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Gobierno Griñán I: Cortecero rechazó la oferta de ser consejero

Ignacio Martínez | 26 de abril de 2009 a las 17:35

Una persona ha declinado entrar en el nuevo Gobierno andaluz. Juan Antonio Cortecero, viceconsejero de Presidencia del Gobierno saliente, ha rechazado el ofrecimiento de Griñán de ser consejero en su primer Gabinete. El presidente valora su “nivel excepcional y su lealtad”. Pero precisamente esa lealtad le ha aconsejado seguir al equipo de Chaves hasta Madrid.

Este Gobierno Griñán I tiene un poderoso influjo cordobés. En primer lugar, porque el presidente es diputado por Córdoba. De hecho, hasta ahora era toda la cuota cordobesa del Gobierno Chaves. En segundo término, porque el fichaje de la alcaldesa de Córdoba, Rosa Aguilar, no es que haya dejado pasmada a Izquierda Unida y al común de los ciudadanos; es que la interesada se quedó “de piedra” cuando el miércoles por la tarde la sondeó el secretario del PSOE de Córdoba sobre la posibilidad de que entrara en el Gobierno. Después de negociar que los concejales socialistas apoyarían al nuevo candidato de IU a la Alcaldía cordobesa y concretada la oferta de Obras Públicas, a las 23:00 horas la llamó el propio presidente y le dio el sí. Aguilar cree que puede hacer mucho por Andalucía y “por Córdoba”. Ojo con la querencia.

El mapa cordobés del Gobierno tiene otros lugares de interés. Manuel Pérez Yruela, residente en Córdoba aunque nacido en Pozo Alcón (Jaén), doctor ingeniero agrónomo, sociólogo de formación británica y uno de los teóricos de la II Modernización, fue fichado el martes como portavoz.

Hay una teoría que vincula los ceses a una excesiva proximidad con Gaspar Zarrías. Esta tesis atribuye a Luis Pizarro la decisión de apartarlos: Luis García Garrido era el maestro de maestros del consejillo de la Junta. Junto al desaparecido Alfredo Pérez Cano ha sido el más duradero en el espacio desde el que Gaspar ejerció su poder en los últimos 13 años. Zarrías le dio calor, pero no artillería, a los críticos de Sevilla que se enfrentaron a Viera para disgusto de Pizarro. Y con aquellos críticos estuvo Evangelina Naranjo. Teresa Jiménez es también persona muy próxima a Zarrías. Y Vallejo era nada menos que su candidato para presidente. Sea cierto este argumento o no, Pizarro tendrá un papel de hombre fuerte como consejero de Gobernación. Es la primera persona que supo que entraría en el Ejecutivo. Y sabía desde el principio su cometido: hacer la descentralización. Antonio Ávila y Carmen Martínez Aguayo también sabían desde hace días que tendrían nuevas responsabilidades, pero hasta el miércoles, no las han conocido oficialmente. El candidato decidió quiénes de su equipo se quedarían en Economía y quiénes se irían con él. “Tú vas a estar conmigo”, le dijo a Antonio Ávila.

La cita con Evangelina a las 17:30 horas fue la primera de Griñán, cuando empezó las despedidas el miércoles por la tarde. La siguiente fue con Vallejo a las 18:00. La cita personal era sinónimo de cese. Y el suyo, el despido más sonado, después de pasar por las consejerías de Obras Públicas, Salud e Innovación en los últimos 15 años. A continuación recibió a Teresa Jiménez, a las 18:30. Conversaciones cordiales y trato elegante según todas las fuentes. La tarea más ingrata fue la llamada a Luis García Garrido. La recibió a las 18:15, en el hospital de Jerez donde está ingresada su madre. Le explicó la situación de interinidad en la que se quedaba, a la espera de una eventual respuesta positiva de Rosa Aguilar. Ha estado en la Junta 25 años como viceconsejero y algunos meses como consejero comodín.

A los confirmados, Griñán se lo dijo por teléfono, en conversaciones informales o incluso por SMS como a Micaela Navarro, el miércoles por la tarde. La interesada ya lo sabía desde mediodía; estaba con María Jesús Montero en el patio del Parlamento y el presidente, que pasaba por allí, les dejó caer en plan sutil que ya no las tenía que llamar por teléfono. Otro encuentro informal se produjo en la cafetería del Parlamento a las 10 de la mañana del miércoles. Estaban tomando café y tostadas con aceite Luciano Alonso, Antonio Fernández y Cinta Castillo; se acercó Griñán, se pidió un café y les dijo, como quien no quiere la cosa, que seguirían trabajando con él. Mar Moreno se barruntaba que entraría en el Gobierno y tenía negociado mantener su puesto de número 4 en la ejecutiva federal del PSOE. La confirmación la recibió el miércoles.

A Rosa Torres aprovechó que le felicitaba por su elección, a las 14.15 del miércoles, para decirle: “ya no te tengo que llamar, date por confirmada”. A Juan Espadas le llamó justo antes de recibir a Vallejo para preguntarle si le apetecía que trabajasen juntos. A Begoña Álvarez le notificó su nombramiento en una breve entrevista personal a las 19:05. Granada rescata la cartera de Justicia para complacencia de Augusto Méndez de Lugo, presidente del TSJA, que duerme más tranquilo con la cercanía del poder político. Martín Soler recibió su llamada poco después de las 19:30: “Cuento contigo para Innovación”. Clara Aguilera supo a continuación que iría a Agricultura. Aunque tanto Espadas, como Soler y Aguilera habían recibido señales en las últimas semanas sobre su futuro.

El maratón del miércoles 22, se terminó hacia media noche.

Los jóvenes no miran al ‘superdomingo’

Ignacio Martínez | 11 de febrero de 2008 a las 11:27

LOS jóvenes están prestando un interés sin precedentes a la campaña electoral norteamericana. Es un fenómeno que crece en progresión geométrica: los menores de 30 años fueron un 13 por ciento de los votantes en el caucus de Iowa, pero subieron a un 43 en las primarias de New Hampshire. En Carolina del Sur han votado 75.000 jóvenes en el bando demócrata, el triple que hace cuatro años. Algo sorprendente está pasando al otro lado del Atlántico, en donde estos fenómenos sociales suelen producirse antes que en Europa.

Le Monde publica el punto de vista del presidente de una asociación de Los Ángeles que se ocupa de movilizar el voto juvenil: “El tiempo del cinismo se ha terminado. A diferencia de sus mayores, esta generación es socialmente activa, determinada a comprometerse y a encontrar soluciones positivas a los problemas del mundo”. Los jóvenes entre 18 y 29 años son 43 millones de personas, un 20 por ciento del cuerpo electoral. Si acuden a votar en masa, pueden decidir la elección presidencial de noviembre. Se han convertido en un sector muy codiciado por los candidatos, que buscan llegar a ellos por los métodos modernos de comunicación.

Pensando en lo que mi colega y amigo Carlos Santos llama el superdomingo, o sea el 9 de marzo, con la coincidencia de elecciones generales españolas y regionales andaluzas, convertidas en hermanas siamesas para acomodo del presidente Chaves, el PSOE le ha hecho guiños a la juventud con la vivienda. El propio nombramiento como ministra del ramo de una joven desenvuelta como Carme Chacón iba en esta dirección. Las preguntas ciudadanas reclamadas por Rajoy, vía teléfono móvil, es una fórmula copiada por el PP de la estrategia de acercamiento a los jóvenes del equipo de Hillary Clinton, en su página web. Los de IU han creado un simpático personaje, Gaspi, que responde en la página de internet de la coalición de izquierdas sobre “las cosas que importan”. Por si no lo saben, se trata de una usurpación de personalidad. Gaspi es como le llaman los amigos en la intimidad al número dos del Gobierno andaluz, Gaspar Zarrías. Pero, en fin, ambos se llaman igual. Los andalucistas propugnan un sistema de discriminación positiva que favorezca el acceso al trabajo público de los andaluces, en las oposiciones.

Como se ve, aquí no falta cortejo a la población joven, convocada a participar en el superdomingo. Lo que falta es una masiva repuesta, como la de sus contemporáneos norteamericanos. La participación comprometida de los jóvenes andaluces en esta campaña se me antoja escasa. Kapuscinski decía que en la sociedad actual “la pirámide de poder ya no se estructura en función de la edad y de los saberes, que en otras épocas se adquirían con los años”. La edad hoy en día se ha convertido en una carga. La relación entre generaciones nunca ha sido tan precaria y dramática como ahora y no sólo entre un quinceañero y alguien de 65 años, sino también la abismal que hay entre ese quinceañero y el que tiene 25.

Por cierto, esa fractura también se da en EE UU entre los de 25 a 30, que son partidarios de Hillary o McCain, y los de 18 a 24, que son seguidores de Obama. Aquí carecemos de esas referencias, quizá porque se da por seguro ganador a un político de 62 años, que lleva en la presidencia del Gobierno andaluz desde 1990. Pero más allá de los estímulos que reciba, esta generación de jóvenes parece desencantada de los políticos y de la política. Quizá haya que esperar. Ortega y Gasset describía así el cambio de ciclo: “Alguna vez he representado a la generación como una caravana dentro de la cual va el hombre prisionero, pero a la vez secretamente voluntario y satisfecho. Va en ella fiel a los poetas de su edad, a las ideas políticas de su tiempo, al tipo de mujer triunfante en su mocedad y hasta al modo de andar usado a los 25 años. De cuando en cuando se ve pasar otra caravana con su raro perfil extranjero: es la otra generación”. En Estados Unidos acaba de ocurrir. A ver cuánto tarda en llegar a España.