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Ha muerto un periodista con las botas puestas

Ignacio Martínez | 12 de marzo de 2009 a las 11:03

 

Julio Alonso ha fallecido esta madrugada en Madrid, a los 69 años. Muy joven. Julio era el veterano con el espíritu más joven, inquieto e innovador que he conocido en toda mi carrera. Todavía en los últimos cinco años venía a Sevilla todas las semanas para ejercer su magisterio como asesor del Grupo Joly, editor de este diario digital. Aquí ha dado consejos permanentes sobre diseño, organización y estilo, y ha defendido sus ideas con el mismo énfasis y elegancia con los que ha convivido con la quimioterapia. Su última pasión ha sido internet; su blog personal Visión (http://blogs.grupojoly.com/vision/) es una guía excelente para seguir los cambios en el mercado, la audiencia y la tecnología de los medios de comunicación en el mundo. Las últimas entradas nos cuentan cómo la prensa escrita todavía tiene tirón, nos detallan las herramientas y habilidades para un periodismo sin papel, explican el modelo de integración redaccional del británico The Guardian o cómo la cadena norteamericana Gannett ha concentrado los websites de sus 86 periódicos, en un proyecto liderado por USA Today.

Nacido en Granada en 1940, Julio se inició en el periodismo en el Madrid de los años 60, en la sección de Internacional de El Alcázar, cuando el diario pertenecía a Prensa y Ediciones SA, antes de que el Ministerio de Información y Turismo lo entregara a los sectores más reaccionarios del régimen. También trabajó en Nuevo Diario, Europa Press, Pueblo, Nivel, TVE y Abc, en la mayoría de ellos como redactor de Internacional. Su gran hito profesional fue la aparición del diario El País. En su equipo fundacional fue el primer jefe de diseño. De hecho, fue junto a Reinhard Gade, un alemán formado en la escuela de la Bauhaus, el autor del primer diseño de El País. En aquel periódico fue sucesivamente redactor jefe del suplemento dominical y luego de Cierre, editor del Libro de estilo, subdirector de Formación e Investigación y, por último, profesor y director adjunto de su Escuela de Periodismo. Si se piensa bien, da vértigo su aportación. Julio fue responsable de tres cosas en las que El País ha sido un referente en el periodismo nacional en el último medio siglo: su diseño, su primer libro de estilo y su escuela de periodismo.

Abandonó El País en 1990, con su amigo Javier Baviano y un grupo de los fundadores, para la aventura del Grupo Correo en el YA. Una operación fracasada desde el inicio y un lance de su carrera que Julio no solía anotar en su biografía. Después dirigió o formó parte del equipo directivo de una agencia de infografía, dos diarios, una revista para emprendedores, un portal de internet para ejecutivos y empresarios, y un semanario político. Su actividad arrolladora le ha llevado a trabajar como consultor periodístico en diversos diarios de Latinoamérica y Europa. En la actualidad, además de asesor editorial del Grupo Joly, era director adjunto de Cuadernos de Periodistas, revista de reflexión profesional que publican la Asociación de la Prensa de Madrid y la Federación de Asociaciones de Periodistas de España, y miembro del directorio de Innovation International Media Consulting Group.

Julio ha sido un maestro, porque le gustaba enseñar y por el mérito relevante que se le reconocíamos en nuestro oficio. En particular, porque con el paso de los años no perdió su espíritu perfeccionista y moderno, tanto en la presentación de los formatos, como en los contenidos: cómo ordenar y exponer las ideas, documentar los hechos, identificar las fuentes… Aseguraba desde hace tiempo que los medios de comunicación iban a cambiar por completo, no sólo por el empuje de internet. Nos quedan en la memoria algunas de sus lecciones: Las noticias son el elemento principal de la radio, la televisión e internet; los periódicos tienen que centrarse en el análisis y el reportaje. Los periódicos del fin de semana van a ganar cada vez más protagonismo. La audiencia de los websites crece de manera exponencial, en especial aquellas web que son participativas y los usuarios las contemplan con el prisma de la utilidad; de ahí que los servicios y el ocio primen sobre las noticias.

Dwight Morrow decía que el mundo está dividido en dos: aquellos que quieren ser alguien y los que quieren realizar algo. Julio Alonso era un paradigma de lo segundo. Realizó las más variadas tareas de este oficio, lo hizo con perfección y elegancia, y nunca se dio importancia. Y hasta el último día estuvo haciendo planes. Hace unos días, en su habitación de la Fundación Jiménez Díaz, le decía a su amigo Fernando González Urbaneja que cuando se repusiera terminaría la próxima edición de Cuadernos. Julio ha muerto con las botas puestas. Sólo me queda añadir que su muerte nos ha dejado desolados a sus amigos. En todas las redacciones en las que trabajó dejó su impronta de tipo educado, atento, con sentido común. Su pérdida nos causa una infinita tristeza.

 

 

Las matriuskas de la crisis

Ignacio Martínez | 4 de febrero de 2009 a las 7:46

Hay una imagen plástica para definir la crisis que nos embarga: la matriuska rusa. Ya saben, esa muñeca de madera pintada, hueca en su interior, que alberga otra y otra, hasta cinco. Pues la crisis internacional alberga en su interior a la española, que a su vez comprende a la andaluza. Y así sucesivamente. Uno de los muñecos podría ser la crisis de los medios de comunicación. No la económica ni la tecnológica, sino la ética. Un diario nacional se ha superado a sí mismo participando, por activa o por pasiva, en el robo de un Goya; el que le dieron a la película Bucarest, de Albert Solé. En elmundo.es se mantuvo toda la tarde y la noche del lunes una noticia destacada: “Se busca este Goya”, cuando a esas horas ya lo tenía el periódico en su caja fuerte, porque se lo había entregado quien se lo llevó. Es una buena imitación del secuestro de un fugitivo de la policía en la película Primera plana.

Esta historia ha coincidido con otra similar: el falso vídeo que el Gran Wyoming y su equipo han fabricado en su programa de La Sexta, para mandárselo a su rival Intereconomía como un robado con teléfono móvil. El vídeo simulaba una bronca humillante del director del programa a una supuesta becaria. La idea era que los de Intereconomía se creyeran al denunciante anónimo, colgaran la grabación en YouTube y criticaran a Wyoming. Lo hicieron todo, de carril. Un perfecto despropósito que ha procurado al programa un récord de audiencia. El presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, Fernando González Urbaneja, ha criticado con dureza la broma, por lo que supone de trampa y engaño, y la bronca entre los dos medios por el desprestigio que supone para la profesión periodística. Ahí tienen a la cuarta matriuska de la crisis, antes cuarto poder.

Hace 20 años en Moscú vendían unas matriuskas singulares: no eran campesinas sino los jefes del partido comunista. Gorbachov era el primer muñeco, que traía dentro a Breznev, Kruchev, Stalin y Lenin. Aquí en España podríamos hacer una con los cinco presidentes del Gobierno: ZP, Aznar, González, Calvo Sotelo y Suárez. Tendría un efecto terapéutico, para allanar duelos sectarios. Unos dentro de otros, todos con la misma responsabilidad, las mismas debilidades. Zapatero, a quien el semblante se le está oscureciendo, se desayunó ayer con 200.000 parados más que hace un mes. La crisis que nunca llegaría arroja ya 3.327.801 parados en España. De los que 744.956 son andaluces. O sea, que el 22,38% de los españoles sin empleo están aquí. El portavoz de la Junta tuvo que bailar ayer con semejante pareja y dijo que el dato positivo era que el paro crecía en Andalucía menos que en España. Elemental: donde hay más desempleo es más difícil que aumente. Groucho Marx diría que es la parte buena de la parte mala. O una matriuska buena dentro de la mala.