Archivos para el tag ‘Franco’

Borrasca catalana

Ignacio Martínez | 30 de junio de 2010 a las 10:40

Los catalanes se distinguen, entre otras virtudes, por su pragmatismo y sentido común, por lo que cuando pase la borrasca que se está formando en el nordeste de España el asunto del Estatut no dejará detrás inundaciones. Es lo que uno espera. La moderada, salomónica y tardía sentencia del Constitucional no lamina el Estatuto de Cataluña. Tampoco le da la razón a la oportunista reclamación del PP, que pretendía descoser por completo lo tejido por el 88% de los diputados del Parlamento catalán.

Ahora amenaza tormenta, que se va a concretar en una gran manifestación en Barcelona el sábado de la próxima semana. Es un recurso democrático, aunque desgraciadamente las democracias no lo tienen en exclusiva. Perón y Franco también llamaban a manifestarse en nombre de la patria. A quienes hoy pretenden defender en la calle a la nación agraviada, habría que recordarles que sólo el 48% de los catalanes votaron el Estatut y sólo el 74% lo hizo a favor. Lo que significa que estamos ante una ley fundamental, aprobada por un tercio del censo. O sea, que a los ciudadanos el asunto no les quitaba el sueño entonces, ni ahora.

Se hizo el Estatut con dos grandes premisas: nación y financiación. La segunda sale bien; el nuevo modelo de financiación territorial es el que pretendía Cataluña, y sobre las inversiones del Estado en infraestructuras en función del PIB per cápita hay una interpretación del TC. El tema de la nación queda menos airoso, pero tampoco es un drama. Que se diga que el término no tiene efectos jurídicos es lo lógico, por eso estaba en el preámbulo. Que nación sea un elemento retórico es también compatible con su origen romántico. En el lado opuesto, está la indisoluble unidad de la nación española, subrayada por el Constitucional. Pero con el tiempo funcionará la unidad de la nación europea, como ya ocurre con los asuntos monetarios. En la Liga mundial, la nación catalana es una idea tan respetable como retórica y romántica.

Mi colega Enric Juliana advertía ayer que España necesita a Cataluña. De acuerdo. Pero añadamos de inmediato que Cataluña necesita al resto de España, en donde tiene la mayor parte de su mercado. Es el momento de la prudencia y el análisis. Sin ánimo de poner en cuestión a la España de las autonomías, este proceso se ha desmandado. No hemos sido capaces de eliminar viejas instituciones, a la vez que se creaban las modernas. Los solapamientos son evidentes e insostenibles. Y el fervor por el nuevo Estado es escaso. Sin ir más lejos, menos de un tercio del censo andaluz votó a favor del Estatuto de 2007. Y una de las razones por las que el partido en el poder no convoca elecciones andaluzas separadas de las generales es por el pánico que le da al PSOE que una abstención masiva ponga en entredicho la legitimidad del sistema. Es hora de revisar muchas cosas. Con pragmatismo. A la catalana.

Garzón: El enemigo público número uno

Ignacio Martínez | 14 de abril de 2010 a las 8:52

La nómina de personas que querrían hacerle daño al juez Garzón debe ser amplia. Incluye a terroristas, narcotraficantes y grandes partidos políticos. Hay una forma antigua de daño que significa condenar a alguien o dar sentencia contra él, que encaja perfectamente en esta historia. Pero a los procesos contra Garzón le valen otras acepciones. Hay gente que le quiere perjudicar, causarle dolor y hasta destruirlo. Los procedimientos judiciales contra él son tres: uno por el auto de procesamiento a Franco, otro por el cobro de unas conferencias organizadas en Nueva York, que habría pagado el Banco Santander, y el último por las escuchas de las conversaciones de los procesados por el caso Gürtel con sus abogados. Los dos primeros casos han sido promovidos por personas y organizaciones nostálgicas de la Dictadura, como Falange o un supuesto sindicato llamado Manos Limpias. El superjuez ha acabado siendo el superprocesado de manera simultánea e implacable, como si fuese el enemigo púbñico número uno.

Vaya por delante que no pertenezco al club de fans de este juez estrella, cuyo ego ensombrece sus actuaciones. En octubre de 2008 escribí aquí que su auto contra Franco era un capítulo lucido para sus obras completas. Abrir un juicio de Nuremberg contra el dictador, los jefes del levantamiento militar del 18 de julio y los ministros de los gobiernos españoles desde el 36 al 51 era muy audaz. Les imputaba el asesinato de 114.266 personas. El tema tenía la polémica asegurada por muchos motivos, sobre todo por las dudas sobre si la ley de amnistía de 1977 amparaba los crímenes del franquismo, y también porque se pretendía procesar a personas ya fallecidas. Sea como fuere, el encausamiento de Garzón no se entiende fuera de España y abre una brecha en la convivencia nacional.

El acto de ayer de los sindicatos UGT y CCOO en la Universidad Complutense de Madrid es una muestra de esa fractura. Cándido Méndez considera que las querellas persiguen injustamente al juez por actuaciones judiciales como la instrucción del caso Gürtel y lo califica de vergüenza histórica. Por el contrario, la secretaria general del PP, Dolores de Cospedal, piensa que este homenaje es un disparate y un atentado contra la democracia. El ex fiscal Anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo ha llegado más lejos y acusa a los magistrados del Supremo de dar un golpe brutal a la democracia española, convirtiéndose en instrumento del fascismo español.

Esto ocurre en un país en el que un delincuente como Jesús Gil y Gil, alcalde de Marbella entre 1991 y 2002, invitaba a unas jornadas jurídicas anuales a la crema y nata de la judicatura española, incluidos magistrados del Supremo y el Consejo del Poder Judicial, a mesa, mantel y cama, bien acompañados y regalados, y no pasaba nada. Las jornadas jurídicas eran una pantomima: una conferencia de una hora a mediodía y el resto, una semanita a toda plan en la capital de la Costa del Sol. Y todos tan contentos. Sobre todo, Gil. 

La democracia ha llegado a todas partes tras la Dictadura, incluida la Policía, el Ejército y hasta la Iglesia, en la época del cardenal Tarancón. Pero está por llegar a la judicatura. Quizá haya llegado el momento de abordar esa cuestión. Éste es el lado bueno de convertir a Garzón en el enemigo público número uno.

Equilibrio y mal paso

Ignacio Martínez | 17 de marzo de 2010 a las 9:59

En 1974, en un acto en el Valle de los Caídos, Franco tuvo un traspié. La prensa del día siguiente nada decía del percance. La censura no permitía que se publicaran esas cosas, pero se corrió el rumor de que el Generalísimo se había caído. El rumor era por aquel entonces algo frecuente, dado que no había libertad de prensa. Y el problema estaba en discernir si el rumor se refería a un hecho real o era un cuento chino. Meses después, el dictador tendría una flebitis por la que tuvo que pasar provisionalmente los poderes de jefe del Estado al entonces príncipe Juan Carlos, lo que no hubo más remedio que contar al público. Aquel traspié no habría pasado de ser un rumor de difícil verificación, de no ser por una crónica que burló la censura con una hábil estratagema: en un párrafo perdido se hablaba de equilibrio y dos líneas después de mal paso. Lo que permitió saber de primera mano que era verdad que se había caído. Se escribía entre líneas. Se leía entre líneas.

Con una democracia, todo es más fácil. O más vulgar. El secretario general del Mar del Ministerio de Medio Ambiente había vetado una serie sobre el litoral que iba a emitir Televisión Española. El Ministerio había subvencionado este documental en la época de Cristina Narbona y el guionista, el catedrático granadino Miguel Ángel Losada, se negaba a retirar dos minutos con noticias de telediarios sobre casos de corrupción urbanística. El actual equipo ministerial opina que la corrupción no es la culpable del caos urbanístico de las costas, sino la mala planificación, y la planificación es competencia autonómica o local… Por no decirlo entre líneas: el que pagaba se consideraba en el derecho de censurar. Aunque el escándalo que se organizó ha obligado a la actual ministra del ramo a desautorizar a su secretario general y a levantar el veto oficial.

Este tipo de vulgaridades no son patrimonio del PSOE. Hace pocos días, en Valencia, el PP ha impedido que se expongan en un museo dependiente de la Diputación las mejores fotos periodísticas del año pasado. Hay una genial de Camps y Costa abrochándose al unísono un botón de sus chaquetas. Pero al presidente valenciano no le agradaba que una parte de ese material recordase al público el caso Gürtel. Así que aplicaron la censura. La parte positiva de estas historias es que pueden contarse y criticarse. Incluso en ocasiones evitarse. La serie documental la veremos en TVE y las fotos de Valencia están ya expuestas en otro lugar.

Ahora, el Rey tiene un traspié en la inauguración de la terminal del aeropuerto de Málaga que ha construido Sando con Ferrovial, y se entera todo el mundo. Y algunos censores pueden ser burlados, cuando quedan en evidencia. No estamos en un mundo perfecto, pero con la democracia todo es más fácil. Desde luego.

El ‘castrismo’ agoniza

Ignacio Martínez | 1 de marzo de 2010 a las 11:30

La dictadura cubana agoniza y este hecho biológico afecta a España de manera directa. Hay quien dice que Irlanda es el Estado número 51 de los Estados Unidos. Por las mismas razones sentimentales se puede decir que Cuba es la provincia número 51 de España. Más de un siglo después de la emancipación de la última colonia española, nuestro país sigue enganchado con la isla caribeña y sus habitantes. ¿También con su Gobierno? Sí y no. Desde la llegada al poder de Castro en enero de 1959, la dictadura de Franco primero y los gobernantes democráticos después han tenido debilidad por el dictador cubano. Excepción hecha del presidente Aznar, todo sea dicho. Hemos visto también que, desde Fraga a Chaves, los presidentes autonómicos cumplimentaban a Fidel, un mito para la izquierda mundial durante mucho tiempo y, en cierta manera, un héroe en el inconsciente colectivo español para gente de toda ideología y condición.

Seguro que hay muchas más razones para explicar esta vinculación emocional con el líder cubano, pero una de ellas es que Castro acabó con Batista, un lacayo de los norteamericanos, que nos habían echado de la isla en el 98. Y encima se enfrentó, como David a Goliat, con el gigante estadounidense. Aparece como un vengador de nuestra propia historia. Pero cualquier simpatía que generase su trayectoria, por el motivo que fuese, está agotada hace tiempo. Y encima un albañil y fontanero de 42 años, negro, con escasa instrucción, humilde y reservado, poco dado al protagonismo, ha hecho temblar el escaso andamiaje que le queda a la dictadura comunista cubana. Orlando Zapata estaba condenado ¡a 36 años! por delitos de opinión, que se dice pronto. No es el único caso, hay 200 como él en la isla ahora mismo. Su muerte tras 85 días de ayuno ha generado una dura protesta mundial, incluido el presidente Zapatero, aunque con un retraso de 24 horas.

Hay, si se quiere, una cierta hipocresía en la indignación internacional. China contraviene de manera sistemática los derechos humanos y es evidente que en mayor cantidad que los cubanos. Sin embargo, el presidente Bush retiró al Gobierno de Pekín de la lista de peores violadores de las libertades de sus ciudadanos. Washington mantiene un bloqueo contra la isla caribeña, mientras hace negocios de todas clases con China, y acumulaba un déficit por balanza de pagos de 200.000 millones de dólares antes de la crisis hipotecaria de 2007. La Unión Europea también es cómplice comercial del gigante asiático: el último año antes de la crisis tuvo un déficit comercial con China de 130 mil millones de euros. Pocas censuras políticas recibe Hu Jintao de sus clientes cuando se mueve por el mundo y a los Castro todo bicho viviente les reprocha su régimen de falta de libertades.

Sea como fuere, el castrismo ha perdido todo halo de romanticismo que rodeara su causa. Su dictadura agoniza, sola y desprestigiada.

Europa: los tiempos han cambiado

Ignacio Martínez | 8 de enero de 2010 a las 9:54

En los chistes castizos siempre había un francés, un inglés, un alemán y un español. Los otros estarían más preparados, pero el español, que solía ser el más ordinario y el más bruto, era el más listo. En fin, eran chascarrillos que retrataban nuestro complejo nacional de inferioridad: una época peor que esta. No nos engañemos, aun con la crisis que padecemos, con Franco vivíamos peor.

Pensaba en estas cosas ayer, cuando leía las declaraciones de los militantes de Greenpeace al ser puestos en libertad en Dinamarca. Son una noruega, un suizo, un holandés y un español; cuatro pacifistas ecologistas que han estado tres semanas presos en la cárcel Vestre Faengsel de Copenhague. Ya no somos los más brutos, ni necesitamos decirnos a nosotros mismos que somos los más listos. En los últimos 35 años, España ha instaurado un régimen democrático y ha ingresado en la Unión Europea. Y así, ante la prensa internacional convocada en el Rainbow Warrior, buque insignia de Greenpeace, López de Uralde defendió el derecho democrático de la sociedad civil a celebrar actos de protesta pacíficos, para expresar sus demandas y ambiciones. Y reiteró que volvería a realizar mil veces la protesta en la cumbre del Clima que le condujo a prisión. Un razonamiento recibido por la opinión pública nacional como lo más natural del mundo. Los tiempos han cambiado, sin duda.

Hace un siglo, en este país, un intelectual como Unamuno, que buscaba la esencia del alma española en la tradición y se declaraba profundamente antieuropeo, mantuvo una polémica durante años con Ortega y Gasset, que representaba a los modernos europeístas. Ahora a nadie se le ocurre decir ¡que inventen ellos! Ya estamos en la misma nave que el resto de los europeos. Y este semestre, en el puente de mando, aunque no al mando. La diferencia no es baladí. La presidencia de turno de la Unión Europea otorga a los españoles la facultad de dirigir las tres mil reuniones técnicas, políticas, diplomáticas que se celebrarán en la UE hasta fin de junio. Pero los españoles no pueden llevar la nave a donde quieran.

El prestigioso Financial Times, ha criticado las ambiciones de Zapatero para estos seis meses. Sostiene en un editorial que el programa de trabajo propuesto por la presidencia española es extraordinariamente anodino incluso para los estándares poco exigentes de la mayoría de las presidencias europeas. Quizá tenga razón en el fondo, aunque no en la forma. Si hay algo de lo que peca el programa español no es de anodino, sino de excesivo. La nueva España sin complejos se atreve con la crisis económica, el clima, la energía, la inmigración, la seguridad, la nueva estructura institucional y lo que le echen. Y, sin embargo, con la crisis ya tendríamos bastante faena. No hay que pasarse de listos, a la antigua usanza.

Huelgas fuera de cacho

Ignacio Martínez | 9 de octubre de 2009 a las 7:30

Un grupo significativo de jueces españoles se quitó ayer la toga, se puso el mono de obrero e hizo huelga. Aquí hay mucho espíritu de clase, así que sobra materia prima para fundar un poderoso sindicato, aunque ignoro el color que cabría ponerle. El sindicato de pilotos utiliza el azul cielo. En este gremio tendría sentido el negro, por la seriedad del cargo, el color del uniforme de trabajo y porque es lo que se ve con los ojos cerrados: la Justicia es ciega, como saben. Convocó la Asociación Profesional de la Magistratura. Y según el Consejo General del Poder Judicial paró menos de una cuarta parte de los 4.500 jueces españoles, pero los convocantes, como todo sindicato que se precie, elevaron el número de sus seguidores.

A los jueces más conservadores no le han gustado las negociaciones con el Ministerio, ni el plan de modernización del Gobierno, ni el silencio de las comunidades autónomas. La modernización del ministro Caamaño incluye una inversión de 600 millones de euros en tres años y el aumento de la plantilla en 600 jueces. La APM sostiene que desde febrero el colapso de la Justicia en España ha empeorado. Caso aparte es si un poder del Estado puede ir a la huelga. Creo que no debe, pero es evidente que sí puede: ya lo han hecho dos veces. Y tan poder judicial son los jueces en España, como en Portugal, Francia e Italia y en esos Estados tienen reconocido el derecho de huelga.

Otros sindicatos, sin problema de identificación por su color, el rojo, han reventado ayer la entrada a Sevilla por las autovías de Madrid y Málaga, la circunvalación y en varios polígonos industriales. Los obreros del metal se quitaron el mono de trabajo y se pusieron la toga: sentenciaron a decenas de miles de trabajadores a llegar tarde al trabajo, al médico o a sus obligaciones diarias. Esto lo hace el Sepla y enseguida lo tachamos de sindicato amarillo, egoísta, elitista. Con los compañeros del metal la cosa cambia, por la respetable historia que tienen detrás. En los años finales de la dictadura el Sindicato del Metal era una leyenda en Sevilla; montaron huelgas con Franco todavía en El Pardo. Ahí comenzó Comisiones Obreras en Andalucía. Me pregunto si aquellos duros sindicalistas habrían secuestrado a una ciudad como ayer hicieron sus sucesores.

Es curioso cómo los trabajadores de pequeñas empresas se quedan en paro y están en la más absoluta indefensión, pero los sindicatos de grandes compañías como Santana Motor, Delphi, Astilleros o Boliden se enganchan a que el Estado les resuelva con una subvención o cortan el puente sobre la Bahía de Cádiz, las entradas de Sevilla y lo que se tercie. Hay algo de elitista, egoísta y hasta amarillo en el empeño.

Total, que ayer han coincidido unos funcionarios de Justicia y unos obreros del metal en dos protestas fuera de cacho. Con ventaja. Y el perjudicado en ambos casos ha sido el sufrido ciudadano de a pie.

Garzón: España es diferente

Ignacio Martínez | 10 de septiembre de 2009 a las 8:49

”Viñeta

 

Una organización ultraderechista que se califica de sindicato y pretende llamarse ‘Manos limpias’ ha conseguido que España sea noticia en el mundo. Ha denunciado al juez Garzón por prevaricación por intentar una causa general contra el franquismo por crímenes contra la humanidad. Casi cuatro horas estuvo declarando Garzón ante el Tribunal Supremo, como imputado, sobre las razones por las que se había considerado competente para procesar a Franco y sus cómplices en un auto dictado hace un año. Esta causa la instruyó Garzón como consecuencia de las denuncias de los familiares de desaparecidos en la guerra civil española. El juez se interesó por múltiples desapariciones forzadas, asesinatos y enterramientos clandestinos, todo en el contexto de delitos contra la forma de gobierno.

Semanas después, y acreditada la muerte del dictador y sus cómplices, el juez dio por extinguida la responsabilidad penal del general Francisco Franco y otros 44 miembros de sus gobiernos y jefes militares y de Falange, a los que acusaba de “delitos contra Altos Organismos de la Nación y la forma de Gobierno”, así como de “detención ilegal con desaparición forzada de personas”, en un marco de “crímenes contra la humanidad”. Entonces, en noviembre de 2008, el magistrado se inhibió en favor de 62 juzgados territoriales, y destacó que Franco y los militares golpistas desarrollaron una “actividad criminal planeada y sistemática de desaparición y eliminación de personas por razones ideológicas”. Garzón tiene una perniciosa tendencia a la egolatría, pero es un buen juez. Su fama mundial se debe sobre todo al procesamiento del dictador chileno Pinochet, a quien mantuvo en arrestro domiciliario en Londres durante un año a finales de los 90, pendiente de su extradición a España para ser procesado por crímenes contra la humanidad. Finalmente, un acuerdo ‘político’ entre los gobiernos británico (Blair) y español (Aznar) le permitió volver a Chile.

Si en Alemania o Italia se intentara procesar a un juez por escarbar en los crímenes del nazismo y el fascismo provocaría la sorpresa en todo el mundo. Pero eso no ha ocurrido nunca. España es diferente.

Etiquetas: , , ,

Estados policiales I: Irán

Ignacio Martínez | 10 de agosto de 2009 a las 9:53

Una muchacha que acaba de cumplir 24 años aparece en las fotos de prensa con un pañuelo en la cabeza declarando ante un Tribunal Revolucionario de Irán. La acusan de espionaje y actividades contra la seguridad nacional, delitos penados con la pena de muerte. Clotilde Reiss ha impartido clases de francés en la Universidad de Isfahán durante cinco meses y debía volver a Francia en estos dias. Su delito de espionaje fue mandar unas fotos de las manifestaciones en Isfahán a un amigo francés en Teherán. Como Reiss hay varios occidentales de nacionalidad británica, francesa, estadounidense o canadiense procesados en Irán. El regimen se defiende así de las protestas por el pucherazo en las recientes elecciones presidenciales: la culpa es de agentes extranjeros. Es como el complot judeo masónico internacional de Franco. Irán es un estado policial. No sé si la señora Cospedal notará la diferencia con España. Creo que sí: conozco mucha gente en el PP que sí la nota.

PP y Gürtel: España no es un estado policial

Ignacio Martínez | 9 de agosto de 2009 a las 8:40

¡España es un estado policial!, clama desde Marbella María Dolores de Cospedal, secretaria general del Partido Popular, persona de apariencia precavida, que suele leer todas sus declaraciones públicas. No es un acaloramiento repentino; el PP acusa al Gobierno de espiarle, con escuchas telefónicas ilegales; de perseguir a la oposición, de corromper la democracia, de poner en grave riesgo las instituciones. Estas descalificaciones implican a jueces, fiscales y policías. La sobreactuación de Cospedal empezó unos días antes, cuando pidió al Gobierno que se dedicara a perseguir a ETA y no al PP. Una secuela de la euforia popular ante el archivo provisional de la causa contra el presidente valenciano Camps en el caso Gürtel. Y una reacción a la torpeza de la vicepresidenta Fernández de la Vega, que se apresuró a pedir a la Fiscalía que recurriese el fallo del TSJ valenciano. En todo caso, resulta chocante esconder detrás del terrorismo los delitos de la trama de corrupción montada por Correa y ‘El Bigotes’ con la ayuda de dirigentes populares de Madrid, Valencia o Andalucía.

La teoría del complot del Estado contra el PP ya fue esgrimida con éxito en vísperas de las elecciones autonómicas en Galicia y el País Vasco: entonces en la operación Gürtel no había nada de nada; todo era producto del afán de protagonismo del juez Garzón y del interés malicioso del Gobierno por perjudicar a su rival. Cinco meses después, varios jueces han encontrado serios indicios de delito en numerosos dirigentes populares, alguno de los cuales ha tenido que dimitir como consejero autonómico, alcalde o concejal. La implicación alcanza a miembros del Congreso, Senado o Parlamento europeo. Incluso el tesorero nacional del PP ha sido imputado. Eran falsos los dos enunciados: no había complot y sí una trama corrupta bien ramificada.

La filosofía ahora es la misma, pero la estrategia va más lejos. Al PP le irrita sobremanera que se hayan publicado sumarios declarados secretos, y pide un escarmiento. Pero incurre aquí en una grave contradicción. Sin el trabajo de la prensa no habríamos sabido nunca tanto de los casos Filesa, Naseiro, Gal, Gürtel o Yak-42. Son ventajas de un régimen de libertad de prensa como el que tenemos. Eso no habría sido posible en la Cuba de los Castro, en la Venezuela de Chavez o en la España de Franco, por poner ejemplos de estados policiales. Otra contradicción de Cospedal es hablar del riesgo de las instituciones. El bloqueo que desde hace meses ha montado el PP valenciano para impedir que su Parlamento regional designe senadora a la dirigente socialista Leire Pajín es un claro ejemplo de irresponsable política institucional. Ni estas ‘venganzas’ de Camps, ni las pataletas de Cospedal van a exonerar de los delitos de corrupción a los implicados en la trama Gürtel. El principal partido de la oposición debería dejar trabajar a jueces, fiscales, policías y periodistas. España no es un Estado policial, es el PP el que está en un estado de necesidad.

Gibraltar como excusa

Ignacio Martínez | 24 de julio de 2009 a las 6:36

 

En el PP sobreactúan. Es el síndrome de Gürtel. Es patético ver a Rita Barberá recitar, desencajada, que-ella-lo-ha-hecho-todo-bien, pero en la cúpula del Estado no se comportan así. Está hablando de regalos de muchos ceros; no se está refiriendo a las anchoas de Revilla. Total, que Moratinos va a Gibraltar y el Partido Popular lo acusa de alta traición. El caso Correa les angustia y han perdido el pedal. Menos mal que Fraga, que ya tiene descontada su carrera, sostuvo ayer que las relaciones con la colonia británica “pueden y deben ser profundizadas”. Es un cambio de opinión histórico en su caso: Fraga formaba parte todavía del Gobierno de Franco cuando se cerró la verja en junio de 1969; saldría del gabinete en octubre. Al antiguo ministro y presidente fundador del PP le parece que hay que ir a Gibraltar. Comparto ese criterio. No veo el delito de lesa patria de Moratinos por ninguna parte.

Fraga ha añadido que Moratinos es un hombre ponderado que está haciendo lo posible por que la política exterior no sea devorada por la política interior. Es un buen argumento que debería de brindar a su partido: el PP debería evitar que la política exterior española sea devorada por su política nacional. Hay positivos precedentes de la otra parte. Durante el Gobierno de José María Aznar, Josep Piqué intentó en 2001 con su colega británico Jack Straw una fórmula de soberanía compartida, que contó con el beneplácito socialista, aunque fue rechazada en un referéndum gibraltareño convocado por Peter Caruana.

Aunque no siempre el presidente Zapatero ha estado fino en la gestión de los asuntos de Gibraltar. Ni el Gabinete de González ni el de Aznar cerraron un acuerdo con el Reino Unido sobre el uso conjunto del aeródromo construido durante la II Guerra Mundial en el istmo, un territorio no cedido por España en el Tratado de Utrecht. Tanto el gobierno socialista como el popular tuvieron una estrategia similar y bloquearon directivas europeas sobre tráfico aéreo. España pretendía tener una doble llave del aeropuerto, tanto del lado británico como del lado español. El actual Gobierno arregló el tema cediendo a la posición gibraltareña, después de tantos años.

En perfecto desacuerdo con Fraga, Rajoy se lanzó ayer en Chipiona (Cádiz) contra Moratinos. Pidió al Gobierno que “en lugar de hacer el indio” y hablar de cosas que no le importan a nadie, se dedique a temas como el paro o la violencia ejercida por los menores “que son los asuntos que realmente interesan a los españoles”. Sin embargo, Gibraltar, su soberanía, su carácter de paraíso fiscal refugio de dinero negro de todo el mundo, son asuntos de primera importancia, de los que deben ocuparse Gobierno y oposición. Fraga podría darle unas lecciones particulares a Rajoy en la materia y, de paso, pedirle que se calme.