gobierno de la nación le tocará también la tarea de negociar unos presupuestos europeos para siete años y la nueva política agraria común, que deben entrar en vigor en enero de 2012. No es indiferente en absoluto que el responsable de esa cartera sea una persona con un gran conocimiento de la materia y de los mecanismos de toma de decisiones en la Unión Europea.

Una necesidad, dicho sea de paso, que puede empujar a Rajoy a poner de nuevo en Agricultura a Miguel Arias Cañete, aunque al interesado le complazca más el sillón de Exteriores. Pero sea quien sea quien esté al frente, tampoco será baladí la nacionalidad o región del titular de Agricultura. Andalucía pesa muy poco en la España de hoy; a ver si a partir del 20 de noviembre se nota la influencia que se le supone a Javier Arenas sobre el casi seguro nuevo presidente del Gobierno. Al fin y al cabo su ayuda fue inestimable para que las huestes del Tea Party español comandadas por Esperanza Aguirre no acabaran con don Mariano en 2008.

Otro método que fortalece a los territorios es la unidad. Todo el mundo está de acuerdo ahora en Andalucía en cerrar filas ante la propuesta de reforma de la política agraria común. Quizá Griñán haya reflexionado sobre su discurso en el Comité de Regiones de la UE en enero. Planteaba cambiar los criterios de reparto agrícola dentro de Andalucía. Aplicar ahora esa filosofía en el interior de España con la nueva PAC, le costaría a Andalucía miles de millones de euros. Negociaremos en desventaja. Hay frivolidades muy caras.

No es lo que parece

Ignacio Martínez | 25 de septiembre de 2010 a las 9:56

La mayor parte de los actos públicos, incluidas las cumbres mundiales, son ceremonias de cara a la galería. Se elige un marco incomparable, se preparan chistes que decir a los fotógrafos en la foto de familia y el guión ha sido cuidadosamente preparado por unos esforzados sherpas, así llamados literalmente en la jerga de la diplomacia internacional. Estos sherpas ayudan a sus jefes a llegar a la cumbre. Generalmente sin esfuerzo, porque todo está pactado de antemano. Y cuando no es así, como en la cumbre del clima de Copenhague, nada se resuelve.

La reunión del martes en la sede de Naciones Unidas de Zapatero con el rey Mohamed VI de Marruecos corresponde al modelo clásico. Nada es lo que parece. No están en una sala, sino en un pasillo, en el que han puesto mamparas a los lados. No recibe el presidente, sino el rey, que es jefe de Estado y por eso sólo está su bandera; pero Zapatero sale a recibirlo, porque llegó antes a la cita, como corresponde por su menor rango protocolario. Y no tienen nada que decirse, sino acabar con unas sonrisas con las desavenencias de este verano. Nada más. Salvo un desliz del presidente, que le dijo al monarca “lo más importante es la foto”. Eso sí que es lo que parece.

La brava comisaria Vivien Reding, manteada por los líderes de la UE la semana pasada en una cumbre en Bruselas, ha comparecido en el Parlamento Europeo muy entera. Tan segura de sí, que ha insinuado que detrás de los ataques había machismo. “Si un hombre en política da un puñetazo en la mesa es considerado varonil, se defiende; cuando lo da una mujer, es una histérica”, dijo. Discrepo. Margaret Thatcher dio muchos puñetazos en la mesa durante los once años y medio que fue primera ministra, hizo la guerra de las Malvinas, se llevó por delante a los sindicatos del carbón, combatió al IRA en todos los terrenos… Y nadie llamó histérica a la dama de hierro. Probablemente Reding ha sido golpeada por ser miembro de una débil Comisión Europea o de un país pequeño, antes que por ser mujer.

Y aquí hay un caso de manteo nacional con un periodista extranjero. Mi colega y amigo Leo Wieland, corresponsal en Madrid del Frankfurter Allgemeine Zeitung, el más influyente diario alemán, escribió el domingo una crónica en tono desenfadado e irónico sobre la clase política española. No dejaba títere con cabeza. Pero lo que ha trascendido es que se trataba de un reportaje machista contra las ministras. Lo parece el título: las muñequitas de moda de Zapatero. Wieland, corresponsal durante muchos años en Moscú y Washington, es un periodista de primer nivel. Y dedica a Zapatero, Rajoy, Camps, Blanco, Duran Lleida o Anasagasti tal cantidad de sarcasmos hirientes, que se hace difícil aceptar que hizo un texto misógino. Eso sí, el lenguaje es duro y alejado de lo políticamente correcto. A veces, la pasión nos impide ver que las cosas no son lo que parecen.

Antología: Duran y Montilla

Ignacio Martínez | 30 de mayo de 2010 a las 21:00

Francesc de Carreras publicaba ayer este artículo en La Vanguardia que está muy bien. Es especial hecho por un catalán para catalanes. Lo copio, para más comodidad:  

 

Paso un día en Madrid, con gente del entorno del PSOE y algún cargo del mismo Gobierno: todos me hablan bien de Duran Lleida y mal de Montilla. Curioso partido hermano, el PSC. ¡Ay! Los parientes, la familia, la familia…

Desde los tiempos de Miquel Roca Junyent, ningún político catalán ha disfrutado de tanto crédito en Madrid como Duran. Se lo ha ganado a pulso por sus inteligentes intervenciones en el Congreso. Y aunque hable sólo en nombre de un pequeño grupo parlamentario catalanista, paso a paso Duran ha llegado a suscitar un respeto general, incluso más allá de la estricta clase política. Recordemos que en el último sondeo del CIS era el político español más valorado. Para que después sigan diciendo en Catalunya que en España a los catalanes no nos quieren y nos tienen manía, ese mito tan necesario para el equilibrio psicológico de nuestros nacionalistas.

Ciertamente, quizás no nos quieren. Pero lo disimulan muy bien: la emisora de radio más escuchada de España, la Ser, está dirigida en sus franjas horarias más importantes de mañana, tarde y noche, por catalanes; el director de la Orquesta Nacional es catalán; también los es el director del Teatro Nacional y, hasta hace un año, también era catalán el mismo consejero de Cultura de la Comunidad de Madrid, la que preside Esperanza Aguirre. Es difícil asistir a una obra de teatro en Madrid en la que no actúe un catalán. Por no hablar de las simpatías –también los odios, claro, así de fanático es el fútbol– que suscita el Barça en España o la pasión por las canciones de Joan Manuel Serrat. Pese a todo ello nos tienen manía: los dogmas, ya se sabe, no hay que demostrarlos.

Pues bien, Duran está en el candelero. ¿Por qué? Porque suele decir cosas razonables, es decir, bien argumentadas y coherentes, en un tono no hiriente, con buenas formas y hablando en nombre de los intereses generales, no de los particulares de Catalunya. Hasta dónde le dejará actuar así su partido hermano, Convergència Democràtica, no lo sé. Seguramente los talibanes le aguardan en cualquier esquina. Está destacando demasiado. Por el momento, es el héroe de Madrid, el político más valorado de España. Y los socialistas hablan bien de él aunque haya soltado en el Congreso, con buenas maneras, el “váyase señor Zapatero”.

En cambio, Montilla… Su esperpento en el Senado fue penoso. Así lo consideraban mis amigos socialistas. Pedir el cambio de las reglas del juego justo al final de la partida cuando se está con el agua al cuello es todo menos razonable. La justicia es lenta menos con las tonterías. En un plisplas resolvió el TC la petición de que se declarara incompetente en resolver los recursos contra el Estatut, una pregunta que menos aún hubiera tardado en contestar un estudiante de Derecho.

Duran y Montilla: el seny y la rauxa, la razón y la sinrazón.

En contra del PER

Ignacio Martínez | 23 de mayo de 2010 a las 10:10

Me ha sorprendido la extraña unanimidad hostil que ha obtenido el dirigente de CiU Duran Lleida a su opinión contra el plan de empleo rural y el subsidio agrario. La indignación de partidos y sindicatos andaluces ha sido tan intensa que tiene algo de impostura. De campaña electoral. Este sistema, que junto a la renta agraria cuesta para Andalucía y Extremadura unos 800 millones al año, no es muy caro en términos totales. Por poner una comparación, el millón y medio de pensionistas andaluces cobra 1.000 millones de euros al mes. Y el subsidio agrario supone unos ingresos por beneficiario muy modestos. Pero no deberíamos estar satisfechos con la perpetuación de este sistema, ni defenderlo como si nos fuese la vida. Claro que no se puede quitar el PER en esta coyuntura. Pero para este modelo de subsidios y para cualquier otro es pertinente pedir que atienda a quien de verdad lo necesita. Y que su actividad genere desarrollo.

Comparto el criterio de que en España hay subsidios a la minería o a la producción de automóviles mucho más elevados. Estaría bien que la Administración General del Estado hiciese una cuenta transparente de todas las subvenciones que hay. Y que supiéramos a quién beneficia. No estoy tan seguro de que fuese muy juicioso hacer un cálculo regional. Y sería muy saludable que las ayudas públicas por desempleo generaran conocimiento, experiencia o mantenimiento en alguna actividad. Pero el PER escasamente cumple esa función. Es cierto que el sistema actual encubre casos de economía sumergida y fraude. Que seguramente también los hay en la misma medida entre los beneficiarios de la minería asturiana o la industria del automóvil catalana.

Habría que mirar más lejos. Ningún partido o sindicato de los que protestan, que yo sepa, ha planteado programas de desarrollo comarcal con partidas europeas o nacionales de fondos estructurales, tecnológicos e incluso agrarios, que anime a la iniciativa privada, cree tejido empresarial y diversifique la economía. Hay que tomarse mucho más en serio el desarrollo rural. Y, en paralelo, ir abandonando la defensa numantina del PER. Hay que ser más ambiciosos, nos conformamos con poco.

¡Dale caña!

Ignacio Martínez | 15 de febrero de 2010 a las 6:55

En la primavera de 2001, poco tiempo después de ser elegido contra pronóstico secretario general del PSOE, Zapatero estuvo en Málaga en visita pastoral. Dirigentes y cargos públicos se reunieron con él en La Cónsula y allí, en medio de una gran expectación, se iba a dirigir a sus correligionarios cuando sonó una voz desde el fondo de la sala: “¡Zapatero, dale caña al PP!”. Y el futuro presidente del Gobierno dijo que al PP no había que darle caña, había que darle ejemplo. Era la época dorada del talante. Después, propuso un pacto nacional por las libertades y contra el terrorismo…

La cosa cambió con su llegada al Gobierno. Nunca sabremos qué fue antes, si el huevo o la gallina. La matanza de Atocha y el empeño del Gobierno Aznar en hacer creer a los ciudadanos que ETA había sido la autora del atentado, ayudó sin duda a la victoria socialista. El PP se sintió víctima de un complot y el desencuentro entre PSOE y PP alcanzó hitos extraordinarios en la pasada legislatura. La falta de entendimiento entre las dos principales fuerzas políticas ha continuado a pesar de la marcha de Zaplana y Acebes. Pero ahora, ambos están confrontados a la necesidad de un pacto nacional que proporcione tranquilidad al país.

España necesita un pacto de estabilidad. No como el de los años 50, para salir de la autarquía, en plena dictadura, ni como el de convergencia para entrar en la moneda única europea de los 90. No. Se trata de un pacto de estabilidad emocional. Ayer, en su artículo de El País, Joaquín Estefanía recordaba cómo Abril Martorell se refería a los Pactos de la Moncloa de 1977: lo importante no era lo que se firmase, siempre que fuese en la buena dirección. CiU viene reclamando un pacto de Estado desde los albores de la crisis. Ahora con más énfasis, tras la tremenda inestabilidad que hubo en los mercados hace dos semanas. Pero PSOE y PP no han pasado la prueba del algodón. Ambos quieren pactar con los nacionalistas catalanes moderados, pero no quieren pactar entre sí, según el relato de Duran Lleida. Curioso el papel de esta coalición en la gobernabilidad de España, con la UCD de Suárez, con el PSOE de González y con el PP de Aznar. Tan importante función, que un destacado empresario andaluz, Francisco Martínez Cosentino, sostiene que Convergencia y Unión da realismo empresarial a los gobiernos.

Duran ha contado una anécdota sabrosa de sus conversaciones de estos días para lograr el pacto. Un significado dirigente político, que no especifica si es del PP o del PSOE, le ha dicho: “Vuestro electorado os pide siempre seny, pero a nosotros nos exigen caña”. Pero los tiempos no están para darle caña al adversario, sino ejemplo, por utilizar el argumento de ZP. De momento, sólo dan ejemplo son los de CiU. Esos con los que se siente tan bien representado Cosentino.