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Nunca solos

Ignacio Martínez | 12 de enero de 2011 a las 12:39

Vuelve Johnny Hallyday, después de haber estado en coma hace un año. Este roquero francés ha colgado en internet un anticipo de su nuevo disco, que saldrá en marzo. La canción, es una balada como las que cantaba Elvis cuando Elvis cantaba baladas, o como las de nuestro Miguel Ríos. Se llama Nunca solo. El título recuerda de inmediato el himno del Liverpool, You’ll never walk alone, nunca caminarás solo. Era una de las canciones de un musical de Broadway, que tuvo múltiples versiones, incluidas una de Frank Sinatra y otra del propio Elvis Presley. También de un grupo local de Liverpool que pegó el golpe en Inglaterra, con el número uno de las listas en 1963, época remota en la que se vendían discos y hasta había listas de éxito con los más vendidos.

Nunca caminarás solo es un dechado de optimismo y solidaridad, que viene muy bien para los tiempos que corren en los que ni se venden discos, ni pisos, ni coches, ni electrodomésticos, ni casi nada. Y en los que se pierde el empleo y el buen ánimo con suma facilidad. Habría que adoptar en este país el himno del Liverpool, la verdad: “Cuando camines atravesando una tormenta, mantén bien alta la cabeza, y no te preocupes por la oscuridad, al final de la tormenta hay un cielo dorado. Camina a través del viento, camina a través de la lluvia, aunque tus sueños se vean sacudidos y golpeados, sigue caminando, sigue caminando, con esperanza en el corazón, y jamás caminarás solo, nunca caminarás solo”. Oír esto a 50.000 gargantas en el estadio de Anfield debe de reanimar a un muerto. Sin acudir a ejemplos tan legendarios, Paco Chaparro, efímero entrenador del Betis en 2008 y 2009, le ponía a sus jugadores el Resistiré del Dúo Dinámico.

Hay muchas maneras de motivarse y quizá deberíamos encontrar la adecuada para esta época. Este país ha pasado de la euforia a la depresión con demasiada naturalidad. Y a la insolidaridad. Mientras caen empresas como chinches y el paro en el sector privado se ha disparado, hay trabajadores de compañías públicas que se han negado indignados a que se les reduzca el salario en un 5%. Y, en sentido contrario, surgen movimientos como el de los funcionarios de la Junta contra los trabajadores de las empresas públicas, que tiene toda la pinta de ser una guerra preventiva. Ante el riesgo cierto de que se recorte el empleo público cuando pasen las elecciones locales, regionales y nacionales, los sindicatos que mantienen este conflicto en realidad están señalando donde deben empezar los despidos, si se deciden medidas como las que ya han planteado británicos e irlandeses.

Más nos valdría una mentalidad más solidaria. Y, en todo caso para dar ejemplo, un comportamiento más responsable de los partidos. Como se ha visto con el terrorismo, la actuación al unísono de los dos grandes da seguridad y buenos resultados. Siempre mejor que solos. Así se sale hasta de un coma.

Un árbitro incontestable

Ignacio Martínez | 16 de marzo de 2009 a las 8:40

”Paul

 

Después de ver al Real Madrid en Anfield y en San Mamés durante la misma semana, en partidos similares, hay que convenir que no le arbitran igual en España que en el extranjero. Hay quien sostiene que si en España los árbitros fuesen más imparciales, a lo mejor el Real pasaba de los octavos en la Champions. Pero en la Liga española casi siempre se equivocan a su favor. El sábado fue desagradable ver a un héroe nacional como Casillas hacer teatro tocándose la cara en el suelo, para que expulsaran a un jugador del Athletic. Feo. Después reconoció que Yeste no le había tocado la cara.

En fin, los árbitros españoles también se equivocan a favor del Barça y de cualquier otro grande. Hace unos años, uno favoreció al Sevilla, creo que contra el Recre, y un jugador sevillista se disculpó presumiendo: “Hasta en eso se nota que ya somos un equipo grande”. Casillas pudo decir eso mismo en lugar de su disculpa de tramposo: “No me tocó la cara pero era de roja”.

Los árbitros son malos, y sin embargo los necesitamos. Aunque dice el diccionario que árbitro es la persona que puede hacer algo por sí sola sin dependencia de otro. Y eso le va que ni pintado al juez Baltasar Garzón, la última bestia negra de la derecha española. El tipo que persiguió a Pinochet antes de que se muriera para procesarlo por crímenes contra la humanidad. El que quiso repetir la operación contra Franco, treinta y tantos años después su muerte. El mismo que mandó a la cárcel a medio Ministerio del Interior del felipismo. Y los que entonces lo jalearon como a un campeón ahora lo tachan de juez socialista. Cuando el árbitro no pita lo que queremos es un manta o un tramposo. Aunque en las tramas de espías, pícaros y sastres en el entorno del PP hay algo más que indicios de culpabilidad por la meseta y levante.

Un verdadero árbitro imparcial, persona cuyo criterio tiene una autoridad incontestable, ha visitado Andalucía por cortesía de la Confederación de Empresarios, y entiendo que con el patrocinio de Unicaja. El premio Nobel de Economía Paul Krugman estuvo el sábado en Sevilla y nos dijo que hay crisis en España para cinco o siete años. Hoy se lo repetirá a Zapatero en La Moncloa. Según él, a nuestro país sólo le queda esperar que se produzca una recuperación europea. Vivíamos del auge inmobiliario y se ha pinchado la burbuja. Total, va a resultar que tenía razón Solbes, cuando dijo que no se podía hacer nada más. Krugman no se ha estudiado bien el caso español, con lo que sobre la suerte de Andalucía nada dijo. Pero apuntó otras cosas: que viene una era menos derrochona, en la que demostrar la honestidad será una exigencia. Y con otra estética, la ropa será menos colorida.

El Madrid, de blanco, ya está a tono.