Archivos para el tag ‘Fernández de la Vega’

Necesitamos una terapia

Ignacio Martínez | 15 de noviembre de 2009 a las 11:27

El secuestro del Alakrana ha producido daños colaterales. Por primera vez conocemos a lo vivo que en el seno del Gobierno hay fracturas: la de María Teresa Fernández de la Vega y Carme Chacón es una pelea que viene de antiguo. Pero este secuestro ha cogido in albis no sólo al Gobierno, sino al conjunto de la sociedad. Y aprendemos a marchas forzadas: ayer llegó a las Islas Seychelles un avión de la Fuerza Aérea española con los 54 vigilantes privados entrenados para garantizar la seguridad de la flota atunera del Índico.

Al Gobierno le causa ansiedad un tema que le desborda y la sociedad española anda deprimida porque no sabe cómo comportarse. Todo el mundo coincide en que hay que sacar a los 36 marineros de allí lo antes posible. Sobre todo lo demás hay división de opiniones: si el Ministerio de Defensa estuvo oportuno al negar la presencia militar en los atuneros, si la Marina hizo bien en detener a los dos piratas, si el Gobierno actuó correctamente al reclamar su traslado a España, o si el juez Garzón estuvo acertado al encausarles. En abril de 2008, se resolvió en una semana el secuestro del Playa de Bakio, por el que se pagó un rescate inferior al millón de euros. Un arreglo fácil que, sin embargo, que dejó una cierta mala conciencia en España. Dos semanas antes, los secuestradores de un yate francés fueron atacados por helicópteros galos que mataron a tres piratas somalíes, apresaron a 12 y recuperaron el dinero del rescate. España adoptó la posición una posición mucho más resignada y aparcó el problema.

Un país que ha tardado decenas de años en saber cómo comportarse con los terroristas etarras, con los que habló o negoció este Gobierno y el anterior y el anterior y el anterior, bien podría darse alguna tregua en un asunto tan nuevo como la piratería somalí. Tras la liberación de los secuestrados del Alakrana habrá que establecer cómo actuar en el futuro. Sin ansiedad, ni depresión. Esta receta incluye a Fernández de la Vega, que el viernes tras el Consejo de Ministros, para decir trece palabras (que era la “vicepresidenta primera del Gobierno”, que “coordinaba el gabinete de crisis” y que “asumía toda la responsabilidad”) miró al papel para leer el texto al menos en seis ocasiones. Necesitamos todos una terapia.

Televisión pública: medalla en improvisación

Ignacio Martínez | 13 de noviembre de 2009 a las 7:33

El bandazo gubernamental sobre financiación del sector audiovisual público pone en riesgo el futuro de estos medios en España. Y, de momento, ha forzado la dimisión de su presidente, Luis Fernández, que se despide hoy. Es curioso que al Gobierno le moleste que se diga que improvisa. ¡Pero lo hace constantemente! Acaba de hacerlo en una de las asignaturas en las que mejor nota saca Zapatero en sus cinco años largos de mandato: RTVE. En España la televisión pública ha sido desde su fundación un órgano oficial de propaganda. Durante la dictadura, desde luego, pero desgraciadamente también durante la democracia.

Zapatero ha sido el primer presidente del Gobierno que ha concedido a la televisión pública la mayoría de edad; a la emisora y a sus espectadores, con una desgubernamentalización de la información; con una independencia, un pluralismo y un rigor que no había tenido nunca antes. Esto se ha llevado a cabo de tal manera que algunos dirigentes socialistas echaban de menos el estatus anterior: he llegado a oír de sus labios a un ex ministro amigo del presidente, que el PSOE vive en “un permanente estado de sitio mediático”. A veces, el sentido de la realidad es el menos común entre los políticos. 

Este ha sido un gran debate en Europa desde el inicio de la era de la televisión, que empezó tras la segunda guerra mundial, con la excepción del Reino Unido. La BBC fue la primera televisión que emitió en el mundo, en 1936. Más tarde llegaron la francesa, en 1949; la italiana, en 1952; la alemana, en el 54; o la española, en 1956. La guerra dejó secuelas en la sociedad, que tuvieron un reflejo en el sector audiovisual público. El riesgo para las libertades que habían significado el fascismo y el nazismo y con medio continente detrás del telón de acero comunista, llevó a los gobiernos de Europa Occidental a un cierto complejo legitimista. Quien ganaba las elecciones tenía el derecho de utilizar la televisión pública para hacer valer las ideas de la mayoría. Se hacía sin complejos: Alain Peyreffite, ministro de Información de De Gaulle, cuenta en sus memorias cómo escribía él mismo los telediarios en la ORTF francesa en los años 60.

A ese punto hemos llegado nosotros con 40 años de retraso. También sin complejos: el presidente Chaves nombró a su portavoz director general de la RTVA. Hay más ejemplos, no sé si más penosos: para el Canal 9 valenciano no ha existido el caso Gürtel, y Esperanza Aguirre consideraba que la Telemadrid de la época de Gallardón estaba en manos ¡de Sendero Luminoso! Por eso sorprendió gratamente que Zapatero permitiese que TVE pasara de la categoría de televisión gubernamental a la de televisión pública. Una drástica reducción de personal, nuevo estatus jurídico y un presidente de la nueva Corporación, profesional de prestigio e independiente, han puesto a la radio televisión pública en el mejor lugar de su historia.

Su audacia debe haberle dado vértigo al propio Zapatero. O será su querencia a la improvisación, pero lo cierto es que en mayo de un plumazo el Gobierno decidió dejar sin publicidad a RTVE, sin hacer partícipe al presidente de la Corporación hasta la noche de antes de anunciarlo. Además, pergeñó un precario sistema de financiación por parte de las televisiones privadas y las compañías de telecomunicaciones. Una autoridad en la materia, como el profesor Díaz Nosty, ya escribió en los diarios del Grupo Joly que “las cadenas privadas, beneficiarias de la medida, no tardarán en denunciar la financiación del audiovisual público por el sector privado y las empresas de telecomunicaciones se oponen ya a la medida. ¿Se puede, con estas debilidades de partida, sentar las bases sostenibles de una verdadera televisión pública? Es difícil. Si desde un Gobierno más cercano a lo público se opera en estos términos, un cambio de color político podría suponer la liquidación de la televisión estatal”.

Por eso hoy se va Luis Fernández, el mejor presidente/director general que ha tenido el sistema público de radio televisión en España. No creo que sea para que Zapatero y su vicepresidenta Fernández de la Vega se pongan una medalla. La improvisación todavía no es deporte olímpico.

El presidente se exhibe

Ignacio Martínez | 1 de mayo de 2009 a las 13:20

Forges ha rebautizado la gripe porcina. La llama la gripe porcima [por encima, en castizo]. En la viñeta se ve un hermoso sol que domina un enorme campo, en el que está escrito crisis, gürtel, paro, deflación, Iraq, Afganistán. Cosma y Blasa, desde una esquina, exclaman sucesivamente: “Porcima”, “eso: tapándolo tooodo…”, “casualmente”. Lo de la gripe será grave, el riesgo de pandemia será real, pero en fin, no va a llegar a los 40 millones de muertos de la llamada gripe española de 1918. En España se han detectado 13 casos de esta moderna gripe exportada desde México, todos ellos leves. Y hay 101 en estudio, de los cuales 28 son residentes en Andalucía.

Hay que estar informados, pero no deberíamos caer en un exceso de exhibición. La ministra de Sanidad de Alemania ha recomendado a sus nacionales que no vayan a Barcelona para el Gran Premio de Fórmula 1 del 10 de mayo: “Es la región más infectada de Europa y supone un riesgo muy grande el acudir a una concentración de 70.000 personas si miles de ellas pueden resultar infectadas por el virus”. Como respuesta, la vicepresidenta Fernández de la Vega ha hecho una defensa de la seriedad y la mesura, y ha criticado las declaraciones alarmistas que no ayudan a resolver la situación. Tengo una duda enorme sobre dónde termina la mesura y empieza el alarmismo, pero ojo con estas cosas, que pueden hundir el turismo en España, segundo destino mundial. Menos mal que en Andalucía prima el turismo nacional, pero tenemos muchos visitantes británicos y alemanes que están ya recibiendo instrucciones de no venir. Y su pérdida sería la guinda que le faltaba a nuestra particular crisis doméstica.

En esta región tenemos otra crisis larvada: la que contrapone el centralismo autonómico con los territorios periféricos. Entiéndase por periferia todo lo que no tiene una sede de la Junta. El presidente Griñán ha estrenado en Málaga sus visitas oficiales. Ha hecho bien en elegir la provincia en la que más suena el runrún del agravio y más se repite la idea de que le iría mejor como autonomía uniprovincial. Su relación con el alcalde de Málaga ha empezado con buen pie. De la Torre ha confesado que tiene mejor empatía con éste que con el anterior jefe de la Junta, pero ha añadido que con Chaves también llegaba a buenos compromisos, que no se cumplían después.

Por el contrario, la ausencia de los alcaldes del PP en la recepción de Griñán en la Diputación ha deslucido su periplo malagueño. El presidente dijo que iba a Málaga a escuchar y había previsto una reunión de trabajo con los alcaldes, que después se trasformó en recepción. Poco iba a escuchar en una recepción, que es ocasión más propicia para la exhibición. La ausencia del PP se antoja razonable. Más allá de sus buenas maneras, el presidente todavía no ha pasado del dicho al hecho de la descentralización. De momento, se exhibe.

El califato andaluz

Ignacio Martínez | 13 de abril de 2009 a las 12:03

Mi colega catalán Enric Juliana acaba de publicar un nuevo retrato de España. Su anterior libro, hace cuatro años, era la foto de un país fascinado, resignado o indignado con el auge de los nacionalismos. Estábamos entre la España plural de Maragall y la España que se rompe de Rajoy. Aquel ensayo se llamaba La España de los pingüinos. El nombre venía de la antigua Yugoslavia; allí los ciudadanos podían elegir entre poner en sus documentos de identidad su nacionalidad serbia, croata, eslovena… o la común yugoslava. Esto último sólo lo hacía un 10% de los habitantes y por su rareza se les puso el nombre de pingüinos. Ahora la crisis económica ha arrasado la preocupación por los nacionalismos. Y La deriva de España, el nuevo ensayo de Juliana, es la foto de otro país: se subtitula Geografía de un país vigoroso y desorientado.
Un ejercicio de geografía fue su artículo del martes en La Vanguardia a propósito del nuevo Gobierno. Sostiene mi colega que es el refuerzo del eje principal de la política española en los últimos 30 años: el que enlaza Bilbao, Madrid y Sevilla. Y en particular que el nombramiento de Manuel Chaves como vicepresidente para asuntos autonómicos consagra el papel tutelar que el califato andaluz viene ejerciendo sobre la política territorial. Esto es lo que hay. Aquí criticamos a Chaves por haberse preocupado más por los equilibrios que por la acción; por hacer poco, para no equivocarse y por ahí fuera lo ven desde hace tiempo tutelando el Estado de las autonomías.
Los mejores articulistas nacionales vaticinan que querrá propiciar elecciones anticipadas en Cataluña o que tiene el reto histórico de que los territorios de España pasen de la reivindicación a la cooperación. Creo, sin embargo, que en ninguno de los dos campos llegará a tanto. A Chaves le ha gustado siempre camuflar las elecciones andaluzas detrás de las generales; y puesto a propiciar, seguro que prefiere una sola convocatoria que agrupe todas las elecciones imaginables. Y en materia de especialización y cooperación, en estos 19 años no ha conseguido buena nota entre las provincias de Andalucía. La región es hoy más tribal que cuando Chaves llegó al poder en 1990. Así que difícilmente conseguirá el nuevo vicepresidente en el conjunto de la nación lo que no ha logrado aquí.     
Y, sin embargo, ahí tienen a la mejor prensa catalana estableciendo una teoría sobre el peso del poder andaluz en España, el viejo sueño de Rojas-Marcos de hace 40 años, ejercido en versión moderna por Manuel Chaves desde un ministerio sin cartera. Sí. Lo que Zapatero le ha dado a Chaves es un ministerio sin cartera, sin la engorrosa función pública que pasa a los dominios de María Teresa Fernández de la Vega. Sin cartera, significa sin presupuesto. Es un ministerio político, con rango de vicepresidencia, para hacer un retrato de España.

Un ministerio sin cartera para Chaves

Ignacio Martínez | 9 de abril de 2009 a las 17:16

Anda mi colega Enric Juliana preocupado con lo que llama el Califato andaluz. El viejo poder andaluz de Rojas-Marcos en versión moderna y ejercido por Manuel Chaves desde un ministerio sin cartera. Sí. Lo que Zapatero le ha dado a Manuel Chaves es un ministerio sin cartera, sin la engorrosa función pública que pasa a los dominios de María Teresa Fernández de la Vega. Sin cartera, significa sin presupuesto. Es un ministerio, con rango de vicepresidencia tercera, político, de los de hablar, negociar, convencer. Al final ZP le ha dado a Chaves algo parecido a lo que le dio Aznar a su gran rival, Javier Arenas, que llegó a vicepresidente ‘segundo’ y ministro de Administraciones Públicas. Es como una historia en estéreo: Chaves fue ministro de Trabajo y años después lo fue Griñán, y más tarde Arenas. Arenas llegó a vicepresidente y años más tarde lo es Chaves. La crisis tiene algunos perdedores. Uno es Zarrías. No ha estado como pretendía para designar al sucesor, eso lo ha hecho Chaves en solitario. No se queda de regente. El hombre más poderoso de Andalucía se va a Madrid de secretario de Estado, en un Gobierno en el que Bibiana Aido es ministra. El mundo al revés. Otro perdedor es Arenas. ¿Ahora quién es el tiranosaurio de la política andaluza? ¿Tiene el PP andaluz un recambio?

Rumores de crisis de Gobierno

Ignacio Martínez | 4 de abril de 2009 a las 20:12

 

Frente al optimismo patológico del presidente del Gobierno, el Banco de España ha pronosticado que la recuperación económica no llegará hasta 2011. El año que viene habrá 4,5 millones de parados en España, casi un 20% de la población activa, una cifra similar a la que aventuraba hace unos meses el comisario europeo encargado de los Asuntos Económicos y Monetarios, Joaquín Almunia. Calculen que en Andalucía hay ahora un 8% más de parados sobre su PIB que en la media nacional. Lo que de mantenerse representaría un porcentaje de paro en Andalucía cercano al 30%. Un panorama desolador. El pasado lunes, en los Desayunos de TVE coincidí con el secretario general de la UGT Cándido Méndez, buen amigo de Zapatero, y le oí decir que hay “atonía en el Gobierno”. La crisis está servida.

Tanto, que se han disparado los rumores sobre una crisis de Gobierno, que de camino podría afectar a Andalucía. El Optimista ha convocado a los parlamentarios socialistas el martes de Pascua, 14 de abril, aniversario de la proclamación de la II República. Se piensa que Zapatero hará crisis entre el Martes Santo, a su vuelta de Estambul de la reunión de la Alianza de las Civilizaciones, y el lunes de Pascua, un día antes del pleno de los diputados y senadores del PSOE.

Los rumores son gratuitos y alguno parece imposible: por ejemplo nombrar a Manuel Chaves vicepresidente del Gobierno en sustitución de María Teresa Fernández de la Vega. Algo que no encaja con el deseo del PSOE andaluz de mantener a Chaves como candidato del partido en 2012. Según ese rumor, Griñán sustutiría a Chaves. Aunque este no es el único runrún que afecta al vicepresidente económico de la Junta; José Antonio Griñán también suena como sustituto de Solbes en radio macuto. Y Solbes, por supuesto, es fijo en las quinielas de salida. La Semana Santa puede ser una doble semana de pasión para algunos.

Abortar a los dieciséis

Ignacio Martínez | 14 de marzo de 2009 a las 12:04

Mi colega y amigo Pepe Aguilar ha escrito el jueves 12 un artículo sobre la propuesta de una nueva ley de interrupción voluntaria del embarazo, que suscribo plenamente. La ministra Bibiana Aido vuelve a dar la misma impresión de inconsistencia que en otras ocasiones, pero ahora con un asunto muy grave e importante. Incluso a quienes estamos a favor europea de una ley de plazos para el aborto, esta proposición nos deja perplejos. Recojo aquí el comentario de José Aguilar.

La ministra de Igualdad, Bibiana Aído, ha dado una muestra de ignorancia punible al defender, en su proyectada ley de plazos del aborto, que las menores a partir de los dieciséis años puedan abortar sin conocimiento ni autorización de sus padres. Ha dicho que si tienen edad para casarse, también la tienen para abortar.

No, Bibiana. La vicepresidenta Fernández de la Vega, tan maternal en su rueda de prensa conjunta, debió pasarle una chuleta tan simple como ésta: el artículo 46 del Código Civil establece que no pueden casarse los que ya estén casados ni los menores no emancipados. Le hubiera evitado el patinazo.

La verdad es que Bibiana, con el aval incondicional y entusiasta de Zapatero, nos lo está poniendo difícil incluso a los que somos partidarios de una ley de plazos al modo muy mayoritario en Europa. No sé de dónde ha sacado la idea de que la precocidad en las relaciones sexuales, en el matrimonio y en el aborto es propia de sociedades progresistas y no de sociedades primitivas y culturas poco evolucionadas. En España las adolescentes de dieciséis años no pueden votar. Para algunas intervenciones quirúrgicas necesitan el consentimiento familiar. La Junta de Andalucía acaba de aprobar un decreto obligando a pasar un test psicológico a la muchachada que pretenda aumentarse las tetas o acortarse la nariz. Por no poder no podrían ni comprar tabaco en un bar, aunque se suela hacer la vista gorda.

¿Y van a poder someterse a una agresión como el aborto por su sola voluntad inmadura? Este disparate no es más que una variante extrema del sistema de valores que venimos inculcando a la juventud española desde las familias, la comunidad educativa y los medios de comunicación. Se basa en instalarla en el infantilismo permanente (Peter Pan para siempre), la incapacidad de tolerar la frustración, la inflación de derechos sin deberes y una irresponsabilidad absoluta: todo se puede hacer, los actos no tienen consecuencias. Con la ley Bibiana se les quiere evitar a las menores embarazadas incluso el apuro de decir a sus madres que tienen un problemilla. Libertad, libertad, cuántas tonterías se cometen en tu nombre.

Aparcando la cuestión de los dieciséis, la pregunta básica es si merece la pena romper el amplio consenso social y político que existe sobre la legislación actual (el PP la recurrió en su día, pero después ha gobernado ocho años sin tocarla) que permite abortar a prácticamente todas las mujeres que lo deseen y cuya modificación no incluyó el PSOE en el programa electoral con el que ganó las elecciones generales hace sólo un año. Y una segunda cuestión: con la debilidad parlamentaria del Gobierno, si el proyecto sale adelante en el Congreso será por chiripa y dividiendo a la sociedad.