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Ataque de rectitud

Ignacio Martínez | 6 de marzo de 2011 a las 13:23

Los dos grandes partidos sufren un peculiar ataque de rectitud. Practican una saludable tolerancia cero con las irregularidades de su rival y una permisiva manga ancha para las propias. Cospedal dice que con un solo ere irregular debería haber dimitido Griñán como presidente de la Junta. Zarrías sostiene que al PP lo corroe la corrupción. Lo de Cospedal no se sabe si es un ejercicio de cinismo o de inocencia. El presidente de Valencia está imputado por corrupción, pero en su partido le perdonan cualquier desliz, total por tres trajes no se habría vendido a la banda de don Vito Correa y El Bigotes.

El problema es que la trama corrupta hizo negocios por miles de millones de pesetas con la Generalitat valenciana y aunque no hubiese ningún delito penal, su responsabilidad política debería haber llevado a Camps a renunciar al cargo. Por decirlo con palabras de Cospedal, con un solo traje debería haber dimitido. Pero es que no son tres trajes. Según el auto de la Fiscalía, entre Camps y tres de sus íntimos colaboradores recibieron 39 trajes, once americanas, diez pares de zapatos, ocho corbatas, siete pantalones y dos abrigos. Ya tendrían que estar requetedimitidos. En Palma de Mallorca el PP ha montado ayer un circo: el amiguito del alma de El Bigotes ha firmado un manifiesto contra la corrupción.

En el otro lado, mientras Zarrías afirma que el PP no puede dar lecciones, Manuel Chaves declara sin apuro que las irregularidades de los eres en la Junta de Andalucía es sólo cosa de cuatro o cinco socialistas, que serán expulsados. Pasamos de los tres trajes a los cuatro granujas, poca cosa. Pero son cinco los imputados del caso Mercasevilla que eran militantes o dirigentes del PSOE, son varios los intrusos en los eres con el carné socialista, y más de cien mil millones, las pesetas gestionadas de manera arbitraria. No es posible que la responsabilidad política de este descontrol se quede en el simple rango de director general. 

Una perpleja opinión pública necesita un aumento sustancial de la rectitud interna en los dos partidos fundamentales de la democracia española. Pero no llega.

El lobby es como el colesterol

Ignacio Martínez | 29 de mayo de 2010 a las 10:25

A Sarah Ferguson la cogieron con las manos en la masa hace una semana, cuando aceptaba 32.500 euros en metálico y pedía 400.000 más por conectar a un supuesto empresario con su ex marido, el príncipe Andrés de Inglaterra. El tipo, en realidad, era un periodista camuflado, que le ha sacado los colores a la ya de por sí sonrosada princesa consorte y duquesa de York. La señora no ha perdido la sonrisa, ni el humor británico. Unos días después, al presentar un cuento infantil en Nueva York, dijo que debería aprender de los inteligentes personajes de los libros de sus hijos. La Ferguson hace lobby desde que se divorció del tercer hijo de la reina Isabel II. Ésta puede ser una manera honrada de ganarse la vida. O no. El lobby es como el colesterol, que lo hay del bueno y del malo.
En Estados Unidos están regulados y hacen una labor importante de información, además de representar intereses concretos. Todo eso, si es transparente, tiene mucho de positivo. Si es opaco o bajo cuerda, puede caer dentro del código penal. En Bruselas, los funcionarios de la Comisión Europea que deben redactar un proyecto de reglamento o directiva suelen llamar a todos los lobbies concernidos. Si lo hacen bien y oyen a todo el mundo, incluso a quienes representan intereses encontrados, acabarán teniendo una buena visión de conjunto. Este es el lobby bueno.  

Lobby hacen aquí en España personajes que se dedican a promocionar establecimientos comerciales porque son famosos por sus hazañas en los ruedos, en las canchas de deporte o en el cine. Nada de eso es ilegal. A veces, se trata de famas conseguidas debajo del edredón de un reality, o simplemente en el papel cuché. Son lobbies más penosos, pero mueven a las masas, tienen tirón comercial y el dinero les quiere. Aunque convengamos que la señora Ferguson, sin tener la clase de su cuñada Diana, es más glamurosa que Belén Esteban. ¿O no? Pero su caso se separa de la legalidad y entra de lleno en el tráfico de influencias.

De eso también tenemos muy buenos ejemplos patrios. Sin ir más lejos, es lo que hacía El Bigotes cuando cortejaba a su amiguito del alma, el presidente de la Generalitat valenciana, a su familia, amigos y entorno político. Este es lobby del malo. Hay más: un tal Luigi, ex diputado del PSC en Cataluña, montó una trama corrupta bautizada como Pretoria, que cobraba 10 millones de euros por cada operación urbanística. El buen hombre mandaba sobre el alcalde de Santa Coloma de Gramenet, operaba en otros ayuntamientos y tenía de socios a un histórico ex consejero de Pujol y al secretario general de la Presidencia de la Generalitat con don Jordi. Lobby del malo, de nuevo.

También hay casos intermedios. Cuando éramos ricos, una vez organizó la ministra de Fomento Magdalena Álvarez una reunión de ministros latinoamericanos de Obras Públicas en Málaga. En una cena, en unos estupendos jardines, presencié cómo el secretario de un ministro, con su jefe y la esposa de éste presentes, se interesaba por unas entradas para ver al Real Madrid al domingo siguiente. Los ejecutivos de las constructoras presentes organizaron una carrera de sacos allí mismo, forcejeando por ver quién era el que los llevaba al palco del Bernabéu. Y hubo uno que estuvo más listo que los demás.

En fin, ya ven que hay quien vive del cuento, tan ricamente. Mejor que los personajes del libro que presentó en Nueva York la duquesa de ídem.

Gürtel: la buena, el feo y el malo

Ignacio Martínez | 15 de octubre de 2009 a las 11:08

Es curioso que Ricardo Costa haya tenido una cierta dignidad en su caída. Es el feo de esta historia, la cabeza de turco utilizada por Camps para evitar su propia decapitación. Y que Camps no haya tenido ningún escrúpulo en utilizar a su esposa y la caja de su farmacia; en involucrar a su propia hija, receptora de regalos de El Bigotes; en desembarazarse de su número dos. Lo normal en cualquier país europeo con una democracia asentadas habría sido que el presidente valenciano hubiese dimitido el día en que conocimos que quería un huevo a un truhán que montó una trama de corrupción en Valencia gracias a su amistad. No hace falta que se pronuncien los tribunales sobre asuntos penales. Fraga ha dicho hoy en la Cope que se fía de la extraordinaria honradez de Rita Barberá, pero que no diría lo mismo de Camps. La alcaldesa es la buena de la película. El presidente valenciano le queda poco: él es el malo.

Desfile, Gürtel y Barça. Broncas españolas

Ignacio Martínez | 14 de octubre de 2009 a las 10:29

La bronca contra el presidente del Gobierno el lunes en Madrid me suena de demostraciones más antiguas. Recuerda a cuando los mismos, o gente parecida, pedían la dimisión de Suárez o el paredón para el cardenal Tarancón. La extrema derecha es muy del pareado y del exceso; tiene querencia a pasar de la dimisión al paredón con arriesgada rapidez. Es lamentable que un acto de Estado, en el que el protagonista debe ser el Ejército de todos los españoles, sea infelizmente enturbiado por unos fanáticos que en el fondo reivindican que las Fuerzas Armadas les pertenecen y no quieren intrusos.

Y es penoso que este gesto nostálgico no sea censurado desde la derecha política y mediática. Gallardón le dio a Rajoy una lección de liderazgo: criticó sin ambages la pitada a Zapatero en un acto de Estado, mientras el presidente del PP se abstuvo. La prensa de derechas pretende encima que el comentario del presidente de que estos pitidos forman parte de un rito es “un desprecio” a los manifestantes. Lo que supone darles más munición para el año próximo.

Por cierto que Rajoy también se abstuvo de tomar medidas contra los implicados en el caso Gürtel, mientras Esperanza Aguire le daba otra lección de liderazgo cortando las cabezas de los afectados en la rama madrileña; cuestión de carácter. Los lodos del dontancredismo de Rajoy salieron ayer por las rendijas del PP valenciano, con Ricardo Costa amotinado con razón: no fue él quien llevó a El Bigotes a Valencia, ni quien decidió darle negocio en el partido o en la Generalitat, ni quien le mostraba tiernamente su cariño por teléfono. Así es como ha terminado en bronca la calma chicha en el mar de Levante y los argumentos de que el respaldo electoral blanqueaba la situación jurídica de los dirigentes populares. La doctrina Berlusconi no funciona en este costado del Mediterráneo, por fortuna.

La intransigencia no es monopolio de nadie. El presidente del Barcelona, Joan Laporta, borracho con el triplete, sueña con unificar el nacionalismo catalán y ganar unas elecciones. Su soberbia le permite llamar “imbécil” al presidente de Extremadura, que es un apasionado barcelonista. Fernández Vara publicó un artículo en Marca en el que elogiaba la gestión de Laporta, pero le recordaba que no todos los barcelonistas son catalanes: “Visca el Barça y Visca Catalunya. Y viva España también, si me lo permites”. A lo que Laporta le contestó con una bronca telefónica que incluyó el grito de guerra independentista: “¡Visca Catalunya Terra Lliure!“. En el Barça han espiado a cuatro de los cinco vicepresidentes; a todos menos al candidato de Laporta para sustituirle. Cuando se le pregunta por ese turbio asunto, dice que se trata de una campaña de la prensa reaccionaria española. Es curioso, Berlusconi acusa a la prensa extranjera de dañar a Italia con las críticas a su persona. El maestro tiene otro alumno aventajado. Camps tiene competencia en Can Barça.

Una foto con Obama

Ignacio Martínez | 11 de octubre de 2009 a las 9:16

”Obama

 

Julio Camba escribió en un artículo que Maupassant había consagrado media vida a describir las vilezas, las humillaciones y las infamias de que es capaz un francés por obtener la Legión de Honor. Se refería a los franceses del XIX, pero Camba añadía que los dos ideales del patrón de su hotel parisino en 1910 eran la concesión de un despacho de tabaco y la Legión de Honor. Estanco e insignias que consiguió, cabe suponer que sometido a las suficientes dosis de bajezas.

Ya ven que no hay nada nuevo bajo el sol en esta extraña legión de catetos pretenciosos y pijos horteras, que protagonizan el enredo de Gürtel. Más allá de las responsabilidades penales, que están en manos de los jueces comunes, los jueces estrella o los jueces algo más que amigos; más allá de la ética que algunas dirigentes del PP han aplicado con más fortuna que otros, aquí hay un caso de vilezas e infamias antiestético y ausente de honor. Regalos de relojes que valen el presupuesto anual de muchas familias; coches de superlujo, atenciones con los familiares más cercanos y los íntimos colaboradores. Qué lenguaje más soez; qué apodos, el albondiguilla, don Vito, el cabrón, el curita. Qué vergüenza.

Los gobernantes suelen ser cortejados por demasiada gente como para saber quién se acerca con intereses espurios. Por eso los más listos y honrados se vuelven desconfiados, distantes. Lo que les somete a un aislamiento peligroso: los primeros aduladores están en el seno de los partidos, cuadros que buscan con el halago el favor del líder. No es sencillo sustraerse a todo eso. Y de vez en cuando aparecen personajes que les hacen la vida tan fácil que pierden todo sentido de la realidad. Camps le pidió a El Bigotes ¡una foto con Obama! ¿Cómo podía pensar que su conseguidor doméstico tendría mano en la Casa Blanca? Hay que ser cateto.

Como consuelo ha salido al quite el comité noruego que concede el Nobel de la Paz. Se lo han dado a Obama sin que haya hecho nada. El mundo anda loco por una foto con el presidente americano: Camps acudió a El Bigotes, las niñas de ZP a su padre y el comité noruego a su premio. Este talismán ha sustituido al anhelo de los franceses de antaño por la Legión de Honor. Los noruegos ya tienen asegurada su foto con Obama. Para envidia de Camps.

Rita Barberá puede ayudar a vender bolsos de Vuitton

Ignacio Martínez | 28 de julio de 2009 a las 11:55

El blog de María Vela Zanetti, recomendado aquí a diario, publica un interesante artículo sobre lo faltos que están los bolsos de Vuitton de un marquetin adecuado. La campaña de Steven Meisel le parece a María propia de un talento agotado con cero glamour. Así que ella sugiere que si Rita fuese la modelo de la próxima campaña sería un éxito.  

 

La verdad es que llevaba un tiempo pensando en hablar, ¡de nuevo!, de la obsesión por los bolsos gigantes en pieles pesadas, ultrarricas, casi torturadas. Cada vez son más feos, casi lúgubres en su patética apuesta por el todo vale si es nuevo y lo lucen las famosas. Lo pensaba mientras veía la campaña de Steven Meisel para Vuitton de esta primavera/verano 2009, con la estereotipadísima imagen de una Maddona de pelo grasiento, rictus de severidad póstuma y maldita la gracia. Cero glamour, todo voluntarismo.

En el vídeo queda claro que, aunque Marc Jacobs, tan tatuado él mismo que parece un bolso con el estampado de Vuitton en colorines, sea un tipo de probado talento, está empezando a cansarse de toda la vaina. La estrella se prueba pulserones y sandalias étnicas, mete el pellejo de la barriga para dentro, y tal vez reza para que aquello se acaba cuanto antes. Toda la escena despide un tufo de talento agotado y de necesidad apremiante por vender, no ya la colección de moda, que por otra parte recuerda al mejor Jean Paul Gaultier de los 80, sino esos bolsos tan aburridos, desfondados y caros, que parecen estar bostezando mientras esperan a la incauta compradora ¿de status?

Bueno, como decía arriba, en esas estaba, yo misma durmiéndome, cuando veo en el periódico, en los tres que leo a diario, la noticia de que el ínclito Bigotes, ese monaguillo dadivoso de la trama corrupta del llorón de Correa, dice que “está comprando unos bolsos en Vuitton para Rita Barberá, alcaldesa de Valencia, como todos los años desde hace cuatro”. Se lo confiesa a su interlocutor telefónico y sin saberlo entra él, tan ajeno al glamour de las pasarelas, en la Pequeña Historia de la Moda Contemporánea.

La filtración ha indignado a la edil, pero aprovechando el asunto propongo que los directores de arte de Vuitton tengan en cuenta a Rita para su próxima campaña. Venderían como locos en la Comunidad Valenciana y, gracias a una modelo tan heterodoxa, los bolsos cumplirían con su secreto objetivo: llegar al santo pueblo votante.

Gürtel: No todos los regalos son iguales

Ignacio Martínez | 21 de julio de 2009 a las 11:27

 

”Barberá

 

Rodeadas por las evidencias de la Operación Gürtel, las huestes heterogéneas de Rajoy, Esperanza Guirre, Camps, Barberá y compañía emiten mensajes contradictorios. “Yo me compro mis trajes, los pago en efectivo con dinero de la caja de la farmacia de mi mujer y no pido factura”. “A mi no me ha regalado ningún bolso El Bigotes y me querellaré contra quien diga la contrario”. “Al Presidente del Gobierno le regala anchoas el presidente de Cantabria, así que habría que procesarle”. “¿Quién no recibe un regalo por Navidad?”. “Todos los políticos de este país reciben regalos“.

En fin, regalos hubo un montón, de los caprichosos y desprendidos jefes de la trama corrupta. Y aquí está la cuestión. Todo el mundo recibe regalos, pero no todos los regalos tienen la misma cuantía, ni el mismo remitente, ni la misma intención. En este país habrá un antes y un después de la Operación Gürtel sobre los límites de la cortesía y la frontera de la ética. Por lo que se ve o se intuye, algunos de estos quejosos dirigentes populares han ido más allá de la cuenta en ambos campos. Al respecto, recomiendo la lectura del artículo de hoy de Alejandro V. García en los periódicos del Grupo Joly.

Asunto aparte es el de las informaciones que aparecen en la prensa. El PP considera que las filtraciones periodísticas que le perjudican son un delito, todo un complot del Estado. Maldades interesadas. El mérito del medio o del periodista que consigue un documento relevante, que la opinión pública merece conocer, pasa a segundo plano si pone en cuestión mi credibilidad pública. Si es al revés, si se trata de desacreditar a mis adversarios se trata de un sano ejercicio de libertad de prensa. En este punto, ya rebasamos no sólo los límites de la cortesía y de la ética, sino también del cinismo.

Gürtel angustia al PP

Ignacio Martínez | 8 de julio de 2009 a las 11:19

 

Veo en la televisión a Cospedal, con cara de no saber qué cara poner, ante la serpiente de la trama Gürtel, que se enrolló primero por las extremidades madrileñas del PP, después por su tronco financiero y ahora por la cabeza valenciana. La pobre secretaria general de los populares ve cómo la trama aparece ante su rostro, dispuesta a morderla y se le pone una sonrisa de pánico, unos ojos pasmados, una voz nerviosa. En la radio, suspira. En fin, aunque sólo fuese por ahorrarle a esta mujer semejantes números un día sí y otro también, Rajoy debería hacer algo. Pero Rajoy en este campo es hombre con sentimientos desiguales. No se apiada de Cospedal, pero sí se compadece de Camps y de Bárcenas.

Al presidente valenciano se le reprocha admitir regalos de prendas y complementos para él y su familia por un valor que podría llegar a los cinco millones de pesetas. Lo del tesorero del PP es más fuerte en términos contables, un millón de euros en sobornos, aunque su papel institucional sea menor. En todo caso, estamos ante dos pretorianos del actual presidente del Partido Popular que los defiende contra viento y marea, ya sea por su legendaria piel de rinoceronte, por lo mucho que les debe o por los enormes disgustos que pueden causarle si caen. La brunete meditática espera de nuevo a Rajoy a la salida de este entuerto

Aunque, en lo que se refiere a la opinión pública, aquí ya han caído varios estandartes. En primer lugar, el de la inmaculada honradez del PP: hace cinco meses, la cúpula dirigente empezó diciendo que aquí no había absolutamente nada, que todo era un complot del juez Garzón, en connivencia con el ministro de Justicia de entonces, Mariano Fernández Bermejo, con el que torpemente coincidió en una cacería. Ese desliz le costó el puesto al ministro y su hábil manejo evitó que perjudicara al PP en su intento de recuperar la Presidencia de Galicia. La misma estrategia funcionó en las elecciones europeas, en donde el excelente resultado en la Comunidad de Valencia llevó a ardorosos y cándidos dirigentes a proclamar la inocencia de Camps por la vía a de las urnas. Un camino ya inventado con éxito hace más de una década por Jesús Gil y Gil. Odioso precedente.

Pero no; no ha habido complot alguno. Al menos tres jueces del Supremo y de los tribunales superiores de justicia de Madrid y Valencia han visto serios indicios de delito en más de una docena de dirigentes populares, a alguno de los cuales le han puesto fianzas de un millón de euros. Aquí no hubo más complot que uno para delinquir de Correa, su socio El Bigotes, y una serie de amiguitos del alma incrustados en la estructura popular que le procuraron a los primeros buenos negocios, no se sabe bien a cambio de qué o por cuánto. El juez de Valencia cree que hay indicios razonables de cohecho en el comportamiento del presidente Camps. No se ha creído que los trajes los pagara él con dinero de la caja de la farmacia de su mujer. Yo tampoco.

La romería de Camps

Ignacio Martínez | 8 de mayo de 2009 a las 8:52

Las noticias del caso Gürtel llenan las páginas de los periódicos, los noticiarios de radio y televisión y en el PP nadie se cosca. Aquí mismo criticamos al ministro Bermejo y al juez Garzón por su imprudencia al coincidir en una cacería cuando ya se habían producido las primeras detenciones. La filtración del sumario secreto durante las campañas electorales vasca y gallega también fue censurada. Pero el caso está ya en manos de otros jueces en Madrid y Valencia, y están cayendo como moscas diputados del PP y ex consejeros autonómicos. A alguno le han puesto una fianza de un millón de euros, como si fuera el capo de la operación Malaya.

Según los jueces, aquí ha habido sobornos, cohecho y corrupción urbanística. En el PP han suspendido de militancia a los afectados, pero nadie da muchas explicaciones. La dirección popular, tras las experiencias gallega y vasca, piensa que este caso Gürtel habrá dado mucha gasolina a la prensa, pero no ha prendido en la opinión pública. También en el PSOE en los 80 pensaron que el asunto del despacho de influencias de Juan Guerra en la Delegación del Gobierno en Andalucía, a pesar del impacto que tenía en los medios, no suponía desgaste electoral. En los 90 pagaron caros los casos Filesa, Roldán, Navarra, etcétera.

De todos los implicados en el caso Correa, el que más me llama la atención es el presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps. De tanto en tanto se le ve en una romería ataviado con camisa tradicional y empuñando un largo cayado detrás de un santo. Se supone que no ha ido para pedirle al patrón local que le saque del apuro, sino como obligación institucional. Pero claro, los periodistas le preguntan cómo se siente y qué piensa de las acusaciones. Y Camps, con cara de pánico, dice que todo es mentira. Todo es que un tal Álvaro Pérez, alias el Bigotes, le regaló trajes por valor de 12.000 euros. Todo es que no conocía a ese sujeto, pero unas grabaciones demuestran que se decían por teléfono “amiguito del alma” y “te quiero un huevo”. Y que el Bigotes le mandaba regalos a la mujer y a la hija del president de la Generalitat. Regalos que a la señora Camps le parecían excesivos de todo punto.

Lo peor de Camps no es que diga, como el protagonista de La aventura es la aventura, “yo no le conozco”, sino que después de haber acusado al juez de Garzón de inventarse la trama, no ha enseñado ni una sola factura de los trajes e intenta que se declare inhábil la instrucción de su caso. El juez valenciano que ahora lleva el procedimiento ha denegado la anulación, porque considera que Garzón no vulneró los derechos del president. Son otros los derechos vulnerados, los de los ciudadanos perjudicados por los 121.000 euros que el Bigotes declaró a Hacienda que se había gastado en trajes de regalo. Camps debería dejar de aparentar y su partido tendría que dar alguna explicación que se aleje de la teoría del complot. El PP se equivoca al creer que el caso Gürtel no supone desgaste electoral, porque a pesar de la crisis no supera al PSOE en las encuestas. La del CIS de ayer es el último ejemplo. Tiene que dejar de esconderse detrás de las romerías.