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La factura eléctrica más cara de Europa

Ignacio Martínez | 5 de abril de 2012 a las 11:10

Más sobre el cuento chino del déficit de tarifa. Joaquín Aurioles publica hoy este artículo en los nueve periódicos del Grupo Joly. La electricidad es más cara en España que en cualquier otro país de la UE, a excepción de Chipre y Malta. Un consumidor español paga un 25% más que la media europea, un 57% más que un portugués y un 60% más que uno francés. ¿Déficit de tarifa? Este es el texto íntegro:

El ministro de Industria aprovechó la presentación del proyecto de Presupuestos Generales del Estado para explicar la subida del 7% en la factura de la luz. La presentación fue un verdadero ladrillo hasta para la prensa especializada, puede que por la aridez del tema o por las escasas dotes de comunicación del ministro, aunque también se puede sospechar una maniobra de distracción para que la subida se diluyera entre el fragor de los Presupuestos y el galimatías de la explicación. A fin de cuentas, el partido que ahora gobierna se lanzó al cuello del Gobierno anterior cuando hace ahora justo un año decidió autorizar un aumento del 9,8%. Demasiadas subidas, dadas las circunstancias, que según las organizaciones de consumidores y también Eurostat,  explica que tengamos la factura eléctrica más elevada de Europa, después de Chipre y Malta. Se deshizo el ministro en explicaciones, aunque no llegó a entrar en porqué la factura ha crecido un 60% en España desde 2007, frente al 8,7% en el resto de Europa, o que el precio que tiene que pagar un hogar español por un kilowatio sea un 25% más caro que el de un hogar medio de la UE, un 57% más caro que un hogar portugués, o un 60 % más que uno francés.

Podría haber dicho que en España se ha hecho una apuesta muy seria y costosa por las energías renovables, que en la actualidad proporcionan un 13,3% del consumo final bruto de energía, y que deberá permitirnos cosechar resultados a largo plazo, pero lo cierto es que en Francia, dónde el peso de la nuclear es muy alto, han conseguido elevar la participación de las renovables hasta el 12,3% y en Portugal hasta el 24,5%. La consecuencia, en cualquier caso, es que la factura de la luz en España se ha convertido en una carga social insoportable para muchos hogares, en un lastre para la competitividad de la economía y es posible que también en un grave problema político de futuro.

Se dice que en el origen de todo está en el déficit de tarifa acumulado, que se estima en unos 24.000 millones de euros y que refleja la diferencia entre lo que cuesta mantener el sistema y el suministro y lo que se recauda a través del recibo. El primer motivo para la suspicacia radica en el propio sistema regulatorio y los incentivos perversos que se derivan de la posibilidad de negociar un precio que permita cubrir los costes de producción, puesto que las empresas podrían obtener beneficios sin necesidad de ser eficientes. Por otro lado, una parte importante de la tarifa al consumidor se fija en el mercado mayorista, que es un mercado controlado por las mismas empresas que oligopolizan la distribución minorista. También se sospecha, y así lo ha reconocido alguna vez la propia Comisión Nacional de la Energía o de la Competencia, que la información que las empresas facilitan al regulador podría ser incompleta y no reflejar adecuadamente los costes de generación. Puestos a ser suspicaces, habría que recordar también la polémica OPA de 23,1 euros por acción lanzada por Gas Natural sobre Endesa en 2005, que terminó cerrándose con los 41 euros que finalmente pagaron Enel y Acciona. Un precio desorbitado e incomprensible, dado el nivel de la tarifa por aquella época.

El recibo de la luz, un cuento chino

Ignacio Martínez | 1 de abril de 2012 a las 10:46

Hoy sube la luz; así sin más. Hay empresas con un coste energético superior a la nómina. Y tenemos un sistema de tarifa opaco, complejo, desfasado. Pero este Gobierno prefiere abordar la reforma laboral antes que meterle mano a una regulación que hizo el Gobierno Aznar en 1997, cuando liberalizó el mercado de la energía. Regulación que condiciona gravemente la competitividad de la economía nacional. Esto se llama reformismo selectivo. Es difícil moverse donde mandan los lobbies.

Ya habrán oído que el coste de la producción es muy superior a lo que se paga en el recibo de electricidad. Pero no es cierto. En absoluto: el déficit de tarifa es un hallazgo lingüístico muy rentable. Cuando el Gobierno de Aznar liberalizó el mercado de la energía en 1997 estableció un baremo teórico del coste de la electricidad que no se correspondía con la realidad. Además el erario público liquidó 8.660 millones de euros a las centrales existentes como compensación por los costes de transición al régimen de competencia. La mitad fue a las centrales nucleares.

Este sector estratégico tiene mucho futuro. En la sexta parte del mundo rica no tiene mucho margen de crecimiento, pero en las cinco sextas partes restantes va a subir enormemente la demanda en el próximo medio siglo. Es además un sector en el que los saltos tecnológicos han sido espectaculares. En el siglo XIX la estrella era un combustible sólido, el carbón. En el XX fueron los líquidos, hidrocarburos. Y en el XXI prima el gas y las renovables.

Y ahora nos dicen que hay que subir el recibo de la luz por el déficit tarifario. No importa que el megavatio hora tenga un coste real de 10 euros en una central hidroeléctrica o de 20 euros en una nuclear y lo vendan a 60, 70 u 80 euros. No importa que todos los suministradores que entran en un pool tengan costes de producción diferentes pero cobren lo mismo por su electricidad. No importa que las compañías estén contabilizando al año unos 3.500 millones más de la cuenta. Hay un déficit de tarifa teórico por el que hoy hay que subir el recibo de la luz. No se revisan los conceptos del recibo, los peajes, las primas, los pool, el mix energético. Continúa la socialización de las pérdidas y la privatización de los beneficios.

He aquí una reforma urgente para un Gobierno valiente.