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No hay cheques en blanco

Ignacio Martínez | 9 de noviembre de 2011 a las 12:16

Las alegrías duran poco en la política europea. Es una advertencia para el próximo presidente del Gobierno español. El señor Rajoy debe saber que su amplia mayoría absoluta no será un cheque en blanco. Tiene ya algunas referencias. Por ejemplo, Berlusconi. Ignoro si es amigo suyo, pero lo era de Aznar: se partían de la risa en julio de 1999, en un mitin en Málaga tras las elecciones europeas. La crisis se va a llevar por delante a este italiano, campeón de la derecha continental, que se creía por encima de lo divino y de lo humano, con quien no han podido jueces, fiscales o periodistas; que ha conseguido evitar condenas por atropellos y delitos que han pagado alguno de sus colaboradores.

Grecia es otro buen paradigma de lo efímero de la gloria y la desgracia en política. El partido Nueva Democracia, que entró en su día en el Partido Popular Europeo junto al PP español, dejó el país en la ruina hace dos años. Con mentiras tan gordas como decir que el déficit público estaba en el 6%, cuando era del triple. Karamanlis descendió a los infiernos, y el socialista Papandreu ganó por mayoría absoluta. Pero si alguien pensó que esa alternancia duraría mucho tiempo, se equivocaba. Dos años después, Samaras el sustituto de Karamanlis, está destacadísimo en las encuestas. Se diría que los griegos, ya que no pueden arreglar su bancarrota, prefieren al partido que les miente. En todo caso, a Papandreu se lo ha comido la centrifugadora de la crisis, como a su antecesor. Dos lideratos en dos años.

Claro que hay ejemplos para todos los barrios. Irlanda, sin ir más lejos. En febrero de este año, el Fianna Fáil, partido nuclear de la república, que ha estado en el poder 66 de los últimos 79 años, se pegó un batacazo de aúpa. Pasó de 77 a 14 escaños. De golpe: la crisis arrambla con todo. Una advertencia en este caso para el PSOE, el partido que ha ocupado el poder en Andalucía íntegramente, los 30 años de autonomía. La penuria económica invita a los pueblos a sacrificar a sus gobernantes. ¡Y lo hacen con entusiasmo!

Pero esto no ocurre sólo en la casa del pobre. Quien piense que la salud de la pareja franco-alemana sobrevive a este cataclismo, se equivoca. Nunca ha habido tanto desequilibrio en el eje París-Berlín (antes Bonn). Ya cuando se suscitó en los ochenta la idea de la moneda única, Mitterrand convenció a Kohl. El alemán aceptó el euro, pero puso las condiciones. En esta época Sarkozy impuso a Merkel las reuniones del Eurogrupo, y ella consintió pero las aprovecha para dictar la doctrina. El ex presidente de la Comisión Romano Prodi estuvo hace un par de semanas en Barcelona y contó una maldad reciente sobre la pareja que nos ocupa: “Ella toma las decisiones y él las cuenta en ruedas de prensa”. No somos nadie.

La cruz griega

Ignacio Martínez | 2 de noviembre de 2011 a las 14:31

Como esto siga así, Grecia se sumará al trío de preocupaciones de los españoles, que se repite desde hace años en las encuestas: paro, situación económica y políticos. De hecho, la palabra griego tiene un amplio espacio en el diccionario de la Real Academia. Puede pensarse que una lengua antigua está llena de prejuicios. Pero cabe también la conclusión contraria: que el idioma sea la sabia conclusión de experiencias de siglos. En todo caso, un modo coloquial poco utilizado es griego como sinónimo de tahúr o fullero. Justo lo que era el anterior primer ministro, Kostas Karamanlis, que abandonó el poder diciendo que dejaba un déficit del 6% en las cuentas públicas, cuando en realidad era de tres veces mayor.

Lenguaje ininteligible, incomprensible, es otro significado coloquial de griego. Quizá es el utilizado por el actual primer ministro Papandreu cuando ha pasado, por segunda vez en dos años, el platillo para pedir otros 110.000 millones de euros a sus socios comunitarios y al Fondo Monetario Internacional. Y cuando los ha conseguido, en condiciones muy duras, sin previo aviso se descuelga con una moción de confianza para hoy y un referéndum para ratificar el acuerdo.

Suicidio a la griega no es un término registrado. Pero hay otros, todos ellos sugerentes. Como las calendas grecas, esas que no llegarán nunca; el telón griego, que tiene doble cortina y se abre lateralmente; la pez griega, que es un destilado de la trementina y se usa en farmacia; o el fuego griego, que es un mixto incendiario que se inventó para abrasar las naves.

De momento, el anuncio de Papandreu ha hundido ayer todas las bolsas europeas, entre declaraciones de sorpresa, irritación e indignación por norte, sur, este y oeste. Hace pocos días Sarkozy afirmó que quizá fue un error la entrada de Grecia en el euro. Un error, no. Fue una fullería, porque el Gobierno heleno falseó los datos. El prestigio de Grecia está por los suelos. Es incapaz de hacer frente a sus compromisos y tiene una clara incapacidad para salir de su suspensión de pagos; no produce nada competitivo en los mercados internacionales, que le permita crecer. No es nuevo. Cuando Grecia entró en la Comunidad Europea en 1981 envió a Bruselas un grupo de funcionarios muy deficiente. Cinco años después, en el momento en que españoles y portugueses se sumaron al club europeo había el temor en la capital belga de que los funcionarios ibéricos fuesen del nivel de los griegos. No fue así. Ahora, España y Portugal, entre otros, siguen pagando los platos rotos por los griegos, además de las culpas propias.

Seguro que encuentran un sustantivo al que poner detrás el adjetivo griego. Para penar, propongo la cruz griega. Esa que no tiene lado corto. O lo que es lo mismo: la solución a este embrollo llegará a calendas griegas. Nunca, porque los griegos no tenían calendas. Ni formalidad.

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Los mismos de siempre

Ignacio Martínez | 12 de diciembre de 2008 a las 9:57

Ningún país europeo está exento de que le ocurra una revuelta social como la de Grecia. Tampoco Andalucía. Hace 20 años mal contados un Papandreu (Andreas) era primer ministro de Grecia y estaba a punto de repetir en la presidencia de la república un Karamanlis (Constantino), que había sido el anterior jefe de gobierno, cuando cayó la dictadura de los coroneles en 1974. El país era pobre, pero su entrada en la Comunidad Europea en 1981 le ayudó a un rápido desarrollo. En los últimos años, dentro del euro, ha crecido por encima del 4% anual.

Y sin embargo, la mejoría del bienestar de los ciudadanos no ha sido suficiente para evitar una protesta social de la amplitud, la intensidad y violencia de la acaecida en el país heleno, desde que el sábado por la noche un policía mató de un tiro en el corazón a un joven de 16 años desarmado. La crisis institucional y política ha pasado por encima de la económica y financiera que padecen todos los países del mundo desarrollado. La huelga general celebrada el miércoles estaba convocada antes de que un policía de las fuerzas especiales matara a Alexandros Grigoropoulos. El gendarme, dicho sea de paso, tenía una reputación: era conocido por sus colegas como Rambo.

Los sindicatos no quieren que el Gobierno aumente la contribución para las pensiones y amplíe la edad de jubilación. Pretenden que se haga otra política económica. El malestar griego se extiende por todas las capas sociales, por todos los tramos de edad, pero es entre los jóvenes donde ha encontrado más eco. En Grecia no hay mileuristas, sino una generación 700, que no pasa de los setecientos euros de salario. Y su paro juvenil es el más alto de toda la UE, con un 23% de la población activa. Eso sí, es cinco puntos más bajo que en Andalucía; según la Encuesta de Población Activa de agosto, un 28,6% de los andaluces menores de 25 años no encuentra empleo. Aquí el paro entre la población inmigrante ha provocado graves enfrentamientos y un muerto en un pueblo de Almería y miles de trabajadores sin contrato vagan por las provincias de Córdoba y Jaén en busca de un jornal. El desempleo se ha disparado entre los inmigrantes. Es un foco potencial de conflictos, que toda la sociedad, y sobre todo los políticos tienen que saber gestionar.
La Grecia actual está gobernada por otro Karamanlis (Costas), sobrino del anterior, que tiene una exigua mayoría conservadora en el Parlamento. Y el principal partido de la oposición, el socialista, está liderado por otro Papandreu (Yorgos), hijo del anterior. Veinte años después, los griegos siguen con un Papandreu y un Karamanlis. Aquí en Andalucía nos pasa algo parecido. Llevamos 20 años mal contados con un Chaves y un Arenas; con la diferencia de que aquí son los mismos Chaves y Arenas de aquel entonces. Los mismos de siempre.