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Se echa de menos al PSA

Ignacio Martínez | 5 de diciembre de 2012 a las 10:27

Se echa de menos a los andalucistas en la política andaluza. En el Parlamento regional, más aburrido que nunca, dedicado en cuerpo y alma a la defensa o ataque al Gobierno central. El cuarto actor de la vida parlamentaria desde 1982 a 2008 parecía destinado a mayores gestas en los 70, cuando marcaba el paso a los demás. Tanto, que Julio Anguita lo reconocía en este diario en marzo: “No tengo empacho en decir que el PSA nos hizo andalucistas”. Pero Escuredo, un presidente carismático, embarcó al PSOE en una empresa de la que recelaba al principio y de la que se benefició electoralmente después. Y los andalucistas se quedaron sin bandera.

En 1977 eran un partido extraparlamentario. Pero fueron los primeros en pedir una manifestación pública pro autonomía, que después fue convocada por la asamblea de parlamentarios. Un año después, el 4 de diciembre de 1978, cuando se firmó el pacto autonómico de Antequera, en el que se pedía “la autonomía más eficaz”, volvieron a reclamar que no fuese la más eficaz sino la máxima que reconocía la Constitución. En fin, como resultado de todo eso, en 1979 sacaron cinco diputados en el Congreso. Los errores en el proceso para desbloquear el resultado del referéndum del 28 de febrero de 1980, con un pacto mal escenificado de Rojas Marcos con Suárez, les dejaron malparados y ya no recuperaron aquella pujanza.

Treinta y cinco años después de la manifestación de 1977, el malagueño Manuel José García Caparrós impunemente asesinado entonces (ya habría cumplido los 54), va a ser reconocido por la Junta como hijo predilecto de Andalucía, y ya casi nadie se acuerda del partido animador de la autonomía andaluza en sus inicios. El más perdurable de los jefes del Partido Comunista en Andalucía, Felipe Alcaraz, lamentaba esto último ayer en un tuit: “Es injusto que no aparezca el PSA a la hora de rememorar el 4D”.
El 4 de diciembre es objeto de nostalgia y de una cierta usurpación. Los socialistas se quedaron con el filón electoral que suponía la nueva administración, que no han compartido nunca, ni en los ocho años de cómoda cohabitación con los andalucistas, ni en el actual bipartito en el que los herederos de Alcaraz tienen poco peso, como ha puesto de manifiesto el resultado de la comisión de investigación de los ERE. Alejandro Rojas Marcos, el líder andalucista, cree que Andalucía está hoy día peor posicionada que en los 70.

Su partido también está peor, a pesar de sus 500 concejales, ausente del Congreso y el Parlamento andaluz. Víctima de sus errores, desde luego, aunque los defectos se suelen perdonar con más facilidad a los partidos grandes. Pero Rojas Marcos, que es un optimista histórico, cree que puede revivir. Sostiene que es el único partido de España que ha continuado tras un desastre electoral. En su caso de varios. No sobrevivieron ni el PSOE de Tierno, ni los doce otros miembros de la Federación de Partidos Socialistas de la transición; ni siquiera el PCE, que se inventó IU…  En cualquier caso, su falta de empuje actual le ha sentado muy mal al conjunto de la región. Sin animador, nos quedamos desanimados.

23 de mayo de 1982: parece que fue ayer

Ignacio Martínez | 23 de mayo de 2012 a las 12:56

Tal día como hoy hace 30 años se celebraron las primeras elecciones autonómicas andaluzas, con un triunfo aplastante del PSOE liderado por un joven abogado sevillano de 38 años. Rafael Escuredo ha sido el más carismático de los cuatro presidentes que ha tenido la Junta, todos ellos licenciados en Derecho en la Universidad Hispalense. En contra de la tendencia jacobina dominante en su partido abrazó la bandera del andalucismo, que por entonces blandía en solitario el PSA, con tal éxito que el PSOE se instaló en el poder durante tres décadas. Por cierto, que los socialistas consiguieron aquel 23 de mayo de 1982 su mejor resultado, con 66 de los 109 diputados del Parlamento andaluz.

La franquicia andalucista le fue después muy útil al Partido Comunista, transmutado en 1986 en Izquierda Unida, Convocatoria por Andalucía, Los Verdes. Hace poco, en una entrevista en este diario, Julio Anguita reconoció que el PSA hizo andalucista a su organización. IU-CA sacó su mejor resultado en 1994, en la legislatura de la pinza, con 20 diputados. Entonces pudieron entrar en el Gobierno andaluz, pero no quisieron. Soñaban con el sorpasso; pensaban que podrían sustituir a los socialistas en el liderazgo de la izquierda. Pero fue entonces cuando estuvieron más cerca de su actual socio de gobierno en número de escaños.

A los que, al final, no les ha sido tan útil su propia causa ha sido a los andalucistas, animadores de la vida política andaluza en los 80, que terminaron la década con su récord en el Parlamento regional: 10 diputados en 1990. Los años 90 fueron más tristes, estuvieron de comparsas en un gobierno de coalición entre 1996 y 2004, y se convirtieron a continuación en extraparlamentarios. Y, ya que estamos, el mejor resultado del PP han sido los 50 diputados de este 25 de marzo. Porque en mayo del 82, AP sacó sólo 17 escaños, a una distancia sideral de la candidatura encabezada por Escuredo.

Fueron tiempos de prueba y error. Escuredo lanzó la reforma agraria, la revolución cultural, reclamó transferencias y el guerrismo lo eliminó. Su sustituto, Borbolla, se creyó el cargo y la función. No duró dos años como su antecesor, sino seis, pero también fue apartado del poder. Con frecuencia recuerda en público con cierta sorna que él no se fue porque quisiera. El siguiente presidente, Chaves, vino a la fuerza y se quedó casi 19 años. Su marcha no fue traumática como las anteriores. El traspaso a su amigo Griñán fue modélico, pero su convivencia posterior se envenenó. El entorno del nuevo inquilino de San Telmo repudia todo lo que suena a chavismo. Es un extraño maleficio; no hay alternancia, pero sí rivalidad dentro de la familia gobernante.

Los hay (y las hay) que han participado en la corte de varios presidentes. Estos socialistas aduladores (y aduladoras) podrían parafrasear a Gardel y cantar que 30 años no son nada. Cuando uno está cómodamente instalado en el poder, el tiempo es un agradable suspiro.

Manual de instrucciones para formar gobierno

Ignacio Martínez | 21 de marzo de 2010 a las 10:03

Ya saben que a los periodistas nos encanta el deporte de especular con el Gobierno que viene, sea nacional, regional o local. Hay que añadir que a los lectores les complace semejante ejercicio, porque tiene éxito de público. Ahora intentamos adivinar cuándo, cómo y con quién aparecerá el gabinete Griñán II. Y se me ocurre proponer un test de memoria histórica. ¿Qué hizo Escuredo en el verano del 82 para componer el primer Gobierno autonómico andaluz? Pues una cosa muy simple: puso a un licenciado en Derecho en Gobernación, a una administrativista en Presidencia, a un economista en Economía, a un inspector fiscal en Hacienda, a un arquitecto en Política Territorial, a un agricultor en Agricultura, a un inspector de Trabajo en Trabajo (y a otro inspector de Trabajo de viceconsejero del ramo, el actual presidente Griñán), a un médico en Salud, a un profesor en Educación, a un doctor en Filosofía en Cultura y al director de una feria de muestras en Turismo.

Si alguien piensa que cualquiera vale para no importa qué cosa, que imagine a Guardiola poniendo a Messi de portero o defensa central. Pero con el tiempo las cosas se instalan en la rutina y durante el largo califato de Chaves se consagraron una serie de costumbres perversas en el manual-de-instrucciones-para-formar-gobierno, basadas en tres principios: la provincia, la familia y el género. Así de pronto surgían encargos de laboratorio. Por ejemplo, sin ánimo de señalar: mujer, Educación, de Almería. Haría bien el presidente en zafarse de semejante práctica, pero no lo hará. No puede. No lo ha hecho en la composición de su primera Ejecutiva, en la que ya se adivina algún movimiento adelantado, para compensar otros que prevé en el Gobierno. Aunque creo que es sincero cuando hace el discurso del mérito y la cualificación, ni en el primer escalón ni en los segundos niveles del gabinete Griñán I ha destacado especialmente ese criterio.  

En todo caso, no estaría mal recuperar algo del sentido común de los primeros nombramientos del lejano verano del 82. No suena mal que los economistas se ocupen de áreas económicas, los médicos de la sanidad y los políticos puros de Presidencia. No se trata de reclamar tecnócratas, sino de exigir un alto conocimiento y experiencia en la materia que se va a gestionar. Pero en fin, este juego de teorías e hipótesis tiene como principal virtud la de ser un deporte efímero, porque la solución está al caer. Es cuestión de días más que de semanas. Que dios reparta suerte.

Manaute

Ignacio Martínez | 10 de enero de 2010 a las 10:54

Miguel Manaute murió el viernes a los 65 años. Fue el primer consejero de Agricultura de la Junta, en 1982, en el jovencísimo gabinete del presidente Escuredo. Siguió de consejero hasta la caída del presidente Borbolla en 1990. Se trataba del hombre que puso en marcha la reforma agraria, una ley que pretendía modernizar el campo andaluz y aumentar su productividad. Aprobada por el Parlamento andaluz en 1984, la reforma agraria se aplicó con dificultad, frenada por la protesta y los recursos judiciales de la patronal Asaga. Antes y después de la Junta, Manaute fue muchas otras cosas en la vida. Pero en todas dejó la imagen de hombre serio, juicioso y bueno.

Parece un recurso clásico, pero no lo es. Conocí a Miguel a finales de los 70, cuando era un joven dirigente agrario de UAGA. Una época curiosa, en la delegación del Ministerio de Agricultura era difícil conseguir datos técnicos o estadísticos y surgieron como referente las organizaciones agrarias profesionales, años antes que la administración autonómica. Asaga era la más potente, pero Miguel era frecuentemente consultado sobre cultivos o política agraria por los jóvenes periodistas de entonces. Era un hombre preparado, moderado, tranquilo, como creo que demostró después en su vida pública. También didáctico, le gustaba que sus interlocutores aprendieran sobre agricultura, no pasar cuatro datos. Subrayo su moderación, a pesar de que la reforma agraria levantó pasiones y enfrentamientos hace un cuarto de siglo.

Coincidimos en Bruselas en los 90. Y recuerdo de manera particular nuestro último encuentro, en octubre de 2007, cuando ya había dejado la alcaldía de El Arahal. Fue en el Diario de Sevilla, para hablar, con la perspectiva del tiempo, de la reforma agraria, con Pepe Bohórquez, que tanto la combatió desde Fasaga, y el antiguo líder jornalero Paco Casero. Los reunidos no se pusieron de acuerdo sobre el pasado, pero sí sobre el futuro. Manaute era un hombre de campo, que amaba la agricultura como un oficio imprescindible para nuestro sistema de vida. A modo de epitafio, recojo una frase suya de aquel debate: “Hay que cambiar la imagen que se ha instalado en la Unión Europea, de que el agricultor es un pedigüeño, un contaminador y un parásito social”. Hasta sus adversarios de los 80 comparten este pensamiento.

”Fotografía

Arenas, en busca de la alternativa

Ignacio Martínez | 15 de diciembre de 2009 a las 23:14

El horizonte de 2012 es la clave de toda la estrategia que Javier Arenas desarrolla en Andalucía, a un ritmo frenético, desde que hace un año y nueve meses perdiera por tercera vez contra Chaves las elecciones regionales. Es su última oportunidad. O no, porque éste no es el único papel político que juega en su partido. Hoy por hoy, es el hombre fuerte del PP nacional. Desde hace 18 años no falta ningún lunes por la mañana a la reunión de maitines de la sede del Partido Popular en la calle Génova de Madrid, 13 años con Aznar de presidente y cinco con Rajoy.

La preparación de las elecciones municipales y la designación de candidatos le permitirán dar paso a otra generación, y renovar la cúspide de su partido con gente joven. No es una novedad, ya lo ha hecho con mucha soltura o descaro, según se mire, para sustituir a presidentes provinciales con fuerte apoyo en la organización como Joaquín Ramírez en Málaga, o alguien con gran pedigrí institucional como Pedro Rodríguez en Huelva. También pretende alguna sonada apertura al centro y al andalucismo a modo de fichaje.

Todo esto ya lo tiene en la cabeza, pero no suelta prenda, por su particular manera de gobernar el partido, un liderazgo definido por distintas fuentes populares de manera diversa: personalista, autoritario o maniobrero, pero desde luego solitario. Siempre le ha gustado repartir los papeles entre sus principales colaboradores, y propiciar la rivalidad entre ellos: en los 90 entre el portavoz parlamentario Manuel Atencia y el secretario general Juan Ojeda, y en los 2000 entre la presidenta regional Teófila Martínez y el secretario general Antonio Sanz.

En la actualidad, la historia se repite entre el propio Sanz, como secretario, y la portavoz parlamentaria Esperanza Oña. Hay sesiones en las que ambos quieren replicar en simultáneo una alusión desde las filas socialistas, y se disputan la palabra o el amparo de la presidencia, para confusión de propios y extraños. El lado bueno de esta pugna evidente es que los dos son parlamentarios muy eficientes. Incluso hasta brillantes, aunque cortados por el mismo patrón: muy buenos en el juego duro y faltos de sutileza para la ironía o el sarcasmo.

Una de las máximas de Arenas es que la gestión de un partido es un máster en relaciones humanas. Hay que tener mucho cuidado con los movimientos y con los afectados colaterales. La administración de equipos es uno de sus cometidos más delicados. Ejerce, en todo caso, un hiperliderazgo indiscutido. La adhesión al jefe es tal, que recibe del orden de ocho o nueve invitaciones de boda al mes, de afiliados del partido. Uno de sus allegados sostiene que “es el que más manda porque es el que más trabaja“, quizá seguido de su fiel escudero Antonio Sanz.

El secretario regional del partido no genera muchos afectos en la organización. El PP reserva el papel de malo de la película a sus secretarios generales. Arenas ha comentado en alguna ocasión que cuando en enero de 1999 preparó con Aznar el congreso en el que iba a ser nombrado secretario del partido decidieron quiénes iban a seguir, entrar o salir de la dirección nacional. Entonces preguntó cómo se comunicaban los cambios y Aznar le contestó que él llamaría a los que seguían o se incorporaban y Arenas debía llamar a los que cesaban. Esta función la interpretaba, con mano de hierro, Álvarez Cascos, antecesor de Arenas en el cargo: tanto que le llamaban en general secretario.

Sea como fuere, cuando Juan Ignacio Zoido (nacido en 1957) dejó la secretaría general del PP andaluz, para ser candidato a la Alcaldía de Sevilla en las elecciones de 2007, los ocho presidentes provinciales propusieron para el cargo a José Luis Sanz (1968), pero Arenas nombró a Antonio. Otra de las máximas de Javier Arenas (1957) es que no siempre coinciden liderazgo y gestión, incluso que casi nunca coinciden. Y Antonio Sanz (1968) se dedica a la gestión en un partido presidencialista, lo que le obliga a muchas horas de despacho y a cargar con los problemas internos.

No hay un delfín, sin embargo. Un dirigente popular andaluz recurre al despiece silábico para explicarlo: “como se trata del fin del liderazgo de alguien, el interesado no está por la labor de alentarlo o adelantarlo”. Hay un pequeño cuadro de honor con los posibles candidatos a una eventual sucesión. En cabeza en el ranking, en este momento, está el presidente provincial y candidato a la Alcaldía de Córdoba José Antonio Nieto (1970), joven, audaz y buen orador. No está solo: junto a los Sanz, Oña (1957) o Zoido, también figuran los nombres de los alcaldes de Motril, Carlos Rojas (1970); de Adra, Carmen Crespo (1966), o de Marbella, Ángeles Muñoz (1960). E incluso el del presidente provincial y candidato a la Alcaldía de Jaén, Fernández de Moya (1969). Todos son diputados del Parlamento regional. “No es por nada, pero ahí hay un gobierno andaluz mejor y más joven que el actual de los socialistas“, sostiene orgulloso un destacado militante popular.

Pero en el PP no hay especulaciones. Muchos de los interlocutores de este reportaje sostienen que el hombre o la mujer que sustituyan a Arenas puede no estar en el candelero. Y todos coinciden en que al jefe no le gustan los delfines virtuales. “Eso ha perjudicado a Carlos Rojas, que ya no aparece destacado en las fotos, y puede dañar a José Antonio Nieto”. El de las fotos oficiales con Arenas es un capítulo que tiene expertos analistas en el lenguaje de los signos: “Si estás a su derecha o a su izquierda, o en la primera fila de una foto, en una reunión organizada por él en Sevilla, estás bien cotizado. En caso contrario, si estás en segunda fila o no apareces, estás en baja“. Hace dos meses organizó en Grazalema un fin de semana familiar con Rajoy. Y se hizo acompañar por el secretario regional, el presidente y la secretaria de Cádiz. Normal. Pero también iba en la excursión la alcaldesa de Marbella, Ángeles Muñoz, que es de otra provincia. El termómetro sucesorio se disparó. Sobre todo, porque las fotos elaborando queso payoyo en una granja escuela dieron la vuelta a España. Varios arenólogos de la mejor confianza, sin embargo, descartan que Titi Muñoz sea lo que los ingleses llamarían the coming woman.

Esta descripción se complementa con otra: Arenas tiene la virtud de colocar secretarios provinciales que no son del agrado de los presidentes, para estimular el espíritu de competencia. Se lo hizo en el pasado dos veces a Joaquín Ramírez. Y se lo ha hecho, sin ir más lejos, a Nieto en Córdoba, con Federico Cabello de Alba, antiguo comisario provincial de Policía. El liderazgo de Arenas está lejos del cesarismo de Aznar, pero no exento de algunos gestos sutiles, muy significativos: en las frecuentes reuniones de la organización en hoteles, a mitad de la sesión suele pedir un descafeinado de máquina con leche, para él solo, que se toma ante la atenta mirada de todos los demás.

La interpretación de los gestos de Arenas como símbolo de afecto o desafecto choca con su cordialidad natural. Quien le haya visto en los últimos meses en compañía de Esperanza Aguirre podría pensar que siguen teniendo la entrañable relación de antaño, cuando formaban con Piqué un grupo de la máxima confianza mutua, en el núcleo duro del aznarismo. Los dos son tan zalameros y se dedican tales piropos y carantoñas, que cualquiera diría que están en el mismo bando. Pero no, ahora están en campos enemigos. Aguirre quiso el puesto de Rajoy tras la derrota popular en 2008, y Arenas se convirtió en el principal valedor del presidente del Partido Popular. Sigue siendo un peso pesado en el epicentro del poder en el PP. A la pregunta de si Arenas tiene despacho en Génova, la respuesta es contundente: ¡una planta entera! La tercera, dedicada a la política autonómica y local, es su territorio: desde allí tiene línea directa con el poderoso secretario de Organización, Juan Carlos Vera. Circula la especie de que manda más que Cospedal. Algunos signos externos así lo muestran. Un parlamentario nacional recuerda que en la interparlamentaria del PP en La Coruña en octubre del año pasado la secretaria general no tenía un vehículo asignado y Arenas disponía de dos.

Sus relaciones con Cospedal no son un idilio desde hace años, pero tampoco malas. De hecho, no tiene enemigos en el partido. Quizá sólo haya tenido uno claro: Eduardo Zaplana, rival encarnizado desde que ambos eran dirigentes de las juventudes de la UCD. Está a partir un piñón con Gallardón, y su relación con Rajoy no ha hecho más que consolidarse. En la convención de Barcelona de hace un mes llamó mucho la atención su ausencia en la clausura del domingo. Lo que pocos saben es que se llevó, mano a mano con Rajoy, toda la tarde del sábado preparando el discurso final del presidente de su partido.

Este escenario de afectos y confianza, lleva a algunos en el PP a pensar que Arenas podría ser vicepresidente en un eventual Gobierno de Rajoy en 2012. Una teoría que se basa en la hipótesis de que el PP sea el partido más votado en España y en Andalucía, pero no tenga mayoría para gobernar aquí. No obstante, Arenas repite a quien quiera oírle que si se dieran esas circunstancias, se quedaría cuatro años más en el Parlamento andaluz, para llegar a San Telmo en 2016. Aunque lleva toda la vida en la política, el presidente regional del PP no tiene todavía los 52 años; los cumplirá en dos semanas, el día de los Santos Inocentes. Y su currículo como parlamentario andaluz no llega a cuatro años en total.

En su haber está que ha sido vicepresidente del Gobierno y ministro en tres carteras distintas. En su contra, una cierta leyenda de que no es capaz de crear equipos: “Es más hombre de favoritos que de equipos. Y para consolidar su liderazgo indiscutible le falta un equipo al que mandar, como el que fue capaz de crear en su momento de mayor capacidad, cuando llegó al Ministerio de Trabajo en 1996“. En el interior del partido, no todo son lisonjas, como puede verse. Sus críticos, todos anónimos, insisten en que “está siempre enredando, nunca quieto, rodeado de una corte de aduladores”. Pero él, parece que lo sepa. Un observador interno hace un curioso paralelismo: “es tan distante con los cercanos, como sólo Chaves era capaz de ser”. A lo que la misma fuente añade “una cordialidad en el trato directo, similar a la de Escuredo o la de Griñán”.

En el PP se miran en el espejo del PSOE, para según qué cosas. En el entorno del presidente regional admiran la capacidad de los socialistas para “cerrar sus crisis con un mensaje único”. Otros consideran que “en el PSOE el poder orgánico significa algo, en el PP nada”. Una de las coincidencias de todos los dirigentes populares consultados es el respeto a los alcaldes de las grandes ciudades, todos ellos vicepresidentes regionales del partido, en una Ejecutiva que tiene más de 150 nombres. Arenas parece siempre muy seguro de sí. Se le atribuyen dos grandes capacidades. La primera, es su memoria prodigiosa, que le permite reconocer en Córdoba a una persona a la que vio en un mitin varios años antes en Palma de Mallorca, o recordar el nombre de cualquier militante de un pueblo.

La segunda es su mentalidad ajedrecística: mueve los peones con gran habilidad. A veces se equivoca. Y, a veces, lo reconoce. Por ejemplo, admite que fue un error defenestrar al alcalde popular de Almería Juan Megino en 1999. Un fallo que le costó la alcaldía y una escisión. En las tareas pendientes de Arenas para el año próximo, destaca aumentar la calidad de las propuestas alternativas de su partido en asuntos económicos, fiscales, presupuestarios o educativos. También, mejorar la ubicación social del PP en Andalucía: los votantes del partido se consideran más centristas que las siglas. Abrirá la organización a figuras destacadas de la sociedad, entre las que no estará Manuel Pimentel. Ambos han recuperado la amistad perdida, pero el dirigente añorado por algunos en el PP se ha desenganchado por completo de la política y es irrecuperable. Entretanto, Arenas sigue con su ritmo frenético, a base de 2.000 kilómetros a la semana por las carreteras de Andalucía. En busca de una alternancia difícil pero posible al Gobierno de la Junta.

Griñán, el hombre tranquilo

Ignacio Martínez | 12 de abril de 2009 a las 16:34

El político más famoso del mundo, el presidente Obama, tiene prestigio de gran orador. Sus discursos se cuelgan en YouTube como si fueran canciones de culto, con millones de visitas. Pero Obama no escribe sus discursos. Se los hace un jovencito de enorme talento, Jon Fravreau. De hecho, pocos políticos escriben sus discursos; el dramaturgo y político checo Václav Havel es una de esas excepciones. Otra es José Antonio Griñán. El vicepresidente económico del Gobierno andaluz y candidato ‘in pectore’ a la Presidencia de la Junta no es economista, sino un hombre de letras. De hecho, quiso estudiar la carrera de Filosofía y Letras en los años 60, pero su tío Rafael Martínez Emperador, hermano menor de su madre, le recomendó que hiciese Derecho y preparase oposiciones a inspector de Trabajo.

Con 23 años sacó esas oposiciones con el número tres de la promoción de 1969. Con su tío trabajó cuando era director general de la Seguridad Social a mediados de los 70. Martínez Emperador fue asesinado por ETA en 1997 cuando era magistrado de la Sala de lo Social del Supremo. Un atentado que ha marcado su vida, como otros hechos menos dramáticos y más antiguos. Por ejemplo, una novela que leyó a finales de los 60, que es la que más le ha impresionado; ‘Guerra y paz’ de Tolstói. Es un dato relevante en una persona que lee cuatro o cinco libros al mes. Griñán es un gran lector y un cinéfilo empedernido. En particular del cine negro de los 50: hay películas que es capaz de explicar plano a plano y recitar todos sus diálogos.

Otra de sus grandes aficiones es la ópera. Se sabe de memoria obras completas, y se atreve a cantar alguna pieza. Ha utilizado con frecuencia este recurso para relajar a su equipo en los duros momentos de preparación de los presupuestos, cuando las cuentas no cuadran y aumenta la presión de las consejerías. Tiene la colección completa de los discos de Alfredo Kraus, con quien tenía una relación de amistad. Por cierto, que la redacción de los presupuestos de este año le ha costado fuertes críticas de la oposición, con razón, por su pretensión de que en 2009 subiría el PIB andaluz un 1%. Él se ha justificado con un dossier lleno de previsiones optimistas de organismos internacionales. Pero lo cierto es que mientras con esos datos Solbes y Griñán aventuraron un crecimiento para España y Andalucía, a su correligionario catalán Antoni Castells le salieron las cuentas de una recesión en Cataluña. Y acertó.

Aunque nacido en Madrid en 1946, José Antonio Griñán está muy vinculado a Andalucía. Es hijo de malagueña, marido de una sevillana, María Teresa Caravaca, y diputado por Córdoba. Dos de sus tres hijos, Ana y Miguel, nacieron en Sevilla, que fue su segundo destino como inspector de Trabajo en 1974, después de Zaragoza, donde nació su primogénito Manuel. Ahora tiene tres nietos y una nieta. Dos de su hijo mayor, residente en Madrid y casado con una gallega, vinculación que ha generado una amistad con sus consuegros, que le lleva a veranear todos los años a la tierra de su nuera. De su hija, que vive en Sevilla, tiene un nieto y una nieta. Sus allegados lo encuentran feliz de ser abuelo, tanto que era su argumento recurrente para negar cualquier posibilidad de aspirar a la Presidencia de la Junta.

Su parentela gallega ha ejercido influencia en su dialéctica. Hace un año, cuando comenzó su andadura el actual gobierno en funciones resolvía de manera galaico-teológica a la posibilidad de que Chaves no terminara la legislatura en el cargo: “Puede ser que sí y puede ser que no. En todo caso, es como Dios; si existe no interviene en la marcha del mundo. La eventualidad de un relevo es igual; no afecta a la marcha del Gobierno”.

En la época en que llegó a Sevilla, al final de la dictadura, fue uno de los firmantes del documento de los 500, un escrito en el que por primera vez un grupo de altos funcionarios del Estado pedían democracia y amnistía. En esos años colaboró, junto a Joaquín Galán y su compañero de promoción Enrique Vila, con los despachos de Capitán Vigueras (Felipe González, Rafael Escuredo, Manuel del Valle, Ana María Ruiz Tagle…) y de José Julio Ruiz, vinculados a los sindicatos UGT y Comisiones Obreras, entonces ilegales. “Si había un expediente de crisis, los abogados laboralistas nos pedían que explicásemos a los enlaces sindicales los detalles de la tramitación”, explica uno de sus compañeros de entonces.

Es uno de los fundadores de la Junta de Andalucía. Entró en el primer Gobierno de Rafael Escuredo, como viceconsejero de Trabajo con su viejo amigo y colega de la inspección Joaquín Galán. Cuando llegaron, la Consejería tenía 58 funcionarios, y cuando se fueron cuatro años después, había más de 20.000. En aquellos primeros años de la autonomía estaba muy preocupado porque se notase que las políticas tenían una componente social. Suya es la frase de “hacer un nuevo mundo con viejas ideas como el diálogo político y el diálogo social”. En la segunda legislatura pasó a ser viceconsejero de Salud con Eduardo Rejón. Dada su condición de buen componedor, Rejón le encargó arreglar las relaciones entre la Junta y los colegios de médicos, que estaban envenenadas en aquellos tiempos. También puso en marcha el reglamento del SAS, que estaba recién constituido.

Cuando en 1987 nombran ministro de Trabajo a su amigo Manuel Chaves, se va de secretario general técnico del Ministerio a Madrid. En aquel equipo de dirección era famosa su preocupación por el lenguaje de los textos jurídicos, “para que lo entiendan los ciudadanos a los que van dirigidos”. Allí le coge la huelga general de diciembre de 1988. Volvió a Andalucía con Chaves en 1990 para ser consejero de Salud. En esa época se corrigió en parte el problema de la financiación de la sanidad andaluza. Enseguida se fue a Madrid de ministro de Sanidad (92-93) y de ese Ministerio pasó al de Trabajo, en donde dio una vez más muestra de su capacidad de convicción: consiguió con el Pacto de Toledo garantizar el sistema nacional de pensiones. Fue diputado en Cortes entre 1993 y el 2004, cuando de nuevo le reclamó Manuel Chaves para convertirlo en consejero de Economía.

Su fama de negociador ya se la ganó en el consejillo de viceconsejeros de la Junta en 1982. En aquellos tiempos fogosos a veces se generaban tensiones entre departamentos “y él solía sosegar esas situaciones”, cuenta uno de los protagonistas. Le iría bien el eslogan de Mitterrand en 1981: La fuerza tranquila o el título de una película clásica de John Ford: El hombre tranquilo. Su mano izquierda pasó a ser legendaria hace poco, cuando deshizo los entuertos que había entre la Iglesia Católica y La Junta a propósito de CajaSur, heredados de la época de la consejera Magdalena Álvarez. Su entendimiento con el obispo de Córdoba, monseñor Asenjo, desbloqueó la situación. 

Es muy aficionado a las carreras de fondo. Celebró su sesenta cumpleaños, corriendo una media maratón en Sevilla. Es de ejercicio diario, que recomienda como fuente de salud y recurso para rebajar la tensión. Es menos conocida su afición a las carreras de caballos, que le viene de su padre y han continuado sus hijos. Llegó a comprar en los años 70, con otros 36 amigos, la yegua Picarana que ganó dos carreras en Madrid y estuvo a punto de ganar una de vallas en el hipódromo de Sevilla, pero se cayó en el último obstáculo, cuando tenía asegurado el triunfo. Su padre, Octaviano, que fue director del Banco Mercantil e Industrial en Sevilla y consumado periodista hípico, tuvo incluso una revista especializada en la materia, Corta Cabeza, en donde el futuro presidente de la Junta escribió unas celebradas crónicas bajo el seudónimo de Riu Kiu, el nombre de su caballo favorito. Su hijo Manuel tiene ahora un caballo, Mendavia, que el viernes quedó segundo en una carrera en el hipódromo de Mijas.

Es elocuente, seductor y buen conversador, de la escuela de Felipe González, como otro felipista clásico, el ministro Rubalcaba. Hombre culto, de los que pueden regalar un libro del poeta del siglo de oro Garcilaso de la Vega. Es tímido si no tiene confianza, pero le sobra sentido del humor. Se diría que es coqueto, cuida mucho sus corbatas aunque presume de que no las compra. Se entiende que se ocupa de esa tarea su mujer, ‘Mariate’ en el círculo familiar. Algún amigo próximo dice que no lleva bien la edad, que se siente más joven que lo que su físico dice.

Nunca ha tenido cargos orgánicos en el partido, aunque es miembro del comité federal. Los máximos dirigentes del PSOE andaluz hablan de él con gran respeto. “Se ha sabido ganar la confianza del partido”, sostiene Luis Pizarro, vicesecretario regional. En el partido dicen que Andalucía vive un momento histórico, por el relevo y por la crisis. Chaves, que le ha propuesto para el cargo, tutelará su primer mandato presidencial: se quedará como secretario general hasta el próximo congreso del PSOE andaluz, que se celebrará tras las elecciones de 2012. Aunque será una tutela amistosa: ya ha dicho que sólo le dará consejos si se los pide.

El momento es histórico también en materia futbolística: después de un primer presidente de la Junta sevillista, Escuredo, y dos béticos, Borbolla y Chaves, llega el turno a un colchonero. El Atlético de Madrid es el club de los amores de Griñán, Zarrías y el consejero de Deportes Luciano Alonso. Si Galicia le da pie para respuestas evasivas, el Atlético le anima a la épica. A Griñán le gusta contar una anécdota de Harold Macmillan, el primer ministro conservador del Reino Unido entre 1957 y 1963: cuando dimitió, un periodista le preguntó qué había sido lo más complicado y contestó, muy británico, “los acontecimientos, amigo, los acontecimientos”. El candidato a la Presidencia de la Junta añade de su cosecha que “en política hay que saber navegar de bolina, con viento a favor y con viento en contra” . Y en este punto saca a pasear su espíritu colchonero: “Nosotros estamos muy bien dotados, porque los del Atlético estamos acostumbrados a luchar contra las adversidades”. La frase “los del Atlético” es una simplificación. Si no, que le pregunten este año a los seguidores del Cádiz, del Recre, del Córdoba o del Betis.

El próximo gobierno será un gabinete contra la crisis, pero no de tecnócratas. Griñán se muestra muy partidario de los Gobiernos políticos, más que de los técnicos: “Le doy un alto valor a la política; es una ciencia, un arte y una cultura, que va más allá del conocimiento de la materia que se gestione. Se trata de saber hacer, porque en la política, como en la vida, la línea recta no es siempre el camino más corto”. Y será también un gobierno con muchas mujeres, no sólo porque lo exija la ley: “Es más fácil trabajar con mujeres; son más concienzudas, muy trabajadoras y cumplidoras”. Lo que no es óbice para que uno de los pasajes de una de sus óperas favoritas, Rigoletto de Verdi, diga “la dona e mobile qual piuma al vento”. Además, le gusta todo lo de Verdi y todo lo de Mozart, en particular Figaro y Don Giovanni, que curiosamente trascurren en Sevilla. 

En materia musical es más clásico que moderno. Le gusta Moustaki, de sus años mozos, y siempre ha sido seguidor de los Beatles, pero más ahora, que necesita una pequeña ayuda de sus amigos.

Efemérides (versión larga)

Ignacio Martínez | 9 de enero de 2009 a las 18:54

Los años, como los lugares o las personas, provocan coincidencias felices. En 2009 se acumulan las efemérides de Carlos III. Se cumplen 250 años de la llegada al trono español, desde Nápoles, del rey que fundó las nuevas poblaciones en Sierra Morena y otros puntos de Andalucía. Este año, también es el centenario del nacimiento de tres ilustres andaluces: Domínguez Ortiz, Antonio Mairena y Caracol. El historiador Antonio Domínguez Ortiz es autor de obras clásicas sobre la decadencia de la España de los Austria, las clases privilegiadas en el Antiguo Régimen o sobre Carlos III y la Ilustración.

En otro de sus libros, Las alteraciones andaluzas, don Antonio relata un levantamiento popular ocurrido en la región a mediados del XVII, que coincide en el tiempo con otros sucedidos en Inglaterra, Italia, Francia o Polonia, por la escasez de víveres. Pero Domínguez Ortiz sostiene que en Andalucía el motivo fue el peso de los tributos y la dureza de los nobles. Por entonces, aquí se comía buen pan de trigo. Así lo afirma un religioso francés que vino en 1603. Se llamaba Bartolomé Joly, con el apellido de los editores de este diario. Su texto, un magnífico relato periodístico, estuvo inédito durante siglos, y no fue publicado hasta 1909. Por tanto, también es su centenario.

Antonio Cruz García era descendiente de una familia de gitanos asentada en Mairena del Alcor en época de Carlos III. Fue conocido en el mundo del flamenco como Antonio Mairena, maestro del cante, heredero de Manuel Torre, Joaquín el de la Paula o los hermanos Tomás y Pastora Pavón. Otro gran cantaor flamenco, Manuel Ortega Juárez, también nació hace cien años. Caracol ganó en 1922 el Concurso de Cante Jondo organizado en Granada por García Lorca.

Pero un año da para mucho más. Se cumplen 25 años de la muerte del Nobel Vicente Aleixandre, de la vuelta a España de María Zambrano, de la muerte de Paquirri, de la dimisión de Escuredo como presidente de la Junta. Medio siglo de la llegada de Santiago Carrillo a la secretaría general del PCE, de la victoria en el Tour de Bahamontes, de la muerte del poeta Altolaguirre. También de la visita a Franco del presidente Eisenhower, pero no se acortaron las distancias: mientras en El Escorial se inauguraba el Valle de los Caídos, en Nueva York estrenaban el Museo Guggenheim de Frank Lloyd Wright. Hace 75 años que murió el torero Ignacio Sánchez Mejías, actor, jugador de polo, automovilista, escritor y presidente del Betis en sus ratos libres, llorado por García Lorca en una elegía de las más célebres de la poesía española.

En fin, se cumplen 400 años de la expulsión decretada por Felipe III de los moriscos, cuya historia escribió magníficamente bien Antonio Domínguez Ortiz. Ya ven que 2009 no es sólo el año de la crisis, sino también un cúmulo de efemérides y coincidencias.

La muerte de un presidente

Ignacio Martínez | 5 de mayo de 2008 a las 0:41

La muerte del presidente Calvo Sotelo nos hace más viejos a algunos. También, en cierta manera, es como si este régimen constitucional, llegara a la mayoría de edad. Es el primer presidente de la democracia que muere y no había protocolos anteriores. El único entierro de Estado que recuerdo fue el del alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván. Tampoco hay costumbre en la democracia española de un trato oficial y deferente hacia los ex primeros ministros. En Estados Unidos se les llama presidentes durante toda su vida. Y se les tiene un respeto que aquí escasea. También es verdad que intervienen poco o nada en política interna. Al menos hasta que hemos visto a Clinton en ese tándem con su mujer que se ha dado en llamar Billary.

Cuando Calvo Sotelo fue elegido presidente por el Congreso tenía 54 años. Y nos parecía muy mayor. En este capítulo hay una cierta costumbre: los españoles hemos elegido siempre a cuarentones para primeros ministros. Suárez, Aznar y Zapateto llegaron al poder con los mismos años, 43. Y Felipe González no había cumplido aún los 40. En Andalucía la tendencia ha sido similar: Chaves fue presidente a los 45, Borbolla a los 37 y Escuredo, con 38. Así que Calvo Sotelo fue, con diferencia, el más mayor. Aunque cuando uno ve a Hillary con 60 y McCain con 71 presentándose a la presidencia de los Estados Unidos resulta que don Leopoldo era un chiquillo a sus 54. Recuerdo que era un joven periodista cuando cubrí la información para ABC de la visita del presidente Calvo Sotelo a Sevilla en una Semana Santa. Y era ya un veterano cuando un jurado presidido por él me otorgó el Premio Madariaga en 1997. Era un señor tímido, educado y atento. Ha sido definido con acierto como un burgués ilustrado.

Estuvo menos de dos años en el puesto, pero su gestión fue decisiva para abrir la puerta de España hacia Europa. Era ministro para las Relaciones con la Comunidad Económica Europea de Adolfo Suárez, cuando España solicitó oficialmente iniciar las negociaciones para su adhesión a la CEE, en 1979. Y era presidente del Gobierno cuando el 29 de octubre de 1981 España se integró en la OTAN. Calvo Sotelo pertenece a un grupo de personas imprescindible para el tránsito de la dictadura a la democracia. Tuvo distintos cargos en los últimos años del Régimen, pero creyó vivamente en la Monarquía constitucional. Es famosa una frase de Franco, que calificaba a la España forjada por los liberales como “bastarda, afrancesada y europeizante”. Pues bien, un hijo de la burguesía liberal española fue uno de los líderes de la integración de la España moderna en Europa, su territorio natural. Descanse en paz.