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La guerra ha terminado

Ignacio Martínez | 1 de abril de 2009 a las 6:35

Cuando yo era niño, el 1 de abril era el día de la Victoria, con uve mayúscula. Había paradas militares y los informativos de radio y televisión, todos en manos de la Dictadura, nos recordaban que Franco escribió en 1939 aquella frase para la eternidad: “En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado”. Después de 32 meses y medio de guerra, empezó una dictadura de 36 años y medio, que en particular en sus inicios se basó en el rencor de los vencedores.

Hay que convenir que 33 años y medio después de la muerte del dictador, es absolutamente falsa la frase que los ultras pintaban en las tapias en el inicio de la transición: “con Franco vivíamos mejor”. Incluso con la crisis y el paro que padecemos, con Franco vivíamos peor. Este país ha cambiado por completo y disfruta de un bienestar que no conoció en su historia. Con todas sus carencias, que las hay, nunca ha habido en España un grado tan alto y generalizado de instrucción pública, de iniciativa privada, de asistencia sanitaria gratuita o de comunicaciones y transportes modernos.

Y hay un nivel tolerable de crispación política, aunque en este campo exista mucho camino por recorrer. En estos tiempos modernos tenemos una democracia y las discrepancias se dirimen de manera civilizada en las urnas. Por cierto, que hoy faltan exactamente nueve semanas y media (con perdón) para las elecciones europeas del 7 de junio y el patio está muy excitado. Es el erotismo electoral. Los laboratorios de análisis estratégico de socialistas y populares no paran de alumbrar ideas para dejar en entredicho al contrario. Espías, coches de lujo, torpezas diplomáticas, corrupción, ampliación de la ley del aborto, trajes de sastre, cajas de ahorro en apuros o a la gresca.

Pero en la precampaña de Europa se hablará poco. A pesar de que, desde 1986, la UE ha metido en España 100.000 millones de euros de saldo neto. Y en Andalucía 60.000 millones de euros brutos por todos los conceptos. Nuestra pertenencia a este club ha permitido la apertura comercial, tecnológica y cultural del país y lo que el profesor Ferraro llama la excusa europeísta: se ha hecho rápidamente una profunda reforma social, económica y política, con el argumento de que había que adaptarse a los países democráticos de nuestro entorno, que de otra manera habría tardado una eternidad. El euro nos ha dado estabilidad, pero con tipos de interés casi negativos y sin restricciones en el endeudamiento externo, empresas y particulares han conseguido deber al extranjero más del 100% del PIB nacional.

En campaña las situaciones escabrosas serán menos interesantes que las relaciones entre Kim Bassinger y Mickey Rourke en la película Nueve semanas y media. De manera pacífica, quedan batallas interesantes que librar para conseguir un futuro mejor. Definitivamente, la guerra ha terminado.

La ‘guerra’ del aborto

Ignacio Martínez | 22 de marzo de 2009 a las 11:34

La Iglesia ha decidido jugar fuerte contra la modificación de la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Tanto que quiere sacar la infantería a la calle: le ha pedido a las cofradías que aprovechen la salida procesional de Semana Santa para lucir lazos blancos en los palios y las cruces de guía, en señal de rechazo hacia la iniciativa gubernamental. Con independencia de la respuesta, éste es un hecho histórico por el lado de la propia infantería: las cofradías no han tenido tradicionalmente una buena relación con la jerarquía eclesiástica, en particular en Andalucía. Aun así, esta región será el escenario fundamental de la guerra del aborto: una ministra andaluza lleva adelante la reforma de la ley, y aquí es donde más base social tienen las cofradías y más impacto público alcanzan las procesiones de Semana Santa.

La tendencia general de las hermandades de penitencia es de apoyo a la jerarquía. De una u otra manera, ya se han sumado a la campaña de la Conferencia Episcopal los consejos o agrupaciones de cofradías de Sevilla, Málaga, Cádiz, Córdoba, Granada, Huelva, Jerez y Almería. En otros lugares como Valladolid, Toledo o Palencia, hay adhesiones. Y también críticas: el presidente de la junta de cofradías de Zamora ha asegurado que la posibilidad de que algunas hermandades andaluzas coloquen lazos blancos contra la nueva ley sobre el aborto le parece “absurda”. Opina que son “problemas ajenos a la Semana Santa”.

Es curioso que la avanzadilla de este movimiento sean las cofradías andaluzas, cuya relación con la jerarquía ha tenido en el pasado episodios de desconfianza mutua. Pasaron 20 años desde la constitución del Consejo de Cofradías en Sevilla en 1955 hasta que fue nombrado un seglar como presidente en 1975. Presidente que además no fue el votado abrumadoramente por las hermandades. En Málaga, después de la Guerra Civil, desavenencias entre el clero y los cofrades provocaron que los tronos empezaran a montarse fuera de las iglesias, bajo tinglados de palos y toldos, y que las imágenes iniciaran y finalizaran sus recorridos fuera de las iglesias. Incluso algunas hermandades aumentaron el tamaño de los tornos, lo que les impedía pasar por la catedral. En fin, esta campaña contra el aborto supone una reconciliación histórica entre los cofrades andaluces y una jerarquía que los ha mirado con recelo en el pasado.

En todo caso, tenga recorrido o no la campaña de la Iglesia, y consiga o no el Gobierno llevar a buen puerto el trámite parlamentario de la nueva ley, el problema sigue siendo que hay un número extraordinario de embarazos no deseados en España. El resultado es de 112.000 abortos en 2007. La última estadística andaluza, de ese año, es de 20.358, de los que una cuarta parte se produjeron en Málaga. Uno de esos abortos fue de una niña menor de 14 años, que había tenido ¡otros tres! con anterioridad. Casi dos tercios de los abortos son practicados a mujeres cuyo grado de instrucción llega como mucho a la Secundaria. Estamos ante un problema educativo y social de primer orden.

Un 51% de las abortistas andaluzas tienen entre 20 y 29 años, el 48% tiene pareja, un 56% dispone de ingresos económicos, un 55% ya ha tenido hijos antes, el 43% son reincidentes, el 97% aducen riesgo para la salud de la madre. Este es el retrato robot del problema. La escuela, la familia, los medios de comunicación tenemos una labor educativa dura y difícil por delante para reducir del número de embarazos no deseados. Es ahí donde se deberían gastar las principales energías de la sociedad y no en una nueva disputa de buenos y malos.

El chófer de Garzón

Ignacio Martínez | 21 de octubre de 2008 a las 7:52

Sobre Einstein, el científico más popular del siglo XX, corren múltiples leyendas. El Premio Nobel de Física se fue a vivir a Estados Unidos en 1933, tras la llegada de los nazis al poder en Alemania. Dio clase en Princeton y conferencias por toda norteamérica. Una de sus leyendas cuenta que, durante una gira de universidad en universidad, su chófer le dijo un día que siempre le hacían las mismas preguntas y que él se sabía las respuestas de memoria. Así que Einstein le propuso cambiar los papeles en la siguiente cita. Las preguntas fueron las acostumbradas y el chófer estuvo certero en las respuestas, hasta que una joven se interesó por un asunto nuevo. Tras un momento de desconcierto, el chófer reaccionó divinamente: “señorita, la respuesta a esa pregunta es tan fácil, que hasta mi chófer podría contestarla” y cedió la palabra al sabio.

Cuando el protagonista de una historia tiene el papel cambiado, genera en los espectadores un inconsciente sentimiento de incomodidad. Por ejemplo, no es normal ver a 15.000 guardias civiles y policías manifestarse para reclamar mejoras salariales y laborales. En este tipo de actos se suelen ocupar de la seguridad de los ciudadanos; por ejemplo, en el gravísimo problema de seguridad que se generó en el aeropuerto de Barcelona, cuando invadieron las pistas los trabajadores de tierra de Iberia. Choca verles de manifestantes, pero cuando se repasan las tablas salariales de las policías autonómicas y locales y se comparan con lo que pomposamente llamamos cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, la verdad es que hay que darles toda la razón. En todo caso, esto de sacar los uniformes a la calle, inquieta en este país, aunque la dictadura esté muerta y enterrada.

Sin embargo, el juez Garzón no se ha enterado de ninguna de las dos cosas. Ni de que los jueces no deben ser protagonistas de sus actuaciones, ni de que la guerra civil ha terminado. Se cumplen ahora diez años desde que consiguió, con un auto que parecía un brindis al sol, retener durante casi un año al general Pinochet en Londres, cuando pidió su extradición a España, acusando al dictador chileno de crímenes contra la humanidad. Ahora, el mismo juez añade un capítulo a sus obras completas con un auto en el que quiere abrir un juicio de Nuremberg contra Franco, los jefes del levantamiento militar del 18 de julio y sus ministros en los gobiernos desde el 36 al 51. Les imputa el asesinato de 114.266 personas. Nadie discute el derecho de los familiares de las víctimas de la represión franquista a una reparación moral y la recuperación de sus restos para un digno enterramiento. Pero esta causa noble no debería servir para mayor gloria de quien debe administrar justicia. El hecho de que el auto apareciera el mismo día que el juez presentaba un libro en Madrid, da una idea del sentido de la discreción que gasta el señor Garzón. Tan escaso que su chófer podría darle lecciones al respecto.

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