Archivos para el tag ‘Esperanza Aguirre’

La señorita de pitiminí

Ignacio Martínez | 18 de septiembre de 2012 a las 16:44

Los políticos crecen, se desarrollan y desaparecen de nuestras vidas como personajes cotidianos, como miembros de la familia. Los vemos en la televisión todos los días y alguno se convierte en estrella mediática. Ha sido el caso de Esperanza Aguirre, que siempre dio espectáculo. Eso sí, con frecuencia con gestos de populismo fácil e imprudencias. En 1989 parecía que la gran esperanza blanca femenina del PP era Isabel Tocino; la favorita de Fraga para la segunda sucesión en la presidencia del PP. Aquel verano fueron a Perbes a ver al patrón Cascos, Lucas, Trillo y Rato. Aunque éste último tenía debilidad por Herrero, el candidato derrotado por Hernández Mancha en 1987, el grupo convenció a Fraga de que el hombre del futuro era José María Aznar. Y el fundador de AP transigió. Después, Tocino fue ministra Medio Ambiente y se diluyó como un azucarillo.
Por el contrario, de la cantera madrileña surgió una ministra de buena familia y mucho desparpajo, que fue tomada al principio como una señorita de pitiminí. España descubrió a esta abogada y aristócrata como titular de Educación y Cultura. En el programa de televisión Caiga quien caiga le gritaban “¡¡¡EEEspeee!!!” y ella reía complacida, mientras la mayor parte de los políticos huían de los desvergonzados reporteros de negro, con gafas de sol. Pero a Espe le pasó como a Margaret Thatcher, que resultó estar hecha de una pasta más dura que la mayor parte de sus adversarios internos masculinos. En particular, más sólida que su enemigo mortal, Ruiz-Gallardón.
Las comparaciones siempre son odiosas. Y algunas, más todavía. De Thatcher se pueden decir muchas cosas. Y alguna podría servirle de referencia al PP o a Gallardón: como diputada en Los Comunes votó a favor de la despenalización de la homosexualidad, en contra de restaurar los castigos físicos en los colegios, a favor del aborto en caso de graves deficiencias del feto o incapacidad de la madre para hacerse cargo del niño… Aguirre, con más contaminación del caso Gürtel que Camps, limpió su región mucho antes. Cesó a consejeros, expulsó a diputados y tomó las riendas de un escándalo que devoró a su colega valenciano. Representa al ala más dura del PP, un partido demasiado ancho para tener una fuerte coherencia ideológica. Conservadores, liberales, democristianos, extrema derecha, neoliberales, son fuerzas políticas diferenciadas en cualquier país europeo.
Con la marcha de Aguirre, los neoliberales del PP pierden a su principal líder. Una política capaz de decir siempre lo que pensaba. Si se la compara con Thatcher, estaba en la edad. La dama de hierro fue inquilina del 10 de Downing Street desde los 53 hasta los 65. Y Esperanza tiene 60. Una enfermedad y la consolidación de Rajoy, a quien quiso desplazar tras la derrota de 2008, la apartan de la política. Pero se va después de demostrar que de señorita de pitiminí, nada de nada.

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Insultar no es gratis

Ignacio Martínez | 8 de septiembre de 2012 a las 9:18

En Bruselas van a multar hasta con 250 euros un insulto por la calle. Encabeza el catálogo de agresiones verbales el castizo acoso a las mujeres, que no es una exclusiva tradición española, como ven. De hecho, hace unos días el diario Le Soir explicaba un documental de una joven realizadora belga que ha puesto de manifiesto cómo a plena luz del día, de paseo por el centro de la capital de Europa, la autora era objeto de todo tipo de insultos, como puta o zorra, e insinuaciones sexuales. Y las grababa con paciencia, cámara en mano. Un estoicismo que ha tenido recompensa más allá de lo profesional. El Ayuntamiento de la ciudad y la fiscalía de Bruselas han redactado una normativa por la que los improperios pasan a ser una falta.

La medida tiene la dificultad de la prueba. Las palabras se las lleva el viento y pueden quedar impunes, pero nunca son gratis. Ofenden, hacen daño, socavan la dignidad de las personas. La norma prevé que la policía pueda multar en el acto, en caso de flagrante delito. Lo que es altamente improbable, a menos que los agresores verbales sean tan memos como zafios y realicen su acoso ante las barbas de los agentes. También se establece un sistema de denuncia para las víctimas, que en la mayor parte de los casos no perderán el tiempo en los trámites. El alcalde cree que estas sanciones administrativas influirán en la mentalidad de los ciudadanos. Las feministas las consideran insuficientes, porque no se cambian los estereotipos sexistas a través de la educación y la prevención.

En todo caso, los insultos nunca deberían ser gratuitos. Aunque gratis han salido los que el lunes dirigió a la presidenta regional Esperanza Aguirre un grupo de alumnos y sindicalistas, que boicotearon el acto de apertura del curso en la Universidad Autónoma de Madrid. No es nuevo, en otras universidades españolas ha habido grupos que han reventado actos de Felipe González, José María Aznar, Manuel Fraga o Santiago Carrillo. Mala educación y vileza en todos los casos. Pero éste ha tenido otras secuelas. Aguirre se ha olvidado de que viste la camiseta liberal, sinónimo de tolerancia, y ha pretendido que fue objeto de amenazas de muerte, porque algunos gritos despreciativos decían “¡muérete!” Un poco exagerado. Por el contrario, la lideresa popular ha estado en su sitio cuando ha mostrado su apoyo a la concejal socialista de Los Yébenes (Toledo) tras la difusión por las redes sociales de un vídeo íntimo para uso particular, que ha circulado por internet.
Olvido Hormigos no ha dimitido, después de recibir una avalancha de apoyos por Twitter, aunque estuvo tentada por los insultos y el acoso de algunos de sus vecinos, que el jueves tras el último Pleno municipal la recibieron a la salida al grito de “puta” y “zorra”. Las mismas palabras que le decían los gamberros bruselenses a la realizadora del documental. Pero aquí, sin multa; de gratis. Lástima.

Por imperativo legal

Ignacio Martínez | 27 de mayo de 2012 a las 10:30

Quizá porque nos marcó el terrorismo de ETA y tenemos aversión a los partidos antisistema, pero rechina oír a los diputados de Izquierda Unida prometer sus cargos en el Parlamento andaluz por imperativo legal. Más allá de la estética, todo discurso tiene una responsabilidad, aunque sea de sólo tres palabras. Las que inventaron los de Batasuna para tomar posesión de su escaño en el Congreso sin romper con su independentismo violento. Me obligan, no tenía más remedio.
Entra dentro de este capítulo lo de la pistola en el pecho que dijo Esperanza Aguirre para justificar la fusión de Caja Madrid con Bancaja. Ellos no querían, los forzaron. Un malabarismo para desviar la atención de un fiasco que costará al erario público más del 2% del PIB nacional. Adornado con una explicación que demuestra la buena crianza de la presidenta y su perfecto dominio del inglés: shotgun marriage es casarse a la fuerza; de penalti, en castizo.

Y ahora padecen este síndrome de estreñimiento los socialistas andaluces. Resulta que han hecho los recortes en las cuentas de la Junta por imperativo legal. Empezó con la boutade el presidente Griñán y le ha seguido una consejera tan juiciosa como Aguayo, que esta semana ha atribuido en el Parlamento andaluz el 90% del ajuste presupuestario regional al Gobierno central. Ambos pasan por alto que el PIB andaluz imaginado por sus servicios para 2012 no se cumplirá. Habrá una desviación a la baja de 5.000 millones de euros. Lo que traducido a impuestos, cedidos o no, es más de la mitad del recorte andaluz. Pero nada, oficialmente les han obligado. El trazo gordo no admite matices.
Todo es fruto de la costumbre de escurrir el bulto. Los humoristas de este país le han sacado mucha punta a la cacería de Botsuana, pero el único responsable público que ha reconocido un error y ha pedido disculpas en este país ha sido el Rey. Con lo guapos que habrían quedado Dívar o Camps diciendo lo siento mucho, me equivoqué, no volverá a ocurrir. O Aguirre tras su asalto para hacerse con el poder en Caja Madrid. O Griñán asumiendo su cuota parte del ajuste andaluz. Pero no, en todos los casos se trata de fenómenos ajenos a la voluntad de los protagonistas. Forzados, irresponsables.

RTVE: España es duda

Ignacio Martínez | 22 de abril de 2012 a las 11:50

Esperanza Aguirre consideraba que los informativos de Telemadrid durante el Gobierno de Gallardón estaban en manos de ¡Sendero Luminoso! Como suena. Por eso ella los equilibró, con un desplazamiento hacia la derecha, buscando moderación. No es el único gobernante español que ha arrimado el ascua a su sardina; es lo habitual. Cuando los gobiernos no tienen una política que contar a los ciudadanos o no la saben comunicar, acuden a la propaganda. Es tal la debilidad crónica en este campo, que se utiliza la propaganda directamente, sin paso intermedio. Por eso las televisiones públicas, locales, regionales y nacional, se han convertido en la España democrática en órganos oficiales de propaganda gubernamental. Y sálvese quien pueda.

Radio Televisión Española ha sido una excepción durante el Gobierno Zapatero, que cometió el error de dejar en precario su financiación. Ahora asistimos al recorte drástico de su presupuesto, mientras el país se gasta alegremente 3.000 millones de euros en televisiones locales y regionales. Y también estamos en vísperas de que se nombre en el Congreso un presidente de la empresa pública por mayoría absoluta, no cualificada como estaba establecido. Este aspecto ha sido criticado con vehemencia por el PSOE. Pero en 2008, cuando los socialistas tenían mayoría absoluta en Andalucía, nombraron al actual director general de la RTVA sin mayoría cualificada. Cada uno reprocha al adversario lo que él está dispuesto a hacer sin apuro. Así nos va.

Ahora PP y PSOE no se ponen de acuerdo para nombrar al presidente de RTVE. Algunas fuentes han señalado a Luis Blasco como candidato popular. Pero la clave está en quién dirigirá los informativos y en qué haga. Sería deseable que las dificultades de comunicación del Gobierno no las pague la independencia de la televisión pública; pero así suele ocurrir. No es nuevo ni exclusivo. Alain Peyreffite cuenta en sus memorias cómo él mismo escribió más de una vez los telediarios en la ORTF francesa en los años 60, cuando era ministro de Información de De Gaulle. Las televisiones públicas francesa, británica y alemana salieron de la tutela gubernamental hace tiempo. España es duda, como en tantos otros campos.

Pasar la gorra

Ignacio Martínez | 17 de septiembre de 2011 a las 19:43

Hay cosas en esta vida de una evidencia palmaria. Ejemplo práctico. Si fuera por la radio, pensaríamos que es una broma de un imitador. Le preguntan a Botín qué opina sobre el impuesto a los ricos y dice que no le gusta. Pero no es una broma, porque se le ve al hombre en la televisión, serio y desinhibido. “Lo he dicho una vez y lo repito, me parece que está muy mal que se vuelva a poner”. Respuesta evidente. Tan claro como si fuese de día. Podría sumarse a la moda de millonarios que se ofrecen a pagar más, como algunos franceses y alemanes. O directamente protestan como el americano Warren Buffet, que se escandalizaba este verano de pagar la mitad que sus empleados más distinguidos.

Pero no es el caso. Se sabe que el año pasado las autoridades francesas informaron a las españolas de que había tres mil españoles con cuentas secretas en Suiza, según una lista filtrada por el vengativo ejecutivo de un banco helvético. Entre los nombres estaban los Botín, que saldaron con 200 millones los impuestos de los últimos cinco años y están pendientes de ver qué hace la justicia con esa ocultación del patrimonio familiar, al parecer desde la guerra civil española. Aquí parece que el personal no está por que le pasen la gorra.

Otra evidencia. Todas las comunidades autónomas tienen un sistema para hacer su estadística de listas de espera para intervenciones quirúrgicas. ¿Todas? No, una pequeña comunidad se resiste a que le estropeen un cálculo que le sale monísimo, porque en vez de empezar a contar cuando el especialista decide que hay que operar, calcula desde que el paciente se ve con el anestesista. Madrid consigue así incluir a los beneficiarios de su sistema púbico de salud en las listas entre 20 y 40 días después que el resto de las autonomías. La explicación del consejero de Salud, si fuese en la radio, pensaría uno que es un imitador de broma. Pero es él, quien dice serio y enfadado que “es un nuevo ataque del Partido Socialista a un éxito comprobado de la Administración sanitaria madrileña y un compromiso acreditadamente cumplido por la presidenta Aguirre”. Ahí queda eso. Tan claro como si fuese de noche.

Sarkozy y Cameron se han apresurado a pasar por Trípoli para partirse el pecho en elogios a los rebeldes a los que ayudaron a derrotar a Gadafi. Los dos principales protagonistas de la intervención militar internacional en Libia han expresado su deseo más sincero de paz y prosperidad para este país que sale de una larga dictadura. Sarkozy ha dicho que apoyaron una causa justa, mientras trataba de desmentir que tras la guerra y su rápida visita se escondiese ningún mezquino interés. El presidente francés añadió que no tiene ningún acuerdo sobre las riquezas de Libia. Todavía. Porque ha ido a pasar la gorra. Tan evidente como la noche y el día.

Un alcalde de cine

Ignacio Martínez | 24 de octubre de 2010 a las 11:40

Nos quejamos a veces de alguno de nuestros alcaldes, o alcaldesas, pero por comparación aquí en Andalucía hay una compostura, una educación. El de Valladolid, sin embargo, es un alcalde de cine, de película casposa sobre el tardofranquismo. Javier León de la Riva (PP) parece tan reaccionario como poco ingenioso. Quiso hacerse el gracioso con el nombramiento del nuevo Gobierno, y no tuvo peor ocurrencia que decir en una radio que Leire Pajín, como ministra de Sanidad, va a repartir condones a diestro y siniestro, se va a convertir en la alegría de la huerta y que cuando él le ve los morritos siempre piensa lo mismo, aunque no lo iba a decir. Un caballero, el tío.

Su metedura de pata ha sido condenada a izquierda y derecha, con una excepción destacada, la del líder del PP Mariano Rajoy, que sigue sin arriesgarse el hombre y ayer dijo algo así como que él no está para lo accesorio ni para chismes. Se equivoca. Por lo demás, como casi siempre, Esperanza Aguirre tuvo la frase adecuada en el momento adecuado. Y muchos otros dirigentes del PP, como Saénz de Santamaría, Cospedal, González Pons o Ana Mato. Contrasta la actitud contemplativa de Rajoy con la de Nicolas Sarkozy en un caso similar. Hace tres años al vicesecretario de la UMP, el partido del presidente de la República, le grabó un cámara mientras decía en un corrillo en privado que la ex diputada centrista Anne-Marie Comparini era una salope. La traducción es fuerte. Elijan: guarra, puta, cabrona o puerca. A Patrick Devedjian le cayó encima una reprobación generalizada, empezando por el presidente y el primer ministro, que le obligaron a pedir disculpas públicas y privadas, bajo amenaza de cese.

El comentario de León de la Riva además de condenable ha sido inoportuno, en vísperas de la apertura de la Semana Internacional de Cine de Valladolid. La ministra de Cultura le negó ayer el saludo y no se quedó a la gala inaugural de la Seminci. Y numerosos actores y directores presentes criticaron por tierra, mar y aire al alcalde procaz. Icíar Bollaín, Luis Tosar y Antonio Banderas que anoche recibió un homenaje, han inmortalizado las palabras del alcalde, con su unánime condena.

Se buscan culpables

Ignacio Martínez | 15 de septiembre de 2010 a las 12:47

Esperanza Aguirre es una estrella del espectáculo de nacimiento. Ya vino de fábrica con un inhibidor del miedo escénico. Al contrario, donde está más a gusto es bajo los focos. En calcetines, cuando vuelve del atentado de Bombay, por poner un ejemplo gráfico. Y además de sus indudables condiciones innatas ha desarrollado un instinto depredador en la pugna política, que le permite salir más airosa que ningún otro dirigente popular salpicado por el caso Gürtel o desafiar al Gobierno con el incumplimiento de la ley antitabaco y de la subida de impuestos. Lo importante es estar en el candelero y, de camino, dejar en evidencia la pusilánime actitud de Rajoy ante los problemas del país.La estrella del firmamento político nacional, admiradora sin complejos de la gran Margaret Thatcher, tiene ahora la misma edad que tenía la dama de hierro cuando era inquilina del 10 de Downing Street. Bueno, de hecho, la Thatcher a los 58 años ya llevaba cuatro de primera ministra. Pues bien, nuestra Aguirre, como su adorada predecesora británica, le ha puesto proa a los sindicatos, en un momento en el que no gozan de mucho predicamento en el país. Y lo ha hecho, con la habilidad que le caracteriza, con abundancia de pirotecnia: dice que quiere quitarle 2.000 liberados a los sindicatos en la Comunidad de Madrid, con los que se ahorraría 70 millones. Traducido al lenguaje de la calle, la presidenta de Madrid insinúa que hay una manta de vagos enchufada de delegados en las empresas públicas y deja caer que la crisis la paguen los sindicalistas.

Hasta aquí lo que podríamos llamar show business. Pero es que Aguirre no está sola. Y no porque haya salido en su apoyo, a remolque, Mariano Rajoy. No está sola porque ha dicho en voz alta lo que mucha gente piensa en silencio. En el inconsciente colectivo el delegado sindical de empresa pública no está bien visto. Vamos, no están bien vistos ni por los delegados de empresas privadas, en donde sí que es difícil y arriesgado ejercer esa función.

¿Hay demasiados liberados en las empresas públicas? ¿Cumplen con su función social los sindicatos? Es posible que sean demasiados los delegados y que haya algunos aprovechados. Pero hay que procurar que no se nos extravíe la brújula. He oído el otro día a un tertuliano de Radio Nacional decir que sin sindicatos Europa estaría mejor. Y eso es un despropósito. De la misma manera que unos concejales corruptos no nos llevan a plantearnos eliminar las elecciones municipales o unos diputados ineptos no hacen superflua la existencia de parlamentos, el sindicalismo, como todo órgano de representación democrática, es necesario. Y también mejorable, desde luego. Pero ahora lo que se intenta es hacer a los sindicatos culpables de la situación que vive el país. O cómplices. Es lista doña Esperanza.

En la salud y la enfermedad

Ignacio Martínez | 20 de marzo de 2010 a las 9:02

Hay algo de emocionante en una ley que pretende garantizar la dignidad de las personas en el proceso de la muerte. Así se llama, más o menos, lo que conocemos como ley de la muerte digna. La angustia que provocan el sufrimiento y el dolor de pacientes cercanos, familiares o amigos, es una experiencia que cualquiera ha vivido alguna vez y que en este momento afecta a unas 60.000 personas con graves dolencias en Andalucía. Alfonso Pedrosa contaba en este diario el jueves que es imposible aplicar en todos sus términos de inmediato la ley aprobada en el Parlamento regional. No hay plazos y ahora se va a hacer un estudio sobre cómo mueren los andaluces. Estamos, pues, en el inicio de un proceso.

Es conmovedor el deseo de cuidar al máximo la dignidad de un ser humano en la hora de la muerte. Y también lo es presenciar una votación por unanimidad en el Parlamento regional, convertido en ocasiones en corral de vecinos. Conforta ver a una consejera saludar a los representantes de todos los grupos, que se felicitan de buena gana por un logro común, más allá de ideologías, estrategias o fundamentalismos. El PP hizo notar su disidencia por la falta de concreción sobre los comités de ética y la ausencia de una objeción de conciencia. He oído sobre esto un argumento muy interesante: más que establecer el derecho de un profesional de la sanidad a objetar su participación en el tratamiento paliativo del dolor de un paciente, porque alguna extraña creencia se lo aconseje, debería de existir el derecho de los pacientes a objetar que determinados sanitarios les atiendan, para no ser víctimas de semejantes creencias, cualesquiera que sean. Personalmente, si me veo en semejante trance espero que me toque un doctor Montes, como aquel perseguido por el consejero Lamela del Gobierno de la señora Aguirre. Montes y su equipo de Leganés fueron acusados de malas prácticas médicas en una denuncia infundada según el Tribunal de Justicia de Madrid, que la archivó.

Otra noticia nos ha acercado a la salud esta semana. La sanidad pública es muy costosa, y el Gobierno de la nación y los de las comunidades autónomas se han puesto de acuerdo para tomar medidas sobre los medicamentos para reducir la factura anual en 1.500 millones de euros. El PP propone además un acuerdo de largo alcance que garantice la sostenibilidad del sistema para los próximos 10 o 20 años. Habría que poner sobre la mesa otras iniciativas, como el copago, en particular para las rentas más altas. La sanidad pública es un tesoro a mantener y mejorar. Piensen, por comparación, en los problemas que tiene el presidente Obama para introducir una mínima sanidad pública en Estados Unidos, donde la sutura de una herida cuesta mil dólares en una clínica privada. Y verán como emociona el cuidado de la dignidad de la salud y en la enfermedad.

11-M: demasiadas heridas y afán de protagonismo

Ignacio Martínez | 12 de marzo de 2010 a las 11:28

Actos terroristas como el salvaje atentado de Madrid de hace seis años o el secuestro de los tres cooperantes catalanes no deberían ser motivo de división de las víctimas, ni de exhibición para los políticos. Desgraciadamente, hemos tenido grandes dosis de ambas cosas estos días. Es reprobable el afán de los políticos por la foto; una afición que comparten socialistas y populares. El presidente de la Generalitat, José Montilla, y el alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, no pudieron el miércoles resistir la tentación de inmortalizarse con la cooperante Alicia Gámez, liberada por los terroristas de Al Qaeda del Magreb Islámico. Podrían haber cumplido perfectamente con su obligación institucional en privado. Ayer en Madrid tanto Esperanza Aguirre como Ruiz Gallardón organizaron sendos actos para mayor gloria de sus figuras. La ceremonia unitaria del Congreso por la tarde, con la lectura de la Declaración Universal de Derechos Humanos, es un formato idóneo, en lugar del festival de homenajes sin los protagonistas, que son las víctimas y sus familiares. Aunque desgraciadamente ayer no hayan estado a la altura.

Instalada en la teoría de la conspiración, Ángeles Domínguez, presidenta de la Asociación de ayuda a las víctimas del 11-M, se mostró esperanzada en que algún día se sepa la verdad. No se cree la versión oficial, confirmada por la sentencia judicial que condenó a los terroristas islámicos. Y se mostró esperanzada por encontrar la verdad en las últimas informaciones y el vídeo publicados por El Mundo. Contra el director de este periódico cargó Pilar Manjón, presidenta de la Asociación 11-M afectados por el terrorismo, diciendo que no tenía un vídeo, sino dos y en uno había un corsé. Y, de camino, descalificó a Esperanza Aguirre por compararse con las víctimas del 11-M tras el atentado de Bombay. Y también guardó palabras durísimas contra el ex presidente José María Aznar, a quien aludió como un señor de la guerra con las manos sucias de petróleo, avaras de oro negro y de poder, que ahora ante el grito de asesino responden con peinetas. Impropio del día y de la representación que ostenta.

Seis años después de la tragedia, hay demasiadas heridas abiertas y demasiado afán de protagonismo. Las víctimas no se merecen estos espectáculos.

Populismo de capote y montera

Ignacio Martínez | 7 de marzo de 2010 a las 11:16

Me confieso taurino y por tanto parcial en mi opinión sobre la prohibición de la fiesta de los toros. Y también, alérgico a los populismos; ya sean los futbolísticos de los giles, loperas o laportas, ya sean los del calzado o el capote taurino de la señora presidenta de la Comunidad de Madrid. En Cataluña 150.000 ciudadanos han aprovechado una capacidad legislativa que les concede el Estatuto de Autonomía para promover una legítima iniciativa, con la que estoy en desacuerdo: prohibir las corridas de toros en la región. Desde hace casi 20 años están prohibidas por una ley canaria y a nadie le ha llamado la atención. Pero, no nos engañemos, en España, Cataluña tiene más peso que Canarias. Y, si me apuran, más peso que ninguna otra autonomía, incluidas Andalucía o Madrid.

Hay que acostumbrarse a las iniciativas populares, porque el Tratado de Lisboa prevé que un millón de firmas puedan promover leyes europeas. Un millón entre los 500 millones de habitantes de la UE son diez veces más fáciles de conseguir que las 150.000 entre los siete millones de catalanes. Hay una cierta inquietud al respecto, por la ambigüedad del artículo: hay que establecer de cuántos países distintos deben ser los firmantes y unificar la edad para hacerlo, porque en Austria se puede votar (y firmar, por ende) desde los 16. Un portillo abierto a euroescépticos, fundamentalistas religiosos y populistas de todas clases.

El debate en el Parlamento catalán sobre la ley antitaurina no tiene desperdicio. Buenas intervenciones a favor y en contra de los toros. Con conservacionistas por ambas partes: los de las dehesas y una raza mantenida durante siglos porque existe la fiesta, y los que están en contra de infringir daño alguno a los animales. Entra dentro de lo posible que se decida no matar a los toros en la plaza, al estilo portugués o que se prohíban las corridas por completo. En todo caso no veo motivo para una campaña anticatalana. Más turistas vendrán a las plazas andaluzas en el futuro. El oportunismo de Esperanza Aguirre envolviéndose en el capote taurino busca directamente la confrontación y el aplauso fácil. La rival de Rajoy no puede evitar su necesidad de llamar la atención, esta vez montera en mano. Una actitud frentista en país necesitado de calma y sentido común.