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El bueno, el feo y el malo

Ignacio Martínez | 20 de febrero de 2010 a las 10:47

Hay una nueva estrella en el firmamento político español. Casi sin darnos cuenta José Blanco, vicesecretario del PSOE, antiguo martillo de herejes populares, vilipendiado con el despectivo mote de Pepiño, se ha convertido en el hombre fuerte del Gobierno. Y está, como Tom Cruise, al frente de una misión imposible: conseguir un pacto estratégico sobre política económica que dé oxígeno a un presidente al borde de la asfixia y confianza a un país víctima de la ansiedad. En realidad, hasta su nombramiento como ministro de Fomento, Blanco era el tonton macut de Zapatero. Golpeaba con duras palabras a todo bicho viviente en la acera del PP, con frases leídas no siempre con acierto, destinadas al bombardeo televisivo. Su sustitución por Leire Pajín ha agigantado su figura, por simple comparación. Y su reciclaje institucional le ha procurado elogios de propios y extraños. Sin ir más lejos, Esperanza Aguirre o Francisco Camps han agradecido su buena disposición para el entendimiento y la colaboración. Cosa que, de camino, ha puesto en evidencia a Magdalena Álvarez.

Quizá la cuestión que más desairada ha dejado a la ex ministra andaluza ha sido cómo Fomento, con Concha Gutiérrez como secretaria de Estado de la cosa, le ha metido mano al escandaloso estatus laboral y salarial de los controladores aéreos. Aquí Blanco ha salido a hombros por la puerta grande. De momento. Los controladores no han dicho la última palabra. Pero la nueva estrella política ha cogido mucho lustre con el decreto en el que liberaliza el control del tráfico aéreo e intenta poner orden en un colectivo de 2.300 controladores, de los que unos pocos ganan más de 900.000 euros; 28, más de 700.000; 135, más de 600.000, y 713 tienen un sueldo entre los 360.000 y los 540.000 euros.

Con Blanco se ha producido el mismo efecto que con los chistes de Morán, el primer ministro de Exteriores de Felipe González, a quien se atribuía en todos los chascarrillos el papel de memo. Como el aludido era de categoría, salió reforzado del envite. Aunque, eso sí, Morán no congenió con Felipe y duró sólo dos años y medio en el cargo. Por cierto, fue sustituido por Fernández Ordóñez, que ha sido el mejor ministro de Exteriores de la democracia desde 1977 hasta ahora.

Queda establecido que el feo de la política española ha sido Blanco, convertido en guapo como el sapo en príncipe, hasta el punto de que hay quien le ve posibilidades de sustituir a Zapatero. Ahora, queda lo más fácil: el bueno no ofrece duda. El buenismo inspira toda la filosofía de Zapatero. Y el malo es, por definición, su antagonista. Rajoy lleva dos años pidiendo reformas y austeridad. Por eso Zapatero corteja personalmente a nacionalistas catalanes y vascos y manda a Blanco, Salgado y Sebastián a lidiar con los malos. Lo feo que lo haga otro…

Penalti simulado

Ignacio Martínez | 16 de diciembre de 2009 a las 13:57

A la Conferencia de presidentes autonómicos le ha pasado como al penalti pitado por Iturralde en el Barça-Español. Xavi, al sentir el menor contacto de la mano de Baena, se deja caer fulminado y el árbitro pica. Zapatero intentó el lunes que los presidentes del PP le dieran un espaldarazo a su improvisado anteproyecto de ley de economía sostenible y al menor rechazo dijo que los populares se lavan las manos sobre el paro. Y Esperanza Aguirre aprovechó la oportunidad para sacar pecho como lideresa del Partido Popular y sostuvo que ZP es el campeón del paro. A ver si los árbitros, los ciudadanos en este caso, no caen en la trampa como Iturralde: ninguno de los dos tiene razón.

Ni el PP se lava las manos sobre el paro, sino que tiene otra política para combatirlo; básicamente, restricción del gasto público y bajada de impuestos. Ni ZP es el culpable de que en España se hayan perdido un millón y medio de puestos de trabajo en los dos últimos años. La responsabilidad es del modelo económico. Y ahí entramos todos; las familias o las empresas, endeudadas en ambos casos por encima del 100% del PIB. El resultado es que tenemos un país en la ruina, porque no ahorraba; con una economía basada en la especulación urbana y un turismo de mediana o baja calidad. Desde luego que es necesario un nuevo modelo económico, con más productividad, más innovación y más internacionalización. Pero eso no se hace por decreto, ni a corto plazo.

Hay que decir con énfasis que lo del lunes en la Conferencia no es un drama. Ni se iba a acabar el paro porque el Gobierno central y los autonómicos aprobaran por unanimidad una declaración de buenas intenciones, tan ligerita como la que se puso sobre la mesa. Ni va a haber más paro por el desacuerdo. La propuesta gubernamental era poco ambiciosa, llegó tarde y estaba mal redactada. Por ejemplo, en función pública no se planteaba una reducción del personal; simplemente consideraba necesario un nuevo modelo, “más moderno y competitivo”. En las cumbres internacionales, es un clásico que haya ayudantes, sherpas, que negocian la declaración final semanas antes de la cita, en nombre de los líderes. Aquí todo se ha hecho a la buena de dios.

La anterior Conferencia de Presidentes Autonómicos en 2007 versó sobre la inmigración, el I+D y el agua. Se crearon varias comisiones y no se ha reunido ninguna. Habría que cambiar el formato de este encuentro y convertirlo en un debate político en el Senado sobre la realidad del estado de las autonomías. Varios días, si es necesario; con luz y taquígrafos. Y hacer una declaración final con las coincidencias de criterio. No este encuentro a puerta cerrada, con la intención por ambas partes de cobrar ventaja de cualquier lance y tirarse al suelo fulminado por la presunta maldad del contrario.

Arenas, en busca de la alternativa

Ignacio Martínez | 15 de diciembre de 2009 a las 23:14

El horizonte de 2012 es la clave de toda la estrategia que Javier Arenas desarrolla en Andalucía, a un ritmo frenético, desde que hace un año y nueve meses perdiera por tercera vez contra Chaves las elecciones regionales. Es su última oportunidad. O no, porque éste no es el único papel político que juega en su partido. Hoy por hoy, es el hombre fuerte del PP nacional. Desde hace 18 años no falta ningún lunes por la mañana a la reunión de maitines de la sede del Partido Popular en la calle Génova de Madrid, 13 años con Aznar de presidente y cinco con Rajoy.

La preparación de las elecciones municipales y la designación de candidatos le permitirán dar paso a otra generación, y renovar la cúspide de su partido con gente joven. No es una novedad, ya lo ha hecho con mucha soltura o descaro, según se mire, para sustituir a presidentes provinciales con fuerte apoyo en la organización como Joaquín Ramírez en Málaga, o alguien con gran pedigrí institucional como Pedro Rodríguez en Huelva. También pretende alguna sonada apertura al centro y al andalucismo a modo de fichaje.

Todo esto ya lo tiene en la cabeza, pero no suelta prenda, por su particular manera de gobernar el partido, un liderazgo definido por distintas fuentes populares de manera diversa: personalista, autoritario o maniobrero, pero desde luego solitario. Siempre le ha gustado repartir los papeles entre sus principales colaboradores, y propiciar la rivalidad entre ellos: en los 90 entre el portavoz parlamentario Manuel Atencia y el secretario general Juan Ojeda, y en los 2000 entre la presidenta regional Teófila Martínez y el secretario general Antonio Sanz.

En la actualidad, la historia se repite entre el propio Sanz, como secretario, y la portavoz parlamentaria Esperanza Oña. Hay sesiones en las que ambos quieren replicar en simultáneo una alusión desde las filas socialistas, y se disputan la palabra o el amparo de la presidencia, para confusión de propios y extraños. El lado bueno de esta pugna evidente es que los dos son parlamentarios muy eficientes. Incluso hasta brillantes, aunque cortados por el mismo patrón: muy buenos en el juego duro y faltos de sutileza para la ironía o el sarcasmo.

Una de las máximas de Arenas es que la gestión de un partido es un máster en relaciones humanas. Hay que tener mucho cuidado con los movimientos y con los afectados colaterales. La administración de equipos es uno de sus cometidos más delicados. Ejerce, en todo caso, un hiperliderazgo indiscutido. La adhesión al jefe es tal, que recibe del orden de ocho o nueve invitaciones de boda al mes, de afiliados del partido. Uno de sus allegados sostiene que “es el que más manda porque es el que más trabaja“, quizá seguido de su fiel escudero Antonio Sanz.

El secretario regional del partido no genera muchos afectos en la organización. El PP reserva el papel de malo de la película a sus secretarios generales. Arenas ha comentado en alguna ocasión que cuando en enero de 1999 preparó con Aznar el congreso en el que iba a ser nombrado secretario del partido decidieron quiénes iban a seguir, entrar o salir de la dirección nacional. Entonces preguntó cómo se comunicaban los cambios y Aznar le contestó que él llamaría a los que seguían o se incorporaban y Arenas debía llamar a los que cesaban. Esta función la interpretaba, con mano de hierro, Álvarez Cascos, antecesor de Arenas en el cargo: tanto que le llamaban en general secretario.

Sea como fuere, cuando Juan Ignacio Zoido (nacido en 1957) dejó la secretaría general del PP andaluz, para ser candidato a la Alcaldía de Sevilla en las elecciones de 2007, los ocho presidentes provinciales propusieron para el cargo a José Luis Sanz (1968), pero Arenas nombró a Antonio. Otra de las máximas de Javier Arenas (1957) es que no siempre coinciden liderazgo y gestión, incluso que casi nunca coinciden. Y Antonio Sanz (1968) se dedica a la gestión en un partido presidencialista, lo que le obliga a muchas horas de despacho y a cargar con los problemas internos.

No hay un delfín, sin embargo. Un dirigente popular andaluz recurre al despiece silábico para explicarlo: “como se trata del fin del liderazgo de alguien, el interesado no está por la labor de alentarlo o adelantarlo”. Hay un pequeño cuadro de honor con los posibles candidatos a una eventual sucesión. En cabeza en el ranking, en este momento, está el presidente provincial y candidato a la Alcaldía de Córdoba José Antonio Nieto (1970), joven, audaz y buen orador. No está solo: junto a los Sanz, Oña (1957) o Zoido, también figuran los nombres de los alcaldes de Motril, Carlos Rojas (1970); de Adra, Carmen Crespo (1966), o de Marbella, Ángeles Muñoz (1960). E incluso el del presidente provincial y candidato a la Alcaldía de Jaén, Fernández de Moya (1969). Todos son diputados del Parlamento regional. “No es por nada, pero ahí hay un gobierno andaluz mejor y más joven que el actual de los socialistas“, sostiene orgulloso un destacado militante popular.

Pero en el PP no hay especulaciones. Muchos de los interlocutores de este reportaje sostienen que el hombre o la mujer que sustituyan a Arenas puede no estar en el candelero. Y todos coinciden en que al jefe no le gustan los delfines virtuales. “Eso ha perjudicado a Carlos Rojas, que ya no aparece destacado en las fotos, y puede dañar a José Antonio Nieto”. El de las fotos oficiales con Arenas es un capítulo que tiene expertos analistas en el lenguaje de los signos: “Si estás a su derecha o a su izquierda, o en la primera fila de una foto, en una reunión organizada por él en Sevilla, estás bien cotizado. En caso contrario, si estás en segunda fila o no apareces, estás en baja“. Hace dos meses organizó en Grazalema un fin de semana familiar con Rajoy. Y se hizo acompañar por el secretario regional, el presidente y la secretaria de Cádiz. Normal. Pero también iba en la excursión la alcaldesa de Marbella, Ángeles Muñoz, que es de otra provincia. El termómetro sucesorio se disparó. Sobre todo, porque las fotos elaborando queso payoyo en una granja escuela dieron la vuelta a España. Varios arenólogos de la mejor confianza, sin embargo, descartan que Titi Muñoz sea lo que los ingleses llamarían the coming woman.

Esta descripción se complementa con otra: Arenas tiene la virtud de colocar secretarios provinciales que no son del agrado de los presidentes, para estimular el espíritu de competencia. Se lo hizo en el pasado dos veces a Joaquín Ramírez. Y se lo ha hecho, sin ir más lejos, a Nieto en Córdoba, con Federico Cabello de Alba, antiguo comisario provincial de Policía. El liderazgo de Arenas está lejos del cesarismo de Aznar, pero no exento de algunos gestos sutiles, muy significativos: en las frecuentes reuniones de la organización en hoteles, a mitad de la sesión suele pedir un descafeinado de máquina con leche, para él solo, que se toma ante la atenta mirada de todos los demás.

La interpretación de los gestos de Arenas como símbolo de afecto o desafecto choca con su cordialidad natural. Quien le haya visto en los últimos meses en compañía de Esperanza Aguirre podría pensar que siguen teniendo la entrañable relación de antaño, cuando formaban con Piqué un grupo de la máxima confianza mutua, en el núcleo duro del aznarismo. Los dos son tan zalameros y se dedican tales piropos y carantoñas, que cualquiera diría que están en el mismo bando. Pero no, ahora están en campos enemigos. Aguirre quiso el puesto de Rajoy tras la derrota popular en 2008, y Arenas se convirtió en el principal valedor del presidente del Partido Popular. Sigue siendo un peso pesado en el epicentro del poder en el PP. A la pregunta de si Arenas tiene despacho en Génova, la respuesta es contundente: ¡una planta entera! La tercera, dedicada a la política autonómica y local, es su territorio: desde allí tiene línea directa con el poderoso secretario de Organización, Juan Carlos Vera. Circula la especie de que manda más que Cospedal. Algunos signos externos así lo muestran. Un parlamentario nacional recuerda que en la interparlamentaria del PP en La Coruña en octubre del año pasado la secretaria general no tenía un vehículo asignado y Arenas disponía de dos.

Sus relaciones con Cospedal no son un idilio desde hace años, pero tampoco malas. De hecho, no tiene enemigos en el partido. Quizá sólo haya tenido uno claro: Eduardo Zaplana, rival encarnizado desde que ambos eran dirigentes de las juventudes de la UCD. Está a partir un piñón con Gallardón, y su relación con Rajoy no ha hecho más que consolidarse. En la convención de Barcelona de hace un mes llamó mucho la atención su ausencia en la clausura del domingo. Lo que pocos saben es que se llevó, mano a mano con Rajoy, toda la tarde del sábado preparando el discurso final del presidente de su partido.

Este escenario de afectos y confianza, lleva a algunos en el PP a pensar que Arenas podría ser vicepresidente en un eventual Gobierno de Rajoy en 2012. Una teoría que se basa en la hipótesis de que el PP sea el partido más votado en España y en Andalucía, pero no tenga mayoría para gobernar aquí. No obstante, Arenas repite a quien quiera oírle que si se dieran esas circunstancias, se quedaría cuatro años más en el Parlamento andaluz, para llegar a San Telmo en 2016. Aunque lleva toda la vida en la política, el presidente regional del PP no tiene todavía los 52 años; los cumplirá en dos semanas, el día de los Santos Inocentes. Y su currículo como parlamentario andaluz no llega a cuatro años en total.

En su haber está que ha sido vicepresidente del Gobierno y ministro en tres carteras distintas. En su contra, una cierta leyenda de que no es capaz de crear equipos: “Es más hombre de favoritos que de equipos. Y para consolidar su liderazgo indiscutible le falta un equipo al que mandar, como el que fue capaz de crear en su momento de mayor capacidad, cuando llegó al Ministerio de Trabajo en 1996“. En el interior del partido, no todo son lisonjas, como puede verse. Sus críticos, todos anónimos, insisten en que “está siempre enredando, nunca quieto, rodeado de una corte de aduladores”. Pero él, parece que lo sepa. Un observador interno hace un curioso paralelismo: “es tan distante con los cercanos, como sólo Chaves era capaz de ser”. A lo que la misma fuente añade “una cordialidad en el trato directo, similar a la de Escuredo o la de Griñán”.

En el PP se miran en el espejo del PSOE, para según qué cosas. En el entorno del presidente regional admiran la capacidad de los socialistas para “cerrar sus crisis con un mensaje único”. Otros consideran que “en el PSOE el poder orgánico significa algo, en el PP nada”. Una de las coincidencias de todos los dirigentes populares consultados es el respeto a los alcaldes de las grandes ciudades, todos ellos vicepresidentes regionales del partido, en una Ejecutiva que tiene más de 150 nombres. Arenas parece siempre muy seguro de sí. Se le atribuyen dos grandes capacidades. La primera, es su memoria prodigiosa, que le permite reconocer en Córdoba a una persona a la que vio en un mitin varios años antes en Palma de Mallorca, o recordar el nombre de cualquier militante de un pueblo.

La segunda es su mentalidad ajedrecística: mueve los peones con gran habilidad. A veces se equivoca. Y, a veces, lo reconoce. Por ejemplo, admite que fue un error defenestrar al alcalde popular de Almería Juan Megino en 1999. Un fallo que le costó la alcaldía y una escisión. En las tareas pendientes de Arenas para el año próximo, destaca aumentar la calidad de las propuestas alternativas de su partido en asuntos económicos, fiscales, presupuestarios o educativos. También, mejorar la ubicación social del PP en Andalucía: los votantes del partido se consideran más centristas que las siglas. Abrirá la organización a figuras destacadas de la sociedad, entre las que no estará Manuel Pimentel. Ambos han recuperado la amistad perdida, pero el dirigente añorado por algunos en el PP se ha desenganchado por completo de la política y es irrecuperable. Entretanto, Arenas sigue con su ritmo frenético, a base de 2.000 kilómetros a la semana por las carreteras de Andalucía. En busca de una alternancia difícil pero posible al Gobierno de la Junta.

Televisión pública: medalla en improvisación

Ignacio Martínez | 13 de noviembre de 2009 a las 7:33

El bandazo gubernamental sobre financiación del sector audiovisual público pone en riesgo el futuro de estos medios en España. Y, de momento, ha forzado la dimisión de su presidente, Luis Fernández, que se despide hoy. Es curioso que al Gobierno le moleste que se diga que improvisa. ¡Pero lo hace constantemente! Acaba de hacerlo en una de las asignaturas en las que mejor nota saca Zapatero en sus cinco años largos de mandato: RTVE. En España la televisión pública ha sido desde su fundación un órgano oficial de propaganda. Durante la dictadura, desde luego, pero desgraciadamente también durante la democracia.

Zapatero ha sido el primer presidente del Gobierno que ha concedido a la televisión pública la mayoría de edad; a la emisora y a sus espectadores, con una desgubernamentalización de la información; con una independencia, un pluralismo y un rigor que no había tenido nunca antes. Esto se ha llevado a cabo de tal manera que algunos dirigentes socialistas echaban de menos el estatus anterior: he llegado a oír de sus labios a un ex ministro amigo del presidente, que el PSOE vive en “un permanente estado de sitio mediático”. A veces, el sentido de la realidad es el menos común entre los políticos. 

Este ha sido un gran debate en Europa desde el inicio de la era de la televisión, que empezó tras la segunda guerra mundial, con la excepción del Reino Unido. La BBC fue la primera televisión que emitió en el mundo, en 1936. Más tarde llegaron la francesa, en 1949; la italiana, en 1952; la alemana, en el 54; o la española, en 1956. La guerra dejó secuelas en la sociedad, que tuvieron un reflejo en el sector audiovisual público. El riesgo para las libertades que habían significado el fascismo y el nazismo y con medio continente detrás del telón de acero comunista, llevó a los gobiernos de Europa Occidental a un cierto complejo legitimista. Quien ganaba las elecciones tenía el derecho de utilizar la televisión pública para hacer valer las ideas de la mayoría. Se hacía sin complejos: Alain Peyreffite, ministro de Información de De Gaulle, cuenta en sus memorias cómo escribía él mismo los telediarios en la ORTF francesa en los años 60.

A ese punto hemos llegado nosotros con 40 años de retraso. También sin complejos: el presidente Chaves nombró a su portavoz director general de la RTVA. Hay más ejemplos, no sé si más penosos: para el Canal 9 valenciano no ha existido el caso Gürtel, y Esperanza Aguirre consideraba que la Telemadrid de la época de Gallardón estaba en manos ¡de Sendero Luminoso! Por eso sorprendió gratamente que Zapatero permitiese que TVE pasara de la categoría de televisión gubernamental a la de televisión pública. Una drástica reducción de personal, nuevo estatus jurídico y un presidente de la nueva Corporación, profesional de prestigio e independiente, han puesto a la radio televisión pública en el mejor lugar de su historia.

Su audacia debe haberle dado vértigo al propio Zapatero. O será su querencia a la improvisación, pero lo cierto es que en mayo de un plumazo el Gobierno decidió dejar sin publicidad a RTVE, sin hacer partícipe al presidente de la Corporación hasta la noche de antes de anunciarlo. Además, pergeñó un precario sistema de financiación por parte de las televisiones privadas y las compañías de telecomunicaciones. Una autoridad en la materia, como el profesor Díaz Nosty, ya escribió en los diarios del Grupo Joly que “las cadenas privadas, beneficiarias de la medida, no tardarán en denunciar la financiación del audiovisual público por el sector privado y las empresas de telecomunicaciones se oponen ya a la medida. ¿Se puede, con estas debilidades de partida, sentar las bases sostenibles de una verdadera televisión pública? Es difícil. Si desde un Gobierno más cercano a lo público se opera en estos términos, un cambio de color político podría suponer la liquidación de la televisión estatal”.

Por eso hoy se va Luis Fernández, el mejor presidente/director general que ha tenido el sistema público de radio televisión en España. No creo que sea para que Zapatero y su vicepresidenta Fernández de la Vega se pongan una medalla. La improvisación todavía no es deporte olímpico.

La vista gorda

Ignacio Martínez | 8 de noviembre de 2009 a las 9:45

Hay unos 100.000 soldados extranjeros en Afganistán, de 42 países diferentes. Entre ellos, más de mil españoles. Los aliados pretenden pararle los pies a los talibanes, amigos de Bin Laden. Pero el campeón de la causa de la libertad es un tipo corrupto que manipuló gravemente los resultados de las elecciones presidenciales, que se acaban de celebrar. No tenemos nada mejor que Karzai y cruzamos los dedos para que no se nos caiga el cielo sobre las cabezas.

En España casi todo el país critica al Gobierno por no saber resolver la crisis de los rehenes del Alakrana. De sus 36 tripulantes, 16 son españoles: ocho gallegos, siete vascos y un andaluz. Embrollo complicado; al fin y la cabo se trata de un acto de terrorismo. No veo dónde está la diferencia entre los piratas somalíes y los agentes de Bin Laden. Exigen un intercambio de los secuestrados por los dos cómplices detenidos en Madrid y más de dos millones de euros. La opinión pública española es partidaria de cumplir con ambos requisitos. Un mal precedente, que no sería el primero: en 1986 el Gobierno de Felipe González indultó a dos presos shiítas libaneses como parte del rescate de dos diplomáticos españoles. Pero en estos casos, el cuerpo nos pide mirar para otro lado.

Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón se detestan, pero asisten a actos públicos en comandita, se saludan y hasta se besan. La procesión va por dentro y sólo se refleja en sus miradas, el único de sus sentidos que escapa a las hipócritas puestas en escena. El problema del PP en Madrid no era la presidencia de Caja Madrid, sino la guerra civil entre estos dos personajes, que se miran al espejo y se ven unos presidentes del Gobierno monísimos. Desde luego, mejores que Rajoy. Tampoco el problema del PP valenciano era el defenestrado Costa, sino su presidente Camps, que tarde o temprano tendrá que dimitir. Pero de momento, la farsa continúa.

Y aquí, en nuestras latitudes, se intuye que no va como la seda la cohabitación entre Griñán y Chaves, el jefe del ejecutivo y el jefe de la mayoría que lo sostiene, amigos en su vida particular. De momento, las desavenencias son cuatro detalles. Pero todo el mundo hace la vista gorda. Como ven, estamos a la última moda mundial.

La guerra civil del PP en Madrid está en su apogeo

Ignacio Martínez | 5 de noviembre de 2009 a las 11:25

Sostiene Pedro J. Ramírez en su vídeoblog que Rajoy y los suyos van a por Esperanza Aguirre. Pedro J. es uno de los generales de la Brunete mediática que hace año y medio inició una guerra inacabada para colocar a Aguirre de presidenta del PP. Ahora está indignado, como su amiga liberal, de que sólo hayan suspendido provisionalmente de militancia a Manuel Cobo y de que el interesado siga de portavoz del Partido Popular en el Ayuntamiento de Madrid. El ideólogo de la toma del partido por el sector más derechista está convencido de que Rajoy echará del PP a Esperanza en cuanto pueda, con cualquier motivo o excusa. Califica de “equidistancia cínica” que la dirección nacional de los populares haya tratado por igual a la agredida y al agresor. Critica que Cospedal haya recordado a Esperanza Aguirre que pertenecer al partido es voluntario y etiqueta al entorno de Rajoy de paniaguados. Y, finalmente, considera que la conspiración en toda regla montada tras el fracaso de Rajoy en las elecciones de marzo de 2008 fue un “amago de rebeldía”. Su cinismo no es equidistante, sino profundamente sectario, como corresponde a su estrategia e intereses. La guerra civil del PP en Madrid, lejos de terminarse, está en su apogeo. Continuará.

De ‘gestapillo’, nada

Ignacio Martínez | 29 de octubre de 2009 a las 9:12

De gestapillo, nada. Estamos ante la actuación de una división Panzer, de los Panzerkampfwagen de toda la vida de dios. Han ido a por los alcaldes del PP en la Comunidad de Madrid, los han puesto en fila, de cien en fondo, y les han pedido que se cuadren y reclamen la cabeza de Manuel Cobo. En las trincheras del Ayuntamiento de Madrid, la quinta columna aguirrista ha tenido el coraje de pedirle a Cobo su puesto, en su cara. En En días como hoy de RNE esta mañana Granados le ha reconocido a Juan Ramón Lucas que aplicando los estatutos a Cobo hay que expulsarlo del partido. Esto es lo que hay. Una lucha por el poder, pueblo a pueblo, manzana a manzana. Encarnizada. Fatal para los intereses colectivos del PP. La obsesión de Esperanza Aguirre de llegar a la presidencia nacional del PP va a dejar demasiadas víctimas en la cuneta. De gestapillo, nada de nada. Esto es mucho más que una simple gestapillo, es toda una Panzer Divisionen. Y está claro que no viene en son de paz.

El culebrón del PP dispara las audiencias

Ignacio Martínez | 27 de octubre de 2009 a las 12:54

El culebrón popular continua al rojo vivo. La expectación hace subir la audiencia. Toda España, perpleja, se asoma al barranco en donde se sucede la acción. En el capítulo de hoy la prensa hace sus análisis, todavía bajo los efectos del terremoto que ayer causaron los declaraciones a El País de Manuel Cobo, número dos de Gallardón. Un misil en la línea de flotación del acorazado aguirrista. En términos militares lo analiza hoy en La Vanguardia Enric Juliana, con el título de ¡Pilla por la orilla!, en donde añade a otros actores de reparto importantes y/o mediocres:  

 

Está en juego el vértice de la derecha y la rótula del Gran Madrid (y el enésimo lío del PSOE castizo) Versión solemne de los últimos acontecimientos madrileños, según un militante del Partido Popular al que le gusta la Historia: “El congreso de Valencia fue la batalla de Stalingrado de la derecha española. Fue una extenuante lucha de posiciones, que Mariano Rajoy, con la imprescindible ayuda de Camps (Valencia), Arenas (Andalucía) Núñez Feijoó (Galicia), supo resolver a su favor, resistiendo el embate de una temible fuerza de choque articulada por Esperanza Aguirre, el cardenal Antonio María Rouco Varela (emisora Cope), Pedro J. Ramírez (diario El Mundo), y antiguos oficiales del aznarato. La periferia ganó a Madrid”.

” Ahora –añade este apasionado lector de la Segunda Guerra Mundial– estamos ante la batalla de Kursk. Derrotados en Stalingrado, los alemanes realizaron un último intento ofensivo en el frente del Este, movilizando todos sus carros de combate. La de Kursk fue una batalla basada en la velocidad. Aprovechando el estrépito del caso Gürtel en Valencia y la evidente quiebra de la confianza de Rajoy en Camps, Aguirre (ya sin el concurso de Rouco Varela, que ha dado medio paso atrás por indicación de Roma), ha lanzado un ataque relámpago para colocar a su lugarteniente Ignacio González en la presidencia de la segunda entidad de ahorros española. Una gran caja de caudales. Persigue, Aguirre, tres objetivos: recompensar a González por los servicios prestados (ha sido su principal estratega durante años); condicionar la política de Rajoy; y acumular fuerzas para un nuevo asalto al liderazgo del partido, según cuál sea el resultado de las elecciones municipales y autonómicas de 2011. Es una apuesta temeraria, como la de Kursk. Aguirre seguramente volverá a perder”.

Lectura más a ras de tierra, según un experimentado periodista madrileño que ha visto de todo en los últimos treinta años: “Quién acabe controlando Caja Madrid tendrá una de las llaves maestras del inevitable reajuste del poder económico en España, comenzando por la fusión de las entidades de ahorro. Caja Madrid puede conducir a Florentino Pérez al control de Iberdrola; tiene algo que decir en Indra ( tecnología militar,) y en sus manos están algunos créditos de medios de comunicación residenciados en la capital. Es la rótula del Gran Madrid. Estamos ante la madre de todas las batallas”.

Versión cheli, de un buen conocedor de la inefable Federación Socialista Madrileña: “Con el visto bueno de Leire Pají –y seguramente de José Blanco–, el líder de los socialistas madrileños, Tomás Gómez (ex alcalde de Parla), pactó con Aguirre: ‘La presidencia para tí y la vicepresidencia para nosotros, y que les den a Rajoy y a Ruiz-Gallardón’. Izquierda Unida y los sindicatos también están en la pomada. ¡A pillar por la orilla!, que se decía en la movida. (En cristiano: cojamos la oportunidad al vuelo).

“Pajín y Gómez son estrategas provinciales. Lo de Blanco, que es inteligente, resulta más extraño. Seguramente creían jugar al divide y vencerás; tacticismo de baja cota. Gente con experiencia le ha hecho ver a Zapatero lo que realmente está en juego. Y ahora deben obligar a Gómez a dar marcha atrás. Y Gómez ya ha prometido cargos. El fantasma del tamayazo (el escándalo del cambio de voto en la Asamblea de Madrid en 2003) se pasea por la esquina de Ferraz”.

Versión de un gélido observador: “Atentos a la caballería del Banco de España. Puede que esté a punto de intervenir”.

 

Desfile, Gürtel y Barça. Broncas españolas

Ignacio Martínez | 14 de octubre de 2009 a las 10:29

La bronca contra el presidente del Gobierno el lunes en Madrid me suena de demostraciones más antiguas. Recuerda a cuando los mismos, o gente parecida, pedían la dimisión de Suárez o el paredón para el cardenal Tarancón. La extrema derecha es muy del pareado y del exceso; tiene querencia a pasar de la dimisión al paredón con arriesgada rapidez. Es lamentable que un acto de Estado, en el que el protagonista debe ser el Ejército de todos los españoles, sea infelizmente enturbiado por unos fanáticos que en el fondo reivindican que las Fuerzas Armadas les pertenecen y no quieren intrusos.

Y es penoso que este gesto nostálgico no sea censurado desde la derecha política y mediática. Gallardón le dio a Rajoy una lección de liderazgo: criticó sin ambages la pitada a Zapatero en un acto de Estado, mientras el presidente del PP se abstuvo. La prensa de derechas pretende encima que el comentario del presidente de que estos pitidos forman parte de un rito es “un desprecio” a los manifestantes. Lo que supone darles más munición para el año próximo.

Por cierto que Rajoy también se abstuvo de tomar medidas contra los implicados en el caso Gürtel, mientras Esperanza Aguire le daba otra lección de liderazgo cortando las cabezas de los afectados en la rama madrileña; cuestión de carácter. Los lodos del dontancredismo de Rajoy salieron ayer por las rendijas del PP valenciano, con Ricardo Costa amotinado con razón: no fue él quien llevó a El Bigotes a Valencia, ni quien decidió darle negocio en el partido o en la Generalitat, ni quien le mostraba tiernamente su cariño por teléfono. Así es como ha terminado en bronca la calma chicha en el mar de Levante y los argumentos de que el respaldo electoral blanqueaba la situación jurídica de los dirigentes populares. La doctrina Berlusconi no funciona en este costado del Mediterráneo, por fortuna.

La intransigencia no es monopolio de nadie. El presidente del Barcelona, Joan Laporta, borracho con el triplete, sueña con unificar el nacionalismo catalán y ganar unas elecciones. Su soberbia le permite llamar “imbécil” al presidente de Extremadura, que es un apasionado barcelonista. Fernández Vara publicó un artículo en Marca en el que elogiaba la gestión de Laporta, pero le recordaba que no todos los barcelonistas son catalanes: “Visca el Barça y Visca Catalunya. Y viva España también, si me lo permites”. A lo que Laporta le contestó con una bronca telefónica que incluyó el grito de guerra independentista: “¡Visca Catalunya Terra Lliure!“. En el Barça han espiado a cuatro de los cinco vicepresidentes; a todos menos al candidato de Laporta para sustituirle. Cuando se le pregunta por ese turbio asunto, dice que se trata de una campaña de la prensa reaccionaria española. Es curioso, Berlusconi acusa a la prensa extranjera de dañar a Italia con las críticas a su persona. El maestro tiene otro alumno aventajado. Camps tiene competencia en Can Barça.

Los pecados originales de Zapatero y Rajoy

Ignacio Martínez | 30 de septiembre de 2009 a las 8:50

Zapatero tiene tanta credibilidad en su gestión de la crisis como Rajoy cuando se explica sobre el caso Gürtel. Ambos son poco o nada fiables. Lo peor del presidente del PP con la trama de corrupción es que al principio la negó categóricamente. Se trataba de un complot del Estado y la prueba era la coincidencia del ministro de Justicia Bermejo y el juez Garzón en una cacería en Jaén, un fin de semana de febrero en el que se produjeron las primeras detenciones. Y resultó que sí había caso. Un grupo de corruptos había penetrado al PP en Madrid y Valencia. Hubo otros episodios; Ricardo Galeote, hermano e hijo de encausado, dimitió como concejal de Estepona por su vinculación con la banda de Correa, el Bigotes y compañía. Con él han hecho mutis por el foro una decena de alcaldes y concejales, un consejero del Gobierno de Esperanza Aguirre, el tesorero de la ejecutiva nacional y hasta un eurodiputado. Todos, imputados, junto a sesenta personas más en Madrid.

No era cierto de que no había nada. No era cierto el complot. Tampoco era cierto que el presidente Camps se pagara sus trajes. No se lo ha creído ni su íntimo amigo el magistrado Juan Luis de la Rúa, presidente de sala del Tribunal Superior de Justicia de Valencia. Aunque al juez el regalo le pareciera insuficiente para procesar al amigo. Ahora se dirime si hay que dar crédito a un informe policial que indica que la trama corrupta financió al PP valenciano. Informe que está en el limbo; en la maraña de piezas separadas del caso. De la Rúa se desentendió del escrito, pero debió mandarlo al juzgado de guardia para que se investigara. Alguien debe hacerlo. El argumento de Camps de que el voto masivo a su favor de los valencianos le exonera es el mismo que utilizaba Gil en Marbella, el mismo que emplea Berlusconi en Italia. No es de recibo. Rajoy enseña viejos informes de policías que resultaron falsos. Pero tiene un pecado original en este tema, porque lo negó desde el principio. Y ya no es creíble.

A Zapatero con la crisis le pasa lo mismo. La negó al principio y acusó a Rajoy de antipatriota por anunciarla. Todo lo que haga ahora se pone en entredicho por su pecado original. ¿Quién iría a tratarse de una gravísima enfermedad con un médico que la hubiera descartado con rotundidad al aparecer los primeros síntomas? Encima la gestión no es brillante. Sube los impuestos porque los que más tienen deben atender a los que más necesitan. Una filosofía progresista que casa mal con la desaparición del impuesto sobre patrimonio, el aumento del IVA, y medidas anteriores como una devolución de Hacienda para todos los contribuyentes o un cheque bebé tanto para millonarios como para personas sin recursos.

Aquí los pecados originales desacreditan a los grandes partidos. Y tendrán consecuencias. En Alemania los democristianos (CDU-CSU) y los socialdemócratas tuvieron el 90% de los votos, pero este domingo no han llegado al 57%. Que tomen nota sus colegas nacionales. En España nunca desde el inicio de la transición ha habido en el Congreso de los Diputados tantos escaños en manos de las dos principales fuerzas políticas, pero el oligopolio político español no es eterno.