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Primarias

Ignacio Martínez | 5 de diciembre de 2012 a las 10:48

Un tipo calvo, serio, solvente, de 61 años, con buen currículo ministerial ha ganado las primarias de la izquierda en Italia y dicen que va lanzado por la Via del Corso, camino del Palacio Chigi, sede la presidencia del Consejo de Ministros. Quédense con su nombre, Pierluigi Bersani. Es un antiguo comunista, ex ministro de Desarrollo económico, de Industria o de Transportes con Prodi, ex eurodiputado y ex presidente de la región Emilia Romana. Es la gran esperanza blanca de la izquierda italiana, que está desnortada desde la desaparición del PCI y el desmoronamiento físico y moral del Partido Socialista de Craxi. Y no ha acabado de cuajar una alternativa factible contra el empresario aventurero Silvio Berlusconi, metido a político populista después de haber apadrinado (y probablemente corrompido) al propio Craxi.

Las primarias son un fenómeno social que catapulta a los elegidos. Definitivo si se compara con los dedazos a los que nos tienen acostumbrados los aparatos de los partidos. De todos. Felipe González avisó el domingo al suyo de que el PSOE debe tener vocación mayoritaria. Leído así se podría interpretar como un pronunciamiento contra los gobiernos de frente popular con IU en Andalucía, Asturias y el posible en Extremadura por el que suspira Cayo Lara. Sin embargo, un amigo, veterano militante socialista, me desvela otra derivada: “Como cuando el guerrismo controlaba el partido, Felipe le recuerda al aparato que el PSOE tiene que preocuparse de gobernar a la gente, no conformarse con gobernar el partido”.

Este punto de vista es relevante, porque el aparato socialista (como el popular o el comunista, no nos engañemos), gasta mucha más energía en el control de sus huestes y en el reparto de los cargos que en conectar con el personal. Y eso es fatal. Primarias faltaron en el PSOE andaluz en las municipales. Faltaron para designar el sustituto de Chaves o al sustituto de Arenas. Pero los aparatos son muy suyos y no dejan crecer disidencia alguna. El mismo veterano socialista siempre me cuenta que el aparato gobierna con la letra pequeña y la cachiporra. Siempre hay un artículo susceptible de ser retorcido de tal manera que se pueda amedrentar a los discrepantes. Sin ir más lejos, así ha sido tomado al asalto el grupo socialista popular en la Diputación de Cádiz.
Las primarias son un gran invento americano que no ha encontrado todavía clientela en Europa. En el PSOE han funcionado muy bien a ratos. Estimulante la elección de Borrell. Decepcionante Zapatero. Y equilibrio entre los contendientes de Sevilla, un notable del pasado y una medianía del presente. Pero más allá del resultado que den los elegidos con el uso, el método es magnífico. El último beneficiado no es Bersani, sino el pueblo italiano.

Presidentes intrusos

Ignacio Martínez | 3 de diciembre de 2012 a las 11:00

Los ex presidentes tienen un encanto especial. Quizá Aznar sea la excepción que confirma la regla. Por impostura: dice que sufre en silencio por España. Lo que es incierto. No por el sufrimiento, sino por su silencio, tan sonoro. Pregona su disgusto en todos los periódicos y en todas las televisiones sin reserva alguna. Es un asunto de negocios, tiene que vender sus memorias. El ex que menos se prodiga es Zapatero. Ayer, en el homenaje de su partido a Felipe González por el 30 aniversario de su primer gobierno, más Bambi que nunca, pidió a los socialistas lealtad, unidad y afectos. Enternecedor.
Podría darse una vuelta por Andalucía y oír cómo un joven sin autoridad, ni mérito conocido que no sea la intriga orgánica, compara con el tránsfuga Tamayo al alcalde más importante del PSOE en la región. Ni afecto, ni respeto. Ni nadie que llame la atención al neófito por su ligereza. Zapatero con su declaración se convierte en un intruso para los suyos. De hecho, el encanto de los ex presidentes no lleva aparejado que los actuales aparatos de sus partidos les hagan caso.

El propio Felipe González reclamó ayer a la organización que lideró durante más de dos décadas que recupere su vocación mayoritaria, o sea que gire a su derecha, que mire a la sociedad sin sectarismo y que promueva un cambio electoral para que haya listas abiertas. Otro intruso, que pone el dedo en la llaga de uno de los problemas internos de las fuerzas políticas. El ex presidente pretende que las peleas en los partidos no sean por el puesto que se ocupa en las listas. Y a éste no se le puede tildar de cándido.
Hay otros dirigentes políticos que aun estando en activo ocupan plaza de intruso en sus organizaciones. Por ejemplo, Duran Lleida en CiU. El presidente de Unión Democrática de Cataluña reconoció a su consejo nacional el sábado que había sido un error de la campaña electoral de la coalición primar la opción soberanista por encima de la crisis económica y la grave situación social. Duran está convencido de que la estrategia de la federación había dejado huérfanos a centenares de miles de catalanistas que no son independentistas.

De los ex presidentes de la Junta de Andalucía el más atrevido en los últimos tiempos es Rodríguez de la Borbolla, que mañana protagoniza un acto público en Sevilla en recuerdo de otro aniversario destacado: 35 años de la manifestación del 4 de diciembre de 1977 para exigir la autonomía para Andalucía. En la actualidad Borbolla echa de menos un liderazgo político en la región y explica que consiste en conseguir consensos más allá de las mayorías. Para ejercer un liderazgo real hay que tener consistencia personal e idea de a dónde se va, sostiene el ex presidente. Puede el lector adjudicarle destinatario a la frase. Es lo que se llama fuego amigo. Intruso. Aunque no estoy seguro de que Zapatero se refiriese a esto con lo del afecto.

Cumbre de Cádiz: Negros y andaluces

Ignacio Martínez | 17 de noviembre de 2012 a las 10:45

Esta es la segunda cumbre iberoamericana de la historia que se celebra en Cádiz. La primera se produjo hace dos siglos, cuando se reunieron tres centenares de diputados para redactar la Constitución de 1812, que en su artículo primero decía que “la Nación es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios”. Aquello fue el principio de una nueva era y esta cumbre se celebra en el inicio de otra nueva época. Lo recordaba el secretario general iberoamericano Enrique Iglesias en el Foro Eurolatinoamericano de Comunicación que precedió a la cumbre. Un seminario que contó con la destacada presencia de los ex presidentes González, de España, y Samper, de Colombia.

Si La Pepa fue el preludio de la independencia de las naciones americanas, la coyuntura española desvió la intervención de Felipe González hacia la cuestión catalana. Sostuvo que aquel liberalismo conservador era de carácter censitario, limitado por razones económicas, y afectaba a la mitad de la población porque las mujeres no tenían derecho a voto, y estaba el monopolio del comercio con América y el tráfico de esclavos… pero la Constitución de Cádiz supuso el paquete básico de los derechos de ciudadanía. Tras ella vino una segunda oleada histórica con los derechos sociales y luego una tercera con los derechos identitarios, que son sentimientos de pertenencia.

Sobre este asunto recalcó que el fundamento de la democracia es la igualdad entre derechos y obligaciones. Que dentro del Estado nación el derecho a decidir concierne a todos los ciudadanos y no a una parte de ellos. Que intenta no alimentar la dinámica entre separatistas y separadores… Pero mostró su disgusto porque la primera autoridad del Estado en Cataluña cuestione la legitimidad del Estado democrático y haga una propuesta que no tiene salida. ¿Qué solución hay para este embrollo? El federalismo. Pero advirtió que nunca su asimetría debería afectar a los derechos y obligaciones, que serían los mismos para todos.

Rebobinando dos siglos, Ernesto Samper se quejó de la escasa delegación americana en las Cortes de Cádiz, en las que los 16 millones de americanos estaban representados por 24 diputados, y once millones tenían el resto. Claro que entre los 16 millones se sumó a indios y negros, que no contaban. Explicó que en aquella época el Papa consideraba a los negros “inmundas sentinas sin alma”. Frase lamentable, pero las hay parecidas y bastante más recientes. Por ejemplo la que Jordi Pujol reeditaba en 1976 sobre el andaluz: “Es un hombre destruido, poco hecho, que vive en un estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual. De entrada constituye la muestra de menor valor social y espiritual de España”.

Como ven las eras y las épocas irán pasando, pero tampoco se avanza tanto.

 

Lo peor está por llegar

Ignacio Martínez | 17 de noviembre de 2012 a las 10:33

Ha dicho el presidente del Gobierno andaluz que lo peor está por venir y ha tenido algunas críticas. No veo por qué. No está nada desencaminado. He tenido ocasión de oír en Cádiz el miércoles a Carlos Solchaga la misma frase en el Foro Eurolatinoamericano de Comunicación. Dijo el ex ministro, por cierto, que esto va para largo, para muchos años, sin precisar. Entiéndase esto por una larga época de poco crecimiento, mucho desempleo y gran tensión.
Felipe González sostuvo una tesis parecida en el mismo Foro, con más precisión en el calendario. La idea era que los países occidentales van a emplear los próximos 25 años para pagar sus excesos de los últimos 25. Y que los países emergentes van a emplear sus ahorros de los últimos 25 años en comprar el excedente de los endeudados países occidentales. Los lectores de los nueve periódicos del Grupo Joly ya conocen el diagnóstico de los economistas que escriben en estas páginas, en su último balance colectivo: el conjunto de este país debe 3,65 billones de euros, sobre todo de deuda privada. Y estaremos bien cuando debamos un billón, que es ahora el PIB anual. O sea, décadas.
Antes se respirará. Solchaga está convencido de que Alemania cuando crea que tiene una red de seguridad suficiente, con equilibrios fiscales en los peores alumnos de la clase y un sistema de aprobación previa de los presupuestos nacionales, acabará permitiendo un mecanismo de abaratamiento de la deuda de sus socios, incluida la creación de los ahora denostados eurobonos. Pero no será pronto. Entre tanto, se pueden hacer muchas cosas. Alguna sería un verdadero test democrático. Por ejemplo, subir los impuestos a los verdaderamente ricos. Cosa que no ha hecho nadie en el mundo en los últimos 30 años, según afirmación del ex ministro de Economía y Hacienda.
Pero no. Aquí seguimos exprimiendo a las clases medias sin pudor. No importa que a una familia de banqueros la cojan con un paquete de miles de millones de euros distraído en Suiza. Liquidan los últimos años y pelillos a la mar. Ahora confiamos mucho en las posibilidades de inversión en España de los países latinoamericanos. Bienvenidos sean. El acontecimiento cumpliría con la regla esbozada por el ex presidente González para el próximo cuarto de siglo. Eso sí, Latinoamérica precisamente es el espacio del mundo donde más diferencias de renta hay entre los más ricos y los más pobres. Un 65% más que en los países avanzados, un 36% más que en el Sudeste asiático e incluso un 18% más que en África.

Sería un consuelo tras una época tan mala, pensar que en el futuro las grandes fortunas también pagarán como deben y se recortará la brecha abismal de riqueza. En España, en Latinoamérica y en todo el mundo. Entonces Griñán podría decir eso que le queda tan mono a Obama de que lo mejor está por llegar.

Y ahora, las pensiones

Ignacio Martínez | 17 de julio de 2012 a las 16:10

En la vorágine provocada por las medidas que anunció el presidente Rajoy el miércoles, ha pasado de puntillas una que no ha salido en el BOE: quiere el Gobierno rebajar dos puntos las cotizaciones sociales de los trabajadores, uno este año y otro el próximo. Esta noticia, que comentaba el profesor Jesús Cruz Villalón en El País el sábado, tiene dos lados buenos y uno inquietante. Los buenos son el procedimiento y la consecuencia inmediata. Por fin una reforma que se envía al Congreso para su discusión, en el marco del Pacto de Toledo, y posterior elaboración de una norma. Así se tendría que haber hecho con todo. Y el efecto inmediato es el abaratamiento de los costes laborales, en torno a un seis por ciento.

El riesgo es que estamos ante una medida que no es un recorte en los gastos, sino en los ingresos del Estado. Un punto de rebaja en las cotizaciones se calcula en 3.200 millones. Dos, son casi 6.500. La propuesta, comentada de viva voz por Rajoy y Montoro, llega acompañada de la eliminación de muchas de las bonificaciones actuales a la contratación. Es difícil que una cifra se compense con la otra. No hay datos. Pero lo que es incontestable es que una reducción tan drástica en las contribuciones hace el actual sistema de financiación de la Seguridad Social inviable. Lo que significa que el Congreso tendrá que encontrar nuevas vías de ingresos para pagar las pensiones, que pueden ser las que el socialdemócrata Schröder impuso en Alemania a principios de los 2000, a través del IVA.

La UE lo que le pide a España no es que abarate las pensiones. Pero ese es justamente el peligro que planea sobre todo cambio de sistema. Lo que sí le reclaman al Gobierno es que acelere la implantación de los 67 años como fecha de jubilación, que se iba a poner en marcha de manera suave a partir del año próximo, para que estuviese plenamente vigente en 2027. También estaba previsto un proceso lento en el cálculo de la pensión desde lo cotizado en los últimos 15 años a los 25. Ahora se plantea que sea toda la vida laboral.

Estas medidas no son necesariamente malas. Pero hay que saberlas con tiempo, para poder adaptar a la legalidad las carreras. De hecho, los ingresos en la Seguridad Social aumentaron sensiblemente cuando en los primeros 80 el Gobierno de Felipe González pasó de dos a 15 los años para calcular la pensión. Hasta entonces mucha gente cotizaba poco hasta los dos últimos años. Por cierto, aquella reforma le costó a González la ruptura con la UGT de Nicolás Redondo.

Total, que ahora las reformas llegan a las pensiones, que suponen más de 100.000 millones de euros al año. Y es un asunto delicado desde el punto de vista electoral: son casi seis millones de votos en todo el país. Afortunadamente el Gobierno aplica aquí un acertado procedimiento, la discusión parlamentaria. Pero vienen curvas.

Modesta España

Ignacio Martínez | 30 de abril de 2012 a las 10:46

Aterrizaje forzoso. Nos aprestábamos a una final de la Champions entre el Madrid y el Barcelona. Y ni uno ni otro. El uno tiene el mejor entrenador del mundo, según su presidente; el otro es el mejor equipo del mundo, según opinión generalizada. En ambos están los dos mejores jugadores del mundo. Pues nada, la final será entre Chelsea y Bayern. Una cura de humildad. Encima la Comisión Europea se interesa por una grave irregularidad: los clubes de fútbol españoles le deben a Hacienda 700 millones de euros, mientras los alemanes tienen sus cuentas con el fisco al día. Competencia desleal. Con el fútbol hemos topado.

Otro un paradigma de la situación de España. Una situación que mi colega Enric Juliana define como de angustia, inquietud y nerviosismo en su ensayo Modesta España, cuya lectura recomiendo con entusiasmo. ¿Adónde vamos?, se pregunta el periodista. Y para responder se vale de El Quijote y propone al Caballero del Verde Gabán como modelo. El hidalgo Diego de Miranda le parece un compendio de modestia, de la España burguesa y prudente que no pudo ser.

¿Cuál es la deriva de España? La modestia, virtud más noble que la humildad en opinión del autor. Apunta a Brasil como referente para la península Ibérica, país con el que sueñan miles de universitarios españoles y portugueses y tabla de salvación de la cuenta de resultados de las grandes compañías nacionales. Y recuerda que el andaluz de Palos Vicente Yáñez Pinzón, el capitán de La Niña, llegó a aquel país en 1500, tres meses antes que el portugués Pedro Álvares Cabral.

Un trabajo provocador desde la portada, un mapa de 1852, que divide al país en tres partes. Herencia recibida. La España unificada o puramente constitucional, formada por las 34 provincias de los antiguos reinos de Castilla y León, que incluye Galicia, Asturias, Extremadura y Andalucía, “iguales en todos los ramos económicos, judiciales, militares y civiles”. La España incorporada o asimilada, de las 11 provincias del antiguo Reino de Aragón, con Cataluña, Valencia y Baleares, “todavía diferentes en el modo de contribuir y en algunas partes del Derecho privado”. Y la España foral, las cuatro provincias exentas de Navarra y Vascongadas “que conservan su régimen, especialmente la administración y derecho común y para la administración pecuniaria y de sangre se valen de los medios que ellas mismas estiman convenientes”.

Aparecen el “listo, astuto, idealista, poco viajado y temerario” presidente Zapatero, la antipatía entre los andaluces González y Rojas Marcos, las desavenencias entre los gallegos Rajoy y Rouco, el lúcido análisis de Borbolla de los años 80; la profecía del desastre que se avecinaba de Miguel Sebastián, en vísperas de la imprevista victoria de 2004… En fin, un retrato de la España previa a la modestia.

Un éxito de cumbre

Ignacio Martínez | 30 de enero de 2012 a las 13:45

Me apuesto lo que quieran a que el presidente Rajoy llega a la rueda de prensa final del Consejo Europeo de hoy, y dice: “La cumbre ha sido un éxito”. No soy adivino, pero he visto decir lo mismo decenas de veces a González, Aznar y Zapatero. Es un clásico al que no se resiste ningún mandatario. Después de estar debatiendo durante horas con colegas de tanto talento y carisma, salen de las reuniones abducidos y con la sensación de haber salvado el mundo.

Sin ir más lejos, el julio del año pasado, Grecia estaba al borde de la suspensión de pagos y se reunieron en Bruselas los líderes de los 27 para resolver la situación. Inyectaron en las arcas públicas griegas 109.000 millones de euros más, en ayudas públicas y privadas. Rebajaron los intereses; dilataron plazos, multiplicando hasta por cuatro los años de vencimiento, con diez de ejercicios de carencia… Y se fueron convencidos de que habían apuntalado al país heleno. Hoy Grecia necesita otros 130.000 millones y que le hagan una quita de la mitad a la deuda antigua. Pero la cumbre de julio fue un éxito, desde luego.

Ahora los socios comunitarios se enfrentan a un nuevo riesgo de suspensión de pagos de Grecia. Y van tres. Pero además, no han resuelto lo que cursimente se llama gobernanza económica de la zona euro. Y ya se han metido en crear la unión presupuestaria europea… Lo único que ha mejorado en los últimos meses ha sido la famosa prima de riesgo. La prensa nacional más conservadora lo atribuye en España al efecto Rajoy. Pero no, fue la inyección de medio billón de euros del Banco Central Europeo en el sistema financiero continental lo que alivió hace un mes la presión sobre los intereses de la deuda en todas partes. En Francia, por ejemplo, ya no tienen la triple A de solvencia en las agencias de calificación, pero las emisiones de deuda le salen más baratas que nunca.

Hoy sobre la mesa del Consejo vuelve a estar el problema griego, el país que nunca debió entrar en 2002 en la moneda única y que probablemente ya lo hizo falseando las cuentas. Pero además hay otras cuestiones que son imperativas para la buena marcha de nuestro país. Por ejemplo un plan de estímulos para el crecimiento económico. Sólo con recortes en los presupuestos públicos, España no saldrá del agujero. Y ya empiezan a caer como moscas los empleos en el sector público y entre los trabajadores con contratos indefinidos. Vamos lanzados hacia los seis millones de parados. En Huelva y el Cádiz un tercio de la población activa no tiene trabajo.

El ajuste del déficit al 4,4% no se podrá cumplir hasta dentro de dos o tres años. O se prorroga ese plazo y se consigue poner en marcha un plan de crecimiento, o esta cumbre será un fracaso. Diga lo que diga el presidente del Gobierno, para cumplir con el guión tradicional, sobre el inevitable éxito de esta cumbre.

Chacón, con uñas y dientes

Ignacio Martínez | 28 de enero de 2012 a las 10:31

Se atribuye al secretario general de los socialistas andaluces una estrategia en clave bíblica; hay que terminar con el antiguo testamento y adoptar el nuevo. El antiguo testamento socialista tiene varios referentes andaluces, como Felipe González, Alfonso Guerra o Manuel Chaves. Y el nuevo testamento tiene una profeta inequívoca, Carme Chacón. Griñán ha hecho todo lo posible para facilitar la victoria de Chacón. Tanto, que si Rubalcaba gana dentro de una semana el congreso, arrancará la campaña electoral andaluza con una derrota innecesaria, que lastrará aún más sus escasas posibilidades.

A los dos candidatos les queda una semana para convencer. Pocas diferencias han tenido, salvo su posición sobre la demanda de una parte de la sociedad catalana de un privilegiado sistema fiscal parecido al concierto vasco. En este diario, el 19 de enero, Juan Manuel Marqués reflexionaba sobre los pros y contras de Rubalcaba y Chacón para Griñán de cara a las elecciones. Uno hombre de Estado, pero derrotado en las urnas; la otra joven y renovadora, pero miembro del PSC que hasta las elecciones de 2008 defendió un nuevo pacto fiscal para Cataluña.

El comentario mereció una réplica de la candidata Chacón, en carta publicada el día 20, reproducida en la prensa nacional. La candidata sostuvo que era un error del periodista atribuirle “la defensa del denominado pacto fiscal para Cataluña que reclaman algunas formaciones, como Convergencia i Unió”. Y añadía: “He combatido con uñas y dientes la propuesta de pacto fiscal que defiende CiU. Bajo esa denominación, pretende enmascarar la adopción del concierto económico para Cataluña. Fórmula que siempre he rechazado”.

Falso. Carme Chacón hizo campaña en 2008 reclamando un concierto. Lo dice el programa electoral del PSC, disponible en http://cor.to/6pQ. En su capítulo 1, titulado La Cataluña plena en una España federal, en el epígrafe 3.5, reclamaba un nuevo sistema de financiación “que no penalice a las comunidades más dinámicas y emprendedoras y la equiparación progresiva entre los ingresos de la Generalitat y los que proporciona el sistema de concierto”. Rubalcaba ha puntualizado que “el sistema de financiación que proponen los socialistas catalanes sería ruinoso para otras autonomías”. Como Andalucía, sin ir más lejos, añade un servidor.

Las uñas y dientes, por otro lado, recuerdan más al antiguo testamento que al nuevo. La expresión se parece al ojo por ojo y diente por diente del Levítico. En ese caso Chacón, como en las novelas que escribía el personaje de la Tía Julia y el escribidor, sería una protagonista extraña, en la historia equivocada. El antiguo testamento tiene fama de enseñar la dureza y el nuevo de predicar el amor. A los guerristas les cuadraría la primera comparación, pero Susana Díaz, dura ejecutora de los deseos de Griñán, no encaja en el perfil amoroso, precisamente.

Un debate González-Aznar

Ignacio Martínez | 29 de octubre de 2011 a las 10:32

En este país no tenemos tradición de debates televisados entre los candidatos a la Presidencia del Gobierno, si se exceptúa Cataluña, en donde Jordi Pujol, incluso cuando disfrutaba de cómodas mayorías se encerraba con líderes de todos los partidos, con representación en el Parlament. Cataluña en eso, como en muchas otras cosas, nos da ejemplo. Sigue una tradición francesa se que aplica en todas las elecciones a la Asamblea Nacional. También allí hay costumbre de hacer debates entre los candidatos a la Presidencia de la República, en particular en la segunda vuelta, cuando ya sólo quedan dos litigantes.

En España somos más castizos. Más atrasados, por decirlo sin ambages. Cuando un candidato se sabe ganador, sencillamente no arriesga. No lo hizo nunca Suárez, ni González, hasta que en 1993 se vio con el agua la cuello y admitió dos debates con Aznar, que le ganó claramente el primero. Hasta entonces, Felipe escurría el bulto, y decía aquello de que se pusieran de acuerdo todos los demás y le dijeran con quién tenía que debatir. La broma ya no le valió en el 93 y cuando perdió en el 96 por muy poco se lamentó de que le había faltado un debate. Si los hubiera fomentado en sus años de gloria, quizá el PP no hubiera podido negarse.

Luego, Aznar hizo uso del mismo oportunismo: no quiso debates ni en 1996 ni en 2000, porque se notaba sobrado. Lo mismito que Rajoy en 2004, cuando recibió el testigo de Aznar y creía que no debía arriesgar. Detalle este muy señalado de su personalidad. En 2008 Zapatero y Rajoy estaban empatados y se celebraron dos debates trabadísimos, porque las condiciones que ponen los estados mayores de los candidatos hacen de estos encuentros dos monólogos consecutivos, sin chispa, sin chicha, ni lugar para preguntas incómodas por parte de periodistas que hagan su trabajo, en vez de guardias de tráfico que administren el tiempo.

Pero no hemos conseguido convertirlo en una costumbre. Los políticos no se sienten presionados por la opinión pública y el PP se permite ningunear a la televisión pública. De tal manera que ha conseguido evitar que Rajoy se encierre con Rubalcaba dos noches y lo ha dejado en una sola, para cubrir el expediente. Y el PSOE, que va camino de una derrota clamorosa, se ha conformado, porque no tenía más remedio. Espero sin emoción alguna el debate convenido para el lunes 7 entre los dos contendientes a la Presidencia. Otra cosa sería un González-Aznar. Ana Pastor se lo propuso a Felipe la semana pasada en Los Desayunos y aceptó de inmediato. Me temo que Aznar no puede decir que sí, por mucho que le apetezca. Pero ese debate sí que tendría emoción. Aunque se jueguen nada, o precisamente por eso.

Elogios fúnebres

Ignacio Martínez | 31 de enero de 2011 a las 22:01

La crisis se ha llevado por delante a una parte de la mitad del sistema financiero español, que representaban las cajas de ahorro, a casi todo el sector inmobiliario, a no pocos medios de comunicación. A muchas pequeñas, medianas y grandes empresas, y con ellas a cientos de miles de puestos de trabajo. También ha derribado el prestigio de un ingenuo presidente del Gobierno que no vio venir el tsunami en 2007, que minimizó la trascendencia del final de ciclo económico, y al final esperó que fuera breve y pasara pronto. Por mucho que ahora esté haciendo lo que hay que hacer, con las reformas más importantes desde los Pactos de La Moncloa de 1977, según dijo ayer en Zaragoza. Cómo han cambiado las cosas: hace tres años y medio, en septiembre de 2007, nada de esto hacía falta, porque España jugaba la Champions de la economía mundial, era el equipo que más partidos ganaba, el más goleador y el menos goleado. La intensidad y el rigor reformista debieron llegar en el inicio de esta legislatura.

Ese retraso le ha costado a Zapatero su crédito y su retiro, dado por seguro en el interior de su partido, hasta el punto que los elogios desmedidos que le dedicaron ayer Blanco y Chaves en la capital aragonesa parecían más propios de un funeral. Blanco no ha conocido un socialista mejor y Chaves anda confundido ante su grandeza. El mejor Zapatero ha llegado desahuciado a la hora de la verdad. Ahora se trata de encontrar un sustituto. O, mejor dicho, de entronizar a Rubalcaba. Candidato que teme el PP. Por eso le atacan con saña desde hace semanas. Existe una teoría sobre la eventual candidatura del ministro principal del Gobierno, según la cual Rubalcaba es bueno para empatar. Esto nos lleva a un ejemplo futbolístico: el milagro de Estambul. En la final de la Champions de 2005, el Liverpool iba perdiendo por 3-0 contra el Milan en la primera parte, consiguió empatar antes del final y ganar en los penaltis.

Todos los oradores de Zaragoza subrayaron los elogios a Zapatero, incluido el presidente Griñán. Así que ZP sale de orillas del Ebro despedido entre ovaciones. En su discurso destacó los tres grandes objetivos que salen de esta convención: austeridad, reformas y cohesión social. En la austeridad no han osado incluir la apuesta de Felipe González por eliminar las diputaciones. El ex presidente considera que sus servicios se solapan con los de las autonomías. Lo de Zaragoza este fin de semana ha tenido, como la convención del PP siete días antes en Sevilla, mucho de marketing y poco contenido.

La crisis se ha llevado muchas cosas por delante, pero el duopolio que se reparte el poder en España sigue gozando de muy buena salud. Se llevan fatal el PP y el PSOE, la lealtad institucional entre ambos es muy complicada, pero los españoles les siguen dando casi todo el poder a uno o a otro. Hasta ahí no ha llegado la crisis. Todavía.