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Y Europa, de vacaciones

Ignacio Martínez | 5 de agosto de 2011 a las 11:58

El pasado día 27 de julio, tras la cumbre del euro celebrada en Bruselas, los nueve diarios del Grupo Joly publicaron este editorial, que cobra especial relevancia dos semanas después, con la nueva tormenta monetaria que sacude a Europa.

La cumbre del jueves en Bruselas es un perfecto ejemplo de cómo los actuales líderes europeos consiguen apuntalar una y otra vez la moneda única sin resolver los problemas de fondo de la economía de la Unión. Operación ejecutada por técnicos eficientes, después de meses de titubeos e incoherencias. Se echa de menos a los grandes estrategas que fundaron la organización hace 60 años o a la generación que aprobó hace 20 el Tratado de Maastricht: justamente la actual unión monetaria y económica se aprobó en esa capital holandesa hace dos décadas. Pero mientras se puso en circulación la divisa común, la unión económica está muy lejos de ser una realidad. El jueves se ha decidido inyectar en las arcas públicas griegas 109.000 millones de euros más, en ayudas públicas y privadas. Se han rebajado los intereses; se dilatan los plazos, en algún caso multiplicando hasta por cuatro los años de vencimiento, con diez de ejercicios de carencia, y se apuntala al país heleno por una temporada. Pero sigue pendiente lo que pomposamente se ha llamado la gobernanza económica europea, hallazgo literario que no falta en la declaración final de esta cumbre. Europa necesita armonizar su fiscalidad, su legislación laboral, su sistema de pensiones y jubilación para que la moneda única se sostenga y sobreviva a las turbulencias monetarias. La mayor disponibilidad del Fondo Europeo de Estabilidad para comprar deuda soberana e incluso la creación de los eurobonos no serían medidas suficientes para conseguir mejorar la convergencia entre los países más desarrollados y los del furgón de cola. El ex primer ministro británico Gordon Brown ha advertido la semana pasada que el problema de la deuda, la insolvencia y falta de liquidez de los bancos y el bajo crecimiento de Europa son tres problemas entrelazados. Crecemos la mitad de Estados Unidos y la cuarta parte que los países emergentes. Brown alerta de que si Europa no mejora su competitividad y crecimiento, en 2050 producirá lo mismo que África y menos que Latinoamérica. Entre tanto, hemos apuntalado la deuda griega y el euro. Un respiro. Poca cosa.

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Cazafantasmas

Ignacio Martínez | 26 de junio de 2011 a las 19:44

En toda Europa hay gente muy preocupada por la crisis de la deuda soberana griega, que cavila sobre lo que hará finalmente Samaras, el jefe de la oposición helena. Hay dudas sobre si se comportará como la oposición española, que no ha votado ni una sola de las reformas propuestas por el Gobierno, a ver si se consume Zapatero en la hoguera de su propia estulticia. O si hará como el PSD portugués, que le votó a favor tres planes de ajuste a Sócrates, antes de negarse a secundar el cuarto.

Apuesto a que Samaras, al final, se comportará en portugués, o sea en responsable. Estulticia del presidente aparte, da repelús ver a Montoro en la televisión invocando a brujas y fantasmas, mientras la Bolsa de Madrid baja y los intereses de la deuda española se disparan. Ya queda poco; incluso es posible un adelanto electoral. Anda Zapatero colocando con prisas a Bernardino León en la Unión Europea, a Bibiana Aído en la ONU. Lejos de la quema.

En todo caso, hay quien ve la botella europea medio llena. Un total de 48 patrones de empresas francesas y alemanas han firmado un manifiesto en el que rompen una lanza a favor del euro. Ahí están los jefes de Air France KLM, Alcatel, France Telecom, BMW, Peugeot Citroën, Suez, Correos alemanes, E.ON, Deutsche Bank, Total… Entre todos suman una facturación equivalente a una vez y media el PIB español y cinco millones de trabajadores.

Dicen que ésta no es una crisis del euro sino de la deuda. Que desde que entró en vigor la moneda única hace doce años, se han creado nueve millones de empleos en la zona euro. Las empresas europeas han ensanchado su capacidad financiera y aumentado su competitividad. La crisis ha llevado a algunos países de la Unión a endeudarse en exceso y hay que ayudar a esos países a encontrar su independencia financiera. Que el retorno a una situación financiera estable costará muchos miles de millones de euros, pero que la UE y nuestra moneda única valen la pena. Y hacen falta reglas de estabilidad y de coordinación más estrictas, pero que no son buenas ideas como sacar a algún país del euro o una escisión entre los países del Norte y del Sur. En definitiva, un bendito grupo de cazafantasmas, esos seres diabólicos que tanto le gustan a Montoro.

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Zapatero como Rocky

Ignacio Martínez | 5 de diciembre de 2010 a las 12:25

Consulto con varios empresarios las últimas medidas del presidente Zapatero. De la colección de respuestas les selecciono dos. Uno dice que un listo y un torpe acaban haciendo siempre lo mismo. Pero que el listo lo hace mucho antes. Me recuerda al Barça, jugando con precisión y rapidez. Alemania tuvo una recesión sin paro entre 2005 y 2007. De hecho fue con Francia el primer país en incumplir el pacto de estabilidad europeo que marcaba el techo de déficit en un 3% del PIB nacional. Como eran los dos grandes, no se les aplicó ninguna sanción. Por entonces, el euro era un paraíso para los países del sur, de la misma manera que ahora es un infierno. Alemania redujo el paro en aquella coyuntura, con reformas institucionales y acuerdos entre patronal y sindicatos. Y parece que hicieron muy bien los deberes. Y antes que nadie. Los más listos.

Por el contrario, el presidente del Gobierno español cuando nos cayó encima la mayor crisis de la historia, se empeñó en la inutilidad de hacer reformas durante dos largos años. Sólo bajo la amenaza de intervención interpretó su primer drama. Con Zapatero I, en mayo, dio por terminado su repertorio, con la letanía “no hay plan B, no necesitamos plan B”. Acabamos de asistir esta semana al Zapatero II. Y ya los expertos del Grupo Joly nos dicen hoy en las páginas de Andalucía, en un análisis de la coyuntura, que estas medidas son insuficientes. Así que como en las secuelas de Rocky, el presidente seguro que tendrá que interpretar algunos dramas más ante la perpleja opinión pública. Que, por cierto, le ha aplaudido ayer su determinación contra el terrorismo sindical de los controladores aéreos.

La segunda frase destacada de un empresario, utiliza como modelo para afrontar una situación de emergencia económica a México, país con tradición de grandes crisis y con muchos trienios en la solución de conflictos. El empresario en cuestión decía que los mexicanos siempre recomiendan que las reformas hay que hacerlas todas de golpe y quedarse más largo que corto. Amputar en vez de cortarte a cachitos. Tal parece que aquí estamos en la estrategia contraria. ¿Un via crucis? Prefiero a Rocky Balboa y sus seis películas. El via crucis tiene 14 estaciones.

González-Páramo: “España no tenía más remedio que realizar las reformas que ha hecho”

Ignacio Martínez | 20 de junio de 2010 a las 9:48

GPáramo

  • “El país está en la dirección de la salida de la crisis, por fin. Ha empezado ya a atajar los problemas de su economía y se nota poco a poco en los mercados”
  • “El Santander es uno de los bancos mejor gestionados de Europa”
  • “La situación en España no era tan preocupante. El mercado ha reaccionado en extremo”
  • “Nuestro mercado de trabajo está sometido a una de las regulaciones laborales más obsoletas que existen en Europa. La reforma laboral tiene que entrar en temas en los que todavía no entra”
  • “El sector privado en España tiene un nivel inusualmente alto de endeudamiento en comparación con los países europeos”
  • “No puede ser que el mercado esté dudando, un día sí y otro no, sobre el futuro del euro”
  • “El G-20 está llamado a protagonizar la gobernanza mundial”
  • “Tiene lógica un impuesto a la banca, pero se debería aplicar en todas partes”
  • “En el BCE no somos partidarios de que se aumente el techo de endeudamiento del 60%”

José Manuel González-Páramo (Madrid 1958) es un prestigioso catedrático de Hacienda Pública de la Universidad Complutense. Fue miembro del consejo de gobierno y la comisión ejecutiva del Banco de España, y desde 2004 forma parte del comité ejecutivo del Banco Central Europeo. Esta es la versión íntegra de la entrevista que mantuvimos el jueves 17 de junio, el mismo día en que se celebraba en Bruselas un Consejo Europeo. La versión reducida se publica hoy en los nueve diarios del Grupo Joly.

-Ya sé que su especialidad es la Hacienda Pública, no la psicología, pero quería pedirle algo que levante el ánimo a este país al borde de un ataque de nervios y presa de una profunda depresión por la crisis.

-Lo mejor que se puede decir es que los más importantes pasos hacia la salida de la actual situación se están dando, en las medidas de ajuste fiscal, en donde ha empezado un camino que no se ha terminado. Las medidas de reforma del mercado laboral han comenzado, aunque el decreto no ataja todos los defectos que tiene el mercado laboral. Y el Banco de España ha anunciado, no solamente la práctica conclusión del nuevo mapa de entidades financieras, sino la publicación de las pruebas de esfuerzo del sector bancario que son, en este momento, muy necesarias para transmitir confianza al mercado. Yo creo que estos tres pasos son fundamentales para entender que estamos en la dirección de la salida, por fin.

-En el Consejo Europeo de Bruselas del jueves se dijo que en las pruebas de esfuerzo, los test de estrés de toda Europa examinados por el Comité de Supervisores Bancarios, había quedado en primer lugar el Banco Santander. Un banco español, el primero, eso también contribuye a mejorar el ánimo colectivo.

-No he visto los resultados de esta prueba de estrés, pero no me extrañaría nada. Y es muy revelador de la situación de desconfianza que hay, que el Banco Santander haya sido penalizado en los mercados durante las pasadas semanas, teniendo que pagar por su financiación primas que no se justifican, cuando, seguramente sea uno de los bancos mejor gestionados de Europa. Y lo que digo del Santander, se aplica a otras entidades españolas.

-¿Es partidario de que se publiquen los test de esfuerzo de todos los bancos europeos? ¿Debería haber una norma al respecto?

-Van Rompuy ha anunciado que se publicarán los resultados de las pruebas de estrés a mucho tardar a mitad de julio.

-¿De toda la banca europea?

-Sí. Es importante que los gobiernos se hayan comprometido a publicar estos resultados.

-Financial Times ha publicado que en mayo bancos y cajas españoles pidieron 85.000 millones de euros al BCE. ¿La cifra es buena?

-La cifra la publica el Banco de España. Por supuesto coincide con nuestros datos. No todos los bancos centrales publican estas cifras. El Banco de España desde hace años lo hace.

-¿Y le parece saludable que se haga?

-Es una decisión de cada banco central. Realmente la transparencia es siempre buena, pero cuando no todos los bancos centrales publican la cifra, quedan más expuestos los bancos de aquellos países que lo hacen.

-Los cumplidores…

-Los que publican la cifra cuando hay tensiones financieras, porque inmediatamente se ve el aumento en el recurso de los bancos a las subastas del BCE.

-¿También debería haber una norma sobre esto y que todos los bancos las publicaran?

-Creo que aquí debería haber un terreno de juego nivelado. Que todos se ajustasen a la misma norma. Pero al final es discreción de cada banco central nacional si publican o no.

-Usted acaba de propugnar esta semana en Londres activar el mercado de titulación como método para mejorar el perfil crediticio de las entidades financieras. Pero este es un mercado completamente desacreditado después del fiasco de las hipotecas basura en Estados Unidos.

-Sin ninguna duda, ha sido contagiado por esta crisis cuando todos sabemos que hay buenas y malas titulizaciones y la única salida del impasse en el que estamos, que dura tres años ya, es que la forma de titulizar cambie, se haga más sencilla, más simple y que cualquier inversor pueda conocer qué es lo que hay debajo de una titulización.

-Y sea más transparente, obviamente.

-Más transparente, por eso vamos a impulsar un cambio. No tenemos capacidad regulatoria, pero sí tenemos una importante palanca que es exigir condiciones bajo las cuales aceptamos las titulizaciones como garantía en nuestras operaciones de refinanciación, y ésa es una palanca muy potente.

-¿Cuando van a regularlo?

-Empezamos el proceso cuando abrimos una consulta pública en diciembre que se cerró en el mes de febrero. Esa consulta sobre nuestras intenciones fue muy positiva en cuanto a respuesta. Estamos ahora trabajando en el terreno técnico y tomaremos la decisión final de cara a seguir adelante a la vuelta del verano, en el otoño.

<-La prensa alemana, distintos medios serios, como el Frankfurter Allgemeine o la edición alemana del Financial Times lleva varios días advirtiendo de una posible suspensión de pagos de España por falta de liquidez del sistema bancario. ¿La situación es realmente tan preocupante?

-No, estas noticias son reveladoras de un sentimiento del mercado que ha reaccionado al extremo. Como resultado del contagio griego, el sur de Europa ha estado expuesto a mucha desconfianza en el mercado por parte de los inversores, cuando las situaciones en cada país son realmente distintas. Y la única salida de esto es insuflar confianza al mercado. Y para hacerlo hay que empezar a atajar de manera decidida los problemas fundamentales de la economía. España ha empezado ya y creo que poco a poco se nota en el mercado. Las subastas de deuda, por ejemplo, en España han ido relativamente bien.

-¿Tiene noticia de cómo han ido las de hoy [jueves]?

-Sí, hablo de las de hoy. Han tenido una demanda muy satisfactoria y esto es en parte lo que explica la subida del Íbex, que ha sido el índice que mejor se ha comportado en Europa. Es decir, que poco a poco hay señales de que las cosas vuelven a su ser.

-Pero, la pregunta precisa es, ¿estamos al borde de la bancarrota? Porque ésta es la sensación que hay dentro del país.

-Bancarrota, no. Si uno mira los datos comparativos de España con otros países no hay razones para hablar de bancarrota. Un país por definición nunca está en bancarrota. Siempre hay, por mala que sea la situación, la posibilidad de utilizar impuestos, recortar los gastos públicos… Un país siempre debe poder hacer frente a sus pagos. Pero es cierto también que si la expectativa es de crecimiento bajo en los próximos años y de un déficit muy elevado, con un mercado laboral rígido y un sistema financiero afectado por la crisis inmobiliaria, lógicamente o se hace algo o la situación puede ser negativa. Y ésta es la composición que el mercado se ha hecho y por eso ha habido que reaccionar.

-Y, en todo caso, decía que si se comparan los datos españoles con otros, la situación no es tan mala.

-No, no. La situación es relativamente buena y confortable, es decir, muchos países quisieran tener los niveles de deuda pública que tiene España, por ejemplo.

-Ya que lo menciona, hay quien propugna cambiar el 60% como límite, dado que hay países como Italia que está prácticamente en el doble, y Bélgica tradicionalmente ha estado por encima del 100%. ¿Es partidario el BCE de aumentar el techo del 60% de endeudamiento?

-No, de lo que somos partidarios es de que se tome en serio el 60%. Bastaría con esto. Y pienso que hay un acuerdo muy generalizado en Europa, tanto en la Comisión Europea como entre los países que están representados en el Consejo Europeo, de que cuando se reforme la gobernanza del euro, uno de los elementos fundamentales será elevar el criterio de deuda a la altura que hoy tiene el criterio de déficit. Es decir, pedir a los países que hoy están muy endeudados que empiecen a reducir la deuda a un ritmo satisfactorio, hacia el 60%.

-Respecto a la banca, el gobernador del Banco de España, Fernández-Ordóñez, dice tres cosas: Una, el reconocimiento en las cuentas de las entidades financieras del valor real de sus activos inmobiliarios, porque se sigue contabilizando a un precio que ya no es el de mercado. Dos, reducir redes de oficinas. Y tres, corregir la excesiva dependencia de los mercados de financiación mayorista. ¿Algún otro consejo de su parte?

-Yo creo que el supervisor, el Banco de España, es absolutamente dueño de toda la información y sabe lo que mejor viene a las entidades ahora. Es una satisfacción ver que el proceso de reestructuración del sistema financiero está llegando a su fin y que tenemos todavía la posibilidad de utilizar un fondo como el FROB para inyectar capital y dotar de garantías de viabilidad todos estos procesos.

-El Banco de España ha fiado la cuantía mínima de activos para las entidades financieras en España en 50.000 millones de euros. ¿Hay un estándar europeo?

-Estoy convencido que esa cifra, si la ha expresado el Banco de España es porque tiene la información, conoce el mercado español, que es en el que operan la mayoría de entidades españolas. Y en función de eso ha hablado de ese dato y no de otro.

-¿Qué es, en su opinión, lo más preocupante en la economía española, el sector público o la economía privada?

-Yo no diría preocupante, pero los dos tienen una tarea que hacer. El sector público la ha empezado, pero el sector privado en España tiene un nivel de endeudamiento que es inusualmente alto, por comparación con otros países europeos. Y esto le hace muy vulnerable. El sector privado, con un nivel de deuda muy alto, está expuesto a que si los tipos de interés suben antes de lo previsto, la carga que va a pesar para hacer frente a los costes de la deuda sea mayor. Especialmente, además, en una situación de vulnerabilidad del empleo, porque cuando las familias se han endeudado contado con dos empleos en la casa y solamente hay uno como consecuencia de la crisis, pues hay dificultades. No cabe duda.

-¿Es previsible un aumento de los tipos en el corto o medio plazo?

-No. Sólo si hay riesgos de presiones inflacionistas, lo que no es previsible en los p´roximos trimestres.

-Otra vulnerabilidad del sector privado es la rigidez del mercado de trabajo.

-Nuestro mercado de trabajo, está sometido a una de las regulaciones laborales más obsoletas que existen en Europa. Y no hay institución que haya estudiado a España que no haya concluido lo mismo. Es decir, no es posible el dinamismo a medio plazo con un mercado laboral como el que tenemos, donde la parte mejor educada y más joven de la población es la más vulnerable ante el desempleo, sencillamente por los incentivos que tienen las empresas. Prefieren ahorrarse los costes de despido excesivamente altos y no invertir en capital humano, en la gente más joven, para hacer frente a sus dificultades. Y esto a largo plazo para un país es absolutamente autodestructivo.

-Hablando de vulnerabilidades, una de ellas también es el valor de la Bolsa. Ha bajado tanto, que hay compañías que valen en Bolsa el doble de su ebitda, no mucho más.

-Sin duda, esto es así, aunque las Bolsas de casi todo el mundo desarrollado están sufriendo ese mismo proceso. De todas maneras, no sería mala señal de que con precios tan atractivos empezase a volver la inversión extranjera. Porque ahora mismo se ha invertido el flujo, o la dirección del flujo de movimientos de capital, y serían buenas noticias que la inversión extranjera volviese a empujar con fuerza por proyectos españoles. Eso querría decir que hay confianza en el futuro del país. Sin duda, la Bolsa barata atrae compradores, pero está barata en toda Europa.

-En el Consejo Europeo de esta semana se ha hablado de una mezcla entre una tasa y un impuesto bancario que se va a proponer al G-20, para que se aplique a nivel mundial, pero he oído a Barroso decir que era voluntario y discrecional. Parece una cosa todavía muy en pañales.

-Creo que están todavía por definir en sus detalles. Ha habido un pronunciamiento genérico a favor de una tasa que permita a la sociedad recuperar todo lo que ha puesto en la resolución de la crisis bancaria. Tiene todo el sentido y toda la lógica pensar en un impuesto. Pero al mismo tiempo, hay que ser muy cuidadoso cuando se considere el impuesto en su posible aplicación, si finalmente se decide adoptar. Para empezar, debería ser un instrumento que se aplique en todas partes…

-Y no voluntario y discrecional…

-Porque si no, existe el incentivo a tratar mejor a la banca del propio país, y esto es algo que estoy convencido de que la Comisión mirará, porque tiene que vigilar la competencia y las reglas de juego. Y en segundo lugar, hay que mirar el impuesto en conjunción con las demás medidas del ámbito de Basilea III, las normas sobre capital y sobre liquidez. Ver en conjunto qué impacto puede tener, porque todos admitimos que hay que reforzar la liquidez, que hay que reforzar el capital, si a ello le añadimos el impuesto, podemos encontrarnos con dificultades para el desarrollo del negocio bancario que, como es sabido, la parte que nos toca es conceder créditos a las familias y a las empresas para desarrollar nuestra actividad. Así que no digo que en principio sea negativo, tiene lógica, pero hay que ser muy cuidadoso cuando se especifique por ejemplo qué tipo de gravamen se va a utilizar, sobre qué cifra de negocio se va a girar el impuesto, para que combinado con las medidas de reforzamiento de liquidez y capital no tenga efectos perversos.

-Felipe González el domingo pasado en una entrevista en estas páginas decía que fracasado el mercado con la crisis se llamó en rescate a la política; pero vuelta la política a su lugar, no ha tenido suficiente autoridad para regular el sistema financiero mundial. Y se lamentaba de eso.

-No conozco esas declaraciones, pero hay algo nuevo que es muy importante y muy positivo: el proceso llamado G-20. Es algo que no existía antes de la crisis, y que se ha puesto en marcha con ella, y es una señal de que el ámbito de la cooperación internacional de cara al futuro va a cambiar de manera radical, porque en el G-20 están representados países en desarrollo, países desarrollados y hay un intento no siempre fácil de coordinar las medidas que se adoptan para impedir que haya arbitraje regulatorio. Esto es fundamental porque el origen de la crisis en la que estamos tiene que ver con el arbitraje regulatorio, con bancos que se dedican a jugar con las normas y a emitir en otros países que ofrecen una mejor regulación.

-¿Tanta confianza tiene en el G-20?

-Creo que el G-20 está llamado a protagonizar en buena medida la gobernanza mundial de cara al futuro; es mucho más representativo de lo que era antes, representa a los gobiernos, por supuesto, pero no olvidemos que el sistema financiero es, ha sido y probablemente será en el futuro, un sistema gobernado por reglas de mercado y eso significa que probablemente en el futuro volvamos a ver crisis financieras. Lo que deberíamos esperar es que sean crisis financieras que responden a ciclos normales, como son los ciclos económicos, con momentos de crecimiento alto y crecimiento bajo, y no crisis prolongadísimas como la que estamos viviendo ahora mismo, que están afectando mucho a la economía real.

-Cómo se siente un destacado hacendista como usted, de una larga trayectoria académica centrada en el análisis de los impuestos, de los gastos públicos y la política presupuestaria, ejerciendo en la política monetaria.

-Si revisa, es un ejercicio muy interesante, la lista de hacendistas que han pertenecido a consejos de gobierno de bancos centrales o han sido gobernadores de los bancos centrales, se encontrará que es muy larga, y no es nada extraño. Primero, por la relación tan estrecha que existe entre la política monetaria y la política fiscal; pero segundo, y no es retórica, la inflación es el impuesto más perverso que existe, y un hacendista que está convencido de esto abraza sin ningún problema la misión de reducir ese impuesto a su mínima expresión. Es decir, asegurar a la sociedad que el impuesto que devora el ahorro, que hace mella en los más pobres y en los grupos menos protegidos de la sociedad se mantiene a su mínimo nivel. Y esto es lo que hace un banco central. Así que le es muy familiar a un hacendista la tarea del banquero central.

-Usted ha sido un firme defensor de la política de estabilidad presupuestaria, ¿qué cree que le habría ocurrido a la economía real si no se hubiese incumplido la estabilidad presupuestaria a raíz de la crisis internacional, desde el principio?

-Yo siempre defendí la ley de estabilidad presupuestaria en su versión inicial. Aquella versión a la que se acusaba de prohibir el déficit. Hoy nos damos cuenta del valor que eso tiene. Una economía como la nuestra, que tenía hasta hace poco una tasa de crecimiento significativamente más alta que la media de Europa, podía alcanzar cifras de equilibrio, de superávit, de manera permanente. Y eso, ¿para qué sirve? Para reducir mucho más la deuda y tener más colchón para reaccionar ante una crisis, pero sobre todo para hacer frente a lo que ya se nos está viniendo despacio encima, que son los gastos asociados al envejecimiento de la población, que son las pensiones y es la sanidad. Obviamente, hay dos maneras de resolver ese tipo de compromisos, uno es eliminando deuda poco a poco a base de superávit en el tiempo, y la segunda es, desafortunadamente, reformando las pensiones, con lo cual uno puede frustrar expectativas fundadas de la población. Así que el valor de la estabilidad presupuestaria, en perspectiva, creo que es enorme, y yo suscribiría por entero todo lo que he podido decir en el pasado y he publicado. De hecho, hace diez años publique un libro dedicado por entero a la estabilidad presupuestaria.

-¿La subida espectacular del déficit al inicio de la crisis debería haber sido mucho más controlada?

-Podría haberse controlado más, sin duda, porque no todas las medidas de gasto fueron igualmente felices. En todo caso habríamos tenido un aumento del déficit muy importante. Además, los gobiernos han debido aumentar su déficit para suavizar el impacto de la crisis en su momento peor, otoño 2008, comienzos de 2009. Obviamente si hubiera tenido España más margen inicial de maniobra para actuar, las dificultades en las que se vio hubieran sido menores, porque la deuda hubiera sido menor y el tamaño del déficit también. Bueno, nos hemos encontrado en esta situación, que está en vías de enderezarse, pero la lección que se extrae de aquí es que las cifras del presupuesto hay que tenerlas bajo mucho control, hay que poder usar el presupuesto, pero para hacerlo hay que tener márgenes.

-¿No hace falta que le pregunte si es partidario de prolongar la edad de jubilación?

-Parece que tiene todo el sentido. Si cuando se aprobaron las normas de edad de jubilación la esperanza de vida al jubilarse era en torno a 10 años, hoy día la esperanza de vida al jubilarse es, por lo menos, de 20, si no más. Un sistema de pensiones que está basado en sostener la jubilación de una persona durante 10 años, obviamente no es el mismo que cuando tiene que atender a una prolongación de 20, 25, o 30 años. Y más aún cuando la carrera laboral media de la población que está en el mercado es más corta porque hoy día los periodos de desempleo de la población más joven son mayores. Así que creo que responde a un criterio de justicia intergeneracional, el que no soporten las generaciones más jóvenes todo el coste de vidas mucho más prolongadas después de la jubilación.

-¿Fue acertada la decisión de elevar los tipos de interés en el inicio de las turbulencias financieras?

Los tipos de interés se subieron en julio de 2008. Y si me pregunta por qué, con perspectiva, porque muchas veces se ha criticado esta decisión, hay que ponerse en la situación en la que subieron. Primero, no hablábamos todavía de crisis financiera, sino de turbulencias financieras, la producción crecía con fuerza, el empleo estaba alto, y la primera preocupación de los españoles y de los europeos era la inflación, no era el paro, ni el crecimiento, ni la inactividad, ni el terrorismo. Era la inflación.

-El enemigo público número uno según sus tesis.<

-Un banco central tiene la misión de tener la inflación anclada, y lo que veíamos entonces era que las expectativas de inflación se nos escapaban, y teníamos que reaccionar. Luego vino Lehman Brothers. Era impredecible. Y desde entonces, todo el escenario cambia. Pero esto no lo podíamos nosotros adivinar, lo único que veíamos en nuestro radar eran unas expectativas de inflación que se podían escapar de control, si no hacíamos frente a ella. La inflación era de más del 4% en el mes de julio de 2008, no nos olvidemos. Así que no fue un error, manejamos la información que teníamos y actuamos en consecuencia.

-El principio de ‘no bail-out’ se había concebido como uno de los pilares de la unión monetaria y económica. ¿Cómo queda en la actualidad este tipo de principios con los planes de rescate financieros que se han aprobado?

-Creo que queda inalterado y me parece que la autoridad más rigurosa que este terreno, que es el Tribunal Constitucional alemán, se ha pronunciado con claridad. Cuando se presta con condiciones muy estrictas, con tipos de interés superiores a los que marca el mercado, con primas añadidas al tipo de interés del mercado, sustancialmente altas, nada menos que de 300 puntos básicos, realmente uno no puede hablar de rescate. Esto es un préstamo, que se devolverá. No se ha asumido una deuda, no se está subvencionando ni a las entidades ni a los países, y cumple por lo tanto plenamente con el Tratado.

-¿Está justificada la situación de nerviosismo que se transmite en los mercados financieros respecto a la solvencia de España?

-Yo creo que los datos objetivos de la economía española no deberían justificar un sentimiento de mercado tan pesimista como hemos visto en días pasados. Los mercados financieros sobrereaccionan en el sentido positivo, y tenemos un buen ejemplo de los años anteriores a la crisis, donde parecía que el riesgo ya no existía. Y pasan a otra situación, donde el riesgo aparece detrás de cada esquina. El sentimiento de mercado es el que domina las reacciones de los inversores y de quienes gestionan el riesgo. Entonces es tarea de cada país el tratar de restaurar la confianza. Esto se hace con transparencia, enseñando las cifras. Por ejemplo, hablamos de las pruebas de estrés de los bancos, y de acometer aquellas tareas postergadas en el tiempo porque no pueden esperar: política fiscal, reforma laboral y reforma del sistema financiero.<

-¿Necesitará España acudir al fondo de 750.000 millones de euros?

-Creo que no lo va a necesitar.

-La situación de España era límite cuando se han afrontado estas medidas de estructuración del presupuesto y del mercado.

-Sí, le digo con toda franqueza que sí. España no tenía más remedio que hacer lo que ha hecho. Recordemos la primera semana de mayo y el contagio de la situación de Grecia a buena parte de Europa, y desde luego a todos los países del sur, cuando incluso después de tener Grecia un programa importantísimo respaldado por el FMI, la Comisión Europea y el BCE, el mercado exigía, por comprar deuda griega en el mercado secundario a corto plazo, tipos de más del 20%. Eso es un mercado dislocado absolutamente. Cuando un mercado está dislocado y es temeroso, cierra sus vías a todos, o a muchos, y España era una de las candidatas a la sequía completa de financiación.

-Deduzco de sus palabras que tanto el ajuste presupuestario como la reforma del mercado laboral le parecen un buen camino, pero insuficiente en ambos casos.

-En ambos casos insuficiente. Respecto a la política fiscal, parece que el año 2010 cumple con los compromisos del programa de estabilidad presentado por la economía española, pero los datos de 2011 no llevan a esa seguridad y de hecho la Comisión ha dicho que en 2011 el ajuste presupuestario añadido tiene que ser un 1,75 por cien del PIB. Que yo creo que es una cifra razonable y la mejor noticia que pudo leerse esta semana en la prensa fue que las comunidades autónomas, aunque de manera reticente, han mostrado su disposición a hacer frente a la parte que les toca. Lo cual son muy buenas noticias porque es entender la gravedad de la situación. Y respecto de la reforma laboral, por una parte el vaso está medio lleno, porque se ha comenzado un proceso de reforma. Pero quedan temas pendientes, o sea que es un paso en la buena dirección en cuanto a los costes de despido y la diferencia tan enorme que existe entre los trabajadores fijos y los temporales, pero hay asuntos que no quedan tocados, y es de esperar que en este proceso que ahora se abre, se aborden.

-¿Cómo cuáles?

-La indiciación salarial es uno. Son estas cláusulas que todavía existen en los convenios y que son esencialmente incompatibles con una unión monetaria. Quedan los convenios colectivos en general y su hiperactividad, es un asunto que no se aborda en la reforma. Queda todavía un germen de segmentación del mercado laboral, porque lo que se hace es extender el contrato de fomento de empleo, pero la contratación temporal seguirá teniendo un papel prominente. Creo que la reforma laboral se tiene que perfilar todavía más y tiene que entrar en temas en los que no entra.

-Las comunidades autónomas están ya empezando a incrementar la carga tributaria. ¿Cree que si el coste explícito del modelo autonómico se hubiese puesto de manifiesto desde el inicio se hubiese llegado tan lejos en la descentralización?

-Si con coste explícito se refiere a la corresponsabilidad fiscal, que debiera haber sido una característica del sistema de financiación, le diría que sí. Corresponsabilidad fiscal significa que si una comunidad tiene responsabilidades tan importantes como la sanidad y la educación, por ejemplo, tiene todo el sentido que sus ciudadanos sepan cuánto cuestan estos servicios. Y hasta ahora el modelo ha sido un modelo desequilibrado, donde la mayor parte de la financiación procedía de transferencias del Estado, con lo cual el ciudadano tiene la engañosa impresión de que su comunidad autónoma gestiona muy bien porque le cobra muy poquito y le da muchos servicios, mientras que el Estado es un derrochador porque cobra muchos impuestos y los servicios no los acaba de ver. Esto es un desequilibrio en el diseño del sistema que debería empezar a resolverse porque las comunidades se han convertido, seguramente, en su conjunto, en las gestoras de gasto más importantes. Ofrecen el gasto que más importa a la gente y deberían tener una responsabilidad fiscal mayor. No es que reciban más competencias, es que ejecuten las que tienen porque el ejercicio de la corresponsabilidad no ha sido el rasgo que más ha caracterizado los años de Estado autonómico.

-¿Deberíamos simplificar las instituciones en este país? José Blanco ha planteado hace poco si las diputaciones tienen sentido en la España autonómica. Ahora que se ha estresado el gasto público ¿no habría que hacer un reajuste institucional?

-Habría que revisar el reparto de competencias, tratar de identificar duplicaciones, porque hay muchas entidades haciendo la misma cosa, en el Gobierno central, en las comunidades autónomas y en las corporaciones locales. Con la restricción, obviamente, de respetar el ordenamiento jurídico constitucional. Y si hay instituciones que están previstas en la Constitución uno no las puede suprimir.

-Se puede cambiar la Constitución.

-Sí, o vaciar de competencias esas instituciones, pero desde luego el momento es ahora mismo. En momentos de crisis, uno tiene que revisar a fondo todas estas cosas y plantearse si tiene sentido, primero gastos que no están requeridos por ningún estatuto. Y segundo duplicaciones entre los ámbitos central y autonómico.

-Tenemos más unión monetaria que unión económica. No es una pregunta, es una afirmación indiscutible, pero ¿tiene verdadero sentido una unión monetaria sin una unión política?

-Le diría que la unión monetaria se puede sostener con un grado muy estrecho de coordinación de las políticas fiscales y de las políticas económicas. Por necesidad, esto poco a poco lleva, si no a una unión política, una tendencia federalizante.

-¿De qué horizonte hablamos?

-Es un proceso tan continuo que uno no puede marcar fechas. Van Rompuy encabeza un grupo de trabajo en la UE, por mandado del Consejo Europeo, para hacer propuestas sobre cómo reforzar la gobernanza de la UE. Esto es un paso en esa dirección. Es evidente, porque hemos visto ahora con mucha claridad cómo medidas de política económica de un país, por pequeño que este sea, tienen un impacto sobre el conjunto. Y no tengo que explicar la crisis soberana que tenemos ahora mismo ni el origen, con el detonante de Grecia, que estamos observando estos días. Entonces las políticas internacionales son materias de interés común y como tales deben ser debatidas por los órganos comunes de la unión monetaria. Y los países deberían tener en cuenta la opinión de los foros comunitarios, del Consejo y de la Comisión. Y por eso, de cara al futuro, hay una serie de líneas establecidas. De cara a un futuro muy cercano porque esto es algo que tiene que percibir el mercado también; no puede ser que el mercado esté dudando un día sí y otro no sobre el futuro del euro.

-El Consejo Europeo del jueves anunció un plan de gobernanza antes del 30 de junio. En dos semanas.

-Lo que se discutió el jueves fue una entrega preliminar con las líneas generales. El informe final del grupo de trabajo de Van Rompuy se espera para octubre. Pero las líneas están muy claras y todos las conocemos. Por un lado, gobernanza más estrecha en lo fiscal, de manera que no sea posible que el Pacto de Estabilidad no se aplique, como ha ocurrido en el pasado donde se ha incumplido de manera sistemática.

-Empezando por Alemania y Francia, que son los dos grandes pilares de la Unión.

-Sin duda eso no hizo un favor a la credibilidad del Pacto de Estabilidad. Y a partir de ahí, seguramente las palancas que ha tenido la Comisión para actuar temprano han sido muy limitadas, lo que ha permitido que muchos países hayan incumplido de manera simultánea el Pacto de Estabilidad sin haber recibido una penalización, ni por parte de las instituciones europeas, ni por parte de los mercados. Porque aquí a los mercados también hay que recordarles que están aquí para controlar. Y han sido de una complacencia absoluta. Durante años, ha habido países que han podido emitir deudas prácticamente al tipo de interés de Alemania, cuando su situación fundamental no era como la alemana.

-Gobernanza en lo fiscal y en materia de competitividad.

-Esto es fundamental. Uno puede ver países en donde los costes laborales unitarios año tras año están creciendo, significativamente por encima de la media. ¿Esto a dónde lleva a ese país? Le lleva contra la pared porque en una unión monetaria no se puede devaluar. Y la única manera de recuperar competitividad es reduciendo salarios o aumentando la productividad. Y lo primero es políticamente muy difícil, como se está viendo. De manera que, de cara al futuro, evitar ese tipo de problemas requiere que el conjunto, los miembros de nuestro mismo club, que son los miembros del euro, tengamos la posibilidad de decirnos unos a otros: “Aquí hay un problema larvado de competitividad, ¿qué vas a hacer para resolverlo? Es un problema de liberalización del mercado, es un problema de competencia… ¿Y qué es lo que explica que año tras año tu coste laboral suba por encima del resto?”. Y es una pregunta muy importante y que debe contestarse además por cada país que luego es autónomo para decidir las cosas, nadie le va a imponer lo que tiene que hacer, pero es relevante no engañarse con que los costes de financiación son bajos y las cosas van bien para no hacer nada, porque en los momentos duros vemos lo difícil que es.

-Felipe González decía la semana pasada, creo que está en el informe sobre el futuro que el comité de expertos presentó el 9 de mayo al Consejo Europeo, que todo el mundo tiene que darse cuenta que una parte sustancial del salario tiene que estar en función de la productividad.

-Por eso la reforma de los convenios colectivos es tan importante.

-Para que pueda haber un descuelgue.

-Si es posible el descuelgue y se tienen en cuenta las condiciones de la empresa, entonces tiene sentido, porque se puede ajustar. Y si una empresa está perdiendo sistemáticamente dinero, no puede ser que se traslade el incremento salarial del sector a la empresa, porque la consecuencia es el despido o el cierre. Si hacemos más atractivo para un empresario cerrar la empresa que cualquier otra alternativa, es que no tenemos en cuenta el tejido competitivo.

-Como profesor, usted fue pionero en su día de abogar por un impuesto lineal sobre la renta. ¿Cree que debería de implantarse un modelo así en la actualidad?

-Yo sigo creyendo en él, pero no es solución a ninguno de los problemas que vemos hoy. El impuesto lineal sobre la renta es un avance en términos de simplicidad, de gestión, de incentivos económicos, pero hoy día las prioridades de la hacienda pública, creo yo, son otras. Y afinar el impuesto es algo que corresponde a momentos de más calma y más tranquilidad.

-Defínanos el impuesto lineal.

-Sería un impuesto sobre la renta que tiene un mínimo exento que es común para toda la población, el mismo. Y luego tiene un tipo marginal, único. Eso implica que la gente que tiene menos ingresos no paga nada, porque queda por debajo de ese mínimo, que suele ser un mínimo muy generoso. Y a partir de un umbral, la gente empieza a pagar un tipo marginal sobre sus ingresos por encima del mínimo, con el mismo porcentaje. Eso significa que para rentas muy altas el impuesto puede ser muy elevado porque es el marginal que se aplica a un tramo muy grande de renta. Mientras que para la mayoría de la población sería un tipo medio muy bajo porque, insisto, gravaría sólo el exceso sobre ese mínimo. Entonces es un impuesto tremendamente fácil de gestionar, que no genera los incentivos perversos de la progresividad, que es muy predecible, de recaudación estable, que desanima estrategias de elusión, y que permite simplificar el impuesto, reduciendo las distinciones entre rentas del trabajo, rentas del capital… Realmente tiene unas propiedades muy deseables.

-¿Lo tiene alguien?

-Ahora mismo existe en algunos pequeños países europeos, por ejemplo, en algunos de los países bálticos, en el Reino Unido se ha estado muy cerca de él, con un impuesto de dos o tres tipos de gravamen. En España nos hemos acercado muchísimo, con cuatro tipos de gravamen. La condición básica al final es: si la mayoría de la población está sujeta a un tipo, funciona casi como un impuesto lineal, así que dos o tres tipos sería perfectamente aceptable. Sigue habiendo progresividad con el impuesto lineal, porque lo que importa es el tipo medio. Pero además es que la progresividad hay que hacerla a través del gasto. La progresividad es pensiones, educación gratuita, sanidad… Ésta es la progresividad. Con los impuestos se puede hacer poca progresividad.

-En una conferencia reciente un representante de una importante empresa española de consultoría juzgaba como calamitosa la gestión del señor Trichet y lo equiparaba a San Pedro. Después de haber negado categóricamente tres veces la posibilidad de que el Banco Central adquiriera deuda soberana, posteriormente las aceptó. ¿Qué argumento tiene usted para justificar la medida del BCE?

-Si el BCE el 10 de mayo de este año no hubiera decidido comprar bonos en el mercado, decisión que sabíamos que tenía una cierta gravedad, muy probablemente los mercados se hubieran bloqueado. Porque no existía un fondo europeo de estabilización que fuera aplicable, los mercados estaban dislocados absolutamente. Cuando los mercados están bloqueados, o se exigen tipos absurdos por los fondos, realmente un banco central tiene que hacer algo. La misión fundamental de la política monetaria del banco central se canaliza en el mercado a través de la estructura de tipos de interés. Si el más importante de todos está distorsionado, por tensiones, por un sentimiento del mercado que lleva al paroxismo, realmente se bloquea el sistema financiero y entonces la política monetaria se convierte en filosofía. Si lo que debiéramos haber hecho según estos críticos con el programa de bonos era sentarnos en el sillón y contemplar cómo se hundía el sistema financiero, con tal de no comprar títulos, realmente no conocen nuestro compromiso con nuestra función.

-¿Cuánto tiempo tardará esto en serenarse?

-Esperemos que lo menos posible, pero depende de las autoridades públicas. De lo rápidamente que actuemos. Depende de que sorprendamos a los mercados yendo incluso un poco más allá de lo que ellos esperan. Tomarse tiempo en las reformas hoy día es contraproducente, e incluso puede ser peligroso.

-¿Pero ese par de años del que todo el mundo habla?

-Sí, recuperar la confianza, que es lo fundamental, se puede recuperar pronto. Pero las condiciones que se tienen que dar son: Primero, hacer un diagnóstico claro. Yo creo que el diagnóstico sobre la situación de la economía española está clarísimo para todo el mundo. Segundo, explicárselo a la población, y creo que hay una labor de pedagogía en todos los países pendiente por hacer. Las poblaciones están viendo que el sistema financiero está impactando su vida ordinaria, e incluso en algunos países como el nuestro hay una cierta sorpresa porque hace dos meses nadie hubiera esperado que nos encontráramos en la situación en la que estamos. Alguien tiene que explicar por qué está pasando esto y por qué es necesario tomar decisiones tan duras como las que se adoptaron en relación con el presupuesto o con el mercado laboral o con el sistema financiero. La pedagogía es fundamental porque hay que buscar aliados y cómplices. Si no, la gente no lo entenderá. Y finalmente, lo que hay que hacer es aplicar esas medidas con la mayor urgencia. Yo creo que cuando se dan esas condiciones, la confianza vuelve inmediatamente. Las primas de riesgo bajan, y eso tiene un efecto muy positivo, porque nos podemos volver a financiar a costes razonables. Y esta es la base para poder crecer.

-Mucha gente se fiaba de que ganáramos el Mundial… Hay quien lo había cifrado en un crecimiento del PIB suplementario del 0,7%.

-No todo está perdido… Sin duda estas cosas ayudan a la moral colectiva, pero desafortunadamente no resuelven todo.

Juergen Donges: “El ajuste anunciado va en la dirección correcta, pero no será suficiente”

Ignacio Martínez | 18 de mayo de 2010 a las 14:43

El profesor propone añadir una reducción un 10% todas las subvenciones cada año, eliminar ya la prestación por nacimiento, reducir la estructura del Gobierno y trasladar la austeridad a autonomías y ayuntamientos

 

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JUERGEN B. DONGES es uno de los economistas alemanes y europeos más prestigiosos. En la actualidad es director del Instituto de Política Económica de la Universidad de Colonia. En 1992 entró a formar parte del Consejo alemán de expertos económicos, organismo que presidió entre 2000 y 2002, y en el que estuvo bajo los mandatos de los cancilleres Kohl y Schroeder. Como su hermano mayor, el profesor Donges nació en Sevilla (octubre de 1940). Sus padres residían en esta ciudad, donde su padre trabajaba en el Banco Alemán Transatlántico. Cuando tenía un año, la familia se trasladó a Madrid. No es ésta su única vinculación con la región: su esposa, María Cruz Gutiérrez García, es malagueña, aunque se crió en Segovia. Donges ha sido profesor y ponente en cursos del Instituto Internacional San Telmo. Es catedrático emérito de la Universidad de Colonia y asesor científico de varias instituciones, como el Peterson Institute for International Economics (Washington), el Institute for Global Economics (Seúl), el European Centre for International Political Economy (Bruselas) o el Instituto de Estudios Económicos (Madrid). En las últimas semanas se ha mostrado muy crítico con lasmedidas de rescate decididas por la Unión Europea para Grecia y ha explicado que las instituciones alemanas están haciendo importantes recortes presupuestarios: hay municipios quebrados que están cerrando piscinas o centros culturales.

-El Parlamento alemán aprobó la semana pasada los planes de rescate a Grecia. ¿Le complace esta decisión?

-No demasiado. La ayuda financiera a Grecia le va a dar al Gobierno heleno un respiro, pero los problemas estructurales de la economía no se resolverán por sí solos. Me cuesta creer que Grecia en tres años pueda devolver los créditos recibidos. ¿De dónde van a sacar los recursos?

-¿Qué habría hecho usted?

-En este ejercicio y el próximo, la producción va a contraerse. Entonces habrá que hacer lo que ya ahora habría sido lo más adecuado: una moratoria y una reestructuración ordenada de la deuda pública, a cuenta de los acreedores griegos y extranjeros, bancos y compañías de seguro, fundamentalmente. Si los bancos pensaron en su día que estaban haciendo un buen negocio prestándole dinero al Estado griego, tienen que asumir las pérdidas al haberse equivocado. Por el contrario, el plan de rescate establece un peligroso precedente, al que recurrirán, si fuera necesario, gobiernos de otros países con problemas presupuestarios.

-¿Qué le parece el ajuste que ha anunciado Zapatero para España?

-Un recorte del gasto público era necesario, y lo previsto ahora va en la dirección correcta. Pero no será suficiente. Se podría haber abordado una reducción, de todas las subvenciones, digamos del 10% cada año. Y no hay razón alguna para esperar hasta enero para eliminar el cheque bebé; medida poco acertada desde el primer día.

-¿Algo más?

-Y una buena acción para crear credibilidad cara a la opinión pública española y europea hubiera sido remodelar la estructura del propio Gobierno; no se necesitan tres vicepresidencias, y algún ministerio es absolutamente superfluo, el de Igualdad el primero. Además, no sé si las autonomías y los municipios harán también un serio esfuerzo de ahorro o si lo anunciado por el presidente queda en papel mojado. Lo que no es bueno es reducir la inversión pública.

-¿No cree que la Unión Europea debería también tener un plan colectivo? Y, de camino, poner en práctica la unión económica creada en el Tratado de Maastricht.

-Unión económica hay. El mercado único está bastante bien desarrollado. Lo que no hay, es la unión política, y no veo que se produzca pronto. Por eso el Tratado de Maastricht requiere de los países miembros la sostenibilidad de sus finanzas públicas. Hay un límite para el déficit público y otro para la deuda total, el 3% y el 60% del PIB, respectivamente. Planes colectivos no harían más que liberar a los gobiernos de sus responsabilidades, y eso nunca es bueno. En la Eurozona tiene que haber la posibilidad de que un Estado declare la suspensión de pagos.

-¿Puede quebrar un país?

-Sí, en cuanto los ahorradores nacionales y extranjeros ya no le presten dinero o exijan un interés altísimo a los bonos. En la historia ha habido muchas quiebras, las más recientes en Rusia en 1998, Argentina en 2001 e Islandia en 2009.

-¿Si es de la Zona Euro tiene más o menos posibilidad de quiebra?

-Una unión monetaria no es un paraguas seguro. Por ejemplo, California en Estados Unidos está al borde de la bancarrota. Pero los países afectados no desaparecen del mapa. Lo normal es que hagan de la necesidad virtud y se recompongan económicamente.

-¿Cree que en las última semanas se ha producido un ataque al euro?

-Este es el vocabulario de los políticos, que no quieren admitir que su gestión de los problemas de la economía es mala, y les duele que los mercados pasen factura. Cuando organizan planes de rescate a nivel europeo, como en el caso de Grecia, invitan a los inversores financieros profesionales a someter el euro a continuos tests de robustez. Sólo pueden ganar porque la apuesta de una devaluación del euro se cumple; o bien, porque si no se cumple, es el Estado quien actúa como el bombero de urgencia y son los contribuyentes los que pagan.

-El fondo de rescate europeo pactado el domingo en Bruselas no será santo de su devoción…

-El Fondo europeo de rescate no me tranquiliza demasiado. Es curioso que se quiera combatir una crisis financiera europea derivada del sobreendeudamiento de determinados Estados creándoles nuevas deudas. También me preocupa que con la decisión del 10 de mayo, nuestros líderes políticos hayan derogado dos reglas básicas de la unión monetaria: la del no rescate de un país insolvente por sus socios solventes y la de no financiación de déficits por parte del BCE.

-¿Tampoco tranquilizará a los mercados?

-Me temo que los mercados quieran comprobar si el euro se va a convertir en una moneda débil y si la unión monetaria va a dejar de ser un foco de estabilidad de precios para degenerar hacia una unión inflacionaria y una comunidad de deudores soberanos. La tranquilidad en las bolsas se hará esperar.

-Paul Krugman sostiene que el euro fue un error. ¿Usted qué piensa?

-Al principio me preguntaba si estábamos cogiendo el toro por el rabo, al anteponer la integración monetaria a la política. Pero los últimos diez años son una historia exitosa: el euro es apreciado como divisa de reserva y moneda de facturación internacional, el Banco Central Europeo ha adquirido una gran reputación y el objetivo de estabilidad de precios se ha cumplido bastante bien.

-¿Qué ha fallado?

-Fundamentalmente dos cosas. Por un lado, la falta de disciplina fiscal plasmada en la alegría del gasto público a crédito en casi todos los países. Y por otro, las subidas de los salarios por encima de la productividad, y la falta de competitividad o capacidad innovadora en los países menos avanzados. Alemania tiene una parte de culpa: el canciller Schroeder en 2005 se negó a respetar el Pacto europeo de Estabilidad y reducir el excesivo déficit que tenía el país. Codo a codo con el presidente francés Chirac descafeinó las reglas fiscales, hasta las poco rigurosas que tenemos ahora, que dañan la estabilidad financiera de la Eurozona.

-¿Piensa que en esta coyuntura sería adecuada para España una gran coalición al estilo de la alemana de la anterior legislatura?

-Una gran coalición sólo es factible si los partidos que la forman anteponen el bien común a objetivos ideológicos. El PSOE no es capaz, el PP sólo a regañadientes. En este sentido, la democracia española es todavía algo inmadura.

-Inmadura y gastosa.

-Tanto el Estado como los hogares tienen que ir reduciendo sus excesivos endeudamientos. Ahorrar. El Gobierno debe recortar el gasto que no sea productivo, como los salarios de los funcionarios, las subvenciones desmesuradas a empresas y regiones, y las prestaciones sociales a personas que no las necesitan. Los particulares tienen que renunciar al consumo ostensivo.

-¿Qué propondría para resolver el colapso inmobiliario en España?

-El ajuste del sector tiene que proseguir hasta que el stock de viviendas sin vender haya sido absorbido. Inevitablemente seguirán perdiéndose muchos empleos. No tiene sentido que el Estado intervenga en este proceso con ayudas financieras a constructoras o compradores de viviendas.

-¿Acabaría con el Plan de Empleo Rural en Andalucía?

-Sí. El PER es un subsidio a todas luces pernicioso: demora el cambio de las estructuras económicas de Andalucía, distorsiona la movilidad geográfica e interempresarial, mantiene bajo el potencial de crecimiento y alto el paro laboral, promueve la economía sumergida. El coste fiscal es elevado. La tutela del Estado sobre los perceptores del PER es humillante en un sociedad civil libre.

-¿Qué opina sobre fusiones de cajas de ahorro y la dificultad de hacer concentraciones de entidades de distintas regiones.

-El sector de las cajas de ahorros ha sido afectado por la debacle inmobiliaria. Pero ya antes tenía problemas estructurales. La reconversión del sector es indispensable. Una pieza clave es despolitizar las cajas.

-¿Cree que la Política Agraria Común sufrirá muchos recortes?

-Hace ya varios años que la UE recompone esta políticas hacia un mayor uso de mecanismos de mercado. Esto es bueno por razones de eficiencia y confío en que se mantendrá la dirección. No hay ninguna razón económica o social para justificar un marco proteccionista en este sector.

-Habla de la necesidad de que España haga reformas. ¿Cuáles?

-Mercado de trabajo, sistema educativo, comercio al por menor, suelo, energía, transporte ferroviario y un largo etcétera. Es muy importante, por encima de todo, recuperar la unidad del mercado en España, actualmente amenazada de romperse, debido a las políticas regulatorias y lingüísticas por parte de diversos gobiernos autónomos.

-¿Hay que abaratar el despido?

-Sin duda. Tiene que haber una mayor flexibilidad en la contratación y configuración de los convenios laborales. Es necesario que las empresas puedan ajustar plantillas a los cambios de mercado, sin trámites burocráticos desbocados. Una mayor facilidad del despido significa una mayor facilidad de entrada en el mercado de trabajo.

-Usted sostiene que el modelo social europeo basado en un generoso Estado protector y distribuidor no es financiable ni eficaz. ¿A qué modelo nos dirigimos?

-Por ejemplo, a un sistema de pensiones que contenga mayores elementos de capitalización, es decir, ahorros individuales, para afrontar el reto del cambio demográfico. La elevación de la edad de jubilación es urgente. En la sanidad, necesitamos más competencia entre las compañías aseguradoras.

-La economía mundial mejora. En Alemania y Estados Unidos ha arrancado la economía.

-Lentamente, sí, gracias al empuje de los grandes países emergentes. En este ejercicio volveremos a tener un crecimiento positivo de la producción global y del comercio internacional. Pero el perfil será más plano que antes de la crisis.

-¿Se atreve a ponerle fecha final a la crisis?

-El enfermo ha salido de la UVI, pero sigue hospitalizado. La convalecencia durará dos o tres años más, como mínimo.

Un euro son 166,386 pesetas

Ignacio Martínez | 15 de mayo de 2010 a las 18:23

Me pregunta un amigo cómo hemos llegado a esto. Y le respondo con un test que les propongo. ¿Se acuerdan qué año entró en circulación el euro? Mi amigo responde, muy rápidamente, que en el año 2000. Se equivoca, pero su respuesta es todo un síntoma; nos parece que tenemos el euro en el bolsillo desde hace mucho tiempo, aunque lo estrenamos hace sólo ocho años, el 1 de enero de 2002. Abrazamos al euro con la fe de un converso, tanto que estaba previsto un periodo transitorio de dos meses y a las dos semanas ya no se veía una peseta por ninguna parte. El euro nos hizo ricos y ya no nos queremos acordar de cuando éramos simplemente de la clase media europea. Hasta tal punto perdimos el sentido de la realidad, que el presidente Zapatero se permitió la humorada en septiembre de 2007 de decir urbi et orbi que España ganaba la Champions de la economía mundial y no lo mantearon.

¿Cómo llegamos a eso? Entrampándonos hasta los ojos. Todo hijo de vecino pidió créditos para comprar una casa, un coche, unas vacaciones o lo que fuese, que estaban por encima de sus posibilidades. Y las empresas, igual. Y los bancos daban los créditos a espuertas. Te perseguían para darte más dinero del que pedías. Con ese ritmo, entre particulares y empresarios se endeudaron en más del 200% del PIB nacional. Aquí se hizo la ecuación de que un euro valía veinte duros. Así que la sensación era que se compraba barato y se vendía caro. Un gran negocio para todos, una fiesta del consumo, en un país en el que no había tradición de ahorrar. Y en el que, por cierto, tampoco había tradición de pagar impuestos. Cumplir con Hacienda es una costumbre moderna. La de ahorrar la acabamos de estrenar.

Si quieren algunas reflexiones suplementarias, no se pierdan la entrevista que hoy publicamos en la sección de Economía de los periódicos del Grupo Joly con un experto prestigioso, el alemán Juergen Donges, que critica el despilfarro español. Ahora el presidente del Gobierno ha hecho el ajuste que debía, aunque tarde. Y de manera incompleta, porque está preparando un impuesto sobre las grandes fortunas. En esta coyuntura, es el momento de recordar que un euro vale 166,386 pesetas. Que una vivienda no puede multiplicar por dos su valor cada cuatro años. Que a los pensionistas, parados y funcionarios se les paga con los impuestos. Y que el sector privado, en el que se han producido centenares de miles, millones, de pérdidas empleo no puede seguir sosteniendo este tren de gasto público.

Discrepo de Cristóbal Montoro, que ayer en Radio Nacional le decía a Juan Ramón Lucas que estas medidas suponen un desprestigio para España. Al contrario. Hay que acabar con el estereotipo de que aquí estamos siempre de fiesta, salvo a la sagrada hora de la siesta. A lo mejor no nos ponemos de acuerdo sobre cómo hemos llegado a esto. Pero lo que está claro es cómo salimos: con austeridad, rigor y seriedad. Eso nunca puede darnos una imagen de desprestigio.

El presidente no era inoxidable

Ignacio Martínez | 13 de marzo de 2009 a las 0:05

Zapatero ha negado la crisis tres veces, como San Pedro. Es un exorcismo. En sintonía, Solbes negó el miércoles otras tres veces que quiera irse. Para estar a tono en esta Cuaresma, Esperanza Aguire ha negado tres mil veces toda irregularidad en los asuntos de los espías y de la corrupción en el PP de Madrid, a pesar de dimisiones, imputaciones y evidencias automovilísticas. Son negativas culpables, todas ellas.

El presidente ha mandado a sus ministros que nieguen la crisis, sobre todo a Pedro Solbes, que se había permitido una broma sobre la envidia que le causaba la cesantía de Bermejo. No se confundan, esta crisis que ahora se niega no es la financiera, sino la del propio Gobierno. Los periodistas relatan el run run que corre por las entretelas del poder: hay que cambiar a unos pocos ministros para recuperar el tono gubernamental, ante el empuje del PP tras su triunfo en Galicia y su condición de fuerza decisiva en el País Vasco. Están en la cuerda floja hasta los dos vicepresidentes.

Y ZP pretende hacer el relevo más adelante. Quizá después de las elecciones europeas, que dicho sea de paso, no pintan muy bien para su partido. El presidente es un experto en negar crisis de cualquier naturaleza. Primero negó hace un año, con énfasis, que viniera una crisis económica. Ahora, frustrado por el fracaso de los comicios gallegas, el PSOE ha entrado en depresión por una revelación electoral: el presidente no era inoxidable. De hecho, todos los gobernantes se oxidan con el uso. Y más con una terrible crisis económica, que está destruyendo en España más empleo que en todo el resto de la UE junta.

La segunda crisis que Zapatero negó fue la profundidad y duración del hundimiento de nuestro modelo de desarrollo. Crecíamos de manera desbocada a lomos de la construcción y el consumo interno y los dos han descarrilado, para desconcierto del equipo económico del Gobierno. Ahora, en plena vorágine, se niega la tercera crisis, consecuencia de las anteriores, la crisis de Gobierno. Ha dicho el presidente que de eso no se hable.

En su comparecencia del miércoles, Pedro Solbes negó tres veces seguidas que esté loco por irse. La referencia bíblica a las negaciones de San Pedro, es doblemente pertinente en este caso. Solbes cuando era ministro de Economía y Hacienda, en la cumbre de la Unión Europea de diciembre de 1995 en la que se decidió el nombre del euro, dijo una frase para la historia: “Tú eres euro y sobre este euro construiré la unión monetaria y económica”. En realidad la ocurrencia era del primer ministro portugués Antonio Guterres, pero Solbes se la pisó en la rueda de prensa. Como ven está todo inventado; las referencias bíblicas y las negaciones. Algunas sorprendentes o escándalosas. Y las de Esperanza Aguirre negando espionajes o corruptelas, de vértigo. Tanto como ir con un Jaguar a 200 por hora por el centro de Madrid.