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Garzón: El enemigo público número uno

Ignacio Martínez | 14 de abril de 2010 a las 8:52

La nómina de personas que querrían hacerle daño al juez Garzón debe ser amplia. Incluye a terroristas, narcotraficantes y grandes partidos políticos. Hay una forma antigua de daño que significa condenar a alguien o dar sentencia contra él, que encaja perfectamente en esta historia. Pero a los procesos contra Garzón le valen otras acepciones. Hay gente que le quiere perjudicar, causarle dolor y hasta destruirlo. Los procedimientos judiciales contra él son tres: uno por el auto de procesamiento a Franco, otro por el cobro de unas conferencias organizadas en Nueva York, que habría pagado el Banco Santander, y el último por las escuchas de las conversaciones de los procesados por el caso Gürtel con sus abogados. Los dos primeros casos han sido promovidos por personas y organizaciones nostálgicas de la Dictadura, como Falange o un supuesto sindicato llamado Manos Limpias. El superjuez ha acabado siendo el superprocesado de manera simultánea e implacable, como si fuese el enemigo púbñico número uno.

Vaya por delante que no pertenezco al club de fans de este juez estrella, cuyo ego ensombrece sus actuaciones. En octubre de 2008 escribí aquí que su auto contra Franco era un capítulo lucido para sus obras completas. Abrir un juicio de Nuremberg contra el dictador, los jefes del levantamiento militar del 18 de julio y los ministros de los gobiernos españoles desde el 36 al 51 era muy audaz. Les imputaba el asesinato de 114.266 personas. El tema tenía la polémica asegurada por muchos motivos, sobre todo por las dudas sobre si la ley de amnistía de 1977 amparaba los crímenes del franquismo, y también porque se pretendía procesar a personas ya fallecidas. Sea como fuere, el encausamiento de Garzón no se entiende fuera de España y abre una brecha en la convivencia nacional.

El acto de ayer de los sindicatos UGT y CCOO en la Universidad Complutense de Madrid es una muestra de esa fractura. Cándido Méndez considera que las querellas persiguen injustamente al juez por actuaciones judiciales como la instrucción del caso Gürtel y lo califica de vergüenza histórica. Por el contrario, la secretaria general del PP, Dolores de Cospedal, piensa que este homenaje es un disparate y un atentado contra la democracia. El ex fiscal Anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo ha llegado más lejos y acusa a los magistrados del Supremo de dar un golpe brutal a la democracia española, convirtiéndose en instrumento del fascismo español.

Esto ocurre en un país en el que un delincuente como Jesús Gil y Gil, alcalde de Marbella entre 1991 y 2002, invitaba a unas jornadas jurídicas anuales a la crema y nata de la judicatura española, incluidos magistrados del Supremo y el Consejo del Poder Judicial, a mesa, mantel y cama, bien acompañados y regalados, y no pasaba nada. Las jornadas jurídicas eran una pantomima: una conferencia de una hora a mediodía y el resto, una semanita a toda plan en la capital de la Costa del Sol. Y todos tan contentos. Sobre todo, Gil. 

La democracia ha llegado a todas partes tras la Dictadura, incluida la Policía, el Ejército y hasta la Iglesia, en la época del cardenal Tarancón. Pero está por llegar a la judicatura. Quizá haya llegado el momento de abordar esa cuestión. Éste es el lado bueno de convertir a Garzón en el enemigo público número uno.

Laporta, salvapatria futbolístico

Ignacio Martínez | 6 de enero de 2010 a las 11:11

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Sostiene Laporta que el Barça guía la libertad de los pueblos sometidos y que le seduce presentarse a las elecciones catalanas. Los salvapatrias no suelen ser gente fina. Observen, si no, al último arquetipo global de salvapatria, el venezolano Hugo Chávez, un militar golpista que fracasó en su intento de conseguir el poder por las armas en 1992. Elegido en las urnas el 99, se permitió llamar gorilas a los militares golpistas hondureños de 2008. Una tremenda falta de estilo, entre colegas del mismo oficio. Pues bien, dentro de los salvapatrias hay un biotipo particularmente burdo y procaz, que es el salvapatria futbolístico. Se trata de una subespecie populista que intenta sacar rentabilidad material a los éxitos deportivos de su club y a la notoriedad que facilita el cargo. Tenemos cerca algún ejemplar de este género. Sin ir más lejos, el mismo año 92 que Chávez fracasó, Lopera se hizo con la mayoría de las acciones del Betis, por una cifra que se antoja ridícula: cuatro millones de euros. El buen hombre venía a salvar al Betis y ahí lo tiene, a ocho puntos del descenso a Segunda B.

La nueva estrella en tan selecto escenario es el presidente del Fútbol Club Barcelona, Joan Laporta. Acaba de declarar a El Mundo que el Barça más catalanista de toda su historia es también el más universal y que Cataluña necesita un Estado propio. No creo que el Barcelona haya ganado todas las copas del año por ser catalanista. Podría haber dicho que el fútbol de su equipo encarna la elegancia, la técnica, el espíritu de equipo o el esfuerzo. Pero no, el buen hombre prefiere la bandera de los pueblos sometidos. A Laporta se le han subido a la cabeza los éxitos de Guardiola. Que no son exactamente suyos. Sin ir más lejos, votó contra él más del 60% de los 40.000 socios que participaron en el verano de 2008 en una moción de censura para rechazar su gestión. Entonces puso de entrenador a Guardiola, que estuvo con Lluís Bassat, su principal contendiente en 2003. Y a medida que llegaban los títulos de la era Guardiola, aumentaba la jactancia del presidente censurado.

Tanto ha mejorado su autoestima, que Laporta se mira en su espejo y ve a Companys. “No quiero ser un mártir, pero sí un líder”. Aunque al natural, se parece más a Berlusconi o Jesús Gil, presidentes populistas del Milan y el Atlético de Madrid, convertidos en políticos aprovechados. Por cierto, procesados ambos por corrupción en numerosas ocasiones y condenados en varias. Ese es uno de los lados oscuros del populista profesional. Piensa uno, a bote pronto, que un pueblo tan culto y maduro como el catalán no le daría el gobierno a un salvapatria. Pero lo mismo podría pensarse de Italia o Marbella y ya ven los circos que montaron los colegas del mismo oficio que Laporta. Otra cosa diferente sería si Guardiola se presentase a presidente de la Generalitat o del Barça. Un tipo tan serio y juicioso sería difícil de batir.

Rafael de la Fuente: “Unos boquerones rellenos cambiaron la cocina andaluza”

Ignacio Martínez | 24 de octubre de 2009 a las 9:40

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Rafael de la Fuente (Málaga, 1941) es un observador privilegiado del turismo en Andalucía en el último medio siglo. En 1958 ya trabajaba en una agencia de viajes en Torremolinos, cuando formaba parte del municipio de Málaga y se estaba convirtiendo en el centro de turismo de alto nivel más importante de España y uno de los más potentes del Mediterráneo. En 1964 dirigió una agencia en la incipiente Marbella. Ha sido director de cuatro hoteles de cinco estrellas, Los Monteros y Don Carlos, en Marbella, Villamagna de Madrid y el Palm Beach de Paspalomas, en Canarias. Durante 12 años dirigió La Cónsula, la prestigiosa escuela de hostelería que ha producido cocineros de máxima categoría, varios de ellos con estrellas Michelín. Hace tres años se jubiló y ahora lleva una vida trepidante, con algunos descubrimientos mágicos como internet; hasta el punto que se acuerda del día de su bautismo cibernético, el 28 de diciembre de 2007. Esta es la transcripción íntegra de la entrevista que resumida publican hoy los nueve diarios del Grupo Joly. Aquí habla de su vida personal; de su padre, el futurólogo Rafael de la Fuente; de la corrupción en Marbella; de la excelencia del turismo de Torremolinos y Marbella en los años 60, 70 y 80; de la gastronomía andaluza o de la imagen que se ha proyectado de España en el extranjero por los escándalos urbanísticos.

 

“Tengo una foto del verano del 42 en Berlín, en plena guerra mundial, con año y medio. Se ve a un señor con gabardina y una insignia del partido nazi, a un soldado de la Luftwaffe y a un niño malagueño”

“Mi padre, Rafael de la Fuente, se consideraba un astrólogo, pero tuvo el buen gusto de no tomarse nunca muy en serio”

“Torremolinos en los años 60 era el destino turístico de alto nivel más importante de la península ibérica y uno de los mayores del Mediterráneo. Fue una escuela para mí”

“En mis primeros viajes promocionales, cuando iba a visitar una agencia en Alemania, todo el mundo sabía dónde estaba Torremolinos, pero Marbella lo tenía que situar entre Gibraltar y Málaga”

“Alfonso de Hohenlohe logró captar la atención de la familia real saudí para que se instalaran en Marbella”

“Es difícil de comprender para países con larga tradición democrática que las instituciones españolas tarden más tiempo de lo que el nazismo perduró en Alemania en poder parar el ‘gilismo’”

“Durante años en la mayoría de los hoteles de Andalucía, incluso excelentes hoteles, se castigó a los turistas con algo que aquí se llamaba cocina internacional”

“ Paul Schiff descubre que aquí hay una mezcla maravillosa de dos culturas gastronómicas, la mediterránea y la islámica. Y que había unos productos autóctonos totalmente menospreciados e ignorados”

“En La Cónsula lo que menos se tocaba era la cocina moderna. Es una cocina casi de fin de trayectoria, lo que pasa es que estos chicos son jovencísimos y es un caso muy excepcional en Europa”

 

-¿Qué tal es la vida de jubilado?

-No lo sé todavía.

-¿Qué descubrimientos ha hecho?

-Empecé a trabajar muy duro con 15 años. Desde entonces no he parado de aparcar cosas, para cuando tuviera tiempo. Ahora llevo una vida trepidante, pero sin presión, sin agobios.

-¿Qué es lo que más ocupa su tiempo?

-Aparte de ordenar mi biblioteca, leer libros que llevan años esperando y escribir.

-Y ha descubierto internet.

-En mis últimos trabajos tenía unos equipos tan perfectos de colaboradores que no necesitaba internet. Me lo resolvían todo. Cuando te ves solo, navegando, la vida te cambia. Nunca olvidaré el 28 de diciembre de 2007, que fue cuando entré en el mundo mágico de la cibernética.

-¿Ahora es una adicción?

-Es una herramienta de trabajo diaria y sobre todo me ahorra mucho tiempo.

-Usted es un autodidacta. Desde los 15 años ha aprendido muchas cosas por su cuenta.

-Absolutamente. Incluso mis seis idiomas los he aprendido yo solo.

-¿El trabajo de diplomático de su padre le ayudó? Vivió usted de niño en Alemania.

-Pero entonces no pude aprender alemán. Mi padre trabajó en la embajada española en Berlín, en plena guerra mundial. Y mi madre y yo estuvimos con él allí, en el verano del 42. Los bombardeos nos obligaron a volver a España. Yo tenía entonces año y medio.

-¿Se acuerda o se lo han contado?

-Tengo un par de recuerdos vaguísimos que no sé si son de Alemania o de otro sitio. Mi madre ha sido siempre una fuente de documentación de aquella época maravillosa, porque a sus 91 años sigue teniendo una memoria privilegiada. Y además ella ha conservado una fotos magníficas.

-¿Y hay alguna de usted en el Berlín de la II Guerra Mundial?

-Se ve un Berlín de la guerra, pero todavía una ciudad muy cuidada, muy limpia. Y detrás, en pleno verano, se ve a un señor con una gabardina ligera, y con una insignia del partido nazi. Y unos meros detrás un soldado, sin armamento, de la Luftwaffe, la fuerza aérea alemana, que va con una cartera de cuero, en la que llevaría unos documentos. Y, delante de ellos, un pequeño malagueño.

-Usted nació en Málaga.

-Mi madre y sus padres son malagueños de varias generaciones. De apellidos Milanés y Pérez, de los Pérez Brian y Pérez Souvirón, que son dos familias muy antiguas de Málaga.

-Como buen milanés ¿habla italiano?

-Sí. Además, mi hijo ha vivido en Roma tres años y hemos ido mucho a verle.

-Y ¿qué otros idiomas?

-Inglés, francés, sueco, alemán y un portugués con acento bahiano.

-Su padre fue un personaje muy conocido en la España de la televisión en blanco y negro. Rafael de la Fuente, que se decía futurólogo.

-Él se consideraba un astrólogo. Pero siempre tuvo el buen gusto de nunca tomarse muy en serio. La astrología la practicaba como un pasatiempo y a él le extrañaba mucho que todo el mundo se tomara tan en serio sus predicciones y descubrimientos. Y en los últimos años de su vida la astrología fue una hermosa compañera de viaje.

-Tenía clientes famosos.

-Una serie de personajes importantes le encargaban que les hiciera unas predicciones. Tenía aciertos impresionantes: el sabía que era intuición, un sexto sentido, pero se decía que tenía que vestirlo un poco más y creaba sus cartas astrales para darle a sus amigos la alegría de una información que podría parecer más rigurosa, más científica.

-Ver a Rappel como una imitación de su padre, ¿qué impresión le causa? El futurólogo Rafael de la Fuente se ponía también una especie de túnica.

-Era una vestimenta un poco hindú, más que árabe. Muy cómoda. Y la utilizaba en casa. Pero algunas veces salía a la calle, y por no molestarse en cambiarse, la llevaba. También había gente que le confundía con Rafael Alberti: tenían cierto parecido físico. Y, sobre todo, la forma de llevar el pelo era idéntica. Y a él le encantaba que le confundieran con Rafael Alberti, porque admiraba muchísimo al poeta.

-¿Cuándo llega a Marbella?

-Recién casado, en abril del 64, como director de una agencia de viajes, absolutamente pionera, Viajes Málaga, que abrió allí una sucursal, porque era obvio que en Marbella estaban ocurriendo cosas muy interesantes y que era un lugar que podía tomar el relevo de Torremolinos, que había tenido una eclosión casi sin precedentes en la historia del turismo de España.

-¿Qué significaba Torremolinos en los años 60?

-En aquellos años se convirtió en el destino turístico de alto nivel más importante de la península ibérica y uno de los mayores del Mediterráneo, que llegó a tener seis hoteles de lujo de un altísimo nivel. Y todo lo que eso supone: restaurantes, tiendas. A principios de los 60, yo me formo en ese Torremolinos: estuve en otra agencia, la Wagon-Lits/Cook, que era la compañía de los coches cama y los grandes expresos europeos, que se fusionó con la creada por Thomas Cook en 1841. Entrar a trabajar en esa agencia internacional en 1958 fue una escuela para mí. En Torremolinos viví el auge y un poco el descenso del turismo de alto nivel.

-Y entonces surge Marbella.

-Marbella era un sitio desconocido. En mis primeros viajes promocionales, cuando iba a visitar una agencia en Alemania, todo el mundo sabía dónde estaba Torremolinos, pero Marbella era algo muy nuevo y lo tenía que situar de una forma gráfica, rápida, diciendo que estaba entre Gibraltar y Málaga.

-La eclosión de Marbella no tiene nada que ver con la de Torremolinos.

-Son métodos distintos y ambos fascinantes. Marbella, quizá por la experiencia de Torremolinos fue muy cautelosa con la masificación, con la creación de hoteles o entornos que no fueran deseables para el turismo de la más alta calidad. Y como iba muy bien para el negocio de todas las empresas que estaban allí instaladas, se mantuvo prácticamente así hasta la llegada del ‘gilismo’ en el 91.

-La llegada de los árabes ya convirtió la estética de las casas en algo más ostentoso y ordinario.

-En absoluto. Marbella tiene mucho que ver con la familia de Alfonso de Hohenlohe. Hubo un pequeño declive en el negocio de alta rentabilidad, para los grandes hoteles, y Alfonso pensó que los árabes de un nivel económico apabullante tenían sus sitios en la Costa Azul, en la Costa Esmeralda, en Cerdeña, en Londres o París, bien podrían venir a Marbella a instalarse también.

-Y repite lo que hizo al principio.

-Eso es. Al principio se trajo a una serie de grandes personajes de centroeuropa o de Hollywood y muchos de ellos se instalaron aquí. Y utilizó el mismo sistema con los árabes. Trae a varios emires, a varios príncipes y sobre todo logra captar la atención de la familia real saudí. Y a partir del momento en que la familia real decide que va a tener un palacio en Marbella, todos conocemos la historia.

-Usted forma parte de los grupos de trabajo de la Convención Europea del Paisaje auspiciada por el Consejo de Europa. ¿Gil se hizo rápidamente con un ‘prestigio’ internacional o la marca aguantó?

-Creo que fue un proceso de contaminación muy rápido. Y lo que mucha gente todavía no se ha dado cuenta es que eso no afectado sólo a Marbella, sino a España entera. Y cuando empiezan las sucesivas mayorías absolutas de Gil en las elecciones y los escándalos llegan a extremos sin precedentes en la Unión Europea. España empezó a ser considerado un país con unas instituciones muy frágiles, que no tiene capacidad para defender el bien público.

-¿Hay un momento decisivo en ese proceso de degradación de la imagen de Marbella?

-Dos semanas después de la famosa moción de censura, en agosto de 2003, cuando The Economist publicó un reportaje en la que aparecía una foto de Jesús Gil abanicándose en el Palacio de Justicia de Málaga, asomado a una ventana, con la camisa abierta y su voluminosa humanidad al descubierto. Los que redactan el artículo dan por asumido que en Marbella, es decir en España, la corrupción es algo endémico.

-No ha sido un fenómeno exclusivo de España.

-Sí, pero en Niza detuvieron a un alcalde y acabó en la cárcel. Lo que es difícil de comprender para países con larga tradición democrática es que las instituciones españolas tarden más tiempo de lo que el nazismo perduró en Alemania en poder parar el gilismo. Y llama poderosamente la atención que sean los periodistas y el movimiento vecinal quienes protagonicen la resistencia a Gil. Marbella tiene una deuda con los periodistas que en una soledad tremenda denunciaban lo que ocurría; a pesar de la coacción e intimidación del gilismo. Hay casi el género literario que se crea en la denuncia contra Gil, pero eso no encuentra el más mínimo eco en las instituciones públicas durante mucho tiempo. Se archivaban las denuncias judiciales y las reclamaciones que llegaban a las diferentes administraciones tampoco tenían mucho éxito.

-¿Y la gente, entretanto, que pensaba?

-Pues había una parte numerosa de la población que estaba genuinamente convencida de que un poquito de corrupción era bueno para los negocios. Y estaban convencidos de que llegarían al final, aquellos Roll Royce que Gil prometía que todo el mundo tendría. Pero aquello tuvo la misma consistencia que el famoso tren bala que llevaría a los habitantes de Marbella hasta el aeropuerto de Málaga.

-Andalucía también queda señalada con esto.

-Más señalada que España, por la caja de resonancia que representan los miles de residentes extranjeros de Marbella, que callan pero observan y transmiten. Este censo es muy importante en cantidad y calidad. Se trata de ciudadanos influyentes con gran capacidad para generar opinión y la impresión que tenían es que Andalucía vivía en un colapso institucional.

-¿Qué dicen los extranjeros?

-He oído decir a amigos extranjeros que gobernantes corruptos los hay en todos los sitios y los habrá. Lo curioso de Marbella es que el presunto grupo mafioso no es el que compra voluntades en el Ayuntamiento, sino que es ese grupo el que directamente gobierna y saquea a la ciudad en su provecho. Eso era tan tremendamente obvio para personas que no sabían español, que el hecho de que pasaran años y años y que nada ocurriera ha dejado un poso de perplejidad y desconfianza.

-Pero la llegada de las mafias a Marbella no empieza con Gil, sino antes.

-Antes de llegar Gil ya había una trayectoria de presunta corrupción en los juzgados.

-Usted ha dirigido la Escuela de Hostelería de la Cónsula durante 12 años. De allí han salido muchos cocineros brillantes, entre ellos varias estrellas Michelín. Ya en los años 80 hubo hasta cuatro restaurantes con estrellas en Marbella: Los Monteros, La Hacienda, La Fonda y Le Restaurant.

-Se da la circunstancia de que todos aquellos restaurantes que tuvieron en los años 80 estrellas Michelín tenían cocineros de fuera. Por ejemplo, el del restaurante El Corzo, cuando yo dirigía Los Monteros, era Gregorio Camarero; que venía de Burgos y del Meliá. Él inauguró en el 64 el Meliá Don Pepe de Marbella, y en la Navidad del 71 yo me lo llevé a Los Monteros.

-De la Escuela de la Cónsula han salido Dani García, José Carlos García y Celia Jiménez que han conseguido estrellas Michelín. ¿La enseñanza estaba basada en el minimalismo y la vanguardia?

-En absoluto. El secreto de La Cónsula es que lo que menos se tocaba era esa cocina moderna, que era para gente muy evolucionada. Es una cocina casi de fin de trayectoria, lo que pasa es que estos chicos son jovencísimos y es un caso muy excepcional en Europa. Allí había que hacer perfectamente desde una tortilla de patatas a un arroz o cualquier otro plato. Y después, los platos más representativos de una serie de cocinas internacionales de relieve. Había un estilo, una forma de tratar el género, había una forma estética de presentar los platos que ya era clásica. Hacía 40 años que Paul Bocuse y los hermanos Troisgros en el momento de la máxima brillantez de la ‘nouvelle cuisine’ francesa ya la habían establecido recogiendo antiguas tradiciones orientales, en su mayoría japonesas, que hoy en día están en el mundo entero.

-Pero estos cocineros y otros muchos que han puesto sus propios restaurantes le han dado otro carácter a la oferta de la hostelería andaluza.

-Hasta ahora, con la mejor voluntad del mundo, le hemos hecho una faena a nuestros visitantes. Sobre todo en los hoteles; incluso en los hoteles de alto nivel. Durante muchos años había una especie de complejo de inferioridad con nuestra cocina mediterránea o con las cinco grandes cocinas que hay sólo en la provincia de Málaga: Valle del Gadalhorce, litoral, Vega de Antequera, Axarquía y comarca de Ronda.

-Una gastronomía que no se le daba a los turistas.

-Durante años en la mayoría de los hoteles, incluso excelentes hoteles, se les castiga con algo que aquí se llamaba cocina internacional. Un poco también por cierto recelo a la forma de cocinar antigua, con aceites feroces, muy duros. Y esa cocina internacional en realidad era una versión bastante aburrida de la cocina francesa, alemana o inglesa.

-¿Cómo se rompe esa dinámica?

-Lo hace de una manera casi bíblica el maestro Paul Schiff, que tenía un restaurante con dos estrellas Michelín, la Hacienda. Él venía de uno de los mejores restaurantes de Bruselas el Villa Lorraine. Y Paul Schiff descubre que aquí hay una mezcla maravillosa de dos culturas gastronómicas. Una la mediterránea y otra la islámica. Y que había unos productos autóctonos totalmente menospreciados e ignorados.

-Entonces ocurre el hecho bíblico.

-Le encargan el menú oficial para una visita de los Reyes a Málaga en 1987. Y el propone un menú en el que había una boquerones rellenos de jamón y espinacas. Y los responsables institucionales de la visita pensaron que era un plato indigno de los Reyes. Les pareció muy bien todo el menú, pero querían quitar el boquerón, porque tenía una connotación de pescado pobre. Y Paul Schiff les respondió que ese era el mejor plato de la comida: “De la forma que yo lo voy a hacer, les puedo garantizar que sus Majestades nunca lo han probado porque lo estoy inventando todavía”. Y añadió que si ese plato no iba se retiraba.

-¿Cuál fue el resultado?

-Le hicieron caso y los Reyes elogiaron varias veces esa pequeña joya maravillosa. Y Paul Schiff decía, “en ese momento Málaga y su cocina dan el salto hacia el futuro, porque pierden el miedo a volar”. Que es lo que se consuma con los jóvenes alumnos de la Cónsula.

-¿Cómo era Dani García cuando llegó?

-Para su familia era un esfuerzo que viniese a La Cónsula [en Churriana, Málaga], porque no había ayuda por desplazamiento. Pero María del Mar González del Río, la delegada de Radio Nacional de España en Marbella convenció a su madre a la vista de la afición que él tenía. Dani había estudiado en el Instituto Río Verde de Marbella, con muy buenas notas. Era obvio que era una persona trabajadora, seria, constante. Pero al principio era uno más; muy reservado y correcto. Muy bien compañero. El nivel que se intuía en él era muy alto, pero igual ocurría con sus 19 compañeros y compañeras. El proceso de selección de la Cónsula está forzado a escoger a los mejores entre los mejores.

-¿Y cuando empieza a llamar la atención?

-Al final era obvio que había un grupo de cinco o seis magníficos en esa promoción. Él ya estaba viendo toda su vida e hizo lo que le recomendamos, seguir su formación con Martín Berasategui. Nosotros les decimos que su peor enemigo era ponerse a trabajar y ganar mucho dinero. La Escuela le había dado la base, pero tenían que terminar su formación.

-¿Y José Carlos García?

-Es de la misma promoción y también se va con Martín Berasategui. Y después trabajan los dos juntos en el restaurante del padre de José Carlos. Entonces Dani se va al Tragabuches en Ronda y José Carlos pone su propio Café de París.

-Dani es de Marbella y José Carlos de Málaga, pero Celia Jiménez viene de Córdoba. La Cónsula es una Escuela regional.

-Nunca olvidaré cuando vino a verme Celia con sus padres. Ella es otra prueba de la tremenda importancia que puede tener la familia para apoyar un camino que puede ser complicado, largo y costoso. El brillo de sus ojos dejaba claro que amaba profundamente este oficio. Por encima de toda quería ser cocinera y quería ir al sitio en donde pudiera llegar a eso lo más rápidamente posible. Por entonces ya Dani y José Carlos habían triunfado y después ella consiguió su estrella Michelín en El Lago.

-¿Estará satisfecho?

-Desde luego, eso sí que lo sé a estas alturas.

Silvio Berlusconi cada vez se parece más a Jesús Gil

Ignacio Martínez | 12 de septiembre de 2009 a las 12:05

 

Ya he escrito otras veces sobre el parecido extraordinario entre Jesús Gil y Silvio Berlusconi, salvo en la estética personal: el uno era un gordo en bermudas y el otro un pretendido dandi. En todo lo demás son idénticos, incluida su ideología o ausencia total de ideología. Es un consuelo para Marbella: si un país como Italia se ha dejado seducir por un patán como Berlusconi, que avergüenza incluso a los suyos, qué podemos reprochar a los marbelleros. Su rueda de prensa con Zapatero del jueves merece ser editada en DVD y comercializada: se llegó a autocalificar como el mejor primer ministro italiano en 150 años.

Por cierto, que el presidente del Gobierno español cayó en una trampa de este truhán: lo llevó a tomar un café a la famosa finca sarda en la que organizaba sus fiestas con velinas y prostitutas. Este encuentro se mantuvo en secreto, pero un diario propiedad del primer ministro italiano no ha tardado ni 24 horas en rentabilizar la sorprendente visita. Lo que no quisieron contar el jueves fuentes gubernamentales españolas lo contó ayer en exclusiva el diario Il Giornale, propiedad de Berlusconi, en primera página, con el título El mito de los progresistas legitima Villa Certosa. Según fuentes diplomáticas españolas, ambos líderes viajaron en un helicóptero militar desde La Magdalena hasta la mansión, situada a unos 20 kilómetros. La visita duró media hora y Zapatero estuvo acompañado por el malagueño Bernardino León Gross, secretario general de Presidencia, y por personal de seguridad, pero no por los ministros que participaron en la cumbre bilateral.

Il Giornale mete su puñal hasta el fondo: “¡Qué golpe para la izquierda italiana, que desde hace meses pinta Villa Certosa como un estudio del Satyricon de Fellini! ¡Qué golpe descubrir que quien ha visitado este lugar de perdición sea el líder más amado de la izquierda europea, uno de los más morigerados, uno que se ha ganado el apodo de Bambi y que como máxima transgresión sueña con ir a escuchar a su mujer a cantar en el coro!”.

Toda una burla de Berlusconi al presidente español.

Gürtel angustia al PP

Ignacio Martínez | 8 de julio de 2009 a las 11:19

 

Veo en la televisión a Cospedal, con cara de no saber qué cara poner, ante la serpiente de la trama Gürtel, que se enrolló primero por las extremidades madrileñas del PP, después por su tronco financiero y ahora por la cabeza valenciana. La pobre secretaria general de los populares ve cómo la trama aparece ante su rostro, dispuesta a morderla y se le pone una sonrisa de pánico, unos ojos pasmados, una voz nerviosa. En la radio, suspira. En fin, aunque sólo fuese por ahorrarle a esta mujer semejantes números un día sí y otro también, Rajoy debería hacer algo. Pero Rajoy en este campo es hombre con sentimientos desiguales. No se apiada de Cospedal, pero sí se compadece de Camps y de Bárcenas.

Al presidente valenciano se le reprocha admitir regalos de prendas y complementos para él y su familia por un valor que podría llegar a los cinco millones de pesetas. Lo del tesorero del PP es más fuerte en términos contables, un millón de euros en sobornos, aunque su papel institucional sea menor. En todo caso, estamos ante dos pretorianos del actual presidente del Partido Popular que los defiende contra viento y marea, ya sea por su legendaria piel de rinoceronte, por lo mucho que les debe o por los enormes disgustos que pueden causarle si caen. La brunete meditática espera de nuevo a Rajoy a la salida de este entuerto

Aunque, en lo que se refiere a la opinión pública, aquí ya han caído varios estandartes. En primer lugar, el de la inmaculada honradez del PP: hace cinco meses, la cúpula dirigente empezó diciendo que aquí no había absolutamente nada, que todo era un complot del juez Garzón, en connivencia con el ministro de Justicia de entonces, Mariano Fernández Bermejo, con el que torpemente coincidió en una cacería. Ese desliz le costó el puesto al ministro y su hábil manejo evitó que perjudicara al PP en su intento de recuperar la Presidencia de Galicia. La misma estrategia funcionó en las elecciones europeas, en donde el excelente resultado en la Comunidad de Valencia llevó a ardorosos y cándidos dirigentes a proclamar la inocencia de Camps por la vía a de las urnas. Un camino ya inventado con éxito hace más de una década por Jesús Gil y Gil. Odioso precedente.

Pero no; no ha habido complot alguno. Al menos tres jueces del Supremo y de los tribunales superiores de justicia de Madrid y Valencia han visto serios indicios de delito en más de una docena de dirigentes populares, a alguno de los cuales le han puesto fianzas de un millón de euros. Aquí no hubo más complot que uno para delinquir de Correa, su socio El Bigotes, y una serie de amiguitos del alma incrustados en la estructura popular que le procuraron a los primeros buenos negocios, no se sabe bien a cambio de qué o por cuánto. El juez de Valencia cree que hay indicios razonables de cohecho en el comportamiento del presidente Camps. No se ha creído que los trajes los pagara él con dinero de la caja de la farmacia de su mujer. Yo tampoco.

Griñán sentencia al Betis

Ignacio Martínez | 10 de junio de 2009 a las 9:48

Sin encomendarse a nadie, el presidente de la Junta entró ayer en terrenos pantanosos: se atrevió a decir que el Betis se merecía bajar a Segunda, porque lo hizo mal durante la temporada. Griñán criticó que se destituyera al entrenador Paco Chaparro en abril; en su opinión, esas cosas no dan nunca resultado. Aunque al Español quitar a Mané para poner a Pochettino le haya ido de cine, con perdón. Tampoco los fichajes del Betis este año le han gustado al presidente, porque en su opinión no se han hecho en función de un proyecto determinado. Sospecho que Griñán se apunta, sin decirlo, a la manifestación convocada el lunes para pedirle a Lopera que se marche. Y el dueño del Betis, consciente de que le van a criticar por tierra, mar y aire, acaba de anunciar el fichaje como entrenador del cordobés Antonio Tapia, que tan excelente campaña ha hecho con el Málaga.

A Griñán le gusta el fútbol, aunque él respira por la causa colchonera. En el pecado lleva la penitencia, porque el Atlético de Madrid tuvo de presidente a un sujeto de la laya de Lopera, Jesús Gil, que por cierto se dedicó a la política con éxito. El problema de estos personajes es que se cargan el prestigio de los clubes y luego cuesta la misma vida recuperarlo. Gil fue alcalde de Marbella por mayoría absoluta desde 1991 hasta que tuvo que dimitir en 2002, condenado por corrupción, al desviar dinero del Ayuntamiento al Atlético. Sostenía que era víctima de un complot del Estado. Hasta que un tribunal le inhabilitó por delincuente.

También se dedicó a la política Augusto César Lendoiro, el presidente del Deportivo de La Coruña. Fue concejal, diputado, senador y presidente de la Diputación por el PP. También secretario general de Deportes de la Xunta. Al final se profesionalizó y gana el 1% del presupuesto del club. Lendoiro fue el hacedor del Superdepor que ganó una Liga y dos Copas del Rey. Pero el más famoso político convertido en dirigente futbolístico es Florentino Pérez, que volvió hace semana y media a la presidencia del Real Madrid y ya ha fichado a Kaká por 65 millones y apalabrado a Villa por 37. Y cuentan que tiene otros 200 millones dispuestos. Florentino fue concejal de la UCD en Madrid, director general del Ministerio de Transportes y subsecretario de Agricultura. Tras la desaparición de la UCD, todavía le quedaron ganas de ser secretario general del Partido Reformista que lanzó la fracasada Operación Roca en 1986. Fue un perdedor en política, pero ganador de dos Ligas y una Copa de Europa en su anterior mandato presidencial.

Pero Griñán tiene otro modelo futbolístico, el del Sevilla, con un director deportivo “fuera de serie”, y un proyecto que incluye mantener al entrenador de la cantera, que tiene sentimientos sevillistas. Eso es lo que el presidente dice que quiere para el Betis. Lo que no dice es lo que no quiere para el club verdiblanco, pero se le nota todo.

Elecciones europeas: el bipartidismo no es tan fuerte

Ignacio Martínez | 8 de junio de 2009 a las 7:16

Debacle socialista en Europa. Y derrota en España. Leire Pajín dijo anoche que la tónica era la derrota de los gobiernos europeos. Falso. A los jefes de gobierno conservadores de Francia, Italia o Alemania les fue muy bien. La diferencia entre los 23 y 21 diputados de PP y PSOE no es amplia. Más sustancial es que los dos grandes partidos hicieron tanto énfasis en los defectos del otro durante la campaña, para asegurarse el favor de sus incondicionales, que hay que convenir que esos partidarios irreductibles no son tantos. En las últimas elecciones generales socialistas y populares acapararon el voto del 63% del censo. Ayer, ese porcentaje se ha quedado en la mitad. A la luz de este dato, el bipartidismo español no es tan potente como parece. La euforia del PP por su “gran resultado” obvia que la mayor parte de los treinta y cuatro millones de ciudadanos españoles convocados a las urnas se quedaron en casa.

En feudos populares como Madrid y Valencia la participación aumentó notablemente sobre 2004. Pero el PP no debe utilizar su clarísima victoria en la Comunidad Valenciana para blanquear al presidente de la Generalitat, en el asunto de los trajes presuntamente regalados por la trama corrupta Gürtel. Será un juez quien le exonere o le procese, no el voto de ayer de los valencianos. De la misma manera que la pertinaz obsesión del pueblo de Marbella de dar una mayoría absoluta a Jesús Gil y Gil o Julián Muñoz de 1991 a 2003 no alteró la condición de delincuentes de estos alcaldes. Que Camps se aplique el cuento.

En el conjunto de la Unión Europea la participación ha sido de un 43%, dos puntos menos que hace cinco años y tres puntos menos que en España. Hay un momento de escasa pasión europeísta. Por la crisis y por la sensación de que realmente en estas elecciones no se decide gran cosa. Lo que en cierta manera es verdad. El verdadero poder en la Unión lo tienen los gobiernos de los países miembros y lo ejercen en el Consejo de Ministros o en el Consejo Europeo. La segunda fuerza es la Comisión Europea, pero sólo influye cuando tiene a un peso pesado al frente, como Delors entre 1985 y 1995. No es el caso de Durao Barroso. Si el candidato a presidente de la Comisión encabezara las listas de su grupo político y tuviera antagonista, o sea, si el sistema fuese diferente, quizá estas elecciones cobraran interés. Dentro de cinco años, con el Tratado de Lisboa en vigor y la necesidad de elegir un presidente del Consejo para dos años y medio prorrogables, quizá los candidatos a ese cargo también puedan someterse a las urnas.

La baja participación también invita a paralizar cualquier pretensión alocada de abrir la puerta de la UE a nuevos socios. Europa tiene que decidir antes si apuesta por una unión política o se conforma con ser sólo un eficiente mercado único. Hasta que eso no se resuelva, la participación de ayer invita a paralizar cualquier nueva adhesión.

La escopeta nacional

Ignacio Martínez | 15 de febrero de 2009 a las 11:30

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Amenazada como está la economía nacional, lo único que nos faltaba a los españoles es que se pusiera en cuestión el estado de derecho. Es verdad que estamos en plena campaña electoral para los comicios vascos y gallegos y eso condiciona mucho los modos políticos. Y que el PP está pasando un verdadero mal rato a causa de las intrigas en su seno por el poder y los negocios. No es normal que se viva un clima político tan enrarecido, cuando lo importante es dar estabilidad al país y salir de la crisis. Pero no es lo que hacen los grandes partidos, aunque las culpas no estén divididas a partes iguales.Me sentía muy ufano de ver cómo este sainete de comisiones, dossiers y espías no se producía en Andalucía. Lo normal es que estas cosas ocurran aquí, en Marbella o donde toque. Pero esta vez era en la villa y corte y pueblos de su entorno. Y mira por dónde se organiza una cacería en un pueblo de Jaén que irrumpe con éxito en medio de la película. Berlanga. La escopeta nacional. Me sumo al punto de vista del ex ministro Saavedra: Bermejo debe dimitir. La mujer del César tiene que ser honrada y parecerlo y coincidir en una cacería con un juez que ha encarcelado a unos señores e investiga una trama de corrupción en los aledaños y en el interior del principal partido de la oposición es una torpeza que bien merece su cese. Llueve sobre mojado. Bermejo es el más imprudente de los miembros del Gabinete, superando con creces a la andaluza Magdalena Álvarez. Pero resulta que el ministro de Justicia, como notario mayor del Reino, debería ser todo lo contrario, el más discreto del Gobierno.

Dicho esto, no me creo que haya una conspiración del Estado contra el PP. No se lo creen ni en el PP. Lo que pasa es que hay que conseguir el voto de vascos y gallegos y la consigna de que los derechos del partido están siendo atropellados por un juez socialista, puede aguantar las dos semanas que faltan para las autonómicas. Cuando el juez Garzón procesó a ministros y altos cargos del Gobierno de Felipe González ¿era un juez del Partido Popular? Evidentemente no. Así que ahora no es lo contrario. Por cierto, que confieso mi sana envidia hacia las comunidades autónomas que pueden celebrar elecciones sin coincidir con las legislativas: o sea, todas menos Andalucía, por obra y gracia del presidente Chaves.

Y volviendo al PP: La foto de Rajoy con dos docenas de sus dirigentes máximos detrás me suena. Se la vimos a Ramón Calderón con toda la directiva del Real Madrid, para decir que no pensaba dimitir como presidente y dimitió. Y se la vimos al alcalde de Boadilla con todos sus concejales para anunciar que no se iría, y se fue. Así que ojo con la suerte de Rajoy. Pero la peor comparación que cabe con la coyuntura que pasa el Partido Popular es la de Jesús Gil. Cuando se le empezaron a acumular demandas penales por todo tipo de delitos, prevaricación, tráfico de influencias, cohecho… Gil empezó a despotricar contra los jueces, la policía, el Gobierno y todos los partidos democráticos. El siguiente paso fue decir que eso con Franco no pasaba y el siguiente las condenas y el descrédito.

Ojo con poner en cuestión el estado de derecho con excusas como la escopeta nacional. El estado de derecho es sagrado y el PP deberá demostrar que hay un complot o retirar esta presión antisistema en cuanto terminen las elecciones vascas y gallegas. Lo contrario es de una irresponsabilidad suicida. No sólo para Rajoy, a quien ya preparan de sustituto a Rodrigo Rato o a Gallardón, achicharrada Aguirre. También con esta frivolidad se pone en cuestión el propio PP y se arriesga la estabilidad del país, en una coyuntura que necesita líderes serenos y firmes. Que se echan de menos.

Basura de Marbella para consumo nacional

Ignacio Martínez | 30 de noviembre de 2008 a las 12:12

La Andalucía picaresca, una vez más ha sido líder nacional. El delincuente más famoso de España se ganó delante de todos los españoles, por una horita de televisión, 350.000 euros. La cifra la confirmaron en el programa. En bolsas de basura, al peso, serían unos 60 millones de pesetas mal contados. Estos personajes de los bajos fondos, salen de la cárcel después de 27 meses y se hacen todavía más ricos con la cooperación necesaria de una televisión basura; en este caso, Telecinco 5. Julián Muñoz no pudo ir a Madrid a cumplir con su contrato en la noche del viernes, porque en buena hora no le dejó la junta de tratamiento penitenciario de la prisión de Alhaurín de la Torre. Está todavía en el tercer grado. Así que presentador, cámaras, unidades móviles y delincuente invitado actuaron desde Málaga, para transmitir al mundo el mensaje del antiguo valido de Jesús Gil.

Uno de los tertulianos que estaban en Madrid lo comparó en un momento determinado con un telepredicador, por su discurso de iluminado. Sedado por algún medicamento, la meditación trascendental o por la terapia carcelaria, Muñoz intentó dar la idea de estar arrepentido de sus pecados y pecadillos. Llegó a decir que al menos el último año de cárcel ¡le hacía falta!, porque había cometido muchísimos errores. Pero le traicionaron sus instintos. Afirmó que Jesús Gil, durante algún período de su mandato, fue el mejor alcalde que ha tenido Marbella.

Sus historias sentimentales eran, al parecer, el principal objeto de interés de la audiencia, que fue notable: un 20,7% de los espectadores, 2,67 millones de personas, siguieron el programa. Pero lo cierto es que Muñoz no dijo gran cosa ni de ese asunto ni de los delitos que ha cometido; los ya juzgados y los muchos por dilucidar. Transmitió semblante de hombre triste y solo, se mostró comprensivo con la prensa que le ha acosado en los últimos años y con la policía que le detuvo. Y, cómo no, intentó lavar su imagen: “Yo nunca me he llevado una comisión; no me he llevado una bolsa de basura con dinero a mi casa; de hecho, ningún juez me ha condenado por eso”.

Lo de las bolsas de dinero fue su mujer, Maite Zaldívar, la que lo dijo en la televisión y después al juez del caso Malaya. Y lo de las comisiones fue Jesús Gil (el mejor alcalde que ha tenido Marbella, según él), quien lo soltó en un cara a cara espectacular entre ambos en agosto de 2003. También en la televisión, curiosamente. Es cierto que todavía ningún juez le ha condenado por estas cosas. Pero está procesado en múltiples casos, como el Malaya, en los que sí se le acusa de cohecho y blanqueo de capitales. El viernes dijo que no se consideraba un alcalde corrupto porque no le habían demostrado que se había quedado con dinero. Con el diccionario en la mano, la decena de condenas por delito urbanístico que se han dictado contra Julián Muñoz, no sólo lo convierten legalmente en un delincuente, sino también lo definirían como un corrupto. Dice la RAE que corromper es “alterar y trastrocar la forma de algo”. Y trastrocar es “mudar el ser o estado de algo, dándole otro diferente del que tenía”. Y el código penal del 95 tipificó el delito urbanístico, que antes no existía, como una moderna forma de prevaricación y corrupción. Expertos de prestigio, como el magistrado del Supremo Martín Pallín, sostienen que detrás de los delitos urbanísticos hay otros como cohecho, malversación de caudales públicos o tráfico de influencias. Lo que significa que los concejales que mudan el estado de un suelo no lo hacen nunca por amor al arte. Julián Muñoz sí, es vino a decir que los delitos urbanísticos por los que ha sido condenado, fueron por amor al arte.

Los delitos económicos son fáciles de ocultar y complicados de investigar. Pero a Muñoz le esperan acusaciones que ya no le facilitarán arreglos como hasta ahora con una Fiscalía precaria, tardía y benévola que ha preferido pactar penas reducidas de cárcel, sin multa alguna, para ahorrase las vistas de los procesos. Lo que significa que los daños causados al pueblo de Marbella por los delitos urbanísticos nadie los subsana. Aquí no se aplica el artículo 326 del código penal, con la demolición o reparación de las infracciones. Tampoco se utiliza el artículo 193 de la Ley de Ordenación del Territorio de Andalucía, que establece el procedimiento de reclamación a las empresas, funcionarios o autoridades que hayan violado las leyes urbanísticas. Ni la Judicatura, ni el nuevo Ayuntamiento, ni la Fiscalía actúan. Tele 5 interviene en solitario: sirve la basura de Marbella, para consumo nacional.

Héroes nacionales

Ignacio Martínez | 3 de noviembre de 2008 a las 8:50

 

Somos un gran país; aquí caben cuarenta millones de españoles y cinco millones de inmigrantes. Decimos pomposamente que tenemos el octavo PIB mundial, o GDP como dicen en inglés: gross domestic product. Pero no estamos invitados a la cumbre de Washington del día 15, porque aunque tengamos mucho GDP, no somos ni del G-20 ni del G-8. Esto apena mucho al Gobierno. Pero ni el mundo se pierde gran cosa con nuestra ausencia en la cumbre que debe fundar el nuevo sistema económico mundial, ni nosotros perdemos tanto.

Zapatero es el que más lo lamenta, porque se queda sin la foto. Y ahí anda el hombre pidiendo a latinoamericanos o europeos una silla en la cumbre. El presidente del Gobierno ha heredado la afición por hacerse una foto histórica de su antecesor, que corrió raudo y veloz a Las Azores para hacerse con Bush la foto fundacional de la guerra de Iraq. En fin, el heroico precedente no invita a tomárselo muy a pecho.

Este país es tan grande que en él caben algunos indeseables y medios de comunicación de dudosa ética. Seremos grandes en GDP, pero nuestras GTP (grandes televisiones privadas) andan pequeñas de valores éticos. Telecinco prepara un programa estelar para el próximo viernes, con la más estelar de las presentadoras nacionales, la sin par Ana Rosa Quintana. El espectáculo no es para celebrar la salida del coma de un profesor universitario que reprochó a un energúmeno que estuviese maltratando a su novia y sufrió una dura agresión del bestia. No, el espacio será para mayor loor y gloria de uno de los más famosos delincuentes españoles, Julián Muñoz, un camarero que hizo un gran patrimonio. Los milagros de Marbella. El tal Muñoz está condenado por múltiples delitos y tiene muchos pleitos pendientes, pero ahí está T5 dispuesta a hacerle un héroe y más millonario si cabe: le va a pagar más de 60.000 euros.

La novia del agresor de Jesús Neira cobró todavía más, unos 72.000 euros, por ir a la misma Telecinco a decir que Antonio Puertas no le estaba pegando y que el profesor no tuvo que meterse donde nadie le llamaba. Estos son los héroes nacionales. La maltratada satisfecha y el camarero que le firmaba los convenios a Jesús Gil pueden ir a la televisión a trincar y decir barbaridades. Nadie se escandaliza, pero nos rasgamos las vestiduras si la Reina se permite contar lo que piensa del mundo que nos rodea. No comparto muchos de los puntos de vista de doña Sofía, pero me parece muy bien que los exprese: ni me sorprende su visión de la vida, ni me molesta lo más mínimo. El portavoz del PP, González Pons, sostiene que la Reina ha ofendido a la mitad de los españoles. No estoy de acuerdo. Pero mientras discutimos, la novia agredida y el munícipe corrupto ofenden impunemente a la totalidad de los españoles. No somos tan grandes.