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Solbes se va

Ignacio Martínez | 14 de septiembre de 2009 a las 20:40

Se va Solbes. Le supongo espantado por tanto aficionado y aficionada manejando los mandos de la economía y el presupuesto nacional. Empezando por el aficionado-presidente, el hombre al que Jordi Sevilla pretendía explicarle en dos tardes lo que es la economía. Ambos están en desacuerdo con la política económica, con los bandazos y con las improvisaciones. También con el hecho de que cada vez más, como le pasó a Aznar en su segunda legislatura, todo lo decida el presidente, rodeado de un coro de aduladores.

Entre las críticas en público, figura en lugar destacado Antoni Castells, el consejero de Economía de la Generalitat, que se ha mostrado en desacuerdo con la subida de impuestos de Zapatero. Castells tuvo el acierto de leer mejor que Solbes o Griñán los datos de los organismos internacionales a la hora de preparar los presupuestos de este año. Mientras unos preveían una subida del PIB del 1%, Castells ya sabía que entraríamos en recesión. Hoy ha dicho en una conferencia en la Caixa que se siente respaldado por el PSC, ante las molestias que en el PSOE han causado sus críticas al presidente. También ha insistido esta tarde en que frente a una crisis como ésta “los estímulos fiscales son importantísimos”.

Se fue Jordi Sevilla, se va Solbes y quedan pocos como Castells diciendo lo que piensan.

Poco aprieta Zapatero

Ignacio Martínez | 8 de septiembre de 2009 a las 10:20

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Jordi Sevilla, uno de los miembros más relevantes de la corriente Nueva Vía, que llevó contra pronóstico a Rodríguez Zapatero a la secretaría general del PSOE en 2000, ha dimitido como diputado y se marcha al sector privado, en concreto a la compañía de auditoría, consultoría y asesoría de empresas PricewaterhouseCoopers. Economista, nacido en Valencia en 1956, este es el hombre que iba a enseñar economía a Zapatero en dos tardes, que fue ministro de Administraciones Públicas en su primer gabinete en 2004 y del que se deshizo el presidente en su primera crisis de gobierno en 2007. Sevilla ha dicho algo muy relevante en el momento de su adiós: que no hay espacios institucionales para hacer política en su partido, porque “el que está arriba cada vez toma más decisiones”. El hiperprotagonismo de Zapatero no sólo ensombrece la labor de sus ministros, sino también en todo el espacio que ocupa su organización. Mucho abarca el presidente. Y poco aprieta.

Muchos jefes y ningún líder

Ignacio Martínez | 4 de septiembre de 2009 a las 0:30

La primera secretaria del Partido Socialista francés, Martine Aubry, ex ministra de Trabajo e hija de Jacques Delors, ha anunciado en la Escuela de Verano del PS una profunda renovación de su organización, que incluye algunas novedades como la celebración de unas primarias abiertas a los simpatizantes para elegir a su candidato o candidata en la elecciones presidenciales de 2012. Hay otras tentaciones en esta formación que ha gobernado Francia desde los años 80 con un presidente como Mitterrand que reinó durante 14 años y seis primeros ministros que se turnaron en el Palacio de Matignon a lo largo de tres legislaturas, que en aquel país son de cinco años. Algunas de las ideas que bullen en la cabeza de los dirigentes del partido que ha liderado la izquierda francesa en el último tercio de siglo suenan a conocidas por estos pagos.

El PS intenta recuperarse de su debacle de las últimas elecciones europeas, en las que los verdes de Europe Ecologie sacaron tantos votos como ellos. Y se saca de la manga la limitación de mandatos de sus líderes en las instituciones y la no acumulación de cargos, que en Francia es todavía mayor que en España. Estas iniciativas, vistas desde este lado de los Pirineos, provocan la nostalgia. Nos recuerdan tiempos de bonanza e ilusiones. Cuando el PSOE estaba en la más absoluta depresión, tras la marcha de González y el fracaso electoral de Almunia, apareció un joven, despierto y desinhibido que planteó aquello de la Nueva Vía, en compañía de José Blanco, Trinidad Jiménez, Carmen Chacón, Jordi Sevilla, Jesús Caldera, José Andrés Torres Mora, Leire Pajín, Juan Fernando López Aguilar y unos pocos más. Es conocido que tanto González como Chaves apoyaron en el congreso del 2000 a José Bono, pero Zapatero ganó con su discurso moderno en el que las primarias, la no acumulación de cargos y la limitación de mandatos formaban parte de la filosofía que iba a cambiar su partido de arriba abajo.

Conocedora o ignorante de estas promesas enterradas por sus colegas españoles, Aubry se propone aplicar la misma estrategia para intentar que un socialista llegue al Elíseo o a Matignon. Y ha lanzado su proclama de renovación en la Escuela de Verano de su partido. Mientras que la equivalente española, que se desarrolla en julio cerca de El Escorial, está más dedicada a la formación, ésta de los franceses en La Rochelle a finales de agosto es más dada a la exhibición. Los dirigentes consolidados, comprueban el grado de aceptación de sus posturas y de sus personas. Y los jóvenes prometedores se foguean en los actos públicos y ganan sus primeros adeptos. El problema de los socialistas franceses es que tienen muchos jefes y ningún líder. Me temo que éste es precisamente uno de los males de la política española. Aquí hay muchos jefes , alguna jefa y muchos barones. Pero ningún líder.