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País Vasco: Si cambia el capitán (del barco pirata) debe cambiar el loro

Ignacio Martínez | 23 de junio de 2009 a las 14:46

Me ha encantado el artículo de hoy de Patxo Unzueta en El País. Sostiene la teoría, atribuida a Mario Onaindía, de que si cambia el capitán, debe cambiar el loro que le susurra al oído. Es decir, que si cambia el lehendakari, debe cambiar el guionista de sus discursos, su consejero, su asesor. Es el caso, sin duda con Patxi López y su brillante y vibrante discurso del otro día, considerado cínicamente por el PNV como “demasiado épico”. Unzueta añade que sus asesores mejoraron a Ardanza y los suyos empeoraron a Ibarretxe. En fin, es un análisis de la situación en el País Vasco que vale la pena leer. Se llama Tener o no tener y esta es su transcripción íntegra:

 

Casi tan importante como tener un buen lehendakari es que el lehendakari tenga un buen guionista. Mejor dicho: un buen lehendakari es aquel que sabe elegir bien a su guionista. Mario Onaindía, de cuyo fallecimiento se cumplen seis años este verano, lo decía de otra manera: de poco vale cambiar de capitán (del barco pirata) si no se cambia de loro: el que lleva colgado del hombro y le va susurrando lo que tiene que hacer y decir. Visto desde el otro lado significa que para que el cambio de capitán, o de lehendakari, se note, lo primero es cambiar de loro, guionista, asesor.

Así como sus asesores mejoraron a Ardanza, los suyos empeoraron a Ibarretxe: a falta de un buen guionista, sus comparecencias tras los atentados de ETA fueron casi siempre poco convincentes. Pero no por la mayor o menor contundencia en las palabras, sino por su manifiesta dificultad para condenar sin reclamar al mismo tiempo algo de su interés. “¡Cuánto daño hace ETA a las posiciones legítimas de una parte muy importante de la sociedad vasca que queremos profundizar (…) en nuestra identidad como pueblo!”, dijo en su comparecencia tras el anterior asesinato de un miembro de las Fuerzas de Seguridad del Estado, el guardia civil Juan Manuel Piñuel, en mayo de 2008. Como conclusión pidió acuerdos para acabar con la violencia, lograr la paz y “poder decidir nuestro futuro”. Esto último, el derecho a decidir, autorización para su famosa consulta, era lo que iba a solicitar seis días después a Zapatero en La Moncloa.

Patxi López se la jugó en los primeros momentos tras el asesinato de Eduardo Puelles. Alguien, tal vez él mismo, o una persona elegida por él para ocasiones como ésta, escribió en un papel que el asesinado era “uno de los nuestros”, y todas las ulteriores iniciativas -de la declaración del Parlamento y la convocatoria de la manifestación al discurso desde las escalinatas del ayuntamiento de Bilbao- colgaron de esas cuatro palabras de reconocimiento nunca antes salidas de la boca de un lehendakari. Un discurso nada sectario y que tuvo un aire de sinceridad que emocionó a muchas personas; y que ha sido considerado por muchísimas más una prueba de que las cosas están cambiando de verdad.

Una consecuencia de lo ocurrido desde el viernes es que el debate sobre si fue acertada o no la decisión de Patxi López de gobernar mediante un pacto de legislatura con el PP se plantea ahora de manera diferente. Una encuesta del CIS recientemente publicada (aunque realizada hace dos meses) concluía que la mayoría deseaba en esas fechas un Gobierno PNV-PSE. Dicen los críticos de López que con la mitad de la población (45,5%) que se declara nacionalista y otra mitad (45,6%) que dice no serlo, la única posibilidad de recoger la pluralidad identitaria sería un Gobierno transversal PNV-PSE.

Sin embargo, pocos dudan de que si ésa hubiera sido la fórmula adoptada no habría habido el cambio de actitud ante ETA y sus víctimas visible estos días. Y ese cambio era una necesidad, incluso para que el PNV salga del laberinto en que le ha metido Ibarretxe. La pluralidad no necesariamente debe traducirse siempre en transversalidad, sino también en alternancia: que unas veces gobiernen unos, otras los otros y a veces ambos en coalición. Pero no hay democracia sin posibilidad real de alternancia, y si aparece una ocasión de alcanzarla, lo prudente es no dejarla pasar. Además, lo que se ha visto es que, sobre el problema que agobia desde hace décadas a los vascos, hay más posibilidad de entendimiento entre el PSE y el PP vasco que entre cualquiera de ellos y el PNV.

 

 

ETA: No es una víctima más

Ignacio Martínez | 21 de junio de 2009 a las 9:25

No hay víctimas de primera o segunda clase. Bueno, no hay víctimas inocentes de primera o segunda clase, porque cuando el muerto es un etarra que preparaba una bomba, confieso que no me produce el mismo sentimiento de piedad que cuando una niña pierde las piernas, un empresario que no pagaba el impuesto revolucionario es asesinado por no contribuir a la causa, a un transeúnte le alcanza una bala perdida o a un policía dedicado a perseguir terroristas lo cazan estos asesinos. La de esta semana es una víctima que me ha producido especial conmoción. Eduardo Puelles García, de 49 años, natural de Baracaldo, estaba en la Policía desde 1982. Era jefe de una brigada de información especializada en seguimiento de etarras. Su hermano Josu, que trabaja en la policía autónoma vasca, dice que Eduardo no es una víctima más.

No lo es. ¿Quizá porque nos coge de improviso?, ¿porque pensábamos que la debilidad de la banda y la fortaleza de la unidad de los demócratas era una garantía de inmunidad? Y resulta que no. Que, como siempre, matar es muy fácil. Hace falta un arma y el alto grado de locura de un individuo solo. Josu dice, y tiene razón, que los ciudadanos a lo mejor no saben el esfuerzo que hay detrás de la defensa de la libertad de cada uno, de la defensa de las libertades colectivas. Y añade que su hermano ha muerto como un héroe; un gudari si lo queremos escribir en euskera.

No hay muertes de primera y segunda clase. Pero siempre nos queremos asegurar que los parientes y amigos fallecidos no sufrieron. No es el caso. La bomba lapa no mató a Eduardo. Según varios testigos, la bomba lapa dirigida al policía sólo prendió fuego al coche. Y Eduardo gritaba desesperado que lo sacaran de allí, envuelto en una bola de fuego. Si hay muertes indeseables, por inútiles y crueles, estamos ante una de las más grandes de las que hayamos tenido noticia.

No hay ciudadanos de primera y de segunda, pero es difícil tener respeto por quienes siguen dando alas a la violencia y al terror, votando por la opción que pide Batasuna. Lo mismo que hay libertades colectivas, también hay locuras colectivas.