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Jamón jamón

Ignacio Martínez | 13 de julio de 2009 a las 8:40

A Obama no le gustan las cumbres internacionales. La manera en que están organizadas, su eficacia. Aleluya. Estas misas concelebradas tienen mucho de espectáculo y escasa emoción. Todo está decidido cuando llegan los líderes. Durante semanas sus ayudantes personales, a quienes se llama sherpas en el argot diplomático, han perfilado las posiciones, negociado los detalles y redactado el comunicado final. Los titulares vienen para la foto de familia, la gracieta, los paseos a dos o en grupo, para hacer amigos y realizar declaraciones efímeras, que no tienen como objetivo la posteridad, sino el telediario de esa noche.

Los líderes del mundo se emplean a fondo para agradar a sus colegas. No siempre con fortuna. En la primera cumbre de la OTAN a la que asistió Bill Clinton, en enero de 1994, protagonizó una buena metedura de pata con el canciller alemán Kohl. Le dijo que se había acordado de él mientras veía en la televisión un combate de sumo, la lucha japonesa. Kohl puso mala cara y el presidente americano se percató de que le había llamado voluminoso y se arriesgó aún más para arreglarlo: “Bueno, usted y yo somos los más gordos aquí”.

En su primera cumbre europea, en Corfú en 1994, Berlusconi llamó la atención por su exagerado maquillaje, su pelo teñido, su chaqueta cruzada y sus zapatos relucientes, que parecían de charol, según la descripción que hace Amalia Sánchez Sampedro en su libro Pendientes de la noticia. Berlusconi ha dado días de gloria a los fotógrafos de las cumbres: en Cáceres, durante la presidencia española de la UE en 2002, en un consejo informal de Exteriores, le puso los cuernos con el índice y el pulgar al anfitrión Josep Piqué, desde la segunda fila de la foto. Más gratos eran los jamones de pata negra que Felipe González regalaba a Kohl en las cumbres bilaterales. Cuando llegó Aznar, como no había química entre ellos, el presidente español buscó la física: subió a dos el número de jamones y añadió una caja de Vega Sicilia. El canciller no había empezado con buen pie: en su primera cumbre bilateral, en 1996, llevó a Aznar a Heidelberg, en cuya universidad había estudiado Ciencias Políticas. Y le invitó a una caña, pero a Aznar no le gustaba la cerveza negra preferida por Kohl y hubo que cambiársela por una rubia.

Obama se ha ido la semana pasada de L’Aquila decepcionado por tanta pose y tanto gasto. Ya conoce casi todos los formatos: cumbres del G-8, OTAN, G-20, con la Unión Europea y con los países americanos. Ahora apuesta por amortizar el G-8, que se ha quedado pequeño y obsoleto. Entre sus remedios incluye la revitalización de la ONU. Una buena idea, aunque dudo que ninguno de los cinco países con derecho de veto en el Consejo de Seguridad renuncie a ese privilegio. Pero es cierto que a las cumbres les sobra retórica y les falta eficacia.

Obama pone el foco en África. España, en Guinea

Ignacio Martínez | 11 de julio de 2009 a las 9:40

 

”Fraga,

 

Tras participar en la reunión del G-8 en Italia, el presidente Obama ha decidido poner el foco en África, el continente del que salió su padre hace 50 años. El presidente norteamericano criticó la ausencia de democracia en muchos países, en donde impera el caudillismo y la corrupción. Hoy está en Accra, la capital de Ghana, una de las escasas democracias homologables, en donde ha sido recibido como un héroe. Allí hará un discurso con su nueva visión de las relaciones norte sur, que debe centrar el papel de África, de la misma manera que el 4 de junio se dirigió a los mil millones de musulmanes del mundo desde El Cairo.

Obama ha ilustrado la debilidad de las instituciones africanas con un ejemplo personal: “Cuando mi padre salió de Kenia, hace 50 años, el producto interior bruto de Kenia era superior al de Corea del Sur. ¿Qué ha pasado desde entonces? Una de las razones es que Corea ha creado instituciones transparentes y eficaces, y no hay razón para que África no haga lo mismo. Los países ricos tienen una obligación moral de aportar asistencia. Pero las naciones pobres tienen la responsabilidad de utilizar esa asistencia de manera transparente, eficaz y con respeto a la ley”. En la cumbre de L’Aquila, Estados Unidos ha presionado para la creación de un fondo de ayuda a África de 20.000 millones de dólares.

Entretanto, una misión española con el ministro de Exteriores Miguel Ángel Moratinos visita Guinea Ecuatorial, con una filosofía completamente contraria: pretende mejorar las relaciones entre los dos países, al margen del carácter dictatorial del régimen guineano. Teodoro Obiang, a quien le va como anillo al dedo el papel de caudillo corrupto, ha responsabilizado a la prensa española del daño que han sufrido las relaciones entre los dos países.

En conversación con los periodistas que acompañan a esta delegación gubernamental y parlamentaria española, Obiang mostró sus contradicciones. Dice por un lado que su régimen es democrático. Y, por otro, asume el calificativo de dictador: “soy yo el que dicta las normas”. Y son muy peculiares algunas explicaciones. Asegura que en Guinea Ecuatorial ‘casi’ no hay torturas. O sea, que alguna hay, de vez en cuando. Sobre el reparto del botín del petróleo entre la élite dirigente, aseguró que se invierte en infraestructuras y que la mayor parte de la población está satisfecha. Mostró un desprecio propio de un sátrapa hacia sus compatriotas: “el problema es que los guineanos no quieren trabajar y yo no puedo regalar dinero a los holgazanes”. Sobre las acusaciones de blanquear dinero a través de la banca norteamericana, dijo que depositó fondos del tesoro guineano, pero para evitar el pago de comisiones por los cheques de las petroleras estadounidenses.

A los senadores que constituyen el grueso de esta embajada, el dictador guineano se quejó de que la antigua metrópoli se inmiscuye en los asuntos internos de su país. Iñaki Anasagasti (PNV) y Miquel Bofill (Entesa Per Catalunya) le contestaron que una cosa es la injerencia y otra la preocupación por los derechos humanos. El dictador exige que Zapatero vaya a verle, para normalizar las relaciones. A ver si hoy escucha el discurso de Obama y toma nota sobre lo pernicioso del caudillismo y la corrupción