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Griñán: “Cuatro de cada cinco euros del presupuesto de 2011 se dedican a políticas sociales”

Ignacio Martínez | 14 de noviembre de 2010 a las 12:04

Segunda parte del texto íntegro de la entrevista al presidente de la Junta, cuyo resumen publican hoy los nueve diarios del Grupo Joly

 

UNIÓN EUROPEA              ALEMANIA

GUERRA DE DIVISAS       COMERCIO ANDALUZ

SAHARA                                  PRESUPUESTOS

POLÍTICA SOCIAL              CAMPUS DE EXCELENCIA

TRIBALISMO

 

 

 

 

-Andalucía ya no es una región de convergencia, objetivo 1. Estamos por encima del 80% por PIB medio de la UE. Calculo que a partir de 2014 vamos a tener cada año 1.500 millones de euros menos de fondos estructurales europeos.

-Probablemente. Siempre y cuando no vuelva a gobernar el Partido Popular, porque a lo mejor tendríamos menos todavía. Porque siempre ha reducido los fondos que le correspondían a Andalucía.

 

-Además de este ajuste de cuentas con el PP, díganos cómo podremos paliar ese descenso.

-Con mucho ahorro. Creo que las reglas del juego están escritas. Le ha pasado a Castilla y León, a Asturias, a otras regiones que eran ‘objetivo 1′. Tendremos que adaptarnos, manteniendo siempre que menos política de cohesión regional europea tiene que ser más política de cohesión española. Las diferencias regionales no se han terminado en España. Y el Gobierno de España, a partir del momento en que entren en vigor las próximas perspectivas financieras, tendrá que incrementar su política de cohesión regional.

 

-¿Europa hace bien en quedarse al margen de la guerra de divisas?

-Europa tiene ahora mismo un dominio excesivo de Alemania. Cuando había un eje hispano-franco-alemán, Alemania tenía una política con los alemanes y otra con Europa. Ahora Alemania es quién controla las decisiones más importantes de la UE, y hace una política que le conviene exclusivamente a su país. Hemos pasado de la Europa de los ciudadanos a la Europa de las naciones.

 

-¿A Alemania le conviene un euro fuerte?

-Sí. Es un país exportador, pero vende a los países de la UE más del 70% de sus exportaciones. Le conviene un euro fuerte, porque siempre será más bajo de lo que valdría el marco y algo más alto de lo que valdrían las otras divisas europeas. Con lo cual, puede vender y los demás pueden comprar más fácilmente. Esa relación comercial con un euro fuerte le conviene a Alemania, pero no nos conviene a los demás.

 

-Arenas le critica que hable de estas cosas.

-Da la impresión de que la oposición está convencida de que los problemas de Andalucía se producen aquí y tienen solución en Andalucía. No son conscientes de que Andalucía es una región que tiene mucha necesidad de la apertura de mercados y de vender sus productos fuera. Por lo tanto, cuanto más fuerte esté el euro, y más débil el dólar o el yuan, menos capacidad de exportar tendremos.

 

-Y vendrán menos turistas.

-Y vendrán menos turistas a un hotel de Torremolinos porque será más caro.

 

-Pero se reúne el G-20 y no decide nada.

-Pasan de puntillas sobre el problema de las divisas, pero tiene su explicación. Los que mandan en el G-20 son Alemania, EEUU, y China, y a los tres les conviene la actual relación monetaria. Desde que empezó la crisis no se ha avanzado nada en el mercado de las monedas. Y eso es letal.

 

-¿Ese es el principal problema en este momento?

-Para mí es el gran problema. Cuando en Estados Unidos la Reserva Federal se dedica a imprimir billetes, y devalúa; o cuando el yuan tiene ese valor, todo eso repercute directamente en Andalucía, en España o en Francia. Quizá sea Sarkozy el único que ha tenido enfrentamientos con Alemania. Pero es que los chinos, además de devaluar la moneda, tienen un sistema político que es una dictadura, sin libertad sindical, sin derecho a la negociación colectiva, y por lo tanto con un coste del factor trabajo mucho más bajo.

 

-IU le ha pedido en el Parlamento que condicione la ayuda a Marruecos a cómo evolucione el conflicto del Sahara.

-La cooperación no se hace con estados, se hace con pueblos. Nosotros tenemos casi tres millones de euros destinados a cooperación con el pueblo saharaui. Y tenemos con Marruecos más de nueve millones, pero lo tenemos con el pueblo marroquí. Mantenemos relaciones de cooperación porque son humanitarias. A mí me parece mal retirar una fuente de cooperación en cualquier país por razones ideológicas.

 

-En los presupuestos de 2011, el crecimiento previsto es de un 1,3%. Nos dijo usted que el de 2009 iba a ser un 1% y tuvimos déficit.

-El de 2010 se está cumpliendo, en empleo y en crecimiento. ¿El de 2011? Le puedo decir, que es probable que sea ese; que puede ser mayor o que puede ser menor. Y no es broma, porque ya depende de factores externos. Si las condiciones externas funcionan como hasta ahora, con lo que hacemos nosotros lo vamos a conseguir. Si las condiciones externas no se oponen, será más. Y si las condiciones externas se oponen, será menos. Pero ya no dependen de nosotros.

 

-El martes, en el debate de totalidad de los presupuestos de 2011, ustedes han puesto énfasis en el ámbito social.

-Es que cuatro de cada cinco euros del presupuesto se dedican a políticas sociales, un 78%, tres puntos más que en 2010. A pesar de la crisis y del límite del endeudamiento, mantenemos todos los servicios y prestaciones sociales de lo que se benefician las familias andaluzas, en educación, en sanidad, en servicios sociales, en dependencia… Y aumentan las partidas destinadas a educación. Si de algo me siento orgulloso en este año y medio como presidente es de haber situado a la educación en el centro de la política económica y del discurso político.

 

-Esto se entiende, lo de la Andalucía Sostenible, suena a propaganda.

-En absoluto. A un año escaso de su inicio, el 53% de los proyectos de este programa ya están en marcha. Son setenta y siete iniciativas: préstamos para pymes, inversiones en eficiencia energética, impulso a la excelencia en las universidades, refuerzo de la I+D+i o planes de movilidad en áreas metropolitanas. Y el próximo año destinaremos casi 5.000 millones de euros al desarrollo del acuerdo de concertación social, algo más que este año pese al escenario de consolidación fiscal. Esto no es propaganda.

 

-La dificultad está en conseguir que el dinero que se gasta dé sus frutos.

-Desde febrero de 2008, el Gobierno andaluz ha invertido 14.000 millones de euros en luchar contra la crisis, el 9,5% del producto regional bruto. Unas medidas de las que se han beneficiado casi dos millones de andaluces. Con el más de medio centenar de medidas adoptadas por la Junta se han mantenido o creado 180.000 empleos y hemos apoyado a más de 30.000 empresas.

 

-La crisis ha generado depresión. Pero a veces hay buenas noticias, como el campus de excelencia de las universidades de Sevilla y Málaga.

-Es algo que a mí me parece el hecho más importante que se ha producido en los últimos tres meses en Andalucía. El campus de excelencia Málaga-Sevilla es excepcional. Mire, Joaquín [Luque] y Adelaida [de la Calle], los rectores de Sevilla y Málaga, han demostrado cómo se puede hacer Andalucía. Son ejemplo de lo que es mirar mucho más allá de las diferencias: la cooperación.

 

-No cree usted que, precisamente, el tribalismo es el primer problema de Andalucía.

-Sin duda, sin duda. Por eso, Joaquín y Adelaida son dos personas que sirven de ejemplo de lo mucho que le queda por hacer a Andalucía, cuando supera el tribalismo y une los esfuerzos. Ese campus de excelencia tenemos que trabajar todos para que triunfe, para que sea un éxito. Y vamos a hacerlo.

Combustible para el odio

Ignacio Martínez | 11 de septiembre de 2010 a las 17:57

Llega su noveno aniversario y el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York es todavía una herida abierta. Lo es la Zona Cero, el lugar donde estuvieron las torres. Y donde, a sólo dos manzanas, un inversor egipcio quiere construir un centro islámico bautizado con el nombre de nuestra Córdoba. La Cordoba House pretende ser un lugar para el entendimiento. Una mezquita para 500 personas, además de salas de conferencias y exposiciones. El nombre de la ciudad andaluza pretende evocar una época modernizadora y culta del mundo musulmán. Pero una parte importante de la opinión pública americana se lo ha tomado como una provocación.

El salvaje atentado, con 2.871 muertos, se realizó en nombre del islam. Pero los genocidios no necesitan para nada al fanatismo religioso. En los años 40, los nazis alemanes exterminaron a unos seis millones de judíos en campos de exterminio. En los 70, una especie de maoístas camboyanos, los jemeres rojos, mataron a dos millones de personas, en su empeño por acabar con la civilización urbana. En los 90, la violencia tribal africana provocó en Ruanda una matanza de tutsis a manos de las milicias hutus, con un millón de muertos.

Y en esto, aparece un pastor protestante de un pequeño pueblo de Florida, armado de su pistola y su Biblia, dispuesto a quemar el Corán como una venganza por el 11-S. El reverendo Terry Jones parece sacado de una película del Oeste, con su bigote y sus patillas; sólo nos falta verle en el saloon pidiendo un whisky. Pero, a pesar de su aspecto de pobre hombre, ha armado la mundial. Las autoridades americanas consideran, con razón, que una quema del libro sagrado de los musulmanes sería una provocación que pondría aún más en riesgo a sus tropas (y las nuestras) en Afganistán y a toda suerte de ciudadanos occidentales en países islámicos. El reverendo está encantado de haberse conocido. Comparece ante la prensa, como un vulgar chantajista, y ofrece deponer su actitud si le llama el mismísimo presidente de los Estados Unidos.

Lo malo del asunto es que Jones tiene la comprensión de no pocos americanos, incluida la ex candidata a la vicepresidencia por el Partido Republicano, Sara Palin. Y la simpatía de numerosos colectivos en todo el mundo. El fundamentalismo ha provocado una corriente de islamofobia en el planeta. La inmensa mayoría de los 800.000 musulmanes residentes en España son tolerantes y occidentalizados. Sólo un 5% son radicales, a pesar de lo cual un 53,6% de la población se muestra contraria a los fieles de esa religión. En todo caso, los problemas de convivencia no los resuelve el fuego. Ni la quema de libros en la Alemania nazi, ni las hogueras de herejes de la Inquisición, ni las torres en llamas hace nueve años resolvieron nada. Fueron combustible para el odio. Como los coranes del reverendo Jones.

Kosovo trae cola en España

Ignacio Martínez | 24 de julio de 2010 a las 10:49

La sentencia del Tribunal Internacional de Justicia sobre la independencia de Kosovo ha traído cola. Kosovo no es Cataluña. O sí. Aquí en España, todos entramos en tropel a escena, tras la decisión de La Haya de dar por buena esa independencia unilateral. No es una novedad. Cuando se produjo en 1991 la segunda Guerra de los Balcanes, Alemania presionó a sus once socios comunitarios de entonces para reconocer a eslovenos y croatas. Felipe González era reticente. Como Mitterrand o John Major. Cataluña, País Vasco, Córcega e Irlanda del Norte eran buenas razones. El estallido de la Unión Soviética ese mismo año y la independencia de los Países Bálticos, predestinados a entrar en la Unión Europea y la OTAN, dio alas a los nacionalismos periféricos en España. Al fin y al cabo, Lituania, Letonia y Estonia, tenían juntos la misma población que Cataluña.

Jordi Pujol lo recordaba en sus frecuentes visitas a Bruselas en los años 90. Aunque sus manifestaciones no eran de un nacionalismo rancio. Cuando en diciembre de 1995 el Tribunal de la UE publicó la sentencia del caso Bosman, según la cual un jugador comunitario de fútbol no podía ser considerado extranjero en otro país de la Unión, a Pujol se le preguntó si veía al Barça con 11 irlandeses y contestó que no; que los irlandeses son muy malos, pero que no le importaría con 11 holandeses. Una respuesta nada racial.

La Guerra de los Balcanes, junto a una crueldad inusitada sobre el terreno, tenía algo de irreal en las trincheras diplomáticas. Recuerdo a los jefes de los tres países contendientes, en plena guerra, participando en las sesiones de mediación en La Haya, la misma ciudad donde se ha emitido el fallo del jueves. Y sus ruedas de prensa inverosímiles: el croata Tudman y el bosnio Izetbegovic, sentados en los extremos de una larga mesa curva, con el serbio Milosevic en el centro, respondiendo al mismo tiempo a las preguntas.

Kosovo está considerada como la cuna de los serbios. Curioso, como Kiev, capital de la actual Ucrania, está en el origen de la monarquía rusa. Las emigraciones masivas de albaneses a la serbia Kosovo provocaron una mayoría foránea, que generó el movimiento separatista. Es el caso contrario al de los derechos históricos reivindicados con algunos catalanes o vascos para reclamar su independencia. En resumen, sería como si una mayoría de origen andaluz en una determinada comarca catalana reivindicara separarse de Cataluña. O una mayoría de portugueses en algún condado luxemburgués proclamara su independencia unilateral del Gran Ducado. Algo impensable si no se tiene un buen padrino; Estados Unidos en el caso de Kosovo en 2008, como Alemania en el 91 con Eslovenia y Croacia. La sentencia crea polémica y es muy discutible. Pero tiene poco recorrido en territorio español, salvo para literatura como la que antecede. Todo parecido con España es pura coincidencia.

Se acabaron las candilejas

Ignacio Martínez | 19 de junio de 2010 a las 9:49

Termina con más pena que gloria la presidencia española de la Unión Europea. El país que en septiembre de 2007 jugaba la Champions de la economía mundial, era el equipo que más partidos ganaba, el más goleador y el menos goleado, en frase desafortunada del presidente del Gobierno, acaba su semestre de liderazgo comunitario recibiendo goles de los mercados, de los socios europeos, de la prensa o de la oposición. La comparación con el Mundial de Sudáfrica está tirada: el problema no es tanto el mal resultado como las expectativas superlativas. Nos comíamos el mundo y nos salió la apuesta fatal. Iba a ser un acontecimiento planetario, la coincidencia de dos presidencias progresistas a ambos lados del Atlántico, en frase infeliz de la número tres del PSOE, pero Obama ni siquiera se molestó en venir a Madrid para una cumbre entre Estados Unidos y la Unión Europea programada en el mes de mayo, y anulada por incomparecencia del americano. Más que nada, porque le aburre la afición de los europeos a las reuniones retóricas sin contenido real.

El semestre lo empezamos muy futbolístico. Los equipos de Primera División saltaron al campo con la bandera azul de doce estrellas amarillas y sonó el Himno a la Alegría en los estadios de toda España. Se hicieron anuncios grandilocuentes, toda reunión informal de ministros, de no importa qué ramo, era una cumbre europea… En fin, se nos fue la mano con el envoltorio, pero dentro hubo poca cosa. A la auténtica cumbre celebrada en suelo andaluz, con Marruecos en Granada, no vino el rey alauita; la cumbre euromediterránea de Barcelona hubo que anularla. Y buena parte del periodo presidencial lo empleó Zapatero en defender de los mercados o los especuladores, con desigual fortuna, el prestigio de la banca y la deuda soberana nacional.

Ahora entra al relevo Bélgica. Los agoreros dicen que con la crisis institucional que vive el pequeño reino belga ¡a ver cómo se puede hacer una presidencia europea! Un espectáculo a la española, desde luego que no. Pero los belgas lo harán bien, como siempre. Sin himnos ni banderas en los campos de fútbol, sin pretensiones planetarias. Haya el gobierno que sea en el país, los altos funcionarios cogerán cada dossier que se encuentre sobre la mesa y buscarán consensos para que se apruebe. Y dejarán, como de costumbre, la mesa bastante limpia de asuntos pendientes. Serán buenos administradores de los intereses comunes. Que es de lo que se trata.

No se termina el mundo porque la presidencia europea se haya quedado en nada. E incluso puede ser una buena enseñanza para el futuro, para esto y para cualquier otra cosa: con trabajo, austeridad y humildad se llega más lejos. Pero ¿creen que hemos aprendido algo? Moratinos ha dicho que se ha cumplido el 100% de los objetivos españoles. Patético.

Ahora se acabaron las candilejas. Ya sólo nos espera antes de las vacaciones de agosto el cambio de Gobierno.

Los despropósitos de Cospedal

Ignacio Martínez | 21 de mayo de 2010 a las 11:14

María Dolores de Cospedal todavía no ha explicado por qué dijo el verano pasado, en Marbella, con el mar de fondo, que España era un estado policial. Pero insiste en sus despropósitos. Su última cantinela en la matera es que el Gobierno negociaba con ETA. Y detienen a toda la cúpula de la banda. Nos metemos mucho con Leire Pajín e ingenuidades como que la presidencia de Zapatero en la UE y de Obama en Estados Unidos iba a ser un acontecimiento planetario, pero lo de Cospedal no desmerece. No hace falta ser joven para ocupar puestos para los que no se tiene la cualificación necesaria. Y la ventaja de Pajín es que quizá aprenda con el tiempo. Cospedal ya está talludita para pensar que puede mejorar. ¡Qué nivel!

Los mayores están de moda

Ignacio Martínez | 19 de mayo de 2010 a las 8:09

Zapatero anunció hace justo una semana un recorte del gasto público de 16.500 millones. Sólo siete días después, si pudiese volver atrás, hay un capítulo que no tocaría: la congelación de las pensiones. De hecho, ayer el propio presidente y su vice De la Vega han explicado, de manera confusa, que las pensiones se actualizarán en enero y después se congelarán. Parece una rectificación. Esta ha sido, con mucha diferencia, la medida más impopular de todas las propuestas por el Gobierno. Y no es la que más dinero ahorra a las arcas públicas. El grueso lo componen el recorte de inversiones y el bocado al sueldo de los funcionarios. Así que 1.500 millones por no revalorizar las pensiones es poca cosa.

Pero es mucho en términos de población y votos. Hay más de ocho millones de pensionistas en España y más de un tercio de los votantes del país supera los 50 años de edad. Mal negocio para Zapatero. En las encuestas que se están publicando, el personal se muestra comprensivo con la reducción del salario a los trabajadores públicos, en una relación de 60 a 40, pero contrario a la congelación de pensiones por 70 a 30. De ahí, quizá, la confusa rectificación de ayer.

Los mayores están de moda. Vivimos en una sociedad que se siente joven de manera universal y rompe con los estereotipos. Leo la muerte de un futbolista aficionado durante un partido, el domingo pasado en Sevilla. La noticia es de la agencia Europa Press, que arranca diciendo que el fallecido era un joven de 32 años. Un joven de 32 años. En el libro de estilo de El País, que compuso por primera vez Julio Alonso en 1977 y sigue siendo la biblia en la materia, se recomienda que el término joven se emplee preferentemente para referirse a personas con una edad comprendida entre los 13 y los 18 años. Una horquilla de edad que ya no respeta nadie en las informaciones. Los treintañeros se han apropiado del término joven por muchos motivos; entre otros porque a los 30 ni tienen trabajo, ni viven fuera de casa de sus padres, ni están casados.

Y los mayores son también gente joven para su edad. Y feliz, según ha establecido un grupo de investigadores de la Universidad Stony Brook, del estado de Nueva York, con una encuesta del Instituto Gallup a la que respondieron 350.000 personas. A partir de los 50, la sensación de bienestar general aumenta y el estrés, las preocupaciones, el mal humor y la tristeza bajan tanto en hombres como en mujeres. La felicidad máxima llega a los 73 años. Es un estudio hecho en Estados Unidos, pero dicen los investigadores que los patrones de conducta se repiten en otros países y otras culturas. Lo que significa que Zapatero ha tirado una piedra en un estanque. Seguro que está arrepentido; la factura puede salirle cara, carísima.

Juergen Donges: “El ajuste anunciado va en la dirección correcta, pero no será suficiente”

Ignacio Martínez | 18 de mayo de 2010 a las 14:43

El profesor propone añadir una reducción un 10% todas las subvenciones cada año, eliminar ya la prestación por nacimiento, reducir la estructura del Gobierno y trasladar la austeridad a autonomías y ayuntamientos

 

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JUERGEN B. DONGES es uno de los economistas alemanes y europeos más prestigiosos. En la actualidad es director del Instituto de Política Económica de la Universidad de Colonia. En 1992 entró a formar parte del Consejo alemán de expertos económicos, organismo que presidió entre 2000 y 2002, y en el que estuvo bajo los mandatos de los cancilleres Kohl y Schroeder. Como su hermano mayor, el profesor Donges nació en Sevilla (octubre de 1940). Sus padres residían en esta ciudad, donde su padre trabajaba en el Banco Alemán Transatlántico. Cuando tenía un año, la familia se trasladó a Madrid. No es ésta su única vinculación con la región: su esposa, María Cruz Gutiérrez García, es malagueña, aunque se crió en Segovia. Donges ha sido profesor y ponente en cursos del Instituto Internacional San Telmo. Es catedrático emérito de la Universidad de Colonia y asesor científico de varias instituciones, como el Peterson Institute for International Economics (Washington), el Institute for Global Economics (Seúl), el European Centre for International Political Economy (Bruselas) o el Instituto de Estudios Económicos (Madrid). En las últimas semanas se ha mostrado muy crítico con lasmedidas de rescate decididas por la Unión Europea para Grecia y ha explicado que las instituciones alemanas están haciendo importantes recortes presupuestarios: hay municipios quebrados que están cerrando piscinas o centros culturales.

-El Parlamento alemán aprobó la semana pasada los planes de rescate a Grecia. ¿Le complace esta decisión?

-No demasiado. La ayuda financiera a Grecia le va a dar al Gobierno heleno un respiro, pero los problemas estructurales de la economía no se resolverán por sí solos. Me cuesta creer que Grecia en tres años pueda devolver los créditos recibidos. ¿De dónde van a sacar los recursos?

-¿Qué habría hecho usted?

-En este ejercicio y el próximo, la producción va a contraerse. Entonces habrá que hacer lo que ya ahora habría sido lo más adecuado: una moratoria y una reestructuración ordenada de la deuda pública, a cuenta de los acreedores griegos y extranjeros, bancos y compañías de seguro, fundamentalmente. Si los bancos pensaron en su día que estaban haciendo un buen negocio prestándole dinero al Estado griego, tienen que asumir las pérdidas al haberse equivocado. Por el contrario, el plan de rescate establece un peligroso precedente, al que recurrirán, si fuera necesario, gobiernos de otros países con problemas presupuestarios.

-¿Qué le parece el ajuste que ha anunciado Zapatero para España?

-Un recorte del gasto público era necesario, y lo previsto ahora va en la dirección correcta. Pero no será suficiente. Se podría haber abordado una reducción, de todas las subvenciones, digamos del 10% cada año. Y no hay razón alguna para esperar hasta enero para eliminar el cheque bebé; medida poco acertada desde el primer día.

-¿Algo más?

-Y una buena acción para crear credibilidad cara a la opinión pública española y europea hubiera sido remodelar la estructura del propio Gobierno; no se necesitan tres vicepresidencias, y algún ministerio es absolutamente superfluo, el de Igualdad el primero. Además, no sé si las autonomías y los municipios harán también un serio esfuerzo de ahorro o si lo anunciado por el presidente queda en papel mojado. Lo que no es bueno es reducir la inversión pública.

-¿No cree que la Unión Europea debería también tener un plan colectivo? Y, de camino, poner en práctica la unión económica creada en el Tratado de Maastricht.

-Unión económica hay. El mercado único está bastante bien desarrollado. Lo que no hay, es la unión política, y no veo que se produzca pronto. Por eso el Tratado de Maastricht requiere de los países miembros la sostenibilidad de sus finanzas públicas. Hay un límite para el déficit público y otro para la deuda total, el 3% y el 60% del PIB, respectivamente. Planes colectivos no harían más que liberar a los gobiernos de sus responsabilidades, y eso nunca es bueno. En la Eurozona tiene que haber la posibilidad de que un Estado declare la suspensión de pagos.

-¿Puede quebrar un país?

-Sí, en cuanto los ahorradores nacionales y extranjeros ya no le presten dinero o exijan un interés altísimo a los bonos. En la historia ha habido muchas quiebras, las más recientes en Rusia en 1998, Argentina en 2001 e Islandia en 2009.

-¿Si es de la Zona Euro tiene más o menos posibilidad de quiebra?

-Una unión monetaria no es un paraguas seguro. Por ejemplo, California en Estados Unidos está al borde de la bancarrota. Pero los países afectados no desaparecen del mapa. Lo normal es que hagan de la necesidad virtud y se recompongan económicamente.

-¿Cree que en las última semanas se ha producido un ataque al euro?

-Este es el vocabulario de los políticos, que no quieren admitir que su gestión de los problemas de la economía es mala, y les duele que los mercados pasen factura. Cuando organizan planes de rescate a nivel europeo, como en el caso de Grecia, invitan a los inversores financieros profesionales a someter el euro a continuos tests de robustez. Sólo pueden ganar porque la apuesta de una devaluación del euro se cumple; o bien, porque si no se cumple, es el Estado quien actúa como el bombero de urgencia y son los contribuyentes los que pagan.

-El fondo de rescate europeo pactado el domingo en Bruselas no será santo de su devoción…

-El Fondo europeo de rescate no me tranquiliza demasiado. Es curioso que se quiera combatir una crisis financiera europea derivada del sobreendeudamiento de determinados Estados creándoles nuevas deudas. También me preocupa que con la decisión del 10 de mayo, nuestros líderes políticos hayan derogado dos reglas básicas de la unión monetaria: la del no rescate de un país insolvente por sus socios solventes y la de no financiación de déficits por parte del BCE.

-¿Tampoco tranquilizará a los mercados?

-Me temo que los mercados quieran comprobar si el euro se va a convertir en una moneda débil y si la unión monetaria va a dejar de ser un foco de estabilidad de precios para degenerar hacia una unión inflacionaria y una comunidad de deudores soberanos. La tranquilidad en las bolsas se hará esperar.

-Paul Krugman sostiene que el euro fue un error. ¿Usted qué piensa?

-Al principio me preguntaba si estábamos cogiendo el toro por el rabo, al anteponer la integración monetaria a la política. Pero los últimos diez años son una historia exitosa: el euro es apreciado como divisa de reserva y moneda de facturación internacional, el Banco Central Europeo ha adquirido una gran reputación y el objetivo de estabilidad de precios se ha cumplido bastante bien.

-¿Qué ha fallado?

-Fundamentalmente dos cosas. Por un lado, la falta de disciplina fiscal plasmada en la alegría del gasto público a crédito en casi todos los países. Y por otro, las subidas de los salarios por encima de la productividad, y la falta de competitividad o capacidad innovadora en los países menos avanzados. Alemania tiene una parte de culpa: el canciller Schroeder en 2005 se negó a respetar el Pacto europeo de Estabilidad y reducir el excesivo déficit que tenía el país. Codo a codo con el presidente francés Chirac descafeinó las reglas fiscales, hasta las poco rigurosas que tenemos ahora, que dañan la estabilidad financiera de la Eurozona.

-¿Piensa que en esta coyuntura sería adecuada para España una gran coalición al estilo de la alemana de la anterior legislatura?

-Una gran coalición sólo es factible si los partidos que la forman anteponen el bien común a objetivos ideológicos. El PSOE no es capaz, el PP sólo a regañadientes. En este sentido, la democracia española es todavía algo inmadura.

-Inmadura y gastosa.

-Tanto el Estado como los hogares tienen que ir reduciendo sus excesivos endeudamientos. Ahorrar. El Gobierno debe recortar el gasto que no sea productivo, como los salarios de los funcionarios, las subvenciones desmesuradas a empresas y regiones, y las prestaciones sociales a personas que no las necesitan. Los particulares tienen que renunciar al consumo ostensivo.

-¿Qué propondría para resolver el colapso inmobiliario en España?

-El ajuste del sector tiene que proseguir hasta que el stock de viviendas sin vender haya sido absorbido. Inevitablemente seguirán perdiéndose muchos empleos. No tiene sentido que el Estado intervenga en este proceso con ayudas financieras a constructoras o compradores de viviendas.

-¿Acabaría con el Plan de Empleo Rural en Andalucía?

-Sí. El PER es un subsidio a todas luces pernicioso: demora el cambio de las estructuras económicas de Andalucía, distorsiona la movilidad geográfica e interempresarial, mantiene bajo el potencial de crecimiento y alto el paro laboral, promueve la economía sumergida. El coste fiscal es elevado. La tutela del Estado sobre los perceptores del PER es humillante en un sociedad civil libre.

-¿Qué opina sobre fusiones de cajas de ahorro y la dificultad de hacer concentraciones de entidades de distintas regiones.

-El sector de las cajas de ahorros ha sido afectado por la debacle inmobiliaria. Pero ya antes tenía problemas estructurales. La reconversión del sector es indispensable. Una pieza clave es despolitizar las cajas.

-¿Cree que la Política Agraria Común sufrirá muchos recortes?

-Hace ya varios años que la UE recompone esta políticas hacia un mayor uso de mecanismos de mercado. Esto es bueno por razones de eficiencia y confío en que se mantendrá la dirección. No hay ninguna razón económica o social para justificar un marco proteccionista en este sector.

-Habla de la necesidad de que España haga reformas. ¿Cuáles?

-Mercado de trabajo, sistema educativo, comercio al por menor, suelo, energía, transporte ferroviario y un largo etcétera. Es muy importante, por encima de todo, recuperar la unidad del mercado en España, actualmente amenazada de romperse, debido a las políticas regulatorias y lingüísticas por parte de diversos gobiernos autónomos.

-¿Hay que abaratar el despido?

-Sin duda. Tiene que haber una mayor flexibilidad en la contratación y configuración de los convenios laborales. Es necesario que las empresas puedan ajustar plantillas a los cambios de mercado, sin trámites burocráticos desbocados. Una mayor facilidad del despido significa una mayor facilidad de entrada en el mercado de trabajo.

-Usted sostiene que el modelo social europeo basado en un generoso Estado protector y distribuidor no es financiable ni eficaz. ¿A qué modelo nos dirigimos?

-Por ejemplo, a un sistema de pensiones que contenga mayores elementos de capitalización, es decir, ahorros individuales, para afrontar el reto del cambio demográfico. La elevación de la edad de jubilación es urgente. En la sanidad, necesitamos más competencia entre las compañías aseguradoras.

-La economía mundial mejora. En Alemania y Estados Unidos ha arrancado la economía.

-Lentamente, sí, gracias al empuje de los grandes países emergentes. En este ejercicio volveremos a tener un crecimiento positivo de la producción global y del comercio internacional. Pero el perfil será más plano que antes de la crisis.

-¿Se atreve a ponerle fecha final a la crisis?

-El enfermo ha salido de la UVI, pero sigue hospitalizado. La convalecencia durará dos o tres años más, como mínimo.

Jorge Semprún: El archipiélago del infierno nazi

Ignacio Martínez | 13 de abril de 2010 a las 11:14

JorgeSemprun

 

La Europa unida que construímos tuvo su origen en la guerra civil entre europeos que se libró en el continente entre 1939 y 1945. Cuando Robert Schuman propone la creación de la CECA el 9 de mayo de 1950, lo hace en nombre de la paz mundial. Lo hace sobre la cenizas de una guerra que había rpovocado sólo en suelo europeo 36 millones de muertos, más de la mitad de ellos civiles. Este es el discurso de Jorge Semprún en la conmemoración de la liberación del campo de concentración de Buchenwald, en Alemania, celebrada el domingo 11 de abril. Este es el origen de la Europa unida, lo que es muy importante que no se nos olvide en esta época de crisis económica y de tentaciones de solventarla con nacionalismos radicales excluyentes. Ese es el camino que no debemos desandar.

 

El 11 de abril de 1945 -hace pues 65 años- hacia las cinco de la tarde, un jeep del Ejército americano se presenta a la entrada del campo de concentración de Buchenwald.

Dos hombres bajan del jeep.

De uno de ellos no se sabe gran cosa. Los documentos asequibles son poco explícitos. Está establecido, en todo caso, que se trata de un civil. Pero, ¿por qué estaba allí, a la vanguardia de la Sexta División Acorazada del Tercer Ejército norteamericano del general Patton? ¿Qué profesión ejerce? ¿Cuál es su misión? ¿Es acaso periodista? ¿O, más probablemente, experto o consejero civil de algún organismo militar de inteligencia?

No se sabe a ciencia cierta.

Está allí, sin embargo, presente, a las cinco de la tarde de un día memorable, ante la puerta de entrada monumental del campo de concentración. Está allí, acompañando al segundo tripulante del jeep.

Este sí está identificado: es un teniente, mejor aún, un primer teniente, un oficial de inteligencia militar asignado a la Unidad de Guerra Psicológica del Estado Mayor del general Omar N. Bradley.

Tampoco sabemos lo que pensaron los dos americanos al bajarse del jeep y contemplar la inscripción en letras de hierro forjado que se encuentra en la verja del portal de Buchenwald: Jeden das Seine.

No sabemos si tuvieron tiempo de tomar nota mentalmente de tamaño cinismo, criminal y arrogante. ¡Una sentencia que alude a la igualdad entre seres humanos, a la entrada de un campo de concentración, lugar mortífero, lugar consagrado a la injusticia más arbitraria y brutal, donde sólo existía para los deportados la igualdad ante la muerte!

El mismo cinismo se expresaba en la sentencia inscrita en el portal de Auschwitz: Arbeit macht frei. Un cinismo característico de la mentalidad nazi.

No sabemos lo que pensaron los dos americanos en aquel histórico momento. Pero sí sabemos que fueron acogidos con júbilo y aplauso por los deportados en armas que montaban la guardia ante la entrada de Buchenwald. Sabemos que fueron festejados como libertadores. Y lo eran, en efecto.

No sabemos lo que pensaron, no sabemos casi nada de sus biografías, de su historia personal, de sus gustos o disgustos, de su entorno familiar, de sus años universitarios, si es que los tuvieron.

Pero sabemos sus nombres.

El civil se llamaba Egon W. Fleck y el primer teniente, Edward A. Tenenbaum.

Repitamos aquí, en el Appeliplatz de Buchenwald, 65 años después, en este espacio dramático, esos dos nombres olvidados e ilustres: Fleck y Tenenbaum.

Aquí, donde resonaba la voz gutural, malhumorada, agresiva, del Rapportführer todos los días de la semana, repartiendo órdenes o insultos; aquí donde resonaba también, por el circuito de altavoces, algunas tardes de domingo, la voz sensual y cálida de Zarah Leander, con sus sempiternas cancioncitas de amor, aquí vamos a repetir en voz alta, a voz en grito si fuera necesario, aquellos dos nombres.

Egon W. Fleck y Edward A. Tenenbaum.

Así, maravillosa ironía de la historia, increíble revancha significativa, los dos primeros americanos que llegan a la entrada de Buchenwald, aquel 11 de abril de 1945, con el Ejército de la liberación, son dos combatientes judíos. Y por si fuera poco, dos judíos americanos de filiación germánica, más o menos reciente.

Ya sabemos, pero no es inútil repetirlo, que en la guerra imperialista de agresión que desencadena en 1939 el nacionalsocialismo, y que aspira al establecimiento de una hegemonía totalitaria en Europa, y acaso en el mundo entero, ya sabemos que en dicha guerra, el propósito constante y consecuente de exterminar al pueblo judío constituye un objetivo esencial, localmente prioritario, entre los fines de guerra de Hitler.

Sin tapujos ni concesiones a ninguna restricción mortal, el antisemitismo racial forma parte del código genético de la ideología del nazismo, desde los primeros escritos de Hitler, desde sus primerísimas actividades políticas.

Para la llamada solución final de la cuestión judía en Europa, el nazismo organiza el exterminio sistemático en el archipiélago de campos especiales del conjunto Auschwitz-Birkenau, en Polonia.

Buchenwald no forma parte de dicho archipiélago. No es un campo de exterminio directo, con selección permanente para el envío a las cámaras de gas. Es un campo de trabajo forzado, sin cámaras de gas. La muerte, en Buchenwald, es producto natural y previsible de la dureza de las condiciones de trabajo, de la desnutrición sistemática.

Como consecuencia, Buchenwald es un campo judenrein.

Sin embargo, por razones históricas concretas, Buchenwald conoce dos periodos diferentes de presencia masiva de deportados judíos.

Uno de esos periodos se sitúa en los primeros años de existencia del campo, cuando, después de la Noche de Cristal y del pogrom general organizado, en noviembre de 1938, por Hitler y Goebbels personalmente, miles de judíos de Francfort, en particular, son enviados a Buchenwald.

En 1944, los veteranos comunistas alemanes se acordaban todavía de la mortífera brutalidad con que fueron maltratados y asesinados a mansalva, masivamente, aquellos judíos de Francfort, cuyos supervivientes fueron luego enviados a los campos de exterminio del Este.

El segundo periodo de presencia judía en Buchenwald se sitúa en 1945, hacia finales de la guerra, en los meses de febrero y de marzo concretamente. En aquel momento, decenas de miles de supervivientes judíos de los campos del Este fueron evacuados hacia Alemania central por el SS, ante el avance del Ejército Rojo.

A Buchenwald llegaron miles de deportados escuálidos, transportados en condiciones inhumanas, en pleno invierno, desde la lejana Polonia. Muchos murieron durante un viaje interminable. Los que consiguieron alcanzar Buchenwald, ya sobrepoblado, fueron instalados en los barracones del kleine Lager, el campo de cuarentena, o en tiendas de campaña y carpas especialmente montadas para su precario alojamiento.

Entre aquellos miles de judíos llegados por entonces a Buchenwald, y que nos aportaron información directa, testimonio vivo y sangrante del proceso industrial, salvajemente racionalizado, del exterminio masivo en las cámaras de gas, entre aquellos miles de judíos había muchos niños y jóvenes adolescentes.

La organización clandestina antifascista de Buchenwald hizo lo posible para venir en ayuda de los niños y adolescentes judíos supervivientes de Auschwitz. No era mucho, pero era arriesgado: fue un gesto importante de solidaridad, de fraternidad.

Entre aquellos adolescentes judíos se encontraba Elie Wiesel, futuro premio Nobel de la Paz. Se encontraba también Imre Kertesz, futuro premio Nobel de Literatura.

Cuando el presidente Barack Obama, hace unos meses, visitó Buchenwald, le acompañaba Elie Wiesel, hoy ciudadano americano. Se puede suponer que Wiesel aprovechó aquella ocasión para informar al presidente de EE UU de la experiencia de aquel pasado imborrable, de su experiencia personal de adolescente judío en Buchenwald.

En cualquier caso, me parece oportuno recordar aquí, en este momento solemne, en este lugar histórico, la experiencia de aquellos niños y adolescentes judíos, supervivientes del campo de Auschwitz, último círculo del infierno nazi. Recordar tanto a los que se hicieron célebres, como Kertesz y Wiesel, por su talento literario y su actividad pública, como a aquellos que permanecieron, sencillos héroes, en el anonimato de la historia.

Además, no es esta mala ocasión para subrayar un hecho que se perfila inevitablemente en el horizonte de nuestro porvenir.

Como ya dije hace cinco años, en el Teatro Nacional de Weimar, “la memoria más longeva de los campos nazis será la memoria judía. Y esta, por otra parte, no se limita la experiencia de Auschwitz o de Birkenau, Y es que, en enero de 1945, ante el avance del Ejército soviético, miles y miles de deportados judíos fueron evacuados hacia los campos de concentración de Alemania central. Así, en la memoria de los niños y adolescentes judíos que seguramente sobrevivirán todavía en 2015, es posible que perdure una imagen global del exterminio, una reflexión universalista. Esto es posible y pienso que hasta deseable: en este sentido, pues, una gran responsabilidad incumbe a la memoria judía… Todas las memorias europeas de la resistencia y del sufrimiento sólo tendrán, como último refugio y baluarte, dentro de diez años, a la memoria judía del exterminio. La más antigua memoria de aquella vida, ya que fue, precisamente, la más joven vivencia de la muerte”.

Pero volvamos un momento al día del 11 de abril de 1945. Volvamos al momento en que Egon W. Fleck y Edward A. Tenenbaum detienen su jeep ante el portal de Buchenwald.

Probablemente, si tuviera muchos años menos, acometería ahora una indagación histórica, una investigación novelesca acerca de estos dos personajes, investigación que abriría el camino de un libro sobre aquel 11 de abril de hace más de medio siglo, un trabajo literario en el cual ficción y realidad se apoyarían y enriquecerían mutuamente.

Pero no me queda tiempo para semejante aventura.

Me limitaré pues a recordar algunas frases del informe preliminar que Fleck y Tenenbaum redactaron dos semanas después, el 24 de abril exactamente, para sus mandos militares, informe que consta en los Archivos Nacionales de EE UU.

“Al desembocar en la carretera principal”, escriben los dos americanos, “vimos a miles de hombres, harapientos y de aspecto famélico, en marcha hacia el Este, en formaciones disciplinadas. Estos hombres iban armados y tenían jefes que los encuadraban. Algunos destacamentos portaban fusiles alemanes. Otros llevaban al hombro panzerfausts. Se reían y hacían gestos de furiosa alegría mientras caminaban… Eran los deportados de Buchenwald, en marcha hacia el combate, mientras nuestros tanques los rebasaban a 50 kilómetros por hora…”.

Este informe preliminar es importante por varias razones. En primerísimo lugar, porque los dos americanos, testigos imparciales, confirman rotundamente la realidad de la insurrección armada, organizada por la resistencia antifascista de Buchenwald, y que fue motivo de polémica en los tiempos de la guerra fría.

Lo más importante, sin embargo, al menos para mí, desde un punto de vista humano y literario, es una palabra de este informe: la palabra alemana panzerfaust.

Fleck y Tenenbaum, en efecto, escriben su informe en inglés, como es lógico. Pero cuando se refieren al arma individual antitanque, que se denomina bazooka en casi todos los idiomas del mundo, y en todo caso en inglés, recurren a la palabra alemana.

Lo cual hace pensar que Fleck y Tenenbaum, el civil y el militar, son americanos de reciente filiación germánica. Y esto abre un nuevo capítulo de la investigación novelesca que me apetecería acometer.

Pero hay otra razón, más personal, que me hace importante la palabra panzerfaust, o sea, literalmente, “puño antitanque”. Y es que yo estaba, aquel día de abril de 1945, en la columna en marcha hacia Weimar, aquella columna de hombres armados, furiosamente alegre. Yo estaba entre los portadores de bazookas.

El deportado 44904, en el pecho el triángulo rojo estampado en negro con la letra “S”, de Spanier, español, ese era yo, entre los jubilosos portadores de bazooka o panzerfaust.

Hoy, tantos años después, en este dramático espacio del Appeliplatz de Buchenwald. En la frontera última de una vida de certidumbres destruidas, de ilusiones mantenidas contra viento y marea, permítanme un recuerdo sereno y fraternal hacia aquel joven portador de bazooka de 22 años.

Muchas gracias por la atención.

 

Relativismo moral

Ignacio Martínez | 27 de marzo de 2010 a las 8:28

Cuando monseñor Rouco y sus discípulos Martínez Camino o Munilla hacen incursiones políticas para establecer que en nuestra sociedad no se respetan los derechos humanos, hay una regresión de la democracia y la miseria moral nos envuelve, es difícil estar de acuerdo con el discurso. Llega con más de medio siglo de retraso. La Iglesia podía haberle dicho estas cosas al dictador y ahora tendría mucho crédito para seguir con el mismo espíritu crítico. Pero no. Estamos ante un fenómeno nuevo, que se acrecienta a medida que la Iglesia pierde influencia social en España. Ya no hay Gran Inquisidor en este país, a Dios gracias. Y debería quedarse vacante el empleo de pequeño inquisidor. En particular, porque en esta vida a los intransigentes se les suelen volver en contra sus argumentos.

Algo así está pasando con la oleada de informaciones sobre cómo la jerarquía eclesiástica en numerosos países encubrió abusos a menores por parte de sacerdotes. En el Vaticano sostienen que se trata de una campaña orquestada, un complot mundial, del laicismo, del relativismo moral. Parece la cúpula de un partido ante denuncias de corrupción a alguno de los suyos. Hay siempre una reputación que defender y las apariencias son importantes. Hipocresía se llama eso.

Esa pérdida de influencia, de poder o simplemente de prestigio no es una exclusiva de España. Hay un escándalo mundial, con ramificaciones en Latinoamérica, Estados Unidos, Canadá, Australia, Irlanda, Austria o Alemania, por cientos de casos de pederastia de sacerdotes que han sido sistemáticamente tapados por la jerarquía local o por el propio Vaticano. Algún suceso atañe al Papa Ratzinger en su época de arzobispo de Munich o como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, antiguo Santo Oficio, la vieja Inquisición. En Roma se insiste en que las instrucciones del Papa son muy precisas: transparencia, firmeza y severidad. Normas tan justas como inéditas en el pasado.

Benedicto XVI ha hablado también de perdón a los pecadores e intransigencia con el pecado. Y ha pedido sus más profundas disculpas a las víctimas. Que es donde está el daño, doblemente; por el abuso y por la impunidad de los autores. El prestigioso diario The New York Times califica de escandalosa una carta de Ratzinger a los obispos de Estados Unidos en 2001 exigiéndoles secreto sobre las investigaciones de esos casos y reclamando que todas las pesquisas preliminares fuesen enviadas al Vaticano, a la Congregación para la Doctrina de la Fe. El problema es que no estamos ante un asunto teológico, sino ante un crimen.

Hay algo de perverso en este asunto. Se pretende que más que un crimen estamos ante un delito. O más que un delito, se trata de un pecado. Y los pecados se confiesan. Y la confesión está amparada por el secreto. Relativismo moral se llama eso.

El escándalo de los abusos: Una bancarrota moral

Ignacio Martínez | 26 de marzo de 2010 a las 8:51

El País publica hoy este artículo de Juan G. Bedoya que copio a continuación. Breve y preciso. Imprescindible. 

 

El teólogo Karlheinz Deschner, católico en tiempos, empezó en 1970 a escribir en Alemania la Historia Criminal del Cristianismo, proyectada para 10 volúmenes, de los que han aparecido nueve. Tendrá que ampliar el relato, si la jerarquía romana no toma por los cuernos su actual crisis de moralidad. Hasta ahora, Deschner ha descrito los métodos de delincuencia en el comercio y las finanzas, en la educación, en la propagación de la ignorancia y la superstición, o en la explotación de una moralidad sexual disparatada.

En 1971 fue acusado de difamar a la Iglesia católica. Ganó el proceso. Hoy se estará regocijando, tras documentarse sin ningún género de dudas de que la Iglesia católica ha encubierto durante décadas a clérigos pederastas y maltratadores.

Lo que ahora publica The New York Times sobre la implicación del papa Ratzinger en tanto encubrimiento era un secreto a voces, con testimonio documental. Se trata de una carta que el entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio de la Inquisición) mandó en 2001 a los obispos de Estados Unidos exigiéndoles secreto sobre las investigaciones que involucraban a sacerdotes en abusos sexuales. Exigía, además, que todas las pesquisas “preliminares” hechas por eclesiásticos fuesen enviadas a su oficina en el Vaticano. Esta escandalosa misiva ya fue usada en un juicio contra una iglesia de Tejas y contra el propio Ratzinger, por obstrucción a la justicia.

En cualquier organización esta oleada de escándalos serían percibidos como una bancarrota moral. La Iglesia católica es distinta. Siempre encuentra motivaciones ajenas al asunto principal. Se ha podido leer estos días a cuento de los abusos producidos en Alemania. Un prelado incluso acudió a la matemática. De los 210.000 casos de abusos denunciados en ese país desde 1995, sólo 94 afectan a personas de la Iglesia católica. Como el porcentaje que sale es de un 0,044, la jerarquía apela a una disculpa sucia: “El anticlericalismo de los medios de comunicación”.

Detrás de este tipo de justificaciones se alza la idea de que la Iglesia cristiana sigue siendo una Sociedad Perfecta (así la definió el BOE español en 1953), por encima de códigos y de castigos en la Tierra. Sus jerarquías, por tanto, estarían sometidas a una ley superior y, en todo caso, al Derecho Canónico. Los abusos sexuales serían en ese contexto sólo un pecado, no un delito. Bastaría con confesarlos y arrepentirse, para dejarlos atrás.