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Gadafi nos confunde

Ignacio Martínez | 23 de marzo de 2011 a las 11:35

Gadafi nos confunde. La duda es una de las compañeras más fieles en la existencia del ser humano. Siempre dudamos de lo que hacemos, al menos en nuestro fuero interno, por mucha seguridad que aparentemos. Y más todavía, si encima no somos capaces de simular que confiamos en nuestra decisión. A veces, la duda es colectiva y se nota más. Hay quien duda de esta guerra contra Gadafi. Obama, sin ir más lejos. No quiere liderar, pero lidera la coalición internacional de voluntarios que se ha juntado para pararle los pues al dictador libio. Y pide a Gadafi que se marche, pero resulta que no es el objetivo de la misión militar puesta en marcha.

Por el contrario, no tiene duda alguna Llamazares. He aquí a un hombre de certezas: para él ni los derechos humanos, ni la democracia se imponen mediante la guerra. Bonito, romántico. Y poco práctico. Este curioso argumento, aplicado al pie de la letra, exonera de toda responsabilidad a Chamberlain y a Blum por no haber auxiliado a la República española en 1936.

Libia ofrece dudas de más grueso calibre que las de Obama. Quiénes son los rebeldes, quién los ha armado, cómo pudieron tomar casi toda la costa. ¿Son de fiar? Ha cuajado una guerra civil y la comunidad internacional está de una parte, de la que no sabemos gran cosa. La adhesión de ayer a la propuesta de Zapatero en el Congreso fue tan unánime que deja lugar a pocas dudas sobre el consenso social en España a favor de bombardear los sistemas antiaéreos de esa extraña pareja que forman el ejército convencional libio y los mercenarios extranjeros, cuyo número también se desconoce. Hemos pasado de tres millones de manifestantes en la calle contra la guerra de Iraq a unos cientos o unos miles de personas que piensan como Llamazares.

Otro lío en el que andan metidos los voluntarios es decidir quién manda en la coalición que se ha erigido en cuerpo de policía para la ocasión. Francia quiere una dirección ajena a la OTAN. De hecho, un neogaullista como Sarkozy no debe ser devoto de la Alianza. El general De Gaulle forzó en 1965 el cambio de sede de París a Bruselas cuando anunció la retirada de Francia de la estructura militar integrada de la OTAN.

Pero tanto Estados Unidos como el Reino Unido y España, entre otros, son partidarios de que la Alianza lidere la guerra contra Gadafi y el bloqueo naval decidido ayer. Digo yo que para eso está. Para eso decidió dejar de ser una organización defensiva regional, que sólo operaría en su territorio como escudo ante un eventual ataque contra uno de sus socios, para convertirse en una especie de gendarme global. Este es un encargo para la OTAN. Y bien hecho: eso de que el objetivo no es derrocar a Gadafi es una broma. Hay que ponerlo ante el Tribunal Penal Internacional. Sin duda. Y crear el precedente.

Libia. Arístegui: “Cuando derriben el primer avión de Gadafi, los mercenarios dejarán de volar”

Ignacio Martínez | 20 de marzo de 2011 a las 23:45

Es uno de los principales expertos españoles en mundo árabe. Gustavo de Arístegui (Madrid 1963) es diplomático, estuvo destinado tres años en Libia, del 91 al 93, y otros tres en Jordania. Fue director de gabinete de Mayor Oreja en el Ministerio del Interior, y es diputado y portavoz del PP en el Congreso desde 2000.

-¿El Consejo de Seguridad de la ONU ha llegado tarde?

-Si Gadafi se hace con el control de los últimos bastiones rebeldes, el sueño de una democracia en Libia quedará roto sin remedio.

-¿Eso tendría consecuencias en el entorno?

-Sería la primera ruptura de los movimientos pacíficos que se iniciaron en Túnez, que han provocado reformas muy profundas en Jordania y Egipto, que han dado un toque de atención sin paso atrás en el Yemen, han dado alas a la mayoría chií en Bahrein…

-Todo eso se quiebra en Libia.

-Es la más antigua dictadura árabe, con 42 años. Y no tiene una estructura. Toda dictadura tiene una columna vertebral sobre el que se asienta el poder represor.

-Aquí no hay un Estado.

-No hay un Estado, ni un partido único, ni fuerzas armadas. Gadafi redujo deliberadamente al Ejército a la mínima expresión, porque no se fiaba de él. Mientras que los servicios de inteligencia, de seguridad y de represión fueron potenciados.

-Como en Túnez.

-Las cifras de Ben Ali en Túnez asombran: 30.000 soldados y 125.000 policías.

-Tiene parecido con Libia.

-Sólo que en Libia hay más mercenarios que soldados regulares. Gadafi desconfiaba de sus propios compañeros de armas.

-La comunidad internacional ha actuado con excesiva cautela.

-Y esa lentitud ha supuesto riesgos añadidos. Si vencen los rebeldes será complicado construir un Estado donde no existe; ahora sólo hay un aparato represor y otro recaudador. Pero existe el riesgo de que una parte del armamento que ha entrado en el circuito descontrolado de esta contienda pueda estar ya en el mercado ilegal de armas.

-¿Incluso en manos terroristas?

-Es que hay células terroristas a un tiro de piedra, en el Sahel. Y el sur de Libia, el Fezzan, forma parte geográficamente del Sahel.

-Una zona difícil de controlar.

-Las fronteras son muy permeables. Los 25.000 soldados libios no pueden controlar 1.750.000 kilómetros cuadrados de territorio y 1.800 kilómetros de costa.

-La resolución de la ONU imposibilita una victoria de Gadafi, pero el retraso casi le permite ganar.

-Si hubieran evaluado los riesgos seriamente, habrían actuado con más diligencia y urgencia. Si Gadafi hubiese reconquistado todo el territorio perdido habríamos entrado en un escenario terrible, enquistado a medio y largo plazo.

-Y con Gadafi fuera de control.

-Tendríamos un señor convertido en un paria internacional, que no tiene nada que perder. Se le ha enfrentado la Liga Árabe y la Conferencia Islámica, y los países occidentales, que con una tímida apertura hacia Libia lo tenían más o menos embridado.

-Y eso se acabó.

-Gadafi libre de todas esas ataduras es una bala perdida enormemente peligrosa. Y no es nuevo en el papel de paria: ya lo ha sido, sabe hacerlo y sabe aguantar.

-Ha sabido rehacer sus relaciones con la comunidad internacional.

-Y ha sabido encender y apagar alianzas con diferentes grupos terroristas, en función de sus intereses, sean o no afines a su pensamiento. Ha entrenado a grupos terroristas, incluidos IRA y ETA, los ha financiado, ha ayudado a grupos terroristas de extrema izquierda palestinos, ha sido uno de los aliados más importantes del régimen de los ayatolás, ha realizado atentados, como el de Lockerbie.

-Con este currículo, ¿qué se puede esperar si sigue en el poder?

-Es un señor que produce un millón y medio de barriles diarios, que no tiene el más mínimo escrúpulo, que es un asesino, que tiene de ministro de Exteriores a un asesino convicto y confeso como Musa Kusa, que todos los jefes de sus servicios son asesinos. Y para todos ellos no hay vuelta atrás posible.

-O sea, que si no se les desaloja, serán un peligro.

-Convertirían el Sahel en un infierno y no tendrían mayor problema en aliarse con Al Qaeda, después de haber sido enemigos. Igual que Gadafi fue amigo del terrorista Carlos, enemigo después, y amigo otra vez, en función de sus intereses.

-Después de lo que ha dicho de Al Qaeda estos días, es difícil de creer.

-Le daría apoyo logístico y cobertura diplomática. Al Qaeda tendría un Estado sin tener que ganar la guerra de Afganistán.

-En el patio trasero de Europa.

-Está a muy pocas horas de vuelo de Italia o de España, y a 45 minutos de Malta. Tiene frontera con países muy delicados: Argelia, Túnez, Egipto, Chad. Puede crear sus grupos terroristas o armar a otros. Generar olas de emigración masiva hacia Europa. Invadir de inestabilidad Túnez y Egipto en pleno proceso de democratización. Es una tormenta perfecta.

-El retraso de la ONU se ha debido, entre otras cosas, a las reticencias de China y Rusia.

-Rusia y China tienen la tentación de pensar que en la sospecha y en el enfrentamiento con Occidente se vive mejor. Y no es verdad. No interesa ni a China, ni a Rusia, que se irradie inestabilidad, violencia, terrorismo desde Libia. Muchos países en los que tiene intereses comerciales China serían desestabilizados.

-¿Se ha producido una contradicción entre quienes se opusieron a la guerra de Iraq, como Obama o Zapatero y su apoyo a esta guerra contra Libia?

-Mucha gente se opuso a la guerra de Iraq, no por estar en contra de la injerencia, sino por la falta de consenso internacional y de una segunda resolución de la ONU.

-¿Que le ha faltado a Europa?

-Presionar más al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. La presidencia europea podría haber organizado un viaje de la troika comunitaria [ministros de Exteriores de los países de la anterior, actual y futura presidencia de turno de la Unión, Bélgica, Hungría y Polonia] a los países reticentes, a Moscú y a Pekín. Tomando liderazgo de una región que es fundamental para los intereses europeos. Una misión diplomática, para demostrar que Europa tiene peso, que somos 500 millones de demócratas, que queremos defender los derechos humanos y que geoestratégicamente tenemos unos intereses fundamentales en la zona.

-Pero no fue posible un acuerdo de los 27.

-Incluso ha habido una declaración de Franco Frattini [ministro de Exteriores de Italia] en la que decía que quien propiciara una intervención armada en Libia no tenía ni idea de lo que eran los países árabes. Yo sería menos pretencioso. Además, la operación militar tiene que ser escalonada y gradual. En cuanto le derriben a Gadafi un avión que no cumpla con la zona de exclusión aérea, los pilotos mercenarios, que son la mayoría, dejarán de volar.

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Japón: atentos a la pantalla

Ignacio Martínez | 12 de marzo de 2011 a las 12:17

Sobrecoge ver las imágenes de Japón. Cientos de muertos víctimas de una catástrofe natural, el mismo día en que celebramos el séptimo aniversario de otra tragedia, pero ésta perfectamente evitable, por el contrario. Deprime pensar que de una manera deliberada se puede causar tanto dolor, tanto daño, de manera gratuita e inútil, como en los trenes de cercanías de Madrid ese fatídico día 11 de marzo de 2004. En la depresión influye de manera decidida la obscena pretensión de políticos de todas clases de lucirse en las fotos de la efeméride sin la competencia de los adversarios o sin la molesta presencia de los familiares de las víctimas.

Sorprende que dirigentes con fama de sensatos como Gallardón o su brazo derecho protagonicen actuaciones indignas. La presidenta de la asociación 11-M Afectados del Terrorismo, Pilar Manjón, denunció ayer que cuando le pidieron al vicealcalde de Madrid Manuel Cobo un monumento a las víctimas en la estación del Pozo del Tío Raimundo respondió “otro monumentito; cualquier día tendrían que hacer un monumento para las putas de Montera”. Cuando por fin se ha hecho el monumento, para rematar la elegancia de la respuesta, el alcalde lo inauguró ayer sin invitar a la asociación de víctimas.

La violencia gratuita contra población indefensa nos angustia si se ejerce de una sola vez con muchos muertos en pocos segundos. Pero cuando se produce lentamente con decenas de cadáveres diarios, es más llevadera. Me remito a los centenares de muertos de Libia, rebeldes que reclamaban libertad atacados por aviones, helicópteros artillados, carros de combate del ejército regular de Gadafi, apoyado por mercenarios. Causan escasa emoción en las cancillerías del mundo.

Francia y el Reino Unido están dispuestos a establecer por la fuerza una zona de exclusión aérea. Sarkozy se ha adelantado al reconocer al Consejo Nacional Libio y ha solicitado a sus tímidos colegas de la Unión Europea que se sumen. La OTAN ha aplazado cualquier intervención. Entre tanto, Gadafi sigue matando y recuperando terreno, mientras los rebeldes piden ayuda a una insensible comunidad internacional. Los regímenes autoritarios que se sientan en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, la dictadura comunista china y la autocracia rusa, se niegan a autorizar una injerencia, para no establecer precedentes que se les puedan aplicar un día.

El problema es que no se trata de una catástrofe natural, imprevisible, inevitable. Es la voluntad del hombre por hacer daño, que triunfa frente a la prudencia culpable del mundo civilizado. No hay excusas; salvo que no sobrecoge ver esto a diario en directo por la televisión. Atentos a la pantalla, nos impresiona más Japón. La naturaleza ciega nos asusta más que la crueldad de los hombres.

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La revuelta ha llegado a nuestro patio trasero

Ignacio Martínez | 21 de febrero de 2011 a las 12:05

Cuando en mayo de 1994 entró en funcionamiento el Eurotúnel que conecta Francia con Inglaterra, técnicamente el Reino Unido dejó de ser una isla. Esos cincuenta kilómetros bajo el Canal de La Mancha suponen una distancia simbólica cuya importancia es difícil medir. Aunque sus efectos benéficos para la UE no se noten en exceso. Cuando en 1956 el presidente Nasser decidió nacionalizar el Canal de Suez, para financiar la presa de Asuán, el Reino Unido y Francia, principales propietarios del canal, ayudados por Israel, invadieron militarmente la zona. Egipto bloqueó la navegación y Estados Unidos obligó a las dos potencias europeas a retirarse.

El canal tenía ya casi un siglo, pero nunca había sido tan conflictiva su existencia. Egipto fue gobernado con mano de hierro tras la muerte de Nasser por otros dos militares como él, Sadat y Mubarak. La democracia pudo esperar, para tranquilidad de la Unión Europea, Estados Unidos e Israel. Hasta que la revuelta árabe llegó a El Cairo y se llevó por delante el régimen.

El estado judío se inquieta ahora cuando barcos de guerra iraníes remontan el canal, camino del Mediterráneo desde el Mar Rojo. Simon Peres, presidente de Israel, entrevistado hoy en TVE por Ana Pastor, canta las excelencias de régimen impuesto en Egipto por los oficiales libres que dieron el golpe de Estado de 1952 que llevaría al poder cuatro después al coronel Nasser. La distancia simbólica de este trayecto es bastante más grande que los 160 kilómetros de canal.

El año 56 fue también el año de la independencia de Marruecos. La revuelta árabe ha llegado este fin de semana a nuestro vecino del sur. Ayer hubo disturbios en Tánger y miles de personas se manifestaron en una decena de ciudades marroquíes, como Alhucemas, a medio camino entre Ceuta y Melilla. En Rabat hubo al menos ocho mil participantes. A este movimiento por la libertad y el progreso en el mundo árabe no lo paran ni las balas: en Libia pueden haber muerto 200 personas. Desde el Mediterráneo hasta Bahrein, en el Golfo Pérsico, una ola de indignación se alza contra toda clase de dictadores y autócratas. No parece la clásica protesta anticolonialista, anticapitalista. Tampoco islamista. Es algo nuevo, que urge una respuesta europea. Lady Ashton, la insegura ministra de Exteriores de la UE, estuvo el miércoles en Túnez e irá mañana a El Cairo. ¡Por fin! Aunque sólo ofrece ayuda económica. Como en el 56 en en Canal de Suez, Estados Unidos va por delante de Europa.

Están en nuestra puerta y tenemos muchos intereses cruzados. Sin ir más lejos, hoy entra en funcionamiento el gaseoducto submarino entre Beni Saf (Argelia) y Almería. MedGaz tiene 210 kilómetros y capacidad para transportar 8.000 millones de metros cúbicos al año. Esta empresa va a tener socios árabes mayoritarios, porque la argelina Sonatrach tiene el 36%, y Cepsa, con otro 20%, va a acabar controlada por el fondo soberano de Abu Dhabi. El resto es de Iberdrola, Endesa y Gaz de France. La anchura simbólica del Estrecho es bastante más pequeña que los 15 kilómetros que hay entre el puerto de Algeciras y el de Tánger-Med. La revuelta ha llegado a nuestro patio trasero.

Europa no se moja

Ignacio Martínez | 2 de febrero de 2011 a las 15:33

Europa es un actor de reparto en el espectacular cambio de escenario que se cierne sobre el sur del Mediterráneo. Cuenta poco. Sumida en sus problemas de económicos y financieros, con un animoso grupo de pesos pluma en sus cancillerías, está sorprendida por la revolución en su patio trasero, en donde todo parecía bajo control. El ruidoso silencio europeo en la crisis tunecina se ha repetido en Egipto. Los ministros de Exteriores de la Unión, reunidos en Bruselas el lunes, han deseado buena suerte al pueblo egipcio. No se han atrevido a pedirle a Mubarak que se marche. No se mojan.

El que sí se moja, en sentido contrario, es Israel. Peres y Netanyahu derraman lágrimas por la caída del dictador de El Cairo. ¡Ojo con el fundamentalismo!, nos dicen, aunque hasta la presente no hemos visto que las manifestaciones sean contra los infieles occidentales, ni contra las antiguas potencias coloniales. El primer ministro Netanyahu lo explica sin pudor: un régimen islamista no respetaría los derechos humanos. Enternecedor. Se conoce que el líder de la derecha israelí cree que Mubarak respetaba los derechos humanos.

Curioso cinismo el de Israel. Presume de ser la única democracia de Oriente Medio, pero no le gusta que sus vecinos voten. Sobre todo si, como en Palestina en 2006, eligen por mayoría absoluta a Hamas. Pero eso no vale, porque los de Hamas son sucios terroristas. La higiene de los terroristas es fundamental para su aceptación. Menahem Begin pudo ordenar el atentado contra el Hotel Rey David de Jerusalén en 1946, con 92 muertos, y recibir el Premio Nobel de la Paz en 1977. Lo mismo cabe decir de Yaser Arafat en el bando contrario. Pero Hamas todavía no está blanqueada, aunque gane limpiamente elecciones. Netanyahu dice sobre Egipto que desea paz, seguridad y estabilidad. Ni una palabra sobre democracia y libertades.

Claro que hay otros sátrapas en la ribera sur del Mediterráneo, que no son de los nuestros. Como la dictadura hereditaria de la familia Assad en Siria, o el régimen del coronel Gadafi en Libia. Socios con Irán en el eje del mal de la era Bush. Pero aun con ellos, las potencias occidentales intentan llevarse bien.

Y de pronto cambia el ritmo del mundo árabe. No es tan extraño si se tienen en cuenta los ingredientes: la crisis, que les ha golpeado más duramente que a Europa; los satélites, que permiten ver en directo desde Egipto las manifestaciones de Túnez; internet y las redes sociales que facilitan el intercambio de información, vídeos o fotos, e invitan a la organización casi espontánea; y Wikileaks, que informó con pelos y señales de los informes de la Secretaría de Estado americana sobre la mafia que tenía montada la señora de Ben Ali en Túnez. Añadan al escenario el deseo de libertad y democracia.

Y Europa, de espectador.

Estados policiales IX: Libia

Ignacio Martínez | 21 de agosto de 2009 a las 18:23

 

El agente libio condenado por el atentado del 21 de diciembre de 1988 contra el vuelo de la PanAm de Londres a Nueva York acaba de ser liberado en atención a que tiene un cáncer terminal. Abdelbaset Alí Mohamed al Megrahi, fue condenado a cadena perpetua por un atentado que costó la vida a los 259 ocupantes del avión, de los cuales 189 eran norteamericanos, y a 11 residentes en la localidad escocesa de Lockerbie, en donde ser estrellaron los restos del aparato. Las investigaciones de Scotland Yard, el FBI y la CIA establecieron la vinculación de Libia con el atentado. El régimen del coronel Gaddafi es una dictadura: Libia es un estado policial que ha amparado a terroristas durante mucho tiempo. Estoy seguro de que el PP puede entender la diferencia que hay entre estados así y la España de hoy.