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Un árbitro incontestable

Ignacio Martínez | 16 de marzo de 2009 a las 8:40

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Después de ver al Real Madrid en Anfield y en San Mamés durante la misma semana, en partidos similares, hay que convenir que no le arbitran igual en España que en el extranjero. Hay quien sostiene que si en España los árbitros fuesen más imparciales, a lo mejor el Real pasaba de los octavos en la Champions. Pero en la Liga española casi siempre se equivocan a su favor. El sábado fue desagradable ver a un héroe nacional como Casillas hacer teatro tocándose la cara en el suelo, para que expulsaran a un jugador del Athletic. Feo. Después reconoció que Yeste no le había tocado la cara.

En fin, los árbitros españoles también se equivocan a favor del Barça y de cualquier otro grande. Hace unos años, uno favoreció al Sevilla, creo que contra el Recre, y un jugador sevillista se disculpó presumiendo: “Hasta en eso se nota que ya somos un equipo grande”. Casillas pudo decir eso mismo en lugar de su disculpa de tramposo: “No me tocó la cara pero era de roja”.

Los árbitros son malos, y sin embargo los necesitamos. Aunque dice el diccionario que árbitro es la persona que puede hacer algo por sí sola sin dependencia de otro. Y eso le va que ni pintado al juez Baltasar Garzón, la última bestia negra de la derecha española. El tipo que persiguió a Pinochet antes de que se muriera para procesarlo por crímenes contra la humanidad. El que quiso repetir la operación contra Franco, treinta y tantos años después su muerte. El mismo que mandó a la cárcel a medio Ministerio del Interior del felipismo. Y los que entonces lo jalearon como a un campeón ahora lo tachan de juez socialista. Cuando el árbitro no pita lo que queremos es un manta o un tramposo. Aunque en las tramas de espías, pícaros y sastres en el entorno del PP hay algo más que indicios de culpabilidad por la meseta y levante.

Un verdadero árbitro imparcial, persona cuyo criterio tiene una autoridad incontestable, ha visitado Andalucía por cortesía de la Confederación de Empresarios, y entiendo que con el patrocinio de Unicaja. El premio Nobel de Economía Paul Krugman estuvo el sábado en Sevilla y nos dijo que hay crisis en España para cinco o siete años. Hoy se lo repetirá a Zapatero en La Moncloa. Según él, a nuestro país sólo le queda esperar que se produzca una recuperación europea. Vivíamos del auge inmobiliario y se ha pinchado la burbuja. Total, va a resultar que tenía razón Solbes, cuando dijo que no se podía hacer nada más. Krugman no se ha estudiado bien el caso español, con lo que sobre la suerte de Andalucía nada dijo. Pero apuntó otras cosas: que viene una era menos derrochona, en la que demostrar la honestidad será una exigencia. Y con otra estética, la ropa será menos colorida.

El Madrid, de blanco, ya está a tono.

Cazar, expiar y espiar

Ignacio Martínez | 25 de febrero de 2009 a las 10:51

El verbo cazar tiene muchas acepciones. Y Mariano Fernández Bermejo las ha probado casi todas. La primera de la que tuvo noticia fue la clásica, buscar a aves, fieras y otros animales para cobrarlos o matarlos. Lo hizo en su localidad natal de Arenas de San Pedro (Ávila), al sur de la Sierra de Gredos. Allí la variada fauna tradicional incluía linces, osos, zorros, lobos y jabalíes. También liebres, conejos y perdices con los que se supone que el joven Bermejo empezó su larga carrera de cazador de escopeta y perro, que él calibra en 50 años, no se sabe bien si por fanfarronería. Eso supone que ahora no caza por esnobismo de nuevo rico, sino por practicar un deporte muy arraigado en todas las clases sociales de la España rural.

Cazar también significa adquirir con destreza algo difícil o que no se esperaba. El antiguo fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Madrid insumiso con el Gobierno del PP se quedaría sorprendido de que Zapatero le hiciera ministro en 2007. No parece que un tipo tan bronco fuese lo más adecuado para hacer un pacto por la justicia con el PP o conciliar acuerdos con los jueces. Pero con la misma destreza con la que cazó el Ministerio de Justicia ha salido de él. El pasado miércoles el grupo socialista en pleno lo vitorea puesto en pie, al grito de torero, torero. Y cinco días después le cortan la coleta. Lo que no cazó Bermejo fue la necesidad de que el notario mayor del Reino fuese el más prudente de los ministros y no el más follonero. Cazar también significa entender algo rápidamente. Y nuestro hombre, con su alma de viejo cazador del valle del Tiétar, ya sabrá a estas alturas lo efímera que es la gloria taurina en la política.

Pero el verbo cazar tiene una acepción todavía más adecuada para la ocasión: sorprender a alguien en un descuido, error o acción que desearía ocultar. Más que error, fue una enorme metedura de pata del ministro coincidir con Baltasar Garzón en una cacería en la provincia de Jaén, el fin de semana en el que el juez tenía ya varios detenidos y había iniciado una investigación delicadísima sobre una presunta trama de corrupción en el PP. Así que bien está que expíe su culpa con la dimisión o cese. Garzón debería aplicarse el cuento e inhibirse en este caso, por mucho que le apetezca que la opinión pública esté pendiente de él.

Ahora bien, resueltas las responsabilidades de la cacería, y concluidas el domingo próximo las elecciones en Galicia y País Vasco, el PP no tiene excusa para dar la cara en el enredo de espías, negocios, comisiones y corrupción descubierto en la Comunidad de Madrid. Espiar no tiene tantas acepciones como cazar, pero de ese cabo penden muchas reputaciones. Y Mariano Rajoy debería dar la talla de líder dando explicaciones al país y depurando sus filas. El trofeo que debe exhibir no es la cabeza de Bermejo, sino la limpieza de su partido.

Zapatero, valiente y sin soluciones

Ignacio Martínez | 27 de enero de 2009 a las 10:30

http://es.youtube.com/watch?v=LS7dz17rof4

 

Le doy un aprobado al presidente del Gobierno por su intervención anoche en ‘Tengo una pregunta par usted’. Más que nada por el valor de encerrarse con 100 ciudadanos para que le pregunten inconveniencias. Estuvo suelto, pero poco convincente. Negó la crisis con tanto énfasis, cuando Mariano Rajoy decía que venía una gorda, que ahora tiene dificultades para convencernos de que no nos mintió. Quiso dar ánimos, pero sin soluciones. Todo lo basó en su carisma personal, en su cara de bueno. Una estética Obama que es suya de antes. Por cierto, que nunca le había visto con aspecto tan cansado. Se vio en apuros no sólo cuando una y otra vez le decían o insinuaban que había mentido con la crisis o prometiendo pleno empleo. También sudó tinta cuando un pacifista le reprochó que España vendiera armas a Israel. Ahí patinó. Dijo que la factura es de sólo un millón de euros, cuando puede ser de cuatro veces más. Pero lo más grave es que dijo que las nuestras no se usan para matar palestinos.

 En fin, aprobado por la valentía. Mariano Rajoy ha declinado la invitación hasta que pasen las elecciones gallegas y vascas. O hasta que pase el culebrón de los espías de Madrid, y la pelea a muerte entre Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón. Hace mal. A los españoles nos gustan los toreros valientes. Y a Zapatero lo de torear se le da bien.

(Francisco Gallardo, nuestro experto en televisión, le pone buena nota a ZP como personaje televisivo).