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Córdoba, el mejor patrimonio andaluz

Ignacio Martínez | 10 de diciembre de 2012 a las 9:06

Los patios de Córdoba ya eran patrimonio material de la humanidad desde hace siglos. Sin título oficial. Una doble tradición romana y árabe, que Andalucía exportó a Latinoamérica. Pero ha sido ahora cuando la Unesco ha hecho inmaterial esa realidad física. La decisión se entiende que distingue la festividad de los patios, su colorido, su ambiente, tanto de los corrales antiguos, alguno de los cuales sigue existiendo en la Ajerquía, como de las casas señoriales de la villa, en donde el verde predomina sobre las flores.
Los patios son uno de los muchos atractivos turísticos de esta ciudad del interior, que aún no ha sido descubierta por los propios andaluces. Sevilla, Granada o Ronda están por delante en las preferencias de los turistas domésticos. Y Córdoba no desmerece en absoluto, ni su gente, ni su paisaje, ni su gastronomía. Así que estos títulos, que tienen mucha resonancia y escaso rendimiento, bienvenidos sean para poner el foco en una de las más viejas, bellas y cultas ciudades de Europa.
Los patios también han sido escenario festivo de las cruces de mayo, cuya gracia se perdió en algunos lugares apartados de la tradición para convertirse en negocios efímeros, sin las músicas y el empaque de antaño. Pero la modernidad también ha hecho su aportación feliz. En octubre de 2009, dentro de las actividades para la candidatura a la Capitalidad Cultural europea de 2016, se realizó un happening en los patios. Lo más clásico de Córdoba, en el inconsciente colectivo, fue el soporte para las instalaciones para 16 artistas contemporáneos, con el lema de El patio de mi casa.
Tortugas, caracoles, plastilina, pinzas de la ropa con mensajes, maquetas, fuentes, jardines colgantes, y hasta la giganta Alicia de Córdoba dieron un aire completamente nuevo a los patios cordobeses. Una idea que también se exportó: un año más tarde se realizó una acción similar de arte contemporáneo en Quito. Esta decisión de la Unesco representa en cierta manera un desagravio por el desplante que una organización internacional le hizo en junio del año pasado a Córdoba, al preferir la Unión Europea a San Sebastián como capital cultural para 2016. Bueno, la UE es un decir: hay que recordar que el Gobierno socialista español había designado a seis de los trece jurados.
Aquella derrota todavía tiene otras facturas pendientes. El presidente de la Junta mostró entonces su firme voluntad “de hacer de Córdoba la capital andaluza de la cultura, con una oferta competitiva y de calidad que sirva para darle la proyección mundial que se merece”. Asunto del que nunca más se supo. Igual que pasó con Granada, que disputó en los 80 la capitalidad cultural de 1992 a Madrid y tras la derrota recibió por parte del Gobierno de Borbolla el mismo título honorífico de capital cultural de Andalucía. Dejémoslo en empate. Las dos son parte esencial del mejor patrimonio regional.

Lo peor está por llegar

Ignacio Martínez | 17 de noviembre de 2012 a las 10:33

Ha dicho el presidente del Gobierno andaluz que lo peor está por venir y ha tenido algunas críticas. No veo por qué. No está nada desencaminado. He tenido ocasión de oír en Cádiz el miércoles a Carlos Solchaga la misma frase en el Foro Eurolatinoamericano de Comunicación. Dijo el ex ministro, por cierto, que esto va para largo, para muchos años, sin precisar. Entiéndase esto por una larga época de poco crecimiento, mucho desempleo y gran tensión.
Felipe González sostuvo una tesis parecida en el mismo Foro, con más precisión en el calendario. La idea era que los países occidentales van a emplear los próximos 25 años para pagar sus excesos de los últimos 25. Y que los países emergentes van a emplear sus ahorros de los últimos 25 años en comprar el excedente de los endeudados países occidentales. Los lectores de los nueve periódicos del Grupo Joly ya conocen el diagnóstico de los economistas que escriben en estas páginas, en su último balance colectivo: el conjunto de este país debe 3,65 billones de euros, sobre todo de deuda privada. Y estaremos bien cuando debamos un billón, que es ahora el PIB anual. O sea, décadas.
Antes se respirará. Solchaga está convencido de que Alemania cuando crea que tiene una red de seguridad suficiente, con equilibrios fiscales en los peores alumnos de la clase y un sistema de aprobación previa de los presupuestos nacionales, acabará permitiendo un mecanismo de abaratamiento de la deuda de sus socios, incluida la creación de los ahora denostados eurobonos. Pero no será pronto. Entre tanto, se pueden hacer muchas cosas. Alguna sería un verdadero test democrático. Por ejemplo, subir los impuestos a los verdaderamente ricos. Cosa que no ha hecho nadie en el mundo en los últimos 30 años, según afirmación del ex ministro de Economía y Hacienda.
Pero no. Aquí seguimos exprimiendo a las clases medias sin pudor. No importa que a una familia de banqueros la cojan con un paquete de miles de millones de euros distraído en Suiza. Liquidan los últimos años y pelillos a la mar. Ahora confiamos mucho en las posibilidades de inversión en España de los países latinoamericanos. Bienvenidos sean. El acontecimiento cumpliría con la regla esbozada por el ex presidente González para el próximo cuarto de siglo. Eso sí, Latinoamérica precisamente es el espacio del mundo donde más diferencias de renta hay entre los más ricos y los más pobres. Un 65% más que en los países avanzados, un 36% más que en el Sudeste asiático e incluso un 18% más que en África.

Sería un consuelo tras una época tan mala, pensar que en el futuro las grandes fortunas también pagarán como deben y se recortará la brecha abismal de riqueza. En España, en Latinoamérica y en todo el mundo. Entonces Griñán podría decir eso que le queda tan mono a Obama de que lo mejor está por llegar.