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La resaca de la encuesta

Ignacio Martínez | 29 de enero de 2010 a las 9:36

La famosa encuesta del IESA ha dejado heridas. Daba ventaja al PP sobre el PSOE en unas eventuales elecciones regionales y trazaba una clara tendencia a la baja del fervor socialista. La primera reacción en ambas filas ha sido de desconcierto. Sobre todo en el partido gobernante, entregado con fe ciega al poder curativo de su marca y a la idea un tanto fundamentalista de que el líder popular no es querido por los ciudadanos. Dos principios nada científicos: sin ir más lejos, Aznar le ganó las elecciones de 1996 a Felipe González y arrasó a Almunia cuatro años después sin responder al modelo de líder-querido-por-los-ciudadanos. También en el ámbito sociológico del centro derecha andaluz surgen dudas: sobre la posibilidad real de gobernar, aunque el PP sea el más votado, y sobre los nombramientos que haría Javier Arenas. Su reputación de hombre más de favoritos que de equipos está muy arraigada en sus propias filas.

La segunda reacción ha sido personal. Griñán ha reforzado su idea de que la estructura del partido y la fórmula de gobierno estaban hechas a la medida de Manuel Chaves. Y para una época de crecimiento y euforia económica que se ha quebrado bruscamente. En los tiempos que corren ya no sirven los poderes taumatúrgicos de la marca, ni los equilibrios internos de familias, género o provincias, que han acabado llevando al Gobierno andaluz no necesariamente a los mejores.

En junio quienes escribíamos que era necesario un completo cambio de escenario bajo la batuta de Griñán éramos tomados por exagerados. Hace pocos meses se aceptaba la idea de adelantar el congreso socialista regional, pero con el freno echado. Finalmente, una vez recuperada la organización del shock postraumático de la encuesta, se decide que se celebrará en marzo. Se supone que Griñán hará un nuevo gobierno de inmediato. Tendrá que ser mucho mejor que el actual; sólo tiene dos años para intentar recuperar el terreno perdido, con la marea de la crisis y el paro en contra.

El resultado de la encuesta también ha dejado secuelas en el ánimo de Arenas. Su primer paso fue muy templado: presentó un decálogo “para liderar el cambio en Andalucía”. Los siguientes no siempre han sido acertados. Se notan los nervios. Por ejemplo, cuando propone abrir un debate sobre la cadena perpetua, con el argumento de que lo pide la calle. En este apartado suscribo la opinión que el martes hizo en esta página Carmen Calleja. La calle también dice en las encuestas que uno de los problemas más importantes del país son los políticos y no abrimos un debate para abolir los partidos. Arenas tiene que controlar esos tics para no sufrir el síndrome del tenista que juega contra Federer, con el que ha perdido siempre, tiene el servicio a su favor para ganar y empieza a fallar golpes, hasta perder el partido. Ya ven que el patio está muy entretenido.

Más vale malo conocido

Ignacio Martínez | 16 de noviembre de 2009 a las 8:08

Los políticos se toman muy a pecho hacerse un hueco en el aprecio de los ciudadanos, pero se olvidan de seducirlos. La estrategia del ventilador, aquella que dice que el adversario es peor que uno, surte efecto pero es reversible: al competidor también le funciona. Así que los españoles van poco a poco dejando de tenerle ley a sus gobernantes e instituciones. ¿Con qué se quedan? Con lo más cercano, según una encuesta recién salida del horno del Centro de Investigaciones Sociológicas. Los ayuntamientos son lo más apreciado por los 4.000 consultados en 51 ciudades distintas. Por ser más preciso, la escala de mejor a peor la encabezan los servicios municipales, seguidos de ayuntamientos, gobiernos regionales y Gobierno de la nación.

A medida que el ámbito de actuación se aleja del ciudadano, éste pierde interés y afecto por la causa. Ayer, en este diario, Manuel Castells explicaba que es imposible que Europa consiga una unión política, porque no la quieren los ciudadanos, que confían en las instituciones europeas aún menos que en sus propios gobiernos; ni los países pequeños, que temen ser fagocitados por Alemania y Francia; ni los políticos, que no quieren perder el control de sus mecanismos de poder nacionales. Es una opinión, pero ahí queda. Con estos antecedentes, tiene mucha importancia el informe que a finales de febrero próximo entregue Felipe González a los líderes de la UE en una cumbre informal que se celebrará en Sevilla. González preside un grupo de reflexión sobre el futuro de la Unión Europea en el que están el ex presidente polaco Lech Walesa, el ex comisario italiano Mario Monti, el periodista británico Richard Lambert, ex director del Financial Times, y un arquitecto holandés, un economista austriaco, un catedrático danés, un alcalde alemán y una sindicalista francesa.

Esperemos que estas nueve sabias personalidades hagan aportaciones que saquen a los europeos de su letargo. En la encuesta mencionada más arriba el peor dato es que un 71% de los consultados afirma no haber participado jamás en reuniones de tipo político. El personal tiene otras inquietudes, mayormente relacionadas con el empleo y la crisis. Lo dice otro estudio, con el que el CIS nos sorprendió la semana pasada, en el que los políticos salían muy mal parados: eran el cuarto problema del país, tras el paro, la economía y la inmigración, ¡por delante del terrorismo! Los numerosos casos de corrupción que se han conocido en las últimas semanas han arruinado la imagen de la clase política. Lo curioso es que la mayor parte de estos escándalos de corrupción tienen su origen en gestiones municipales de diverso tipo, con lo que los resultados de ambas encuestas son abiertamente contradictorios. Al final, va a tener razón el refrán: el español piensa que más vale malo conocido que bueno por conocer.

La vista gorda

Ignacio Martínez | 8 de noviembre de 2009 a las 9:45

Hay unos 100.000 soldados extranjeros en Afganistán, de 42 países diferentes. Entre ellos, más de mil españoles. Los aliados pretenden pararle los pies a los talibanes, amigos de Bin Laden. Pero el campeón de la causa de la libertad es un tipo corrupto que manipuló gravemente los resultados de las elecciones presidenciales, que se acaban de celebrar. No tenemos nada mejor que Karzai y cruzamos los dedos para que no se nos caiga el cielo sobre las cabezas.

En España casi todo el país critica al Gobierno por no saber resolver la crisis de los rehenes del Alakrana. De sus 36 tripulantes, 16 son españoles: ocho gallegos, siete vascos y un andaluz. Embrollo complicado; al fin y la cabo se trata de un acto de terrorismo. No veo dónde está la diferencia entre los piratas somalíes y los agentes de Bin Laden. Exigen un intercambio de los secuestrados por los dos cómplices detenidos en Madrid y más de dos millones de euros. La opinión pública española es partidaria de cumplir con ambos requisitos. Un mal precedente, que no sería el primero: en 1986 el Gobierno de Felipe González indultó a dos presos shiítas libaneses como parte del rescate de dos diplomáticos españoles. Pero en estos casos, el cuerpo nos pide mirar para otro lado.

Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón se detestan, pero asisten a actos públicos en comandita, se saludan y hasta se besan. La procesión va por dentro y sólo se refleja en sus miradas, el único de sus sentidos que escapa a las hipócritas puestas en escena. El problema del PP en Madrid no era la presidencia de Caja Madrid, sino la guerra civil entre estos dos personajes, que se miran al espejo y se ven unos presidentes del Gobierno monísimos. Desde luego, mejores que Rajoy. Tampoco el problema del PP valenciano era el defenestrado Costa, sino su presidente Camps, que tarde o temprano tendrá que dimitir. Pero de momento, la farsa continúa.

Y aquí, en nuestras latitudes, se intuye que no va como la seda la cohabitación entre Griñán y Chaves, el jefe del ejecutivo y el jefe de la mayoría que lo sostiene, amigos en su vida particular. De momento, las desavenencias son cuatro detalles. Pero todo el mundo hace la vista gorda. Como ven, estamos a la última moda mundial.

Brotes negros

Ignacio Martínez | 1 de noviembre de 2009 a las 18:22

El fracaso inicial del proyecto especulativo del Real Madrid es un mal augurio para la recuperación española: la vuelta de Florentino Pérez con su grueso talonario entusiasmó al respetable. Como si la crisis no existiera, iba a formar la plantilla más cara de la historia. Pero es difícil hacer un equipo con un grupo de multimillonarios. Esta semana, una cuadrilla de obreros mileuristas de Alcorcón ha humillado a la tropa de don Florentino, experta en publicidad y marketing.

Si el naufragio de la economía especulativa nacional nos ha enseñado lo mismo que al Real Madrid, mal vamos. Estados Unidos, la mayor economía del mundo, epicentro del terremoto financiero que ha hecho temblar al mundo en los dos últimos años, ha crecido casi un 1% en el tercer trimestre del año. Pero España no está en esa senda; durante el verano su PIB se redujo en un 0,4%. El consuelo es que se trata del menor descenso trimestral desde que empezó la crisis; aunque la realidad es que mientras peor estemos, la capacidad de empeorar será más pequeña.

En tres foros distintos, los presidentes del Gobierno, de la Junta y de la patronal andaluza han advertido de brotes negros en el horizonte. Zapatero, campeón mundial del optimismo histórico, dijo la semana pasada ante un foro empresarial que vienen tiempos peores. Santiago Herrero, en el Foro Joly del martes, citó con profusión un artículo de César Molinas, publicado en mayo en La Vanguardia. El ex director general de Planificación del Ministerio de Economía y Hacienda con el Gobierno de Felipe González vaticina en ese artículo que a España le espera una década perdida como la de Alemania entre 1994 y 2004 o como la que está atravesando Portugal. Y por la misma razón que llevó a la ruina a alemanes y portugueses: la pérdida de competitividad.

Y el presidente Griñán en Málaga el jueves confesó su desánimo porque todavía no se haya adoptado ningún nuevo mecanismo de regulación de los mercados financieros. En España seguimos prefiriendo los remedios del doctor Pérez: pero un equipo no se hace con un talonario, ni una economía se arregla sólo con ayudas públicas. Vienen días negros, como los del Real Madrid.

Muchos jefes y ningún líder

Ignacio Martínez | 4 de septiembre de 2009 a las 0:30

La primera secretaria del Partido Socialista francés, Martine Aubry, ex ministra de Trabajo e hija de Jacques Delors, ha anunciado en la Escuela de Verano del PS una profunda renovación de su organización, que incluye algunas novedades como la celebración de unas primarias abiertas a los simpatizantes para elegir a su candidato o candidata en la elecciones presidenciales de 2012. Hay otras tentaciones en esta formación que ha gobernado Francia desde los años 80 con un presidente como Mitterrand que reinó durante 14 años y seis primeros ministros que se turnaron en el Palacio de Matignon a lo largo de tres legislaturas, que en aquel país son de cinco años. Algunas de las ideas que bullen en la cabeza de los dirigentes del partido que ha liderado la izquierda francesa en el último tercio de siglo suenan a conocidas por estos pagos.

El PS intenta recuperarse de su debacle de las últimas elecciones europeas, en las que los verdes de Europe Ecologie sacaron tantos votos como ellos. Y se saca de la manga la limitación de mandatos de sus líderes en las instituciones y la no acumulación de cargos, que en Francia es todavía mayor que en España. Estas iniciativas, vistas desde este lado de los Pirineos, provocan la nostalgia. Nos recuerdan tiempos de bonanza e ilusiones. Cuando el PSOE estaba en la más absoluta depresión, tras la marcha de González y el fracaso electoral de Almunia, apareció un joven, despierto y desinhibido que planteó aquello de la Nueva Vía, en compañía de José Blanco, Trinidad Jiménez, Carmen Chacón, Jordi Sevilla, Jesús Caldera, José Andrés Torres Mora, Leire Pajín, Juan Fernando López Aguilar y unos pocos más. Es conocido que tanto González como Chaves apoyaron en el congreso del 2000 a José Bono, pero Zapatero ganó con su discurso moderno en el que las primarias, la no acumulación de cargos y la limitación de mandatos formaban parte de la filosofía que iba a cambiar su partido de arriba abajo.

Conocedora o ignorante de estas promesas enterradas por sus colegas españoles, Aubry se propone aplicar la misma estrategia para intentar que un socialista llegue al Elíseo o a Matignon. Y ha lanzado su proclama de renovación en la Escuela de Verano de su partido. Mientras que la equivalente española, que se desarrolla en julio cerca de El Escorial, está más dedicada a la formación, ésta de los franceses en La Rochelle a finales de agosto es más dada a la exhibición. Los dirigentes consolidados, comprueban el grado de aceptación de sus posturas y de sus personas. Y los jóvenes prometedores se foguean en los actos públicos y ganan sus primeros adeptos. El problema de los socialistas franceses es que tienen muchos jefes y ningún líder. Me temo que éste es precisamente uno de los males de la política española. Aquí hay muchos jefes , alguna jefa y muchos barones. Pero ningún líder.

Arenas compara España con un régimen dictatorial

Ignacio Martínez | 12 de agosto de 2009 a las 20:17

Me corrijo. Ayer ponía aquí que Rajoy y Arenas había repetido los argumentos de Cospedal, pero habían evitado decir que España es un Estado policial, pero hoy el presidente del PP andaluz ha salido a la palestra para decir una barbaridad parecida: “Solamente en los países no democráticos, en las dictaduras, se persigue a la oposición con fiscales y policías”. Hombre, los militantes del partido de la oposición o del partido del Gobierno están sometidos al imperio de la ley. Y si hay indicios de que han cometido delitos, se les tiene que investigar. Y si se confirman los indicios, se les tiene que procesar y condenar. Ha habido épocas en las que episodios de este tipo ocurrían con frecuencia inusitada en las filas del PSOE: por ejemplo en los últimos años del mandato de Felipe González. Es humano que los partidos se defiendan, pero no a costa de decir que España es una dictadura o un estado policial. No.

El último disgusto del PP es que han llevado esposados a declarar por un presunto delito de corrupción a unos dirigentes populares de Palma de Mallorca. A Isabel García Marcos o a Antonio Barrientos, del PSOE, también los llevaron esposados cuando estallaron los casos Malaya o Astapa. En fin, denigrar el Estado de derecho es todavía más grave que los posibles delitos de Gürtel o el Palma Arena. La cúpula del PP debería ser más sensata.

Gibraltar como excusa

Ignacio Martínez | 24 de julio de 2009 a las 6:36

 

En el PP sobreactúan. Es el síndrome de Gürtel. Es patético ver a Rita Barberá recitar, desencajada, que-ella-lo-ha-hecho-todo-bien, pero en la cúpula del Estado no se comportan así. Está hablando de regalos de muchos ceros; no se está refiriendo a las anchoas de Revilla. Total, que Moratinos va a Gibraltar y el Partido Popular lo acusa de alta traición. El caso Correa les angustia y han perdido el pedal. Menos mal que Fraga, que ya tiene descontada su carrera, sostuvo ayer que las relaciones con la colonia británica “pueden y deben ser profundizadas”. Es un cambio de opinión histórico en su caso: Fraga formaba parte todavía del Gobierno de Franco cuando se cerró la verja en junio de 1969; saldría del gabinete en octubre. Al antiguo ministro y presidente fundador del PP le parece que hay que ir a Gibraltar. Comparto ese criterio. No veo el delito de lesa patria de Moratinos por ninguna parte.

Fraga ha añadido que Moratinos es un hombre ponderado que está haciendo lo posible por que la política exterior no sea devorada por la política interior. Es un buen argumento que debería de brindar a su partido: el PP debería evitar que la política exterior española sea devorada por su política nacional. Hay positivos precedentes de la otra parte. Durante el Gobierno de José María Aznar, Josep Piqué intentó en 2001 con su colega británico Jack Straw una fórmula de soberanía compartida, que contó con el beneplácito socialista, aunque fue rechazada en un referéndum gibraltareño convocado por Peter Caruana.

Aunque no siempre el presidente Zapatero ha estado fino en la gestión de los asuntos de Gibraltar. Ni el Gabinete de González ni el de Aznar cerraron un acuerdo con el Reino Unido sobre el uso conjunto del aeródromo construido durante la II Guerra Mundial en el istmo, un territorio no cedido por España en el Tratado de Utrecht. Tanto el gobierno socialista como el popular tuvieron una estrategia similar y bloquearon directivas europeas sobre tráfico aéreo. España pretendía tener una doble llave del aeropuerto, tanto del lado británico como del lado español. El actual Gobierno arregló el tema cediendo a la posición gibraltareña, después de tantos años.

En perfecto desacuerdo con Fraga, Rajoy se lanzó ayer en Chipiona (Cádiz) contra Moratinos. Pidió al Gobierno que “en lugar de hacer el indio” y hablar de cosas que no le importan a nadie, se dedique a temas como el paro o la violencia ejercida por los menores “que son los asuntos que realmente interesan a los españoles”. Sin embargo, Gibraltar, su soberanía, su carácter de paraíso fiscal refugio de dinero negro de todo el mundo, son asuntos de primera importancia, de los que deben ocuparse Gobierno y oposición. Fraga podría darle unas lecciones particulares a Rajoy en la materia y, de paso, pedirle que se calme.

Jamón jamón

Ignacio Martínez | 13 de julio de 2009 a las 8:40

A Obama no le gustan las cumbres internacionales. La manera en que están organizadas, su eficacia. Aleluya. Estas misas concelebradas tienen mucho de espectáculo y escasa emoción. Todo está decidido cuando llegan los líderes. Durante semanas sus ayudantes personales, a quienes se llama sherpas en el argot diplomático, han perfilado las posiciones, negociado los detalles y redactado el comunicado final. Los titulares vienen para la foto de familia, la gracieta, los paseos a dos o en grupo, para hacer amigos y realizar declaraciones efímeras, que no tienen como objetivo la posteridad, sino el telediario de esa noche.

Los líderes del mundo se emplean a fondo para agradar a sus colegas. No siempre con fortuna. En la primera cumbre de la OTAN a la que asistió Bill Clinton, en enero de 1994, protagonizó una buena metedura de pata con el canciller alemán Kohl. Le dijo que se había acordado de él mientras veía en la televisión un combate de sumo, la lucha japonesa. Kohl puso mala cara y el presidente americano se percató de que le había llamado voluminoso y se arriesgó aún más para arreglarlo: “Bueno, usted y yo somos los más gordos aquí”.

En su primera cumbre europea, en Corfú en 1994, Berlusconi llamó la atención por su exagerado maquillaje, su pelo teñido, su chaqueta cruzada y sus zapatos relucientes, que parecían de charol, según la descripción que hace Amalia Sánchez Sampedro en su libro Pendientes de la noticia. Berlusconi ha dado días de gloria a los fotógrafos de las cumbres: en Cáceres, durante la presidencia española de la UE en 2002, en un consejo informal de Exteriores, le puso los cuernos con el índice y el pulgar al anfitrión Josep Piqué, desde la segunda fila de la foto. Más gratos eran los jamones de pata negra que Felipe González regalaba a Kohl en las cumbres bilaterales. Cuando llegó Aznar, como no había química entre ellos, el presidente español buscó la física: subió a dos el número de jamones y añadió una caja de Vega Sicilia. El canciller no había empezado con buen pie: en su primera cumbre bilateral, en 1996, llevó a Aznar a Heidelberg, en cuya universidad había estudiado Ciencias Políticas. Y le invitó a una caña, pero a Aznar no le gustaba la cerveza negra preferida por Kohl y hubo que cambiársela por una rubia.

Obama se ha ido la semana pasada de L’Aquila decepcionado por tanta pose y tanto gasto. Ya conoce casi todos los formatos: cumbres del G-8, OTAN, G-20, con la Unión Europea y con los países americanos. Ahora apuesta por amortizar el G-8, que se ha quedado pequeño y obsoleto. Entre sus remedios incluye la revitalización de la ONU. Una buena idea, aunque dudo que ninguno de los cinco países con derecho de veto en el Consejo de Seguridad renuncie a ese privilegio. Pero es cierto que a las cumbres les sobra retórica y les falta eficacia.

Espada de fuego contra el aborto

Ignacio Martínez | 19 de junio de 2009 a las 6:35

Dos de los mejores colaboradores de monseñor Rouco Varela han sido noticia en los últimos días. Primero Federico Jiménez Losantos ha anunciado que va a crear una nueva cadena de radio, que se llamará esRadio, en la que trabajará con César Vidal y Luis Herrero. Tienen algunas concesiones hechas por los gobiernos de Aguirre y Camps. Alguna más que caerá y van a trasmitir por internet. Un palo para la Cope. Rouco pierde al campeón de la última cruzada de su Iglesia contra los infieles, aunque el propio Losantos presumiera de no ser creyente. Pecata minuta.

Pero al jefe de la Conferencia Episcopal española siempre le quedará su fiel auxiliar monseñor Martínez Camino, figura estelar del catolicismo intransigente, a pesar de su condición de jesuita: Ayer hizo una nueva aparición para fulminar la ley del aborto, después de meses de silencio en la precampaña y la campaña. La experiencia es un grado y la Iglesia española no cayó en la trampa que ladinamente le tendió el Gobierno, lanzando la reforma de la ley de despenalización del aborto justo antes de la cita con las urnas. Fue una provocación fallida. No le costaba nada al Gobierno haber propuesto la iniciativa ahora y evitar la contaminación de la campaña, que alguna hubo. En sentido contrario, si Martínez Camino hubiese dado la conferencia de prensa de ayer hace un mes, el PSOE habría sacado más votos.

Personalmente tengo un problema con esta reforma legal. Hay argumentos razonables por parte de quienes la apoyan y quienes la rechazan. Y al revés: hay puntos de vista de partidarios y oponentes con los que estoy en desacuerdo. Por ejemplo, cuando veo a Martínez Camino en la televisión rasgarse las vestiduras por el drama del aborto, pienso automáticamente en los ocho años en los que el PP estuvo en el Gobierno y ni derogó la ley aprobada durante el Gobierno de Felipe González ni se escuchó la protesta de la Iglesia. Y cuando contemplo a Bibiana Aido en la televisión balbuceando su parecer sobre los seres vivos y el derecho de las niñas de 16 años a ocultar a sus padres su embarazo y un posible aborto, me viene a la memoria el empeño de Zapatero por entrar en el libro Guiness de los récords con la ministra más joven de la historia.

Lo que todos tenemos claro es que hay que reducir los embarazos no deseados y evitar que 115.000 españolas aborten cada año; y más de 20.000 andaluzas, el 43% de ellas reincidentes. Eso sólo se consigue con formación, información y ayuda. Educación sexual en la escuela, más transparencia en la familia sobre estos asuntos, mayor complicidad de los medios de comunicación… La lista de factores que podrían ayudar es larga. Pero desde luego no incluye las amenazas de excomunión y la espada de fuego de Martínez Camino. Eso sólo sirve para marcar territorio. Y esto no es una cruzada, sino un drama.

Felipe es de derechas

Ignacio Martínez | 12 de junio de 2009 a las 6:30

 

Dos días después de la votación del domingo, Felipe González ha criticado a Zapatero. De manera indirecta, eso sí. El presidente González ha hecho campaña de manera disciplinada. Pero terminada la contienda ha dicho lo que piensa. Como si hablara de Europa en general, describió la situación en España: No ve una propuesta socialdemócrata alternativa articulada, más allá de argumentos defensivos del tipo de “yo soy más garante que tú de la protección”. Pero además de protección, González exige a los gobiernos que muestren a los ciudadanos el horizonte para luchar contra la crisis y salir de ella compitiendo en la economía global.

Hay más discrepancias en su intervención del martes en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Por ejemplo, que si patronal y sindicatos no acuerdan nada, el Gobierno tiene que intervenir para imponerles normas legales, lo contrario de lo que dice Zapatero. O que él no cerraría la central nuclear de Garoña. De hecho, Felipe González lleva años pidiendo un debate nuclear en Europa. Las propuestas en este campo no pueden ser simplistas, según el ex presidente. España ya es capaz de producir el 19% de su consumo de electricidad a partir de energías renovables, el mismo porcentaje que suponen los nueve reactores nucleares. Pero el avance de las renovables será lento y difícilmente sustituirán a las energías fósiles.

Saramago sostiene que la izquierda ha dejado de existir, al deslizarse progresivamente hacia el centro, y que anda por ahí humillada, contando los míseros votos recogidos el domingo. González viene a decir la contrario. Ha pedido aparcar la tensión entre la derecha y la izquierda y propone llegar a acuerdos entre los europeístas de todas las tendencias para enfrentar la crisis. Le preocupa que la izquierda en general no sea consciente de que sus propuestas han sido copiadas por la derecha, que ha intervenido más.

Estos pensamientos del ex presidente abonan una teoría que circula entre los jóvenes lobos y las jóvenes lobas del entorno ZP: hay un felipismo de derechas y un zapaterismo de izquierdas. Una visión equivocada. Es al revés. El radicalismo de Zapatero no debe confundirse con izquierdismo. González nunca habría establecido una prima de natalidad de 2.500 euros para los bebés de familias sin recursos y los hijos de millonarios. Ni habría aprobado una devolución de 400 euros para todos los contribuyentes, sin discriminación. Ni probablemente habría propuesto una ley de despenalización del aborto que permitiese a una niña de 16 años ocultárselo a sus padres. Eso se le ocurre a una ministra que no tiene hijos, ni experiencia o cualificación suficiente para el cargo. Y la experiencia es un grado: el propio presidente cuyo Gobierno implantó la moratoria nuclear en 1984, pide revisar aquella decisión. Porque ahora, dicen, es de derechas.