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Belleza en siete días

Ignacio Martínez | 10 de septiembre de 2011 a las 10:01

La demagogia no descansa. Como en un viejo anuncio de televisión, González Pons embadurna la ajada piel de toro con un ungüento suave, fresco y agradable, la creación de tres millones y medio de empleos. ¡Fantástico! El portavoz del PP es hombre elocuente. Pero se gusta demasiado y comete excesos imprudentes como el del miércoles. Le pidieron que concretase la idea de Montoro de bajar los impuestos a los emprendedores y se sacó de la manga la creación de un millón de empresas y millones de puestos de trabajo.

Como el farol era de campeonato, tuvo que desdecirse: no hablaba de una promesa sino de una aspiración. Y tanto. Para crear un millón de empresas en España habría que fundar 150.000 en Andalucía. Y cuando la economía y la burbuja inmobiliaria iban como un cañón, en los locos años 2000, se creaban unas 20.000 al año en esta región. Harían falta ocho años de crecimientos como aquellos para cumplir con las aspiraciones del político valenciano. Se antoja muy difícil.

En todo caso, vuelven las modas. Las artículos de belleza de los 60, el pantalón campana de los 70 y los modelos conservadores de recuperación de la economía de los 80. La moda, como la materia, ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma. En los 60, hermosas actrices de Hollywood anunciaban en televisión el jabón Lux. Según su eslogan, era el que usaban de nueve de cada diez estrellas de cine. Entonces el discreto actor de cine Ronald Reagan se convirtió en gobernador de California; iniciaba una carrera que le llevaría a la Casa Blanca. También en aquel tiempo se hizo famoso el spot del plan Pond’s de belleza en siete días. La marca neoyorkina popularizó su crema con la promesa de un cutis suave, fresco y agradable. Aquel anuncio de Pond’s es del año en que nació Pons, a quien la inspiración le viene de cuna.

En los 80, Thatcher en el Reino Unido y Reagan en Estados Unidos pusieron en marcha programas económicos, que inspiraron a Aznar en la España en los 90 y están en el recetario básico que se dispone a aplicar el PP: 1. Se reduce el gasto público y se deja margen al sector privado para que genere actividad, crecimiento y empleo. 2. La disciplina fiscal impresiona a los mercados, que bajan los tipos. 3. Se bajan los impuestos. Y 4. La reducción del consumo interno se compensa con las exportaciones. Estas fórmulas tuvieron éxito en épocas de expansión de la economía mundial, pero no está tan claro que funcionen en un periodo de contracción generalizada. Y más cuando se ralentiza el auge de los países emergentes, el crecimiento de occidente es lento, la deuda acumulada enorme y la solvencia de los bancos dudosa.

Y mientras, hay modas que no pasan: nueve de cada diez políticos van a gastar dosis masivas de demagogia hasta las elecciones andaluzas. La belleza en siete días de Pons es sólo una ilusión. Resignación.

El mundo se arruga

Ignacio Martínez | 28 de noviembre de 2008 a las 11:42

El mundo se asusta y se encoge. Se arruga, como consecuencia de la crisis financiera y del paro espantoso que viene en camino, que puede llegar en 2009 en Andalucía al millón de personas, una cuarta parte de la población activa. Se asusta por acciones terroristas osadas como la que ha causado en Bombay unos 130 muertos y más de trescientos heridos. O como la actuación incontrolada de piratas en el Mar de Adén, en Somalia, la última el secuestro de unos periodistas, entre los que hay un fotógrafo español. Y se encoge, porque se hace más pequeño, como la lana lavada con agua caliente.

Tan pequeño se hace este nuevo mundo, que el ataque terrorista de Bombay nos roza. Mientras se producía el múltiple atentado a los hoteles de la zona financiera de la ciudad india, una misión comercial de la Cámara de Comercio de Málaga y el Parque Tecnológico de Andalucía estaba en Pune, a unos 130 kilómetros, y hoy debía desplazarse a Bombay. De hecho, el miércoles por la mañana coincidieron en Bangalore esta delegación malagueña de 24 personas con la madrileña encabezada por la presidenta de la Comunidad de Madrid. Y Esperanza Aguirre estuvo por la tarde en el ojo del huracán.

Ya nada ocurre lo bastante lejos, ni puede pensarse frívolamente que no nos afecta. Una compañía petrolera rusa, perfecta muestra de la economía de su país, controlada por una alianza de nuevos ricos, padrinos, antiguos espías y el aparato del Estado, pretende comprar casi el 30% de Repsol sin lanzar una OPA. El Gobierno español ahuyentó la entrada de la alemana E.ON en Endesa, pero no le hace ascos a que entre esta rusa en un sector estratégico.

Por encima de estos acontecimientos, los dirigentes políticos mundiales no paran de improvisar medidas para taponar la hemorragia de sus economías. Estados Unidos acumula un déficit de un millón de millones de dólares. Los europeos no se quedan a la zaga. Zapatero ha sacado de su chistera ayer en el Congreso un nuevo plan contra la crisis, de 11.000 millones de euros para obra pública, sobre todo municipal, que crearía unos 300.000 empleos. No está mal: este país rebasará pronto los tres millones de parados.

Sobre el montante total de las medidas españolas, confieso que me he perdido: me salen 320.000 millones de euros. Los demás, tampoco se quedan quietos. Gordon Brown ha planteado una espectacular rebaja del IVA, del 2,5%, Sarkozy ultima un plan de ayuda a la construcción y la automoción, Berlusconi ha lanzado una tarjeta social para familias y pensionistas sin recursos… Merkel, más prudente, alerta contra esta carrera de miles de millones. Me pregunto quién pagará la inmensa deuda pública que todo esto va a generar y, sobre todo, cuándo se terminará de pagar la factura. Y mientras los déficits públicos y el terrorismo se estiran, el mundo se arruga.