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El apagafuegos del Gobierno español

Ignacio Martínez | 30 de marzo de 2009 a las 17:14

Su apresurada visita a la Casa Blanca la semana pasada para deshacer el entuerto de la retirada de las tropas españolas de Kosovo le han puesto en el escaparate nacional. Bernardino León (Málaga, 1964) es el diplomático de moda. No es nuevo. Suena desde hace tiempo como posible recambio de su mentor, el ministro de Exteriores Miguel Ángel Moratinos, de quien fue número dos entre 2004 y 2008. Ahora es secretario general de la Presidencia del Gobierno, puesto que exige dotes diplomáticas, para tareas que muchas veces tienen que ver con la fontanería y el servicio de extinción de incendios, como con Kosovo.

A su vuelta de Washington, León aseguró que si se hubiera aclarado bien cómo se va a acometer la retirada de las tropas españolas de Kosovo se habrían evitado las declaraciones en las que el Gobierno de EEUU expresó que se sentía “profundamente decepcionado” con España, lo que sonó a amonestación a la ministra. Su entrevista con el consejero nacional de Seguridad, el general James Jones, no ha sido su primera visita a la Casa Blanca en misión de bombero: ya estuvo con Moratinos hace cinco años para explicarle a Condoleezza Rice la salida de las tropas de Iraq. También acudió a la residencia del presidente norteamericano en ocasiones más cómodas; por ejemplo, como acompañante del Príncipe Felipe en una visita oficial.

Lo de diplomático le va como anillo al dedo. Por parte de madre tiene una serie interminable de apellidos extranjeros: Gross, Bevan, Jessing, Pries, Voigt, Gayen, Lund, Heythe. Según la historia de la familia, recopilada por el periodista Adolfo Gross, primo de su madre, los Gross llegaron a Málaga a finales del siglo XVIII, procedentes de Leer, localidad de la provincia de Hannover, que en aquella época era británica. De hecho el primer Gross malagueño fue cónsul británico en la ciudad.

Ha habido Gross que han sido cónsules de Suecia, Noruega o de la República de El Salvador. Pero el antepasado de Bernardino León que más cerca ha estado de este descendiente diplomático fue un hermano de su bisabuela Clara Pries Scholtz von Hermensdorff, Adolfo Pries, que fue cónsul de Alemania en Málaga y fue nombrado conde de Pries por Alfonso XIII en 1906. Militó en el Partido Liberal y fue amigo íntimo de su presidente, el gaditano Segismundo Moret, quien le ofreció ser ministro de Estado, hoy de Exteriores. Pero murió de un ataque cardíaco antes de poder desplazarse a Madrid a tomar posesión.

Bernardino León estudió en el colegio de los Jesuitas de El Palo. En su juventud perteneció a varios grupos de música, toca la guitarra con destreza según fuentes bien informadas. Siempre que viajaba en su equipaje nunca faltaban la raqueta de tenis y la guitarra. Tanto en el colegio como en la Facultad de Derecho destacó por sus dotes de organizador y persuasor. Era un activista y un encantador de serpientes de primera categoría. Un tipo culto, leído, viajado. Pero no un ideólogo. A muchos malagueños les ha sorprendido su aparición en el PSOE. Quizá pese la tradición de los Gross, una familia de la alta burguesía comercial, conservadora, que habitó hace varias generaciones en el Palacio de Buenavista, hoy Museo Picasso: su bisabuelo Adolfo Gross Pries, presidente durante la República del partido de derechas Renovación Española, fue fusilado en agosto del 36 por los rojos en la tapia del cementerio de Málaga. Una historia contraria a la de Zapatero.

Los secretarios de las agrupaciones socialistas de la ciudad acaban de proponer a Bernardino León por unanimidad, para ser el secretario de la recién creada agrupación local de Málaga. Una elección que suena a intento de embaucar al interesado en la aventura de optar a la Alcaldía de la capital. Con su posible antagonista, el alcalde popular Francisco de la Torre, tiene una cordial relación personal, como no puede ser menos, tratándose de dos personas tan educadas. Ha habido varios Gross concejales de Málaga y hay constancia en la entrada del ayuntamiento, en las lápidas que recuerdan el inicio y el final de las obras del edificio, en 1911 y 1919; pero nunca ha habido un alcalde Gross. Se ignoran las aspiraciones del secretario general de Moncloa. Un hombre tan diplomático como él no muestra con facilidad el fondo de sus pensamientos.

Bernardino se licenció en Derecho en la Facultad de Málaga e ingresó en la carrera diplomática en 1990. Su primer destino fue Liberia, en plena guerra civil. Un conflicto que le marcó. Como también su siguiente plaza, en Argelia, durante otra guerra civil, en la época del FIS. Estuvo después en la embajada de Grecia y a continuación formó tándem con Moratinos, cuando la Unión Europea nombró enviado especial para Oriente Medio al actual jefe de la Diplomacia española. Entonces se instaló con su familia en Chipre, en donde nació el primero de sus tres hijos, Bernardino como su padre. (Los otros dos nacieron en Málaga). Pocos años después hay una anécdota divertida entre este niño, rubio de aspecto nórdico, y el entonces presidente del Gobierno José María Aznar. En unas vacaciones en Mallorca desde un yate en el que iba el presidente, Aznar le pregunta a aquel niño anónimo que estaba en la playa de dónde era y el joven, acostumbrado a vivir toda su vida en el extranjero, contesta “de España”. Emocionado por tan patriótica respuesta, el presidente del Gobierno lo invitó a subir al barco.

Antes de ser secretario de Estado de Exteriores, entre 2001 y 2004 fue director de la Fundación de las Tres Culturas, con sede en Sevilla. Además de sus buenos oficios con los norteamericanos, medio paisanos por su abuela materna Elisabeth Bevan, León Gross ha trabajado en otras misiones diplomáticas delicadas. Es la personalidad internacional de más alto rango que ha mantenido contactos intensos con los disidentes cubanos. Pero al mismo tiempo tiene una relación fluida con dirigentes del régimen castrista. Ha mediado con las autoridades argentinas para desatascar contenciosos de varias multinacionales españolas. La prensa ha publicado que Zapatero le encargó que mediara entre los rusos de Lukoil y Repsol. Es tal su fama de apagafuegos que sus reiteradas visitas a Ginebra durante la Legislatura anterior, para acudir a la sede de la ONU, hicieron creer que era un negociador secreto con ETA.

La música es una de sus pasiones: es un experto en Bach y colecciona toda su discografía. Es amigo personal del director Daniel Barenboim. Su familia ha tenido relación directa con  las bellas artes. El padre de su tatarabuela Clara Pries promovió la construcción del Teatro Cervantes de Málaga y la cara de esta antepasada está pintada en el techo. Su madre se educó en colegios de Inglaterra y Suiza. En Lausana fue compañera de colegio de Geraldine Chaplin y veía a Charlot todos los viernes acudir a recoger a su hija. Por el lado paterno tiene antecedentes más prágmáticos. Su padre, Bernardino León, economista y perito industrial, es natural de Granada. Trabajó muchos años para la compañía norteamericana Standard Oil, de la familia Rockefeller. Petróleo, combustible. Lo menos indicado para tener descendientes dedicados a la tarea de apagar fuegos. Pero esa es la misión principal del diplomático de moda.

Adiós mister Bush

Ignacio Martínez | 21 de enero de 2009 a las 12:30

“El poder de Estados Unidos, por sí solo, no nos puede proteger, ni nos da derecho a hacer lo que nos plazca. A todos los pueblos y gobiernos que nos están viendo hoy, desde las mayores capitales al pequeño pueblo donde nació mi padre [Kenia]: sabed que Estados Unidos es un amigo de cada nación y cada hombre, mujer y niño que busca un futuro de paz y dignidad, y que estamos listos para ser líderes una vez más”.

El hombre más esperado del siglo ha despedido con cordiales y educadas formas, pero con durísimas palabras a su antecesor, George W. Bush.

“Para nuestra defensa rechazamos como falsa la elección entre nuestra seguridad y nuestros ideales”.

Hubo frases en el discurso de toma de posesión del nuevo presidente que parecían golpes directos contra Bush. Hemos tenido mala suerte con este hombre, que perdió las elecciones de 2000 frente a Al Gore por 543.816 votos populares, pero ganó en votos electorales por el complejo y arcaico sistema americano. Sin embargo, lo peor no fue que ganara en el 2000 por los pelos y gracias a una discutida validación del voto en Florida. Sino que los norteamericanos lo ratificaron con una clara victoria en 2004.”

“Los cínicos no pueden entender que el suelo bajo sus pies ha cambiado. Lo que nos preguntamos hoy no es si el Gobierno es demasiado grande o demasiado pequeño, sino si funciona, si ayuda a las familias a encontrar trabajos con salarios decentes, una sanidad que puedan pagar o una jubilación digna”. Bush no es el culpable único de la crisis económica mundial que padecemos, y que está afectando a España de manera especial. Pero no hizo nada por evitarla y ha dejado tras de sí un país empobrecido y un Gobierno cuestionado e incapaz de atender a los más desfavorecidos.”

“Recordad que generaciones anteriores derrotaron el fascismo y el comunismo no sólo con misiles y carros de combate, sino con alianzas sólidas y convicciones duraderas: nuestro poder crece mediante su uso prudente, nuestra seguridad emana de la justicia de nuestra causa, la fuerza de nuestro ejemplo, de las cualidades atenuadas de la humildad y la moderación”.

Bush metió a su país en la guerra de Iraq de manera irresponsable. E involucró a otros países y a otros mandatarios como el español Aznar. Mintió sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Iraq, que quiso invadir desde el ataque a las torres gemelas en septiembre de 2001, aunque retrasara la guerra ante la oposición frontal de Colin Powell, como contó Bob Woodward en su libro Bush en guerra.

Obama ya ha tomado posesión y Bush ya se ha ido; ayer abandonó Washington en un helicóptero con su familia. Me cuesta trabajo establecer cuál de las dos cosas me produce más alivio.

La moda del zapato protesta

Ignacio Martínez | 31 de diciembre de 2008 a las 11:13

 

 El zapato se ha convertido en la última moda del género de protesta desde que un periodista iraquí le lanzó los suyos a George Bush el 14 de diciembre en una conferencia de prensa en Bagdad. El domingo, en una manifestación en Madrid ante la Embajada de Israel, cientos de personas gritaban “esta embajada está ensangrentada” por el feroz ataque a la franja de Gaza, mientras niños a hombros de sus padres blandían sus zapatos, sin arrojarlos contra el edificio. El día antes, en un pueblo de Barcelona, la secretaria de Vivienda de la Generalitat esquivó con soltura un zapato arrojado por una indignada ciudadana descontenta porque en su barrio, que se hunde cada año unos centímetros, hay ayudas para unos vecinos y para otros no. Una semana antes, un periodista ucraniano, de origen ruso, que trabaja en un canal de televisión, arrojó su bota contra un sociólogo que daba una conferencia a favor de la integración en la OTAN. Ya ven, una moda en toda regla.

La protesta con zapato más famosa de la historia la protagonizó el secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética, Nikita Kruschev, en la asamblea general de Naciones Unidas, en octubre de 1960. El delegado de Filipinas intervino para pedir la libertad para los países de Europa del Este que estaban bajo el yugo soviético. Era su respuesta a una propuesta sobre descolonización del líder de la URSS. Kruschev, indignado, empezó a golpear el pupitre con su zapato y a llamar a gritos “tonto” y “lacayo del imperialismo norteamericano” a Lorenzo Sumulong. Era la época de la guerra fría, la coexistencia pacífica obligada por la cantidad de armas de destrucción masiva de las que disponían Estados Unidos y la Unión Soviética. Años duros. Bajo el gobierno de Kruschev, en los años siguientes se construyó el Muro de Berlín y se produjo el incidente de los misiles de Cuba.

En estos tiempos modernos ha habido guerras calientes en Europa, África, Oriente Medio. La última de Iraq se hizo con el pretexto de que había armas de destrucción masiva en el país gobernado por Sadam Hussein. O, mejor dicho, se pudo hacer porque se sabía que no las había y el agredido no podía utilizarlas contra el agresor. Así se inició en marzo de 2003 una guerra que en casi seis años ha causado más de 700.000 muertos iraquíes y más de dos millones de refugiados. Cuando el periodista iraquí Al Zaidi lanzó sus zapatos a Bush estaba incumpliendo con su deber profesional y al mismo tiempo estaba haciendo un buen negocio personal. Negocio extensible al fabricante de zapatos, un turco que ya ha recibido pedidos de 300.000 pares. El modelo se llamaba código 271. No era el Colt 45 de los viejos pistoleros del Oeste, sino un vulgar código 271, lo más parecido a un arma de destrucción masiva encontrado por el presidente Bush en Iraq. Un arma moderna para la protesta masiva.

Zapatazo a Bush

Ignacio Martínez | 16 de diciembre de 2008 a las 11:48

 

Daba penita ver al pobre de Bush, en su despedida de Bagdad, arrugado para evitar que le alcance un zapato, lanzado por un indignado periodista iraquí. Un gesto que invita a dos reflexiones. En primer lugar, si ya han cesado fulminantemente al jefe de los escoltas del presidente americano: El tipo tuvo tiempo de tirarle no uno, ¡sino los dos zapatos!. Y en segundo lugar, personalmente pongo en duda lo de indignado y lo de periodista. Muntazer al Zaidi, más que indignado, en este momento debe estar frotándose las manos del dinero que él también le va a sacar a la ocupación americana de Iraq. En cuanto salga le lloverán las ofertas para hacer una gira global por esas televisiones que hay en este mundo nuestro, su autobiografía, una película… Por no hablar de las ofertas de trabajo de postín que también le frecuentarán del mundo fundamentalista chiita. No digo que lo haya hecho por eso, ni que Bush no se mereciera un escarmiento, aunque considero éste muy venial. Lo que estoy diciendo es que este no es, de ningún modo el papel de un periodista.

Decía Kapuscinski, en la mejor definición del oficio de periodista que conozco, que nuestra tarea no debe ser nunca tendenciosa, ni nunca indiferente. Al Zaidi fue a decirle a Bush que es una “especie de perro”. Algo tendencioso encuentro yo esto. Hay quien dice que es lo peor que puede decir un musulmán. Tampoco es para tanto. En Francia dirían “especie de cerdo”, como insulto similar. En España el equivalente podría ser “pedazo de cabrón”, con perdón. Por eso y por tirar dos zapatos, no le van a caer a Al Zaidi ni quince ni dos años de cárcel. Saldrá héroe y rico. Ya le están esperando para ayudarle desinteresadamente unos 200 abogados. Ha hecho un gran negocio. Aquí lo tienen: un simple gesto y se le arregla a uno la vida. Lo que inventa la gente.

 

Los errores de Guantánamo

Ignacio Martínez | 3 de diciembre de 2008 a las 10:52

Los vuelos militares norteamericanos a Guantánamo, similares a los de la CIA, que hicieron escala en España son una deshonra para este país. El centro de detención de prisioneros de esta base militar norteamericana en Cuba es contrario al Derecho Internacional; una violación de la Convención de Ginebra, denunciada entre otros por el Comité Internacional de la Cruz Roja. Y la indefensión de sus 275 inquilinos actuales, injusta. Un Estado civilizado no puede responder a la barbarie terrorista negando los derechos humanos a los presos yihadistas.

Esa responsabilidad afecta tanto al Estado infractor como a sus cómplices. Resultan vergonzosas las facilidades del Gobierno Aznar para el transporte de personas secuestradas. Y cómica la manera de gestionar los secretos de Estado por parte del ministro Moratinos: sostiene que el documento de 2002, con la aceptación del Gobierno Aznar de estos vuelos de ida o vuelta a Guantánamo, era tan secreto, tan secreto, que él lo desconocía. Y añade que el PP no le avisó de su existencia, cuando dejó el poder en 2004. No parece creíble que un diplomático de carrera esté al frente del Ministerio cinco años y no sepa cómo enterarse de los secretos de la casa. Lo sabía y probablemente filtró el documento, aunque es lamentable que el Gobierno saliente no le informase de esos pormenores.

Una de las más divertidas historias de nuestra diplomacia le ocurrió a Marcelino Oreja, recién llegado a Exteriores, en 1976. Durante una gira por África, el ministro estuvo varias horas en Bamako, la capital de Mali. La corta visita terminó satisfactoriamente. Cuando el avión despegaba, camino de Dakar, un periodista enrolado en la expedición como agregado de prensa, que se había paseado por la ciudad, explicó al ministro que en Mali un golpe de Estado había impuesto el toque de queda. Y precisó que no habían estado con el jefe de la diplomacia, ni en el Ministerio de Exteriores. No se habían enterado de nada.

¿Moratinos y Zapatero tampoco se habían enterado de los vuelos a Guantánamo? El director general de Exteriores que en 2002 comunicó el visto bueno del Gobierno de Aznar a que estos transportes ilegales pasaran por España sigue en activo en el ministerio. Y los vuelos han continuado con Zapatero en el poder como si tal cosa, con Morón y Rota como principales aeropuertos. Bush va reconociendo sus errores con cuentagotas. Ayer admitió que no había armas de destrucción masiva en Iraq. O sea, que atacó aquel país por error. Bien estaría que Aznar imitase a su amigo tejano y admitiese sus lamentables errores en este asunto. Pero Zapatero y Moratinos, tras cinco años en el Gobierno, no pueden echarle la culpa de sus propias torpezas al ex presidente.

Obama, candidato europeo

Ignacio Martínez | 6 de febrero de 2008 a las 12:10

En las elecciones norteamericanas deberíamos votar todos los habitantes del planeta, porque su resultado nos afecta inevitablemente. En ese caso los europeos votaríamos por Obama, que nos gusta más que la señora Clinton. Pero como la elección es allí, parece que después del supermartes Hillary saca una cierta ventaja a Obama de unos 80 delegados de los 2.075 que deben decidir en Denver el 25 de agosto quién será el candidato del Partido Demócrata. Las encuestas dicen que Hillary lo pasaría regular frente a McCain en las presidenciales. Y que nuestro candidato Obama ganaría más fácil. Al fin y al cabo, Hillary y McCain se parecen en una cosa muy importante: los dos apoyaron sin reservas la guerra de Iraq. Todos sabíamos que lo de las armas de destrucción masiva era mentira. Si ellos no lo sabían, son tontos. Y si lo sabían, pero aplaudieron la invasión de Iraq, es que son malos. Después de todo, Bush se puede sentir satisfecho.