Archivos para el tag ‘Galileo Galilei’

Los condones salvan vidas

Ignacio Martínez | 20 de marzo de 2009 a las 8:56

Es posible que entre los años 2315 y 2368 haya un Papa que admita que los preservativos son una buena cosa. Pero faltan de tres a tres siglos y medio para que eso ocurra. De momento, los periodistas que acompañan a Benedicto XVI en su actual viaje por África llegaron el martes a la capital de Camerún, con un titular brindado por el Papa nada más despegar el avión de Roma: “Los preservativos aumentan los problemas del sida”. Su teoría es que los condones ayudan a difundir una enfermedad incurable que padecen 36 millones de personas en el mundo. La frase pretendía dar la vuelta al mundo. Y vive Dios que lo ha hecho. Con escaso éxito de crítica y público. Gobiernos europeos de todo signo han criticado duramente al Papa. El ex primer ministro francés Juppé lo llama “autista”; la ministra belga de Salud, “retrógrado”, y el Gobierno alemán “irresponsable”.

De hecho Joseph Ratzinger es un sabio teólogo y la más alta autoridad de la Iglesia Católica, uno de cuyos dogmas es que el Papa es infalible cuando se pronuncia sobre cuestiones de fe y moral. Es curioso que este dogma se adoptó en 1870, coincidiendo con la pérdida del último baluarte romano de los antiguos estados pontificios. Menos poder terrenal, más poder espiritual. De la definición de infalibilidad se desprende que cuando el Pontífice habla de otras cosas puede errar como cualquier mortal. Es el caso que nos ocupa. El sabio teólogo e infalible hombre de Dios, hay que suponer que es un lego en el conocimiento científico o práctico de los preservativos.

Es un pronunciamiento peligroso. Ocho de cada diez muertos por sida en el mundo ocurren en África, donde está de visita Benedicto XVI. En ese continente las mujeres son sistemáticamente violadas por hombres que se desentienden de contagiarles la enfermedad, de dejarlas embarazadas o de los hijos que puedan alumbrar. La condena del preservativo no va a parar los abusos, sino que agravará sus consecuencias. “Los condones salvan vidas”, dicen dos ministros alemanes. El control de la natalidad en determinadas áreas del planeta sería esencial para millones de pobres del mundo. Cargarles de hijos es condenarles al atraso y la miseria. España ha anunciado el envío de un millón de preservativos a África.

En este campo, la jerarquía eclesiástica sigue una tradición de resistencia a la ciencia y el progreso. A Galileo Galiei lo condenó la Inquisición en 1633 por sostener la herética teoría de que la Tierra giraba sobre sí misma y alrededor del sol. Fue condenado a cadena perpetua, conmutada por el Papa Urbano VIII. Hubo que esperar a 1939 para que Pío XII calificara al antiguo hereje como “el más audaz héroe de la investigación”. Y todavía pasó medio siglo hasta que Juan Pablo II pidiese perdón en 1992 por el error del siglo XVII. Esperemos que no haya que aguardar tres siglos para que la Iglesia ayude a proteger la vida de los más desfavorecidos con métodos razonables, baratos y útiles.

Dogma de fe

Ignacio Martínez | 4 de febrero de 2008 a las 1:25

Uno de los dogmas de la Iglesia católica es la infalibilidad pontificia. Dogma establecido en el Concilio Vaticano I, en 1870: El Papa no puede cometer un error cuando se pronuncia en cuestiones de fe y moral. O sea, que el propio Santo Padre puede errar cuando no promulgue doctrina moral, y los obispos no están a salvo del error. Sin embargo, en su homilía de ayer en la catedral de Toledo, monseñor Cañizares dijo que la declaración de la semana pasada de la Conferencia Episcopal “no procedía de error o de motivos turbios, ni usaba engaños”.

Hay algo que decir de los engaños. En la manifestación del 30 de diciembre en Madrid hubo menos de 200.000 personas (¡que ya es gente!), pero los organizadores contaron dos millones. Un engaño manifiesto, contrario al octavo mandamiento. Pero lo que más llama la atención de la homilía del vicepresidente de los obispos españoles es que diga que “no procedía de error” la declaración del jueves, que tanta polémica ha desatado. Según el propio dogma, ni siquiera Benedicto XVI sería infalible a la hora de determinar que hubo negociación política con los terroristas de ETA en esta legislatura y no la hubo en 1999, con un obispo español sentado a la mesa, con etarras y representantes del Gobierno de Aznar.

Cañizares se muestra muy dolido y añade que la Iglesia “no callará”, aunque esto le traiga “juicios falsos e injustos”. Pero la propia Conferencia Episcopal no ahorra desprecios hacia la democracia española a la que tilda de autoritaria y corrupta. El sábado, un obispo con fama de moderado, el de Sigüenza José Sánchez, también se quejó: “Han dicho de nosotros cosas terribles”. No es posible que los obispos estén sorprendidos de la reacción. La Iglesia tiene una experiencia de poder de veinte siglos y su diplomacia está entre las mejores del mundo. Por eso ha habido sotanas en la mediación de muchos conflictos, por ejemplo en Irlanda del Norte.

Otra cosa es su escasa perspicacia en los debates científicos. En 1633 el Santo Oficio condenó a prisión de por vida a Galileo Galilei por corroborar la teoría de Copérnico de que el sol era el centro del universo. Los preclaros hombres de la Inquisición se ratificaron en su teoría de que la tierra era inmóvil. Tres siglos y medio después, el Papa Juan Pablo II reconoció que Galileo fue condenado injustamente. Peor le fue al filósofo, médico y geógrafo español Miguel Server, que estableció la circulación de la sangre, en contra del criterio moral imperante de que lo que circulaba por las venas era el alma. La Inquisición católica lo condenó en 1551 y dos años después los calvinistas lo quemaron vivo en Ginebra. Afortunadamente, el debate español no está en el campo científico. En todo caso, la jerarquía eclesiástica no debería remediar la frustración por una influencia social limitada con descalificaciones al sistema democrático español.