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Jomeini a Bayón, hace 30 años: “La religión islámica puede ser misericordiosa en el momento justo”

Ignacio Martínez | 23 de junio de 2009 a las 18:14

Mi querido amigo y colega Félix Bayón estuvo en Teherán hace 30 años. Contó para El País la caída del sha, la llegada de Jomeini y el triunfo de la revolución islamista. También entrevistó a Jomeini en Qom a finales de noviembre de 1979. Nuestro amigo José Antonio Montano ha colgado algunas de esas crónicas en su blog y ha creado un enlace con las crónicas de Bayón desde Teherán. Periodismo con mayúsculas. Recomiendo la visita al blog de Montano. Pero no me resisto a colgar aquí la entrevista a Jomeini, que se titulaba como pone más arriba.

 

Jomeini fue, desde 1953, la «bestia negra» del sha Mohamed Reza Pahlevi. El pobre clérigo que, en ese año, se negó a saludar al emperador, es el hombre que, veintiséis años después, derribó su trono. Desde su modesta casa de Qom salen las decisiones de las que puede depender una guerra mundial o, al menos, una paralización del mundo industrial de Occidente. El pasado jueves, 29 de noviembre, el iman Jomeini recibía en la ciudad santa de Qom al enviado especial de EL PAIS.

«Pienso que la postura de Estados Unidos obedece a otras razones diferentes a las humanitarias cuando se niega a conceder la extradición de ese criminal. Hasta ahora no hemos visto ningún rasgo de humanitarismo ni en Carter ni en los suyos. Si actuasen por razones humanitarias, no pensarían en sacrificar a 35 millones de seres humanos a cambio de uno solo. Tampoco hubieran iniciado un boicot económico con el que pensaban matar de hambre a estos 35 millones de personas que habitan Irán, ni prepararían el comienzo de una guerra que puede dañar a su propio país y causar un baño de sangre en otras partes del mundo.» El imán Jomeini ha ido recitando en farsi estas palabras, sin interrumpirse ni levantar los ojos del suelo. Sólo nos ha mirado durante medio segundo cuando entró en la habitación. Sin embargo, parece dotado de un tercer ojo que nos vigila en toda la entrevista. Sólo levantará la vista en dos ocasiones: cuando interrumpimos la traducción de una de las preguntas para añadir una observación y, ya al final, cuando parece molestarse por el ruido del motor de la cámara fotográfica. Han sido dos miradas breves, fulminantes y de significado bien claro.

La entrevista tiene lugar en una pequeña habitación, modestamente enmoquetada de celeste y con dos mantas dobladas como únicos asientos. Hace tiempo que se empapelaron las paredes y en algunos lados se adivina la pintura verde que, tiempo atrás, cubrió los delgados tabiques de la habitación.

Dos cámaras y un equipo de video grabarán toda la entrevista, que fue transmitida la noche del jueves para todo el país. Detrás del imán hay dos cortinas de color naranja que tamizan la débil luz grisácea que pasa a través de la ventana. A la derecha de Jomeini, una vitrina empotrada guarda los objetos más diversos: un radioteléfono, un micrófono a través del cual un joven dirige pequeños discursos al millar de Fieles que, desde el amanecer, esperan fuera de la casa con el deseo de ver al imán; un pulverizador, cartas, periódicos, un altavoz desconectado, un teléfono rojo y seis estuches vacíos que, alguna vez, contuvieron alguna bisutería. A la izquierda de Jomeini, una docena de curiosos y algún niño sirven de testigos a la entrevista.

«Las razones de Estados Unidos», prosigue Jomeini, «no son, pues, humanitarias. Son de otro tipo. La más fuerte, probablemente, es que saben qué crímenes ha cometido este hombre corrupto [el sha]. Ellos conocen que varios de los crímenes que cometió Mohamed Reza Pahlevi no son conocidos por nadie, excepto por los presidentes de Estados Unidos. Ni sus Goblernos ni el nuestro los conocen. Carter está aterrorizado, lleno de miedo, pensando que si Mohamed Reza es juzgado y le interrogamos, podremos probar, además de sus crímenes, los crímenes de los que fueron, en su tiempo, presidentes de Estados Unidos, y especialmente de Carter.»

«Así como hemos pedido, y seguímos pidiendo, someter a Mohamed Reza a las leyes divinas, también podemos pedir el juicio de los presidentes que colaboraron en sus crímenes, sea cual sea su situación actual. Tanto si se trata de Carter, como de Nixon o Johnson… Carter teme que lo que salga a la luz en el juicio de Mohamed Reza, le quite posibilidades de ser reelegido presidente.»

«A veces no pasa un solo dia», continúa Jomeini, «sin que reciba una, dos o tres notas del Ministerio de Asuntos Exteriores, comunicándome que diversos países ruegan la libertad de los rehenes y cosas de este tipo. Nuestra experiencia dice que la principal superpotencia, e incluso otros países con menos poder, no prestan ninguna atención a los seres humanos, incluso a aquellos que viven en su propia nación… tan sólo miran sus propios intereses… Hay gente que por ser presidente durante unos pocos años son capaces de destruir a otros pueblos e, incluso, a una parte de su propio pueblo, sin importarles nada. »

«Hace pocos días escuché que Carter había ido a la iglesia para rezar por la libertad de los rehenes. Creo que sus rezos son como los de Mohamed Reza, que iba a veces a rezar a Mashad [ciudad santa, venerada por los chiltas, en la que está enterrado el octavo imán]. A ellos les viene bien la frase de Obeyd Zakan, cuando decía que se extrañaba de que un gato pudiera ser un ser piadoso. Ahora le toca a Carter decidir y ver qué es lo correcto para él. Puede hacer estallar la guerra y destruir su propio país. No es probable que la ganase… también puede actuar con cordura y conceder la extradición de ese asesino que durante cincuenta años ha cometido crímenes, ha matado a nuestros jóvenes, se ha apropiado o destruido nuestras fuentes de riqueza y ha hecho caer a nuestro país en el nihilismo.»

Poco después de que los estudiantes islámicos seguidores del imán se hicieran con la embajada, Jomeini dijo que guardaría silencio hasta el 5 de diciembre. Nunca ha sido fácil acceder a su casa de Qom y menos aún estas últimas dos semanas. De hecho, ésta era la segunda entrevista concedida a la prensa escrita en los últimos tiempos. Jomeini desconfía de los periodistas.

¿Qué es lo que hay de dictatorial aquí?

«Siento que el Occidente», se queja el imán, «con todo el autobombo que se ha dado con su civilización y su humanitarismo, pueda decir en sus medios de comunicación cosas sobre Irán que nunca han ocurrido. ¿Qué clase de países son estos, que tienen una prensa como esa? Dicen que hay una dictadura en nuestro país, pero ¿qué es lo que ven de dictatorial aquí? Hace cinco meses que tenemos completa libertad, y esta gente nos traiciona y conspira contra nosotros. Después hemos sabido que hay periodistas que colaboraban con los espías norteamericanos; estos mismos nos lo han dicho.»

En los últimos meses han abundando las críticas al nuevo régimen iraní, que ha sido calificado, entre otras cosas, de caótico. ¿Qué se puede responder a esto?

«El caos», afirma Jomeini, «es inevitable cuando un régimen reemplaza a otro. Francia es tenido por uno de los países más civilizados, y ¿qué ocurrió allí después de su revolución? ¿Cuánta gente ha muerto aquí? Y bien, ¿cuánta gente murió en la revolución rusa y en otras revoluciones? Nosotros decimos que nuestra revolución fue única en el mundo, porque era una revolución islámica, y, al ser islámica, toda la gente de este país participaba en ella. No ha sido una revolución en la que simplemente un régimen ha reemplazado a otro; ni tampoco ha sido un golpe militar. Ha sido la revueta de una nación que, al ser musulmana, defendía su propia moralidad. Nuestra revolución se ha hecho en calma, porque seguíamos las reglas islámicas.» “Aquí no ha habido caos”

«Los traidores», prosigue el imán, «no fueron fusilados inmediatamente. Se les detenía, se les trataba correctamente y, si parecían culpables, se les llevaba los tribunales. Según los crímenes cometidos, se les condenaba. Aquí ha habido menos caos que en otras revoluciones. Aquí, se puede decir, no ha habido caos. »

Qom festeja la primera Ashura de la República Islámica. Desde las ocho de la mañana, las calles están llenas de gente que marchan en procesión, al son de bombo y platillos, golpeándose rítmicamente las espaldas con unas cadenas o haciendo sonar los puños sobre el pecho.

La gran mezquita, de cúpula dorada, está completamente llena. Muchos han venido de muy lejos. Hay kurdos, turcos, baluchis, hombres con rasgos mongoles…; de cuando en cuando, un fugaz cortejo fúnebre entra en la mezquita. Así, se dice, se facilita la entrada del muerto en el paraíso. El modesto ataúd, destapado, corre entre la multitud, mientras el cortejo se empeña en llevar el mismo paso. No se ven caras tristes. La muerte tiene aquí un significado muy diferente.

En Qom hay también mujeres que se guardan más aún de las miradas que el resto de las iraníes: un tupido velo negro les tapa toda la cara. Entre las procesiones se ven jóvenes cubiertos por un mandil blanco. Así se ha vestido siempre a los muertos; es una forma de decir que están completamente dispuestos a ofrecer su vida. La situación se ha seguido en Irán sin ningún tipo de histerismos: a nadie parece extrañarle ya que la televisión dedique un programa de hora y media a mostrar la utilización del fusil ametrallador.

En los accesos a la modesta vivienda de Jomeini, estrechamente vigilada por los Pasdaran (guardias islámicos), no se escucha la charanga de las procesiones; sólo los eslóganes que rítmicamente van gritando los que pasarán todo el día frente a la casa, con la vana esperanza de ver al imán: «Hemos venido para verte, Jomeini». Y, de cuando en cuando, nuevamente: «Muera Carter.»

«El artículo 26 de nuestra Constitución», continúa Jomeini, «dice que todos los partidos, comunidades, asambleas o minorías religiosas son libres, con la condición de que no conspiren contra el país, contra nuestra nación o contra la República Islámica, y no violen las leyes. Desde el principio de la revolución la gente gritaba: “Ala akbar.” (“Alá es grande”), y “Queremos una república islámica”. Esto era lo que quería el pueblo. Desde el comienzo de la revolución, varios grupos comenzaron a crear problemas. Unos decían que querían sólo una república; otros, que querían una república democrática, y otros, una república islámica democrática. El 98,2% de nuestro pueblo votó a favor de la República Islámica. Los grupos que se repartían el 2% restante comenzaron a crear problemas. ¿Qué quieren, los que conspiran contra la República Islámica cuando dicen que no se les ha dado espacio para sus actividades? Si no violan la Constitución, tendrán libertad.» .

Visto desde Irán, la situación de los rehenes no parece tener fácil solución. ¿Es posible a última hora una medida de clemencia?

«La religión islámica puede ser misericordiosa en el momento justo», comenta el imán. «Si los rehenes son culpables y se prueban sus delitos, serán condenados. En algunos casos, le corresponde a los líderes religiosos la posibilidad de perdonar. Si América devuelve al criminal y todas sus propiedades, incluyendo las que están guardadas en los bancos, entonces la autoridad será misericordiosa, y esta gente [los rehenes] tendrán la oportunidad de meditar su propia culpabilidad.»

“El Papa debería comportarse como se comportaría Cristo”

«El Papa mandó aquí a un enviado, y su punto de vista era que pusiéramos en libertad a los rehenes que habíamos capturado en el ‘nido de espías’. Nosotros informamos al Papa de los crímenes que se habían cometido aquí, ya que podía no estar informado. Le explicamos al Papa que, ya que se considera santo padre y vicario de Cristo, el mesías, en la Tierra, debería de comportarse como se comportaría Cristo. Si Cristo estuviera aquí, ni el Papa ni las jerarquías religiosas dejarían que Cristo se pusiera del lado de Carter, olvidando a las naciones oprimidas… Es cierto que Carter tiene poder, tanques y municiones; pero los países, tanto si son cristianos como judíos o zoroastrianos, tienen que estar de acuerdo con nosotros», añade el imán.

«Nosotros», concluye, «queremos ser amigos de todos los Gobiernos. Pero si un Gobierno no quiere estar con nosotros e intenta interferir en nuestros asuntos, no podrá contar con nuestra ayuda. A nuestros amigos les daremos petróleo, si lo necesitan, y si nos hace falta algo, será a ellos a quienes se lo pidamos.»

 

Irán: revuelta contra el fundamentalismo de los ayatolás

Ignacio Martínez | 17 de junio de 2009 a las 8:13

Una riada humana ha tomado las calles de Teherán y exige que se le devuelvan los votos robados en las elecciones. Piden la victoria del candidato menos conservador a la Presidencia, Hosein Musavi, que podríamos considerar reformista con benevolencia. Lo sería sobre todo en materia de costumbres y en política interior. Es, por ejemplo, partidario como su oponente político de que Irán tenga la bomba atómica. Pero enfrente ha tenido al presidente de la República Islámica desde 2005, Mahmud Ahmadineyad. Un integrista peligroso, que provocó la carcajada general de la prensa neoyorquina cuando dijo muy serio en una conferencia que en Irán no hay homosexuales. No explicó por qué, entonces, castigan la homosexualidad con la pena de muerte. También ha negado el holocausto judío y es partidario de borrar del mapa el Estado de Israel. Ahora ha soltado otra perla: la multitud que protesta en la calle por el posible fraude electoral se comporta como aficionados al fútbol.

Se diría que es un hombre peculiar enfrentado a un problema que le desborda. No hay que olvidar hace treinta años el pueblo de Teherán acabó con medio siglo de dinastía Pahlevi con manifestaciones masivas en la calle. Tiene una cierta experiencia de revueltas populares que acaban con dictaduras. Dictadura era la del sha, aliada de los Estados Unidos, y lo es también esta teocracia dirigida con mano de hierro por unos clérigos iluminados. El problema de los ayatolás es que se han creído que el país es suyo. No saben negociar. De hecho, el presidente de la República no es la primera autoridad del país. Está por debajo del líder supremo, que es un clérigo que ejerce de jefe del Estado y controla el ejército, la diplomacia, la justicia y los medios de comunicación. Jamenei es menos conservador que su antecesor Jomeini, su pelo blanco le da un aspecto bondadoso, y su afición a escribir poesía, tocar el tar (instrumento de cuerda tradicional) e incluso a cantar le ha dado un cierto halo romántico. Falsa impresión.

Si hay trampa, ¿quién la ha hecho, Ahmadineyad? De momento el consejo de la Revolución va a recontar los votos de las urnas que han sido impugnadas por la oposición. Pero los partidarios de Musavi quieren que se repita la votación. Entretanto, la revuelta ha provocado ya varios muertos a manos de los Basiji, una organización armada formada por voluntarios islamistas, fundada por Jomeini tras el triunfo de la revolución islámica en 1979. Durante la guerra contra Iraq, en los años 80, Ahmadineyad fue instructor de los basiji. Reclutaron niños de hasta 12 años que eran utilizados para limpiar los campos minados. Se había intentado con burros, ovejas y perros, pero con las explosiones se asustaban y huían. En cambio los niños llenos de fervor religioso se ofrecían jubilosamente. En la actualidad, en Tehéran hay más de un millón de basiji en una población de unos siete millones de habitantes. Esta revuelta puede terminar bañada de sangre, con estos fundamentalistas hasta el tuétano sueltos por las calles.