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No es país para boy scouts

Ignacio Martínez | 12 de abril de 2012 a las 13:45

Este artículo podría llamarse hay que apagar el incendio. Es lo que me dice un importante empresario andaluz, convencido de que antes de ponerse a discutir sobre qué hacer con la España autonómica, la sanidad o la educación, hay que conseguir un cortafuego que impida que los mercados nos abrasen. Donde escribo ‘mercados’, léase ‘acreedores’. A pesar de que eso podría significar que avala las últimas iniciativas del Gobierno, el empresario en cuestión no está nada contento con Rajoy, aunque ha votado al PP en generales y andaluzas. Está mayormente indignado con la amnistía fiscal que prima a competidores granujas, mientras a él le retiran los incentivos fiscales a la I+D y a la inversión. Y aunque no le afecta, me explica que empresas fuertemente inversoras e innovadoras, se ven perjudicadas porque no pueden deducir la totalidad de los gastos financieros. “Al final, los especuladores los más beneficiados, como siempre”. Éste no es país para boy scouts, concluyo.
Este artículo se podría llamar no es lo mismo calar que podar, expresión que escucho en la radio al presidente del colegio de médicos de una provincia castellana. Explica el hombre que seguro que se pueden hacer economías en la sanidad, pero que eso hay que estudiarlo con cuidado. No es lo mismo calar que podar es una frase de puro sentido común. Algo que al parecer escapa a las posibilidades de los Gobiernos del Reino de España, el anterior y el actual. El guión, antes y ahora, es el mismo. El Gobierno y la oposición dicen lo mismito que hace un año. Sólo que han cambiado los papeles. Carlos Floriano, portavoz del PP, que ha usurpado el papel estelar en los medios al ministro Wert, reclama con una desenvoltura fascinante a la oposición que deje de meter palos en la rueda y arrime el hombro. ¿Cuántas veces le hemos oído esas frases a los portavoces del PSOE cuando estaban en el Gobierno? Y ahora los socialistas sostienen que el Gobierno no sabe a dónde va, que improvisa, que incumple con los electores. Ni la más mínima muestra de lealtad. Al enemigo ni agua. Éste no es país para boy scouts.
Y también podría haber titulado el artículo el síndrome del Álamo. Es otra frase oída en la radio. El efecto Álamo entra en funcionamiento cuando escasea la munición. Y al Gobierno después de hacer las mismas tres reformas que Zapatero, pero mucho más profundas, la laboral, la financiera y la presupuestaria, se le ha disparado la prima de riesgo y la desconfianza internacional. Como a Zapatero. Acabada la munición, ¿ahora qué? Rajoy no se acaba de enterar que lo que hacía falta para dar confianza dentro y fuera no era un gestor de la crisis, sino un líder para este  país. Y que los liderazgos se construyen generando consensos mucho más amplios de las mayorías absolutas. Pero nada. La sensación de desgobierno, de estar superado por la situación, es la misma. Y el país, huérfano. Como antes.

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El ventilador

Ignacio Martínez | 3 de marzo de 2012 a las 12:24

Empieza un duro periodo para el pueblo llano. Se acercan las elecciones regionales a pasos agigantados. Faltan tres semanas para el día en que 1) caiga el poder socialista después de una hegemonía de tres décadas, 2) fracase en el intento por cuarta vez Javier Arenas, porque PSOE e IU sumen más de 55 diputados, o 3) algún diputado suelto de un cuarto partido tenga la llave de la mayoría. Es duro soportar que los políticos lleguen al mercado electoral a decir que sus adversarios son unos impresentables. Y que sea, en casi todos los casos, el mejor argumento que tienen. Porque sobre sacarnos de la crisis, aquí entre nosotros, nadie tiene ni la más remota idea.
Sin embargo, logran convencer a la gente con el ventilador en la basura contraria. No se dan cuenta que es el camino más corto para el descrédito de todos los políticos. Griñán, sin ir más lejos, primero promete hablar sólo de política y luego bendice un vídeo que denigra a Arenas. Ahí va eso: estuvo contra la autonomía, fue un tránsfuga en el Parlamento andaluz, se enfrentó a Andalucía desde el Gobierno de Aznar, mintió sobre el 11-M y sobre la Guerra de Iraq, ha perdido tres veces las elecciones a presidente de la Junta, gana 180.000 euros al mes, lleva 33 años en política. La contrapropaganda concluye despectivamente: Arenas, quien no te conozca, que te compre. Han evitado decir que fue el toro que mató a Manolete. Un detalle.
En la acera contraria no son hermanitas de la Caridad. El PSOE ha acudido a las manifestaciones contra la reforma laboral y los recortes. Y el nuevo malo de la película de la dirección del PP, Floriano, anda por ahí diciendo que las manifestaciones de estos días, sobre todo las violentas, responden a una estrategia del PSOE para crear un clima de conflictividad social que oculte su minoría en el Congreso y su derrota el 20 de noviembre. Y Sanz entra al rebote en Andalucía para añadir que también lo hacen para tapar lo de los eres.
Floriano, para rizar el rizo del amedrentamiento, sugiere que Televisión Española no está contribuyendo a dar la imagen “apropiada y real de España”. Gallardón reconoce en público que las imágenes de los disturbios en Barcelona han hecho mucho daño al país: “Nos habrán costado muchos puestos de trabajo y muchas inversiones”. El PP sugiere que esto es culpa de los socialistas y de su televisión. Tan campante.
La solución no es echar las culpas a la oposición, que ha condenado la violencia, ni pedir a la televisión pública que censure unas imágenes. Si el New York Times ha publicado en portada la foto de Barcelona no será por culpa de TVE. Nos quedan tres semanas de dolor de cabeza, ante la falta de argumentos de los contendientes. Hay que pedir paciencia al público y sensatez a los candidatos. Pero ellos de momento están como la rumba catalana, con el ventilador.