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Como trompa de elefante

Ignacio Martínez | 18 de abril de 2012 a las 9:56

Lo de YPF es el termómetro nacional. España tiene fiebre alta, extrema debilidad y es pasto de desaprensivos. Una tragedia. Eso sí, es asunto tan potente que el Fondo Monetario Internacional, el Banco de España y el New York Times se han mostrado escépticos sobre la capacidad de España de ajustar su déficit al 3% del PIB el año que viene, pero todo el mundo sigue enganchado a la expropiación de la filial de Repsol. O, como alternativa, al safari del Rey. Y han llegado las semifinales de la Champions. Así que hemos renovado las tertulias de barra de bar.

Aquí, en el solar patrio, hay quien tiene la tentación de pensar que el expolio argentino es un problema de los capitalistas propietarios de la petrolera. Pero hay millones de pequeños ahorradores con un puñado de acciones de esta compañía, que han visto en pocos meses cómo se les quedaban en la mitad de precio. Así, que poca broma con las familias expoliadas, en particular con las que ven hipotecado gran parte de su escaso patrimonio.

Hay que apuntar enseguida que el Gobierno español no ha estado muy fino. Quizá porque no tenía margen. Pero si esto le llega a pasar a Zapatero, la tropa popular le habría pateado en el suelo de lo lindo. No hay posibilidad de argüir el sambenito de la herencia recibida y el PP empieza a tener sus propios cadáveres en el armario. Una presidenta peronista de la República Argentina se ha quedado con una petrolera por las buenas, sin decir cómo, cuánto o cuándo la pagará. Expolio se llama eso.

De momento, gratis total. Uno de los errores del Gobierno fue pensar que socios y aliados saldrían en su ayuda. Pero de momento, nada. Estados Unidos se lava las manos, al fin y al cabo han expropiado a los españoles propietarios de YPF, pero no a los fondos norteamericanos presentes en la petrolera. ¿Hablarían de eso Kirchner y Obama en Cartagena el otro día? Sea como fuere, frialdad norteamericana. El asunto no va con ellos; otra vez un asunto interno español. Y tampoco es que la Unión Europea esté en pie de guerra.

Queda invalidada una vez más la retórica de la madre patria y los países hermanos. Se nota en muchos detalles de poca clase. Como cuando la presidenta explica que ha decaído la producción de YPF “como trompa de elefante”. Hay unas risitas y la doña repite lo de trompa de elefante. Muy graciosa. Tanto que habría hecho carrera en el gilismo de Marbella. Es como Marisol Yagüe, como Isabel García Marcos. No. No por la silicona y los botox. Por el populismo barato. Y ya que estamos en Marbella añadiré una cita de autoridad. Carmen Lomana en su twitter explicaba ayer a sus 76.656 seguidores que estaba indignada con lo de Argentina: “El instigador es un niñato, viceministro de Economía, Axel Kicillof, que la tiene loquita por sus huesos”. Consulto los datos del nuevo jefe de YPF y resulta ser un apuesto joven de 40 años. Esto es lo que hay. España con fiebre y Argentina también.

El que manda, manda

Ignacio Martínez | 10 de diciembre de 2011 a las 12:47

Europa salió de la Segunda Guerra Mundial como un protectorado militar norteamericano. Y sale de la cumbre de ayer como un protectorado económico alemán. El asunto militar ya forma parte del paisaje. Incluso una operación como el ataque a las fuerzas de Gadafi en Libia, realizada a iniciativa francesa y británica, acabó colgándose en la percha de la OTAN. Al fin y al cabo, los americanos tienen los mejores sistemas de comunicaciones por satélite y los aviones radar Awacs son suyos. Una cuestión de músculo y de comodidad por cada parte. Desde que en 1949 se fundara la Alianza Atlántica ha sido recurrente la demanda estadounidense de que Europa debería contribuir más al presupuesto aliado. Hasta hoy.

En el mismo Tratado de Maastricht, de 1991, en el que se aprobó la Unión monetaria y económica, se estableció un modesto concepto de emancipación: la identidad europea de defensa, que tendría su pilar en la Unión Europea Occidental (UEO). Un año después, los daneses rechazaron el Tratado en referéndum, entre otras muchas cosas porque no querían volver a ver los tanques alemanes por las calles de Copenhague, ni de visita. Preferían seguir bajo el paraguas americano. La idea se dejó sentir en la revisión del Tratado que se realizó en Amsterdam en 1997. Se pusieron las cosas claras. Dos frases, como ejemplo: “La Alianza Atlántica sigue siendo la base de la defensa colectiva” y “la UEO constituye un elemento fundamental del desarrollo de la identidad europea de defensa dentro de la Alianza Atlántica”. O sea, el que manda, manda.

El resultado de la cumbre de Bruselas de esta semana es similar. La unión monetaria no estaba bien diseñada y no se ha realizado la unión económica prevista. El Banco Central Europeo se hizo a imagen y semejanza del Bundesbank. Su misión sagrada es la estabilidad de precios; controlar la inflación es la obsesión alemana. Y no está entre sus competencias ni la compra de deuda, ni mucho menos la emisión de eurobonos. El intento de controlar el déficit es muy loable. Pero los jefes de Estado y de Gobierno reunidos en la capital comunitaria se han olvidado de que, en el origen, esta era una crisis financiera, que provocó un colapso del crédito, que a su vez hundió la actividad y el consumo. Detrás vino una drástica reducción de la recaudación de impuestos, los déficits se dispararon y la suscripción de deuda se desbocó.

Ahora, por orden de Alemania se ataja una de las consecuencias de la crisis, pero no se arbitran soluciones para las causas: dudosa solvencia bancaria, diferenciales astronómicos en los intereses de la deuda entre la germana y los países del sur, y el crecimiento europeo estancado. El Consejo Europeo no da más de sí. Está compuesto por pocos pesos medios o ligeros y muchos pesos pluma. En ausencia de pesos pesados, se impone la economía hegemónica. El que manda, manda.

Fábulas y fantasías

Ignacio Martínez | 6 de noviembre de 2011 a las 11:40

Zapatero hace mutis por el foro, ante la indiferencia colectiva. Fue uno de los dos clamorosos ausentes ayer en el supermitin de los socialistas, en Dos Hermanas. El otro ignorado es Chaves, despojado por Griñán de todas sus prerrogativas de antaño. De ésta también. Al menos le queda el consuelo de que se fue porque quiso y que colocó en su cargo a quien le dio la gana. Aunque después su sustituto, como suele pasar en la vida con todos los sustitutos a los que uno deja en su lugar, se considere con el derecho y hasta en la obligación de matar a su antecesor. La condición humana es así.

Este presidente se va a la fuerza. Pero busca consuelos, como salir indemne de la cumbre de Cannes, sin que le intervengan, como a Irlanda, Portugal y Grecia, o lo supervisen como a Italia. Y saca pecho. También podría consolarse mirando al otro lado del Atlántico, al otro líder progresista, de aquella fábula infantil de Leire Pajín, sobre el acontecimiento planetario. La figura de Obama se empequeñece con el uso. Su última peripecia es la salida de Estados Unidos de la Unesco, porque se ha admitido a Palestina como miembro de la agencia de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Esta represalia de Gulliver contra los liliputienses imita la de Reagan en 1985. El argumento de que entorpece el proceso de paz en Oriente Medio, o sea que dificulta la presión de Israel sobre los palestinos, es impropio de un Premio Nobel de la Paz. Es lo que pasa cuando se le regala a alguien una distinción que no merece. La condición humana es así.

Europa, por cierto, ha hecho ahí un papelón: Francia, España y otros nueve países, a favor; Alemania y otros cuatro, en contra, y el Reino Unido, Italia y otros ocho, neutrales. La Babel diplomática europea ha quedado en evidencia. La fantasía de una sola voz es falsa; hay 27. En Cannes se ha decidido una estrategia global para el crecimiento. Suena bien, pero es poco más que un eslogan. En la UE, sería suficiente con aumentar el presupuesto, que está en un exiguo 1% del PIB, 143.000 millones de euros. Ya verán como no lo suben. Nadie está pensando en el futuro a medio plazo, sino en salvar el pellejo ahora. La condición humana es así.

Una sonrisa para los turistas

Ignacio Martínez | 16 de octubre de 2011 a las 11:16

Una amiga, que ha estado en los Estados Unidos, viene contando lo bien que se lo ha pasado en California, pero añade que no vuelve a Estados Unidos. Resulta que cuando llegó a Los Ángeles, procedente de París en un vuelo de Air France, la apartaron del resto de viajeros en el control de pasaportes. A ella y a unas pocas de españolas o hispanoamericanas que tenían algo en común: un nombre compuesto que empezaba por María. Ninguna suiza o francesa del vuelo fue retenida.

Separada de sus acompañantes, la llevaron a una segunda inspección durante dos horas de reloj. Allí la interrogaron sobre el color de su pelo, el de sus ojos, su peso y cuestiones similares. No le dieron ninguna explicación; hay que esperar a una llamada, era todo el recado. No se sabía por qué. Mientras, a los que estaban fuera no les dejaron entrar´, ni recibir información alguna. Sólo que aquello era por su bien. Malas caras, voces más altas de la cuenta y un poquito de chulería completan el cuadro de la llegada a la tierra de Obama.

En los mismos días, otro amigo ha estado en Marruecos. Y a la salida de la frontera de Nador con Melilla un funcionario de aduanas lo retuvo para hacerle un interrogatorio sobre su profesión, especialidad, etcétera, etcétera. La impresión de la víctima es que aquello no era por su bien, sino con el objeto preciso de tocarle las narices. Y dentro de la Unión Europea, lo mismo ocurrió en junio a otra buena amiga en los controles aleatorios de frontera en Dinamarca, puestos en marcha en primavera violando los compromisos de Schengen. El terrorismo ha conseguido un enorme éxito, al amargarle la vida a los turistas. Y a veces el racismo y la mala leche del funcionario hacen el resto.

Las medidas de seguridad en los aeropuertos rozan el ridículo. Quizá nada de eso es evitable, todo es necesario para que ninguna peligrosa terrorista se camufle tontamente debajo de cualquier inocente María hispana. O un espía español no deambule a sus anchas por el antiguo protectorado rifeño. O no entre en Dinamarca ningún indeseable mafioso.

Admitamos que es imprescindible este tipo de control. La pregunta es por qué no ponen en estos sitios a gente muy eficaz y particularmente amable. Por cada peligroso terrorista habrá millones de turistas que agradecerían un poco de respeto ante la sospecha de que no son culpables de nada. Pero la ecuación que uno encuentra en las fronteras de este mundo de dios es la contraria. Hay que ladrarle al viajero, amedrentarlo, para que sepa quién manda allí.

El turismo es un fenómeno tan poderoso que aguanta todo esto. Hay mil millones de turistas internacionales al año en el mundo. ¡Uno de cada siete habitantes del planeta sale de su país! Y la cifra se puede duplicar en la próxima década. Sería deseable que nos reciban en destino con todo rigor. Y una sonrisa, no estaría de más.

Democracia directa

Ignacio Martínez | 26 de septiembre de 2011 a las 13:16

La izquierda ha conseguido la mayoría absoluta en el Senado francés, por primera vez en más de medio siglo. En esta Cámara de representación indirecta siempre hubo un predominio de los gaullistas y sus aliados, desde que el general De Gaulle encargara la Constitución de 1958. La crisis, como se ve, puede con tradiciones e instituciones que parecían parte del paisaje. Y no perdona: se lleva por delante a gobernantes y mayorías de derechas y de izquierdas. Angela Merkel ha perdido seis elecciones regionales en Alemania este año. Y el suyo es el único partido democristiano que sigue ocupando un puesto central en un país europeo.

A los gobernantes democristianos y socialdemócratas se los ha llevado el vendaval de la crisis por igual. El argumento de que la izquierda se ha quedado sin ideas y no aporta nada nuevo en esta coyuntura es tan cierto como que en la acera de enfrente pasa lo mismo. Y quienes están en la oposición se encuentran bien situados para sustituir a los sufridos presidentes o primeros ministros salientes. Es el caso de los socialistas en Francia y Alemania o de los conservadores en España. En las protocolarias despedidas la semana pasada en el Congreso de los Diputados podían verse sonrisas más amplias y relajadas en el campo de los que abandonan el Gobierno, que entre los que llegan nuevos. Será por la responsabilidad que se le viene encima al PP o por el estrés que supone a muchos de sus dirigentes el sinvivir de no saber si serán o no ministros de Rajoy.

Y el problema no es Europa, como pretende Timothy Geithner, el secretario del Tesoro norteamericano, que auguró este fin de semana una cascada de quiebras en Europa si no se refuerza el fondo de rescate de la UE. La falta de imaginación no es mérito exclusivo de los europeos, como puede verse en las políticas de Obama, tanto en el plano doméstico, como en el internacional, amenazando a los palestinos si se atrevían a pedir el reconocimiento como Estado.

Pero sí hay algo que está cambiando en Europa. El voto abandona el bipartidismo clásico, poco a poco. Hace dos años, en las elecciones alemanas que ganó la señora Merkel, los dos principales contendientes democristianos y socialdemócratas juntaron el 57% de los votos emitidos, frente al 90 que tenían en la época del canciller Adenauer. Por cierto, cuando De Gaulle fundó la V República francesa. La semana pasada, en la ciudad estado de Berlín además de SPD, CDU, verdes, Izquierda y liberales, un nueve por ciento de los votantes han preferido al Partido Pirata, invento sueco de hace cinco años que ya tiene franquicia española, que propugna democracia directa, software libre y reformar las leyes de la propiedad intelectual, para lograr la máxima libertad en internet.

Ya que los gobernantes no azuzan el ingenio, lo hacen los electores.

15 M: Un valor precioso

Ignacio Martínez | 22 de mayo de 2011 a las 12:54

Esta ha sido una campaña electoral sosa, rara, en la que los dos grandes partidos se han dedicado más a descalificar a su eterno rival que a ilusionar a su afición. Los dos con la mirada puesta en el Gobierno de la nación, más que en ayuntamientos o autonomías. Una campaña en la que todo el mundo parecía triste, a la altura de la ruina económica que vive el país y del estado de depresión de los ciudadanos. Y, de pronto, casi al final, ha surgido una sorpresa que ha polarizado la última semana y tiene desconcertados a los políticos.

La primera cuestión que uno se plantea no es por qué surge este movimiento del 15-M, sino cómo no ha aparecido antes. En Andalucía, más de la mitad de los jóvenes entre 16 y 25 años que buscan trabajo, no lo encuentran. Son 200.000. En España, de las 256.000 personas que perdieron su empleo en el primer trimestre de este año, ¡el 90%! eran jóvenes menores de 35 años. Así que esta generación ha decidido manifestar su estado de desesperación. Si no fuera por las redes familiares, muchos de ellos estarían al borde de la exclusión social.

Este movimiento surgió antes de la publicación hace dos meses en España del panfleto ¡Indignaos! escrito por Stéphan Hessel, nonagenario nacido en Berlín en 1917, nacionalizado francés en 1947 y uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en el 48, en plena posguerra europea. Pero aunque empezó antes, sigue la línea marcada por ese librito que ha vendido unos dos millones de ejemplares en Francia.

Hessel llama a la juventud a la rebeldía, con el argumento de que la indiferencia es la peor de las actitudes, alienta una insurrección pacífica al estilo de Mandela o Martin Luther King, sostiene que lo verdaderamente inaceptable son las injusticias. Y pone en la diana a los famosos mercados financieros: concluye que amenazan la paz y la democracia, y tutelan los estados. La obra pretende transmitir un optimismo natural, con la filosofía de que todo lo deseable es posible.

En eso estamos. Este movimiento, es similar en una cosa al del 68 en Europa Occidental y Estados Unidos, al del 89 en Europa del Este, a las recientes revueltas árabes: una protesta espontánea ante una realidad política muy insatisfactoria. Se quejan del paro, de bajos salarios, de trabajos precarios, de la corrupción, de un sistema electoral poco representativo. Ponen en la picota a políticos y banqueros. Podría haber surgido fuera de época electoral, y de hecho tendrá poca incidencia en las elecciones de mañana. Pero hay algo nuevo en el escenario, que puede ser decisivo en las elecciones del año que viene.

Los jóvenes reivindican un catálogo de utopías, que van a dar más de un dolor de cabeza. Saludable. Como diría Hessel, la indignación es un valor precioso.

Gadafi nos confunde

Ignacio Martínez | 23 de marzo de 2011 a las 11:35

Gadafi nos confunde. La duda es una de las compañeras más fieles en la existencia del ser humano. Siempre dudamos de lo que hacemos, al menos en nuestro fuero interno, por mucha seguridad que aparentemos. Y más todavía, si encima no somos capaces de simular que confiamos en nuestra decisión. A veces, la duda es colectiva y se nota más. Hay quien duda de esta guerra contra Gadafi. Obama, sin ir más lejos. No quiere liderar, pero lidera la coalición internacional de voluntarios que se ha juntado para pararle los pues al dictador libio. Y pide a Gadafi que se marche, pero resulta que no es el objetivo de la misión militar puesta en marcha.

Por el contrario, no tiene duda alguna Llamazares. He aquí a un hombre de certezas: para él ni los derechos humanos, ni la democracia se imponen mediante la guerra. Bonito, romántico. Y poco práctico. Este curioso argumento, aplicado al pie de la letra, exonera de toda responsabilidad a Chamberlain y a Blum por no haber auxiliado a la República española en 1936.

Libia ofrece dudas de más grueso calibre que las de Obama. Quiénes son los rebeldes, quién los ha armado, cómo pudieron tomar casi toda la costa. ¿Son de fiar? Ha cuajado una guerra civil y la comunidad internacional está de una parte, de la que no sabemos gran cosa. La adhesión de ayer a la propuesta de Zapatero en el Congreso fue tan unánime que deja lugar a pocas dudas sobre el consenso social en España a favor de bombardear los sistemas antiaéreos de esa extraña pareja que forman el ejército convencional libio y los mercenarios extranjeros, cuyo número también se desconoce. Hemos pasado de tres millones de manifestantes en la calle contra la guerra de Iraq a unos cientos o unos miles de personas que piensan como Llamazares.

Otro lío en el que andan metidos los voluntarios es decidir quién manda en la coalición que se ha erigido en cuerpo de policía para la ocasión. Francia quiere una dirección ajena a la OTAN. De hecho, un neogaullista como Sarkozy no debe ser devoto de la Alianza. El general De Gaulle forzó en 1965 el cambio de sede de París a Bruselas cuando anunció la retirada de Francia de la estructura militar integrada de la OTAN.

Pero tanto Estados Unidos como el Reino Unido y España, entre otros, son partidarios de que la Alianza lidere la guerra contra Gadafi y el bloqueo naval decidido ayer. Digo yo que para eso está. Para eso decidió dejar de ser una organización defensiva regional, que sólo operaría en su territorio como escudo ante un eventual ataque contra uno de sus socios, para convertirse en una especie de gendarme global. Este es un encargo para la OTAN. Y bien hecho: eso de que el objetivo no es derrocar a Gadafi es una broma. Hay que ponerlo ante el Tribunal Penal Internacional. Sin duda. Y crear el precedente.

Voluntarios

Ignacio Martínez | 2 de marzo de 2011 a las 13:55

La generación norteamericana de los 60 vivió años muy estimulantes. Fue una de las décadas más luminosas del siglo XX, de gran creatividad artística y crecimiento económico sostenido, ensombrecida por la guerra del Vietnam. Uno de los himnos favoritos en aquellos años fue la canción Volunteers de Jefferson Airplane, que este grupo californiano tocó en el festival de Woodstock en 1969. Esta generación no tiene destino al que agarrarse, decían. Sesenta mil muertos y 150.000 heridos en el bando estadounidense justificaban su desesperanza.

Tenían muy identificada su generación. Así se llamaba una canción de los británicos The Who, My generation. También la tocaron en Woodstock. Espero morir antes de envejecer, afirmaban, con la osadía propia de la juventud. Cosa, dicho sea de paso, que cumplió a rajatabla su batería, Keith Moon, muerto a los 32 años de sobredosis. ¡Qué recuerdos! No sería muy exagerado decir que los jóvenes en edad de empezar a labrarse un futuro profesional tienen hoy más motivos para el desengaño que la generación de sus padres. Eso es así en todo el mundo occidental, Europa incluida. No tienen un destino que celebrar, aunque dudo mucho que se les ocurra pensar en morir antes de envejecer. Algo hemos mejorado.

El voluntariado es una tradición norteamericana entre los jóvenes, no desde luego para ir a la guerra, sino para el servicio público. Una tradición que el nuevo primer ministro británico David Cameron quiere imitar. No es que pretenda utilizar de modelo para la clasista sociedad de las islas una más igualitaria, como la americana. Es una cuestión de necesidad. A pesar de que la economía del Reino Unido crecerá un 2% este año, por un 0,8% de la española, Cameron quiere hacer un ajuste de caballo en las cuentas públicas. Reducirá el déficit en 100.000 millones de euros y eliminará medio millón de puestos de trabajo en la administración pública. Y parte de la asistencia social para atender a ancianos, enfermos o niños cuyos padres no tengan guarderías, pretende el Gobierno de Londres suplirla con un sistema de voluntariado.

Quizá contagiada de este espíritu de austeridad, combinado con el servicio social voluntario, una directora general del Ministerio de Educación ha animado a las universidades españolas para que den créditos académicos por acciones de voluntariado. En Andalucía, en universidades como la de Sevilla, a partir de este curso se darán seis créditos europeos por este tipo de actividades. El crédito equivale a 25 horas de servicio a la comunidad. Hasta ahora sólo se daba un crédito por la formación para estas acciones. No estaría mal ampliar la iniciativa más allá de la universidad. Mezclar a jóvenes de distintas procedencias, clases sociales o religión sería una buena experiencia. Hay que buscar estímulos para un futuro más optimista. Y para que nuestros jóvenes no se vayan voluntarios a trabajar al extranjero.

Nucleares: se acabó la inocencia

Ignacio Martínez | 19 de febrero de 2011 a las 21:16

Ha habido un cambio copernicano en la estrategia nuclear del Gobierno, aunque Zapatero lo niegue. En este asunto, la filosofía del presidente ha sido de una inocencia irritante. Cuando le preguntaban por el mix energético a partir de 2020, invariablemente contestaba que “mientras más renovables, mejor”. Respuesta más propia de un muñeco de Barrio Sésamo que del presidente del Gobierno de la quinta potencia europea. Ya sabemos que en 2020 España tendrá instalada energía renovable capaz de suministrar el 40% de la electricidad que necesite. Por tanto, la respuesta que se pedía al jefe del Gobierno era el origen del 60% restante. Pero no salíamos del mientras más renovables, mejor.

Ahora algo se mueve. El acuerdo parlamentario para derogar la limitación a 40 años de la vida útil de las centrales nucleares significa que Zapatero va a imitar la política energética de Obama en Estados Unidos: la apuesta por las renovables no es incompatible con prolongar la vida útil de su centenar de centrales hasta 60 años, e incluso construir algunas nuevas.

Pero el problema no es que el Gobierno español reconozca sus errores. El desafío es articular un plan energético elaborado por consenso entre las dos principales fuerzas políticas españolas. Algo que se antoja difícil mientras que Sebastián y Montoro se ocupen de la cuestión; ni se entienden, ni están a la altura. La energía es un asunto central de la seguridad nacional. Y de la europea. El riesgo apuntado por las organizaciones ecologistas también hay que valorarlo en el contexto continental: en la UE hay 145 centrales nucleares. De nada sirve el fundamentalismo antinuclear si nuestros vecinos construyen alguna nueva. O simplemente prorrogan la vida útil de las que ya tienen, como puede ocurrir con los 60 reactores franceses.

Otra cuestión es el precio de la energía que sirven. No podemos mantener el actual sistema, en el que todos los operadores cobran lo mismo por kilovatio hora, con independencia de su coste de producción. Es la tecnología más cara la que marca el precio. Si las centrales de ciclo combinado producen más caro porque tienen que comprar derechos de emisión de CO2, no es razonable que cobren lo mismo las nucleares, con unos costes mucho más bajos; su inversión está casi amortizada. Se debería prolongar la vida útil de nuestros ocho reactores con dos condiciones. Una evidente, la garantía de seguridad. Y otra importante, el precio debe ser mucho menor que el actual. Si los consumidores lo notan en la factura se volverán tan razonables como el presidente en este asunto.

En paralelo, hay que moderar las ayudas a las renovables. Los 2.500 millones anuales que los usuarios pagarán por la fotovoltaica durante 25 años es un desliz de principiante. Se acabó la inocencia.

Túnez: La democracia puede esperar

Ignacio Martínez | 19 de enero de 2011 a las 13:14

La Unión Europea está ausente por completo del escenario tunecino. La ministra española ha hecho unas declaraciones propias de Barrio Sésamo. Trinidad Jiménez consideraba esperanzador el gabinete provisional formado el lunes y abogaba por el diálogo y el consenso entre Gobierno y oposición. Enfoque desacertado y declaraciones vanas. El esperanzador gobierno provisional se deshizo ayer; sólo contaba con la oposición tolerada y estaba plagado de lugartenientes de Ben Ali.

Ningún jefe de la diplomacia europea se pronunció durante la revuelta popular a favor de la instauración de una democracia en el país. Ni siquiera Francia, la antigua potencia colonial, a cuya ministra Michèle Alliot-Marie también le ha venido grande este asunto. Una vez más fue Estados Unidos quien estuvo en su sitio. Obama elogió el coraje y la dignidad del pueblo de Túnez, deploró la violencia contra la ciudadanos y reclamó respeto a los derechos humanos y elecciones libres. Aunque no siempre EEUU ha estado a la altura. Cuando el golpe de estado del 23-F de 1981 en España, mientras Margaret Thatcher clamaba contra la asonada militar, el secretario de Estado de Reagan, Alexander Haig, dijo que era un asunto interno español.

Hay veces que los dictadores son mimados por las grandes potencias democráticas occidentales. Sin ir más lejos, lo fue Franco en los años 50 en plena guerra fría, cuando Washington descubrió que era un precursor anticomunista y se olvidó de que era un autócrata. En todas las cancillerías de Europa, y en la planta 12 del Berlaymont en Bruselas, hubo un coro de suspiros de alivio cuando en enero de 1992 se anuló en Argelia la segunda vuelta de las lecciones legislativas; los islamistas del FIS habían ganado la primera vuelta claramente en diciembre de 1991 y las municipales en año antes. Los gendarmes contra el islamismo radical son nuestros amigos por definición. Por eso, la Unión Europea se aprestó con entusiasmo a demonizar a Hamas cuando en 2006 ganó por mayoría absoluta las elecciones generales en Palestina. Nos quejamos de que en los países musulmanes no hay democracia, pero cuando votan y deciden algo que no nos gusta, lo rechazamos.
Un envejecido Jean-Claude Duvalier, que frisa los 60 años y ha recuperado el cuello que no tenía de joven madelman heredero de la dictadura de su padre en Haití, ha vuelto a la antigua colonia francesa, para medrar en un país hundido. En el 86, cuando fue derrocado, Francia lo acogió como una buena madre. Uno de los príncipes de la mayor dictadura del planeta nos rinde visita oficial y nos ponemos muy contentos cuando nos asegura que China comprará deuda española por 6.000 millones de euros. El oro de Pekín bien vale nuestra hipocresía. Como ahora con Túnez, donde Europa se pondrá de parte de quien ponga a raya a los islamistas. La democracia puede esperar.