Archivos para el tag ‘Gordon Brown’

¿Quién es el más sonriente?

Ignacio Martínez | 2 de abril de 2009 a las 16:11

¿Quién es el más sonriente en la foto de familia de ayer en el palacio de Buckingham? Desde luego no la Reina de Inglaterra, bastante circunspecta en la foto de familia de los 29 participantes en la cumbre del G-20. El primer ministro británico Gordon Brown compensa a su soberana con una sonrisa desenfadada. El brasileño Lula se rie de buena gana también. La sonrisa profidén de Obama es la más notable en el capítulo de exhibición de dientes, en dura competencia con el ruso Medvedev. Pero la ancha sonrisa de Zapatero no tiene parangón. Es tan larga, tan larga, que parece la de Joker, dicho sea sin ánimo de ofender. La más compuesta y recatada es la señora Merkel; una señora de estos tiempos. ¡A quién se le ocurre mostrarse tan satisfecho con  la que está cayendo!

(Foto: Daniel Hambury, EFE/NTI)

Chaves debe convocar a los alcaldes de las grandes ciudades

Ignacio Martínez | 7 de diciembre de 2008 a las 11:04

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Zapatero debe convocar una reunión de presidentes autonómicos para hablar de la crisis y cómo enfrentarla. Chaves debería hacer lo mismo con los alcaldes de las capitales y grandes ciudades andaluzas. Y quizá también a los presidentes de las diputaciones. Si un lego en la materia se pone a sumar todos los planes rescate, avales, compra de activos, programas de grandes o pequeñas obras públicas, ayudas a empresas, etcétera, etcétera, puestos en marcha en España contra la crisis, la cosa se pone en 320.000 millones de euros, una sexta parte del producto bruto nacional. Eso es la mitad de la deuda anterior acumulada históricamente por el conjunto de las administraciones públicas. Un amigo economista me dice que no se pueden mezclar churras con merinas, que no todo ese dinero lo está poniendo el estado, porque hay capital privado, ni todo está encima de la mesa. Desembolsado o no, lo cierto es que estamos ante la operación financiera pública más importante de la historia de este país.

Esta no es una cuestión particular española. Lo mismo está ocurriendo en la Unión Europea y en el conjunto del mundo. Y se pone en marcha con reuniones constantes de los jefes de estado o de gobierno de la Unión Europea, los siete grandes, el G-20, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Se trata de coordinar las políticas, las ayudas, intercambiar ideas, sugerir procedimientos. Este modelo de gestión mancomunada de la crisis brilla por su ausencia en España. El presidente Rodríguez Zapatero, ausente de la primera cumbre de los cuatro grandes europeos en París, consiguió convencer a Sarkozy para que convocara a los primeros ministros de los países del euro. Y sólo después de volver con ese triunfo en la mano y un plan de la UE preciso, inspirado por el británico Gordon Brown, convocó a Rajoy en la Moncloa.

Con la crisis, cada dirigente ha elegido un papel, que cree que le va a salvar ante la opinión pública. Es decir, que tienen una doble obsesión: hacer que las cosas mejoren o al menos que parezca que hacen todo lo posible para que mejoren. Sarkozy en Francia ha adoptado una actitud tan hiperactiva, que parece el conejito de Duracell. Gordon Brown ha interpretado un papel de experto profesor, que le va: él sabe de esto. Y Zapatero encarna hasta la presente el rol de Juan Palomo; ya saben, “yo me lo guiso, yo me lo como”. Hizo mal en dejar a Rajoy en el ostracismo durante semanas, para que no cobrara protagonismo alguno.

Y sigue equivocándose. Dentro de España debería aplicarse el mismo modelo europeo. Ya está inventada la fórmula: una conferencia de presidentes. Todos los presidentes de comunidades autónomas tendrían que reunirse con el primer ministro para analizar la situación y evitar 17 planes contra la crisis, riesgo que ya ha apuntado el ministro de Industria, Miguel Sebastián. Hay subvenciones complementarias al desempleo en algunas regiones, con diferentes fórmulas entre sí; en otras comunidades autónomas se estudian facilidades añadidas para el pago de hipotecas o se atienden las facturas de bienes de primera necesidad para familias sin ingresos; también hay quien encarga planes de salvación para su industria automovilística. En fin, en plena ola de pesimismo, afloran 17 maneras de combatir la depresión. Bueno sería, como se ha hecho en el ámbito europeo y mundial, ponerlo todo en común, aunque después las nueve regiones con fábrica de automóviles o las diez con flota pesquera tengan realidades específicas que atender.

Lo mismo ocurre en el universo andaluz. El alcalde de Málaga acusa al Gobierno de la Junta de centralismo y anuncia que será beligerante para reclamar la sede de la caja única. Incluso lanza la idea de una gran exposición internacional tecnológica, acogida con recelo por la Administración regional. Otros recelos, proyectos e ideas podrían examinarse en común, en una conferencia de alcaldes de grandes ciudades. (Personalmente creo que las diputaciones no tienen mucho sentido la actual estructura institucional. Las autonomías han solapado su misión. Pero, mientras existan, sus presidentes deberían sumarse a esta conferencia). De hecho, el artículo 95 del nuevo Estatuto de autonomía establece que se debe crear un órgano mixto de representación de la Junta y los ayuntamientos para facilitar el diálogo y la colaboración institucional; que debería ser consultado sobre los planes que afecten de forma específica a las corporaciones locales. La crisis invita al presidente a adelantar esta iniciativa.

El síndrome de Harry Potter

Ignacio Martínez | 20 de octubre de 2008 a las 21:07

Una colega mía acostumbra a identificar a Zapatero con Harry Potter. No hay mucha maldad en el gesto: “Los dos hacen magia”, sostiene ella. Al interesado, sin embargo, no le hace gracia el apodo y se lo ha explicado en privado a la periodista: “No me gusta, porque suena a adolescente”. Justamente, Arcadi Espada en su blog jamás cita a ZP por su nombre. Siempre alude a él como el Adolescente, con A mayúscula. La diferencia es que Arcadi no considera ni por asomo que el presidente sea mago. Yo tengo serias dudas. Después de haber negado que viniese una crisis y minimizado sus consecuencias, resulta que cuando llega el tsunami planetario navega sobre las olas gigantes con la soltura de un surfista. Anunció que llamaría a Rajoy hace dos semanas y no lo ha recibido hasta que ya no tenía nada que consensuar con él, porque todas las decisiones se habían tomado en el seno de la Unión Europea. Ha manejado la escena como un maestro. Hace magia.

Hay otro personaje todavía más beneficiado por la gestión de la crisis. Gordon Brown, el primer ministro británico, era un cadáver político hace un mes; hoy lidera e inspira todas las medidas mundiales para dar solidez y liquidez a los bancos, reformar los instituciones financieras internacionales o reforzar los mecanismos de control. Su resurrección compite con la de Lázaro en el capítulo de los milagros.

Rajoy no cree en magos, ni en milagros. Tampoco en las meigas, aunque, como buen gallego, piense que haberlas haylas. Si no, no habría trascendido el coñazo del desfile, no le habría comunicado González Pons a la afición que el PSOE es el partido de los banqueros, no se habría producido la rebelión navarra, no le habría dejado Zapatero sin sitio en la administración de la crisis, no habrían votado dos diputados murcianos del PP contra el Estatuto de Castilla-La Mancha.

Entretanto, como si fuese invisible y sin que nadie sepa cómo ha sido, el presidente del Gobierno se ha metido de cabeza en la locomotora del tren europeo. Propuso la celebración de la reunión de París del pasado fin de semana, en la que se aprobaron medidas para reactivar la economía europea y mundial. Y esto, a pesar de que su vicepresidente y ministro de Economía, Pedro Solbes, estaba en contra de avales tan generosos a la banca. Una posición similar tenía Miguel Ángel Fernández Ordóñez, gobernador del Banco de España. Ambos sostienen que comprometer 100.000 millones de euros rebajará la solvencia y encarecerá el conjunto de la deuda del Estado. Es lógico, después de todo, que esto lo piense el mago Solbes, que Peridis pinta con la túnica llena de remiendos. El otro día dijo que nadie espere milagros, que la confianza no se recupera de la noche a la mañana. Que esto va a ser lento. Se pronunció sobre los milagros, pero de la magia nada dijo. Por algo será.