Archivos para el tag ‘Granada’

Córdoba, el mejor patrimonio andaluz

Ignacio Martínez | 10 de diciembre de 2012 a las 9:06

Los patios de Córdoba ya eran patrimonio material de la humanidad desde hace siglos. Sin título oficial. Una doble tradición romana y árabe, que Andalucía exportó a Latinoamérica. Pero ha sido ahora cuando la Unesco ha hecho inmaterial esa realidad física. La decisión se entiende que distingue la festividad de los patios, su colorido, su ambiente, tanto de los corrales antiguos, alguno de los cuales sigue existiendo en la Ajerquía, como de las casas señoriales de la villa, en donde el verde predomina sobre las flores.
Los patios son uno de los muchos atractivos turísticos de esta ciudad del interior, que aún no ha sido descubierta por los propios andaluces. Sevilla, Granada o Ronda están por delante en las preferencias de los turistas domésticos. Y Córdoba no desmerece en absoluto, ni su gente, ni su paisaje, ni su gastronomía. Así que estos títulos, que tienen mucha resonancia y escaso rendimiento, bienvenidos sean para poner el foco en una de las más viejas, bellas y cultas ciudades de Europa.
Los patios también han sido escenario festivo de las cruces de mayo, cuya gracia se perdió en algunos lugares apartados de la tradición para convertirse en negocios efímeros, sin las músicas y el empaque de antaño. Pero la modernidad también ha hecho su aportación feliz. En octubre de 2009, dentro de las actividades para la candidatura a la Capitalidad Cultural europea de 2016, se realizó un happening en los patios. Lo más clásico de Córdoba, en el inconsciente colectivo, fue el soporte para las instalaciones para 16 artistas contemporáneos, con el lema de El patio de mi casa.
Tortugas, caracoles, plastilina, pinzas de la ropa con mensajes, maquetas, fuentes, jardines colgantes, y hasta la giganta Alicia de Córdoba dieron un aire completamente nuevo a los patios cordobeses. Una idea que también se exportó: un año más tarde se realizó una acción similar de arte contemporáneo en Quito. Esta decisión de la Unesco representa en cierta manera un desagravio por el desplante que una organización internacional le hizo en junio del año pasado a Córdoba, al preferir la Unión Europea a San Sebastián como capital cultural para 2016. Bueno, la UE es un decir: hay que recordar que el Gobierno socialista español había designado a seis de los trece jurados.
Aquella derrota todavía tiene otras facturas pendientes. El presidente de la Junta mostró entonces su firme voluntad “de hacer de Córdoba la capital andaluza de la cultura, con una oferta competitiva y de calidad que sirva para darle la proyección mundial que se merece”. Asunto del que nunca más se supo. Igual que pasó con Granada, que disputó en los 80 la capitalidad cultural de 1992 a Madrid y tras la derrota recibió por parte del Gobierno de Borbolla el mismo título honorífico de capital cultural de Andalucía. Dejémoslo en empate. Las dos son parte esencial del mejor patrimonio regional.

San Telmo, olla a presión

Ignacio Martínez | 21 de julio de 2012 a las 10:00

El alcalde Sevilla insiste en reclamar un estatuto de capitalidad. Dinero, para explicarlo en lenguaje llano. Piensa que ser capital de Andalucía supone inconvenientes y genera gastos que deberían ser compensados por las arcas regionales. No se le puede negar coherencia. Ahora que es presidente regional del PP podría olvidarse de su reivindicación, como de facto hizo Monteseirín.
El anterior alcalde se lanzó al ruedo en el Club Siglo XXI de Madrid en 2001, ante el presidente Chaves, en un discurso con el listón en récord: reclamó la Carta de Capitalidad, la fusión de las cajas sevillanas, la sede de la caja única y advirtió en la Villa y Corte que no renunciaba a la sede olímpica. De todo aquello sólo salió la fusión de las dos entidades financieras que han acabado en manos de La Caixa. De lo demás no hubo nada.
Y en esto, llega Zoido y repite que a Sevilla le cuesta el dinero la capitalidad y hay que resolverlo. Estamos hablando de un asunto sensible. En Sevilla y en Málaga, también en Granada, se escriben barbaridades en las redes sociales desde la comodidad del anonimato. Como en tantas otras cosas, sería deseable que la idea se debatiese en el Parlamento andaluz. Hasta ahora el PSOE ha evitado esa discusión pública. En su día reprochó a Monteseirín que sacara la reclamación ante el presidente de la Junta sin advertirle previamente. Y eso fue todo.
Es verdad que Sevilla es un manifestódromo, lo que exige más gasto en Policía Local. Y la aglomeración urbana, aumentada por la presencia de funcionarios, sedes profesionales y empresariales, o población flotante necesitada de gestionar asuntos en la capital administrativa, dificulta su tráfico, contamina su atmósfera, complica la vida de los sevillanos. Pero los beneficios de la capitalidad son también evidentes; toda la población extra tiene una renta disponible que produce actividad económica y comercial, e ingresos de impuestos. Desde que se planeó la autonomía, hace más de 30 años, no se ha hecho un estudio sobre coste y beneficio de la capital. Y quizá es la hora de encargarlo.
En este tiempo en Sevilla se ha recuperado patrimonio, consolidado empleo público, aumentado servicios, concentrado congresos y eventos deportivos o políticos, como cumbres europeas o de la OTAN… En definitiva se ha construido una centralidad política, económica, mediática. Fuera de Sevilla esto se considera extraordinario, pero dentro se piensa que no compensa. Urge un debate sosegado en el Parlamento, no a pedradas en las redes sociales.
Por otro lado, la insistencia de Zoido invita a pensar que no será candidato a la Presidencia de la Junta. Resulta gracioso: el jefe de los socialistas andaluces soñando con la Presidencia del Gobierno de la nación y el jefe de los populares concentrado en la Alcaldía de Sevilla. San Telmo, hermoso palacio barroco, es una olla a presión en la que nadie quiere verse atrapado.

Testigos culpables

Ignacio Martínez | 31 de octubre de 2011 a las 11:34

Hace dos semanas vimos en la televisión cómo una niña china de dos años era atropellada por una furgoneta en un mercado de Guangdong, al sur del país. Después de detenerse, el vehículo volvió a pasar por encima del cuerpo, que quedó tendido en un charco de sangre. En los siguientes siete minutos cruzaron por allí hasta dieciocho personas y ninguna se paró a socorrerla. Hubo tiempo para otro atropello antes de que una mujer la retirase de la calzada y pidiese ayuda. La niña murió en el hospital a los tres días. Estas cosas, como el linchamiento de Gadafi, nos dan la impresión a primera vista de que sean de ficción, o propias de otras culturas. Ya saben, los estereotipos. Los chinos son fríos, los árabes traicioneros, los anglosajones atacan cobardemente en grupo, como contaba Horton Foote en La jauría humana. Pero no. Aquí también pasa.

Esta semana hemos visto una escena propia, protagonizada por nacionales. En un túnel de Madrid, junto a la Plaza de España, dos coches arrinconan a un tercero y ocho personas le dan una paliza a sus ocupantes. Todo porque le habían reprochado a uno de los agresores una maniobra imprudente tres kilómetros antes. Entonces empezó una persecución con amenazas de muerte. Uno de los agredidos tenía varios dientes rotos y una herida de navaja. Lo que más me llamó la atención no fue la salvaje agresión, sino que ninguno de los cuarenta coches que presencian la paliza se detiene para auxiliar a las víctimas, ni siquiera cuando ya se han marchado los matones.

Nos pasó durante años con las víctimas del terrorismo, hasta que recuperamos la cordura. E incluso con eso que se ha dado en llamar violencia de género, y que bien podría calificarse de terrorismo doméstico. Nadie se metía en la vida privada de los demás. Los gritos y los golpes que se oían no pasaban de ser una molestia.

A veces la cobardía de los testigos es mucho más culpable, porque son protagonistas de estos dramas. España tiene el récord europeo de consumo de prostitución, una forma de esclavitud en la mayor parte de los casos, que afecta a un millón de mujeres en la UE. Somos líderes tan destacados que cuesta creer que cuatro de cada diez adultos hayan sido clientes de prostitutas. Una cifra tan alta, que duplicamos con creces a los siguientes, que son suizos y austríacos. En algunas ciudades, como Sevilla, Málaga o Granada se empieza a multar a los usuarios de la prostitución callejera, pero habría que perseguir con más dureza a los clientes. Este es un mercado que no se ha resentido con la crisis. Se ha adaptado, con precios más bajos y cambio de oferta. La última moda son las jovencitas chinas.

Periferia ferroviaria

Ignacio Martínez | 22 de octubre de 2011 a las 10:50

Andalucía no es más periférica que antes de que se anunciaran el pasado miércoles los corredores ferroviarios prioritarios de la Unión Europea para 2030. Pero tampoco es menos periférica. En Algeciras hay una gran satisfacción por lograr una doble conexión con Francia. Una por Madrid que era la preferida por los operadores del primer puerto español y los empresarios de la zona. Y otra por el litoral, que ofrece dudas. Ambas tienen un tramo común, de Algeciras a Antequera, de una sola vía por un terreno muy inestable.

El recorrido transversal andaluz, desde Algeciras y Sevilla hasta Antequera y desde Granada a Almería necesita un profundo remozado de las líneas existentes, pero además la modificación de las pendientes en muchos tramos, para que puedan circular trenes de mercancías competitivos. Y además de la electrificación y señalización, una doble vía. Sobre cómo afrontar esa modernización, el Ministerio de Fomento no ha dado explicación alguna hasta el momento. La doble salida es una ventaja teórica, que se puede ver en los mapas.

No está nada claro cual de los dos ejes, el Central o el Mediterráneo, va a tener prioridad en la financiación. Hay documentos de la Comisión Europea que se la dan a la línea Algeciras, Madrid, Zaragoza, Tarragona, y a la que va desde frontera francesa por el litoral catalán hasta Valencia, pero no más allá. El Ministerio guarda una calculada ambigüedad al respecto. El martes por la tarde, en Fomento hubo dos charlas explicativas para periodistas, una larga para los de levante, y una posterior para los demás. Si el mensaje era el mismo, ¿por qué dos exposiciones? El jueves en Sevilla el ministro Blanco no despejó esta incógnita, al mezclar los dos ejes, el Central y el Mediterráneo, y contarlos como si fueran uno solo. La versión de la prensa catalana es que la prioridad financiera será para el corredor Mediterráneo.

El ministro empezó el miércoles una esforzada turné por el territorio nacional para explicar, con discursos plagados de millones, los ejes ferroviarios que serán la base de las comunicaciones en España a mitad de siglo. Ataviado con una corbata en tonos azul y blanco, los colores de su Galicia natal, comenzó la jornada en Santiago de Compostela, siguió en Madrid, y después se desplazó a Zaragoza. Terminó la primera etapa en Barcelona, en donde brindó con cava con los jefes políticos de CiU, PP y PSOE, luciendo ya corbata de otro color; blaugrana, por cierto. A medio plazo, la verdadera partida estratégica que se juega en estas redes ferroviarias es qué puertos se convierten en la referencia para los grandes buques portacontenedores que hacen las rutas mundiales, y por dónde se hace la importación o exportación de mercancías para los mercados español y europeo.

A finales de los 60, Cataluña ganó décadas de progreso al resto de España con la construcción de autopistas de peaje con la garantía del Estado. Ahora estos ferrocarriles le dan una centralidad extraordinaria a todo el levante español. Tres de los cinco corredores presentados el miércoles, que costarán al erario público unos 50.000 millones de euros, tienen su origen o pasan por el puerto de Valencia, gran competidor de Algeciras, que ya es el puerto de Madrid y aspira a consolidar a los operadores asiáticos con base en sus instalaciones.

Si a estos operadores les convence más la nueva oferta de Algeciras y siguen los pasos del consorcio liderado por la coreana Hanjin, del que forman parte otras tres compañías china, japonesa y taiwanesa, entonces el anuncio de ayer habrá sido un éxito. En caso contrario, no. Incluso corremos el riesgo de que se repita medio siglo después la misma historia del adelanto estratégico. La idea de un corredor por todo el litoral mediterráneo, desde Cádiz hasta Barcelona, con toda la masa crítica que supone el 40% del PIB español, no es en absoluto mala. El lado peor es a quién beneficia primero y qué ventaja competitiva consigue. Por eso se salieron en abril del lobby Ferrmed, que ha promovido el corredor Mediterráneo, el Puerto de Algeciras, las industrias de la Bahía y la Cámara de Comercio del Campo de Gibraltar.

El jueves en Sevilla, el ministro ya había recuperado su corbata en tonos azul y blanco, cuando intervino en el Fórum Europa. Insistió en que su propuesta exige una inversión anual de 7.000 millones en estos ferrocarriles, de los 13.000 millones disponibles para infraestructuras. Las inversiones en obras públicas han pasado del 1,9% del PIB de la época de la abundancia a un 1,3%.

Es claro que el próximo Gobierno tendrá mucho que decir para consolidar estos mapas que deja en herencia el ministro Blanco o proponer alternativas. De los 50.000 millones que cuesta este plan, en Andalucía se gastarán algo más de 8.000, un 16% del total nacional. La cuota de Andalucía en la población española es del 17,9%, y en el territorio nacional, de 17,3%. Y la participación regional en el PIB españoles es ahora del 13,5% y estuvo en el 13,8% entre 2005 y 2007. El porcentaje de inversión está en un punto intermedio. El riesgo de las inversiones en infraestructuras es que se hacen en donde está la población y el desarrollo. Y acaban generando más desarrollo donde ya lo había.

Sorprende que en el debate previo a esta decisión nadie haya reivindicado el estudio que presentó el presidente Chaves en vísperas de las elecciones de 2000, para una línea nueva entre Algeciras y Puerto Real. El estudio en cuestión tiene unos diez tomos de papel; no se puede decir que esté guardado en un cajón, porque haría falta una biblioteca. Esa línea costaba entre 600 y 630 millones.

Un estudio es lo que han reclamado en las últimas semanas los alcaldes de Almería, El Ejido, Motril, Almuñécar y Málaga, para saber cómo se podría hacer un ferrocarril por el litoral andaluz, de Almería a Algeciras (o hasta Cádiz), y cuánto costaría. En la prensa catalana del jueves, satisfecha por lo conseguido para su territorio, se podía leer que no sería rentable, para dar toda previsión por inútil. Sin embargo, el ministro dijo el 16 de marzo en Barcelona que un Almería-Algeciras por la costa supondría una inversión de 11.700 millones, a razón, según cálculos propios, de 33,5 millones el kilómetro.

El PP está empeñado en este proyecto, así que en pocas semanas su presidente regional, Javier Arenas, tendrá la oportunidad de ofrecer a las localidades concernidas una satisfacción. Blanco aludió ayer de manera inequívoca al cambio de gobierno que se avecina: le recomendó prudencia a sus adversarios para evitar que una tentación demagógica o populista en este momento les obligue en exceso cuando lleguen al poder.

En todo caso, encargar un estudio para saber a qué atenerse no parece una insensatez. El presidente Griñán hizo el jueves en la presentación de Blanco un canto a la Andalucía del interior, que se puede interpretar como un aplauso al trayecto transversal desde Sevilla a Almería por Antequera. Falta por ver si hay planes precisos para que este recorrido sea fiable y competitivo en todos sus tramos.

Hasta entonces cabe pensar que a Andalucía no le ha tocado el premio gordo en el reparto indicativo del miércoles. Con estos planes no será más periférica, pero tampoco menos. En absoluto.

El ‘lobby’ feroz

Ignacio Martínez | 2 de enero de 2011 a las 19:19

Hay pocas dudas sobre cuál fue el momento de máxima felicidad colectiva de los españoles el año pasado: el gol de Iniesta con el que ganamos el Mundial de fútbol. Millones de gargantas gritando ¡goooooooool! al mismo tiempo. Euforia nacional. Y gratis. Hay una enorme cantidad de cosas muy caras que no producen ni por asomo tanta alegría. La felicidad es gratis, aunque nos suban la luz y nos bajen las pensiones. Si usted nunca entendió los epígrafes del recibo de la electricidad, no se apure. Tampoco nadie se explica que las eléctricas ganen tanto dinero, pero nos digan que hay un déficit de tarifa. Pero lo acabamos aceptando. El lobby eléctrico es muy eficiente.

Tampoco el común de los mortales comprende muy bien que haya este empeño en pasar la edad oficial de jubilación a los 67, mientras se van a jubilar en masa trabajadores de las cajas de ahorros, en parte con cargo al erario público, a partir de los 54 años. Incluidos trabajadores de nuestras Cajasol, Cajasur o Cajagranada. Bastaría con que los grandes bancos, las grandes operadoras de telefonía, las grandes eléctricas, las grandes farmacéuticas o las medianas cajas jubilen con su propio dinero a sus empleados excedentes o, mejor aún, los recoloquen en nuevos negocios para que sigan produciendo, aumentando la riqueza nacional. He conocido a juiciosos ministros de Trabajo de González, Aznar y Zapatero que en privado explicaban su impotencia para acabar con las prejubilaciones en grandes compañías muy rentables. ¡Lo que hacen los grandes lobbies con buenos abogados!

Pero hasta con los lobbies feroces se puede en ocasiones. Desde hoy este país está oficialmente libre de humos en los locales públicos. Gratis. Como el amor, la buena música, los amigos, la buena literatura, la familia, una buena conversación, disfrutar de la naturaleza, la sonrisa de su vecina o vecino. Aproveche este nicho de bienestar al que no puede llegar la crisis. Ahí sí que hay un déficit de tarifa. Parece mentira que las mejores cosas de la vida sean gratuitas. Pero es verdad. ¡Feliz año barato!

Una asignatura pendiente

Ignacio Martínez | 14 de julio de 2010 a las 7:49

La fusión entre las cajas andaluzas, auspiciada por el presidente de la Junta de manera solemne hace tres semanas en el Parlamento andaluz, ha provocado algunas decepciones y anécdotas. Pendientes de que un día de estos se decida la subasta por Cajasur, y santificada por el Banco de España la integración de la caja granadina con la murciana, una balear y otra catalana, quedan sobre el escenario las dos grandes, Unicaja y Cajasol. Es decir, hay un premio en el aire y otro muy repartido por el Mediterráneo, pero queda por salir el gordo. Y sobre el gordo sobrevuelan varias amenazas.

Primer problema: los presidentes de las dos grandes no se entienden. A una colega que escribió un excelente reportaje sobre ellos este fin de semana le dijeron los allegados de Pulido que no es verdad que se lleven mal. Es una jugada inteligente. Pero lo que estamos diciendo algunos es que no se llevan bien, que no es exactamente lo mismo. Alguien que se sienta con los interesados en el consejo de administración del Banco Europeo de Finanzas lo ha definido magistralmente: tienen una sintonía de uno o dos sobre cien.

Segundo problema, el localismo. La sede en mi pueblo, es la proclama inicial de cualquier intento de fusión que se precie. Aunque hay poca discusión si uno de los dos contrayentes es más grande que el otro; motivo por el cual, como a Unicaja le adjudiquen Cajasur, Cajasol tendrá que hablarle de usted en la fusión. Y la hipótesis contraria no imposible. La primera pedrada localista la ha tirado el alcalde de Málaga, ingeniero cartesiano, pero no necesariamente frío: ha dicho que sólo apoyaría la fusión si la sede estaba en Málaga. De la Torre es hombre con fama de dubitativo para según qué cosas. Pero entre sus dudas no tiene cabida cuál es la capital financiera de Andalucía. El alcalde fue reconvenido por propios y extraños, por sacar el asunto antes siquiera de que los pretendientes se mirasen.

Pero, lejos de arredrarse, repitió el argumento reforzado. Más allá de la sede de la gran caja, De la Torre echa de menos que desde el inicio de la autonomía no se haya planteado el papel de cada ciudad en la nueva comunidad política que se creó con la Constitución de 1978 y el Estatuto de 1981. El trasfondo de su pensamiento pone el dedo en la llaga. De haberse producido ese debate, se habría establecido qué instituciones o entidades de carácter regional debían tener sede en un lugar u otro y qué organismos troncales de la autonomía debían estar ineludiblemente en Sevilla. La reacción en Granada del conjunto de fuerzas políticas, sociales y medios de comunicación en contra de toda idea de fusión con otras cajas andaluzas es todo un paradigma; una evidencia más de los recelos latentes que hay entre las distintas provincias. Y esto no es una anécdota, sino una asignatura pendiente de la construcción regional.

Numancia

Ignacio Martínez | 4 de julio de 2010 a las 9:25

Las vicisitudes de las cajas de ahorros arrojan una nota deplorable sobre el grado de cohesión de Andalucía. En Granada, tirios y troyanos prefieren cualquier solución para su caja, antes que su integración con Unicaja o Cajasol. Hay varios argumentos serios: el solapamiento de puestos de trabajo en una fusión regional o la voluntad unánime de sus órganos de gobierno. Personalmente encuentro razonable la decisión de CajaGranada, y es posible que haya faltado tacto en el Gobierno regional, pero me espanta el numantinismo localista de cierta prensa, y de alguna emisora de radio o televisión. Se han usado términos nada juiciosos, de una gran animadversión hacia Málaga y Sevilla. Tan agresivos que no han complacido a la propia CajaGranada, cuyo honor pretendían defender.

Si nos ponemos patriotas, la pregunta es en dónde ponemos el límite de la patria. Por qué en la provincia, si se puede llevar al ámbito municipal. O incluso al barrio, y reivindicar un hospital en una zona de la ciudad y no en otra. Las exageraciones en Granada se han visto acrecentadas por un error inoportuno sobre la Alhambra. Pero son una sobreactuación, que queda en evidencia cuando se conoce que Griñán y Salgado habían acordado dejar vía libre a CajaGranada en el consorcio Mare Nostrum. Si en el futuro se analiza por qué fracasó el proceso de construcción regional iniciado en 1982 habrá que dedicar varios capítulos al decisivo papel que tuvieron determinados medios de comunicación.

No es un problema privativo de Granada. La eventual fusión entre Unicaja y Cajasol no está al margen de esta pasión localista de los andaluces del año 28 de la era autonómica. Ha abierto fuego el alcalde de Málaga disparando un cañón Bertha: sólo apoyará la operación Unicajasol si la sede está en Málaga. Celebro que Javier Arenas use su autoridad para pedirle públicamente a De la Torre que no se precipite. Y éste es sólo el principio.

El paciente andaluz cambia de sintomatología, pero siempre tiene exceso de colesterol, en forma de localismo. Sevilla no es la Roma imperial, la madre de todas las capitales. Pero Numancia no está en Armilla. Un poco de calma, ¡que se nos dispara la tensión!

Se acabaron las candilejas

Ignacio Martínez | 19 de junio de 2010 a las 9:49

Termina con más pena que gloria la presidencia española de la Unión Europea. El país que en septiembre de 2007 jugaba la Champions de la economía mundial, era el equipo que más partidos ganaba, el más goleador y el menos goleado, en frase desafortunada del presidente del Gobierno, acaba su semestre de liderazgo comunitario recibiendo goles de los mercados, de los socios europeos, de la prensa o de la oposición. La comparación con el Mundial de Sudáfrica está tirada: el problema no es tanto el mal resultado como las expectativas superlativas. Nos comíamos el mundo y nos salió la apuesta fatal. Iba a ser un acontecimiento planetario, la coincidencia de dos presidencias progresistas a ambos lados del Atlántico, en frase infeliz de la número tres del PSOE, pero Obama ni siquiera se molestó en venir a Madrid para una cumbre entre Estados Unidos y la Unión Europea programada en el mes de mayo, y anulada por incomparecencia del americano. Más que nada, porque le aburre la afición de los europeos a las reuniones retóricas sin contenido real.

El semestre lo empezamos muy futbolístico. Los equipos de Primera División saltaron al campo con la bandera azul de doce estrellas amarillas y sonó el Himno a la Alegría en los estadios de toda España. Se hicieron anuncios grandilocuentes, toda reunión informal de ministros, de no importa qué ramo, era una cumbre europea… En fin, se nos fue la mano con el envoltorio, pero dentro hubo poca cosa. A la auténtica cumbre celebrada en suelo andaluz, con Marruecos en Granada, no vino el rey alauita; la cumbre euromediterránea de Barcelona hubo que anularla. Y buena parte del periodo presidencial lo empleó Zapatero en defender de los mercados o los especuladores, con desigual fortuna, el prestigio de la banca y la deuda soberana nacional.

Ahora entra al relevo Bélgica. Los agoreros dicen que con la crisis institucional que vive el pequeño reino belga ¡a ver cómo se puede hacer una presidencia europea! Un espectáculo a la española, desde luego que no. Pero los belgas lo harán bien, como siempre. Sin himnos ni banderas en los campos de fútbol, sin pretensiones planetarias. Haya el gobierno que sea en el país, los altos funcionarios cogerán cada dossier que se encuentre sobre la mesa y buscarán consensos para que se apruebe. Y dejarán, como de costumbre, la mesa bastante limpia de asuntos pendientes. Serán buenos administradores de los intereses comunes. Que es de lo que se trata.

No se termina el mundo porque la presidencia europea se haya quedado en nada. E incluso puede ser una buena enseñanza para el futuro, para esto y para cualquier otra cosa: con trabajo, austeridad y humildad se llega más lejos. Pero ¿creen que hemos aprendido algo? Moratinos ha dicho que se ha cumplido el 100% de los objetivos españoles. Patético.

Ahora se acabaron las candilejas. Ya sólo nos espera antes de las vacaciones de agosto el cambio de Gobierno.

Miguel Ángel Losada: “La Tierra se seguirá calentando hasta un máximo en el siglo XXIV”

Ignacio Martínez | 23 de abril de 2010 a las 7:11

Foto: Joaquín PinoFoto: Joaquín Pino
 

Esta entrevista con Miguel Ángel Losada, catedrático en la Universidad de Granada, ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y desde hace un año director del Centro Andaluz de Medio Ambiente, se publicó el 17 de abril en los nueve periódicos del Grupo Joly. Losada ha sido guionista de una serie sobre el litoral español para TVE, en la que el Ministerio de Medio Ambiente pretendió eliminar la vinculación entre corrupción y masificación urbanística. Esta no es la versión íntegra, pero es bastante más larga que la publicada en papel.

 

 

-¿Existe el cambio climático?

-En los últimos 500.000 años la Tierra ha experimentado unas variaciones cíclicas de temperatura, con una duración aproximada de cien mil años. En el inicio de estos ciclos hay un periodo de enfriamiento, que conduce a un periodo glacial, seguido de un calentamiento paulatino hasta alcanzar una estabilización. Y empieza el ciclo siguiente.

 

-¿Cuándo fue la última glaciación?

-Hace unos 30.000 años y duró hasta hace 13.000. Después, durante unos cuatro mil años, la temperatura de la Tierra ascendió hasta estabilizarse hace unos 9.000 años. Desde entonces el clima no ha cambiado esencialmente.

 

-Entre tanto, ¿qué ha pasado?

-En estos 9.000 años, poco más de doscientas generaciones de seres humanos hemos transitado por el Neolítico, las edades del bronce y del hierro, crecieron y desaparecieron los imperios de Cartago y Roma, cruzamos la Edad Media, brilló el Renacimiento… hasta llegar hasta nuestros días.

 

-¿Las culturas crecieron y desaparecieron con distintos climas?

-El Imperio Romano se desarrolló durante un ciclo cálido, mientras que la llegada de los árabes a España ocurrió con una fase fría. La Reconquista española y la salida de la oscura Edad Media pudo realizarse debido a la bonanza del clima en el norte de España y Centro Europa. Tras aquel óptimo climático del siglo XII, llegó la llamada ‘pequeña edad de hielo’ en los siglos XVII y XVIII.

 

-¿Y qué pasará en el futuro próximo?

-Desde comienzos del siglo XX, la Tierra se está calentando camino de otro óptimo climático que deberá de presentarse hacia el siglo XXIV.

 

-O sea, que las cuantiosas lluvias de este invierno no son una novedad.

-El clima tiene fluctuaciones cada cien años, aproximadamente. Durante ellos, en la zona templada de la Tierra, donde se encuentra España, a periodos fríos y húmedos les siguen otros cálidos y secos cada 11 a 13 años. En Andalucía en 1992 y los años siguientes se vivió un periodo cálido y seco. En 1997 comenzaron las lluvias y la nieve volvió a Sierra Nevada. En 2002 empezó otra sequía hasta 2008. Desde entonces parece que ha venido el diluvio universal…

 

-Hemos tenido este año un invierno muy frío, pero el planeta seguía calentándose.

-No son sucesos incompatibles. Este año pertenece a un periodo húmedo de los ciclos de 11 a 13 años que ocurren en Andalucía. Que forma parte a su vez del ciclo milenario que está produciendo el calentamiento de la Tierra y alcanzará su máximo en el siglo XXIV. Y finalmente, ese ciclo pertenece al periodo de estabilización que nos llevará a otra glaciación dentro de cincuenta mil años.

 

-¿Es posible que se repita un terremoto como el famoso de Lisboa de 1755?

-Es posible y la probabilidad de que ocurra no es despreciable.

 

-Y podría seguirlo un maremoto como entonces.

-Si el epicentro del terremoto, al igual que ocurrió con el llamado de Lisboa, está en el mar, la generación del maremoto y su propagación a las costas andaluzas es altamente probable.

 

-¿Hay precedentes?

-Los estudios realizados por los investigadores y arqueólogos que trabajan en la ciudad romana de Baelo Claudia aclaran que dos maremotos, uno en el siglo I y otro en el siglo III barrieron la ciudad. Este último favoreció el abandono de Bolonia [Tarifa] y con él el cese de la actividad comercial.

 

-¿Qué puede hacer un ciudadano particular para evitar el calentamiento de la Tierra.

-Muchas cosas, pero le diré dos: consumir la energía imprescindible y exigir a las administraciones que el desarrollo socioeconómico no se haga a costa del ambiental. Si seguimos empecinados en la economía del ladrillo y la ocupación de las riberas del mar y los ríos dejaremos a nuestros hijos una carga imposible de sostener.

 

-¿Se fundirán los casquetes polares y subirá el nivel del mar en el Mediterráneo?

-Si la variabilidad climática se produce de forma análoga a como ocurrió en la época del imperio romano y en la del óptimo medieval, para finales de este siglo no quedarán hielos en el Ártico, ni nieve en Sierra Nevada, los Pirineos y los Alpes. Eso vendrá acompañado con un ascenso del nivel del mar que, en las costas españolas, será próximo a un metro. No podemos seguir ordenado el territorio litoral sin incorporar esta previsión.

 

-El clima no ha cambiado, pero el hombre sí que lo ha hecho en este tiempo.

-El hombre ha realizado transformaciones para garantizar su sustento, bienestar y la calidad de vida, pero en ese empeño estábamos matando nuestro hábitat. Ahora hay que revisar el número de habitantes que un territorio puede soportar, y el desarrollo socioeconómico basado en el consumo descontrolado de suelo, agua y energía. Si no somos inteligentes difícilmente llegaremos al siguiente óptimo climático.

 

-Los últimos pobladores han cegado ríos y arroyos, y construido en el litoral como ninguna otra generación en la historia.

-Especialmente en los últimos 60 años, coincidiendo con el desarrollo turístico y el de industrias anejas como la construcción.

 

-¿Qué porcentaje del litoral andaluz queda libre de construcciones?

-Si hablamos de franja costera como la zona alrededor de la línea de costa, quizás se supere el 60%.

 

-Con las presas y embovedamientos llega menos arena a las playas.

-No sólo arenas. También llegan menos bolos, gravas y limos. Es decir faltan todos los tamaños. Cuando el mar necesita estos materiales, los toma de los acantilados o de la línea de costa, con las consecuencias ya conocidas.

 

-¿Hemos hecho un urbanismo salvaje?

-Ha habido y sigue habiendo urbanismo salvaje. Y su coste será una carga insostenible para las siguientes generaciones. Un ejemplo, el tramo de costa en el que se asienta el paseo marítimo de Matalascañas seguirá teniendo alta probabilidad de ser destruido de nuevo por los temporales.

 

-Usted establece una relación directa entre corrupción y masificación urbanística.

-Con la masificación se ignoran intencionadamente los procesos naturales, el paisaje y una ordenación del territorio que ayude al desarrollo integral de la persona. Masificación y corrupción están muy unidas. Desgraciadamente, tenemos muchísimos ejemplos en el litoral español. Lo peor es que los abanderados de esas conductas corruptas se pavonean en público e incluso salen elegidos repetidas veces como representantes de la voluntad popular.

 

-¿Cuándo se emite la serie de televisión en la que el Ministerio de Medio Ambiente quería quitar esta afirmación?

-Lo decidirá Televisión Española. La serie describe el estado de las costas, cómo se ha llegado hasta aquí, y qué queremos como ciudadanos legar a nuestros hijos. Es un debate que una televisión pública debe favorecer y facilitar.

La nube

Ignacio Martínez | 19 de abril de 2010 a las 7:43

El actor británico John Cleese, uno de los fundadores de Monty Python, le cogió la nube en Noruega y tenía prisa por volver a casa; así que cogió un taxi de Oslo a Bruselas, para embarcar en el Eurostar e ir a Londres por el eurotúnel. El taxi le costó 3.800 euros. Supongo que se habrá alegrado de que Inglaterra dejara de ser una isla en 1994, gracias al enlace por tren de alta velocidad de París y Bruselas con la capital británica. Cleese es muy ocurrente. Fue él quien popularizó uno de los eslóganes de los Monty Python: Y ahora, algo totalmente diferente. Diferente es la nube global que ha lanzado el volcán bajo el glaciar Eyjafjälla, en Islandia.

Más de la mitad de los vuelos comerciales en Europa se han suspendidos este fin de semana; multitud de aeropuertos cerrados, incluidos diecisiete en España ayer. Desde que empezó este colapso aéreo, se han anulado unos mil vuelos con origen o destino en Málaga, Sevilla, Jerez, Granada o Almería. Aún ante semejante contrariedad, el heterodoxo Cleese no ha perdido su sentido del humor. Ha dicho que Islandia no puede controlar ni sus volcanes ni sus bancos, en alusión a su caos financiero cuando empezó la crisis económica.

Somos herederos de tradiciones y creencias antiguas. Pensábamos como el ortodoxo poeta Jorge Manrique que es la muerte la que nos iguala a todos y resulta que no hace falta ponerse tan trascendente: tanto la crisis como esta nube han equiparado a grandes y pequeños, ricos y pobres. De pronto han ocurrido cosas totalmente diferentes. Angela Merkel, que volvía de Estados Unidos, tuvo que hacer noche en Lisboa; su colega noruego, Stoltenberg, hubo de quedarse en Nueva York; los reyes de España no pudieron ir al cumpleaños de la reina Margarita de Dinamarca. Y al jefe de la diplomacia sueca, Carl Bildt, le pasó lo contrario que a Cleese, cogió el Eurostar de Londres a Bruselas para seguir en coche hasta Suecia, pasando por Alemania y Dinamarca.

Los daños colaterales de la nube han deslucido el homenaje en Cracovia al difunto presidente polaco Lech Kaczynski, enterrado con honores de héroe de la patria en el Castillo de Wawel, junto a los reyes polacos de los últimos cinco siglos. Los líderes mundiales no han podido acudir a este funeral monárquico. Se ha frustrado en parte la iniciativa oportunista de su hermano Jaroslaw, que quiere aprovechar ahora la desventurada muerte de Lech para relanzar su carrera política. Los Kaczynski han representado en los últimos años en la Unión Europea el más rancio nacionalismo conservador, egoísta y cicatero. Es una paradoja que un suceso tan poco usual como esta nube nos muestre que Europa entera es muy pequeña y que sus intereses y amenazas nos igualan a todos. No es una mala lección para sus seguidores. Con un simple volcán, algo más prosaico que la muerte. Afortunadamente.