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Sarkozy muerde el polvo

Ignacio Martínez | 23 de abril de 2012 a las 8:40

Otro gobernante europeo derrotado en las urnas. No se libra nadie. Sarkozy ha perdido la primera vuelta de las presidenciales francesas por un punto y medio y puede perder la segunda dentro de dos semanas por el doble o el triple de distancia. Nicolas ha mordido el polvo. Ha hecho media campaña despreciando a España y se ha labrado una cierta antipatía aquí. Felipe González dijo el otro día que le irritaba la utilización electoral que el candidato a la reelección había hecho de España durante la campaña. Mariano Rajoy hizo su descalificación con otro tono, sin citarlo. Pero reclamó prudencia a los dirigentes europeos, lo que incluye a Monti. Y recordó que él y su Gobierno no hablan de otros países, ni van contra nadie en el seno de la UE. Comparto ambas reflexiones.
En un parte de bajas no habría sitio para sacar los nombres de los gobernantes tumbados por la crisis. Los hay de todos los pelajes políticos. Socialdemócratas como Brown en el Reino Unido, Sócrates en Portugal, Rodríguez Zapatero en España o Papandreu en Grecia. Y en la acera contraria, entre conservadores o liberales no faltan víctimas: Berlusconi en Italia, Karamanlis en Grecia, Rasmussen en Dinamarca, Cowen en Irlanda o Rutte ayer mismo en Holanda…
Todos los sustitutos pueden hablar de herencia recibida con la misma propiedad. Pero para salir de esta crisis no sólo hace falta controlar los gastos y meterle una cura de caballo a la economía europea. También es necesario estimular el crecimiento; pero nadie sabe cómo. El pretencioso inquilino del Elíseo no encaró mal la crisis. Proclamó que había que refundar el capitalismo y siendo presidente de turno de la UE convocó en octubre de 2008 una cumbre extraordinaria del eurogrupo en París, con Brown de invitado especial.
El primer ministro británico explicó a sus colegas que la banca europea estaba quebrada; que el problema de la deuda no sólo afectaba a los países prestatarios del sur, sino también a los acreedores del norte, que el escaso crecimiento de Europa era muy peligroso, y que había que afrontar las tres cosas al mismo tiempo. Pero ni el anfitrión ni el resto le hicieron caso. Y todos han caído como chinches, uno a uno.
La gran depresión económica nos ha dejado otros problemas. Por ejemplo, la confirmación de que un 20% de la población europea es un público susceptible de votar discursos de extrema derecha. Marine Le Pen lo demostró ayer en Francia. Preocupante. González dijo el otro día que para salir de la crisis hace falta que en Francia haya un presidente que le diga a Merkel que no. Puede ser Hollande, si no se malogra. Anoche, consciente de esas expectativas declaró: “Sé que nos miran más allá de las fronteras y es mi responsabilidad reorientar Europa hacia el crecimiento y el empleo”. Ojalá.

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El virus Sarkozy

Ignacio Martínez | 8 de abril de 2012 a las 12:36

Hay muchas maneras de hacer campaña electoral. Los profesionales de la política, el marketing y las encuestas dirán que la buena es la que gana: todo vale para gobernar. Tengo mis dudas. Veamos un ejemplo de fuera, que nos afecta: en dos semanas, el 22 de abril, se celebra la primera vuelta para elegir al inquilino del Palacio del Elíseo. Y el 6 de mayo es la elección definitiva, previsiblemente entre el actual presidente francés y el candidato socialista François Hollande.

Hasta hace poco, Nicolas Sarkozy, viejo lobo de mar de la política francesa, iba por detrás en las encuestas. Justo hasta los atentados del mes pasado en Toulouse en los que murieron cuatro civiles y tres soldados, además del terrorista. El marketing le funcionó bien al presidente que pasó a encabezar las encuestas para la primera vuelta, gracias a su forzado protagonismo. Buena jugada.

Pero todavía está lejos de poder ganar el 6 de mayo. Así que los aprendices de brujo que le rodean han elegido otro recurso con gancho para animar a los simpatizantes. Y no han encontrado otra cosa que España y su asfixiante situación económica. Y aquí estamos ahora, aguantando un chaparrón de descalificaciones del candidato al que el rey Juan Carlos concedió hace tres meses un Toisón de Oro, la más alta condecoración de la Corona española. El último ataque de Nicolas fue ayer mismo. Es como un virus. Antes dispuesto a infectar la política de inmigración europea y ahora la estabilidad del euro.

Con los recortes en los presupuestos dejando la economía nacional en el hueso y los mercados reticentes a invertir en deuda pública española, lo último que necesitamos es al jefe de Estado de la segunda potencia continental todo el día diciendo lo mal que anda España. Pero lo hace. Sostiene que su rival colocaría a Francia en el nivel de Grecia o España. Somos el paradigma del mal.

Así, con dos ideas negativas, se está haciendo la campaña el buen hombre. Me recuerda a Arenas, empecinado durante meses en el monotema de la corrupción socialista con los eres falsos y el hartazgo de los 30 años. Cierto, pero insuficiente. Hay que poner algo más encima de la mesa para ganar. Algo positivo. Pero ni aquí Arenas, ni Sarkozy en Francia siguen esa receta. Sino la rancia de que lo importante es ganar. Como sea.

La izquierda ‘holandesa’

Ignacio Martínez | 17 de octubre de 2011 a las 12:29

Los ‘holandeses’ están de enhorabuena en Francia. Su candidato a la Presidencia de la República ha ganado claramente unas estimulantes primarias, convocadas por el Partido Socialista pero abiertas a toda la izquierda, en las que ayer participaron casi tres millones de personas. François Hollande ha ganado a la alcaldesa de Lille, Martine Delors, que usa como es costumbre en Francia su apellido de casada, Aubry. Pero en este capítulo de la historia de las presidenciales francesas de mayo próximo no es tan relevante quién será el aspirante al trono del Elíseo, sino el método para elegirlo. Los ‘leoneses’ que, presa de la compasión o de un entusiasmo a prueba de bomba, siguen defendiendo el legado de Zapatero si se exceptúa su pésima gestión de la crisis, deberían leer con mucho cuidado las noticias que llegan de Francia.

El todavía secretario general del Partido Socialista español llegó al liderazgo de su partido por una suerte de primarias. Y prometió, además de otras cuestiones radicalmente incumplidas, un nuevo modelo de partido. Entre los principios que él y los suyos se han merendado en la última década está el sistema de primarias para elegir a sus candidatos. Un método ingrato para todo aparato que se precie. Abolido de manera arbitraria en Andalucía en vísperas de las elecciones municipales, sin ir más lejos.

Si las maneras del guerrismo parecían abusivas hace veinticinco años, los liderazgos débiles que se aprecian en casi todos los secretarios provinciales del PSOE andaluz, y en su propio secretario general, están produciendo un efecto aún más devastador. La inseguridad no es precisamente una fuente de autoridad. Hay actitudes que rozan el ridículo, como ver a la dirección de los socialistas malagueños solicitando firmas de apoyo ante los focos de rebelión que se le abren. En paralelo a estos forcejeos por mantener el poder, la organización sufre una desmovilización total. Por ejemplo, agrupaciones con 600 militantes, que organizan actos con sus candidatos a los que se presenta una veintena de asistentes.

A cinco semanas de las elecciones generales, todas las encuestas que van saliendo dicen lo mismo: que Rajoy mejorará al Aznar del 2000 y que Rubalcaba quedará peor que Almunia en aquel entonces. Un año en el que se produjeron el máximo y el mínimo históricos de PP y PSOE. El aciago vaticinio de los sondeos en España contrasta con el entusiasmo con el que la izquierda francesa y los ecologistas han participado en las primarias que han nominado a Hollande como el adversario de Sarkozy en las próximas elecciones presidenciales. Zapatero ha fracasado en muchas cosas. Y algunas eran gratis, como aquella poética manera de prometer un nuevo modelo de partido, primarias incluidas, que el viento se llevó.