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La imagen de Andalucía y los guiones de cine

Ignacio Martínez | 30 de marzo de 2011 a las 10:06

Nos quejamos muchas veces de la imagen que damos los andaluces de nosotros mismos. La diana favorita de nuestro desencanto es Canal Sur. Nos preguntamos si es necesario dar copla todo el día, todos los días, ya sea en espectáculos clásicos o en un moderno reality, como el que ahora va a hacer: buscar una nueva Rocío Jurado, con María Teresa Campos de maestra de ceremonias, la hija de la desaparecida cantante como copresentadora y el yerno como productor. Más copla, retransmitida por satélite, para mostrar al mundo la parte más castiza de nuestra realidad nacional en dosis masivas. Sin complejos.

Es la otra cara de la propaganda de la innovación, las empresas exportadoras, la excelencia universitaria, los trasplantes de cara, las reservas naturales, los museos, el patrimonio histórico. Lo que llaman pomposamente la Andalucía 10. Esta otra Andalucía también existe, aunque parece que no inspira a nuestra televisión pública. Pero seríamos injustos con la RTVA si sólo destacáramos sus hazañas para ganar audiencia como las únicas que perjudican la imagen regional.

Desgraciadamente, la corrupción municipal en la costa no ha sido una originalidad del sur, sino que ha obrado a su antojo por todo el litoral nacional, con particular intensidad en el cálido mediterráneo levantino o balear. Pero Marbella se ha llevado la palma, con el gilismo y sus secuelas, de estética más cercana a Torrente que a los actores o escritores pioneros de esta Riviera española hace medio siglo. Sustituir a Jean Cocteau y Deborah Kerr por Yola Berrocal y Julián Muñoz es una rémora difícil de superar. Y el perjuicio de esta mala imagen afecta a toda Andalucía.

Marbella en sus años dorados fue destino de grandes estrellas del cine. Y el cine es un buen vehículo de exportación de Andalucía, que no siempre cuidamos. El Festival de Málaga es un éxito, si se mide por la animación que genera en la ciudad, y la gala de apertura el sábado estuvo simpática, presentada por la excesiva Rossy de Palma y el excelente Antonio de la Torre. Pero el guión era manifiestamente mejorable.

Tenía pasajes desafortunados, como la manera soez con la que una voz en off despachaba al grupo de alumnos del conservatorio malagueño que hizo un número musical de buena nota. ¿Quién hace estos guiones? ¿Por qué no se ensayan más estas ceremonias? La gala la retransmitieron para toda España por Nova, uno de los canales de Antena 3. Pasó igual en la clausura del festival de Huelva, presentada por una pareja de actores jóvenes a los que el guionista de turno hacía pasar por catetitos que no sabían pronunciar determinadas palabras. Muy difíciles para un andaluz medio, se entiende. En aquella ocasión se retransmitió por la 2 de TVE. La imagen que damos los andaluces está en nuestra mano. Sólo hay que cambiar el guión.

El eje Sevilla-Málaga

Ignacio Martínez | 16 de mayo de 2010 a las 14:01

El proyecto conjunto de las universidades de Sevilla y Málaga para crear un campus de excelencia internacional es una noticia que trasciende del ámbito de la investigación y la educación superior. Andalucía está por hacer 28 años después del inicio del proceso autonómico. Los recelos interprovinciales están a flor de piel. Y es imprescindible crear redes, ejes de desarrollo y cooperación. En el mismo espacio universitario, el año pasado ya dio una lección un grupo de universidades jóvenes liderado por Córdoba, en el que están Cádiz, Huelva, Almería y Jaén, al conseguir la única declaración de excelencia en la región. Ahora se presenta una iniciativa de Sevilla y Málaga, un eje imprescindible para la construcción regional.

Los estadios de fútbol han sido escenario descarnado en múltiples ocasiones del mal entendimiento entre las dos ciudades más pobladas de la región. Uno de los más frecuentes cánticos de la afición malagueña es el conocido ¡sevillano el que no bote!, muy venial si se compara con el ¡puta Sevilla, puta capital!, nada infrecuente. Por cierto, generosamente correspondido por la otra parte con un ¡puta Málaga!. En fin, ya sabemos que somos capaces de sacar lo peor de nosotros mismos ocultos en una gran masa, pero los dirigentes políticos y sociales tienen la responsabilidad de guiarnos por otros caminos. Incluida la prensa. La prensa local se ha vendido siempre muy bien contra la capital o viceversa. Las culpas están bien repartidas…

La realidad es que en una comunidad autónoma tan grande hay que trenzar muchas alianzas y complicidades. Pero si hay una necesaria a todas luces es la Málaga-Sevilla. Es nuestro particular eje París-Bonn. Esto me recuerda una frase del discurso fundacional de la Unión Europea, pronunciado por Schuman en 1950: “Europa no se hará de golpe, ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho”. Cambien Europa por Andalucía y apliquémonos el cuento. Los rectores Adelaida de la Calle y Joaquín Luque con su proyecto tecnológico de excelencia han hecho honor a esta idea. Hay que felicitarles por su gran iniciativa.

¡Viva España!

Ignacio Martínez | 11 de abril de 2010 a las 9:40

Los vecinos de Valença do Minho, de 15.000 habitantes en el norte de Portugal, gritan ¡viva España! a diario porque el Gobierno ha cerrado el servicio de urgencias de su centro de salud y tienen que cruzar el puente sobre el Miño que les separa de Tui en Galicia para ser atendidos. También enarbolan banderas españolas. Su ingeniosa protesta ha incomodado al primer ministro Sócrates, pero resulta superflua. Tui y Valença son una misma entidad separada por el Miño y unida por un puente. Las urgencias pueden estar en Tui, de la misma manera que los tudenses van a la piscina y se aprovisionan de café o bacalao en Valença, y los valencianos estudian en el conservatorio de Tui o hacen la compra en sus supermercados. Eso es Europa.

En el ámbito regional siempre ha costado la misma vida poner de acuerdo a tres pueblos andaluces vecinos para que uno albergue un polideportivo, otro un centro de salud y el tercero un teatro: todos reclaman las tres cosas. El localismo y el populismo son los peores males de nuestro tiempo. ¿Con esos mimbres se puede construir una región? El profesor Domínguez Ortiz estableció que gaditanos, sevillanos, granaínos o cordobeses eran muy de su patria chica y muy españoles, pero no ejercían su condición de andaluces. Ésta es una de las razones por las que no ha triunfado un partido nacionalista: Andalucía no existe, porque no existen los andaluces, sino los malagueños, onubenses, almerienses o jiennenses, que no encuentran ventajas a la cohesión regional. Más bien la estima local se consolida en la pugna territorial, como pudo verse ayer con las peleas previas al partido Málaga-Sevilla. 

Es un hecho admitido que el Parlamento andaluz es menos atractivo con tres partidos, cosa que ocurre por primera vez desde 1982. Al margen de sus notables errores de estrategia, ética y coherencia ideológica, al Partido Andalucista le perjudicó la ventajista obsesión de Chaves de no convocar elecciones regionales sin el paraguas de las generales, lo que ha impedido un verdadero debate sobre los problemas de Andalucía y su futuro. Otra de las razones por las que tampoco ha prosperado un partido nacionalista es la ausencia de una burguesía ilustrada o una clase empresarial necesitadas de la defensa de intereses concretos. El cuadro se completa con un dato sorprendente: mientras más baja el aprecio a los políticos, más sube el voto a los dos grandes partidos. Por alguna extraña razón, la melancolía conduce al bipartidismo. Y Europa no va por ahí…

Trampas

Ignacio Martínez | 28 de marzo de 2010 a las 15:18

Los socios comunitarios van a ayudar a Grecia para que la deuda pública le salga menos cara. España va a sacar pecho con un préstamo de 2.000 millones de euros. Se supone que a nosotros nos piden menos intereses. Alemania se las ha hecho pasar canutas a los griegos. Angela Merkel se negaba a aceptar un plan de socorro sin más, no tanto porque Grecia sea morosa, sino porque ha hecho trampas. La deuda griega es el doble que la española respecto a su producto bruto. Pero lo más grave es que su anterior Gobierno falseó las cuentas para ocultar una buena parte de su deuda. Por ejemplo, una emisión de bonos por 10 billones de yenes, lo que equivale a 80.000 millones de euros.

Al final, Alemania ha aceptado un plan riguroso en el que entrarán el Fondo Monetario Internacional y los países europeos que quieran, de manera bilateral y voluntaria. El acuerdo ha sido producto de la única institución que de verdad funciona en la Unión Europea: el eje franco alemán. Alemania y Francia son el pilar fundador de la Unión y también los más beneficiados con el mercado único.

Hay países más transparentes que otros y los latinos tenemos mala fama. Poco se conoce de la economía sumergida, porque son escasos los organismos nacionales o internacionales que se dediquen a estudiarla. Pero la Comisión Europea publicó un estudio en 2002 en el que España aparecía en segundo lugar, con una actividad económica fuera de los canales fiscales equivalente al 22% de su PIB. La primera, como no, era Grecia, con un 30. Los garantes de la UE están lejos de esas cifras. Francia y Alemania estaban en los puestos 12 y 13, con una economía sumergida del 6,5 y un 6% de su PIB.

Extraña que el Gobierno español, en esta época de estrecheces, no se ponga a averiguar cuánta economía clandestina se esconde de Hacienda. Un estudio de territorios, sectores y tipo de impuesto evadido es imprescindible, antes de seguir apretando las tuercas a los que ya pagan. El sindicato de técnicos de Hacienda ha establecido que en España se movieron en 2009 unos 245.000 millones de euros ajenos al control fiscal, un 23,3% del PIB nacional, que generarían 38.600 millones en impuestos. Andalucía no está entre los mejores alumnos, con 34.000 millones de dinero negro en su economía, un 25% de su PIB. Por provincias, la máxima y la mínima la tienen Huelva, que supera el 30, y Sevilla, que está en un 20%. No estamos tan lejos de los griegos. Al menos, en algunas trampas.

El diluvio universal

Ignacio Martínez | 9 de marzo de 2010 a las 14:45

Más de 40 días o 40 noches. Un diluvio universal a plazos; con breves días de pausa, no para de llover en Andalucía desde el mes de diciembre. Existe la sensación entre los profanos de que estamos ante lo nunca visto, como consecuencia del cambio climático. Una teoría que, en general, desmienten los técnicos, científicos y políticos consultados para este reportaje. Miguel Ángel Losada, director del Centro Andaluz de Medio Ambiente (Ceama), opina que la volatilidad climática de Andalucía, con años secos y otros muy lluviosos, no ha cambiado sustancialmente en los últimos 9.000 años. Losada sostiene que el clima andaluz sigue el patrón del siglo XX, en el que una temporada de precipitaciones abundantes no fue excepcional.

La consecuencia, en todo caso, es que ha habido inundaciones por todas partes y el suelo de todo el territorio andaluz es calificado por la Agencia Estatal de Meteorología como saturado de agua, menos una pequeña franja del levante almeriense, que está húmeda o muy húmeda. Salvo cuatro, los 83 grandes embalses de la región están prácticamente llenos. En conjunto, está ocupado un 84,3% de los 11.377 hectómetros cúbicos de capacidad de estos pantanos. (Un hectómetro cúbico son mil millones de litros)

El diluvio, además de inundaciones, pantanos a rebosar y múltiples teorías sobre el cambio climático, también ha acentuado la vieja disputa entre agricultores y administración sobre la política hidráulica del Gobierno andaluz. Desde el sector agrario, se reclama con insistencia que se hagan nuevos embalses y en particular que se facilite la construcción de pequeñas balsas en los márgenes del Guadalquivir, que hasta ahora han sido perseguidas. Margarita Bustamante, la presidenta de Feragua, la Asociación de regantes de Andalucía, sostiene que la región no tiene embalses suficientes para evitar sequías o inundaciones. Y da un dato como prueba: desde el 20 de diciembre se han vertido al mar 7.500 hectómetros cúbicos; el doble de lo que se ha embalsado. Esta asociación reclama inversiones en nuevas infraestructuras, y señala parones en obras como el azud de El Portal (Jerez) o en la defensa de Andújar (Jaén), dos lugares en los que ha habido inundaciones. Obras que cree podrían haber evitado los desbordamientos.

El director de la Agencia Andaluza del Agua, Juan Paniagua, responde que se están haciendo inversiones. Y cita como ejemplos, de los últimos cuatro años, la terminación de La Breña II y Arenoso en Córdoba, o Melonares en Sevilla. Y añade que se están construyendo o se van a construir de inmediato la presa de Siles en Jaén, el Chanza o Alcolea en Huelva y las conducciones de Rules en Granada. Este último embalse está terminado, por cierto, desde hace tres años. En total, los nuevos embalses suponen algo más del 10% de la capacidad de regulación anterior, según el director de la Agencia del Agua. Sobre las balsas, reclamadas por Asaja o Feragua, Paniagua no se muestra contrario, lo que abre un portillo al entendimiento. En relación a una mayor regulación de la cuenca, recuerda que el año pasado hubo un congreso nacional en Córdoba en el que se localizaron cuarenta puntos en donde se podrían hacer nuevas presas en los ríos españoles, pero ninguno de esos emplazamientos estaba en Andalucía.

Estamos en un año hidrológico de fuertes lluvias, pero Pedro Parias, secretario general de Feragua, recalca que estadísticamente en estas latitudes hay un año de sequía por cada cuatro normales o abundantes en precipitaciones. Feragua agrupa a más de 50.000 usuarios, agrupados en unas 80 comunidades de regantes, que atienden unas de 260.000 hectáreas, más de la cuarta parte del total de riegos de Andalucía. Parias reconoce que en el Pacto andaluz por el agua ya se establecía que había pocas posibilidades de hacer grandes presas, por los inconvenientes económicos y medioambientales. Pero insiste en la conveniencia de que el Gobierno andaluz cambie de criterio sobre las balsas promovidas por la iniciativa privada: se están haciendo muchas, desde Jaén a Sevilla, pero no se legalizan y hasta las multan.

Hay quien opina que lo que habría que hacer es cambiar la agricultura andaluza a otra menos intensiva en el uso de agua. Los agricultores contestan que la que tenemos es la consecuencia de políticas productivistas alentadas por el primer Gobierno andaluz, que hizo una ley de Reforma Agraria confiscatoria y por la Unión Europea, que pagaba subvenciones en función de la producción. Los regadíos del Guadalquivir necesitan al año unos 1.500 hectómetros cúbicos al año.

Joan Corominas, ex director de la Agencia del Agua y hoy asesor de la Consejería de Agricultura en la materia, es uno de los principales expertos nacionales en la materia. Opina que un año o incluso diez no son suficientes para establecer teorías sobre el cambio climático. Pero admite como posible la hipótesis de que el clima mediterráneo con extremos de sequía o lluvias abundantes puede ir aumentando a lo largo del siglo. No hace falta que el incremento de precipitaciones sea muy alto, para que tenga incidencia sobre el medio ambiente: con una subida de las lluvias de un dos, tres o cuatro por ciento, el caudal de los ríos subiría entre un 15 y un 20%. “Podemos encontrarnos con una mayor irregularidad, con años de muchas lluvias y años muy secos, pero no tenemos un modelo fiable para establecer una nueva teoría”. Parecida opinión tiene Miguel Ángel Losada, director del Ceama, instituto de investigación dependiente de la Universidad de Granada y la Junta: “Este año está dentro de la estabilidad climática de Andalucía, es similar a 1961/62 o a los años 96,97 y 98, en los que no hubo tantas borrascas seguidas, pero cayó mayor cantidad de agua”. Su punto de vista es que mientras más tiempo pase de un fenómeno excepcional, mayor probabilidad hay de que se pueda repetir. Es una aseveración estadística. En 1755, con motivo del terremoto de Lisboa hubo un maremoto, con lo que no es descartable que se produzca otro 250 años después… Para ilustrar su afirmación, el director del Ceama apunta que Baelo Claudia (Bolonia, en Tarifa) fue arrasada dos veces en los siglos I y III por sendos maremotos.

Losada no cree en las teorías del cambio climático, sino en la repetición cíclica de fenómenos extremos. Y alerta sobre la necesidad de evitar las asentamientos en zonas inundables, la mayor parte de ellas con muchos años de antigüedad, en Jerez, Sevilla, Málaga y numerosas otras localidades. El encauzamiento artificial de los arroyos no evita por completo el riesgo de correntías, como han demostrado las inundaciones de las últimas semanas. La entrada de borrascas por el Golfo de Cádiz cada 11 o 13 años la atribuye a las manchas solares, provocadas por la actividad interna del sol. De donde deduce que no hay que exagerar; no estamos ante el diluvio universal.

Crisis, lluvia y urbanismo

Ignacio Martínez | 24 de febrero de 2010 a las 10:37

Las inundaciones de las últimas semanas en Andalucía son un aviso sobre la importancia de un urbanismo responsable. Pero la responsabilidad no es un deporte nacional. Es un clásico que las crecidas del Guadalete inunden El Portal o Las Pachecas en Jerez. Pero no vale decir que nunca ha bajado tan cargado el río en el último siglo. En Málaga, el Guadalhorce también tiene la mala costumbre de desbordarse cuando hay lluvias torrenciales, que suele ser cada diez años. En Sevilla pasaba lo mismo con el Tamarguillo, hasta que se construyó un muro de defensa. Ésa es una solución para paliar el problema; para eliminarlo, hay que evitar mantener los asentamientos de viviendas en zonas inundables, por muy históricos que sean.

Pero cuesta trabajo que los concejales del ramo sean receptivos a las sugerencias de los técnicos. Y la cosa se complica cuando los munícipes no son del mismo partido que gobierna en la autonomía. La cosa llega hasta el punto de que no sólo se mantienen las casas existentes en zonas de riesgo, sino que se construye en el paso natural de posibles avenidas. La escasa limpieza o drenaje de los cauces, el abovedamiento de tramos fluviales urbanos y la usurpación urbanística de terrenos de dominio público hidráulico facilitan las inundaciones.

No tenemos buena nota en urbanismo. De las grandes ciudades de la región sólo Sevilla y Córdoba han adaptado plenamente su PGOU a la nueva ley de ordenación del territorio de Andalucía. La delimitación estricta de zonas inundables ha retrasado el plan general de Jerez. En Málaga no se ha aprobado el PGOU por varios litigios, uno de los cuales es saber hasta dónde llega el dominio público hidráulico en Campanillas, donde el Guadalhorce tiene la manía de desbordarse. Los planes de Cádiz, Granada y Almería todavía se están tramitando. Huelva ni ha empezado. El de Algeciras va muy lento. En Marbella se ha aprovechado para blanquear, con la bendición de PP y PSOE, unas 14.500 de las viviendas ilegales que el gilismo dejó como herencia a la ciudad.

Pero lo peor es que no tenemos remedio. El presidente del Gobierno no ha encontrado mejor sitio que Málaga para decir que la culpa de la crisis es la avaricia de los especuladores financieros y el urbanismo salvaje de Aznar. ¿El de Aznar, nada más? Sólo en la provincia de Málaga, en Estepona, Marbella, Manilva, Sayalonga, Alcaucín o Almogía han sido detenidos, imputados o encarcelados alcaldes o concejales socialistas por fundamentadas sospechas de urbanismo salvaje y corrupción. Muchos de ellos pactaron con destacados posgilistas. Los alcaldes del PSOE en la Axarquía protagonizaron un motín contra la severa política urbanística de la consejera Concha Gutiérrez. Con su presión pretendían regularizar viviendas ilegales y recalificar suelo rústico. Al mismo tiempo que le echa la culpa a Aznar, Zapatero debería mirar en su propia casa. En Málaga, sin ir más lejos.

Laporta y el complot judeo masónico nacional

Ignacio Martínez | 2 de febrero de 2010 a las 10:27

Me gusta el Barça de Guardiola. Me encanta. No sólo porque juega mejor al fútbol que nadie en el mundo. También porque prefiero el espíritu de equipo, el esfuerzo colectivo, la ausencia de divismo como valores esenciales para un equipo de fútbol y para cualquier tarea de la vida. Desde luego lo prefiero a la cultura especulativa, la estrategia del pelotazo con la chequera en la mano que significa Florentino Pérez y sus estrellas del Real Madrid. Aunque también me gusta el Madrid cuando juega como el sábado y disfruté con el taconazo de Guti. Yo, como se sabe, soy bético; así que lo mío tiene poco remedio. Tan poco remedio, que también me gustó el taconazo de Navas y el gol de Negredo…

Hecha esta introducción, insisto en que me gusta el Barça de Guardiola. O sea, que no me gusta el Barcelona de Laporta. Y tipo chocante. Si los árbitros le benefician, como pasó el sábado, denunciarlo es una especie complot judeomasónico nacional. Los árbitros casi siempre que tienen dudas pitan a favor del equipo fuerte. Tanto que una vez que le pitaron injustamente a favor una jugada de estas al Sevilla, hace unos años, creo que contra el Recre, un jugador sevillista resolvió la polémica con bastante arte: “hasta en eso se nota que ya somos un equipo grande”.  Lo de Laporta no tiene nombre. Siempre empeñado en que la caverna nacional está intrigando contra él, pobrecito mío. Y todo por el 2 a 6 del Bernabeu. Supongo que incluso gente como yo, que tanto celebramos ese resultado.

Por cierto. Ya que estoy con el fútbol, añadiré que me pareció que Cristiano Ronaldo soltó el brazo contra el jugador del Málaga de manera instintiva, para zafarse del placaje que le estaba haciendo. No sé si es para roja, pero creo que no es para dos partidos. Los árbitros deberían proteger a los Messis y a los Ronaldos de tanto jugador de rugby.  Eso estaría bien.

Y a ver si Laporta se marcha de una vez, se dedica a la política que es lo suyo y nos deja disfrutar del fútbol sin invocar tensiones territoriales. El diputado Laporta no se entera de que el Barça de Guardiola tiene muchos cientos de miles de seguidores en toda España.

Cooperación regional

Ignacio Martínez | 30 de noviembre de 2009 a las 1:56

La universidad española se ha examinado sobre su relevancia internacional y su excelencia investigadora. Y las nuestras no han quedado muy bien. Se quejan algunos rectores de apaños, errores o insultos, en particular las dos grandes universidades andaluzas, Granada y Sevilla, con más de cinco siglos de historia cada una de ellas. El gordo de la calificación de excelencia internacional se ha quedado entero en universidades de Madrid y Barcelona, el eje que vertebra en este país la empresa, la universidad, el puente aéreo y el fútbol. Entre otras cosas.

Para los demás ha habido un premio de consolación: la excelencia regional. Aquí hemos tenido los andaluces una pedrea. Un proyecto común de cinco universidades pequeñas, recientes, ha entrado en esta clasificación: Almería, Cádiz, Huelva y Jaén, lideradas por Córdoba, con un proyecto agroalimentario. Este es un buen retrato de la Andalucía de ahora y del futuro. Vale para la universidad, pero también para sectores tradicionales, como la agricultura, que ven en peligro sus posibilidades de supervivencia.

Una de las grandes asignaturas pendientes de Andalucía es su cohesión interna. En casi 30 años de autonomía, los distintos territorios no han aprendido a especializarse y cooperar. Aquí todo se lee en clave local. Esta es la patria común de todos los localismos. Por eso, el hecho de que cinco universidades se unan para un plan conjunto de investigación ya es un hito en la historia de la región. Si además, los expertos nacionales y extranjeros que han evaluado los proyectos consideran éste como uno de los nueve mejores de España, es para sentirse satisfechos.

El tema agroalimentario elegido por el consorcio ganador, aporta otros elementos de reflexión. La agricultura significa poco en nuestra sociedad. Andalucía es una potencia agraria indiscutible, pero en las grandes ciudades se vive de espaldas al campo. Es un fenómeno muy español, que llega hasta los periódicos. En Francia la información agraria ocupa gran espacio en los diarios, en España no. En Francia ex ministros de Agricultura llegan a presidente de la República o primer ministro, como Chirac o Rocard. En España, no ocurre. Y Andalucía no es una excepción.

Los sectores tradicionales tienen que espabilar. Por ejemplo, Andalucía es el primer productor mundial de aceite de oliva y puede haber recibido cerca de 15.000 millones de euros de ayudas europeas a su producción en los últimos 23 años: son dos billones y medio de pesetas, que se dice pronto. Con ese dinero, las botellas de aceite andaluz deberían estar hoy en las estanterías de todos los supermercados del mundo; pero seguimos vendiendo mayoritariamente a granel a los italianos, los amos del mercado. El mundo va a una gran velocidad y los sectores tradicionales tienen que buscar valor añadido, innovación, riesgo, si quieren sobrevivir. ¡Y cooperación regional!

Caja única: Asterix en Granada

Ignacio Martínez | 6 de septiembre de 2009 a las 12:32

 

Funcas cree que dentro de cinco años las 45 cajas de ahorro españolas serán 15. Si se cumple el vaticinio de la fundación de las cajas, habrá un mapa de cajas nuevo cada dos meses, como hubo uno nuevo de Europa todos los años desde que en los 90 se fragmentó Yugoslavia y luego Checoslovaquia; se independizaron las repúblicas soviéticas y desapareció Alemania Oriental. La simplificación del mapa cajero es el camino inverso, pero será un tsunami parecido.

Que ya ha llegado a Andalucía. A Cajasol su fusión le ha costado mucho tiempo, tras intentos frustrados de aquella pareja artística tan recordada: Beneroso&Benjumea. Ahora Pulido ajusta la nueva entidad formada por cuatro cajas de Sevilla, Huelva y Jerez e impone una línea sobria, lejos de algunas veleidades de B&B, sobre todo inmobiliarias. Medel ha conseguido fusionar Unicaja con Cajasur y Jaén, tras 20 años predicando que había que crear una caja andaluza “tan grande como fuese posible”. Bajo su mando tiene ya la resultante de ocho montes de piedad: los de Ronda, Antequera, Málaga, Cádiz, Almería, Jaén y los dos de Córdoba.

¿Éste es el mapa? No. Un enclave poblado de irreductibles granaínos se resiste a la fusión. Todo paralelismo de los granaínos con los galos es pura coincidencia. Lejos de construir barricadas y fabricar pociones mágicas, la caja más pequeña que queda en el mapa andaluz ha optado por la estrategia inversa. Mientras Cajasol y Unicaja urdían alianzas y presumían de activos, en Granada han construido la sede de la caja única. Un doble edificio del arquitecto minimalista español Alberto Campo Baeza. El primero es un cubo de 46 metros de alto de 2001 y el segundo, un excelente centro cultural sobre la memoria de Andalucía, inaugurado en mayo. Unicaja tiene dos edificios muy corrientes como sede central y oficina principal en Málaga. Cajasol pretende hacer una torre de 178 metros y 43 plantas del argentino César Pelli, autor de las Torres Petronas de Kuala Lumpur. Pero en Sevilla se discute si una torre es adecuada en la Isla de la Cartuja o si Pelli está en la división de honor de los arquitectos internacionales. Entretanto, Claret tiene el mejor edificio institucional. No están locos estos granaínos.

 

Los mitos del fútbol

Ignacio Martínez | 30 de agosto de 2009 a las 12:57

Con la victoria de ayer del Real Madrid ha empezado la Liga de fútbol en España y vuelven los mitos. Algunos son nuevos en el campeonato, gracias al presidente del Real Madrid, cuya gestión desmiente que este país se encamine hacia una nueva economía, más sostenible. Las masas populares han llenado el Bernabeu en la presentación de las nuevas estrellas merengues, fruto de una estrategia especulativa, que ya puso en práctica Florentino Pérez durante su primer reinado. A nadie le inquieta quién paga la factura. Con el entusiasmo que la fórmula genera en la afición, todo vale.

No es sólo un mal español. La presidenta de Argentina, Cristina Kirchner, acaba de hacer honor a otro mito: habría sido una magnífica alcaldesa de Marbella en la era gilista, por su desahogo verbal, su escasa formación y su silicona carnal. Se va a gastar 600 millones de pesos anuales, casi 110 millones de euros, unos 18.150 millones de pesetas, para que los partidos de la liga argentina se televisen en abierto. Su argumento es que la democracia está incompleta si no se garantiza a los ciudadanos el acceso a los bienes fundamentales. ¿La buena mujer equipara el fútbol con el empleo, la sanidad o la educación? No. Va más lejos; lo compara con la libertad y con la vida: “Ahora se secuestran los goles como la dictadura militar de 1976 a 1983 secuestró a 30.000 argentinos; no quiero más secuestros, quiero una sociedad libre”. Ahí queda eso. Aunque Maradona no le ha ido a la zaga a la doña: ha dicho que Argentina es una sociedad más democrática después del acuerdo gubernamental.

Con la Liga vuelven otros mitos. Aquellos que relacionan el fútbol con la política. Una encuesta del CIS de 2007 establecía que el Real Madrid era el equipo con mayor número de seguidores en toda España, con un 32,8% de los aficionados, seguido por el Barcelona (25,7), Valencia (5,3), Bilbao (5,1), Atlético de Madrid (4,3), Betis (3,3), Zaragoza (2,7) y Sevilla (2,3). Lejos quedaban Málaga (0,7), Cádiz (0,6), Huelva (0,4), Almería (0,3) y Jerez (0,1). Ese barómetro revelaba que la izquierda es claramente culé y la derecha, merengue. Parece un tópico: Zapatero es del Barça y Aznar del Madrid, pero dice el estudio que el margen de error es del 2%. Y, por otro lado, los mitos no se discuten. Ha empezado la Liga, que los dioses repartan suerte.