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Cosentino, premio Blanco White del Consejo Andaluz del Movimiento Europeo

Ignacio Martínez | 7 de mayo de 2010 a las 9:22

El miércoles 5 de mayo le entregamos en un acto en el Circulo Mercantil de Almería el Premio Blanco White 2010 al empresario Francisco Martínez Cosentino. El próximo domingo es el Día de Europa, se cumplen 60 años desde que Robert Schuman hizo su famoso discurso proponiendo la creación de la CECA que se tiene como el acto fundacional de lo que hoy conocemos como Unión Europea. Con motivo del 50 aniversario del Parlamento Europeo, el premio Blanco White instituido por el Consejo Andaluz del Movimiento europeo fue hace dos años para los 25 eurodiputados andaluces del PSOE, PP, IU y PA que ha habido en la Cámara. El año pasado los premiados fueron Alejandro Rodríguez Carrión, decano de Derecho de Málaga y catedrático de Derecho Internacional Público y Francisco Arroyo, presidente de la Audiencia de Málaga. Y el año de la crisis, ha sido para un empresario modélico. Esta es la intervención que hice en nombre del CAME en ese acto:

Señoras y caballeros. Queridos amigos.

Querido Francisco Martínez Cosentino.

Es un honor para mí poderme dirigir a ustedes en nombre del Consejo Andaluz del Movimiento Europeo, del CAME, para hacer el elogio del ganador del Premio Blanco White de este año. En el segundo año de la crisis, un empresario modélico, Francisco Martínez Cosentino

Quiero proponerles diez nombres propios, que nos llevarán hasta el protagonista de este acto. El primero es el de José María Blanco White, nieto de irlandés, nacido en la Sevilla del siglo XVIII, hombre culto, pensador, literato, sacerdote, emigrado al Reino Unido en 1810, hace justamente dos siglos, que en sus Cartas de España critica acerbamente la intolerancia y el atraso de la España de su época, y que simboliza para nosotros los valores de civilización, derechos humanos y democracia que son la señas de identidad de la Unión Europea.

Otro nombre propio es el de Winston Churchill, que fue primer ministro británico por dos veces. Sir Winston presidió el congreso de Europa de La Haya entre el 7 y el 11 de mayo de 1948. Es el momento fundacional del Movimiento Europeo. En aquel congreso participaron 750 delegados de 26 países, representantes de un amplísimo espectro político e ideológico, que planearon la fundación de una Unión Europea.

Figuras políticas centrales como Konrad Adenauer, Harold Macmillan, François Mitterrand, Salvador de Madariaga, Paul-Henri Spaak, Albert Coppé y Altiero Spinelli asumieron un relevante papel en las discusiones, realizándose un llamamiento para una unión política, económica y social de Europa.

Nuestro tercer nombre propio es Robert Schuman. El 9 de mayo de 1950, el próximo domingo se cumplen 60 años, Robert Schuman, entonces ministro de Asuntos Exteriores de la República Francesa, en un solemne discurso en el salón del reloj del Quai D’Orsay, propuso la creación de la Comunidad Europa del Carbón y del Acero, la CECA. Esta es la fecha fundacional de la Unión, el día de Europa. ¿Por qué propuso Schuman poner en común la producción de carbón y acero? Desde luego, no para reforzar el negocio siderúrgico. El discurso de Schuman empezó invocando a la paz mundial. Esas fueron sus primeras tres palabras, la paz mundial. En Europa acababa de terminar la segunda guerra mundial, una guerra civil entre europeos, en la que murieron sólo en suelo europeo nada menos de 36 millones y medio de personas, más de la mitad de ellas civiles. Y fue el horror de la guerra más cruel que ha conocido la humanidad la que llevó a poner en común la producción y carbón y acero, que era la materia prima para fabricar armamento convencional. Todos los países de Europa han hecho la guerra unos contra otros desde la noche de los tiempos.

Otro nombre propio: François Mitterrand, que fue un joven participante en el Congreso de La Haya del 48, y que en 1995, en su último discurso ante el Parlamento Europeo dijo que Francia había hecho la guerra contra todos los otros 14 países que entonces había en el Unión Europea, menos contra Dinamarca, cosa que siempre le había intrigado. Y siempre se había preguntado por qué extraña razón Francia no había estado en guerra nunca contra Dinamarca.

Quinto nombre propio, Europa. ¿Qué es Europa hoy? Sin duda un espacio de paz y prosperidad, a pesar de la crisis. Hay quien recurre, despectivamente, a la idea de que lo que tenemos es una Europa de los mercaderes. No estoy de acuerdo, en absoluto. Esta tierra es el referente en el mundo de las libertades y la democracia. Entre sus señas de identidad están el espacio Schengen, el euro, la ciudadanía europea, los intercambios universitarios Erasmus, los fondos para el desarrollo regional, la Política Agraria común, los derechos sociales. Y de un mercado único en el que la libre empresa, la iniciativa privada, genera riqueza y financia con sus impuestos un estado del bienestar. ¿Qué es Europa hoy? A mí me gusta pensar que Europa es una nación. En un mundo globalizado la única posibilidad que tenemos los europeos de ser una potencia mundial a la altura de Estados Unidos o China es actuar unidos.

El sexto nombre propio que los propongo es Andalucía. Si Europa es una nación, España, Francia o Italia serían regiones de Europa. Región es un término magnífico, elástico, neutro. Lo que permite pensar en Andalucía, Cataluña o el País Vasco como comarcas de la región española. Esto no es sólo una licencia literaria. Este sentido integrador vale al mismo tiempo para Andalucía, que es más que sus ocho provincias, y para España, que es más que sus 17 comunidades autónomas, y para la Unión Europa, que es más que sus 27 países.

La experiencia de los últimos 60 años en Europa nos ha enseñado a superar los localismos y los nacionalismos. Después de 30 años de proceso autonómico no me imagino a Andalucía sin Almería. Y quizá no se den cuenta desde este extremo oriental de la región andaluza, de la importancia que ustedes tienen para el resto de los andaluces. No es una cortesía decir hoy aquí que Almería es una parte imprescindible de Andalucía: por su carácter levantino emprendedor, los almerienses y Paco Cosentino es un ejemplo palmario, tienen la cultura del emprendimiento. Aquí han florecido pequeños negocios, pequeños bancales, pequeñas canteras, mientras que en otras artes de Andalucía y el resto de España la ilusión era ser funcionario. Su cultura de la competencia ha permitido a Almería primero sobrevivir y después convertirse en un emporio turístico, agrícola y de la industria de la piedra. Y en ese terreno de la iniciativa y del riesgo tenéis muchas cosas que enseñarnos al resto de los andaluces.

Octavo nombre propio, Macael. Este pueblo de la comarca del Almanzora es una de las modernas leyendas de Andalucía. Un pueblo con las aceras de mármol. Y es una leyenda desde que Paco Consentino entró en 1982 como presidente de la Asociación de Empresarios del mármol y tuvo la genial idea de fletar un autobús un año después para ir a la Toscana y al Véneto en Italia, a visitar canteras, ver fábricas y maquinaria. Así pudieron conocer lo que hacían sus colegas en Carrara, por ejemplo. En 1984 repitieron la operación en Alemania. Y en ambos casos descubrieron que había máquinas, técnicas más avanzadas de las que ellos utilizaban. Paco Cosentino repite siempre que viajar es fundamental, se buscan socios, colaboradores, amigos, se encuentran oportunidades de negocio. Y así en Macael en los últimos 30 años han pasado de las lápidas y las encimeras de mármol a tener una de las industrias más prósperas, innovadoras y exportadoras de España.

El noveno nombre de mi cuadro de honor es Eduarda Justo. La madre de Paco, y si me permiten una licencia personal, el secreto de la pirámide. Tenía una pequeña tienda en la que vendía de todo, y que supuso buena parte del sostén económico de la familia. Que era continuación de la que puso su padre, que procedía de la provincia de Granada y se apellidaba Justo Vallejo. Desde muy chuiquitilla, con 9 o 10 años, ya se subía en un cajón para vender en el pequeño negocio del abuelo granadino de los hermanos Eduardo, Pepe y Paco Martínez Cosentino. Paco califica a su madre cariñosamente de ardilla y se siente heredero de su espíritu emprendedor.

Y el décimo nombre propio es el de Eduardo Martínez Cosentino. Era hijo de un modesto empresario de la piedra, que se casó con la hija de unos caldereros italianos, venidos a Cuevas en el XIX, al calor de las minas. El apellido Cosentino, marca de la compañía, procede de Escalea, en el sur de Italia, a medio camino entre Nápoles y la punta de la bota italiana. Si Blanco White era nieto de irlandeses, Eduardo Martínez Cosentino era nieto de italianos. En Macael explotaba una pequeña cantera, de la que hizo cargo Paco en 1971, para constituir más tarde la sociedad Mármoles Cosentino en 1979.

Este decálogo básico nos lleva a nuestro protagonista. Lo decía al principio. En el segundo año de la crisis, un empresario. Francisco Martínez Cosentino es el presidente de una empresa familiar de capital íntegramente andaluz, que es líder mundial en superficies de cuarzo y mármol. Una compañía moderna, innovadora, con una potente actividad exportadora. De la docena de premios distintos que tiene Cosentino, cuatro de ellos son por la internacionalización. La empresa factura 340 millonesde euros al año, dos tercios de los cuales son ventas en el extranjero. Estamos ante una empresa global, con 2.000 trabajadores, casi la mitad fuera de España. Una compañía implantada en más de 50 países de todo el mundo, que en particular en el último lustro ha realizado una intensa expansión en los mercados europeos, después de haber conseguido el liderazgo en Estados Unidos y Canadá

Las últimas delegaciones que ha abierto este mismo año son las de Lyon en Francia, Viena en Austria y Dublín en Irlanda. Lo que completa una red de 37 distribuidores propios en la Unión Europea, de los que 20 están en España. Tiene también cuatro en Alemania, tres en el Reino Unido, y dos en Francia e Italia.

En el momento en el que empezó un cierto euro escepticismo en España, Cosentino apostó por Europa, con inversiones de 10 o 15 millones al año. Desde Almería, desde el parque empresarial de Cantoria, en el valle del Almanzora. Lo que hay allí no es una fábrica, sino un auténtico polígono industrial, con once líneas de producción de Silestone y otras tres fábricas, entre las que se encuentra la fábrica de mármol más grade del mundo. Todo el Silestone que se vende e instala en el mundo, unas 3.000 encimeras al día, se fabrica allí. Pero el complejo de Cantoria va a crecer en los próximos meses con cinco nuevas fábricas, que supondrán una inversión de 128 millones de euros. La compañía también tiene una fábrica de piedra en Brasil.

Después de convertir Macael en una leyenda andaluza, Francisco Martínez-Cosentino se convirtió en una leyenda mundial. El 5 de febrero de 2005: gastó cuatro millones de dólares (600 millones de pesetas) de golpe en un anuncio en la cadena FOX. 140 millones de espectadores en Estados Unidos, y 80 en el resto del mundo, seguían la final del campeonato de fútbol americano, la Super Bowl, entre Detroit y Dallas. Al inicio del segundo cuarto salió el medio minuto de silestone.

Además de un empresario audaz, Paco es un hombre casero; a pesar de que pregona la importancia de viajar. Hay muchos más nombres propios en su enciclopedia vital. Desde luego el de Pilar, su mujer, sus hijos, sus colaboradores, sus amigos, algunos de los cuales están hoy aquí presentes. Él hace el esfuerzo que haga falta, en tiempo y dinero, para dormir en su casa todas las noches. Es capaz de levantarse a las cuatro y media de la madrugada para acudir a una reunión en Sevilla. Pero en todo caso recomienda a los empresarios viajar y ver mundo. Y ha predicado con el ejemplo, aunque no le complazca.

Es un hombre precoz, hizo muy joven la carrera de Magisterio y el servicio militar voluntario en Aviación, para terminar pronto. Con 17 años emigró a Barcelona, donde ejerció de maestro. A los 21 volvió a Almería y se hizo cargo del negocio familiar, con sus dos hermanos. Fue concejaldel Ayuntamiento de Macael en los 70, en los últimos años del franquismo y los primeros de la democracia. También ha sido presidente de la Cámara de Comercio de Almería. Lleva diez años de éxito, pero antes lo pasó bien, regular y mal durante 30. Tres veces se arruinó en el 73, en el 77 y en el 92 con la aventura del marmolstone, en la que perdió 1.500 millones de pesetas.

Paco es un hombre del mundo, por eso quizá se ha adaptado tan bien a la economía global. Descendiente de italianos, de árabes, de judíos por su abuelo Vallejo, de castellanos con su apellido Martínez, y está muy satisfecho de ese mestizaje que es también muy andaluz y muy europeo. Es un hombre tranquilo y sabio, que cita con soltura a diversos gurús económicos mundiales, que conoce bien. Pero él mismo tiene mucho de filósofo, aunque lo niegue. Después de un día tan tormentoso como ayer en los mercados financieros, espero que pueda ahora decirnos cómo ve la situación de la economía mundial y hacia donde va Europa.Estoy convencido de que nos tranquilizará.

Querido Paco, es un honor para nosotros que hayas aceptado el premio Blanco White 2010. Muchas gracias por tu trabajo. No existe ningún gran país sin grandes hombres, ni ningún gran proyecto sin pioneros. Ahora que se habla mucho de un cambio de modelo económico para ir a un sistema de producción menos especulativo, más innovador y más exportador tú eres un ejemplo y un orgullo para todos nosotros. Enhorabuena. Muchas gracias en nombre del CAME y de todos los andaluces”.

Griñán, el hombre tranquilo

Ignacio Martínez | 12 de abril de 2009 a las 16:34

El político más famoso del mundo, el presidente Obama, tiene prestigio de gran orador. Sus discursos se cuelgan en YouTube como si fueran canciones de culto, con millones de visitas. Pero Obama no escribe sus discursos. Se los hace un jovencito de enorme talento, Jon Fravreau. De hecho, pocos políticos escriben sus discursos; el dramaturgo y político checo Václav Havel es una de esas excepciones. Otra es José Antonio Griñán. El vicepresidente económico del Gobierno andaluz y candidato ‘in pectore’ a la Presidencia de la Junta no es economista, sino un hombre de letras. De hecho, quiso estudiar la carrera de Filosofía y Letras en los años 60, pero su tío Rafael Martínez Emperador, hermano menor de su madre, le recomendó que hiciese Derecho y preparase oposiciones a inspector de Trabajo.

Con 23 años sacó esas oposiciones con el número tres de la promoción de 1969. Con su tío trabajó cuando era director general de la Seguridad Social a mediados de los 70. Martínez Emperador fue asesinado por ETA en 1997 cuando era magistrado de la Sala de lo Social del Supremo. Un atentado que ha marcado su vida, como otros hechos menos dramáticos y más antiguos. Por ejemplo, una novela que leyó a finales de los 60, que es la que más le ha impresionado; ‘Guerra y paz’ de Tolstói. Es un dato relevante en una persona que lee cuatro o cinco libros al mes. Griñán es un gran lector y un cinéfilo empedernido. En particular del cine negro de los 50: hay películas que es capaz de explicar plano a plano y recitar todos sus diálogos.

Otra de sus grandes aficiones es la ópera. Se sabe de memoria obras completas, y se atreve a cantar alguna pieza. Ha utilizado con frecuencia este recurso para relajar a su equipo en los duros momentos de preparación de los presupuestos, cuando las cuentas no cuadran y aumenta la presión de las consejerías. Tiene la colección completa de los discos de Alfredo Kraus, con quien tenía una relación de amistad. Por cierto, que la redacción de los presupuestos de este año le ha costado fuertes críticas de la oposición, con razón, por su pretensión de que en 2009 subiría el PIB andaluz un 1%. Él se ha justificado con un dossier lleno de previsiones optimistas de organismos internacionales. Pero lo cierto es que mientras con esos datos Solbes y Griñán aventuraron un crecimiento para España y Andalucía, a su correligionario catalán Antoni Castells le salieron las cuentas de una recesión en Cataluña. Y acertó.

Aunque nacido en Madrid en 1946, José Antonio Griñán está muy vinculado a Andalucía. Es hijo de malagueña, marido de una sevillana, María Teresa Caravaca, y diputado por Córdoba. Dos de sus tres hijos, Ana y Miguel, nacieron en Sevilla, que fue su segundo destino como inspector de Trabajo en 1974, después de Zaragoza, donde nació su primogénito Manuel. Ahora tiene tres nietos y una nieta. Dos de su hijo mayor, residente en Madrid y casado con una gallega, vinculación que ha generado una amistad con sus consuegros, que le lleva a veranear todos los años a la tierra de su nuera. De su hija, que vive en Sevilla, tiene un nieto y una nieta. Sus allegados lo encuentran feliz de ser abuelo, tanto que era su argumento recurrente para negar cualquier posibilidad de aspirar a la Presidencia de la Junta.

Su parentela gallega ha ejercido influencia en su dialéctica. Hace un año, cuando comenzó su andadura el actual gobierno en funciones resolvía de manera galaico-teológica a la posibilidad de que Chaves no terminara la legislatura en el cargo: “Puede ser que sí y puede ser que no. En todo caso, es como Dios; si existe no interviene en la marcha del mundo. La eventualidad de un relevo es igual; no afecta a la marcha del Gobierno”.

En la época en que llegó a Sevilla, al final de la dictadura, fue uno de los firmantes del documento de los 500, un escrito en el que por primera vez un grupo de altos funcionarios del Estado pedían democracia y amnistía. En esos años colaboró, junto a Joaquín Galán y su compañero de promoción Enrique Vila, con los despachos de Capitán Vigueras (Felipe González, Rafael Escuredo, Manuel del Valle, Ana María Ruiz Tagle…) y de José Julio Ruiz, vinculados a los sindicatos UGT y Comisiones Obreras, entonces ilegales. “Si había un expediente de crisis, los abogados laboralistas nos pedían que explicásemos a los enlaces sindicales los detalles de la tramitación”, explica uno de sus compañeros de entonces.

Es uno de los fundadores de la Junta de Andalucía. Entró en el primer Gobierno de Rafael Escuredo, como viceconsejero de Trabajo con su viejo amigo y colega de la inspección Joaquín Galán. Cuando llegaron, la Consejería tenía 58 funcionarios, y cuando se fueron cuatro años después, había más de 20.000. En aquellos primeros años de la autonomía estaba muy preocupado porque se notase que las políticas tenían una componente social. Suya es la frase de “hacer un nuevo mundo con viejas ideas como el diálogo político y el diálogo social”. En la segunda legislatura pasó a ser viceconsejero de Salud con Eduardo Rejón. Dada su condición de buen componedor, Rejón le encargó arreglar las relaciones entre la Junta y los colegios de médicos, que estaban envenenadas en aquellos tiempos. También puso en marcha el reglamento del SAS, que estaba recién constituido.

Cuando en 1987 nombran ministro de Trabajo a su amigo Manuel Chaves, se va de secretario general técnico del Ministerio a Madrid. En aquel equipo de dirección era famosa su preocupación por el lenguaje de los textos jurídicos, “para que lo entiendan los ciudadanos a los que van dirigidos”. Allí le coge la huelga general de diciembre de 1988. Volvió a Andalucía con Chaves en 1990 para ser consejero de Salud. En esa época se corrigió en parte el problema de la financiación de la sanidad andaluza. Enseguida se fue a Madrid de ministro de Sanidad (92-93) y de ese Ministerio pasó al de Trabajo, en donde dio una vez más muestra de su capacidad de convicción: consiguió con el Pacto de Toledo garantizar el sistema nacional de pensiones. Fue diputado en Cortes entre 1993 y el 2004, cuando de nuevo le reclamó Manuel Chaves para convertirlo en consejero de Economía.

Su fama de negociador ya se la ganó en el consejillo de viceconsejeros de la Junta en 1982. En aquellos tiempos fogosos a veces se generaban tensiones entre departamentos “y él solía sosegar esas situaciones”, cuenta uno de los protagonistas. Le iría bien el eslogan de Mitterrand en 1981: La fuerza tranquila o el título de una película clásica de John Ford: El hombre tranquilo. Su mano izquierda pasó a ser legendaria hace poco, cuando deshizo los entuertos que había entre la Iglesia Católica y La Junta a propósito de CajaSur, heredados de la época de la consejera Magdalena Álvarez. Su entendimiento con el obispo de Córdoba, monseñor Asenjo, desbloqueó la situación. 

Es muy aficionado a las carreras de fondo. Celebró su sesenta cumpleaños, corriendo una media maratón en Sevilla. Es de ejercicio diario, que recomienda como fuente de salud y recurso para rebajar la tensión. Es menos conocida su afición a las carreras de caballos, que le viene de su padre y han continuado sus hijos. Llegó a comprar en los años 70, con otros 36 amigos, la yegua Picarana que ganó dos carreras en Madrid y estuvo a punto de ganar una de vallas en el hipódromo de Sevilla, pero se cayó en el último obstáculo, cuando tenía asegurado el triunfo. Su padre, Octaviano, que fue director del Banco Mercantil e Industrial en Sevilla y consumado periodista hípico, tuvo incluso una revista especializada en la materia, Corta Cabeza, en donde el futuro presidente de la Junta escribió unas celebradas crónicas bajo el seudónimo de Riu Kiu, el nombre de su caballo favorito. Su hijo Manuel tiene ahora un caballo, Mendavia, que el viernes quedó segundo en una carrera en el hipódromo de Mijas.

Es elocuente, seductor y buen conversador, de la escuela de Felipe González, como otro felipista clásico, el ministro Rubalcaba. Hombre culto, de los que pueden regalar un libro del poeta del siglo de oro Garcilaso de la Vega. Es tímido si no tiene confianza, pero le sobra sentido del humor. Se diría que es coqueto, cuida mucho sus corbatas aunque presume de que no las compra. Se entiende que se ocupa de esa tarea su mujer, ‘Mariate’ en el círculo familiar. Algún amigo próximo dice que no lleva bien la edad, que se siente más joven que lo que su físico dice.

Nunca ha tenido cargos orgánicos en el partido, aunque es miembro del comité federal. Los máximos dirigentes del PSOE andaluz hablan de él con gran respeto. “Se ha sabido ganar la confianza del partido”, sostiene Luis Pizarro, vicesecretario regional. En el partido dicen que Andalucía vive un momento histórico, por el relevo y por la crisis. Chaves, que le ha propuesto para el cargo, tutelará su primer mandato presidencial: se quedará como secretario general hasta el próximo congreso del PSOE andaluz, que se celebrará tras las elecciones de 2012. Aunque será una tutela amistosa: ya ha dicho que sólo le dará consejos si se los pide.

El momento es histórico también en materia futbolística: después de un primer presidente de la Junta sevillista, Escuredo, y dos béticos, Borbolla y Chaves, llega el turno a un colchonero. El Atlético de Madrid es el club de los amores de Griñán, Zarrías y el consejero de Deportes Luciano Alonso. Si Galicia le da pie para respuestas evasivas, el Atlético le anima a la épica. A Griñán le gusta contar una anécdota de Harold Macmillan, el primer ministro conservador del Reino Unido entre 1957 y 1963: cuando dimitió, un periodista le preguntó qué había sido lo más complicado y contestó, muy británico, “los acontecimientos, amigo, los acontecimientos”. El candidato a la Presidencia de la Junta añade de su cosecha que “en política hay que saber navegar de bolina, con viento a favor y con viento en contra” . Y en este punto saca a pasear su espíritu colchonero: “Nosotros estamos muy bien dotados, porque los del Atlético estamos acostumbrados a luchar contra las adversidades”. La frase “los del Atlético” es una simplificación. Si no, que le pregunten este año a los seguidores del Cádiz, del Recre, del Córdoba o del Betis.

El próximo gobierno será un gabinete contra la crisis, pero no de tecnócratas. Griñán se muestra muy partidario de los Gobiernos políticos, más que de los técnicos: “Le doy un alto valor a la política; es una ciencia, un arte y una cultura, que va más allá del conocimiento de la materia que se gestione. Se trata de saber hacer, porque en la política, como en la vida, la línea recta no es siempre el camino más corto”. Y será también un gobierno con muchas mujeres, no sólo porque lo exija la ley: “Es más fácil trabajar con mujeres; son más concienzudas, muy trabajadoras y cumplidoras”. Lo que no es óbice para que uno de los pasajes de una de sus óperas favoritas, Rigoletto de Verdi, diga “la dona e mobile qual piuma al vento”. Además, le gusta todo lo de Verdi y todo lo de Mozart, en particular Figaro y Don Giovanni, que curiosamente trascurren en Sevilla. 

En materia musical es más clásico que moderno. Le gusta Moustaki, de sus años mozos, y siempre ha sido seguidor de los Beatles, pero más ahora, que necesita una pequeña ayuda de sus amigos.