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Kosovo trae cola en España

Ignacio Martínez | 24 de julio de 2010 a las 10:49

La sentencia del Tribunal Internacional de Justicia sobre la independencia de Kosovo ha traído cola. Kosovo no es Cataluña. O sí. Aquí en España, todos entramos en tropel a escena, tras la decisión de La Haya de dar por buena esa independencia unilateral. No es una novedad. Cuando se produjo en 1991 la segunda Guerra de los Balcanes, Alemania presionó a sus once socios comunitarios de entonces para reconocer a eslovenos y croatas. Felipe González era reticente. Como Mitterrand o John Major. Cataluña, País Vasco, Córcega e Irlanda del Norte eran buenas razones. El estallido de la Unión Soviética ese mismo año y la independencia de los Países Bálticos, predestinados a entrar en la Unión Europea y la OTAN, dio alas a los nacionalismos periféricos en España. Al fin y al cabo, Lituania, Letonia y Estonia, tenían juntos la misma población que Cataluña.

Jordi Pujol lo recordaba en sus frecuentes visitas a Bruselas en los años 90. Aunque sus manifestaciones no eran de un nacionalismo rancio. Cuando en diciembre de 1995 el Tribunal de la UE publicó la sentencia del caso Bosman, según la cual un jugador comunitario de fútbol no podía ser considerado extranjero en otro país de la Unión, a Pujol se le preguntó si veía al Barça con 11 irlandeses y contestó que no; que los irlandeses son muy malos, pero que no le importaría con 11 holandeses. Una respuesta nada racial.

La Guerra de los Balcanes, junto a una crueldad inusitada sobre el terreno, tenía algo de irreal en las trincheras diplomáticas. Recuerdo a los jefes de los tres países contendientes, en plena guerra, participando en las sesiones de mediación en La Haya, la misma ciudad donde se ha emitido el fallo del jueves. Y sus ruedas de prensa inverosímiles: el croata Tudman y el bosnio Izetbegovic, sentados en los extremos de una larga mesa curva, con el serbio Milosevic en el centro, respondiendo al mismo tiempo a las preguntas.

Kosovo está considerada como la cuna de los serbios. Curioso, como Kiev, capital de la actual Ucrania, está en el origen de la monarquía rusa. Las emigraciones masivas de albaneses a la serbia Kosovo provocaron una mayoría foránea, que generó el movimiento separatista. Es el caso contrario al de los derechos históricos reivindicados con algunos catalanes o vascos para reclamar su independencia. En resumen, sería como si una mayoría de origen andaluz en una determinada comarca catalana reivindicara separarse de Cataluña. O una mayoría de portugueses en algún condado luxemburgués proclamara su independencia unilateral del Gran Ducado. Algo impensable si no se tiene un buen padrino; Estados Unidos en el caso de Kosovo en 2008, como Alemania en el 91 con Eslovenia y Croacia. La sentencia crea polémica y es muy discutible. Pero tiene poco recorrido en territorio español, salvo para literatura como la que antecede. Todo parecido con España es pura coincidencia.

Gripe, política y transparencia

Ignacio Martínez | 2 de septiembre de 2009 a las 11:52

La pregunta sobre si era necesaria la visita de las ministras Jiménez y Chacón al Centro Militar de Farmacia, con el atrezo de los gorros de ducha e impermeables transparentes como los que los turistas se compran cuando les sorprende una tormenta de verano, tiene dos respuestas muy dispares. La buena es que sí, que debieron ir el jueves a Burgos para mostrar al país que en este centro de Defensa se fabrican nueve millones de comprimidos al mes, lo que trasladó un mensaje de tranquilidad a los ciudadanos. Y, de camino, el paseo bajo plástico enseñó una de las eficientes tareas de un Ejército democrático en tiempos de paz. La respuesta mala es que los políticos cada vez basan más sus actuaciones en la puesta en escena, que sólo existe para muchos de ellos lo que se vende bien a los medios, el marketing político protagonizado por su exhibición estelar.

La ministra de Defensa Chacón es veterana en estas lides. Su afán por la notoriedad y su afición a los horarios televisivos la llevó en marzo a anunciar la retirada de las tropas españolas de Kosovo sin avisar previamente ni a la OTAN, ni a los Estados Unidos. La titular de Sanidad Jiménez, por el contrario, está siendo una ministra muy discreta que gestiona la crisis de la gripe A con diligencia y consenso. Un sentido común que le faltó a una antecesora suya, también nacida en Málaga, que tuvo que lidiar con otra crisis sanitaria delicada, la de las vacas locas, pero pinchó en hueso, la pobre.

Jiménez, sin embargo, está utilizando de manera masiva el arma de la transparencia, no sólo para los impermeables. Tanto, que a veces peca por exceso. La prevención para los niños menores de 14 años se ha convertido en un culebrón. Primero se les iba a vacunar, después se decidió que no. Y ahora no se descarta. Demasiado titubeo.

Ha estado muy bien en este asunto el Partido Popular, dicho sea de paso, como una excepción en un verano en el que ha primado la afición popular por el tremendismo en otros lances. Los consejeros autonómicos de Salud del PP han estado a la altura de los riesgos y la alarma creada por la gripe A, y se ha conseguido la unanimidad estratégica entre el Gobierno y todas las comunidades autónomas. Incluso con una discrepancia sobre la mesa: el PP ha planteado que se estudie la vacunación de los menores de 14. Los especialistas insisten en que no es necesario: la última indicación al respecto la dio ayer la Organización Médica Colegial. Pero cualquier riesgo que amenace a nuestros hijos, por leve que sea, angustia a la sociedad. Y es poco discutible que los colegios son un foco de eventual contagio de primer nivel. Todo esto inquieta de cara al otoño.

En fin, se tome finalmente la decisión que se tome, en base a las recomendaciones de las autoridades sanitarias, en su afán por la transparencia, el Gobierno debería evitar televisarnos sus dudas.

Rodríguez Carrión, un ‘joven’ maestro

Ignacio Martínez | 14 de mayo de 2009 a las 21:32

Me encanta esta imagen de Alejandro de 2005, todavía con su salud intacta a los 59 años y un gesto de satisfacción, de felicidad. Juraría que está hecha en Ronda, en el Palacio junto al Tajo en donde se celebran los cursos de verano de la Universidad de Málaga. Allí codirigió con su maestro Carrillo Salcedo un curso sobre Derecho Internacional aquel verano, la misma semana en la que yo dirigía uno sobre Periodismo. Me presentó a Carrillo, que era para él un referente tan grande que se decía carrillista. Acababa de terminar su casa de Mijas y la vida le sonreía. Tenía una mirada inteligente y una sonrisa cautivadora, seductora. Esta imagen es de dos años antes de que se le detectara el cáncer. Se le ve tan sereno, tan seguro, que parece increíble lo rápidamente que se ha deteriorado su salud.

Hace pocas semanas, en una de nuestras últimas conversaciones, Alejandro me contaba con pasión una idea que tenían en el movimiento solidario con el Sahara, del que formaba parte. Promover una candidatura a las elecciones del 7 de junio, con el objetivo de sacar un diputado que en el Parlamento Europeo defendiera la independencia saharaui. Lo explicaba convencido de que era posible lograr el eurodiputado en cuestión. Este es un rasgo de su personalidad que siempre me desconcertaba: tenía un idealismo absolutamente juvenil. Era un hombre maduro, con una enorme cultura, una formación extraordinaria, adquirida en varias universidades europeas y americanas: Granada, Oslo, Cambridge, Berkeley y Groningen, aunque como todas las personas verdaderamente sabias, se daba muy poca importancia. Pero la intensidad con la que se entregaba a sus ilusiones sólo es comparable a la de los jóvenes, con los que tan bien se llevaba en su actividad docente. Tengo para mí que la vocación por la enseñanza no es la principal característica de los profesores universitarios españoles. Un defecto que no tenía Alejandro. Presumía haber heredado esa pasión por la docencia de su maestro, el eminente catedrático Juan Antonio Carrillo Salcedo, hijo predilecto de Andalucía este año, a quien siguió en su Departamento de Derecho Internacional Público desde Granada a la Autónoma de Madrid y desde allí hasta Sevilla, antes de conseguir la cátedra de Málaga.

Es curiosa la naturaleza. Alejandro aguantó hasta el sábado para recibir el Premio Blanco White, probablemente para no dar un disgusto a quienes promovieron su reconocimiento, y se ha marchado de inmediato para no dar que hacer a familiares y amigos. No le habían dado un solo premio en su vida y se opuso a recibir éste que instituimos en el Consejo Andaluz del Movimiento Europeo, del que él era vicepresidente, para distinguir a los andaluces significados en la defensa de Europa, como símbolo de la civilización, los derechos y libertades fundamentales y la paz. Cuando supo que estaba propuesto para el galardón, se resistió como pudo a la concesión. Los premios adquieren la categoría de los premiados. Así que, desde ahora mismo, éste ha entrado en la categoría máxima. La entrega se hizo el 9 de mayo, el día de Europa. Una fecha que en los últimos años habíamos celebrado con una sesión académica en el salón de grados de la Facultad de Derecho en Málaga. Un acto en el que siempre se ponía de manifiesto su magnífica oratoria. Era erudito, riguroso, ameno, divertido… y profundamente joven. También era sensible y entrañable. ¡Y tenía su carácter!

Alejandro ha sido un gran profesor de universidad. De los que creaba la ciencia que después enseñaba, de los que no se limitaba a exponer las doctrinas o las teorías de otros, de los que permitían a sus alumnos argumentar en contra. De los que presumía de sus dilectos discípulos. En la laudatio que preparó para la investidura de Carrillo Salcedo como doctor honoris causa de la Universidad de Málaga, mencionó a todos los profesores de su departamento: Magdalena Martín, Elena García Rico, Ana Salinas, Isabel Torres, Eloy Ruiloba. Ellos también están de luto. Precisamente ese día, el 25 de octubre de 2007, no pudo leer el elogio de su maestro. Tuvo un desfallecimiento y le ingresaron en un hospital: le detectaron el cáncer de pulmón contra el que ha luchado con tesón el último año y medio. Una lucha en la que ha estado también toda su familia, su esposa Victoria, sus hijos Jacobo y Jezabel, y hasta sus nietos Jaime y Luis.

La candidatura de apoyo al Sahara no se ha hecho finalmente. Pero seguro que de seguir entre nosotros Alejandro habría seguido trabajando con la pasión de un neófito por esta causa, como ha luchado a favor de muchas otras: estuvo contra el bombardeo de Kosovo, a favor de un Estado palestino, contra la guerra de Iraq o contra Guantánamo. Y eso que no era muy optimista sobre el futuro; pensaba que el nuevo orden mundial será por lo menos tan injusto como el actual.

El apagafuegos del Gobierno español

Ignacio Martínez | 30 de marzo de 2009 a las 17:14

Su apresurada visita a la Casa Blanca la semana pasada para deshacer el entuerto de la retirada de las tropas españolas de Kosovo le han puesto en el escaparate nacional. Bernardino León (Málaga, 1964) es el diplomático de moda. No es nuevo. Suena desde hace tiempo como posible recambio de su mentor, el ministro de Exteriores Miguel Ángel Moratinos, de quien fue número dos entre 2004 y 2008. Ahora es secretario general de la Presidencia del Gobierno, puesto que exige dotes diplomáticas, para tareas que muchas veces tienen que ver con la fontanería y el servicio de extinción de incendios, como con Kosovo.

A su vuelta de Washington, León aseguró que si se hubiera aclarado bien cómo se va a acometer la retirada de las tropas españolas de Kosovo se habrían evitado las declaraciones en las que el Gobierno de EEUU expresó que se sentía “profundamente decepcionado” con España, lo que sonó a amonestación a la ministra. Su entrevista con el consejero nacional de Seguridad, el general James Jones, no ha sido su primera visita a la Casa Blanca en misión de bombero: ya estuvo con Moratinos hace cinco años para explicarle a Condoleezza Rice la salida de las tropas de Iraq. También acudió a la residencia del presidente norteamericano en ocasiones más cómodas; por ejemplo, como acompañante del Príncipe Felipe en una visita oficial.

Lo de diplomático le va como anillo al dedo. Por parte de madre tiene una serie interminable de apellidos extranjeros: Gross, Bevan, Jessing, Pries, Voigt, Gayen, Lund, Heythe. Según la historia de la familia, recopilada por el periodista Adolfo Gross, primo de su madre, los Gross llegaron a Málaga a finales del siglo XVIII, procedentes de Leer, localidad de la provincia de Hannover, que en aquella época era británica. De hecho el primer Gross malagueño fue cónsul británico en la ciudad.

Ha habido Gross que han sido cónsules de Suecia, Noruega o de la República de El Salvador. Pero el antepasado de Bernardino León que más cerca ha estado de este descendiente diplomático fue un hermano de su bisabuela Clara Pries Scholtz von Hermensdorff, Adolfo Pries, que fue cónsul de Alemania en Málaga y fue nombrado conde de Pries por Alfonso XIII en 1906. Militó en el Partido Liberal y fue amigo íntimo de su presidente, el gaditano Segismundo Moret, quien le ofreció ser ministro de Estado, hoy de Exteriores. Pero murió de un ataque cardíaco antes de poder desplazarse a Madrid a tomar posesión.

Bernardino León estudió en el colegio de los Jesuitas de El Palo. En su juventud perteneció a varios grupos de música, toca la guitarra con destreza según fuentes bien informadas. Siempre que viajaba en su equipaje nunca faltaban la raqueta de tenis y la guitarra. Tanto en el colegio como en la Facultad de Derecho destacó por sus dotes de organizador y persuasor. Era un activista y un encantador de serpientes de primera categoría. Un tipo culto, leído, viajado. Pero no un ideólogo. A muchos malagueños les ha sorprendido su aparición en el PSOE. Quizá pese la tradición de los Gross, una familia de la alta burguesía comercial, conservadora, que habitó hace varias generaciones en el Palacio de Buenavista, hoy Museo Picasso: su bisabuelo Adolfo Gross Pries, presidente durante la República del partido de derechas Renovación Española, fue fusilado en agosto del 36 por los rojos en la tapia del cementerio de Málaga. Una historia contraria a la de Zapatero.

Los secretarios de las agrupaciones socialistas de la ciudad acaban de proponer a Bernardino León por unanimidad, para ser el secretario de la recién creada agrupación local de Málaga. Una elección que suena a intento de embaucar al interesado en la aventura de optar a la Alcaldía de la capital. Con su posible antagonista, el alcalde popular Francisco de la Torre, tiene una cordial relación personal, como no puede ser menos, tratándose de dos personas tan educadas. Ha habido varios Gross concejales de Málaga y hay constancia en la entrada del ayuntamiento, en las lápidas que recuerdan el inicio y el final de las obras del edificio, en 1911 y 1919; pero nunca ha habido un alcalde Gross. Se ignoran las aspiraciones del secretario general de Moncloa. Un hombre tan diplomático como él no muestra con facilidad el fondo de sus pensamientos.

Bernardino se licenció en Derecho en la Facultad de Málaga e ingresó en la carrera diplomática en 1990. Su primer destino fue Liberia, en plena guerra civil. Un conflicto que le marcó. Como también su siguiente plaza, en Argelia, durante otra guerra civil, en la época del FIS. Estuvo después en la embajada de Grecia y a continuación formó tándem con Moratinos, cuando la Unión Europea nombró enviado especial para Oriente Medio al actual jefe de la Diplomacia española. Entonces se instaló con su familia en Chipre, en donde nació el primero de sus tres hijos, Bernardino como su padre. (Los otros dos nacieron en Málaga). Pocos años después hay una anécdota divertida entre este niño, rubio de aspecto nórdico, y el entonces presidente del Gobierno José María Aznar. En unas vacaciones en Mallorca desde un yate en el que iba el presidente, Aznar le pregunta a aquel niño anónimo que estaba en la playa de dónde era y el joven, acostumbrado a vivir toda su vida en el extranjero, contesta “de España”. Emocionado por tan patriótica respuesta, el presidente del Gobierno lo invitó a subir al barco.

Antes de ser secretario de Estado de Exteriores, entre 2001 y 2004 fue director de la Fundación de las Tres Culturas, con sede en Sevilla. Además de sus buenos oficios con los norteamericanos, medio paisanos por su abuela materna Elisabeth Bevan, León Gross ha trabajado en otras misiones diplomáticas delicadas. Es la personalidad internacional de más alto rango que ha mantenido contactos intensos con los disidentes cubanos. Pero al mismo tiempo tiene una relación fluida con dirigentes del régimen castrista. Ha mediado con las autoridades argentinas para desatascar contenciosos de varias multinacionales españolas. La prensa ha publicado que Zapatero le encargó que mediara entre los rusos de Lukoil y Repsol. Es tal su fama de apagafuegos que sus reiteradas visitas a Ginebra durante la Legislatura anterior, para acudir a la sede de la ONU, hicieron creer que era un negociador secreto con ETA.

La música es una de sus pasiones: es un experto en Bach y colecciona toda su discografía. Es amigo personal del director Daniel Barenboim. Su familia ha tenido relación directa con  las bellas artes. El padre de su tatarabuela Clara Pries promovió la construcción del Teatro Cervantes de Málaga y la cara de esta antepasada está pintada en el techo. Su madre se educó en colegios de Inglaterra y Suiza. En Lausana fue compañera de colegio de Geraldine Chaplin y veía a Charlot todos los viernes acudir a recoger a su hija. Por el lado paterno tiene antecedentes más prágmáticos. Su padre, Bernardino León, economista y perito industrial, es natural de Granada. Trabajó muchos años para la compañía norteamericana Standard Oil, de la familia Rockefeller. Petróleo, combustible. Lo menos indicado para tener descendientes dedicados a la tarea de apagar fuegos. Pero esa es la misión principal del diplomático de moda.

La vida con difusor

Ignacio Martínez | 29 de marzo de 2009 a las 23:16

Resulta que ha empezado el campeonato del mundo de Fórmula 1, y ganan unos coches que son tan nuevos que no llevan ni publicidad. Los Brawn son bólidos en blanco con algo de amarillo y, sobre todo, con un difusor. Este ingenio les permite un mayor agarre, de manera que Jenson Button y Rubens Barrichello iban ayer como aviones. Nuestro Fernando Alonso nacional, quinto y gracias. Eso sí, sin difusor. Es simpático que un outsider se suba a lo alto del podio, porque ver siempre a los Ferrari y a los McLaren es muy aburrido. Así que ya en la Sexta nos venden que este va a ser el mundial más disputado de la historia.

¿Y si aplicamos el mismo concepto a la vida corriente? Zapatero se ha llevado todo el fin de semana volando mucho más que Button y Barrichello juntos: 22.000 kilómetros de ida y vuelta a Chile y 32 horas de avión, en penitencia haber anunciado que sacaba las tropas de Kosovo sin difusor. Total, para media hora de entrevista con el vicepresidente norteamericano Joe Biden, aprovechando que ambos estaban invitados a la cumbre mundial de la Red Progresista. Una reunión a la que el presidente español no pensaba ir hasta el fiasco de Kosovo. La paliza debe haber valido la pena. Dicen en Moncloa que Biden ha dicho que España es un “aliado sólido”.

La selección española de fútbol jugó el sábado regular ante Turquía y ganó por la mínima. Se conoce que sin Iniesta, jugamos sin difusor. El PNV se resiste a dejar el poder en el País Vasco y presentará a Ibarretxe de candidato, aunque sabe que no tiene los apoyos precisos. Los nacionalistas vascos están teniendo un mal perder de época, y les vemos pataleando para no ser desalojados. Muchos miles de empleos dependen de ocupar o no el palacio de Aguria Enea. El poder político es una ventaja decisiva en el campo del trabajo, una especie de difusor, como bien sabían los de CiU en Cataluña o los del PP en Galicia y saben los del PSOE en Andalucía, Extremadura o Castilla La Mancha.

La alternancia en el poder socializa concesiones, contratos, prebendas o favores varios. No es que cuando venga otro va a dejar de practicar la tradición española del enchufe. No. Es que los recomendados van a ser otros, con lo que en un tramo de dos legislaturas los beneficiarios serían el doble. Es bueno, por ejemplo, acudir con un difusor a pedir un crédito. Y más en estos tiempos. También el común de los mortales procura una recomendación para que le ayuden en una ventanilla o en una lista de espera.

En definitiva, se vive mejor con un difusor como el de los Brawn, que son coches ingleses, con motor alemán. En francés, por cierto, los enchufes tienen que ver con la mecánica. Tener un enchufe es avoir du piston, tener un pistón. O sea, que Brawn no ha inventado nada nuevo.

Zapatero usa un comodín contra Aguirre

Ignacio Martínez | 28 de marzo de 2009 a las 9:39

Zapatero saca otro as de la manga: Caja Madrid. Y conste que me alegro. Hasta ahora el asalto de Esperanza Aguirre a la cuarta entidad financiera de España, había sido contemplado por el PSOE de cerca y con una cierta complicidad. Llegaron a expedientar a un dirigente socialista que votó con Gallardón. Aguirre quería el poder en esta caja para consolidar su alternativa a Rajoy en el PP y su futura candidatura a la presidencia del Gobierno. Una eventual candidata que gustaba más en el Gobierno como adversaria que Gallardón, que es visto como el equipo ese de la Champions que nadie quiere que le toque hasta la final; o sea, el aspirante más fuerte. Total, que Aguirre ha promovido una reforma de los estatutos de Caja Madrid que sencillamente le da a ella más poder. Y mucho menos a Gallardón; el Ayuntamiento de Madrid pasaba de 70 a 24 representantes en la asamblea de la caja, mientras que un ayuntamiento aguirrista como el de Majadahonda subía de 1 a 14. Y además la lideresa ha dicho que la asamblea legisla y los demás a obedecer, una frase escasamente liberal y profundamente autoritaria.

No es que eso le haya tocado las narices a Zapatero. Sino que llegado este momento preelectoral, los socialistas están poniendo encima de la mesa toda una batería de temas que movilicen a su electorado. Por eso han sacado a la palestra a la joven ministra Aido con su reforma de la ley del aborto; por eso Chacón ha anunciado la salida de Kosovo, con tanto entusiasmo que se olvidó de los efectos colaterales; por eso el Gobierno ha decidido recurrir ante el Constitucional la reforma de los estatutos de Caja Madrid. Una caja con 260 millones de volumen de negocio y siete millones de clientes. Ahora se suspenderá la aplicación de la norma aguirrista durante cinco meses. Las elecciones para elegir los 320 miembros de la nueva asamblea general se tendrán que hacer con los estatutos antiguos. 

Dicen en el Gobierno que recurren los estatutos porque violan la proporcionalidad. Pero, sin duda, porque a dos meses de unas elecciones generales, las europeas del 7 de junio, ZP y sus gabinetes de análisis de estrategia van a colocar cada semana un asunto en la palestra que nos distraiga de la crisis y polarice a los suyos. Este es el comodín de esta semana.

La metedura de pata de Kosovo

Ignacio Martínez | 24 de marzo de 2009 a las 13:50

 

Tengo una duda. ¿Carme Chacón ha tropezado con el asunto de Kosovo? ¿O ha sido a cosa hecha? Es un caso inédito el anuncio de la retirada de unas tropas directamente a los soldados allí destinados, en primicia mundial. Se supone que antes se le avisa a los demás miembros del Gobierno, a los embajadores en los países de la OTAN, a Naciones Unidas, al secretario general de la Alianza, a los socios de la operación… y después a los soldados concernidos. Es tan de catón, que creo que aquí hay gato encerrado. ¿Y si Chacón se ha prestado a uno de los juegos que tanto gustan al presidente, como sacar una nueva ley de interrupción voluntaria del aborto? Vean si no; la Iglesia entra al trapo, monta la campaña del lince, después pretende involucrar a las cofradías en la guerra contra la nueva ley, se forma una polémica potente… y se deja de hablar de la crisis que nos corroe.

Pero el número de Kosovo ha tenido peores consecuencias. Chacón era hasta ahora la persona mejor situada para sustituir a Zapatero el día que éste decida marcharse. Y resulta que The Independent dice que está abatida por su metedura de pata. El alemán Süddeutsche Zeitung habla de desastre diplomático. Y un alto funcionario del Gobierno polaco lo ha resumido este fin de semana con una frase lapidaria, que enlaza este episodio con la salida de las tropas de Iraq hace cinco años: “España siempre se va”. Total, que los rivales de la ministra de Defensa en la invisible carrera de la sucesión están de enhorabuena.

La ministra Chacón se ha adaptado a su cargo con destreza y rapidez. Y no había cometido errores hasta ahora. Incluso ha sabido mimetizar su indumentaria, a base de trajes pantalón, con colores cercanos al verde caqui, y el uso de chaquetas de camuflaje para pasar revista a las tropas. Este asunto de la ropa siempre es un problema para los civiles, sean hombres o mujeres. Parece raro que se haya columpiado en Kosovo. Sigo sin creerme que no sea algo premeditado.

La crisis ya se ha llevado por delante a dos gobiernos europeos, los de Islandia y Bélgica, y amenaza ahora con hacer naufragar a otros dos, los de Hungría y República Checa. Las horas bajas de Zapatero y los tres años de soledad que le quedan por pasar en el Congreso no son una originalidad del presidente del Gobierno español. Así que toda maniobra de distracción es poca. Ahí es donde encuentro yo cierta lógica al tropiezo de Kosovo.

400 millones de europeos sin fronteras

Ignacio Martínez | 21 de diciembre de 2007 a las 3:39

Hoy se amplía el espacio Schengen a ocho países del Este y Malta, lo que significa que hay un territorio de 3,6 millones de kilómetros cuadrados y 400 millones de habitantes sin frontera interior. De los 27 miembros de la UE, sólo se ha denegado la entrada de Bulgaria, Rumanía y Chipre. El Reino Unido e Irlanda no han querido entrar. Este pequeño pueblo luxemburgués, a orillas del río Mosa, hace una triple frontera curiosa: en ese punto se encuentran el Benelux (Bélgica, Holanda y Luxemburgo), Alemania y Francia. El día en que una banda de albanokosovares ha asaltado la casa y medio matado a José Luis Moreno, se abren más las fronteras de la UE. Es un buen tema para el debate, ¿no les parece? Cuando llegué a Bruselas, en 1988, las bandas más temidas en los bajos fondos de la capital de Europa eran las de marroquíes. Hasta que llegaron los kosovares y los marroquíes les cogieron miedo. Ahora, la Unión Europea promueve que Kosovo se independice de Serbia. A cambio, promete la integración de ambos en la UE. No estoy nada seguro de que sea una buena idea. Schengen da muchas facilidades a los ciudadanos de bien. Pero, desgraciadamente, también al crimen organizado.