Archivos para el tag ‘Lopera’

Un cuento de Cenicienta

Ignacio Martínez | 20 de noviembre de 2012 a las 12:47

El hombre más rico del mundo, el mexicano Carlos Slim, ha comprado la mayoría de las acciones de un histórico club de fútbol español, el Oviedo. La campaña para recaudar los dos millones de euros que hacían falta para evitar su desaparición ha sido una hermosa historia romántica. Por ejemplo, la actuación a través de Twitter de Sid Lowe, periodista inglés corresponsal de The Guardian en Madrid, que se encariñó con el Oviedo durante su paso por la ciudad como estudiante. Su mensaje pidiendo a los aficionados ingleses que compraran una acción del club que dio a la Premier jugadores como Cazorla, Michu o Mata movilizó miles de pequeñas contribuciones. Es como el cuento de Cenicienta, con final feliz, cosa que viene muy bien en las malas circunstancias anímicas que vive este país.

Un amigo me manda el enlace de YouTube del vídeo que han hecho los de la consultora Grant Thornton en España para mostrarlo a las 700 personas de 80 países que acudieron este mes a Barcelona a su asamblea anual de socios. También lo han puesto en el congreso de la Empresa Familiar que se celebró en la cuidad condal. Les dejo aquí un enlace corto [http://cor.to/zPlV]. Sube el ánimo. Somos líderes en donación de órganos y en turismo, tenemos bancos punteros, hemos aumentado sustancialmente las exportaciones, somos ejemplo en energía limpias, gestionamos aeropuertos internacionales… Un buen mosaico, sin sorpresas. Los políticos dicen las mismas cosas para aupar la moral de la tropa, pero son menos convincentes.

Esta secuela de la campaña sobre la Marca España no olvida recordar que somos los mejores en fútbol, campeones del mundo y de Europa. Cuando Zapatero dijo aquella simpleza de que jugábamos la Champions de la economía mundial y éramos el equipo menos goleado y el que más goles marcaba, se estaba refiriendo al fútbol y nada más que al fútbol. Lo de la solvencia de nuestro sistema financiero y el escaso endeudamiento de empresas y familias era una broma. El fútbol nos fascina tanto, que no nos importa que nuestros equipos de fútbol estén cayendo en manos extranjeras. Hay quien piensa que antes hubo cosas peores, como Gil o Lopera.

Lo cierto es que de la misma manera que la mayor parte de los grandes medios de comunicación nacionales, los clubes de fútbol han visto aparecer en sus puentes de mando a extranjeros de toda clase y condición. Desde aventureros que buscaban notoriedad como el ucraniano Piterman que se hizo con el Palamós, el Racing y el Alavés; hasta el indio Ali Syed en el Racing, que no puso ni un euro, o el jeque catarí Al Thani que ha llevado al Málaga a la Champions, pero le debe dinero a los jugadores. Distintos casos no muy halagüeños. Esperamos que lo del Málaga se enderece y que el matrimonio Slim-Oviedo tenga un segundo y definitivo final feliz.

Guerra sucia electoral en Andalucía

Ignacio Martínez | 22 de marzo de 2012 a las 11:17

Se queja la consejera de Presidencia, Mar Moreno, de la guerra sucia electoral. Qué extraño, no hemos conocido guerras limpias. En las andaluzas, por ejemplo, se estrenaron los empresarios de la CEA, tan formalitos después agarrados a la teta de la Junta, con una campaña feroz en 1982: un gusano comunista socavando túneles en la manzana socialista. Sucio. El PSOE ha usado y abusado del dóberman para subrayar el carácter montaraz originario de los fundadores de AP/PP y de alguno de sus generales, hoy convertido en guerrillero cantonalista asturiano. Sucio. Los populares van a acabar esta campaña sin estrenarse en cuanto a propuestas de futuro para Andalucía. Les ha bastado con la hoja de servicios de Guerrero&Trujillo y asociados en los eres para rellenar sus espacios y mítines electorales. No les ha faltado siquiera la ayuda de la juez Alaya a la hora de marcar el horario e itinerario a prisión de G&T. Alaya, impecable e implacable juez, esperó a que terminara una Liga para inhabilitar a Lopera, pero ha solapado milimétricamente el punto culminante de este caso con la campaña electoral andaluza. ¿Sucio? Muy limpio no parece. Y después está el calendario presupuestario. El PSOE acusa al Gobierno de traición a la patria por retrasar las cuentas del Estado para 2012 hasta el 30 de abril. Pero los socialistas convocaron expresamente una pinza de elecciones generales y andaluzas, el 20 de noviembre y el 25 de marzo, con el propósito evidente de tender una trampa a su adversario. ¿Guerra sucia electoral? Es que no hay otra.

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Plagios

Ignacio Martínez | 5 de marzo de 2011 a las 12:45

El ministro de Defensa alemán ha dimitido porque copió tres cuartas partes de su tesis doctoral y le han pillado. Es curioso, pero ni a la canciller Merkel, doctora en Físicas ella misma y su propio marido, ni al común de los ciudadanos de la República Federal le importaba que el barón Von Guttenberg plagiara su tesis. Hasta el punto de que un 80% desea que vuelva a la política el delfín predilecto de la canciller, dirigente de los socialcristianos bávaros. Ha sido la comunidad científica la que ha protagonizado una auténtica revuelta, como explica mi amiga Aurora Mínguez en su blog berlinés. Decenas de miles de doctores se han dirigido indignados a la Cancillería para exigir respeto por la propiedad intelectual y el rango universitario. Un ejemplo para la acomodada parroquia universitaria española.

Lo de copiar aquí es pecado venial, como demostró la infeliz ocurrencia de la Universidad de Sevilla, cuando hace año y medio introdujo en la normativa de evaluación y calificación de asignaturas un nuevo derecho del estudiante: no podría ser expulsado de un examen si lo cogían copiando. Imitar buenas costumbres no es necesariamente malo. Por salir del campo académico, cada vez son más los entrenadores de fútbol que siguen la pauta de señores tan educados como Guardiola o Del Bosque. Otra cosa es Mourinho. El portugués es un plagio absoluto; un sosias de Risto. No Hristo Stoichkov, el búlgaro del dream team de Cruyff, sino de Risto Mejide, el malo del jurado de Operación Triunfo. Mourinho acabará como su referente nacional, expulsado del circo.

Otro plagio futbolístico lo protagoniza el ex director general de Trabajo de la Junta, Javier Guerrero, el tipo en el que el PSOE ha puesto la barrera de las responsabilidades políticas por las irregularidades en los eres. Ha copiado para definir a los parados una genuina expresión lopereta. Para don Manué los aficionados béticos eran criaturitas; para Guerrero los intrusos de los eres son criaturas que están desempleadas. Plagio.

Ya conocen cómo una escritora gallega insiste, con fundamento, en que Camilo José Cela con todo su golpe de premio Nobel, le plagió hace quince años La Cruz de San Andrés, que consiguió el Premio Planeta. Cómo Ana Rosa Quintana para su primera novela, Sabor a hiel, tuvo un colaborador, un negro en el argot editorial, que le jugó una mala pasada copiando literalmente pasajes de Ángeles Mastretta o Danielle Steele. O cómo Julio Iglesias ha tenido que pagar indemnizaciones por el plagio de alguna canción.

A Guttenberg habría que hacerle una rebaja. Que un pariente lejano del inventor de la imprenta hacer copias está en los genes de la familia. Después de todo, la originalidad tampoco es un valor absoluto. Vean, si no, el efecto que causa Ruiz Mateos copiándose a sí mismo sus propios métodos, para desesperación de tantos proveedores, trabajadores o inversores.

Laporta, salvapatria futbolístico

Ignacio Martínez | 6 de enero de 2010 a las 11:11

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Sostiene Laporta que el Barça guía la libertad de los pueblos sometidos y que le seduce presentarse a las elecciones catalanas. Los salvapatrias no suelen ser gente fina. Observen, si no, al último arquetipo global de salvapatria, el venezolano Hugo Chávez, un militar golpista que fracasó en su intento de conseguir el poder por las armas en 1992. Elegido en las urnas el 99, se permitió llamar gorilas a los militares golpistas hondureños de 2008. Una tremenda falta de estilo, entre colegas del mismo oficio. Pues bien, dentro de los salvapatrias hay un biotipo particularmente burdo y procaz, que es el salvapatria futbolístico. Se trata de una subespecie populista que intenta sacar rentabilidad material a los éxitos deportivos de su club y a la notoriedad que facilita el cargo. Tenemos cerca algún ejemplar de este género. Sin ir más lejos, el mismo año 92 que Chávez fracasó, Lopera se hizo con la mayoría de las acciones del Betis, por una cifra que se antoja ridícula: cuatro millones de euros. El buen hombre venía a salvar al Betis y ahí lo tiene, a ocho puntos del descenso a Segunda B.

La nueva estrella en tan selecto escenario es el presidente del Fútbol Club Barcelona, Joan Laporta. Acaba de declarar a El Mundo que el Barça más catalanista de toda su historia es también el más universal y que Cataluña necesita un Estado propio. No creo que el Barcelona haya ganado todas las copas del año por ser catalanista. Podría haber dicho que el fútbol de su equipo encarna la elegancia, la técnica, el espíritu de equipo o el esfuerzo. Pero no, el buen hombre prefiere la bandera de los pueblos sometidos. A Laporta se le han subido a la cabeza los éxitos de Guardiola. Que no son exactamente suyos. Sin ir más lejos, votó contra él más del 60% de los 40.000 socios que participaron en el verano de 2008 en una moción de censura para rechazar su gestión. Entonces puso de entrenador a Guardiola, que estuvo con Lluís Bassat, su principal contendiente en 2003. Y a medida que llegaban los títulos de la era Guardiola, aumentaba la jactancia del presidente censurado.

Tanto ha mejorado su autoestima, que Laporta se mira en su espejo y ve a Companys. “No quiero ser un mártir, pero sí un líder”. Aunque al natural, se parece más a Berlusconi o Jesús Gil, presidentes populistas del Milan y el Atlético de Madrid, convertidos en políticos aprovechados. Por cierto, procesados ambos por corrupción en numerosas ocasiones y condenados en varias. Ese es uno de los lados oscuros del populista profesional. Piensa uno, a bote pronto, que un pueblo tan culto y maduro como el catalán no le daría el gobierno a un salvapatria. Pero lo mismo podría pensarse de Italia o Marbella y ya ven los circos que montaron los colegas del mismo oficio que Laporta. Otra cosa diferente sería si Guardiola se presentase a presidente de la Generalitat o del Barça. Un tipo tan serio y juicioso sería difícil de batir.

El Jerez en Primera. El Betis tiene que subir en el campo

Ignacio Martínez | 26 de julio de 2009 a las 12:08

 

En enero de 1999, el Betis entrenado por Javier Clemente perdió en el campo del Valladolid. Pero el entrenador del equipo castellano, Sergio Kresic, se equivocó y tuvo en el campo durante unos minutos a un jugador extranjero de más. No pasó nada en ese tiempo; no hubo goles, ni jugadas trascendentes, y el Valladolid retiró a uno de los extranjeros. Ya habían ocurrido en algunas ocasiones lances parecidos: a Valdano le pasó dos veces, entrenando al Madrid y al Valencia, y a Héctor Veira en el Cádiz en la temporada 1991-92. En todos esos casos, los errores se pagaron con multas. Pero el Betis en el partido con el Valladolid hizo algo que nadie había hecho antes: impugnó el resultado y reclamó los tres puntos y un resultado de 0-3. El reglamento le amparaba. La deportividad, no. Nos dieron los tres puntos y aun así bajamos aquella temporada, que habíamos jugado la Recopa. También hemos bajado esta temporada, a manos del Valladolid, por cierto.

No hemos aprendido nada. De los puntos en los despachos hemos pasado a los ascensos en los despachos. Un abogado, que no se sabe para quién trabaja, ha presentado una reclamación contra el Jerez, por no sé qué asuntos administrativos y contables. Se supone, no sé por qué, que el beneficiado de un descenso del Jerez a Segunda B sería el Betis. Pienso que sería más lógico que beneficiara al equipo que ha quedado cuarto en Segunda. En todo caso, me pega que detrás de esta maniobra está el todavía dueño de la mayoría de las acciones del Betis, Manuel Ruiz de Lopera. Es su estilo inconfundible. Sinceramente, prefiero que ascendamos jugando mejor que los demás en Segunda. Como ha hecho el Jerez la temporada pasada: por eso se merece jugar este año en Primera.

Los béticos de mi infancia respetaban a Villamarín, los de ahora desprecian a Lopera

Ignacio Martínez | 16 de junio de 2009 a las 11:48

 

Estamos aquí para decir que queremos recuperar el Betis de nuestra infancia, decía el manifiesto leído ayer en la Plaza Nueva. De mi infancia guardo el recuerdo de otra manifestación originada por un presidente bético, pero por motivos completamente opuestos. Al legendario Benito Villamarín, presidente de 1955 a 1965, le detectaron un cáncer durante la temporada 1960-61 y empezó a ir a Boston para tratarse. A la vuelta de un viaje, antes de empezar el partido, cuando Villamarín salió al palco saltó al campo un nutrido grupo de aficionados con unas pancartas y el estadio entero de pie tributó una ovación larga y calurosa a su presidente.

¡Yo estaba allí! Era un niño que no entendía muy bien lo que pasaba. Me explicaron que el presidente estaba enfermo y que había ido a Estados Unidos a curarse y que los béticos querían demostrarle su cariño. No recuerdo la fecha precisa, ni las pancartas, ni los gritos. Pero me acuerdo perfectamente de dos cosas: todo el mundo aplaudió y todo el mundo se emocionó. Todo el mundo. La suerte de Villamarín no dejó indiferente a nadie aquella tarde en Heliópolis.

Cuando anoche se pidió a los manifestantes que recuerden cuando pasen los años que estuvieron allí, mi primera reacción fue evocar la diferencia entre un acto y el otro. Qué distinto era aquel sentimiento de respeto de hace medio siglo, comparado con el desprecio hacia el presidente actual. Bueno, ya saben, presidente, consejero delegado, dueño de la mayoritaria o quien usurpó el nombre de Villamarín. El dirigente que rebautizó el estadio no puede presumir de tener el aprecio que la afición de mi infancia le tenía a don Benito.

Aquí hay muchas responsabilidades, no sólo la de Ruiz de Lopera. A este hombre se le han reído muchas gracias y se le ha consentido que hiciera del Betis una finca particular. Al principio pensé que la famosa frase “lo que diga don Manuel” era un sarcasmo para tomarle el pelo, hasta que descubrí que tenía una masa de seguidores fieles. Y ciegos. En fin, nunca es tarde para rectificar. Y hay más culpas: el Gobierno que primero privatizó los clubes y luego hizo los planes de saneamiento, las autoridades que no han fiscalizado las cuentas, los jueces que han eternizado los procedimientos. Y ahora tenemos un problema social. Un señor que es el dueño de un patrimonio inmaterial de Sevilla.

Comparto lo que se dijo anoche: el Betis es mucho más que un negocio, más que una trama de empresas y más que una persona. El Betis no tiene dueño. Siempre se dijo que las dos ilusiones de la vida de este hombre eran ser presidente del Betis y hermano mayor del Gran Poder. Lo segundo, como es por elección, no lo conseguirá nunca. Lo primero, si fuese por la voluntad popular, lo dejaría de ser de inmediato. Pero dudo que él lo entienda.

Griñán sentencia al Betis

Ignacio Martínez | 10 de junio de 2009 a las 9:48

Sin encomendarse a nadie, el presidente de la Junta entró ayer en terrenos pantanosos: se atrevió a decir que el Betis se merecía bajar a Segunda, porque lo hizo mal durante la temporada. Griñán criticó que se destituyera al entrenador Paco Chaparro en abril; en su opinión, esas cosas no dan nunca resultado. Aunque al Español quitar a Mané para poner a Pochettino le haya ido de cine, con perdón. Tampoco los fichajes del Betis este año le han gustado al presidente, porque en su opinión no se han hecho en función de un proyecto determinado. Sospecho que Griñán se apunta, sin decirlo, a la manifestación convocada el lunes para pedirle a Lopera que se marche. Y el dueño del Betis, consciente de que le van a criticar por tierra, mar y aire, acaba de anunciar el fichaje como entrenador del cordobés Antonio Tapia, que tan excelente campaña ha hecho con el Málaga.

A Griñán le gusta el fútbol, aunque él respira por la causa colchonera. En el pecado lleva la penitencia, porque el Atlético de Madrid tuvo de presidente a un sujeto de la laya de Lopera, Jesús Gil, que por cierto se dedicó a la política con éxito. El problema de estos personajes es que se cargan el prestigio de los clubes y luego cuesta la misma vida recuperarlo. Gil fue alcalde de Marbella por mayoría absoluta desde 1991 hasta que tuvo que dimitir en 2002, condenado por corrupción, al desviar dinero del Ayuntamiento al Atlético. Sostenía que era víctima de un complot del Estado. Hasta que un tribunal le inhabilitó por delincuente.

También se dedicó a la política Augusto César Lendoiro, el presidente del Deportivo de La Coruña. Fue concejal, diputado, senador y presidente de la Diputación por el PP. También secretario general de Deportes de la Xunta. Al final se profesionalizó y gana el 1% del presupuesto del club. Lendoiro fue el hacedor del Superdepor que ganó una Liga y dos Copas del Rey. Pero el más famoso político convertido en dirigente futbolístico es Florentino Pérez, que volvió hace semana y media a la presidencia del Real Madrid y ya ha fichado a Kaká por 65 millones y apalabrado a Villa por 37. Y cuentan que tiene otros 200 millones dispuestos. Florentino fue concejal de la UCD en Madrid, director general del Ministerio de Transportes y subsecretario de Agricultura. Tras la desaparición de la UCD, todavía le quedaron ganas de ser secretario general del Partido Reformista que lanzó la fracasada Operación Roca en 1986. Fue un perdedor en política, pero ganador de dos Ligas y una Copa de Europa en su anterior mandato presidencial.

Pero Griñán tiene otro modelo futbolístico, el del Sevilla, con un director deportivo “fuera de serie”, y un proyecto que incluye mantener al entrenador de la cantera, que tiene sentimientos sevillistas. Eso es lo que el presidente dice que quiere para el Betis. Lo que no dice es lo que no quiere para el club verdiblanco, pero se le nota todo.

Falta liderazgo y sociedad civil

Ignacio Martínez | 3 de junio de 2009 a las 7:24

En esta campaña tan sucia, Rajoy ha dicho solemnemente que estamos ante el peor presidente del Gobierno de la democracia. Es posible que don Mariano tenga razón, pero se le olvida lo peor: que estamos también ante el peor jefe de la oposición de la democracia. Ahí está el detalle, que este país está falto de liderazgo por donde quiera que se le mire. Por eso, además de sucia, esta campaña electoral ha sido tan necia. No se ha discutido sobre la ampliación a nuevos países miembros, ni de una política migratoria común, ni del nuevo orden financiero internacional, ni del futuro de nuestra agricultura, ni de una política de seguridad que no sea sólo antiterrorista, ni de las antiguas ambiciones de Maastricht de una política exterior y una defensa colectivas, ni de una nueva agenda que sustituya a la de Lisboa y garantice el estado del bienestar europeo.

Esto del liderazgo es algo inmaterial, difícil de definir. Un líder da confianza y seguridad, estimula la autoestima de los ciudadanos, lanza desafíos a la sociedad, resuelve las tensiones que se originan… No vale cualquiera. Ahí tienen al Barcelona antes y después de la llegada de Guardiola. Eso es un líder. Leo que Lopera está triste, roto de dolor. El hombre no entenderá cómo, con el interés que él ha puesto, las cosas no han funcionado más que un año de los 17 que lleva como dueño de la mayoría de las acciones. Al barco del Betis le falta patrón y el liderazgo no se compra con dinero. Es otra cosa: orden, estabilidad, equipo.

Los liderazgos no son tan importantes cuando hay una potente sociedad civil. Que no es el caso de Andalucía. Hace una semana lo ponía de manifiesto Felipe Benjumea, presidente de Abengoa y primer empresario de la región, en un acto del centenario de la Asociación de la Prensa de Sevilla. Éstas son algunas de sus ideas: el ensimismamiento y la complacencia son actitudes que conducen a la decadencia. El riesgo es necesario para el éxito. Tenemos generaciones de jóvenes bien formados, capaces de competir en el mundo; pero en la sociedad civil andaluza priman otras cosas. Tenemos que convertir el mundo en nuestra casa, como lo fue en los siglos XVI y el XVII, y convertir nuestras tradiciones en algo que nos arraiga, pero sin que entretenga permanentemente y nos bloquee.

En fin, una sociedad moderna tiene que vivir de su esfuerzo y su capacidad de riesgo, de productos originales que se vendan en los mercados mundiales. Y dado que los dos grandes partidos nos han demostrado en esta campaña que están a lo suyo, es la propia sociedad la que debe generar el espíritu de una nueva economía, que nos haga más fuertes y más desarrollados en el futuro. Ese espíritu es también inmaterial. Es como aquel anuncio de un desodorante: no se notará si usted lo usa, pero sí se notará si no lo usa. Ahora, se nos nota.

¡Váyase del Betis, señor Lopera!

Ignacio Martínez | 1 de junio de 2009 a las 7:19

Cuando me hice bético, el equipo estaba en Tercera. Hoy estamos mejor que entonces. El que no se conforma es porque no quiere, ya ven. Uno puede cambiar en la vida de oficio, pareja, nacionalidad y hasta ideas políticas, pero no cambia jamás de equipo de fútbol. Y se sufre un montón en días como ayer. No es mi primer descenso a Segunda, aunque éste ha sido más duro, porque hace tres semanas pensábamos que nos habíamos salvado, como las tres temporadas anteriores. Pero no. Varios amigos y familiares me decían en las vísperas que si con el descenso se iba Lopera, sería un consuelo. Estoy en desacuerdo. Un equipo como el Betis con casi 40.000 socios no puede bajar a Segunda. Poli Rincón decía ayer en la radio que no puede ser que todos los jugadores y entrenadores que vienen al Betis sean malos, que el problema es otro.

Y el problema del Betis es otro: la falta absoluta de liderazgo. El ex presidente de la Junta, José Rodríguez de la Borbolla, en un artículo publicado hace dos años, escribía que “los que puedan, tienen que hacer algo por el Betis”. Y los que pueden son pocos. Entre ellos, el propio Gobierno autónomo. La Ley del Deporte obliga a las autoridades a la tutela de las sociedades anónimas deportivas, digo yo que debería incluir una fiscalización de las cuentas, como con las cajas de ahorro.

Otro bético, el empresario José Moya, explicó en un artículo en 2007 en el Diario de Sevilla cómo se había producido la llegada de los Lopera y los Gil al frente de los clubes, en los años 80. “La reforma fue iniciada por el nefasto director general de Deportes Romá Cullás, bajo el mandato del ministro Solana. La mayoría de los clubes tenía deudas cuantiosas. Pero en vez de buscar una refinanciación, se les obligó a convertirse en sociedades anónimas, con elevadísimos capitales sociales. Esto propició la pérdida de control de los clubes por la masa social y la aparición de especuladores que bajo el paraguas de un inapropiado marco mercantil están gobernando a su antojo estas entidades. Con posterioridad se refinanció con dinero de las quinielas la deuda con los organismos oficiales. De esta forma, los salvadores de los equipos vieron ingresar en sus sociedades la mayor parte de los recursos económicos que en su día tuvieron que adelantar. Qué fácil hubiera sido hacerlo al revés, primero refinanciar y luego constituir las nuevas sociedades. En resumen, los salvadores están gobernando a su capricho los clubes, sin los esfuerzos económicos que tanto pregonan”.

Cuando Benito Villamarín llegó en los años 50 a presidente del Betis puso orden, dio estabilidad y seguridad a la sociedad. Eso es lo que falta ahora. No es un problema de dinero, ni de jugadores, ni de entrenadores. El señor Lopera debería reconocer que ha fracasado en su pretensión de convertirse en el líder de este club. Y debería marcharse. Ahora hace falta otro Villamarín que nos devuelva a Primera. Porque, no se engañen, lo rentable será estar en Primera sin Lopera, no como hoy, que estamos en Segunda y con Lopera.

El Barça se lo merece. Iniesta también

Ignacio Martínez | 7 de mayo de 2009 a las 9:05

 

Soy bético. Pero me gusta que todos los equipos españoles ganen en las competiciones internacionales. Así que anoche grité ¡¡¡gooolll!!! a todo pulmón cuando marcó Iniesta. ¡Visca el Barça! Añado ahora. El Barcelona juega el mejor fútbol que se está haciendo en el mundo. Y el Chelsea es el típico equipo que intenta que no juegue el contrario y sorprenderlo en una llegada. Es tan generoso uno y tan tacaño el otro que inevitablemente se tiene deseo de que gane el bueno. Así que estamos de enhorabuena los aficionados al fútbol, los españoles, los catalanes y los barcelonistas. Y pongan el orden como les parezca.

Lo de ser bético en los tiempos que corren es, como saben, duro de llevar. Añado que no soy nada lopereta. Y que según mis amigos béticos, tengo un defecto grave: aplico mi deseo a que ganen los equipos españoles en las competiciones internacionales no sólo a todos los equipos vascos y catalanes, sino también al Sevilla. Ya sé que según el tópico un bético debe desear que el Sevilla pierda hasta en los entrenamientos, pero confieso que me gustó que ganaran dos veces la Copa de la Uefa y la Supercopa a una Barça mucho peor que éste.