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Un cuento de Cenicienta

Ignacio Martínez | 20 de noviembre de 2012 a las 12:47

El hombre más rico del mundo, el mexicano Carlos Slim, ha comprado la mayoría de las acciones de un histórico club de fútbol español, el Oviedo. La campaña para recaudar los dos millones de euros que hacían falta para evitar su desaparición ha sido una hermosa historia romántica. Por ejemplo, la actuación a través de Twitter de Sid Lowe, periodista inglés corresponsal de The Guardian en Madrid, que se encariñó con el Oviedo durante su paso por la ciudad como estudiante. Su mensaje pidiendo a los aficionados ingleses que compraran una acción del club que dio a la Premier jugadores como Cazorla, Michu o Mata movilizó miles de pequeñas contribuciones. Es como el cuento de Cenicienta, con final feliz, cosa que viene muy bien en las malas circunstancias anímicas que vive este país.

Un amigo me manda el enlace de YouTube del vídeo que han hecho los de la consultora Grant Thornton en España para mostrarlo a las 700 personas de 80 países que acudieron este mes a Barcelona a su asamblea anual de socios. También lo han puesto en el congreso de la Empresa Familiar que se celebró en la cuidad condal. Les dejo aquí un enlace corto [http://cor.to/zPlV]. Sube el ánimo. Somos líderes en donación de órganos y en turismo, tenemos bancos punteros, hemos aumentado sustancialmente las exportaciones, somos ejemplo en energía limpias, gestionamos aeropuertos internacionales… Un buen mosaico, sin sorpresas. Los políticos dicen las mismas cosas para aupar la moral de la tropa, pero son menos convincentes.

Esta secuela de la campaña sobre la Marca España no olvida recordar que somos los mejores en fútbol, campeones del mundo y de Europa. Cuando Zapatero dijo aquella simpleza de que jugábamos la Champions de la economía mundial y éramos el equipo menos goleado y el que más goles marcaba, se estaba refiriendo al fútbol y nada más que al fútbol. Lo de la solvencia de nuestro sistema financiero y el escaso endeudamiento de empresas y familias era una broma. El fútbol nos fascina tanto, que no nos importa que nuestros equipos de fútbol estén cayendo en manos extranjeras. Hay quien piensa que antes hubo cosas peores, como Gil o Lopera.

Lo cierto es que de la misma manera que la mayor parte de los grandes medios de comunicación nacionales, los clubes de fútbol han visto aparecer en sus puentes de mando a extranjeros de toda clase y condición. Desde aventureros que buscaban notoriedad como el ucraniano Piterman que se hizo con el Palamós, el Racing y el Alavés; hasta el indio Ali Syed en el Racing, que no puso ni un euro, o el jeque catarí Al Thani que ha llevado al Málaga a la Champions, pero le debe dinero a los jugadores. Distintos casos no muy halagüeños. Esperamos que lo del Málaga se enderece y que el matrimonio Slim-Oviedo tenga un segundo y definitivo final feliz.

Populismo y corrupción

Ignacio Martínez | 2 de octubre de 2010 a las 12:38

Hay acontecimientos que parecen escritos por un guionista de cine negro. Coincidiendo con el proceso que acaba de arrancar en la Audiencia de Málaga, un auténtico juicio de Nüremberg contra la corrupción, el presidente Medvedev ha cesado fulminantemente al alcalde de Moscú. Falta, en este macrojuicio, el padrino de la Familia gilista, pero como un fantasma sobrevuela sobre nosotros.

Resulta que este alcalde de Moscú es un amigo de Putin llamado Yuri Luzhkov, viejo conocido de Jesús Gil, con quien firmó un acuerdo de colaboración en marzo de 1994, y después un convenio en junio de 1995 por el que se hizo un trato curioso. En aquel contrato Moscú regalaba a la capital de la Costa del Sol unas estatuas muy grandes y de dudoso gusto de su escultor municipal, un tal Tsereteli, pero el regalo no era gratis y acabó costándole a Marbella unos 141 millones de pesetas de la época en unos pisitos que se escrituraron a nombre del artista en 1996. La del escultor Tsereteli es otra historia y el Caso de la estatua rusa, uno de los 15 expedientes robados en el juzgado de Marbella en 2001, merece un genuino guionista de Hollywood, con aspiraciones a un Oscar.

La comparación con Nüremberg no es sólo relativa al gran número de acusados o de togas en la sala, sino también al símbolo. Este es el juicio principal contra los aventureros que se hicieron con el poder en Marbella en 1991, pero -como en Nüremberg- no es el único proceso. Para demostrarlo, ayer un juez instructor de Marbella acordó el procesamiento del ex alcalde Julián Muñoz, la cantante Isabel Pantoja, la ex esposa del ex alcalde, Maite Zaldívar, y otros siete acusados por blanqueo de dinero. Vendrán más pleitos, porque hay mucha pieza separada en este enredo.

Un enredo que si no hubiese acabado en el drama de la corrupción y el disparate urbanístico sería un sainete ordinario y tosco. Eso parecía al principio, cuando Tele 5 le vendió a toda España a un empresario ocurrente y campechano, un hombre llano del pueblo, metido en un jacuzzi con unas atractivas jovencitas. El populismo tiene muchas caras, pero la filosofía siempre es la misma: la misma televisión nos vende otro producto popular capaz de movilizar votos y voluntades, según la propia cadena. Belén Esteban tiene en el bolsillo el 8% de los votos de los españoles porque los representa mejor que los partidos. Hay precedentes de este populismo barato: Berlusconi quiso presentar a unas velinas (azafatas y bailarinas de sus programas de televisión) a las elecciones europeas del año pasado. La curiosa repetición de estas ofertas por parte de la misma televisión no necesita de ningún avieso guionista: Tele 5 es la televisión de Berlusconi, un hombre aficionado a las fantasías populistas y alérgico a los juicios. Como el padrino gilista.

Ataque al Estado

Ignacio Martínez | 22 de septiembre de 2010 a las 13:23

En la apertura del año judicial, el presidente del Supremo pidió ayer que no se ponga en cuestión la labor de jueces y tribunales. Se trata de un deporte nacional. Sin ir más lejos, Correa, el jefe de la trama Gürtel, salió la semana pasada a la palestra con unas declaraciones en las que no negaba que regalara trajes o viajes a políticos y en las que deslizaba que el dinero que pudiera tener en Suiza no provenía de ningún negocio ilegal. O sea, que hubo regalos y que hay dinero en paraísos fiscales. Pero lo más relevante de sus afirmaciones, por escrito a un cuestionario de El Mundo, es que sostenía que el Gobierno socialista estaba convencido de que con su encarcelamiento averiguaría asuntos oscuros relacionados con José María Aznar o Alejandro Agag. “Están utilizando la prisión, como en la España franquista, como elemento de presión”. Son acusaciones contra el Estado de derecho, porque un Gobierno democrático no puede meter en la cárcel a nadie. Lo impiden las garantías constitucionales.

Pretender que jueces, fiscales y Policía se pliegan a intereses espurios o utilizar de referencia a Franco ya lo han hecho antes otros famosos delincuentes condenados por los tribunales como Jesús Gil y Mario Conde. Francisco Correa se suma al club de los que despotrican del Estado o del Gobierno cuando les pillan. De esto deberían tomar nota los políticos que tienen la fea costumbre de hablar de estado policial cada vez que imputan a un consejero o alcalde de su partido. Las actuaciones veraniegas de María Dolores de Cospedal en Marbella los dos últimos años son un paradigma de esa estrategia de tinta de calamar.

Treinta y cinco años después de la muerte del dictador ninguna formación política tiene la exclusiva de la ética y la moralidad. Lo dijo el fiscal general del Estado en el mismo acto oficial, con otras palabras. Ha habido casos de corrupción en los dos grandes partidos, pero el público confía en ellos más que nunca. En la actual legislatura los diputados de PSOE y PP son más de los que nunca tuvieron las dos principales fuerzas políticas desde 1977. Eso les da mucho poder, pero al mismo tiempo una mayor responsabilidad a sus actuaciones públicas.

Si el PP, como viene sosteniendo su doctrina oficial, nada tiene que ver con Gürtel y es sólo víctima de una pandilla de aprovechados liderados por este padrino a quien le gustaba que le llamasen don Vito, debería tener un discurso distinto al de su proveedor infiel. Correa deja en evidencia a sus antiguos mentores, porque no desmiente ni los regalos ni las atenciones con quienes le dieron contratos millonarios y le otorgaron favores que lo enriquecieron. Pero, sobre todo, los deja en evidencia cuando ataca al Estado. Una estratagema que se justifica en un presunto delincuente, que puede mentir para defenderse, pero que de ningún modo es aceptable en un partido de Gobierno.

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La tragedia griega del Betis

Ignacio Martínez | 21 de junio de 2010 a las 15:08

El final de la Liga en Segunda, con más tragedias que alegrías, nos deja un sabor amargo. Y me disculpo de antemano, porque les voy a escribir un artículo fijo en mi calendario particular. En realidad, un servidor tiene dos artículos de plantilla todos los años. El primero en febrero, cuando los gaditanos preparan su carnaval y los rocieros peregrinan a La Candelaria. Año tras año, me asalta la misma sorpresa por esas fechas: resulta que el Porompompero, Bulería bulería o Marinero de luces han tenido más importancia para la moderna historia de la región que el libro Andalucía ¿tercer mundo? Al menos es lo que establece, en su infinita sabiduría, el poder socialista que reparte los honores de las medallas y los hijos predilectos de la comunidad autónoma. El asombro me inspira un escrito anual.

El otro artículo fijo es sobre la tragedia griega de la afición bética, cuando un año sí y otro también, ve cómo su equipo del alma pasa fatigas para conservar la categoría; desciende, empatado a puntos con otro que se queda en Primera, o no asciende, empatado a puntos con uno que sí sube. En fin, la tragedia del Betis no es tanto el resultado final, como la ilusión o esperanza en que la cosa mejore, que es nula. A pesar del enfado de muchos aficionados del Cádiz con Muñoz, por el descenso a Segunda B, el desencanto gaditano no llega a tanto: he leído en la edición digital del Diario de Cádiz comentarios para todos los gustos, pero incluso los había optimistas.

La raíz de la depresión bética no está en los resultados, sino en la figura del propietario del club; un señor que lleva la gestión de manera personalista, caprichosa y a todas luces ineficiente. Pero se hizo con la mayoría de las acciones en 1992, ayudado por una ley del Deporte de 1990 y un decreto sobre Sociedades Anónimas Deportivas de 1991 muy voluntarista, que permitió la llegada de Jesús Gil y otros de su laya a la propiedad de los clubes, en algún caso sin desembolsar siquiera el dinero que les dio la mayoría. El ministro de Educación y Deportes de la época era Javier Solana, quien a partir del 92 se dedicó a la diplomacia y sobre el que ahora hay rumores acerca de su posible vuelta al Gobierno. Lo cierto es que cuando los Gil y compañía se hicieron con los clubes, de manera fraudulenta o legal, el Ministerio en su infinita sabiduría hizo un plan de saneamiento económico, que benefició sus intereses particulares.

Y encima, hubo que aguantarles la pretensión de que eran unos héroes. Este tipo de caudillo acaba procurando casi siempre su promoción personal o material. A Gil lo condenó la Audiencia de Málaga, el Supremo y la Audiencia Nacional por distintas causas. Otros han corrido mejor suerte. Los que no ganan para disgustos son los aficionados, el único activo del Betis. Un patrimonio inmaterial no debería tener dueño. Pero esto es lo que hay; la tragedia se ha repetido de manera fatal. Hasta el año que viene.

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Goldfinger: Connery como uno de los ‘malos’

Ignacio Martínez | 9 de mayo de 2010 a las 9:43

Investigan a Sean Connery, su mujer y otras veinte personas por blanqueo de dinero. Es uno de los muchos asuntos irregulares que colean en Marbella desde que el Ayuntamiento estuvo administrado por la banda gilista. Los Connery son sospechosos de una recalificación ilegal de su vivienda, de su venta con dinero negro y de alguna comisión a los munícipes de la época. Total, James Bond acusado, como uno de los malos.

En la brigada antiblanqueo de la Policía Judicial, algún guasón le ha puesto a esta operación el nombre clave de Goldfinger. Es el título de una de las más famosas películas de 007, y la canción cantada por Shirley Bassey quizá sea la más popular de la serie. Por cierto, que durante ese rodaje Sean aprendió a jugar al golf, deporte que practicó en Marbella más tarde. La casa de Connery, Malibú, es parte de la memoria de la ciudad. En 1943, Norberto Goizueta, que había comprado 300 hectáreas en Guadalmina diez años antes, animó a Ricardo Soriano a hacerse con El Rodeo, 15 hectáreas junto al mar. Soriano cerró la compra a tres reales el metro cuadrado. Edgar Neville estrenó allí en los 50 una casa a pie de playa, a la que llamó Malibú, en recuerdo de su paso por Hollywood. Soriano impuso en la zona un estilo arquitectónico de hacienda californiana; o, lo que es lo mismo, de cortijo andaluz pasado por México. Así era Malibú, planta baja más una.

Tras la muerte de Neville, Connery compró la vivienda en los 70. Mucho se debe estar acordando de Jesús Gil y Gil. Cuando el promotor inmobiliario y presidente del Atlético de Madrid se iba a presentar a la Alcaldía en 1991, le pidió al actor escocés que participara en un vídeo en defensa de Marbella, aunque en realidad era su vídeo electoral. En los 90, en la época dorada de la barra libre en el urbanismo marbellí, el alcalde recalificó la finca vecina de Malibú y dejó construir cuatro plantas. Una vez que se vendieron los apartamentos, los vecinos se lo pasaban en grande fisgoneando los movimientos de Connery por su jardín y su piscina, con lo que el actor decidió marcharse. Cómo vendió, cómo se recalificó la parcela, y cómo cobró, debe decidirlo el juez. Pero lo que sí sabemos es cómo se fue: harto de tanto truhán.

Señor Matas: ¡Yo no le conozco!

Ignacio Martínez | 31 de marzo de 2010 a las 9:08

Una fianza de tres millones de euros a un político es algo inédito. Para eludir la prisión, es lo que pide el juez a Jaume Matas, ex ministro de Medio Ambiente, ex presidente del Gobierno de Baleares y jefe del PP en las islas durante ocho años. Estas fianzas se le ponen sólo a destacados miembros de alguna banda de postín: italiana, rusa o marbellera. Sí, al lugarteniente principal de Jesús Gil y Gil, Juan Antonio Roca, le pusieron también tres millones por su responsabilidad en el caso Saqueo. Adelantándose en un día a la fianza de 500 millones de pesetas, Matas pidió la baja temporal como militante del Partido Popular. Y Rajoy dijo tres cosas: que le desea lo mejor al señor Matas; que demuestre su inocencia, si puede, y que el PP será implacable en la lucha contra la corrupción.

De las tres cosas, llama más la atención la primera. El señor Matas. Ya no es Jaume, compañero de gabinete en el Gobierno de Aznar, miembro de la misma pandilla en las vacaciones veraniegas de antaño en Baleares… No. Ahora es “el señor Matas”. Recuerda a dos personajes de la película La aventura es la aventura de Claude Lelouch que dicen el uno del otro en el inicio del filme “¡Yo no le conozco!”. Qué diferencia de trato con el amigo Paco Camps, tan cercano todavía: amigo, a su vez, de uno de los capos de la trama corrupta Gürtel, a la que dio buenos contratos en la región valenciana.

Total, que Rajoy, primero no conocía al señor Matas, después lo da por culpable, y finalmente saca pecho porque su partido es implacable contra la corrupción. Sin ánimo de faltarle, no hay partido por muy in fraganti que cojan a sus dirigentes que no se dé golpes de pecho contra la corrupción. El PSOE corrió en socorro del partido de Enciso, cuando el alcalde de El Ejido se salió por la extrema derecha del PP; se hicieron socios en la Diputación de Almería. Pero cuando Enciso fue a la cárcel, los socialistas entonaron la misma canción: no lo conocían de nada. Otro de los principales lugartenientes de Gil y Gil fue socio de coalición del alcalde socialista Barrientos durante cuatro años en el Ayuntamiento de Estepona. Cuando ambos fueron a la cárcel, el PSOE no sólo expulsó a Barrientos, sino que sus líderes se pusieron a sí mismos como ejemplo de diligencia a la hora de tomar medidas disciplinarias, ¡cinco años después de aquel pacto espurio!

Ya ven que Rajoy que no es nada original en su “lucha implacable”. Por cierto, que el PP ha desperdiciado varias ocasiones estupendas para hacer buenos sus propósitos contra la corrupción. Por ejemplo, no escondiéndose detrás de la legalidad de las escuchas en el caso Gürtel, o cesando al tesorero de su partido implicado en la trama, o apartando de sus funciones a Camps. Pero el presidente de Valencia es todavía Paco, un amigo. Si algún día su situación procesal cambia, pasará a la categoría de señor, para su desgracia.

Valadez

Ignacio Martínez | 13 de diciembre de 2009 a las 13:38

Conozco poco a David Valadez; lo he visto un par de veces. Es el alcalde de Estepona, pero parece más bien el miembro de una organización ecologista o de una ONG. Tiene pinta de buena persona, de esas a las que uno le prestaría dinero sin mediar ningún papel, en la confianza de que lo devuelve seguro. Pues resulta que lo ha imputado una juez por un presunto delito urbanístico. Es difícil de creer. No es que uno sea infalible: Valadez fue uno de los dos concejales socialistas que, sin mucho éxito, denunciaron varias veces a la dirección de su partido que en ese ayuntamiento había graves irregularidades. Era la secuela de aquella alianza rojo-colchonera que unió a Barrientos y a Crespo, un socialista con el lugarteniente de Gil Marín.

Son cosas que al común de los mortales le resultan chocantes, pero la dirección del PSOE las veía la mar de bien: todo fuera por conseguir amarrar una alcaldía más y acumular poder para conservar la diputación en el futuro. Finalmente, las denuncias de Valadez tuvieron más éxito en los tribunales que en su partido y un montón de gente acabó en la cárcel por el caso Astapa. Y, de rebote, Valadez está de alcalde, pero en precario: cuenta con 11 concejales por 14 la oposición, de los que ocho están imputados en Astapa y disparan contra él para vengarse de su delación.

Un concejal posgilista puso una denuncia en diciembre del año pasado porque el jefe de gabinete del alcalde se había hecho una vivienda ilegal en una finca de 5.000 metros, calificada de especial protección. Casa construida, por cierto, durante el mandato de Barrientos. Cuando el gilista de la oposición hizo su acusación ante la Justicia, el alcalde ya había abierto un expediente, de resultas del cual acabó multando con 157.000 euros al autor de la vivienda ilegal y decretó la demolición de la casa.

Y ahora una juez le imputa un delito por esta actuación. Con todo lo que ha pasado en la Costa del Sol estos años, en la más absoluta impunidad, esta historia parece un cuento de Navidad, que espera su desenlance feliz. Valadez no es un héroe, pero en minoría intenta sacar adelante un municipio que tiene una deuda acumulada de 164 millones de euros, herencia de la época de corrupción. Si necesita que alguien le eche una mano, no es al cuello.

Pequeña Italia, gran Marbella

Ignacio Martínez | 7 de octubre de 2009 a las 9:33

Un servidor admira muchas cosas de Cataluña, de Francia o de Valencia, pero hay temporadas que el aprecio disminuye sensiblemente. Un anticiclón Una borrasca se cierne sobre mi pasión catalana, francesa y valenciana. En Cataluña, el Gobierno tripartito encargó un informe sobre tendencias y comportamiento de una serie de periodistas; el presidente del Barça y/o su director general contrataron a unos detectives para espiar a cuatro vicepresidentes que se postulan para suceder a Laporta, ahora que termina su mandato; un representante de la alta burguesía catalanista, que dirigía el Palau de la Música ha sido encausado por quedarse con unos 500 millones de pesetas 20 millones de euros, algunos de los cuales ha ido a parar a una fundación de Convergencia Democrática.

En Francia, el general Rondot, jefe y maestro de espías, ha dejado a Dominique de Villepin a los pies de los caballos, en el juicio que se sigue contra el ex primer ministro por tratar de desacreditar al hoy presidente de la República Sarkozy, al vincularle a una falsa trama de corrupción. Sostiene Rondot que Villepin supo desde el principio, en 2003, que el nombre de Sarkozy estaba en las falsas listas de una banca luxemburguesa en la que supuestamente recibía dinero negro. Entonces Villepin era ministro de Exteriores, puesto desde el que defendió con enorme dignidad la posición que muchos europeos teníamos contra la guerra de Iraq, en el Consejo de Seguridad de la ONU. Una pena lo de este hombre.

Y Valencia ha perdido su luz; se pone cada día más gris. Un amigo sostiene que se está convirtiendo en una pequeña Italia o en una gran Marbella, se entiende que hablamos de la Marbella gilista. Las personalidades de sus tres líderes, Camps, Berlusconi y Gil, tienen varias cosas en común. Una muy positiva que es un amplio respaldo popular. Los tres coinciden, o coincidían porque Gil murió en 2004, en pensar que ese respaldo les ponía a resguardo de los controles en un Estado democrático. Se puede evitar el control del Parlamento con mayorías absolutas aplastantes; se puede sobrevivir a la fiscalización de los jueces, con una pequeña ayuda de los amigos; se puede sortear la crítica de los medios, comprándolos como hace Berlusconi. Pero es imposible hacer las tres cosas a la vez permanentemente. Por cierto que Little Italy (pequeña Italia) es el nombre de un barrio al sur de la isla de Manhattan, que acogió a centenares de miles de italianos especialmente al principio del siglo XX. Allí se rodaron muchas escenas de El Padrino, dicho sea sin ánimo de molestar.

En fin, cuando se contempla todo esto, uno tiene la tentación de pensar que si nos comparamos, aquí en la vida política hay un aire más respirable. A pesar de Mercasevilla o Astapa…

Corrupción: falta de práctica

Ignacio Martínez | 1 de julio de 2009 a las 8:03

Madoff era el paradigma del campeón de la economía especulativa. Tiene un récord del mundo: estafó 35.500 millones de euros (6 billones de pesetas) a cientos de ricos como él y a miles de pequeños ahorradores, que habían invertido los ahorros de toda su vida en sus fondos, para pasar una vejez tranquila y feliz. Esto no ha ocurrido en Marte, sino aquí al lado; el Banco Santander colocó 2.300 millones en activos de Madoff, así que seguro que usted conoce a alguien que ha quedado atrapado en la pirámide que había montado este sujeto.

El Santander ofreció una compensación a sus clientes. Madoff, por el contrario, no pudo. No tenía con qué, sólo disponía de su lujoso ático de siete millones en Manhattan, la casita de 11 millones en Florida y un apeadero de tres millones a las afueras de Nueva York. Pura calderilla, si se compara con la magnitud de la estafa. Un juez le ha condenado a una pena ejemplar y simbólica, un escarmiento planetario, como lo definiría Leire Pajín: 150 años de cárcel por fraude bursátil, postal y electrónico, blanqueo de dinero, perjurio, fraude en el asesoramiento de inversiones, declaraciones falsas, apropiación indebida y engaño al supervisor bursátil.

Aquí en España hemos tenido nuestros Madoff particulares. Unos han mordido el polvo y otros se han ido de rositas. Mario Conde tenía un agujero en Banesto de unos 600.000 millones de pesetas, cuando fue intervenido en 1993. Era la décima parte del agujero de Madoff, y la condena respetó la escala: 14 años de cárcel. En el lado contrario se sitúa Jesús Gil, cuya gestión corrupta en Marbella dejó cientos de millones de euros de deuda a la ciudad y 30.000 viviendas ilegales. El Ayuntamiento está devolviendo el dinero como puede, pero no quiere tirar edificio alguno. La muerte de Gil dejó sus responsabilidades penales en suspenso, y sobre las garantías civiles que debía afrontar su patrimonio, nunca más se supo.

Estos episodios nacionales no ocurren impunemente. El Banco Mundial acaba de publicar su informe anual con indicadores de buen gobierno y lucha contra la corrupción en 212 países. España saca mala nota: se coloca en el puesto 41. Se analizan seis conceptos cuya media sitúa a nuestro país a la cola de la Unión Europea, sólo superado por Grecia, Italia y Chipre. En participación y libertad ciudadana estamos peor que hace 10 años. En estabilidad política y ausencia del terrorismo no hemos parado de bajar desde el 2000. En efectividad de la burocracia administrativa éramos uno de los 20 mejores en 1998 y ahora estamos en el montón: Dinamarca triplica la nota de España. En calidad de impulso al sector privado y en aplicación del derecho superamos el índice de los últimos años, pero lejos del nivel de hace una década. Y nuestro control de la corrupción no es un dechado: es la mitad de eficiente que el de Dinamarca. Falta de práctica.

¡Váyase del Betis, señor Lopera!

Ignacio Martínez | 1 de junio de 2009 a las 7:19

Cuando me hice bético, el equipo estaba en Tercera. Hoy estamos mejor que entonces. El que no se conforma es porque no quiere, ya ven. Uno puede cambiar en la vida de oficio, pareja, nacionalidad y hasta ideas políticas, pero no cambia jamás de equipo de fútbol. Y se sufre un montón en días como ayer. No es mi primer descenso a Segunda, aunque éste ha sido más duro, porque hace tres semanas pensábamos que nos habíamos salvado, como las tres temporadas anteriores. Pero no. Varios amigos y familiares me decían en las vísperas que si con el descenso se iba Lopera, sería un consuelo. Estoy en desacuerdo. Un equipo como el Betis con casi 40.000 socios no puede bajar a Segunda. Poli Rincón decía ayer en la radio que no puede ser que todos los jugadores y entrenadores que vienen al Betis sean malos, que el problema es otro.

Y el problema del Betis es otro: la falta absoluta de liderazgo. El ex presidente de la Junta, José Rodríguez de la Borbolla, en un artículo publicado hace dos años, escribía que “los que puedan, tienen que hacer algo por el Betis”. Y los que pueden son pocos. Entre ellos, el propio Gobierno autónomo. La Ley del Deporte obliga a las autoridades a la tutela de las sociedades anónimas deportivas, digo yo que debería incluir una fiscalización de las cuentas, como con las cajas de ahorro.

Otro bético, el empresario José Moya, explicó en un artículo en 2007 en el Diario de Sevilla cómo se había producido la llegada de los Lopera y los Gil al frente de los clubes, en los años 80. “La reforma fue iniciada por el nefasto director general de Deportes Romá Cullás, bajo el mandato del ministro Solana. La mayoría de los clubes tenía deudas cuantiosas. Pero en vez de buscar una refinanciación, se les obligó a convertirse en sociedades anónimas, con elevadísimos capitales sociales. Esto propició la pérdida de control de los clubes por la masa social y la aparición de especuladores que bajo el paraguas de un inapropiado marco mercantil están gobernando a su antojo estas entidades. Con posterioridad se refinanció con dinero de las quinielas la deuda con los organismos oficiales. De esta forma, los salvadores de los equipos vieron ingresar en sus sociedades la mayor parte de los recursos económicos que en su día tuvieron que adelantar. Qué fácil hubiera sido hacerlo al revés, primero refinanciar y luego constituir las nuevas sociedades. En resumen, los salvadores están gobernando a su capricho los clubes, sin los esfuerzos económicos que tanto pregonan”.

Cuando Benito Villamarín llegó en los años 50 a presidente del Betis puso orden, dio estabilidad y seguridad a la sociedad. Eso es lo que falta ahora. No es un problema de dinero, ni de jugadores, ni de entrenadores. El señor Lopera debería reconocer que ha fracasado en su pretensión de convertirse en el líder de este club. Y debería marcharse. Ahora hace falta otro Villamarín que nos devuelva a Primera. Porque, no se engañen, lo rentable será estar en Primera sin Lopera, no como hoy, que estamos en Segunda y con Lopera.