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Ricardo Serra: “Andalucía ha renegado de lo agrario; piensa más en las nuevas tecnologías”

Ignacio Martínez | 30 de enero de 2010 a las 10:16

Este ingeniero agrónomo dirige una explotación familiar en Cantillana (Sevilla). Aquí ha modernizado su plantación de cítricos, con distintas variedades de naranjas que le permiten producir seis meses al año. Su experiencia en el extranjero y su dominio del alemán, inglés y francés le han convertido en el interlocutor de Asaja en Bruselas. Ricardo Serra es presidente de Asaja en Andalucía, vicepresidente de la ejecutiva nacional y vicepresidente del influyente Comité de Organizaciones Profesionales Agrarias de la Unión Europea.

-¿Andalucía vive de espaldas al campo?

-Más allá de una serie de gestos, no se puede decir que la cuestión agraria esté en el centro del debate social en Andalucía. En las declaraciones de los políticos o en el discurso del presidente de la Junta sobre la economía sostenible no hay una apuesta decidida por la agricultura como uno de los elementos importantes para salir de la crisis.

-Pero Andalucía es una potencia agraria europea.

-La producción final agraria supera un año normal los 10.000 millones de euros. Muchos pueblos andaluces no tendrían sentido desde el punto de vista económico sin la agricultura. Y tenemos una potente agroindustria. No comprendemos por qué estamos ausentes del debate económico sobre el futuro.

-Yo no sé quién es el responsable de agricultura en el PSOE andaluz, ni el experto agrario del PP. ¿Y usted?

-Pues yo tampoco lo sé. Nuestra relación con los socialistas se establece con las consejerías de Agricultura y Medio Ambiente. Los partidos no nos consultan de manera constante por nuestras preocupaciones.

-¿Y qué les diría?

-Que en Andalucía desde el punto de vista institucional se ha renegado de lo agrario, porque se ha pensado más en las nuevas tecnologías. Por eso las infraestructuras están en un estado tan penoso.

-¿Qué infraestructuras?

-Hace falta un Plan E, o un Plan R para mejorar las infraestructuras rurales en Andalucía. Los caminos están en un estado penoso. El acceso a las nuevas tecnologías debería ser en las zonas rurales equiparable al de las ciudades. Internet no llega con facilidad al campo. O no hay banda ancha o llega nominalmente pero no en la práctica.

-Y además de caminos rurales y autopistas de la información, ¿qué más echan de menos en el campo?

-Más seguridad. La mayoría de los ayuntamientos fuera del casco urbano no quieren saber nada de la seguridad en el ámbito rural.

-En la comarca de Antequera roban remolques de aceitunas.

-Ocurre en todas partes. Y además ha variado el objeto del robo, ahora está más dirigido hacia la infraestructura. Un transformador de alta tensión que está en el campo, lo tiran al suelo para robar el cobre. Los ladrones van a sacar en el mercado negro 150 euros por lo robado y le hacen un daño al agricultor de más de 6.000. Roban los aspersores de aluminio de los riegos para picarlos y venderlos por dos pesetas…

-¿Han evaluado el importe de lo robado en un año?

-Es difícil de saber, porque los agricultores no denuncian, convencidos de que es inútil. Hay unas 100 denuncias mensuales en cada provincia, pero creemos que no son más que el 10% de la realidad. Igual que están vigiladas las calles debería estar vigilado el medio rural. La Guardia Civil cumplió durante muchos años esta función; había una presencia que se notaba.

-¿Hay menos guardias civiles?

-Ahora vigila el Seprona [Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil]. Pero cuando vienen es para ponerte una multa por el incumplimiento de alguna de las obligaciones de carácter medioambiental. Que está bien, pero deberían venir también para que no nos tiren el transformador o para que no se lleven los tubos del riego.

-Uno de los problemas del campo andaluz es el envejecimiento de sus agricultores.

-España tiene los peores índices de la UE. Los agricultores europeos con menos de 35 años son más del 6%, pero en España no llegan al 4,5%. Y los de más de 65 años son el 34% en la UE, pero más del 36,5% en España. Y el porcentaje andaluz es como el español.

-Uno de cada tres agricultores andaluces tiene edad para jubilarse.

-Más de uno de cada tres. Es alarmante.

-No hay afición.

-La pensión es escasa, muchos agricultores no se pueden jubilar porque no tendrían de qué vivir. Y no pueden dejarle el negocio a sus hijos. Es muy fácil convencer a los jóvenes de que vayan a la ciudad. Sin embargo, la vuelta de la ciudad al campo es muy difícil que ocurra.

-¿Hay apuros financieros?

-Es difícil conseguir liquidez en condiciones razonables. Pero peor es el problema de los precios. En cereales, oleaginosas y proteaginosas los precios son los de hace más de veinte años.

-Se ha producido una enorme concentración de la demanda y sigue muy atomizada la oferta.

-No hay relación entre lo que un agricultor recibe por las naranjas, tomates o pimientos y lo que este producto vale en el lineal. El reparto del beneficio no es equitativo. La dura competencia que hay entre las grandes compañías de distribución se hace a costa del último de la cadena, que es el agricultor.

-Podrían concentrar la oferta.

-El agricultor tiene pocas posibilidades para hacer frente a la gran distribución. Son productos perecederos y el margen de negociación es estrecho. El agricultor debería asociarse en una organización de tal magnitud que sería inviable.

-Otro problema es el cobro. Han cambiado las costumbres.

-Antiguamente, en productos perecederos el cobro era inmediato. El término que se utilizaba era a culo del camión; el camión está pesado, el producto está ahí, pues tanto.

-Cuando se daban la mano, con el trato se daba ya una cantidad.

-Sí, como señal y parte, podía ser un 20%. Pero ahora se cobra a 30 días en el mejor de los casos. Hay gente que propone pagar unas patatas entregadas el 1 de junio con un talón del 12 de octubre.

-Hay otro método de cobro llamado ya te veré. Suena inquietante.

-También llamado en Levante a resultas. Es el peor. Se llevan tu naranja y dentro de tres meses te la liquidan a lo que les dé la gana. Es un sistema que se ha impuesto mucho en cítricos en la parte de Levante y que empieza a implantarse aquí.

-¿Ha descendido el valor de la producción final agraria en 2009?

-Casi un 7%. Han sido 9.750 millones de euros, frente a 10.450 del 2008. El máximo de la última década se alcanzó en 2004 con 11.350 millones.

-¿Por qué ha ocurrido?

-Por varias razones. La primera, por la bajada de los precios. En el año 86, cuando España entró en la Unión Europea, el precio del maíz grano era de unas 32 pesetas el kilo. El año pasado estaba a 24 pesetas. Si a eso se le mete la inflación, estamos vendiendo por debajo de la mitad que hace 25 años. Otro problema ha sido la sequía. Y en tercer lugar, hay menos intensidad en la producción.

-Se han modernizado las estructuras, con ayudas europeas.

-Los regantes de manera especial. Y eso va a suponer una gestión más adecuada del agua.

-La directiva marco europea obliga a cobrar el coste real. Y hay que pagar el agua que se utilice, con contador individualizado.

-La mayor tecnología del sistema implica mayor gasto energético. Eso unido a la desaparición de la tarifa de riego, ha producido un incremento en los costes.

-Tenemos una agricultura excesivamente intensa en agua, insostenible uno de cada cinco años.

-Hay que replantearse la política hidráulica. El mes pasado ha caído el agua de un año; Andalucía tiene periodos de sequía y de lluvias intensas. Hay que mejorar la gestión y el uso del agua, pero también aumentar la capacidad de nuestros embalses. Y poner en marcha lo que tenemos: en la ampliación de La Breña [Córdoba] no funciona el sistema de bombeo; ni siquiera se han licitado las tuberías.

-Usted propugna un sistema privado de almacenamiento de agua.

-Hemos insistido mucho, pero no nos dejan. En los márgenes del Guadalquivir, los agricultores podrían construir balsas, con un sistema controlado y vigilado por la Administración. En los momentos de avenidas fuertes se llenarían las balsas, para poder regar durante el verano. En vez de grandes presas, muchas pequeñas balsas.

-¿Y qué le dicen en la Junta?

-Uno de los dogmas de la política hidráulica en Andalucía es que hay que organizarnos con lo que tenemos, gastando menos. Nosotros decimos que tenemos que mejorar nuestra eficacia, pero no es suficiente, porque la agricultura del futuro es la agricultura del riego: da empleo, genera riqueza y fomenta el valor añadido.

-Marruecos es una de las pesadillas del agricultor andaluz.

-Marruecos va a ser siempre nuestro competidor. Lo que pedimos es equidad en la competencia. A mí no me pueden pedir que cumpla 152 normas medioambientales compitiendo con un señor que no cumple ninguna. Ni me pueden reducir los productos fitosanitarios de 800 epígrafes a 200, con lo que muchos cultivos sobre todo andaluces quedan fuera de la protección, y competir con un señor que utiliza los productos prohibidos.

-¿Por qué dice “sobre todo andaluces”?

-En productos fitosanitarios hay dos grandes bloques: los fungicidas que controlan los hongos en las zonas frías y los insecticidas que controlan los insectos en las zonas cálidas del sur. Y el grueso de la limitación en la UE se ha centrado en los insectos. El agricultor almeriense que sufre esa restricción compite con un marroquí que sí puede utilizar los insecticidas.

-Estamos en pleno chequeo de la política agraria común. La PAC tuvo el 80% del presupuesto de la UE en los años 70 y en 2020 estará cerca del 30%.

-Tenemos tres problemas. El primero es la presión del Reino Unido y Suecia, con la República Checa y Malta en segundo plano, para que se reduzcan los fondos agrarios. El segundo es la batalla que darán los países del este para sacar provecho en la nueva situación. El tercero es que hay que abandonar el complejo de culpa por tener una política agraria y no estoy seguro de que tengamos los líderes adecuados en la Europa actual para hacerlo.

Isla Cristina y Baena: la violación como un juego de niños

Ignacio Martínez | 20 de julio de 2009 a las 11:16

En Isla Cristina, la Guardia Civil ha detenido a siete menores por la violación de una niña de 13 años en la playa de esta localidad onubense, en la madrugada del sábado. El jueves se supo que en Baena (Córdoba) otros cinco menores y un mayor de edad, violaron a otra niña de 13. Ayer era el cumpleaños de la sevillana Marta del Castillo, que habría cumplido 18 años. Su asesino confeso no ha querido decir qué hizo con su cadáver. El canalla en cuestión ha cambiado el relato de lo ocurrido según le ha convenido, incluida una supuesta doble violación antes de acabar con la vida de la que fue su novia.

Los protagonistas de estos sucesos se parecen en una cosa: tienen una escasa conciencia del daño que causan. Los de Baena estaban extrañados de tanto jaleo por una simple violación. Aunque, por ser más preciso, fueron seis, cuatro primero, y dos más tarde en otro sitio. Casi como un juego. Un juego de niños; entre ellos había un menor de 13 años que está por debajo de la edad de responsabilidad penal. Es el mismo caso de dos de los siete violadores de Isla Cristina.

Estos niños no son extraterrestres. Han nacido aquí, en plena democracia, en un régimen de libertades. Viven en la parte más desarrollada y próspera del mundo. En una región en la que se ha erradicado el analfabetismo, en la que la sanidad y la educación son universales y gratuitas. Y, sin embargo, el abuso de la dignidad de las mujeres sigue siendo cotidiano en la Andalucía de hoy como bajo la Dictadura, cuando éramos una región subdesarrollada, con un alto índice de iletrados. El Defensor del Pueblo de Andalucía critica que haya menores inimputables tras violar a una niña.  

Quiero pensar que no es tan frecuente, pero no avanzamos. Les pongo un ejemplo que me ha impresionado. El comentario de Tacho Rufino en su blog sobre cómo media docena de adultos acosaron a una muchacha que pasaba delante de ellos en una zona céntrica de Sevilla a plena luz del día. No se lo pierdan. Eran trabajadores de una contrata de mantenimiento de infraestructuras municipales. Estaban descargando un vehículo y pasó por la calle una muchacha de unos 16 años, joven, bien parecida, discreta y vestida normalmente, según el relato de Tacho, testigo de los hechos. Le gritaron, entre risas divertidas, todo tipo de groserías y bajezas. Era casi como un juego. Uno de ellos, con edad quizá de ser su padre, la rodeó con los brazos, sin tocarla, mientras le metía la cara sobre la de ella para soltarle una frase soez.

¿Cuántos casos así vemos todos los días, y no decimos nada? ¿Cuántos casos así ven por la calle los futuros violadores menores de edad, sin responsabilidad penal alguna?

El ‘camorrista’ indeseable

Ignacio Martínez | 18 de mayo de 2009 a las 10:41

Un fiscal de Nápoles dijo ayer que España se ha convertido en un lugar de almacenaje de estupefacientes. Elogiaba la colaboración de jueces y policías españoles, tras la detención el sábado en Marbella del capo de un clan de la Camorra napolitana, especializado en el tráfico de hachís entre España e Italia. El fiscal añadía que ha mejorado mucho la cooperación entre los dos países contra el crimen organizado en los últimos años.

Exagera un poco. Por la Costa del Sol pasa la droga, no se almacena. Se trata de uno de los enclaves de paso de hachís más importantes del mundo, por eso pulula por aquí tanta mafia. Tenemos todos los ingredientes: un destino turístico al que acuden millones de extranjeros, entre los que es fácil confundirse; un emporio inmobiliario en el que ha sido cómodo blanquear dinero negro; un paraíso fiscal como Gibraltar, a pie de obra. Y a 15 kilómetros de nuestra costa, la pequeña Colombia marroquí, el cuadrilátero del Rif que forman Tetuán y Alhucemas por el norte y Taunat y Taza por el sur, en donde hay 100.000 hectáreas dedicadas al cultivo del cáñamo índico, en las que se pueden cosechar unas 2.500 toneladas de hachís al año.

Pequeñas bandas marroquíes se han hecho con el negocio del paso del Estrecho. Las organizaciones criminales europeas que distribuyen esta droga por el continente, como la del camorrista detenido, ya no compran la mercancía en el país magrebí, sino en España. Un hachís de buena calidad puede costar 900 euros el kilo, puesto en el campo rifeño; un precio que sube a 1.300 desembarcado en Andalucía y no deja de aumentar a medida que se sitúa más al norte. En Amsterdam, al por mayor, puede alcanzar los 3.000 euros, que hay que multiplicar por seis, siete u ocho en la venta a los consumidores. El potencial exportador de la mariguana desde las costas andaluzas supera los 3.000 millones de euros anuales, ahí está el problema. Además, la Policía cree que sólo logra interceptar una parte pequeña del hachís que llega a las costas andaluzas.

Bandas de todas las nacionalidades intentan invertir aquí en negocios legales. Sólo la provincia malagueña acumula más comisiones rogatorias de jueces extranjeros, contra el blanqueo de dinero, que todo el resto de España junto. La presión policial y judicial ha sido grande, no sólo nacional. Con frecuencia, policías escandinavos, holandeses, italianos, franceses o británicos siguen en la Costa investigaciones iniciadas en sus países. En 2007 la Unidad de cooperación judicial de la Unión Europea, Eurojust, convocó a magistrados, fiscales, policías y guardias civiles con responsabilidades en Málaga para mejorar la colaboración transfronteriza. Dijo ayer el fiscal italiano que la eficacia ha aumentado. Para estas cosas tan cercanas e importantes sirve la Europa convocada a las urnas el 7 de junio.

El doble de ‘El Solitario’

Ignacio Martínez | 23 de mayo de 2008 a las 11:10

Solitario y etarra

López Peña, el número uno de ETA detenido en Burdeos, tiene un doble. Es clavadito a Jaime Giménez Arbe, el atracador conocido como El Solitario. Siempre me han llamado la atención los apellidos genuinamente castellanos de alguno de los más sanguinarios matones de ETA. Si se llamase López Peña el máximo jefe de los comandos del IRA irlandés sorprendería lo mismo que ver a un hijo o nieto de la reciente emigración al País Vasco convertido en el fanático defensor de supuestos derechos seculares de los que su familia no tiene noticia. En fin, que no es ni de los López ni de los Peña de toda la vida de dios de Galdakao.

Pasa lo mismo con Carod-Rovira: se lamenta de la derrota de las tropas catalanas el 11 de septiembre de 1714 a manos del Ejército de Felipe V, pero su padre era un guardia civil aragonés. Y supongo que sus primos aragoneses le dirán José Luis, como la cosa más normal del mundo, con unos disgustos monumentales por parte de su pariente independentista catalán, que no podrá comprender que sepan que se llama Josep Lluis “hasta en la China popular” y no lo conozcan al otro lado del Ebro. La comparación es odiosa, pero también ocurre aquí en Andalucía, cuando alguien conocido de La Línea se casa con un/a gibraltareño/a y desde el día siguiente se dirige a sus antiguos amigos o vecinos diciendo con suficiencia “nosotros los británicos…”.

Pero el caso de López Peña es digno de estudio. El parecido entre el atracador Giménez Arbe y el jefe etarra con nombre de maqueto y sueños de gudari aporta una contribución inestimable a la investigación científica de un determinado biotipo de delincuente común, que podemos bautizar como APPP: altamente peligroso y profundamente perturbado. Recuperen alguna foto de El Solitario. Reparen en esa mirada de loco con ojos claros, su cara, los mofletes sonrosados, el pelo negro alborotado, los gritos chulescos o sus gestos bruscos y estamos ante un gemelo del gudari maqueto López Peña. Además, los dos tienen la misma edad, alrededor de 50 años, y ambos están algo fondones, la verdad.

La parte dramática es que estamos ante asesinos desalmados, con coincidencias fatales. Juan Manuel Piñuel, la última víctima de la banda terrorista gobernada por López Peña, es un guardia civil con casa y familia en Málaga, aunque destinado en la localidad alavesa de Legutiano, donde lo mataron la semana pasada. Y El Solitario está acusado de la muerte de dos guardias civiles no lejos de allí, en el pueblo navarro de Castejón, en 2004. Dos jóvenes acribillados a tiros, un asturiano de 31 años y un andaluz de 29, nacido en Cádiz y criado en Málaga, que se llamaba Juan Antonio Palmero. Los responsables de esas muertes, tan parecidos en su físico, crímenes, ideas y estado mental, comparten también ahora su destino. La cárcel.

 (En la primera imagen está El Solitario, y en la segunda López Peña, con gafas)

El año de las ratas

Ignacio Martínez | 16 de mayo de 2008 a las 15:20

Ibarretxe2

Náusea. Es el sentimiento ante la muerte de un guardia civil en la mitad de su vida posible. Una muerte cruel, inútil. Que deja una mujer viuda, a un niño de seis años huérfano, a una familia destrozada; al barrio malagueño de El Palo, conmocionado; a todo el país sumido en un profundo hastío. Y todo para nada, absolutamente. En su enajenación, estos perturbados se han inventado la causa de un pueblo sojuzgado y han decidido negar la libertad y la vida a todos los que no piensen como ellos. Es el año chino de la rata. Y el año vasco de las ratas que vuelven a intentar matanzas como la de hace 21 años en el cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza, en donde asesinaron con un coche bomba a once personas, entre ellas cinco niñas de entre 3 y 12 años. En el cuartel que vigilaba Juan Manuel Piñuel, recién llegado de un permiso en Málaga, dormían 29 personas, entre ellas cinco niños. Aquí hay un asesinato y 28 homicidios en grado de tentativa. Por fortuna, los cuatro heridos están fuera de peligro.

En China acaba de haber un terremoto que ha causado miles de muertos, quizá más de 10.000. Nada, comparado con las 240.000 víctimas mortales que se produjeron en otro terremoto similar en 1976. En Asia se dan estas tragedias apocalípticas, como la reciente de Birmania, con 60.000 muertos. Son países en los que no hay ciudadanos, porque no hay libertades, en donde la población vive en la miseria y encima la naturaleza los castiga con saña. El tsunami de 2004 en el Océano Índico causó 230.000 muertos. Y, con todo, es mucho mayor la rabia que provoca la locura de los etarras, la muerte deliberada de 823 personas, en un país de plenas libertades, en uno de los territorios más privilegiados del planeta, con una prosperidad sin parangón. No es una catástrofe natural, inevitable. No. Es un acto cobarde y gratuito.

Celebro el comportamiento de los partidos, unidad y firmeza. A ver si dura. Y a ver si el lehendakari Ibarretxe recupera la cordura. Es muy fácil amenazar al Estado con refrendos sobre el derecho a decidir, amagando con proyectos soberanistas bajo el amparo de los coches bomba y los tiros en la nuca. Vienen mal dadas y el único consuelo es la férrea unidad de los demócratas y la convicción de que ganaremos esta batalla contra la locura. Ayer tarde fue enterrado en Málaga un joven que podría haber vivido otros cuarenta años. Estuvieron juntos los principales dirigentes políticos de Andalucía. Suscribo las palabras del presidente Chaves. Nada debe perturbar la voluntad de los ciudadanos de convivir pacíficamente y de consolidar una sociedad democrática. Tampoco las ratas.