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Los huevos fritos del Rey

Ignacio Martínez | 1 de diciembre de 2012 a las 9:23

San José de Madrid. Domingo 25, 14:30. El presidente del Gobierno pide a los periodistas que no le hablen de política el día en que se juega una de las partidas más difíciles de la joven democracia española; las elecciones catalanas. Rajoy había estado una hora con el Rey al que 48 horas antes habían realizado en esa clínica privada una complicada intervención de cadera. Tuvo un argumento para demostrar la buena salud del Monarca y, de camino, ofrecer un titular goloso a la prensa: el Rey había desayunado dos huevos fritos. Bingo. Media hora después, todos los telediarios adornaban sus crónicas con los huevos.

El Monarca hizo honor aquel día a las castizas aficiones de los borbones y pidió de desayuno la que podríamos considerar la comida nacional. Nos flagelamos constantemente con la idea de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, pero seamos sinceros, si se hace una encuesta entre el conjunto de la ciudadanía española sobre cuál es su plato favorito, los dos huevos con patatas ganan por goleada. Y habrá que convenir que se trata de una comida sencilla, adecuada para la humilde España de antaño y a la modesta España que propone para el futuro mi colega Enric Juliana.

Este ensayo, publicado por la editorial RBA, establece que la actual crisis económica no será un paréntesis en la historia de España, a pesar de que el discurso de los políticos juega con la metáfora tranquilizante de ese paréntesis. Juliana sostiene que España no regresará a las altas cotas de consumo, especulación y hedonismo de las últimas dos décadas. Y que en la nueva era este será definitivamente un país modesto.

La modestia que no siempre ha tenido buena acogida en el alma popular, pero ya ven que en materia gastronómica este pueblo no ha descarrilado. Lo que no indica que no haya habido burbuja en la materia: hemos visto surgir la tortilla de patatas líquida y las aceitunas líquidas, sin que se decretase que era alta traición. Pero las masas populares y la alta aristocracia han seguido fieles a los valores eternos, como la tortilla de patatas de toda la vida de dios. Afortunadamente el más moderno de nuestros chef andaluces, Dani García, que se encuentra estos días en Nueva York abriendo un restaurante con el genuino nombre de Manzanilla, ha adaptado con más estilo platos tradicionales como la papada de cerdo o el rabo de toro.

Rajoy dijo también a la salida del hospital que había hablado con el Rey de la vida misma. Ahora que preocupa tanto la marca España, los huevos fritos no son mala guarnición. Añadió el presidente que con don Juan Carlos no había hablado nada de política. ¿Semejante día y nada de política? No hay quien se crea esa cortina de humo. Si el infierno existe hay quien hace méritos. Con el estómago lleno.

Casa Real: rigor en defensa del sistema

Ignacio Martínez | 21 de abril de 2012 a las 13:08

Hay un antes y un después de Botsuana. Para los grandes partidos y el resto del arco parlamentario, entre las formaciones republicanas y en el inconsciente colectivo. Y en la propia Casa Real. No sólo por el cúmulo de desgraciados ingredientes: la compañía espuria, la excursión de lujo, la caza de elefantes, el secreto del viaje. Estamos en el annus horribilis de la monarquía española, como 1992 lo fue para Isabel II de Inglaterra. La gravísima situación de crisis que vive España y la desesperación generalizada al no ver una salida, han elevado el desafecto ciudadano.

Hay quien aprovecha para señalar el anacronismo que supone hoy la monarquía. Un principio aceptable. Y discutible. Algunos de los países más avanzados del mundo, que son un paradigma del Estado de bienestar, Dinamarca, Suecia, Noruega, son monarquías parlamentarias. También el Reino Unido, Holanda o Bélgica. Y no parece que el régimen haya dado más posibilidades a las repúblicas europeas que a las monarquías. Ni lo contrario. En España, en particular, la hoja de servicios del Rey en estos 36 años ha acumulado un crédito sustancial.

Hemos asistido a la petición de perdón del Rey. Magnífica. Inhabitual aquí y fuera de aquí. Cuando Sarkozy fue elegido presidente de la República hace cinco años anunció que se retiraba unos días a descansar. Se pensó que iba a ir a un monasterio o a una tranquila finca de Córcega, pero se marchó a Malta en un avión privado para pasar unas vacaciones de lujo en un yate de 60 metros, invitado por Vicent Balloré, una de las principales fortunas de Francia. Se formó un escándalo y hasta la prensa conservadora criticó la “escapada dorada del presidente, con sus amigos del CAC 40″, el equivalente nuestro Íbex 35. Pues nada, monsieur le président no se excusó. Se limitó a decir que su excursión de lujo no le había costado un céntimo al contribuyente.
La Casa Real intenta recuperar posiciones y ha ofrecido que en el futuro habrá más transparencia. Un servidor vuelve a discrepar. No se trata de que el monarca de manera voluntarista esté dispuesto a hacer concesiones, sino de defender el modelo de Estado, la monarquía constitucional, con todas las de la ley. Es urgente que los representantes de la soberanía popular se ocupen del artículo 57 de la Constitución. Hay que modificar el apartado 1, porque discrimina a la mujer respecto al hombre. Hay que desarrollar el apartado 5, que preveía en 1978 una ley orgánica sobre abdicaciones y renuncias, ¡que no se ha hecho en 33 años! Y hay que establecer un estatuto del heredero, más allá de lo que dice el apartado 2.
Y ya que estamos, hay que incluir a la Casa Real en la Ley de Transparencia promovida por el Gobierno. Y regular las actividades públicas y privadas del monarca, que tienen una frontera difusa; como las del presidente francés, sin ir más lejos. Nada de concesiones voluntaristas. Rigor en defensa del sistema.

Desequilibrio y torpeza del Rey

Ignacio Martínez | 15 de abril de 2012 a las 10:32

Recuerdo a Luis Carandell en Sevilla, sería el año 74, explicar que Franco se había caído al suelo durante unos oficios en El Escorial. El dictador ya no estaba de muy buen uso, pero su dictadura no dejaba contar esas cosas de manera expresa, ni al Carandell que hablaba a un grupo de jóvenes universitarios, ni a la prensa de la época. La salud del dictador era un secreto de Estado.

El periodista detalló el método empleado por una publicación para burlar la censura. En la crónica del acto en una línea aparecía la palabra equilibrio y un poco después, en el mismo párrafo, podía leerse mal paso. Leído entre líneas, eso significaba que el dictador, que tenía más de 80 años y sufría una flebitis, se había derrumbado en un acto público. Era todo lo que se podía contar al respecto en los periódicos nacionales.

Sobre lo del Rey en Botsuana sabemos mucho más, pero falta transparencia sobre su vida y sus actividades. En este caso, por ejemplo, hay que saber quién pagó esta excursión de caza del monarca y cuánto costó el conjunto de la operación, incluido el desplazamiento y estancia de los servicios de seguridad y el diverso personal de servicio.

Pero más allá de estos detalles, sorprende que el jefe de Estado de un país acosado por el peronismo de la señora Kirchner, el gaullismo del presidente Sarkozy o el ordoliberalismo de la canciller Merkel, con la Bolsa por los suelos y la prima de riesgo por las nubes, que declara apenado que el desempleo juvenil le quita el sueño, se vaya de cacería de elefantes a Botsuana. Ese país, al norte de Sudáfrica, uno de los más pobres de África con más extensión que España y una población como la de la provincia de Sevilla, da para una nota de color; pero aquí no estamos ni para folclorismos ni para bromas.

La explicación de la Casa Real de que se trataba de un viaje privado no es convincente. Los dos comunicados en los que se informa del accidente y de la operación quirúrgica suman 276 escasas palabras; pero en Twitter la noticia generó millones, casi todas críticas. El Rey es rey las 24 horas del día y debe estar siempre de guardia; más aún en una situación de crisis como la que vive la nación española. Razón de más para evitar desequilibrios y torpezas.

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Afrancesados

Ignacio Martínez | 27 de abril de 2009 a las 8:04

 

España se va a afrancesar hoy y mañana, durante la visita a Madrid del presidente de la República y su esposa, Nicolas Sarkozy y Carla Bruni. Los parapazzi y el papel couché los esperan con ansiedad. Las revistas del corazón andan regular de ingresos y Carla Bruni es un regalo para el negocio; cantante, modelo, novia en su agitada juventud de Eric Clapton y Mick Jagger… Su perfil es difícil de mejorar. Pero además toda la prensa política nacional especula con los encuentros de la primera dama francesa, de 41 años, con la princesa Letizia, de 36. Prepárense, vamos a tener Carla Bruni hoy hasta en la sopa: fotos con los Reyes, con los Príncipes de Asturias, con el presidente Zapatero y Sonsoles Espinosa. Por cierto que Carla y Sonsoles tienen un almuerzo a solas previsto para mañana. Y más fotos.

La Bruni, que es una muchacha monísima, aportará un poco de circo en sus correrías diplomáticas y culturales por Madrid. Su distinguido esposo, por el contrario, se tendrá que ganar el pan con algo más que glamour. Mañana hace un discurso ante el Congreso y el Senado, reunidos en sesión conjunta extraordinaria, y celebra una cumbre con el Gobierno español. Participarán en la cita bilateral los ministros de Exteriores, Interior, Defensa, Fomento e Innovación. ETA y la conexión de los ferrocarriles de alta velocidad entre los dos países son algunos de los temas cruciales del encuentro.

Ayer, Juan Luis Cebrián relataba en El País un encuentro con Sarkozy en El Elíseo. El mandatario francés explicaba su admiración por España, su entusiasmo por Sevilla; y su afición por la “elegante y noble” cultura popular española, en la que incluye las corridas de toros. Se confesaba amigo del Rey, Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba. Muchos amigos me parecen y algo heterogéneos. Este Sarkozy me parece un poco bienqueda. En otros campos es un poco más crítico. Por ejemplo, en su opinión, Francia supo liberarse de la tutela de la Iglesia Católica, algo que no ha sucedido en España en el plano social, y defendía la laicidad del Estado. También abogaba por valores como el trabajo, el mérito, la recompensa y la promoción social, que me suenan de haberlos oído estos días en la investidura del nuevo presidente andaluz.

Sobre los asuntos de la cumbre bilateral, hay que destacar que Andalucía tiene una buena conexión central para enlazar por AVE con Dax, una vez que se termine la y griega vasca. Desde allí está previsto un tren de alta velocidad que enlace con Burdeos y París. Es decir, con el TGV atlántico de Francia. Pero al mismo tiempo las autoridades regionales deberían estar presionando al Estado para que también se haga la conexión mediterránea. Poder llegar desde Algeciras, Málaga y Almería hasta Portbou, por toda la costa levantina española, y conectar con Montpellier, Lyon, París y el resto de Europa, sería extraordinario para el desarrollo comercial de Andalucía. Estaríamos más afrancesados y seríamos menos periféricos.

Juntos podemos

Ignacio Martínez | 25 de diciembre de 2008 a las 14:40

 

El discurso de Navidad del Rey podría resumirse en una frase del estilo del ‘Yes, we can’ del presidente Obama. Juntos podemos. Dijo en realidad “juntos podremos”, cuando hablaba de la crisis económica y financiera y ofrecía una receta que suena al “sangre, sudor y lágrimas” de Churchill. Don Juan Carlos sostiene que hace falta realismo, rigor, ética y mucho esfuerzo. Habría que añadir que las fuerzas políticas deben olvidarse de su deporte favorito: el sectarismo partidista. El Rey también lo subraya cuando pide consenso y coordinación en la acción exterior, para abrir mercados a nuestros productos. Y no olvida parte alguna del mundo: Europa, Estados Unidos, Iberoamérica, el Meditarráneo, África, Asia.

Se puede, tirando del carro en la misma dirección. Habla el Rey de una España moderna, unida, solidaria y diversa. Lo único cierto es lo último; porque no creo que este país sea todavía moderno y desde luego el juego cada vez más fuerte de las autonomías está hipotecando la unidad y solidaridad interior. Su pasaje sobre ETA es impecable: “Nuestros derechos y libertades no pueden ser violados o amenazados por los profesionales del terror”.

A los nacionalistas vascos y catalanes no les ha gustado el discurso. Tampoco al nuevo jefe de Izquierda Unida. A mi, sí.