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La bolsa o la vida

Ignacio Martínez | 29 de octubre de 2012 a las 13:27

Una encuesta de ayer en La Vanguardia arrojaba varios datos interesantes: un 80% de los catalanes quiere un nuevo estatuto fiscal. Más de un 70% desea un referéndum sobre la independencia y más de la mitad votaría a favor. Pero si consiguen pagar menos al erario público español, descendería en diez puntos esa mayoría independentista. La rebaja fiscal está servida. Sobre todo si se confirma que dentro de cuatro semanas, en las elecciones autonómicas adelantadas, de los 135 diputados del Parlament, 66 serían para CiU y 16 para Esquerra. El mismo sondeo dice que el PSOE cosecharía un nuevo batacazo, el PSC sacaría 18 escaños, 17 el PP, 13 ICV y 6 Ciudadanos. Siguiendo la tónica general, todos los partidos suben menos PP y PSOE, que pierden uno y diez diputados respectivamente. Y desaparece Solidaridad, que lideró Laporta hace cuatro años.

Este diario catalán ha tenido un gran protagonismo a la hora de crear el clima de opinión que se vive en Cataluña en este momento. Aunque ayer su director adjunto Enric Juliana recordara en su artículo dominical que el catedrático Francesc de Carreras, uno de los fundadores de Ciudadanos, en su habitual colaboración en el periódico calificó hace pocos días de iluminado a Artur Mas. Hizo más. Lean un trozo de su texto: “Parecía ser un político dispuesto al pacto, en la tradición catalana de Prat de la Riba y Cambó, es decir, un anti-Companys, un hombre de seny, alejado de la rauxa. Me equivoqué. El racionalista se ha transformado en un visionario decidido a que su país emprenda caminos ‘duros, muy duros’, a permanecer aislado del ruido mediático, es decir, de la opinión pública, a estar dispuesto cual mártir a ‘asumir el sufrimiento’, a tener esperanza basándose sobre todo en la fe. Me da miedo”. Hay que añadir que esta es una posición muy minoritaria entre los comentaristas del centenario rotativo.

El mismo diario publicaba ayer un editorial revelador, en el que hacía de puente entre el independentismo y la situación actual, que el Govern califica de expolio. Decía que en Cataluña no hay en estos momentos una apuesta definitiva por la ruptura, que hay solución. Y da pistas. Hace falta respeto mutuo, solidaridad equilibrada, reconocimiento de la nación cultural, autogobierno efectivo y derecho a decidir en el nuevo marco europeo que la crisis acelera. Por si no lo han entendido, un párrafo posterior lo explica más claramente: tenemos un Estado autonómico artificialmente hinchado y mientras en la mayor parte de España crece la opinión favorable a la recentralización, Cataluña y el País Vasco se mueven en la dirección contraria. No es un drama, dice el diario, es una contradicción que puede ser inteligentemente administrada.

O sea, en vez de la bolsa o la vida, la bolsa o la unidad de España.

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Félix Bayón vuelve a Teherán

Ignacio Martínez | 28 de junio de 2009 a las 10:05

El 24 de marzo de 2004, Félix Bayón escribía en el Diario de Cádiz un artículo sobre los muertos en el atentado del 11-M, ocurrido dos semanas antes. Está en esta selección, pero copio un trozo:

 

Me dice un amigo que llora cuando lee cada mañana las biografías de los muertos del 11-M que publican los periódicos. “Pero, aun así”, me confiesa, “no puedo evitar hacerlo”. A mí, le digo, me pasa igual, pero sé que seguiré leyéndolas, como si fuera una obligación, un rezo laico en memoria de las víctimas. En casi todas las culturas se aviva el recuerdo de los muertos. Pensamos que nadie muere mientras hay una sola persona que mantiene la memoria del fallecido…

 

Pues bien, José Antonio Montano colgó en su blog las crónicas de Bayón, como enviado especial en Irán durante la revolución islámica de 1979 y el viernes leí en La Vanguardia el testimonio de uno de los colegas de Félix en aquella aventura: Tomás Alcoverro. No se la pierda. La tiene en su blog, pero no me resisto a pegarla aquí también:

 

Es un descollante edificio alto y solitario en forma de “I” mayúscula que señorea sobre un paraje despejado del centro de Teherán. Cunado fue construido en 1968 era el hotel Intercontinental, pero después de la república islámica de 1979 se convirtió en el Hotel Laleh , el del tulipán, símbolo floral de la revolución . Como desde hace tres décadas lo frecuento, cada vez que visito la ciudad , soy – como lo reconocen algunos de sus viejos empleados- el cliente más antiguo. Cyrus Mozafarian, con su rotundo nombre persa, es mi amigo. Conversando, degustando con él los terroncitos de azúcar empapados del te , en su tienda de joyas, de samovares de plata, de antigua artesanía , he ido contemplando, a través de los cristales de su escaparate, el fluir del tiempo.

En el otro extremo hay la librería Evin con sus obras reeditadas de antiguos autores persas, con sus guías de Irán en varias lenguas, con algunas traducciones en español. Durante la Revolución , el hotel fue un nido de agitadores subversivos, de propagandistas de hojas impresas de los Mojaedin del pueblo, o de los nacionalistas kurdos, que cada mañana las introducían por debajo de las puertas de las habitaciones, de prestigiosos corresponsales como Enric Rouleau de ‘Le Monde’, que habían llegado para escribir, día a día, su historia. En su kiosko aún se vendía el dario francófono ‘Le journal de Theran’. Era impecable el servicio telefónico.

En aquellos últimos días del gobierno de Capur Baktiar, con el Sha ya exilado , se entraba en Irán sin visado porque después de Israel, era el estado del Oriente Medio con mejores relaciones con los países europeos y occidentales. Con Leguineche, el ‘jefe de la tribu’ , con Bayon, ya fallecido , nos acercábamos a la vecina universidad de Teherán donde proseguían los enfrentamientos sangrientos de universitarios con los brutales policías del Sha , y de sus agentes secretos de la SAVAK. Presenciábamos las inmensas manifestaciones en sus largas avenidas, y salíamos cada mañana hacia el aeropuerto , en espera del triunfal regreso del imán Jomeini de su exilio de Paris.

En medio de aquella excitación revolucionaria, con penurias de alimentos y gasolina, el hotel era un privilegiado refugio donde incluso podíamos saborear cócteles exóticos, después de haber dictado por teléfono nuestras crónicas. Un valenciano ,encargado de la intendencia del hotel, nos explico que la cadena Intercontinental tenia una autonomía alimenticia de varias semanas. Nunca nadie penetró en el hotel, repleto de extranjeros. Una sola pedrada fue lanzada contra los ventanales de su resplandeciente vestíbulo.

Después de la Revolución , el hotel fue nacionalizado y sigue siendo gestionado por la Fundación de Los Mostazafan. En la década de los 80 , bajo el poder radical del imán Jomeini, habían colgado en su vestíbulo una pancarta con grandes letras “Muera América”. Era laborioso obtener un visado. En uno de sus pisos altos, el ‘Ershad’, o Ministerio de Cultura e Información, había instalado en un par de habitaciones , su oficina provisional para dirigir y encauzar a los corresponsales extranjeros de visita, donde ahora hace su agosto una agencia privada de prensa. Era una tortura enviar las crónicas por teléfono, y la sala del telex al fondo del vestíbulo, era sórdida. Las moquetas sucias y desgastadas. El Laleh padecía , como en todos los países y tiempos, los males de la nacionalización . Pero desde hace diez años , ha sido renovado una parte de su personal, se ha esmerado la decoración de los salones con sus grandes arañas de cristal. La novedad son unas gráciles muchachas que sirven en la cafetería, vestidas con gorritos y uniformes granates , como de azafatas de avión.

La decadencia del hotel ha sido frenada. Sus clásicos restaurantes, la ‘ rotisserie’ francesa y el restaurante de especialidades del lejano Oriente , siguen abiertos en el último piso con sus esplendida vista sobre la inmensa capital. Las noches del jueves y del viernes, como en todos los países musulmanes, son alegres con las bodas y banquetes que se celebran en sus locales. He visto alí como bailan las mujeres en una parte de la sala ,separadas con un biombo del lugar ocupado por los hombres. Con Robert Fisk, Georges Malbrunot, Joan Roura, Kim Amor, Eulalia Ferrer hemos vivido en el hotel las peripecias de las últimas elecciones, y pese a todas las restricciones impuestas de transmisióon, la flamante sala de internet para los ordenadores, ha funcionado mejor de lo esperado.

Como el Laleh , cabe al bello y plácido parque de su propio nombre – no hay ciudad en Oriente Medio con tantos parques y jardines municipales como Teherán – está cerca de la universidad, del ministerio del interior, incluso de una oficina del candidato Musaui, pudimos describir desde nuestras propias ventanas, el ambiente de una de sus espectaculares manifestaciones con la carga de la escuadra motorizada de los agentes de oscuros uniformes con cascos y porras de la fuerza antidisturbios, apaleando a los jóvenes en desbandada. El Hotel Laleh, mi casa de tantos años, sigue siendo por antonomasia el hotel de los corresponsales extranjeros de prensa en Teherán.

Dos visiones del conflicto de Oriente Medio

Ignacio Martínez | 8 de febrero de 2009 a las 19:03

Ha publicado La Vanguardia una entrevista muy interesante con George Corm, historiador y ex ministro de Finanzas de Líbano. Sostiene Corm que Israel ha secuestrado a los judíos, que los que no son sionistas son perseguidos en su propio país. Que Hamas no es un grupo terrorista, sino un movimiento de resistencia que ganó las elecciones con un 60% de los votos. Que el islamismo radical es el del Bin Laden, Pakistán y Arabia Saudí. Y que la salida para Israel es el modelo de Sudáfrica. Una solución similar a la que terminó con el apartheid y los bantustanes. Integrar a la población palestina en un único Estado y darle derecho de voto. “Un Estado palestino en Gaza y Cisjordania es inviable. Sólo hace falta mirar el mapa”. Vale la pena leerla.

Y ha publicado El País una Tribuna del escritor mexicano Enrique Krauze, director de la revista Letras Libres,sobre el antisemitismo de los españoles. Empieza así:

Hace cinco siglos que los judíos fueron expulsados de España, pero a veces pareciera que todavía ronda en España el fantasma del judío, no en las calles de Gerona o las sinagogas de Toledo, sino en el alma de algunos españoles en quienes persiste -soterrado, inconfesable- el viejísimo prejuicio antisemita.