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Díaz Ferrán, marxista

Ignacio Martínez | 27 de diciembre de 2009 a las 11:18

Un grupo heterógeneo y multinacional de jueces nos ha proporcionado algunas de las noticias más sonadas de los últimos días del año. Uno de Londres ha embargado los aviones de Air Comet y ha precipitado la quiebra de la compañía del presidente de la CEOE, Díaz Ferrán, que es hoy un personaje en boca de todos: en un desliz ha emulado al mayor de los Hermanos Marx, cuando dijo que él no volaría con Air Comet a ningún sitio. La cosa tiene guasa, pero ninguna gracia. La frase de Groucho es muy parecida. Y más simpática, dicho sea de paso: nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como él.

Y menos gracia todavía tiene la sentencia que un juez norteamericano le ha impuesto a una madre española que tiene a su hija en Valencia y se niega a entregarla a su padre. Un asunto para autoridades judiciales más flexibles: resulta que ambos cónyuges, después de un mal divorcio, tienen la custodia de su hija, otorgada por dos sentencias contradictorias de tribunales de sus respectivos países. Si nadie media, esta mujer va a pasar 14 años en prisión y su hija va a crecer sin padre ni madre. Un caso desconcertante: si en vez de norteamericano el ex marido fuese un árabe, de Siria, Palestina, Egipto o Marruecos, pongamos por caso, ya estaríamos con la cantinela del choque de civilizaciones, el machismo musulmán y los regímenes poco democráticos. Pero no, esto pasa en el moderno Estado norteamericano.

No hay nada peor que un mal divorcio. Un juez de Familia de Sevilla se ha ganado la protesta general de organizaciones feministas por señalar que no se hacen estadísticas oficiales de los hombres muertos por sus parejas, ni sobre las mujeres que hacen falsas denuncias de malos tratos. Francisco Serrano, como otros colegas, insiste en la mediación familiar para que la ruptura no sea traumática. Se le ha denostado, pero no parece un magistrado del estilo del juez Calamita, inhabilitado durante diez años por el Tribunal Supremo por dejarse llevar en sus decisiones por sus ideas homófobas.

Pero el despropósito no es exclusiva de los jueces. El jefe de la CEOE se agarra al sillón, impasible ante su descrédito. Eso sí, tiene la oportunidad de superar a Groucho. Podría decir que él nunca pertenecería a una asociación que le tuviera como presidente. E irse, a continuación.

El alcalde de El Ejido, extraño compañero de cama del PSOE

Ignacio Martínez | 21 de octubre de 2009 a las 9:21

 

Ya tenemos nuevo nombre que añadir a la acreditada lista de escándalos que componen Ballena Blanca, Troya, Malaya, Astapa o Gürtel. Poniente. Simple, en comparación con los anteriores, pero funciona. Funciona también el Estado de Derecho. Un juez, con la ayuda de la Policía, investiga los detalles de otra presunta trama de corrupción municipal, esta vez en el El Ejido (Almería). Hay 20 detenidos, entre ellos el alcalde, Juan Enciso, mundialmente famoso por su dudoso papel en los ataques xenófobos contra inmigrantes en febrero de 2000, cuando era destacado militante del Partido Popular. De aquellos días es una frase que le atribuye SOS Racismo: “A las ocho de la mañana todos los inmigrantes son pocos; a las ocho de la noche, sobran todos”. Enciso se salió del PP por la derecha y montó su propio partido que tuvo un resultado excelente en las municipales del 2007; el Partido de Almería fue la tercera fuerza política de la provincia, con 22.500 votantes (8%), 61 concejales y mayoría absoluta en cinco ayuntamientos. En El Ejido sacó el 52% de los votos.

Lo sorprendente de esta historia es que ese partido formó una coalición con el PSOE para gobernar la Diputación provincial. Los socialistas hicieron numerosas concesiones a los dos diputados del PAL: les dieron rango de vicepresidentes y les encomendaron tareas tan delicadas como Hacienda y Obras Públicas. Claro que para compensar hicieron también vicepresidentes a siete socialistas. Siempre pensé que era exagerado que el Parlamento Europeo tuviese 14 vicepresidentes; pero, en fin, con 736 diputados ya puede, si se piensa que la Diputación de Almería tiene nueve vicepresidentes entre sus 27 diputados. No es la primera vez que muestro aquí mi sorpresa por semejante acuerdo contra natura.

Aquel pacto confirmó el dicho británico de que la política hace extraños compañeros de cama. ¿Quién era el secretario general del PSOE en Almería que fraguó el acuerdo? ¿Quién fue el secretario de Organización regional que le dejó? ¿Qué secretario general del partido lo consintió? No se preocupen, ni Soler, ni Pizarro, ni Chaves darán explicaciones. Y si las dieran serían tan creíbles como las de Rajoy la semana pasada cuando intentó sin éxito convencer al país de que Costa debía abandonar su puesto en el PP valenciano, por los mismos motivos por los que Camps debía sin duda permanecer en sus cargos. Los Hermanos Marx lo dirían mejor que unos u otros: “La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte”. Esa sería la respuesta más airosa en ambos casos.

No me explico por qué con reiterada dejadez el Partido Socialista se empareja con personajes tan poco recomendables como dos lugartenientes de Gil en Manilva y Estepona, o Enciso en Almería. Aunque quizá haya una explicación marxista: “No es la política la que hace extraños compañeros de cama, sino el matrimonio”. Lo dijo Groucho.